Disclaimer: J.K. Rowling/ Escenarios y Personajes.

Trama: VMCH.

Chapter 4.


La semana siguiente, todo corrió con una normalidad abrumadora. Asistió a toda la semana de castigo en el despacho del Profesor Snape y en lo que a clases respecta, el muchacho se comportó de manera algo positiva. Éste rubio platino había comenzado inconscientemente a cambiar.

Se comportaba de maneras que nunca se había imaginado. Había sacado por primera vez a la luz su lado sensible. Era romántico, era creativo. El amor podía cambiarlo, de eso estaba seguro. Y era exactamente lo que estaba ocurriendo. No sólo lo había notado él, sino ciertos Gryffindors que se hallaban bastante celosos. Potter y Weasley ya no tenían el spotlight en el colegio y eso comenzaba a enfurecerlos.

Algo que había olvidado por completo era el comportamiento de Potter y Weasley. Aunque no lo crean, ellos eran los bravucones. Osaban en golpear a las chicas que les diera la gana, a maltratarlas y no solo psicológicamente sino física. Eran un par de sádicos. Si vale la pena recalcar, Potter era más recatado que Weasley, pero eso no lo hacía menos malo o más bueno. Era un embrollo esa situación en realidad, y nadie la había notado hasta que decidieron meterse con la chica equivocada.

Así es, se habían involucrado en un gran lío, pues Malfoy ya los tenía fichados. En el tiempo que había pasado, su círculo social se había agrandado un poco, y ahora no solo tenía más amigos en el propio Slytherin, sino que tenía amigos en otras casas. Estaban tendiéndoles una trampa, pues varias de las chicas estaban quejándose de algunos moretones y no querían mencionar a los culpables. Decían que se resbalaban en el baño y excusas por el estilo que Nott y Malfoy ya había escuchado repetidas veces. Hasta que fue Hermione la que apareció de la nada con un moretón en el pómulo derecho.

Malfoy estalló. No podían estarse metiendo con ella, con -su- chica.

No quería problemas, pero si se confiaba de un profesor, no tendría pruebas. Pero la idea e ver a Hermione ser golpeada cuando a esos dos les diera la gana no era exactamente la más bonita. Contra su voluntad, se llevó esa misma tarde a Hermione al despacho del profesor Dumbledore.

Como era de suponerse, al poner un pie en la entrada de su despacho sintió un escalofrío correrle por la espalda. Exactamente algún día tendría que ingeniárselas para asesinarlo. Su respiración se tornó algo acelerada por el temor. Este no sería el día en que lo iba a hacer y de solo pensarlo le entraba un pánico incoherente.

Hermione se negaba a entrara hasta que escuchó la voz del director y no tuvo más que pasar y sentarse en una de las butacas de cuero. El anciano se hallaba sentado del otro lado, mirando fijamente la pintura de Phineas Nigellus Black. Miraba por encima de sus gafas de medialuna al director más impopular de todos los tiempos.

-Díganme jovencitos, ¿qué desean?- preguntó el afable director, mirándoles con recelo. Malfoy se aclaró la garganta. Gotas de sudor comenzaban a correr por su frente.

-Potter y Weasley han estado golpeando a las chicas de esta escuela y han golpeado a Hermione, esa fue la gota que derramó el vaso y le he traído la prueba viviente, director- dijo Malfoy con la voz algo ronca por adrenalina que comenzó a correr por sus venas tiempo antes.

El director se levanto de su asiento, su expresión no había cambiado. Seguía con el rostro bastante serio. Se acercó a la muchacha y le tomó por la barbilla, visualizando muy bien el moretón y la profundidad del daño. La castaña se quejó cuando el director ejerció un poco de presión en el lugar y de inmediato el rubio se tensó.

-Ya veo- fue lo único que dijo el director. –PINCHE MALDITO- articuló por lo bajo el rubio mientras el anciano volvía a su asiento.

