Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Elizabeth Bevarly.
Capítulo 2
Jasper no salía de su asombro.
—¿Instrumentos musicales? —repitió.
Alice asintió mientras tomaba una botella de Laphroig de las estanterías de espejos que tenía a sus espaldas. Jasper se preguntó si tan habitual se había hecho en el Cosmo's que ella no se molestaba en preguntarle si quería una segunda copa. En realidad, ni siquiera podía recordar cuándo había sido la última vez que ella le había preguntado lo que una vez había sido la introducción de todos sus encuentros. Sin embargo, aquella pregunta era completamente nueva e inesperada.
—Bueno, sí —dijo ella—. Parece usted la clase de hombre a quien le gusta la música.
—Pues tocaba el saxofón en la banda del instituto. Y luego formé parte de un combo de jazz en la universidad.
Alice sonrió y Jasper se sintió ridículamente feliz de haber dicho algo que la complaciera. Alice pareció considerarlo un momento y entonces asintió con lo que no podía ser sino aprobación.
—El saxo es fantástico.
—Hace años que no lo toco, claro...
—Pero era bastante bueno, ¿a que sí?
Jasper asintió y dejó a un lado toda modestia.
—Era muy bueno.
La sonrisa de Alice se ensanchó mientras le servía la bebida.
—Y dígame otra cosa, ¿cómo se encuentra últimamente?
Jasper entrecerró los párpados para mirarla sospechosamente.
—Bien, me he estado sintiendo bien. ¿Por qué? ¿Tengo mala cara? ¿Sabe usted algo que yo no sepa?
—Sólo quería asegurarme de que su salud era buena.
—Según el último informe de mi médico, mi salud es excelente, gracias.
—Me alegro de oírlo.
—¿A qué vienen tantas preguntas?
Alice le estudió un rato antes de contestar. De repente, Jasper ya no estuvo tan seguro de querer escuchar la respuesta.
—¿Puedo ser sincera con usted?
—Por supuesto.
Alice echó un vistazo a su alrededor, a los otros dos camareros, a los seis o siete clientes que estaban en la barra y al continuo ir y venir de camareros que se acercaban a la ventanilla de servicio. Jasper siguió la dirección de su mirada y volvió a preguntarse qué se proponía.
—No creo que debamos hablar aquí —dijo ella—. Pero saldré a las once, si no hay mucho trabajo. ¿Podría...? ¿Quizá podría invitarle a un café cuando acabe mi turno?
Jasper no sabía qué decir. Nunca antes la había visto fuera de la barra. Puestos a pensarlo, ni siquiera estaba seguro de haberla visto de cintura para abajo. La invitación había salido de la nada y era completamente inesperada. Por alguna razón le ponía nervioso. Consulto su reloj, eran poco más de las diez. Tendría que esperar una hora a que ella terminara. Tampoco tenía otra cosa mejor que hacer, pero pensó que lo mejor sería declinar la invitación.
—Claro —se oyó decir a sí mismo en contra de lo que acababa de decidir.
Alice dejó escapar el aire que había estado conteniendo y, por algún motivo, pareció muy aliviada.
—Estupendo. Se lo agradezco. Y dígame, ¿qué tal las gambas?
Poco más de una hora más tarde, estaban sentados en un rincón del bar. Alice se aferraba a su taza de café como si fuera un salvavidas y sentía el estómago revuelto. Se preguntó si no se habría vuelto loca. Estudió al hombre que tenía delante con el mayor disimulo posible. La última hora había trabajado con el piloto automático puesto, con todos sus pensamientos girando en torno a un cliente en particular.
Porque, a fin de cuentas, ¿qué sabía del señor Whitlock? Ni siquiera el nombre de pila. Sin embargo, era guapo, inteligente, tenía éxito, un gusto exquisito, y sabía tocar el saxofón. En su vida no parecía haber ningún interés especial por el romanticismo, lo que le hubiera invalidado para ser el padre de su hijo. Aunque había aparecido por el restaurante acompañado en un par de ocasiones, no parecía ver a la misma mujer dos veces. Como él mismo había señalado, era un soltero fanático.
También se recordó que le llevaba diez años y que era demasiado adicto al trabajo como para disfrutar de cualquier clase de vida social o familiar, algo que era un dato definitivo a su favor. A sus años y con su trabajo, no tendría el menor deseo de que le cargaran con las responsabilidades de la paternidad. Si llegaba a tener un hijo de él, a Alice no le cabía duda de que el niño le pertenecería por entero.
