Bueno... Aquí os dejo el tercer capítulo. Espero que lo disfrutéis.

La gran mayoría de los personajes no me pertenecen a mí, sinó a Takehiko Inoue.


-Vaya… Así que vamos a tener a una nueva compañera…- dijo Mitsui mientras salían todos a los jardines.

-Y no parece ser precisamente muy tranquila- añadió Ryota resignado.

-No te preocupes… Akemi dice que no es mala chica.- le consoló Ayako.

-Si tú lo dices…

-A mi no deja de darme lástima… tener que vivir con el zorro durante un año…- suspiró Sakuragi.

Rukawa lo miró con cara de asesino mientras se ponía al lado de Yasuda. Lo único que le faltaba era que se compadecieran de la rubia, si un caso, que lo hicieran de él.

-Oíd ¿por qué no vamos a esos árboles mientras la esperamos?

Todos aceptaron la propuesta de Ayako, sin embargo no pudieron dar más de dos pasos antes de que una voz los interceptara.

-¡Shohoku!

Todos se giraron para ver correr a Liliane en su dirección.

-¿Si?- preguntó Ryota.

-Vuestro entrenador dice que vayáis a ayudar a Diana a hacer el equipaje.

-¿Cómo?

-Pues eso, dice que el tren sale justo después de comer y que si no os dais prisa lo perderéis. Y ella suele tardar lo suyo en hacer las maletas…

-Creía que no era tan difícil trasladar las cosas del armario a una maleta- dijo Mitsui divertido.

La francesa lo miró y se puso a reír.

-Eso es porque no la conocéis… Si me seguís os enseñaré el camino a los dormitorios.

-Esperad. Que solo vayan cuatro.

Todos respetaron la orden de Ryota. Ayako, Sakuragi, Mitsui y él mismo empezaron a seguir a la chica, mientras los demás se quedaban sentados en el césped.

La francesa los guió por un camino de piedra hasta llegar a un extremo del campus, dónde se pararon delante de un edificio visiblemente más pequeño y acogedor que el otro.

-Estos son nuestros dormitorios, los de los chicos están en el otro extremo del campus- les informó la chica mientras pasaban la puerta de entrada.

Les dio la bienvenida una sala llena de sofás y con dos grandes televisores ocupada por media docena de chicas que los miraron curiosas. Liliane los guió hasta unas escaleras laterales y subieron hasta el segundo piso.

-Su habitación es la 215, seguid recto y al cuarto cruce a la izquierda. No tiene perdida.- les indicó.

-¿No nos acompañas?- le preguntó Ryota mirando el largo pasillo que tenían delante.

-No. Yo también tengo que hacer mi maleta y mi dormitorio está en el primer piso. ¡Nos vemos!- los despidió bajando las escaleras.

Los cuatro tragaron saliva mientras miraban hacia delante.

-Ha dicho que no tiene pérdida ¿no?- dijo Ayako optimista mientras comenzaba a caminar.

Los demás la siguieron mientras miraban a su alrededor. Toda la planta parecía un gran corredor con salas de entretenimiento de vez en cuando, repleto de puertas y de cruces.

-Me pregunto de que manera está construido este sitio- se cuestionó Sakuragi.

-Parece un gran cuadrado con varios pasillos que uniendo sus dos laterales- le contestó Ayako sorprendida.

Continuaron andando un poco más hasta que de una puerta salió una chica vestida con un short y un top diminuto bostezando. Los tres chicos se ruborizaron y desviaron la vista avergonzados mientras pasaban por su lado.

-¿No se supone que los chicos tienen la entrada prohibida hasta después de comer?-les preguntó la chica con mirada acusadora.

-Venimos a ayudar a Diana Monar por orden de nuestro entrenador- le contestó Ayako al ver que los otros eran incapaces de levantar la vista del suelo.

-Ah… creo que está en su habitación… de hecho han sido sus quejas las que me han despertado.

-¿Quejas?

-Sí, algo así como "No tienen derecho a hacerme esto, Eric me espera en Estados Unidos dentro de tres meses"- la imitó la chica mientras entraba en una sala de entretenimiento.

Los del Shohoku se miraron extrañados mientras reanudaban la marcha. Pasaron por delante de tres cruces y al llegar al cuarto se pararon.

-Bueno… ahora a la izquierda- dijo Ayako mientras los guiaba.

