Disclaimer: J.K. Rowling/ Escenarios y Personajes.
Trama: ValerieMalfoyCullenHale
Chapter 3.
Mientras por un lado, Malfoy se divertía en la enfermería con Granger; por el otro, su contra parte que se encontraba ahora en un mundo desconocido no sabía realmente por qué. Se sentía solo, pues al acudir a Zabini y Nott, estaban totalmente cambiados y le preguntaban qué pasaba con él.
No solo eso, sino, que las pocas personas que sabían la verdad; dígase Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger del mundo del Malfoy Orgulloso; no podían ayudarlo en lo más mínimo y en conjunto con la profesora discutían los pros y contras de ir en su búsqueda.
Pero en estos momentos, al Malfoy orgulloso de sí mismo, no le preocupaba regresar en lo más mínimo.
La joven había recuperado su fuerza y color corporal en poco tiempo y no sentía dolor por los daños causados la noche antepasada. Y él, se había pegado a ella peor que la goma de mascar a un zapato.
Se sentía bien, por primera vez en tanto tiempo tenía que perseguir a la chica que quería solo para él en vez de ser perseguido. Aunque había una chica que no lo dejaba en paz, lo seguía a todas partes y lo espiaba cuando estaba en la ducha. La roñosa Pansy Parkinson de esta dimensión no lo dejaba en serena paz. Intentó continuar sin decirle nada, hasta que un día, en un arranque de enojo, la tomo por la barbilla fuertemente y le dijo:
-Deja de perseguirme, Parkinson, intenta vivir tu propia vida y no vivir por medio de otros. Entre ellos yo. Cámbiate ese uniforme asqueroso y sucio y por alguna vez en tu vida camina derecha-
Antes de dejarla ir, sintió como su mano se humedecía ligeramente y vio lágrimas resbalar por las mejillas de la chica. La soltó inmediatamente, observando la marca de sus dedos en su barbilla y comisuras. Se arrepintió inmediatamente, pero antes de poder pedirle disculpas, la chica salió de volada por el pasillo y desapareció en el siguiente pasadizo.
Malfoy quedo petrificado, y esa noche la culpa no lo dejó dormir. Daba vueltas en la cama y por más que intentara pensar en otras cosas, no podía. Tenía demasiadas preocupaciones en la cabeza, pero esa era la más reciente y palpitante. Se vio reflejado por su padre. Quedó realmente a su imagen y semejanza.
Comenzó a recordar las peleas interminables que el viejo Lucius Malfoy tenía con su madre, y los moretones que aparecían de repente en el cuerpo de ella, que desde muy temprana edad Malfoy ya sabía de su origen.
Draco Malfoy siempre fue un infante muy inteligente. Desde muy pequeño siempre fue muy soñador y curioso. Por algunas de estas situaciones, llevaba algunas marcas en su blanquecina piel. Y por otras situaciones, llevaba la gran marca tenebrosa, pero para su suerte, su madre le había dado un par de hechizos para ocultarla de los chismosos.
Después de una hora, que para Malfoy fueron mil, logró caer a los brazos de Morfeo. Doce horas más tarde, se despertó muy de repente y observó inmediatamente el reloj en la pared del dormitorio. Ya se había perdido el desayuno y el almuerzo. Y entre éstos dos, se había perdido Pociones y Encantamientos.
-Mierda- murmuró para sus adentros.
Se levantó de la cama en ese mismo instante en dirección al baño y cerró con llave. Entró a la ducha verificando que una toalla seca estuviera doblada dentro del gabinete. Lavó con calma cada hebra de su cabello rubio platinado y cada recóndito lugar de su cuerpo escultural. Al salir, se envolvió la toalla verde oscura a la cadera y salió en busca de su uniforme. Cuando de inmediato recordó que era sábado y que no tenía clases. Se llevó una mano a la frente para limpiar algunas gotas de agua que emanaban de su cabello empapado.
Tomó algo casual para vestir. Unos jeans oscuros y una camisa de vestir negra. Se colocó los zapatos que traía cuando vino a esta dimensión.
Salió del dormitorio con la barbilla en alto y su caminar orgulloso, atravesó la Sala Común y salió por el pasillo húmedo de las mazmorras.
