¡Hola! Bueno... Aquí os dejo el tercer capítulo. Espero que os guste.
La luz del sol entró por la ventana de la habitación. Una chica dormía plácidamente en su cama con una sonrisa en la cara. El sol fue subiendo por su cara hasta que llegó a sus ojos.
-Irina… baja la persiana-murmuró medio dormida mientras la sonrisa desaparecía. Esperó una respuesta de la cama de al lado, pero al no oírla abrió los ojos. -¿Irina?- preguntó confundida incorporándose.
Tardó solo unos segundos en acordarse de que no estaba en el colegio, sino en casa de un chico insoportable llamado Kaede Rukawa.
La chica se volvió a dejar caer en la cama gruñendo, y girando la cabeza miró el despertador.
-¿Las once menos diez?- medio gritó saltando de la cama. No estaba en sus planes hacer creer a los señores Rukawa que era una impresentable, seguramente ya se había perdido el desayuno.
Cogió del armario lo primero que vio y se lo puso a toda prisa, salió de la habitación corriendo y entró en el baño para lavarse la cara y recogerse el pelo en una cola mal hecha, cuando estuvo lista se dirigió al salón.
Los señores Rukawa se encontraban sentados en el sofá. Akane leía un libro y Hiroki el periódico con el ceño fruncido. Ambos levantaron la vista al verla entrar.
-Diana querida ¿Ya te has levantado?- le preguntó amablemente la señora Rukawa.
-Si señ… Akane- se apresuró a corregir- Lamento haberlo hecho tan tarde.
-¿Tarde? ¡Pero si Kaede no se levanta hasta las doce!- exclamó Hiroki sorprendido.
La chica sintió que había perdido unas horas de sueño en vano.
-¿Qué quieres desayunar?
-Unas tostadas estarían bien, gracias- contestó entrando en la cocina con la madre de Rukawa.
Diana se sentó en una pequeña mesa bostezando mientras la señora Rukawa le preparaba las tostadas, dejó vagar la vista por la iluminada habitación hasta que sus ojos se toparon con una especie de uniforme doblado. Se levantó curiosa y lo miró interrogante.
-Es tu nuevo uniforme- dijo Akane poniendo las tostadas encima de la mesa junto con un café- ¿Tomas café, cierto?
La chica asintió mientras desplegaba la ropa y… sin duda alguna deseó no haberlo hecho.
-¿Esta cosa es un uniforme?- preguntó asustada- Dígame por favor que los zapatos son de libre elección.
-Pues no… Pero si quieres puedo ayudarte a retocarlo… Creo que te va a ir un poco ancho- se ofreció la mujer.
-Y que lo diga- gruñó la chica mientras se sentaba a desayunar- Y que lo diga…
Kaede Rukawa estaba durmiendo plácidamente cuando unos golpes furiosos en su puerta lo despertaron.
-¿Qué demonios…?- preguntó mientras se peleaba con las sabanas para poder salir de la cama i interrumpiéndose en el acto al ver entrar una rubia furiosa a su cuarto.
-¿Cuándo ibas a decírmelo?- siseó está a unos centímetros de su cara- ¿Cuándo planeabas decirme que el uniforme de tu colegio es lo más horrible que existe?
Rukawa la miró pensando seriamente si internarla en un psiquiátrico; nunca se le hubiera ocurrido que una chica de otro instituto entraría un domingo por la mañana en su cuarto para pedirle explicaciones de un uniforme escolar.
-¿Estás bien de la cabeza?- inquirió iracundo- ¿Ves normal despertarme de esta manera solamente para quejarte?
-¿Y tú ves normal no habérmelo dicho antes?
Rukawa se levantó de la cama molesto mientras miraba a la chica con una mueca de repugnancia.
-Me imaginaba que eras una niña hueca… pero no hasta este punto- se limitó a decir mientras salía de la habitación.
