Perdonen el retraso...prometì un lemon...y lo deje para la prox...pero todos los comentarios seràn contestados a prontitud! Besotes chicos del Superforum! Los quiero!

Disclaimer: Todo pertenece a J..

Pecados

¿Qué más nos impulsa a pecar, más que el saber que podemos hacerlo y la tentación?
R.B.B.L.

Remus volvió la cabeza por décima vez hacia atrás, y los ojos eternos de Marlene le siguieron de nuevo, casi imperceptiblemente, al menos por la mayoría, y bien camuflados en la oscuridad, a pesar de ser tan luminosos que parecían brillar solamente al movimiento.

- No te preocupes- dijo de pronto la voz de Sirius a su lado adivinándole el pensamiento y se volvió hacia él con ligera brusquedad. Nunca le había gustado sentirse vigilada o espiada, o sentirse así al menos. La irritaba demasiado quizá (lo sospechaba) desde los fatídicos y lamentablemente inolvidables acontecimientos de hace algunos años, cuando todo era oscuridad.

El ojigris pareció notar su turbación y endureció la expresión un momento para luego esbozar una sonrisa sesgada hablando bajo.

- Seguramente se entretuvieron por ahí- razonó mirando hacia el pasillo que parecía extrañamente vacío, a diferencia del ajetreo que parecía haber hace algunos momentos. Frunció ligeramente el entrecejo mientras un pensamiento se le cruzaba rápido por la mente, pero relajó el gesto mirándola- ya sabes como son Emm y Sturgis- sonrió de lado para tranquilizarla- seguramente tuvieron otra de sus pequeños "intercambios de opinión"- la joven sonrió- y ahora Sturg le esta comprando un cono grande de palomitas para pedirle disculpas…

- Si, tal vez- respondió Marlene con mirada ausente y voz dubitativa – quizá…si es lo más seguro- trató de convencerse volviendo la vista hacia las luces del pasillo desierto medio tapado con las cortinas en la oscuridad- seguramente a Emm no le gusta y…trata de hacerle comprar algo más para molestarlo.

No parecía lo bastante convencida pero se inclinó de nuevo sentándose delicadamente mientras recibía el abrazo que Sirius le ofrecía para recargarse sobre su pecho. Miró alrededor porque no quería inquietar a nadie más. Era una ocasión demasiado extraña y demasiado rara (una locura en general) lo que hacían allí y no quería arruinarlo todo con sentimientos y pensamientos de preocupación, que la mayoría solía alabar muchas veces pero que, Dumbledore había dicho cariñosamente, en ocasiones no resultaban "necesarios".

Soltó un suspiro en la oscuridad.

- Y…estás bien?- preguntó de pronto la voz confiada a su lado sacándole una mueca. Macklagen había llegado a su lado, y eso que le había mandado por muchas cosas, y la mayoría, creía, difíciles de hallar para un chico que había vivido en el Mundo mágico toda su vida, no como ella, que había ido al cine muchas veces con sus padres. Bufó molesta pero convirtiendo al instante la mueca en una sonrisa fingida cuando Ronald Weasley volvió (no muy sigilosamente) la vista hacia ellos. Perfecto. No sabía ni por qué no se atrevía a seguir con aquella locura de seguir fingiendo que estaban comprometidos, seguir evitándolo como cuando estaban en el colegio, al haber dicho o hecho alguna de sus tonterías que la hiriesen o la tuvieran furiosa. Sabía que el asunto era más grave de lo que quería creer, que aquello no tenía excusa posible, que no podía negarse ( y negarles a los demás) la realidad por siempre. Pero ahí estaba, fingiendo de nuevo el tener un pequeño disgusto de enamorados, dándole celos desde lejos con alguien que más que otra cosa la irritaba y comportándose como una verdadera niña.

Y lo peor: Siguiendo con ese juego.

- Bien- respondió de forma cansina todavía con la vista clavada hacia el piso. No quería decir más. Pasaron unos segundos antes de que McLaggen, a su lado estuviera lo suficientemente atento a su reacción y se sentara. No quiso ver su expresión.