Caminó en dirección al Gran Comedor, recordando que tal vez los elfos tendrían algo que darle para comer y esperanzado fue a paso calmado hasta allá, sin esperarse que en el camino se encontraría con Granger. Ahí estaba, vestida con un par de leggings, que llegaban a sus tobillos. Con un patrón de leopardo color beige, sobre eso, un gran suéter tejido que le llegaba hasta debajo del trasero exactamente, un par de tacos negros altos y el cabello rizado, alborotado como una leona. La observó descaradamente con los ojos desorbitados. Esta chica podía sorprenderlo cada día más. Intentó seguir caminando y quitarle la mirada de encima, pero cuando pasó frente a ella y su grupo de amigas bastante peculiar, las chicas comenzaron a reírse de forma escandalosa lo que hizo que se volviera hacia ellas.
-¿De qué te ríes?- le preguntó acercándose abruptamente a la sexy Hermione Granger de esta dimensión.
La chica cambió totalmente, de una sonrisa burlona a una expresión muy seria.
-De nada Malfoy, solo reíamos de una broma que ha dicho Pansy- dijo ella, señalando con el dedo índice de su mano derecha a Pansy Parkinson, quien estaba pegada a la pared aun riéndose de Malfoy.
La morena de ojos verdes estaba vistiendo un short que iba desde su cintura hasta el inicio de sus muslos debajo del trasero, muy corto en realidad. Con una camisa strapless bastante escotada blanca que contrastaba con los shorts negros y unos tacos negros parecidos a los de Hermione. Con el cabello liso y brillante cayendo sobre su espalda baja y labial rojizo sobre su boca. Malfoy no esperaba que la morena hubiese hecho caso a sus palabras del día anterior.
Volvió la vista a las otras dos chicas que estaban con ellas. Lavender Brown, con un vestido verde claro muy corto también y Daphne Greengrass con una falta a la cintura y una blusa de color rosa envejecido. Había notado que las chicas en esta dimensión tenían un sentido de la moda muy retro. Algo que las hacía más atractivas. Intentó concentrarse en lo que estaba diciendo, pero para no arriesgarse, se dio media vuelta y siguió su caminar usual.
Las chicas empezaron a murmurar y luego de unos cuantos pasos lo perdieron de vista.
El rubio necesitaba aclarar sus ideas.
Si no podía tener a Granger en la otra dimensión entonces intentaría tenerla en esta. En una dimensión donde la locura era lo más usual, y donde la cordura era tachada como aburrimiento. Donde las fiestas y el alcohol eran mejores y más disfrutados que en la otra. Donde no estaba Zabini diciéndole lo que debería hacer y donde Crabbe y Goyle no estaban siempre sobre el cómo zancudos.
Se sintió feliz. Por primera vez en su vía en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería se sentía vivo, capaz, poderoso. Y solo por ser él mismo. No por el apellido que llevase o el dinero que poseyera. En su otra vida, su madre controlaba todo lo que hacía, las chicas con las que salía. Hasta habían hecho ya un acuerdo de boda con la hermanita de Daphne Greengrass. Que ni bonita ni inteligente era, nada agraciada.
Comenzó a despreocuparse por volver, pues no quería hacerlo. No importaba lo que pensaran en la otra dimensión, o que el otro Malfoy arruinara su antigua vida. Ahora ésta era su nueva vida y le estaba empezando a gustar.
En fin, llegó al Gran Comedor y entró a la cocina, pidiendo permiso y siendo educado. Esta vez, a diferencia de la antigua dimensión, los elfos lo trataron efusivamente y le dieron un plato de comida deliciosa bastante grande que sació sus expectativas.
Salió de allí y se sentó en un tronco a las afueras del castillo, cerca del lago negro. Sacó de su bolsillo la caja de cigarrillos y cuando iba a encender el primero, una mano lo detuvo, arrancó el cigarrillo de su mano y lo lanzó al piso, para luego con su gran taco negro lo pisara.
El rubio levantó la mirada y observó a la castaña mirándolo directamente a los ojos con un aire de desaprobación.