Diana se quedó sola en el cuarto, abofeteándose mentalmente por el berrinche que acababa de tener, pero no era culpa suya estar acostumbrada a tenerlo siempre todo, sus padres se habían dado cuenta demasiado tarde de lo mucho que habían mimado a su hija. La chica salió de la habitación del chico para entrar en la suya y cogiendo el móvil marco el número de Alex.
-¿Diga?- contestó una voz extraña.
-O has cogido un resfriado impresionante o no eres Alex- contestó la rubia confundida.
-Em… la segunda. Soy Akira Sendo, capitán del Ryonan.
-¿Y dónde está Alex?
-Intentando superar mis tiempos en los videojuegos.
-Típico de él. ¿Puedes arrancarlo de la consola? Tengo que hablar con él.
Diana esperó pacientemente a que su amigo se pusiera al teléfono.
-¿Si?- preguntó la voz de Alex con prisas.
-Alex tengo un problema.
-¿Qué te ha pasado ya? ¿No habrás echado abajo la casa de… cómo se llamaba?
-Kaede Rukawa. No, no es eso, me ha dado otro berrinche.
Alex suspiró desde el otro lado del teléfono.
-¿No podrías haberte contenido?
-Lo siento pero no. El uniforme es verdaderamente horrible.
-Pues personalízalo…- le sugirió el chico.
Diana se quedó pensando unos instantes antes de contestar.
-Podría hacerlo, pero yo sola… Akemi es quien sabe coser y Liliane quien lo diseña, yo solamente le doy los retoques finales. Siempre lo hemos hecho así.
-Pues no se… llama a Liliane para que te de alguna que otro idea y queda con Akemi para coserlo. Oye… ¿hace falta complicarse tanto la vida por un simple uniforme?
-Tú no lo entiendes. ¡Nos vemos!- le dijo la rubia más alegre mientras colgaba.
-Mujeres…- suspiró el chico mirando a un divertido Sendo- ¡Vamos Akira! ¡Voy a rebajar todos tus tiempos!
Mientras tanto la española había abierto la puerta de su armario mirando lo que podría ponerse para salir a la calle. Al final se decantó por una minifalda tejana y una camisa ajustada atada al cuello de color lila. Buscó sus sandalias de tacón lilas y se peinó dejándose el pelo suelto hasta la cadera. Se maquilló con sombra de ojos blanca y un poco de delineador. Una vez lista cogió un bolso de color blanco y metió dentro el móvil, el monedero, unas gafas de sol también blancas y bajó al salón.
-Hiroki, Akane… ¿les importa si salgo un momento?- los señores Rukawa la miraron sorprendidos.
-¿A dónde vas a ir?- le interrogó Hiroki.
-Tengo que ir hablar con una amiga. Creo que se alojaba en casa de… ¿Ito del equipo Shoyo?- acabó medio preguntando.
-¿Vas a ir hasta Shoyo?- le preguntó todavía más sorprendida Akane- Eso está bastante lejos. Tendrías que coger el tren. Kaede! Kaede!- gritó llamando a su hijo.
El moreno salió de la cocina con un vaso de zumo de naranja en la mano y miró a su madre interrogante.
-¿Puedes acompañar a Diana a casa de Ito del equipo Shoyo?
La española miró asustada a Akane mientras el chico la taladraba con la mirada.
-¿Por qué yo?- preguntó molesto.
-Tu padre y yo tenemos faena que hacer, y Diana no se conoce la zona lo suficiente como para ir sola.
-¿Pero como voy a saber yo dónde vive Ito?
-No te preocupes cariño- dijo su madre mientras cogía un papel de una carpeta- Aquí están todas las direcciones y los números de teléfono de las casas dónde se aloja el equipo de Senia. Pensamos que era buena idea por si se querían visitar.
La chica miró con miedo la expresión de Rukawa. Parecía muy, muy molesto.
-Espera a que me cambie- le dijo éste cortante.
La chica se quedó a solas con los señores Rukawas que la miraban apenados.