- ¿Me sostienes esto?- preguntó el chico mirando alternativamente hacia la bandeja cargada con cosas y hacia el pequeño refresco que le ofrecía, como si dudase si pudiera cargar algo pesado o tan solo aquello. Los modales de McLaggen estaban más allá de su cerebro, eso es lo que siempre había sabído.

Hermione bufó.

- Claro- sonrió fingidamente cuando Harry le miró extrañado en la oscuridad.

- Basta- bufó la joven levantándose suavemente mientras el cabello le caía por los hombros y se lo recogía rápidamente para pasar con un gesto de molestia. Sirius a su lado se había sorprendido tanto del movimiento que apenas había reaccionado para mirarla.

- ¿Qué pasa?.- preguntó la voz profunda de Kingsley, algunos asientos más adelante y se escucharon ligeros "Shh" alrededor. Trató de modular el tono hablando más bajo pero salía igual de imponente. Miró hacia el gesto fruncido de Marlene y luego hacia la mirada de Sirius tratando de detenerla- ¿Qué le has hecho?- preguntó con tono cansido como si fuera lo más normal.

- ¡¿Yo?- preguntó con voz molesta Sirius y más "Shh!" se escucharon hacia su alrededor. Muchos de los magos y brujas camuflados en la oscuridad más adelante se revolvieron inquietos y se escucharon murmullos. Marlene intervido de pronto sentándose en el asiento libre más allá, haciendo con las manos dando a entender que no habría más interrupciones. – Sturg y Emmeline no han vuelto- anunció mirándolo directamente con una voz suave y baja.

- Ah, es por esos dos- sonrió Kingsley algo sorprendido de lo que decían. También echó otra mirada hacia el pasillo desierto- pues…supongo que deben tener sus razones…no?- sugirió con una sonrisa. Sirius soltó una repentina carcajada.

- Emmeline nunca lo haría- miró Marlene con la misma voz seria, aunque sus ojos de claro color mar parecieron dudar un segundo- pero…es mejor que vaya a ver. Demasiado rato se tardaron para pensar simplemente…

Se levantó con mirada ausente y había recuperado el gesto molesto mientras miraba a Sirius.

- Realmente no sé por qué Dumbledore me encarga a un kindergarten a mí sola…- resopló llevando sus ojos hacia otro lado mientras Sirius le sonreía.

- ¿Qué esta pasando por allá?- preguntó la voz de Ted Tonks mientras su sombra se sentaba rápidamente filas más cerca- ¿No me van a decir que no les gusta, o si?

- Nada de eso- respondió Sirius sin dejar la sonrisa de lado e inclinándose en su sillón de forma relajada cruzando los brazos detrás de la cabeza- simplemente…cosas de chicas.

- Sigue siendo el mismo inmaduro, perfecto idiota del colegio- masculló Marlene con odio mientras se acercaba – creo simplemente que las cosas no cambian con el tiempo ….

- En eso tienes razón- respondió la voz divertida detrás de ella mientras el escalofrío de reconocimiento le recorría la piel tramo por tramo. Por un momento una serie de imágenes, cual remolino le vinieron a la mente tán rápidamente que le hicieron sentirse mareada. Gritos, miedo, dolor y….Sangre.

- Un gusto volver a verte, McKinnon- sonrió Rosier mirándola de pies a cabeza.
Ella endureció el rostro.

- Creo que no voy a poder decir lo mismo, Rosier- respondió con voz fría, divirtiendo al mortífago.