-¡Es esa!- les dijo Sakuragi mirando el fondo del pasillo. El dormitorio de Diana no se encontraba en el pasillo en sí, sino en el otro lateral.

Ryota golpeó la puerta y esperaron. En el interior se oían varias voces inmersas en lo que parecía una discusión. Volvieron a golpear la puerta esta vez con más fuerza y las voces dejaron de oírse.

-¿Si?- preguntó una morena mientras abría la puerta.

-Buscamos a Diana Monar- contestó Ryota.

La chica los miró fijamente mientras se hacía a un lado y los dejaba pasar.

La habitación era bastante grande. Unos amplios ventanales daban al camino por el que habían llegado. Estaba decorada con gusto y terriblemente desordenada. Había ropa tirada por el suelo juntamente con varios pares de zapatos, los libros estaban amontonados encima de los escritorios, una maleta abierta se encontraba en medio de la habitación y en un extremo habían otras tres. Diana, Akemi y otra chica que parecía albina los miraban desde una de las camas . Los del Shohoku se quedaron al lado de la puerta sin saber qué hacer.

-Nos vemos luego- masculló la chica albina pasando por su lado.

-¡Espérame Alexia!- le pidió Akemi mientras la seguía mandándoles una mirada de disculpa.

La habitación quedó sumergida en un silencio incómodo hasta que la morena lo cortó:

-Mi nombre es Irina y soy de Canadá. Soy compañera de cuarto y amiga de la infancia de Diana.

-Nosotros somos Ayako, Hisashi Mitsui, Hanamichi Sakuragi y Ryota Miyagi del equipo de Shohoku- dijo a su vez Ryota presentándose.

Diana los miró desde su posición sonriendo.

-¿Habéis venido a ayudarme?

Los cuatro asintieron con la cabeza.

-Bien, entonces vosotros tres id bajando esas maletas de ahí por favor. Ayako ¿podrías ayudarnos a acabar de hacer la grande?- le preguntó con cara angelical.

-Claro- respondió la morena riendo mientras se agachaba y cogía una camisa del suelo. Los tres chicos cruzaron la habitación y cogieron las maletas con cuidado.

-Dejadlas en la entrada del edificio por favor- le indicó la rubia a Sakuragi mientras este salía por la puerta- Supongo que habéis cruzado el pasillo para llegar hasta aquí, pero si en vez de hacer eso continuáis por este lateral hasta la terraza y la cruzáis, daréis con una escalera exterior que os bajará hasta una pequeño patio que da directamente con la sala de estar de abajo. Llegareis más rápidos.

Sakuragi asintió mientras cerraba la puerta y Diana se giró para contemplar la habitación.

-Guardemos debajo la mayor parte de ropa de verano, pronto se acabará…- suspiró mientras se ponían manos a la obra.

Tardaron bastante en encontrar todas las cosas de Diana para meterlas en la maleta, pero finalmente lo consiguieron. Ayako aprovechó ese momento para conocer algo de su nueva compañera de equipo y se sintió bastante satisfecha con lo que descubrió.

-Tengo una hermanita pequeña- le contó la española mientras doblaba un vestido- que vive con mis padres en España, y un novio en Estados Unidos aficionado al beisbol. Conocí a Irina en un viaje de negocios que hizo mi padre conmigo a Canadá y gracias a ella descubrí que no sólo se me da bien el basketball, bailar también se me da aunque a su lado parezca un pato mareado.

Cuando acabaron de hacer la maleta Ayako se envalentó y le preguntó curiosa para qué les habían llamado a dirección.

-Para decirnos que excepto en vacaciones pasaremos todo el año en Japón, no haremos el intercambio de cada cuatro meses a otro colegio Senia-le contestó bajando la mirada. Ayako no preguntó nada más al ver que estaba tocando un tema sensible.

Diana cogió la maleta y miró la habitación por última vez… iba a tardar en volver a dormir en aquella cama. Salieron al pasillo y cogieron el camino de la terraza, cruzándose con un par de chicas en toalla.

-Las duchas están en esa puerta de ahí- le señaló Irina a una Ayako sorprendida.

La rubia dejó de caminar de repente al escuchar el comentario de la morena.

-Oh Dios…- murmuró con los ojos muy abiertos- he enviado a los chicos por este pasillo.

