Adiós Primavera
Charter 7
Los empleados de la tienda de muebles para niños entraban a la mansión con las partes de la cuna que armarían. La llevaron a la habitación de Serena y sobre la cama estaban los tules color blanco que servirían de cobertores. Ikuko llevaba los pequeños cojines que pondrían a su alrededor, todos bordados con lindos diseños.
-¡Mi reina! –Le dijo a Serena que se había quedado mirando a los hombres armar la cunita- va a quedar muy bonita
-Sí mamá, estoy entusiasmada con el nacimiento de mi bebé, aunque todavía falta algún tiempo
-Es verdad, a penas y empieza a notarse
-Lo que no entiendo es porque me fatigo demasiado y a veces me siento débil ¿Será normal?
-Claro cariño, lo mismo me pasaba cuando estaba embarazada de Sammy, además recuerda que no hace mucho tuviste anemia y te debilitaste, por eso debes alimentarte bien y descansar mucho para que tu hijito nazca sano y fuerte
-Sí mamá, voy a seguir todas tus sugerencias y las de Darién
Darién llegó del trabajo con un enorme ramo de rosas para su esposa y un gran peluche con un corazón en sus manos que decía te amo. Esta era la primera vez que él le daba una sorpresa así.
-¡Darién! ¡Qué hermosa sorpresa! ¡Gracias mi amor!
-No es nada cariño, tú mereces esto y mucho más
Serena y Darién se besaron e Ikuko salió silenciosamente para darle privacidad a la pareja. Después Darién soltó a su esposa y se fijó en la cunita recién armada.
-Ya la trajeron –Comentó él-
-Sí, es linda ¿Verdad? Ya imagino a nuestro hijo durmiendo placidamente en aquella cunita y nosotros dos velando su sueño
-Si mi amor
-Mamá me está enseñando a tejer, mira lo que hice –Sacó de un cajón un par de escarpines blancos-
-Están lindos –Dijo sonriendo de lado pero sin poder ocultar demasiado su preocupación-
-¿Qué te pasa Darién? Noto que algo te molesta
-No es nada Serena, solo que hoy tuve mucho trabajo y me siento cansado
-Entonces acuéstate y descansa
Darién le hizo caso y se echó sobre la cama.
-Le diré a la Michiru que te prepare algo delicioso para comer
-No, mejor no, mejor ven y recuéstate aquí a mi lado, te he extrañado todo el día
Serena le sonrió y escuchando a su esposo subió a la cama.
-También te extrañé y el regalo que acabas de hacerme es sencillamente maravilloso, yo no te he dado nada aún
-Mi cielo, no necesitas darme nada más, el hijo que llevas en tu vientre será el más grande y valioso regalo de tu parte y el amor tan dulce que me entregas todos los días hacen que sea el hombre más feliz sobre la tierra ¿Qué más puedo pedir en esta vida?
-¡Darién! ¿En verdad eres feliz?
-Siempre, no conocía la felicidad hasta que me enamoré de ti
-¡Darién! Me emociona oírte decir eso
-Y a mi me emociona estar a tu lado
Se besaron nuevamente y se quedaron abrazados en la cama disfrutando uno del otro.
El tiempo empezó a transcurrir, el vientre de Serena empezó a crecer más y más. Ella siempre esperaba a su esposo sentada en una de las bancas del jardín, él siempre la saludaba con un beso en los labios y luego besaba y acariciaba la barriga de su esposa. Mina y sus demás amigas acudían a menudo a visitarla, le llevaban obsequios y las tertulias de la llegada del infante se extendían hasta el final del día que era cuando se preparaba ella para recibir a su amado esposo.
Cierto día Darién salió más temprano del trabajo, estaba sumamente preocupado porque la fecha del nacimiento se acercaba y Serena estaba más débil cada día. Ahora no podía levantarse de la cama. El señor Tsukino aguardaba por él en la sala.
-¡Darién!
-Señor ¿Cómo ha estado ella?
-Peor, cada vez se pone peor, creo que ella presiente algo
-Debe ser, ha empeorado mucho en estos últimos días
-¿Qué harás?
-He hecho hasta lo imposible por alargarle la vida, por lo menos quiero salvar a la criatura pero si sigue así tendré que practicarle una cesárea, estoy pensando en internarla de una vez
-Mi hija se muere cada día
-Iré a verla
Darién entró, su esposa había desmejorado muchísimo en las últimas semanas, su rostro estaba pálido y el semblante sumamente decaído pero a pesar de esto aun se veía algo bonita.
-¡Amor! ¿Cómo te has sentido?
-¡Darién! Mi amor, me siento tan débil, no tengo fuerzas ¿Por qué? Dímelo
-Es que…
-Yo he notado que otras mujeres en mi estado, se las ve bien, están de pie y yo, yo no tengo fuerzas, siento que la vida se me va. ¿Por qué me siento así?