Parecía existir mucho ajetreo atrás, a pesar de la poca atención que estaba tomando a todo el asunto que tenía alrededor. Todo infantilismo jugando con las emociones de Ronald Weasley, si tenía el gusto de ser sincera consigo misma. Hermione volvió la cabeza ligeramente mirando alrededor. Ya de nuevo los murmullos callados por los "shh!" de los demás, de nuevo y vió una delgada figura levantarse con agilidad, rápidamente, para después irse casi volando hacia los pasillos generales. Muchos seguramente deberían estar por ahí, se le pasó por la cabeza, echando un vistazo alrededor para ver las butacas semivacías. Un hombre corpulento acostado con los ojos cerrados y roncando ligeramente más allá. Una pareja acaramelada hacia la derecha, que parecían no tener más ojos que para sí mismos riendo y hablando en murmullos más allá…pero todo vacío…o eso le pareció cuando se acomodó, ligeramente incómoda en su asiento para cruzar los brazos y tener la vista perdida pensando en que, o se estaba volviendo paranoica, o tenía un serio problema que comenzaba y terminaba con la frase "Ronald Weasley".

- Podríamos estar así, si quieres- dijo de pronto en un susurro la voz casi en su oído que la hizo sobresaltarse. Clavó los ojos en los de McLaggen que no había notado más cerca de ella desde hace…¿Desde siempre?

Miró ladear ligeramente la cabeza a éste con esa risa tonta y arrogante con que lo recordaba en el colegio, en aquella fiesta de Slughorn que siempre lamentaba haber ido…y luego vió que señalaban sus ojos hacia la pareja que ahora parecían uno…le recordó desagradablemente cuando Ginny solía mencionar "como dos anguilas" refiriéndose a su hermano.

- ¿Qué?- preguntó de pronto sorprendida, olvidando el bajar la voz por la que otros "shh!" se escucharon impacientes alrededor. Bajo la voz sin poder ocultar del todo su gesto de sorpresa. Vió a Ronald detrás de ellos con la vista hacia un lado, no pareciendo notar nada y mirar el piso con gesto malhumorado. Nadie los había notado alrededor, seguramente…pero…¿Estaba mencionando que..?

- No te alarmes, sé que las cosas no van bien con el pelirrojo aquel- sonrió confiado el joven acercándose más y obligando a que ella tratara de escapar por un lado. Pero era imposible. Giró el rostro hacia Harry y Ginny..pero no estaban. Vió a Harry hablando más alla con Remus…un suspiro de ahogo se escapo de sus labios.

- No- negó rotundamente después de entenderlo, susurrando por lo bajo y mirándolo directamente hacia los ojos oscuros por las tinieblas reinantes alrededor- no…claro que…¿Cómo piensas que yo..?

- Vamos- sonrió confiado el chico posando su brazo sobre el de ella que trató de quitarlo con rapidez pero sin lograrlo del todo. Era un lugar incómodo…no podia. Sé que has tratado de hacer esto desde que me hablaste ahí afuera…lo se- sonrió con aquella risa confiada que odiaba.

- Suéltame- amenazó cuando le vió tomarle más del brazo acercándose a ella. Podía sentir su aliento.- suéltame McLaggen o si no...

- No- negó el joven con sencillez sin dejar de acercarse – sé que lo quieres y…

- ¡Suéltame!

Antes de que pudiese decir algo más le sintió apartarse de su lado con brusquedad, casi sosteniéndose de la manga de su chaqueta. Aturdida, alzó la mirada sorprendida hacia el pelirrojo que tenía a su lado con la mirada furiosa, el rostro crispado por la furia y las orejas rojas por la impotencia. McLaggen estaba tirado en el suelo incluso antes de que la mayoría de los presentes se diesen cuenta de lo que ocurría y reclamaran por el silencio y tratando de apabullar el nuevo alboroto.

- ¡¿Qué demonios tratas de hacerle?- rugió el chico como un león fiero que había estado por atacar todo el momento y que ya no había podido contenerse por más tiempo. Tanteó buscando la varita en el largo chaleco muggle que tenía puesto pero no pudo encontrarla. McLaggen sonrió burlón soltando un suspiro y pasando la mano por su cabello como un idiota confiado mientras se levantaba del suelo sin quietarle la vista de encima, de forma despectiva.