Las tres se miraron asustadas y aceleraron el paso de forma inmediata llegando a la planta baja en un tiempo récord.
Miraron a su alrededor buscando a los chicos con la mirada hasta que divisaron una cabeza pelirroja por la ventana. Las tres volvieron a reanudar la marcha a toda prisa siguiendo a Sakuragi hasta que lo alcanzaron.

-¿Cómo estás?- le preguntó Ayako por detrás.

Sakuragi se giró y pudieron contemplar con asombro una recopilación de lo que parecían golpes y arañazos en su cara.

-¡Tú! Olvida lo que dije antes sobre que me caías mejor… ¡Te odio!- dramatizó el pelirrojo señalando a Diana. Esta al ver lo sucedido dejó caer la maleta al suelo y se puso a reír desesperada.

-¡¿Y encima te ríes de mí?!- chilló.

-Nos has metido en un buen lio- dijo una voz fúnebre detrás de ella cortando sus risas de inmediato. Diana se giró a poco a poco para encontrarse con las caras arañadas de Ryota y Mitsui.

-Ups- musitó la chica.

-¿Ups?- repitió incrédulo Mitsui.

-¿Se me olvidó que por allí estaban las duchas y que solemos ir a ellas en toalla o en ropa interior?- medio preguntó Diana buscando una buena excusa.

-Chicos, os hemos estado buscando por todos lados-les dijo otra voz. Los seis se giraron al unísono para contemplar al equipo de Shohoku al completo, encabezado por el profesor Anzai, dirigiéndose hacia ellos. La rubia le dio las gracias al cielo por su aparición ante las miradas divertidas de Irina y Ayako.

-¿Dónde tienes las maletas Diana?- le preguntó el profesor Anzai.

-Aquí tengo la grande, las otras tres las han bajado ellos-dijo señalando a los chicos- Por cierto, ¿dónde están?

-Aquí- contestó Mitsui empujándolas al frente.

-Bien, han montado un picnic al aire libre para nosotros. Rukawa ayúdala a llevar las maletas hasta la entrada principal. Miyagi, Mitsui y Sakuragi no se si quiero saber lo que os ha ocurrido pero creo que Ayako no tendrá ningún problema en curaros. Los demás seguidme por favor.

Todos obedecieron y en menos de un minuto Rukawa y Diana se quedaron solos con las maletas.

Rukawa miró a la chica evaluándola. No parecía que se hubiera tomado el cambio muy mal. Suspiró mientras cogía las dos maletas que parecían pesar más.

-¿Dónde queda la entrada?

La rubia cogió las otras tres maletas y lo condujo hasta ella sin abrir la boca, simplemente le dio las gracias al llegar y a continuación lo guió hasta dónde suponía que estarían comiendo los demás.

La comida se pasó muy rápida, con un aire melancólico por parte de los de Senia por su inminente partida. Cuando ésta se acabó todos los equipos fueron saliendo del instituto.

-¡Nos vemos!- le gritaron un par de voces a Diana des de unos árboles. Se dio la vuelta de seguida estrellándose con Mitsui que venía detrás. No hizo caso a las quejas de éste y moviendo el brazo de derecha a izquierda gritó a todo pulmón:

-¡Irina, Alexia! ¡Intentad no destrozar el colegio!

Las vio reír abiertamente mientras cruzaba la reja.

-¿Y mis maletas?- tenía la sensación de haber repetido mil veces esa pregunta.

-Ya han sido enviadas a casa de Rukawa- le respondió el profesor Anzai.

El viaje a la estación fue silencioso, nadie sabía que decir, ni siquiera Sakuragi. Al final lo acabó rompiendo Ryota.

-¿Cuál es tu posición dentro de la cancha?

-No tengo preferencia por ninguna… me defiendo más o menos igual en todas. En el otro equipo solía hacer de base.

-¿Y los lanzamientos?- le preguntó curioso Mitsui.

-Los triples me cuestan, me muevo mejor debajo de la canasta- le contestó la chica.

-Hohoho… te pareces a Sakuragi… a él también le va mejor debajo de la canasta- rió el entrenador Anzai.- En éste equipo el base es Ryota, pero nos vendrá bien combinaros. Dime ¿Cuáles son tus cualidades?