-Esa es la prueba- dijo el rubio aferrando sus manos a la silla, no solo nervioso, sino muy molesto. Se estaba poniendo su rostro de color carmesí y el director reparó en ello.

-Cálmese joven Malfoy, en su momento llamare a los culpables de esto, pero primero necesito saber qué ocurrió señorita Granger- dijo intentando amansar a la fiera en la que Malfoy podía convertirse.

-No puedo decirle nada Profesor- dijo la chica, con los ojos humedecidos que se convirtieron en lágrimas en ese momento.

-Necesito que me diga todo lo que ha pasado para hablarlo con este par de alumnos, tiene hasta mañana para escribir en un pergamino todo sobre esta situación. Ahora por favor, salga y espere a Malfoy en la entrada. Lleve su varita en mano, los dos sabemos que usted es muy inteligente y que se maneja muy bien con los encantamientos defensivos- dijo el director. Malfoy estaba boquiabierto. Tenía miedo. Un miedo que ya se había adueñado de su cuerpo, que por su palidez, ya no se tornó blanco, si no casi transparente.

La castaña se secó las lágrimas con las mangas del suéter negro que llevaba puesto y salió por la puerta.

El anciano se arregló las gafas y la túnica que llevaba puesta, se levantó otra vez de su asiento y miró al muchacho.

-Malfoy, es hora de volver a tu mundo- susurró el director. A Malfoy se le fue el mundo. Todo se volvió negro de inmediato, escuchaba muy lejos la voz del profesor y no podía moverse.

Despierta Malfoy, ya despierta.

Eso era lo que escuchaba ahora cada vez con más volumen. Recobró con rudeza la conciencia y la cabeza le daba mil vueltas. El director estaba a su lado con una copa de vidrio vacía, había rociado su contenido líquido sobre Malfoy, algo que parecía vino tinto.

-He dicho que es hora de volver a tu dimensión, he venido a buscarte- mencionó el director cuando el rubio ya había abierto ambos ojos. –Estás alterando el equilibro que tiene el mundo mágico. Tienes que volver-

En ese momento, otro rubio platinado, uno idéntico a él, salió de la oscuridad y Malfoy quedó impresionado.

-Me gusta mucho tu dimensión pero prefiero la mía- dijo el otro Malfoy. Se acercó y le ofreció su mano, la cual Malfoy temía estrechar pero lo hizo.

-¿Qué es esto?- preguntó nuestro Draco Malfoy.

-Al fin se conocen, él es tu contra parte. Es hora de que vuelvan ambos a sus realidades. Ya que ambos aprendieron algo de el otro- dijo el afamado director. Malfoy tenía una expresión que nadie podía quitarle, mientras que su contra parte sonreía burlándose de él.

-Es cierto, Malfoy. Aprendí a golpes muchas cosas en tu dimensión. Comencé a temerle a la Hermione Granger de aquel lado. Es demasiado inteligente para mi gusto- mencionó el rubio que no era nuestro rubio.

-Entonces aquí no te irá tan mal, ella es tu novia- dijo nuestro Malfoy.

-¿Mi qué?- preguntó con indignación. En ese momento el profesor se interpuso entre ambos.

-Van a tener que continuar esto en privado, yo me iré a dormir, ya he enviado a alguien que despiste a la señorita Granger de esta dimensión- susurró el anciano –Que tengan muy buenas noches- Caminó hasta una puerta contigua al despacho y les dejó un par de cobertores para que pasaran la noche en el despacho.

Cabe destacar que a la contra parte de Malfoy le gustaba que le dijeran Draco, así que de esa manera podremos diferenciarlos. Aunque sigue siendo algo confuso.

-Es hora de intercambiar información- dijo Draco muy divertido por el rostro de Malfoy.

-Muy bien- dijo Malfoy esta vez, recapitulando. –Primero que nada, ¿Potter y Weasley te dijeron algo?-

-Se mostraron bastante amables en realidad, sabían acerca de la situación así que…- mencionó Draco. Esta vez Malfoy se sintió aliviado. –Dime una cosa, ¿HERMIONE GRANGER ES MI NOVIA?- exclamó.