- ¿Tratar de hacerle?- preguntó con escepticismo en la voz y se armo un alboroto total cuando los muggles y demás reclamaron por silencio- no bromees, Weasley…- Ron que había clavado sus ojos en él pareció titubear un interminable momento antes de erguirse más y al fin sacar torpemente la varita del bolsillo para tratar de parecer amenazante.- No bromees, Weasley, haciéndote el tonto, si? Déjanos tranqulos de una vez.

- ¿Bromear?- preguntó el pelirrojo. El sentimiento de confusión sobreponiéndose al de Ira por un segundo. Vió como todavía trataba de tomar el mismo asiento junto a Hermione que le miró perpleja antes de retroceder por el seguido empujón que el pelirrojo le había dado de nuevo. Se tambaleó, como esperándolo rápidamente

-¿Qué?- se burló McLaggen mirándolo con burla- no me digas que no nos vas a dejar en paz.

- Ni siquiera tienes lo que mereces.

El pelirrojo pareció más que confundido y un segundo después, Hermione comprendió a lo que se refería con sorpresa y vió en el rostro del joven de cabello rizado un atisbo del pasado. Comprendió entonces cuánto había esperado una ocasión para decir lo que tenía que decir, para que lo dejase en paz y para humillarlo. Una ocasión exactamente como aquella.

El joven sonrió con malicia al mirarla solamente y comprender que lo había entendido.

- ¿Crees que no me di cuenta de que ella hizo una maldición confundus para que ganaras el puesto en el equipo de Quidditch en el colegio?- el pelirrojo pareció incrédulo por un momento, pero clavó la vista en Hermione que había palidecido repentinamente mirando hacia Cormac con sorpresa. Éste le sonrió complacido- claro…acaso creíste que no me había dado cuenta.

- ¿Hermione?-preguntó casi con temor el chico mirandola ahora a ella que no pudo alzar la vista más- y después de tener una mirada suplicante trató de articular palabras que no fueron más que un balbuceo tenue.

McLaggen sonrió con confianza mientras Ron palidecía ahora.

- Y claro- alzó más la voz- No podemos olvidar ahora tu "respetable" e increíble puesto en el Departamento de Misterios. ¿Creíste que fue todo por tu talento, no Weasley preguntó burlándose aún más fuerte – ¿ves que tienes cosas que ni siquiera mereces.?

Ron parecía a punto de derrumbarse, seguramente comprendiendo…entendiendo.

Hermione le miró de forma suplicante, sintiéndose mal por única vez en mucho tiempo, olvidando aquellos últimos meses donde todo había ido de mal en peor entre ellos, recordando por aquella mirada, su mirada desalentada y sintiendo un ligero dolor puntazante, el mismo dolor que había sentido en el colegio tantas veces y el dolor que normalmente le había llevado a incesarse en él, descubriendo en un momento que era un sentimiento diferente al amor.

Un escalofrío le recorrió al sentir el ambiente denso rodeándola con rapidez. Los pensamientos habían desaparecido por un momento de su mente poniéndola en blanco escucharndo alrededor. Sintiendo el ambiente. El rostro serio pareció percibir algo más antes de que se diese cuenta de todo.

El tiempo se congeló.

Algo andaba mal. Y no lo notó por las cosas susceptibles que habían estado pasando alrededor, por la poca gente, porque los encargados no habían acudido para saber que pasaba y para echarlos de una vez de allí, por los rostros congelándose, confundidos y alerta, al ataque de una vez…las varitas saliendo de los bolsillos con tal rapidez….

Había una sola razón.

La sangre y los gritos.

Sintió el rostro repentinamente húmedo, como si hubiese estado un largo rato debajo de la lluvia, mojándose los cabellos y el rostro. O quizá lágrimas resbalándole por las mejillas de pura impotencia, de rabia y de frustración. Pero no era eso, no sentía aquel nudo en la garganta o el peso en el pecho…ni siquiera el dolor en el corazón que habría supuesto tener…no sentía nada más que la humedad en el rostro que le obligó a llevar las manos hacia las mejillas y mirarlas de una vez horrorizada.

- Sangre.