Otra cosa era que pudiera pedirle lo que estaba pensando. Ni siquiera ella estaba segura de poder seguir adelante en el caso de que él aceptara. Intentó buscar seguridad recordando cuántas veces había repasado su plan y cómo tenía todo bajo control. Por desgracia, cuando miró los ojos fríos y verdes del hombre grande que estaba sentado con ella, se preguntó a sí misma si realmente comprendía en dónde se estaba metiendo.
Jasper se sentía incómodo. Llevaban sentados más de diez minutos sin intercambiar una sola palabra.
—Bueno, Alice. ¿Qué tenía que decirme?
—Yo, bueno... —Alice tomó aliento—. Hay algo que me gustaría preguntarle.
—¿Otra pregunta? —dijo él sonriendo al ver que ella seguía evitando sus ojos—. Me parece que esta noche ya me ha hecho unas cuantas.
—Bueno sí...
Alice volvió a tomar aliento y dejó escapar el aire lentamente antes de volver a intentarlo.
—Pues, resulta que tengo una hermana mayor —dijo ella alzando la vista para mirarle a los ojos.
«¡Dios mío! ¡Que ojos azules!», pensó Jasper antes de comprender el significado de sus palabras. Entonces empezó a hacerse una idea de a dónde quería ir a parar.
«¡Oh, no!»
Había oído tantas veces el discurso de «tengo una hermana, prima, sobrina, peluquera, o lo que fuera» muchas veces antes. Demasiadas. Si Alice pensaba que iba a emparejarle con su hermana, se había equivocado. No quería saber nada de más citas a ciegas, no sólo porque siempre fracasaban, sino porque no tenía tiempo.
—Una hermana —repitió él.
—Tuvo un hijo el año pasado, el de la foto que le he enseñado antes...
—¿Un niño? —preguntó él con incredulidad.
Alice quería hacerle cargar con un niño. ¿Qué intentaba, destrozarle la vida por completo? Él nunca le había hecho daño. ¿No acababa de decirle que una familia era lo último que necesitaba, que era feliz con su vida? Levantó una mano para detener cualquier plan fantástico que ella pudiera estar maquinando.
—Para ahí, chica —dijo ignorando su ceño al oírle—. No estoy interesado en que me endoses a tu hermana. Y menos a su hijo.
Alice pareció confusa un momento, pero se recobró con rapidez. Empezó con una risilla que pronto se convirtió en una risa y la risa en carcajadas. Jasper no pudo evitar sonreír también. Estaba claro que no había entendido lo que ella quería decir. Alice no había tenido intención de colocarle a su hermana. Se sintió mucho mejor al saberlo.
—Bella está casada y es muy feliz. No trato de que cargues con ella y con Simón —dijo Alice permitiendo que Jasper también se riera un poco—. Estoy tratando de endosarte a mí misma y a mi hijo.
La risa de Jasper cesó de inmediato.
—¿Qué?
Alice también dejó de reír. No había sido su intención soltarlo de aquella manera. Las palabras habían escapado de su boca, pero ya que estaban dichas no le quedaba más remedio que proseguir.
—No sabía que tuvieras un hijo.
—No lo tengo. Pero desde que Bella tuvo a Simón, no he dejado de pensar en que a mí también me gustaría tener un niño.
—¿Así de simple?
—Simón ya tiene nueve meses. He meditado mucho desde que nació. Según mi ginecóloga, a pesar del hecho de que sólo tengo treinta años, no me queda mucho tiempo de fertilidad. Si debo ser madre, y lo deseo vehementemente, no me queda tiempo para sentarme a esperar a que aparezca un marido que puede no presentarse nunca.
—¿Y por qué me cuentas todo eso?
Alice alzó los ojos y vio que su acompañante la miraba con franca curiosidad. Se dio cuenta de que él todavía no lo había entendido. Alice sabía que sus planes eran algo bastante fuera de lo común, pedirle a un hombre que le hiciera el amor con el fin específico de quedarse embarazada para luego desaparecer de su vida. Seguramente, habría muchos hombres que contestarían sí sin pestañear. La ironía era que hombres así, por lo general, eran unos impresentables. No deseaba que un idiota fuera el padre de su hijo. En un mundo ideal, no tendría que preocuparse por eso, pero no vivía en un mundo ideal.