-Ehm... Bueno, acerca de ese tema- dijo Malfoy vacilante, articuló un bastante claro y Draco se exasperó.

-¿Cómo pudiste?, es insoportable y hueca, toda una perra- mencionó Draco indignado.

-Respeta a Granger. Ella es especial, tanto en esta dimensión como en la mía. Solo que acá cuida más de su imagen y allá mucho más de su intelecto- atisbó Malfoy, algo irritado.

-Te encanta Granger- dijo Draco, riéndose a carcajadas de su contra parte.

-No es necesario entrar en detalles… pero estuviste a punto de acostarte con ella así que atente a las señales que te dé ella- dijo esta vez Malfoy, con sorna. Draco lo miró con una expresión bastante maliciosa.

-Pues tú te acostaste con Ginny Weasley- mencionó mirando hacia otro lado.

-¿QUÉ?- Exclamó Malfoy. Draco reía.

-Es una broma, no sería capaz de hacer eso, es una niña-

-Eso espero, idiota- dijo Malfoy un poco más relajado. -¿Cómo llegaron a acá?, estoy seguro de que él es el Dumbledore de mi mundo-

-Es una historia bastante confusa. Él asesinó a su contra parte. Por eso tiene que estar de dimensión en dimensión y supo traerme de vuelta. Yo estaba realmente exasperado allá, mi único amigo fue Neville Longbottom, quién acá es uno de los molestos amigos de Potter- explicó Draco, mientras Malfoy lo observaba asqueado.

-Entonces Dumbledore asesinó a su contra parte. Te libró de tu misión, ¿no?- susurró para sí mismo Malfoy, Draco lo escuchó perfectamente.

-Exactamente, pero en este mundo, ya el señor tenebroso fue detenido. Lo que hace buena mi dimensión. Mientras que en la tuya, seguía molestándome- mencionó Draco. En efecto, Lord Voldemort molestaba intensamente día y noche a Draco. Y realmente no influía en su día a día, porque Draco estaba acostumbrado, pero no era para nada agradable. Y eso fue lo que le explicó a Malfoy, a quién se le erizaba la espalda de solo pensarlo.

La conversación se alargó toda la noche. Hablaron de diversos temas, en realidad sobre todo lo ocurrido. Y es que era muy fácil hablar consigo mismo, con alguien que no iba a juzgarlo porque eran casi la misma persona. Pero cada vez que tocaban el tema de Hermione Granger, Draco afirmaba que prefería salir con Pansy Parkinson que con ella, y Malfoy sabía que Draco no perdería tiempo para dejar a su querida Hermione por Pansy.

No era lo más ni lo menos importante, pero Malfoy había sido feliz esos dos meses que había pasado en esa dimensión. Y es que tener un romance con Hermione Granger lo mantenía ocupado, distraído de su misión, divertido y sobre todo feliz.

No era algo que le generara una carga, no conseguía aburrirse de ella. Lo que creía que sería lo mejor de todo, era intentar llegar a lo mismo en la otra dimensión. Sabía que iba a ser un gran reto. Primero porque Granger lo detestaba y segundo por la manada de leones que siempre tenía encima, empezando por McLaggen y terminando por Potter.

Draco se quedó dormido primero que él, aunque solo quedaran dos horas para el amanecer. Malfoy no concebía dormirse. Era la despedida.

No podía irse sin explicarle a Hermione nada sobre este asunto. Se levantó y tomó un trozo de pergamino y una pluma que estaban en el escritorio del director. Quién ingeniosamente los había dejado ahí por si a Malfoy se le ocurría alguna cosa.

Comenzó a redactar una carta, en dónde explicaba todo. Que era de una dimensión alterna, que le había tomado muy poco tiempo para quererla tanto. Que se había divertido mucho en ese período de tiempo pero que ya le tocaba partir a su realidad. Lágrimas querían salir. Pues el Malfoy sensible había comenzado a existir cuando se había fijado en ella, pero tenía que ser fuerte.