El susurro no había durado ni unas milésimas de segundo para que todo entrara en panico alrededor. Los hechizos y las maldiciones habían volado tan rápidamente mezclados por las risas y por las exclamaciones, tanto de susto, sorpresa y horror que sin que pudiera prevenirlo estaba sobre el piso, tratando de esquivar la maldición que había volado hacia ella y que había destrozado, partiendo en dos a el asiento que había estado tras de ella. La oscuridad había desaparecido…alguien había prendido la luz…o quizá era la fuerza y el resplandor de los hechizos y las maldiciones cruzándose por todas partes tratando de alcanzar sus objetivos, tratando de aturdir…

O de matar.

Caminó a gatas sobre sus rodillas sintiendo un ligero pánico en un principio, repitiéndose a si misma de que no podía estar sucediendo…no ahí y no esa noche. Sin tratar de sentir la culpa sobre su pecho primero y luego ligeramente los cosquilleos de remordiemiento.

- ¡Especto patronum!

La voz de Harry le bastó para reaccionar. ¿Dementores? No podía ser….en ese caso el Ministerio estaba…

- Hermione!- de pronto la voz de él, acercándose más hacia ella, trató de erguirse y verle. Lo vió de pie con la varita en alto y las tenebrosas figuras en un vaho intenso y oscuro volando por todas partes. Se horrorizó al verle el rostro cubierto de sangre y también toda la ropa. Pero parecía estable…no parecía tener ninguna herida que…- ¡Hermione, pronto, haz un patronus!- ordenó dándole la fuerza suficiente cuando le vió alzar la varita y vió rápidamente el alce plateado saltando con gracia y agilidad por entre las butacas. Se levantó con rapidez sacando la varita.

- ¡Especto…Especto Patronum!- balbuceó con un tono de seguridad a pesar de sentir el frío cubriéndole por encima, soplando a través de sus cabellos un viento gélido que le puso la carne de gallina. Vió las figuras fantasmagóricas y macabras de los dementores avanzando hacia los muggles horrorizados que trataban de escapar. Pero no había escapatoria. Alguien había cerrado las puertas centrales obligándoles a permanecer ahí. Volaban por todas partes…se le cruzó por el pensamiento que tenían algo más que hacer que lo que estaban haciendo.

- ¡Bravo Harry!- felicitó de pronto la voz agitada de Sirius llegando a su lado. Parecía eufórico por aquella lucha y tenía el rostro iluminado por una sonrisa de diversión. Pareció perturbar un poco a la chica por lo que explicó- Esa película muggle me estaba matando…

Otra maldición voló sobre sus cabezas y Harry, Sirius y Hermione lo esquivaron con rapidez girando sus varitas a la vez para atacar al mortífago que lo había hecho. Una sombra se divisó de aquel que pareció deslizarse por otro lado escapando al ver la desventaja obvia con la cual se había querido enfrentar.

- ¿Dónde estan los demás?- preguntó Harry mirando alrededor y viendo las sombras deslizarse por otros lados seguidas de la nada inmediata. El silencio duró unos segundos provocándoles un escalofrío al mirar la sala vacía.

- Dios…- dijo Hermione avanzando hacia delante- ¿No creen que…?

Los gritos se escucharon en el salón contiguo que los obligaron a dispersarse de nuevo.

- ¡Marlene!- gritó la voz de Sirius avanzando y un escalofrio le recorrió a Hermione cuando vió los cuerpos tirados hacia un lado que habían sido casi amontonados con gracia y apartados al camino. Trató de no pensar en ello avanzando, tratando de encontrar a Ginny, a Tonks,…a Ron…

Se deslizó con rapidez pasando por la multitud que seguia corriendo enloquecida. Sintiendo el dolor en los brazos producto de los empujones avanzó con dificultad un par de metros apenas liberándose en el momento para luego refugiarse hacia un lado y sintiendo rápidamente el roce frío de una maldición arrastrando sus cabellos hacia un lado. Un muggle cayó inerte antes de que se diese cuenta, robándole un grito ahogado de horror.