—Porque... —empezó, sintiendo que las palabras se le atragantaban—. Porque eres atractivo e inteligente. Un hombre de talento y... —Alice se miró las manos y se humedeció los labios—. Y me gustaría que el padre de mi hijo le trasmitiera todas esas cualidades.
—¿Qué quieres decir? —preguntó él.
—Me refiero a que me gustaría que tú fueras el padre de mi hijo. Quiero decir, si es que te parece bien.
Durante un rato, Jasper no dijo nada. Continuó mirándola como si hubiera hablado en una lengua extraña.
—¿Estás diciendo que quieres que done mis...? —Jasper miró a su alrededor, carraspeó y volvió a empezar bajando la voz—. ¿Quieres que done mi esperma para que te inseminen artificialmente?
—¡Cielos, no!
El fuego que había encendido las ingles de Jasper se sofocó un poco. Era evidente que no comprendía lo que Alice trataba de explicarle. Debía ser algo muy distinto de lo que él había imaginado.
—Quiero que me hagas el amor —dijo ella.
—¿Cómo has dicho?
—Dentro de dos semanas estaré ovulando de nuevo.
Jasper no oyó las palabras de inmediato. Sabía lo que había creído oír, naturalmente, pero no podía creerlo. Aquella vez fue él quien se quedó mirando la taza de café sin hablar. Pero su silencio pareció animar a Alice que continuó parloteando nerviosa.
—¡Hum! Mira. Ya sé lo que debes estar pensando de mí. Ya sé que... bueno, que debes preguntarte qué clase de mujer le pediría a un desconocido que le hiciera el amor para quedarse embarazada, pero...
—La verdad es que no somos dos desconocidos —la interrumpió él mirándola a los ojos—. ¿No, Alice?
Alice alzó un sólo hombro en un extraño gesto indolente pero no dijo nada. Jasper nunca se había fijado en lo menuda que era, en lo delicada que parecía. Siempre le había dado la impresión de ser fuerte, decidida, valiente. Se preguntó cuánto tiempo llevaría pensando en él para realizar aquella tarea. Y se preguntó por qué lo que estaba sugiriendo, algo que no debía ser más que una proposición inocente, le parecía tan excitante.
—Después de todas las conversaciones que hemos tenido en estos últimos dos años, ¿cómo puedes pensar que somos dos extraños? —continuó él—. Hablaste conmigo durante aquel intento de absorción hostil del verano pasado, ¿no te acuerdas? Me habría vuelto loco si no hubiera tenido a nadie en quien confiar y creo que tus consejos me ayudaron a mantener a raya a esos bastardos mucho mejor que cualquier otro de los que me dieron.
—¿De verdad? —dijo ella con una sonrisa nerviosa.
—Y también estuviste ahí cuando mi padre murió —dijo él asintiendo.
—Tú también me ayudaste cuando perdí a mi madre. Pero, ¿sabes lo que sí es extraño? Fíjate, hace un rato que nos estamos tuteando sin darnos cuenta. Ni siquiera sé tu nombre.
—Yo tampoco sé tu apellido.
—Swan —dijo ella de inmediato—. Alice Swan.
—Jasper —dijo él extendiendo la mano—. Jasper Whitlock.
Alice le dio la mano cautelosamente y sonrió. No estaba segura, pero pensó que quizá estuvieran sellando un pacto.
Cuando pasaron de las dos de la madrugada, el camarero que cerraba les dijo que se fueran del Cosmo's. Jasper la acompañó a su coche. Los dos caminaban lentamente a pesar de la temperatura bajo cero, como si no fueran a ningún sitio en concreto. El centro de la ciudad estaba desierto a esas horas de la noche, sus rascacielos de cromo y cristal, oscuros y vacíos. Inhaló profundamente el aroma del invierno mezclado con un resto del humo de los autobuses. La ciudad parecía más silenciosa de lo que ella se había imaginado.
Pensó que no habían acordado nada en firme. Aunque habían pasado mucho tiempo hablando sinceramente, Jasper no había accedido a su petición. Sin embargo, tampoco la había rechazado y parecía haber disfrutado tanto como ella.
Alice abrió la puerta del coche y dejó el bolso en el asiento del acompañante. Estaba a punto de hacer lo mismo con el libro que llevaba para leer en sus ratos libres cuando Jasper le rodeó la muñeca con unos dedos cálidos.