-Es que tú eres muy frágil, eres como una rosa, delicada, pero no te preocupes que cuando des a luz todo ese malestar desaparecerá, te lo prometo
-¿Cierto?
-Sí –Le dijo y se recostó a su lado-
-Mi amor, ya quiero que nazca
-Yo también y ¿Qué quieres que sea?
-Da igual, solo quiero que nazca bien ¿Y tú que quieres que sea?
-una niña, una niña para que se parezca a ti, que sea linda y buena como tú
-Entonces sí me quieres –Dijo ella casi desfalleciendo- nos hemos querido tanto, todo un año de felicidad
-Cuando nazca nuestro hijo podemos hacer planes
-Sí, me gustaría hacer un viaje, los dos juntos
-¿A dónde quisieras ir?
-A donde sea, contigo sería el cielo
-Está bien haremos ese viaje juntos
Darién no terminaba de hablar cuando de repente le empezaron unos fuertes dolores que la hicieron gritar.
-¡Ahhhhh! ¡Darién! ¡Darién!
-¡Serena! –Dijo angustiado el médico-
El señor Tsukino estaba en el jardín leyendo el periódico cuando apareció Minako corriendo.
-¡Señor! ¡Señor!
-¿Qué sucede Mina?
-Es la criatura, ya va a nacer
-¡No Dios mío!
Kenji tiró el periódico y salió corriendo, Darién se había preparado para recibir a su hijo, mandó a ver unas toallas y agua caliente, se puso sus guantes cuando entró Kenji.
-No puedo llevarla al hospital, podría morir en el camino, el parto se ha adelantado
-¿Qué harás?
-Asistiré el parto aquí mismo
-¡Darién! Por favor cuida a mi hija
-Señor, sabe que lo haré, tengo un compromiso con usted y con ella. Ahora por favor salga y espere a que yo termine
Serena se quejaba demasiado y Darién estaba desesperado, nervioso, temía lo peor.
-¡Dios mío! –Rogaba en silencio- ¡Por favor dale vida! ¡Un poco más por favor! Solo un poco más hasta que nazca mi hijo
Michiru y Haruka entraron con la lavacara de agua caliente y las toallas limpias, ambas asistirían al doctor en el parto de Serena. Mientras afuera Mina, Ikuko y Kenji estaban nerviosos esperando.
-Serena tienes que ayudarme amor, por favor puja fuerte –Pidió el médico-
-No tengo fuerzas
-Hazlo por mí y por nuestro hijo
Serena luchó contra la muerte y con lo que le quedaba de fuerzas trajo al mundo a una pequeña. Ella sonrió al escuchar el llanto del bebé y de inmediato le preguntó a su esposo que había sido.
-Es una niña, una niña sana y fuerte mi amor –Le contestó-
Darién envolvió a la niña en unos mantos limpios y se la acercó para que la viera.
-Es una niña –Exclamó ella-
-Sí mi cielo, gracias por este regalo tan maravilloso
Serena estiró un poco la cabeza y besó en la frente a la pequeña.
-Cómo tú querías mi Darién una niña fruto de nuestro amor, porque te amo Darién
-Yo te amo también, te amo, te amo mucho
Serena tenía agarrado a Darién de una mano pero de repente la soltó, sus fuerzas se habían ido para siempre. Darién sintió como un frío helado se apoderaba de su cuerpo. Entregó la niña a Michiru y se acercó más a su esposa para cerciorarse de su muerte.
-¡Serena! ¡Mi amor! –Tomó su pulso y comprobó lo que temía-
Serena tenía los ojos medio abiertos y estaban húmedos, él los secó con sus dedos y terminó de cerrarlos.
-¡Serena! ¡Serena! –Se lamentó llorando sobre su cuerpo- ¡No me dejes mi amor!
Después de llorar unos cuantos minutos sobre el cuerpo inerte de Serena, Darién se levantó, recuperó el aliento, debía ser fuerte para darle la mala noticia al señor Tsukino, le dio un beso en los labios a su esposa y salió de la habitación. La primera en acercársele fue Mina.
-¡Darién! ¿Nació ya?
-Sí –Dijo cabizbajo-
-¿Qué fue?
-Una niña, me dejó una niña
-¿Y ella?
Darién alzó la cabeza y Mina vio sus ojos llenos de lágrimas entonces la rubia entendió que su amiga había dejado este mundo.
-¡No! –Se tapó la boca con ambas manos y salió corriendo-
Kenji comprendió que su hija ya había muerto y también entró llorando a la habitación para verla mientras Ikuko abrazaba a Sammy.
-Serena está descansando –Dijo mientras una lágrima rodó por su mejilla- ella era un ángel
Darién se mordía los labios y no pudo evitar las lágrimas se sentó a llorar desconsolado sobre uno de los muebles y en la mesita que estaba a su lado descansaba un portarretrato de ellos dos recién casados.