Recordó el día en que su madre intentó escapar con él de Malfoys Manor, recordó cuando el hipogrifo rasguño su brazo, recordó tantos juegos de quidditch. Su vida en Hogwarts y fuera de él, pasó por su mente. Y tantas peleas que había tenido con la Hermione de su dimensión.

Se quedó dormido sobre el pergamino. Profundamente, su respiración era lenta, muy lenta.

Despertó de golpe seis horas después. Eran las ocho de la mañana exactamente, el reloj cucú acababa de cantar las ocho campanadas. Malfoy levantó el rostro del escritorio o eso creía, hasta que notó que estaba envuelto con sabanas. Se quitó las sábanas negras de encima y notó que estaba en su dormitorio y que todo parecía estar bien, hasta que observó un proyectil caer en su cama desde la cama de Theodore.

-¿Qué pasa Malfoy? ¿Porqué esa cara de tragedia?- preguntó Nott con sorna. Observándolo de manera altiva.

Malfoy decidió estirar sus brazos en silencio y frotarse los ojos antes de contestar.

-¿Dónde estoy?- fue lo que alcanzó a responder.

-En el dormitorio cerebro de snitch- susurró Zabini que aún estaba cubierto por las sábanas negras de su cama con dosel.

Malfoy se levantó y se encontró con que tenía un pantalón negro de rayas verdes que su madre le había enviado hacía tres meses con una lechuza y no tenía camiseta ni nada puesto en la parte de arriba. Fue en dirección al baño y vació primero que nada su vejiga, lo que tardó un minuto y medio en hacer. Bajó la cadena y luego se miró en el espejo.

Bajó el rostro y abrió la llave de agua. Se lavó el rostro con agua y jabón, luego se miró en el espejo de nuevo.

¿Qué ocurrió?; ¿Dónde rayos estoy?; ¿Qué mierda es esta?

Preguntas como esas rondaban su cabeza. Pero intentó actuar con naturalidad y se colocó el uniforme después de darse una ducha corta, muy corta para el tiempo que normalmente se tomaba para ese tipo de cosas. Se lavó los dientes y decidió que no se peinaría.

Salió del dormitorio con la mochila de cuero ladeada en el pecho y caminó a paso muy muy lento. Observando perfectamente que había vuelto a su dimensión. Las chicas aun balbuceaban cuando el pasaba frente a ellas, algunos balbuceaban envidiosos de su fama, de su poder monetario y de su apellido.

Pero él solo estaba buscando a una persona, a una castaña de cabellos rizados, con pecas en la espalda y pecho. De ojos castaños y dedos delgados. Esa, la que en cualquier dimensión volaba sus tapones, hacía sonrojar y cohibía a nuestro Malfoy. Exactamente la jovencita que lo podía hacer enfurecer también podía fecundar mariposas en su estómago. Y es que esa muchacha lo traía loco, podía hacerlo volar, de cualquier manera, podía hacerlo elevarse a las alturas… Como también podía hacerlo quedar bajo tierra.

Al poco tiempo de recorrer el colegio, dio con su paradero. Para su sorpresa no fue ni en la biblioteca ni en el campo de quidditch, donde buscó con anticipación, se encontraba sentada en el tronco, el mismo tronco en donde pasaba tardes enteras charlando con su contra parte. El mismo lugar.

Se acercó lentamente y se aseguró de que no habría nadie observándolos. Se sentó con rapidez junto a ella, quien de inmediato reaccionó de forma negativa.

-¿Qué carajo quieres, Malfoy?- preguntó con un tono amargo. Su expresión era triste. Tenía el cabello alborotado y los ojos bastante enrojecidos. El delineador se le había corrido hasta la barbilla.

-¿Qué te pasa, Granger?- preguntó Malfoy, la sinceridad se salpicaba en su pregunta. Como cuando escuchas a alguien bastante preocupado. La castaña lo miró directamente con sus ojos inyectados de rojos a los grises del rubio platino.