-No te preocupes querida- le dijo Hiroki- Kaede es un buen chico, solo tienes que conocerlo.
La rubia no pudo evitar pensar amargamente si el moreno no la acabaría matando antes de que eso pasara.
-¡Ay! Casi se me olvida- dijo dándose un golpe en la frente- Akane, ¿podría darme mi uniforme?
-Claro- dijo mientras le daba el uniforme y el papel.
El moreno bajó de seguida vestido con unos tejanos y una camisa negra que le marcaba los músculos. Diana lo miró medio embobada mientras pasaba por su lado y salían juntos de la casa.
-Te sienta muy bien esa camisa- dijo con toda naturalidad mientras iban hacia la estación.
Rukawa la ignoró deliberadamente mientras aceleraba el paso, pero no antes de que la chica pudiera notar que se había medio sonrojado.
-¿Te has puesto rojo?- le preguntó divertida-¿Te has sonrojado por un simple cumplido?
El chico continuó ignorándola mientras la rubia se carcajeaba.
-Dios… Cuando se lo cuente a las chicas…- se reía la chica- Eres el primero que conozco que se pone rojo por eso… jajaja
-No me he puesto rojo-gruñó Rukawa.
-Lo que tú digas- se burló la chica.
-Te dije que no me molestaras y estás haciendo justamente lo contrario.
-Solamente te he dicho que te queda bien la camisa- dijo ahora seria la chica.
-Y también me has hecho llevarte hasta el Shoyo un domingo por la mañana.
-Si tanto te molesta la idea puedes volver a casa- dijo Diana dejando de caminar- Ya hemos llegado a la estación, si vas a dar media vuelta hazlo ahora.
Rukawa la miró indiferente mientras entraba en la estación. Estuvieron sentados en el tren un cuarto de hora antes de poder bajar, y una vez lo hicieron se dirigieron en silencio a casa de Ito.
-Es aquí- dijo la chica deteniéndose en frente de una casa bastante grande y mirando el papel- Residencia Ito.
El moreno se detuvo también y ambos llamaron a la puerta. Esperaron pacientemente mientras escuchaban unos pasos acercándose.
-¿Hola?-dijo para su sorpresa Fujima sacando la cabeza por la puerta- ¿R-Rukawa?- preguntó sorprendido.
-Hola- se limitó a decir Rukawa.
-Buenos días chico apuesto. Soy Diana Monar de Senia. ¿Está Akemi?- se presentó con una sonrisa la rubia.
-¿Chico apuesto?- repitió Fujima sonrojado.
-¿Por qué todo el mundo se sonroja por unos simples cumplidos?- se exasperó la chica.
-Porqué no están acostumbrados a oírlos- dijo Akemi apareciendo por detrás.
-¡Akemi!- gritó Diana abrazándola con fuerza.
La japonesa rió divertida mientras le devolvía el abrazo.
– ¿Por qué no pasáis?- dijo invitándolos a entrar.
Los chicos entraron en la casa en fila india, encontrándose con Ito en el salón.
-Buenos días- dijo Ito levantándose del sofá. - ¿Qué tal Rukawa?
-Bien- contestó éste secamente.
-Bueno… Seguro que no esperabais encontrarme aquí, pero la señora Ito cocina de maravilla- les confió Fujima.
-Pues lamento tener que quitaros a Akemi, pero voy a necesitarla durante una hora más o menos- dijo Diana siguiendo a Akemi por unas escaleras y dejando a Rukawa con los del Shoyo.
Las dos chicas subieron al segundo piso de la casa y Akemi guió a Diana hasta su nueva habitación.
-Aquí es- dijo abriendo la puerta de una espaciosa habitación- Y ahora dime ¿Cómo es que has venido?
Diana le contó el problema que tenía con el uniforme y desplegándolo delante de ella explicó lo que planeaba hacer.