-Soy bastante rápida, pero me canso con facilidad, tengo que mejorar mi resistencia. Los saltos los llevo bien, pero prefiero robar el balón… Pero lo que realmente se me da bien es atacar. Siempre encuentro una salida aunque este dentro de una defensa cerrada- contestó ante las miradas expectantes de todos.

-¿Y en defensa?- continuó Ryota.

-Es lo que más me cuesta, principalmente por la altura.

Ryota la miró. Era un poco más baja que él. Tendría que enseñarle unos cuantos trucos en los entrenamientos.

-¿Ya sabes a que clase irás?- le preguntó Ayako.

-No, todavía no. Ni siquiera sé que uniforme llevaré: si el mío o el vuestro.

-Llevarás el del Shohoku. Ya te hemos enviado uno-le anunció el profesor.

El tren llegó a la parada dónde tenían que bajar.

-Será mejor que os vayáis a casa- les dijo el entrenador Anzai.- Nos vemos el lunes.

Todos se fueron retirando a sus hogares hasta que en la estación solo quedaron Rukawa y Diana.

-¿Y bien?- le cuestionó la chica expectante.

El chico suspiró mientras comenzaba a andar.

-¿Tienes hermanos?- le preguntó la rubia.

-No.

-¿Vives con tus padres?

-Sí.

-¿Falta mucho?

-No.

-¿Sabes decir algo más que monosílabos?- soltó molesta.

Rukawa la miró por encima del hombro.

-No- se limitó a decir.

La chica se detuvo reprimiendo las ganas de gritarle. Hacia menos de un día que se conocían y ya le estaba cogiendo manía.
Continuaron caminando en silencio, hasta que el moreno se paró delante de una casa con jardín.

-Es aquí- dijo mientras entraba.

Diana lo siguió un poco cohibida. La casa era acogedora, ni muy grande ni muy pequeña. El recibidor estaba modestamente decorado y no le dio tiempo de ver nada más porque una mujer de mediana edad apareció delante de ella.

-Tú debes de ser Diana- le dijo con una sonrisa de bienvenida- Yo soy la madre de Kaede. Es un placer tenerte aquí, espero que te encuentres como en casa.

-Encantada de conocerla señora Rukawa- le contestó la rubia más tranquila.

-Estoy segura que debes sentirte abrumada, han sido muchos cambios para ti en un solo día…

-No se preocupe.

-Mamá ¿desde cuándo sabes esto?- preguntó un muy molesto Kaede Rukawa.

-Desde hace algún tiempo. ¿Por qué no acompañas a Diana a su habitación?- le ordenó con la mirada.

Rukawa se dirigió a las escaleras y empezó a subirlas sin mirar atrás. La chica no tardó en seguirlo contemplando con curiosidad por donde pasaban. La casa tenía dos pisos; arriba estaban las habitaciones y dos cuartos de baño, abajo se encontraban el comedor, la cocina, el salón, el recibidor y un pequeño estudio.

-Tú habitación está al lado de la mía. Compartimos baño- le dijo en tono molesto Rukawa mientras habría una puerta.

La chica entró en el cuarto y lo observó complacida. No era tan grande como el que tenía pero era bastante amplio. La cama estaba cubierta por unas sábanas azul cielo, el armario se encontraba en el otro extremo de la habitación, al lado de un pequeño escritorio y la luz del sol entraba por una ventana encima de la cama. Sus maletas estaban delante del armario esperando ser abiertas.

-La cena se sirve a las siete- le dijo el chico mientras se daba la vuelta. Diana no pudo suportarlo más y cogiéndolo del brazo le obligó a darse la vuelta.

-¿Se puede saber que te he hecho?- le preguntó con el ceño fruncido.

El moreno la miró y se soltó de una sacudida.

-Te he dicho que no me molestes, ya tengo bastante con que hayas entrado así de repente en mi vida.

-¿Te crees que eres el único afectado? ¿Crees que yo no he tenido que sacrificar nada? Voy a estar mucho tiempo sin ver a gente a la que verdaderamente quiero… Me moría de ganas de estar en este campeonato pero nadie me dijo que el precio que iba a pagar iba a ser tan elevado- explotó Diana.

Rukawa la miró enarcando las cejas.

-Es igual, perdona, ya te he dicho que soy bastante impulsiva- dijo mientras lo sacaba fuera de la habitación y cerraba la puerta.