-¿Podrías dejar de mirarme así?- preguntó el rubio sin expresión negativa en su rostro. La castaña ignoró su pregunta y se sentó junto a él, ahora sin mirarlo, dijo:
-Este lago está abandonado- Observó de arriba abajo el lugar, desolado, vacío.
-Antes no era así, acá se sentaban las parejitas a tener sus momentos- dijo él, refiriéndose a su dimensión.
-Siempre ha sido así, Malfoy. Nadie viene a este lago desde que raptaron a una estudiante- dijo ella algo extrañada.
-Tienes razón… Discúlpame- dijo él, con la mirada baja, viendo sus zapatos ahora embarrados de tierra húmeda. Ella lo miró, puso uno de sus dedos índices en la barbilla del muchacho para acercarlo a ella. Malfoy estaba nervioso, pero no volteó el rostro, dejó que ella le hiciera lo que quisiese.
Se le acercó de lo más despacio, lentamente, y posó sus labios en los de él. Comenzó a moverlos con suavidad, y en eso, el rubio puso sus manos en la cintura de ella para acercarla más hacia él. Sus labios se movían lento, disfrutando cada sensación. Introdujo su lengua en la boca de la castaña y ella le siguió el juego. Se tocaban, ella tenía sus manos en el rubio cabello de él, y él había recorrido su espalda con las manos, lentamente.
Ella fue quien termino con aquel beso, y se levantó de el tronco, tomándolo de la mano, y llevándolo embobado hasta un salón sucio y desordenadamente vacío. Cerró la puerta tras él y lo acorraló contra una esquina. Comenzaron el jugueteo.
Malfoy y ella se besaban ahora más apasionada y profundamente. Ella tenía sus manos en el cuello de Malfoy, y el llevaba las suyas de su cintura a sus muslos repetidas veces. Esta vez el rubio decidió tomarla en brazos y la levantó abriendo sus piernas, con las que ella lo abrazó. La estampó con cuidado contra la pared y comenzó a tocar el trasero de la chica, cuando ella decidió que ya había ido algo lejos. Se separó de los labios del muchacho y se bajó del agarre.
Lo tomó de la mano, y se acercó lo suficiente como para estar ojos con ojos.
-Hoy no- le susurró.
-Es muy temprano, no pretendía seguir si no querías- mencionó él. Ella le dio un beso en la mejilla, y luego le dio un abrazo. El rubio tenía un poco cortada la respiración por aquel encuentro, pero estaba calmo. Deshizo la unión y soltó la mano del rubio, luego salió del aula dejándolo atrás. El rubio salió un rato después, arregló su ropa ahora desaliñada y su cabello alborotado. Caminó como acostumbraba a hacerlo siempre y sacó otro cigarrillo. Esta vez lo encendió y se lo llevó a la boca para darle una calada algo larga.
Cuando terminó con el cigarrillo, dejó caer la colilla al suelo y la apagó con el zapato. Metió ambas manos en los bolsillos, cubriéndose del sereno que comenzaba a entrar al castillo al entrar la noche. Se dirijo a las mazmorras, donde hacía un frio más fuerte y sacó de su habitación una sudadera verde oscura bastante gruesa para cubrirse del frío, con un bolsillo central en donde introdujo sus manos.
Salió de allí no sin visualizar a todos los que se hallaban en la sala común, Zabini estaba solo, observándolo con rencor. Malfoy ya suponía que eso sucedería. Nott estaba por otro lado, y cuando vió a Malfoy se le acercó para charlar con él.
-He dejado sola a Millicent para venir a decirte esto, Draco- dijo el moreno. Malfoy hizo una mueca al escuchar su primer nombre pero decidió no protestar.
-Dímelo- susurró con rapidez.
-Zabini ha dicho que quiere caerte a golpes. Me ha ofrecido que lo ayude y le dije que no. Está celoso de quien eres ahora, cuando eras uno como nosotros... quiero decir, antes de que me explicaras lo bueno de la vida- susurró esta vez Theodore.