-No es nada, no te importa- alcanzó a decir la chica después de chupar por la nariz los mocos que se habían aguado cuando las lágrimas comenzaron a correr. Desvió la mirada cuando sintió que lágrimas amenazaban en volver a salir.

-Granger, nadie llora por nada. Es ilógico. O lloras de felicidad o lloras de tristeza. O tal vez de frustración- alcanzó a decir Malfoy, aunque al final se le enredó un poco la lengua. Es que esa chica sin hacer nada podía conseguir ponerlo nervioso.

-Es algo privado- articuló la chica sin poder decir otra palabra. Sollozó, no una vez, si no dos veces.

-Vamos Granger, puedes hablar conmigo- dijo con un tono bastante convincente. La castaña lo pensó menos de dos veces y decidió contarle.

-Todo es culpa de Ron- atisbó ella, secándose las lágrimas con la manga del suéter. Justó como hacía en la otra dimensión.

-¿Qué hizo Weasley?-

-Todo mal, hizo todo mal- dijo ella, sollozó, se limpió la nariz con un pañuelo que tenía en la mano y Malfoy al ver que éste estaba todo empapado, se sacó del bolsillo derecho un pañuelo negro. La chica se sonó la nariz de manera estruendosa y se lo devolvió pero él se negó a recibirlo. –Me destruyó-

-Eso le pasa a las jovencitas con poca selectividad. Deberías buscarte a uno con más clase- dijo él, saliendo a flote su toque Malfoy. Característico de su familia. Hermione hizo una mueca de disgusto y volteó hacia otra parte.

-Por eso nunca debemos confiar en personas como tu- dijo. El rubio sonrió, había conseguido hacerla enojar, tapando el dolor, transformando el momento en una batalla como las que siempre tenían.

-No podemos confiar en nadie, en estos tiempos, cualquiera te traiciona. Por eso, solo hay que vivir la vida-

-Palabras sabias, Malfoy. Por primera vez en tu vida muestras un poco de actitud- dijo ella, sonriendo por dentro como una niñita alegre. Malfoy la observó con los ojos entrecerrados y sonrió, dejando a la vista su dentadura perfecta.

-No no, eso solo que no pasamos mucho tiempo juntos para demostrarte cuanta actitud puedo tener, todo depende de tu aptitud, no estás en la forma requerida para andar conmigo- dijo él, sonriendo de aquella manera de la que sólo él sabía.

-Yo estoy en forma, hago ejercicio, tengo una dieta balancea… ¿Qué hago yo hablando contigo?- preguntó desconcertada. Malfoy sonrió de manera maliciosa esta vez.

-No lo sé, yo solo me senté aquí y tu empezaste a hablar como un radio y sin parar- dijo inventándose una historia. La castaña alzó una ceja y sonrió.

-Bueno, si las cosas son así, discúlpame por distraer tu divertida mañana. Voy a tomar el desayuno- se levantó y caminó en dirección al pasillo. Malfoy de inmediato la siguió, aun con la mochila de cuero en el costado.

-Granger, espera- pausó- Te acompaño-

-¿Estás demente?- preguntó desconcertada.

-¿Está mal un poco de amabilidad?- preguntó poniendo cara de niño bueno.

-Bueno, pero con una condición-

-La que sea-

-Que después de esto finjas que nunca hablé contigo, eso sería una gran falta de glamour. Estar hablando con el novio de Pansy Parkinson dañaría mi reputación- rió ella por lo bajo cuando terminó de hablar.

-Ella no es mi novia, lo juro- dijo el inmediatamente, como dando una explicación.

-No necesitas darme explicaciones Malfoy- dijo ella soltando una carcajada. Malfoy rápidamente la alcanzó y se perdió con ella por el pasillo iluminado por el cielo, que aunque lleno de nubes blancas estaba, la claridad era impactante.