Se lanzó furiosa sobre la cama. ¡Ese chico parecía de piedra! ¿Es que no tenía sensibilidad?
Se incorporó y se dirigió a las maletas, deshacerlas le iba a llevar por lo menos una hora. Fue colocando la ropa en el armario rezando para que cupiera toda y por suerte, si lo hizo. Puso los libros de lectura encima del escritorio, por suerte no había hecho falta que se llevara los de texto. Miró la hora en el despertador que había en la mesita de noche; faltaba menos de media hora para la cena.
Abrió el armario de nuevo mientras se quitaba el uniforme y buscaba algo cómodo para ponerse, al final, se decantó por unos shorts tejanos y una camisa ancha de color rojo. Se soltó el pelo y se dispuso a bajar.

Normalmente cenaba a las ocho, pero igualmente tenía hambre. Bajó las escaleras con calma y se dirigió al salón. Rukawa estaba sentado mirando la tele. Él también se había cambiado de ropa y la que se había puesto no le sentaba nada mal.

-Hola-dijo la chica desde la puerta.

El moreno hizo un gesto con la cabeza que ella interpretó como un saludo, sin embargo no le dio tiempo a decir nada más porqué la voz de la señora Rukawa los llamó para cenar.

Entraron al comedor incitados por el buen olor que salía de este. La mesa ya estaba puesta repleta de comida japonesa y en un extremo de ésta se encontraba sentado un hombre.

-Hola, soy el padre de Kaede- se presentó al verla.

-Yo soy Diana Monar- dijo mientras le estrechaba la mano y se sorprendía por cómo se parecían físicamente padre e hijo.

-Puedes sentarte enfrente de Kaede – le indicó con una sonrisa el señor Rukawa.

-Gracias.

La muchacha tomó asiento mientras evitaba mirar hacia delante, en vez de eso se dispuso a observar la comida con curiosidad. De todos los platos que habían sólo reconocía tres.
La señora Rukawa se sentó en el otro extremo de la mesa y tras unas cuantas palabras empezaron a comer.

El señor Rukawa inició una conversación abierta a todos, pero solamente su mujer participaba en esta. El adolescente parecía muy centrado en su comida y la rubia miraba por la mesa mientras enrojecía. Nunca había usado palillos para comer, en el internado usaban cubiertos y ahora no tenía ni idea ni siquiera de cómo los tenía que coger.

-¿No te gusta la comida Diana?- le preguntó preocupada la señora Rukawa.

-¡No! Esta deliciosa…- se apresuró a contestar.

-Pero si aún no la has probado…- dijo Rukawa.

La chica sintió que enrojecía todavía más y le mandó una mirada envenenada al moreno.

-No debería haber cocinado tanta comida japonesa, quizás te hubiera ido mejor ir acostumbrándote a ella a poco a poco…- se disculpó la madre del chico.

-¡No! No es eso… es simplemente que…- comenzó a decir mientras su cara igualaba el color de su camisa.

Notó la mirada de los tres Rukawa encima de ella y finalmente se vio obligada a admitir:

-Es que… nunca he comida con palillos-murmuró.

-¡Oh! No te preocupes querida… Tenemos cubiertos- le dijo la señora Rukawa mientras se levantaba de la mesa y entraba en la cocina.

Diana levantó la vista y se encontró con la mirada incrédula de Kaede Rukawa.

-¿Qué?- le preguntó extrañada.

-¿Nunca has comido con palillos?- le preguntó asombrado.

-Nunca he tenido esa necesidad.

-No tendrás problemas en aprender a comer con ellos, pero de momento utiliza cubiertos- la tranquilizó la señora Rukawa mientras se los entregaba.- Por cierto, llámame Akane.

-Y a mi puedes llamarme Hiroki- le dijo el señor Rukawa mientras le sonreía.

-De acuerdo- les dijo Diana sonriendo.

La cena continuó tranquilamente. La chica se deleitaba con cada comida nueva que probaba y Akane le explicaba cómo se cocinaba.

-Igualmente puedes hacerlo con menos especies- intervino el señor Rukawa- pero entonces no le podrás dar éste gusto a picante.

La rubia asentía y escuchaba con atención todo lo que le decían, mientras el chico que estaba delante de ella seguía comiendo en silencio.
Cuando acabaron ayudaron a recoger la mesa y finalmente se dirigieron al salón.