—¿El Emerson de bolsillo?—preguntó sin sorprenderse por su elección.
—Creo que Nature es una de las series de ensayos más maravillosas que se ha escrito jamás. Me gusta volver a leerlo de vez en cuando.
—Sé a lo que te refieres. A mi también me encanta.
—No sabía que conocías a Emerson —dijo ella sonriendo.
—Me exigieron leerlo en la universidad. Me sorprendí cuando me gustó tanto.
Jasper le soltó la mano no sin antes acariciarle los nudillos con la yema de los dedos. Alice sintió escalofríos. No sabía si debido a su caricia o a la brisa helada que soplaba entre las calles.
—¿Por qué no has tratado de ejercer tu carrera? —preguntó él de pronto.
Alice se apoyó en la puerta abierta y puso la barbilla sobre las manos.
—No sé. Siempre he querido hacer el doctorado después de la licenciatura. Pensé que iba a enseñar filosofía en la universidad, pero nunca llegué a conseguirlo. Cuando me dieron el título, estaba tan harta de aquello que no quise volver. Ahora me encantaría, pero no tengo tiempo ni el dinero necesario. Quizá algún día.
Jasper asintió, pero su mente estaba en otra cosa.
—¿Sabes? —dijo ella—. La verdad es que no me has contestado todavía.
—Sí, lo sé.
Alice se desanimó de repente, sorprendida por la intensidad de la sensación. Pensó que él no iba a aceptar. Pero todavía había otros en su lista, aún tenía oportunidad de encontrar al candidato ideal. Aunque, de pronto, nadie más le parecía tan perfecto como Jasper.
—Hay una cosa en todo esto que no acabado de entender —dijo él.
—¿Qué es?
—¿Por qué el padre de tu hijo tiene que ser alguien que conozcas? Si estás tan decidida a quedarte embarazada, ¿por qué no eliges la inseminación artificial? Ha funcionado bien para otras mujeres.
—Lo sé. Lo tuve en cuenta como alternativa. He oído que puedes hacer un pedido con todo lo que esperas de un donante, pero...
—¿Pero, qué?
Alice escogió las palabras con cuidado en un intento de que él la comprendiera.
—Supongo que también soy un poco anticuada en este aspecto. No me gusta la idea de que me inseminen mientras estoy tumbada en una mesa de metal con las piernas sujetas y nadie con quien compartir la experiencia excepto un equipo de expertos en bata blanca, ¿me entiendes?
Jasper hizo una mueca ante lo gráfico de su descripción pero no dijo nada.
—Cualquier niño ha de ser concebido en un momento de afecto —continuó ella con voz suave—. Incluso si ese momento sólo dura... eso, un momento. Debe haber una emoción positiva compartida por ambos padres, aunque sólo sea temporal. Al menos, eso es lo que pienso.
—Casi todo el mundo diría que esa emoción debería ser un amor profundo y sincero que fuera para siempre y mantuviera unida a la familia —dijo Jasper.
—También lo sé —dijo Alice desviando la mirada otra vez—. Pero no estoy muy convencida de que esa emoción exista.
Cuando Jasper no respondió, ella volvió a mirarle y pudo ver que estaba pensando en sus palabras.
—No es que no esté de acuerdo contigo pero, ¿por qué piensas eso? —preguntó él
—Sé que hay gente que cree en el amor para siempre —dijo ella—. ¡Demonios! Mi hermana es una de sus más ardientes defensoras. Puede que al ser Bella tan creyente en los poderes del amor me haya convertido en una escéptica ansiosa por evitarlo.
—¿Cómo es eso?
—Antes de conocer a su marido, la vi comprometerse con un hombre tras otro y siempre acababa con el corazón destrozado. Decidí hace tiempo que nunca permitiría que un tipo falso me tratara como la han tratado a ella. De ninguna manera.
—Pero tú misma reconoces que es feliz en su matrimonio. ¿Por qué no crees que a ti puede sucederte lo mismo?
—Ahí está la gran diferencia entre Bella y yo. Ella siempre quiso casarse. Yo soy más independiente. No quiero ligarme a nadie para siempre, no quiero encontrarme dominada por ningún hombre.
—Sin embargo, al tener un niño, te encontrarás atada a él para toda la vida. Serás responsable de él en el momento en que lo concibas.