-He pensado que si corto la falda unos centímetros y le hago la cintura más baja…- iba diciendo la española mientras Akemi examinaba el tejido y los colores.
-¿Puedes cambiar el lazo?- le preguntó mirándolo.
-Creo que no… Pero había pensado ponerlo ladeado- contestó la rubia- ¿Vas a ayudarme? Ya sabes lo mal que se me da coser…
- Claro- dijo la japonesa cogiendo un pequeño costurero y un montón de telas- Pero vamos a tener para rato.
Diana y Akemi tardaron más de una hora en acabar el uniforme, y una vez listo la rubia se lo probó mirándose en el espejo. Habían cortado bastante la falda, tanto por arriba como por abajo, ahora quedaba sujeta a la cadera y caía plisada hasta un poco más arriba del medio muslo. La camisa antes ancha, ahora se le ajustaba al cuerpo. La chaqueta del uniforme le quedaba más bien como una especie de chaleco corto, y finalmente se había cosido el lazo rojo en la solapa del "chaleco".
-Ha quedado bastante bien- dijo Akemi mirándola desde la cama- Madre mía, no sabes lo que daría por tener tu pelo Diana.
La española se tocó la larga melena rizada y dorada y no tardó en replicar:
-Pues a mí me gustaría tener tus piernas, la piel lisa de Irina y el éxito con los chicos de Alexia.
La japonesa rió divertida mientras se levantaba de la cama y examinaba la falda del Shohoku por detrás.
-Ha quedado un poco desigual. Sácatela- le dijo cogiendo unas tijeras.
Para cuando las dos chicas bajaron de nuevo, todos estaban sentados en la mesa del comedor comiendo.
-Tú debes ser la famosa Diana- dijo una mujer de pelo negro-Akemi nos habló de ti ayer. Siéntate, he llamado a los señores Rukawa para advertirles que os quedabais a comer aquí.
La chica se sentó mientras Akemi iba a buscar dos pares de cubiertos y notó la mirada fulminante de Rukawa.
La comida transcurrió tranquila y después de ésta los del Shoyo y Akemi los acompañaron hasta la estación.
-Adiós Diana- la abrazó Akemi.
-Ciao- contestó ésta- Gracias por todo.
-¡De nada!
-Nos vemos Rukawa – se despidieron Ito y Fujima. El moreno les hizo un gesto con la cabeza mientras entraba en la estación.
-¡Adiós chico apuesto y compañía!- les gritó la rubia siguiendo a Rukawa.
Los tres rieron divertidos mientras daban la vuelta y volvían a la residencia Ito.
El moreno se dejó caer en un asiento vacío del tren mientras la rubia se quedaba de pie. El vagón estaba vacío salvo por ellos dos y cuatro sujetos más. La chica abrió su bolso y cogiendo un espejito se dispuso a comprobar su maquillaje cuando de repente se tenso y se sentó al lado de Rukawa. Éste la miró alzando una ceja pero no dijo nada.
-Esos tipos de ahí… van a darnos problemas- le susurró la chica.
El moreno la miró fijamente y a continuación paseó la mirada por el vagón hasta detenerla encima de ellos. No vio nada fuera de lo normal. Eran cuatro jóvenes japoneses comunes, sin tatuajes, pendientes ni nada que resultara amenazante. Rukawa volvió a mirar a la chica que se había puesto las gafas de sol apresuradamente. El viaje continuó con toda normalidad durante diez minutos, hasta que al final uno de los chicos se acercó a ellos.
-Perdona guapa ¿te había visto antes?
-No- contestó la rubia secamente.
-Pues es curioso, porque resulta que me acuerdo de ti perfectamente- dijo otro chico.
Rukawa se levantó del asiento y mirando a los cuatro dijo:
-Ha dicho que no os conoce.
Diana también se levantó y se puso a su lado a toda prisa.
-Dejadnos en paz. Os habéis equivocado de persona- dijo en voz baja.
