Adiós Primavera

Charter 2

Serena estaba inconsciente en el piso mientras Mina trataba de reanimarla y llamaba a gritos a la servidumbre o a quien estuviera cerca para que la ayudaran con su amiga.

Al escuchar los gritos el señor Tsukino y un par de sirvientas entraron a ver que sucedía en la habitación.

-¿Qué pasó? –Preguntó asombrado al ver a su hija sin sentido-

-Es Serena Señor, se ha desmayado

-Hay que llamar al doctor Chiba para que venga a auscultarla. Rápido, Michiru o Haruka llamen al doctor Chiba.

-En seguida –Dijo la chica del cabello verde-

-Yo le ayudo a subirla a la cama –Ofreció Haruka-

Entre Haruka, Minako y el padre de Serena la acomodaron en la cama. Al cabo de unos minutos Serena despertó pero se sentía aun mareada. El señor Tsukino estaba en la sala esperando al doctor Chiba.

-¡Serena! ¿Acaso estás haciendo dieta? –le preguntó Minako-

-No, para nada, aunque no tengo tanto apetito como antes

-Talvez estés anémica

-Puede ser

-Eso lo dirá el doctor Chiba, ya mismo llega

-¡Oh no! Me verá así, toda pálida ¡Qué vergüenza!

En la sala el señor Tsukino recibía a Darién.

-¿Qué ha pasado?

-Mi hija se desmayó

-Veamos que tiene ¿Dónde está?

-En su habitación, yo le llevo

Tocaron a la puerta y Serena trató de arreglarse un poco antes de que entraran.

-Adelante

-Buenas Noches

-¿Cómo está doctor?

-Eso debería preguntar yo ¿Cómo se siente?

-Bien

-Me dijeron que se ha desmayado ¿Qué sintió?

-Bueno, primero todo empezó a dar vueltas, luego se puso oscuro y sentí que caía como en un abismo

-Entiendo

-¿Qué puede ser doctor? –Preguntó su padre-

-Aun no puedo dar un diagnostico acertado, habría que practicarle algunos exámenes. Dígame señorita Serena ¿Desde cuando le dan mareos?

-Bueno, desde hace un par de meses

-¿Y por qué no habías dicho nada, hijita? –Preguntó medio preocupado el padre-

-Es que pensé que era algo de la vista y que a lo mejor tendría que usar lentes y yo no quiero

-Claro, con esos ojos tan lindos que tiene –Dijo Darién haciendo que la rubia se sonrojara-

-Gracias doctor

-Bueno, mañana enviaré una enfermera para que tome unas muestras y la próxima semana estarán los resultados

-Yo iré a retirarlos –Dijo el padre-

Los días empiezan a pasar y tanto Serena como Mina se divierten como nunca en el concierto de los Three Lights, después inclusive tuvieron la oportunidad de fotografiarse junto a los artistas.

-Nunca olvidaré este día –Dijo la rubia- estuvimos frente a frente con los Three Lights

-Y Yaten es maravilloso –Dijo Mina con emoción-

-pero ya se acerca el baile de graduación

-Sí, tenemos que encontrar pareja para el baile

-Sería maravilloso que yo pudiera ir con Darién

-Y yo con Yaten

-Son sueños imposibles

-Cierto

-Darién jamás querría ir conmigo al baile

-Y Yaten es toda una estrella inalcanzable para mí

Ambas suspiraron al mismo tiempo. Mientras tanto en el consultorio Darién recibía al señor Tsukino, pero su rostro reflejaba algo de pena.

-¡Dígame doctor! ¿Qué es lo que tiene Serena?

-Don Tsukino no le tengo buenas noticias

-No me diga eso, es grave lo que padece mi hija

-Mucho señor

-Dígame lo que sea

-Serena tiene leucemia

-¿Qué? ¡Dios mío no puede ser!

-Con un tratamiento podríamos tratar de…

-¿De…?

-Alargar un poco su vida

-Eso quiere decir que ella morirá

-Si señor, a lo mucho le queda un año de vida

-¡Dios! Mi única hija

-Lo siento tanto don Tsukino, créame si pudiera hacer algo más por ella lo haría

-Entiendo, por favor le ruego que no se lo diga a nadie, le pido absoluta discreción, no quisiera que mi hija se enterara de esto

-Comprendo y le aseguro que nadie lo sabrá

Serena se sintió cansada y fue temprano a dormir pero aun estaba emocionada por lo vivido en el concierto. Mientras tanto el señor Tsukino platicaba con su esposa que recién llegaba de su viaje con el pequeño Sammy de 10 años.

-Ikuko tenemos que hablar de algo muy delicado

-Entiendo. Por favor Sammy ve a jugar a tu habitación

-Si mamá –Dijo y salió-

-Ahora si dime que es eso tan importante que tienes que comunicarme

-Se trata de Serena. Tiene leucemia y solo le queda un año de vida, quiero que trates de llevarte bien con ella, quiero que lo poco que le queda de existencia sea muy feliz

-¡Oh! No esperaba una noticia así, pobre hija mía, haré todo lo que esté en mis manos para que sea feliz

-Gracias, espero también que no comentes esto con nadie

-Te juro que nadie lo sabrá Kenji, tu hija nunca se enterará

El señor Tsukino salió de la habitación.

-Es una lástima porque Serena es muy joven –Se dijo así misma- pero mejor, así la herencia pasará a manos de mi hijo Sammy. Kenji no tiene más herederos

El señor Tsukino fue al cuarto de su hija quien descansaba.

-¿Cómo te fue hijita?

-Fue como un sueño papi, hasta nos tomamos fotos y todo –Dijo mostrándole algunas-

-Qué bueno hijita y ¿Cómo te has sentido?

-Cansada. Pero es natural porque he estado ocupada mucho estos días, la fiesta de primavera el concierto, los exámenes

-Entiendo

-Papá ¿Qué dicen los exámenes? ¿Qué tengo?

-Nada de importancia, solo tienes algo de anemia, el doctor va a venir a recetarte

-Qué alivio

-Hija ¿Puedo preguntarte algo?

-Sí

-¿Qué es lo que más te gustaría tener? Dime con confianza, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea

-Gracias papá, me gustaría contarte que me gusta un muchacho

-¿De verdad? ¿Quién?

-Tú lo conoces

-¿Ah sí?

-Es el doctor Chiba

-¿Darién?

-Sí, me da algo de vergüenza contártelo

-Hijita no es nada malo que te guste él, es una persona culta, educada, amable y respetuosa

-¿Verdad? Me gusta mucho papá, sería la mujer más feliz del mundo si él se fijara en mí

-Entiendo hija, y espero que algún día tus sueños se hagan realidad

-Es lo que más deseo

Su padre le dio un beso y se despidió de ella. Al día siguiente el señor Tsukino fue a buscar a Darién para hablar con él.

-¡Doctor! Necesito que me regale unos minutos de su tiempo

-Le escucho

-He venido a rogarle, a pedirle que por favor se case usted con Serena

-¿Qué?

-Por favor

-No entiendo ¿Por qué haría algo así?

-Ella lo ama, me lo ha dicho y desea ardientemente ser correspondida, yo quiero que sea feliz en el poco tiempo que le queda de vida y en sus manos está esa felicidad

-No puedo

-Se lo suplico

-Es que yo no amo a su hija

-¿Acaso le cuesta tanto darle un poco de amor a una niña tan dulce como Serena?

-Es que…

-Darién por favor

-Yo…

Darién se quedó pensando en lo que el señor Tsukino le estaba pidiendo. ¿Lo hará?