—Eso es distinto —dijo ella con una sonrisa—. Los bebés y los niños te necesitan. Te aman incondicionalmente sin importar los defectos que puedas tener. No intentan cambiarte, no restringen tus emociones, no juegan contigo. Eso no se aplica a los hombres que he conocido.
Jasper asintió pensando que su descripción de los hombres coincidía con la manera en que él había visto siempre a las mujeres. Era interesante que los dos compartieran una filosofía idéntica sobre el sexo contrario.
—Dame algún tiempo, Alice. ¿De acuerdo? Lo que me propones es poco ortodoxo, por decirlo suavemente
—Necesito saberlo antes de dos semanas.
—¿Por qué tanta prisa?
—Quiero tener el niño para Navidad —dijo ella sonriendo.
Se dio cuenta de que había algo que preocupaba a Jasper, algo en su gran plan que no acababa de comprender.
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
—Hay una cosa de la que no hemos hablarlo —ano et confirmando sus sospechas.
—¿Que es...?
Jasper le apartó el flequillo de la frente, un gesto íntimo y sorprendente que ella no esperaba. Sus dedos eran calidos, sus ojos revelaban que a él también le había pillado desprevenido.
—Exactamente, ¿cuál será mi papel una vez que mi primer cometido haya terminado? —preguntó con voz dulce.
—¿A qué te refieres? —dijo ella, con voz más insegura de lo habitual.
—Después de que... te haga el amor, Alice... —Jasper tuvo que tragar saliva antes de continuar—. Después de que te quedes embarazada, ¿qué sucederá entre tú y yo?
—Supongo que las cosas volverían a ser como ahora.
—¿Sinceramente crees que seremos capaces de comportarnos como si nada hubiera pasado?
Alice lo pensó, se apartó de la puerta y le miró fijamente a los ojos.
—No lo sé, yo... sólo lo supongo. Quiero decir que probablemente seremos capaces. Tú no pareces querer una mujer en tu vida más de lo que yo quiero un hombre en la mía.
—Eso es verdad...
—Por eso es un acuerdo tan perfecto. Hace dos años que nos conocemos y nunca nos hemos obligado a nada. No hay razón para pensar que eso vaya a cambiar sólo porque hayamos... hecho el amor... una vez. Mucha gente mantiene contactos sexuales breves y siguen siendo amigos.
Al menos Alice pensaba que sí. Sucedía a diario en la televisión y en las películas.
—También es verdad, pero...
Antes de que Alice se diera cuenta de qué estaba pasando, Jasper se inclinó hacia ella y capturó sus labios. Al principio, Alice estaba demasiado sorprendida para reaccionar, pero cuando él enredó sus dedos en los cabellos de su nuca y la estrechó contra sí, no pudo evitar responderle. Decidió que Jasper besaba muy bien mientras ella misma le ponía la mano en la nuca y se apretaba contra él sintiendo que todavía no estaban lo bastante cerca.
Jasper la apartó del coche y la abrazó por entero, acosando sus labios como si intentara devorarlos. Una mano se abrió sobre el hueco de su espalda, apretándola contra su cuerpo hasta que Alice pudo sentir el calor que emanaba de él. Ella no estaba segura de cuánto tiempo llevaban abrazados, pero una cosa estaba clara, no quería que acabara.
Pero acabó, y tan repentinamente como había comenzado. Jasper se apartó y la miró, claramente perplejo, las respiraciones jadeantes se mezclaron en una niebla plateada que ascendió entre ellos.
—Necesito unos cuantos días para pensarlo —dijo mientras la soltaba de mala gana. La apartó de él y se llevó el dorso de la mano a los labios—. Y creo que tú también necesitas pensarlo un poco.
Con aquellas palabras, Jasper se dio la vuelta y se marchó sin mirar atrás. Alice le vio irse, tratando de entender las emociones tumultuosas que la embargaban. Al cabo de un momento, ya había recuperado el dominio de la situación, había planeado hasta el más mínimo detalle y sabía exactamente cómo iba a funcionar el plan. Entonces Jasper la había besado y todos sus planes se habían venido abajo, se habían disuelto como vapor en el aire, como el vaho de sus respiraciones agitadas.
Había estado muy segura de sí misma, pero ahora no sabía qué hacer.
Segundo capítulo de la historia. ¿Cómo va? ¿Les esta gustando? Reviews? :)