-Yo creo que no. Piel morena, pelo rubio rizado y largo hasta la cadera, el labio superior muy fino, con un pequeño acento al hablar y con la misma camisa que aquél día. Eres la chica de la discoteca, ¿verdad?
Diana se sintió descubierta y quitándose las gafas contestó sin miedo:
-Te ha faltado decir lo bien que te quedó la camisa después de que te tirara el vodka por encima, el increíble dolor de pies que te dejé al pisarte con un tacón de aguja de ocho centímetros y la fabulosa noche que pasaste en la comisaría. ¡Ah! Perdona, casi se me olvida preguntarte por tu nariz. ¿Te la dejé muy torcida con el puñetazo que te di?
Rukawa miró a la joven con cara de incredulidad mientras que el otro chico enrojecía violentamente.
-Asquerosa… ¡Sabía que eras tú!- siseó cogiéndola del brazo.
-¡No me toques!- gritó la rubia dándole un manotazo- ¡No es mi culpa que seas un pervertido que vaya manoseando a las chicas!
-¡Cállate! Por tu culpa tengo la nariz torcida.
-Uy… disculpa… pero mentiría si dijera que lo lamento- se burló la española.
-No sabes con quien te estás metiendo- le advirtió otro chico de la banda.
-Creo que si… con un perfecto ejemplo de mono mutante unicelular con una profunda falta de valentía y un grave trauma infantil y… si me dejas un minuto más hasta te averiguo cual.
Diana acabó de decir esto con una sonrisa de suficiencia en la cara y, cogiendo a Rukawa por el brazo, se abrió paso entre ellos. No llegó a dar ni tres pasos cuando se dio de bruces contra el suelo. Se levantó de inmediato roja de furia para observar con sorpresa como su compañero tenía cogido a uno de ellos por el cuello de la camisa.
-¿No sabes que eso no se le hace a una chica?- siseó.
-Si se ha tropezado no es mi problema- articuló el otro asustado.
-Pero sí lo es cuando con lo que me he tropezado ha sido con tu pie- contestó Diana demasiado tranquila. "¿No se supone que Rukawa me odiaba? Entonces… ¿Por qué ha reaccionado así cuando esa cosa me ha hecho la zancadilla? Bueno… la próxima parada es la nuestra, no quiero que esto acabe en una pelea"- Tranquilicémonos todos ¿de acuerdo? Lo pasado pasado está- dijo separando a Rukawa del chico.
-¿Qué te hace pensar esto? Nosotros somos cuatro y vosotros solo dos…- dijo al que Diana torció la nariz- Además… he tenido una buena idea… ¿qué te parece si le damos una paliza a tu novio mientras te obligamos a verlo? Después de todo el vagón está vacío…- dijo cínicamente.
Diana ya no pudo más y explotó gritando:
-¡Esto me parece de niños pequeños! A esto no se le puede llamar pelea ni nada, sois unos simples aficionados, niños de papá con gana de hacerse los duros… Si queréis pegar al zorro hacedlo me da lo mismo, seguramente no le haríais ni un simple rasguño, pero no me vengáis con esos humos porque he salido victoriosa de situaciones muchísimo peores.
-¿Esperas que nos lo creamos rubita?
-¿Sabéis que se siente cuando a tu novio le están dando una paliza de verdad? ¿Sabéis la rabia y la impotencia que recorren tu cuerpo al verte maniatada y amenazada con una pistola? ¿Sabéis lo que es sentir que una bala roce tu piel e impacte en el brazo de la persona más querida para ti en ese momento? Porqué yo sí. – La chica se dirigió a la puerta del vagón mientras el tren se detenía - La próxima vez que nos encontremos deseareis no haberos cruzado en mi camino… Rukawa vamos- le llamó mientras bajaba del tren con un salto dejando blancos a los demás.
Los dos emprendieron el camino de vuelta a casa del moreno en medio de un profundo silencio. Diana tenía la mirada perdida, sumida en sus pensamientos, mientras Rukawa se preguntaba si todo lo que había dicho era verdad. Al final no lo aguantó más.