Malfoy frunció el ceño, poniéndose de todos los colores. Y se volteó a mirar directamente a Zabini. Sacó su varita y exclamó:
-¡EXPELLIARMUS!-
La varita de Zabini salió despedida por el aire y Zabini cambió a una mueca de miedo. Malfoy guardo su varita en la sudadera y corrió hacia él para atraparlo, agarrándolo por el cuello de la camisa. Lo alejó un poco y le dio un puñetazo en la nariz, rompiéndosela inmediatamente. Su sangre embarró la mano de el rubio y en ese instante, Zabini devolvió el puñetazo atinándole al ojo.
-¡DESMAIUS!- fue lo único que se escuchó al fondo, una voz gruesa, de un hombre mayor. Era el profesor Snape quién había lanzado el encantamiento. Al apuntar hacia los chicos que estaban uno encima del otro, de pie, peleando, atinó a los dos.
Cayeron ambos, inmóviles al suelo. Zabini con la nariz sangrante y Malfoy con un ojo hinchado y enrojecido.
Deshizo el encantamiento y los llevó por el cuello a ambos a la enfermería, donde Madame Pomfrey los atendió con extrema cordialidad. Los curó con rapidez, y ya estaban como nuevos.
-Ahora, ¿se puede saber la causa de este enfrentamiento?- preguntó entre dientes el profesor Snape.
-Este marica comenzó una rebelión en contra mía- dijo Malfoy tornándose carmesí de la rabia.
-No tienes pruebas- dijo Zabini observando hacia otro lado.
-Ya basta de pleitos. Ustedes eran bastante unidos- susurró el profesor.
-Hasta que Malfoy se tornó un creído- refutó Zabini. Malfoy lo miró con un aire burlesco.
-Hasta que comencé a tener atención de todo el mundo, hasta que deje de ser una rata de biblioteca como tú, hasta que ayudé a Nott a dejar de serlo también. Hasta que comencé a ser alguien- exclamó Malfoy. Dejando a los presentes boquiabiertos. Madame Pomfrey se llevó una mano a la boca, los ojos le brillaban de la emoción. Tenía tiempo sin visualizar algo de aquel tipo.
-Cierre la boca Malfoy- dijo el profesor molesto –Veinticinco puntos menos para Slytherin; además de estar castigados por dos semanas, todas las tardes a las cinco en punto en mi despacho. Ahora vayan a su respectivo dormitorio-
Malfoy con el ceño fruncido caminó con rapidez dejando a Zabini atrás y azotó la puerta del dormitorio. Se quitó la sudadera, la camisa y el pantalón. En bóxers se echó en su cama, se llevó encima la colcha.
Rendido cayó, como dicen, hasta el otro día. En que se despertó muy temprano, ya con un temperamento más liviano.
Observó dormido a Nott, y una cama vacía de Zabini. Se alegró de aquel hecho. La hora era perfecta. Las ocho de la mañana. Fue a la ducha, con un aire de felicidad y una sonrisa interna que nadie podía sacarle esta vez.
Se dio una ducha larga, dejó que el agua corriera un rato por su espalda. Salió de la ducha y se envolvió el paño en la cintura. Para su sorpresa, al entrar al dormitorio, Nott seguía durmiendo, pero una silueta femenina se encontraba en su cama. No podía distinguirla porque la claridad hacía que su imagen se viese negra.
Se levantó y se fue acercando.
La castaña tenía el cabello recogido y estaba en pijamas. Camiseta blanca de mandas cortas con un lazo dibujado y pantalones a cuadros. Pantuflas cubrían sus pies.
Puso ambas manos sobre el pecho desnudo del muchacho y de inmediato se puso tenso. Le quitó las manos de encima de él y se alejó un poco. Esta vez la chica lo empujó de nuevo a los adentros del baño del dormitorio y cerró la puerta con sumo cuidado.
-¿QUÉ HACES AQUÍ?- preguntó desesperado el rubio, tenso, sudando.
-Vine a darte los buenos días- dijo ella con un aire angelical. Se acercó a la boca del chico, y le dio un beso de pico, uno corto.
Malfoy seguía sujetándose la toalla en la cintura con la mano izquierda.
Se alejó de ella, algo desconcertado.
-Granger, vete de aquí- dijo él, con la voz algo quebrada.