-Las clases empiezan a las siete- le informó Rukawa mientras encendía la televisión.

-¡No puede ser! ¡Una hora antes!- exclamó horrorizada.

-Se acaban a las tres y tenemos una pausa para la comida y otra de diez minutos entre clase y clase- continuó el moreno sin imutarse.

Diana se dejó caer en el extremo opuesto del sofá en donde estaba sentado él. Desde la cocina se oía la conversación de los señores Rukawas sobre el trabajo.

-El entreno empieza a las tres y media.

-¿Todos los días? –le cuestionó la chica.

-Menos algunos sábados y todos los domingos.

-Bueno, entonces igual que en el otro equipo… Me voy a mi habitación- se despidió Diana del moreno, pero como era de esperar, éste no dijo ni hizo nada.

Subió las escaleras y entro en el cuarto buscando su móvil. Lo cogió de encima del escritorio y marco el número de Irina.

-¿Si?- preguntó la voz de ésta en inglés.

Diana agradecida en poder hablar otra vez en ese idioma no tardó en contestar:

-Hola soy Diana.

-¡Vaya! Pues sí que me echas de menos.

-¿Y qué creías? Ahora no voy a poder hablar con nadie hasta la madrugada….

La chica se rió con ganas y, parando de golpe, le dijo a la rubia:

-Eric ha llamado.

Diana abrió los ojos sobresaltada y tardó menos de un segundo en pedir más información.

-Por lo visto le han avisado en Italia de lo que ha pasado y ha decidido acabar todo el año aquí en Japón.

-¿Por qué no me ha llamado?- preguntó la chica molesta.

-Por el mismo motivo por el que tú no le has llamado a él- le reprochó Irina desde el otro lado del teléfono- Con todo este jaleo no has tenido tiempo de llamarlo… y eso que es tu novio. Me imagino que se habrá pasado todo el día haciendo los arreglos y pidiendo permiso para ser trasladado.

-Tienes razón…-contestó Diana avergonzada.

-¡Uy! Alexia ya ha llegado y todavía no me he maquillado- dijo Irina con prisa.

-¿Vais a salir?

-Sí. Es sábado y tenemos permiso para salir. Vamos a ir a una discoteca que han abierto por aquí… Ha sido idea de Alexia.

-Está bien… ¡Que os lo paséis bien!- se despidió la española.

-¡Besos!- dijo Irina cortando la conversación.

Diana volvió a dejar el teléfono encima del escritorio y abrió el armario para ponerse el pijama, el cual constaba de unos minishorts negros y una camisa de tirantes azul eléctrico. Abrió de nuevo la maleta, esta vez para sacar su portátil y, tumbándose en la cama, se dispuso a chatear hasta la hora de dormir.

-¡Mierda!- exclamó al ver que no estaba agregada a la red. Se levantó de la cama y salió de la habitación para buscar a Rukawa.

-Adelante- dijo la voz de este cuando llamó a la puerta de su habitación.

-Oye ¿puedes agregarme a la conexión de internet?- le pidió desde la chica desde la puerta.

El moreno la miro de arriba abajo con el ceño fruncido.

-¿Por qué vas semidesnuda?- le soltó.

La rubia boqueó un par de veces antes de poder responder:

-¿Cómo? Es mi pijama…

-Déjalo- le dijo Rukawa bruscamente- Ahora te agrego.

-Gracias- le contestó Diana falsamente.

Rukawa la miró con molestia mientras salía de la habitación. Esa chica le iba a dar más de un problema con su actitud.

Diana regresó a su habitación y esperó unos diez minutos antes de volver a probar si ya tenía internet, y efectivamente, el moreno ya la había agregado.
Se quedó chateando hasta que sintió que los ojos se le cerraban, y después de dejar el ordenador de nuevo en su sitio, se acostó quedándose dormida al instante. Soñando inevitablemente en el desagradable moreno que dormía al otro lado de la pared.

-Eres un insensible…- murmuró desde el mundo de los sueños la chica.


¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado.

¡Muchas gracias SHEENA-1123 por tu review, me ha hecho mucha ilusión!

Espero tener listo el cuarto capítulo para la semana que viene, porque ésta la tengo llena de exámenes.

Por favor: ¡Reviews!

Besos,

Perla