-¿Lo que dijiste era verdad?- le soltó a la chica. La rubia dejó de caminar y le miró a los ojos.
-Sí.
El moreno sintió como un escalofrió le recorría la espalda.
-¿Cómo ocurrió?- preguntó. La chica reanudó la marcha sin contestar, y Rukawa pensó que no lo haría hasta que le miró.
-Fue hace tres años. Eric y yo estábamos en Florida de vacaciones con mis padres cuando nos secuestraron. No recuerdo exactamente lo que pasó, solo sé que estábamos paseando por la calle cuando nos empujaron dentro de una furgoneta y nos ataron. Supongo que recibir un rescate por los hijos de dos grandes empresarios es una gran tentación…- rió amargamente.- Nos llevaron a la nave de una fábrica abandonada. Eric se resistió y atacó a uno de ellos cuando intentó besarme. Me maniataron y me apuntaron con una pistola en la cabeza mientras me obligaban a ver la paliza que le estaban dando. El que sujetaba el arma disparó por no sé qué razón y le dio a Eric en el brazo. La policía consiguió encontrarnos relativamente pronto gracias a los localizadores que llevamos en el móvil. Fueron las peores horas de mi vida, estuve un año y medio recibiendo ayuda psicológica- finalizó.
-¿Cómo lo has superado?- preguntó Rukawa suavemente. La historia de la española le había impactado y sorprendido. Nunca se hubiera imaginado que una persona tan viva y despreocupada pudiera tener un pasado asín.
La chica paró de caminar mientras levantaba la vista hacia él.
-No nos pasó nada irreparable y la vida continua, es corta y hay que vivirla. Ahora puedo contar lo que pasó sin problemas. Además, mis amigos y mi familia han estado siempre a mi lado… ¡Eso sí! Como consecuencia de ese episodio mi padre me obligó a apuntarme a clases de defensa personal y ahora soy totalmente capaz de dejar fuera de combate a alguien de tu tamaño- añadió visiblemente orgullosa.
El chico la miró de reojo. El momento de mostrarse sentimental ya había pasado y el moreno ya había vuelto a la actitud de siempre.
Llegaron a casa relativamente pronto, y saludando a al señor Rukawa que se encontraba en el salón, Diana fue a buscar a Akane para enseñarle el uniforme mientras el moreno encendía la tele para ver un partido de baloncesto.
-Te ha quedado muy bien- la felicitó la señora Rukawa- ¿Quién dices que te ha ayudado?
-Una amiga, y más que ayudarme… digamos que se ha encargado ella de hacerlo- admitió con una sonrisa.
-¡Ah! Hablando de amigas… ha llamado la subdirectora de Senia. Tienes que ir el sábado de la semana que viene para hacer el primer control.
Diana asintió mientras tomaba nota mentalmente de llamar a Irina y Alexia para decirles cuando iría.
-Tengo que preparar la cena. ¿Quieres ayudarme?- le preguntó la madre de Rukawa.
-¡Claro!
-Hoy cenaremos pronto, mañana tenéis clases…
Diana sintió como se le formaba un nudo en el estómago. ¿Era posible que estuviera nerviosa? Suspiró resignada. Sí que lo estaba. Iba a tener que empezar en un instituto nuevo, con compañeros desconocidos y todo por el deporte que amaba. Solamente deseaba que no fuera tan malo como parecía.
¿Que os ha parecido? Espero que os haya gustado. Antes de nada tengo que disculparme por haber tardado tanto, pero he estado muy ocupada y no he tenido tiempo para escribir.
Durante la historia iremos viendo una evolución de los personajes, especialmente de Diana y Rukawa. En el próximo capítulo al fin veremos el primer dia de Diana en el Shohoku.
Gracias por vuestros comentarios. Espero que en este también comentéis.
Perla