-Ya me he encargado de Theodore, estará un buen rato sentado en un inodoro- dijo ella, con una malicia impregnada en su voz nada normal.
-He dicho que te vayas ahora mismo- dijo decidido, cansado de jueguitos tontos, no estaba de humor a esas horas para sorpresas como esa. Estaba saliendo a flote el Malfoy malagradecido de la otra dimensión. Cualquiera diría que Malfoy se drogaba si le contaban esta historia.
-Está bien, está bien. Ya me voy, solo pensé que sería un lindo gesto- dijo ella cambiando a una mueca de tristeza irremediable.
-Vuelve a tu dormitorio, date una ducha, vístete y nos vemos frente al lago negro después del desayuno. No había necesidad de este espectáculo- dijo esta vez más calmo el rubio, sabiendo que la había hecho sentir mal.
-Mucho mejor- susurró ella, suspirando y luego sacando una sonrisa.
Malfoy sonrió de inmediato, una de esas sonrisas que nadie tenía. Solo él.
La castaña salió del dormitorio y se perdió de vista por la puerta principal. El rubio, esta vez más calmado, se puso la ropa interior para quitarse de encima la toalla mojada. Eligió esta vez un par de jeans que estaban en el fondo del baúl, algo rotos en una rodilla, supuso que el Malfoy de esta dimensión era víctima del abuso escolar.
Se puso de una buena vez un suéter bastante grueso porque el frío ya se había adueñado de el colegio y tomó su bufanda le cual llevó al cuello por un buen rato.
Al llegar al Gran Comedor de inmediato sintió la mirada de Granger, Parkinson, Lavender Brown y Daphne Greengrass. Que aunque estaban las cuatro separadas; Hermione y Lavender en la mesa de Gryffindor y Pansy y Daphne en la mesa de Slytherin, podía saber lo que entre ellas cuchicheaban. Ya todas sabían lo del día anterior.
No pasaron cinco minutos de que se sentara a la mesa, para que las dos Slytherins se acercaran con una sonrisa cómplice.
-Mira, Pansy, ¡pero si es Draco Malfoy!- exclamó Daphne con un sonar tan infantil que hizo hervir la sangre de Malfoy.
-Daphne…- dijo Pansy observándola con el ceño fruncido. –No empieces-
-Sí Daphne, no empieces- dijo Theodore sentándose junto al rubio. –He estado toda la mañana en el baño de abajo, no dejaban que saliera, la puerta estaba trabada por los amiguchos nuevos de Zabini-
-Ya me tienen harto estos mequetrefes- comentó Malfoy, molesto.
-No les prestes demasiada atención, es lo que pretenden. Molestarnos, provocarnos- dijo el moreno llevándose un gran sándwich a la boca y dándole un mordisco de mastodonte. Las chicas se sentaron frente a ellos a tomar con normalidad el desayuno.
-Sin rencores, Malfoy- dijo Pansy extendiendo su mano. Ya había entendido que lo que el muchacho decía era cierto.
-Siento mucho haberte gritado... Pero me sentía sofocado- dijo éste limpiándose la boca con una servilleta.
-Sin rencores, he dicho- dijo ella riéndose mucho al respecto. Draco Malfoy por primera vez se reía de este tipo de estupideces.
Terminó con tranquilidad su desayuno y esa tarde, como muchas otras libres que tuvo, los besos llenaron poco a poco el ambiente y se sentía algo así… Algo que llaman romance. Algo que no se podía explicar, que nadie sabía decir con exactitud. De esas cosas que solo sabes sentir y no explicar.
Hermione Granger, o por lo menos, su versión en esta dimensión, estaba haciéndose espacio dentro de él. Muy en el fondo, donde aún había corazón.
Draco Malfoy ya se estaba acostumbrando a esta nueva dimensión. Pero no se esperaba, que desde la otra dimensión, un señor bastante tenebroso seguía sus pasos, sabía exactamente lo que hacía, y nada de eso era un juego. El señor tenebroso había confiado en él una tarea bastante ardua. Asesinar al director del colegio.
No iba a ser tarea fácil, pero él ya la había aceptado, había aceptado correr ese riesgo. Y esta vez, si no lo hacía, su cabeza iba a rodar.