- ¡Ahí hay alguien!- gritó la voz rasposa mientras se agachaba rápidamente ocultándose detrás de algunas butacas al ver la desigualdad de condiciones. Todos parecían haberse dispersado por todas las salas contiguas y el silencio de pronto de las figuras oscuras que habían estado disfrutando, seguramente de la "cacería de muggles" que se habían propuesto como meta. Era imposible el poder levantarse en un momento y tratar de aturdir a uno sin que antes al menos media docena de maldiciones salieran disparadas. Trató de contener la respiración cuando sintió estremecerse al sentir acercarse una figura. Se llevó la mano hacia la boca tratando de calmar los gemidos que le provocaba el corte profundo que había sentido al agacharse y raspar la pierna con uno de los hierros torcidos y tirados a su lado.

- Estás paranoico, Travers- sonrió una voz burlona hacia allá- apuesto a que aquella muggle te lo ha provocado, ¿a que si?

Un coro de risotadas se escucharon divertidas alrededor.

Travers retrocedió su paso hacia donde se dirigía, dudando con la mirada, penetrante por unos segundos, y luego…toda expresión y emoción había desaparecido en su plenitud.

- Al menos no he tenido tanta suerte como Rosier y Black- sonrió con una carcajada profunda alejándose su voz cada vez más.- después de esta noche…prefiero este nuevo escenario…es más fácil aplastar asquerosos insectos.

Hermione soltó un ligero suspiro.

- ¡Y vaya que tienes razón!- sonrió una voz con acento cuidado por otro lado. Parecía lejos de allí, quizá entrando por la puerta- aquellos si que se han divertido…y por esta noche…- una risa peculiar se escuchó soltada con brusquedad- al menos ya creo que Rosier acaba con lo que había comenzado con la sangre Sucia de Vance.

Todo pareció encajar en un segundo. Las desapariciones…y durante un segundo se le ocurrió que…
El aliento se le escapó de los pulmones

- ¿Qué demonios hacen aquí?-preguntó una voz autoritaria y ella pareció sorprenderse tanto como los demás, puesto que los pasos habían sido repentinos. Ni siquiera se habían oído. -Tenemos que matarlos a todos ¿Acaso es tan difícil de comprender?

No pareció haber más replicas que los bufidos leves de los demás seguidos de algunos pasos rápidos después.

Se levantó después de lo que le pareció una eternidad, pero comprendió enseguida que habían sido apenas unos segundos cuando las risas se escucharon alrededor, seguidas de gritos; y luego...

El fuego.

- No.

El humo y las llamas se comenzaron a extender devorándolo todo rapidamente.

Parecía que todo había comenzado de la forma más inesperada.

El hombre alto corrió apenas sintiendo el aliento y a la vez sintiendo más que nada el calor del aire entrando en los pulmones con rapidez mientras el corazón trataba de salírsele del pecho.
Se sentía, por vez primera, responsable, más responsable de todo lo que sucedía a su alrededor, estaba seguro, mucho más culpable que todos los que ahí se encontraban.

Habìa una serie de factores que había que tomar en cuenta.

Y todos daban vueltas alrededor tan rápido, tan vertiginosamente que apenas le mostraban el camino correcto a seguir.

No había visto las señales, en primer lugar. El hecho de que el ambiente habìa estado lo suficientemente cargado de ellas como para que cualquiera que tuviese sentido común (lo que parecìa que èl no poseìa) hubiese tomado en cuenta. Habìa sido lo suficientemente imbècil y estùpido (y se lo repetìa una y otra vez mientras recorrìa con la mirada cada rincón, mientras escuchaba cada sonido, mientras que dirigìa cada uno de sus sentidos hasta algo que le pareciera familiar) para ignorar a la persona quien le habìa guiado en infinidad de ocasiones a respuestas màs objetivas de lo que todo el mundo veìa.

Y un grito lo consumiò todo.

Le carcomiò las entrañas sintiendo el dolor que se pareciò tanto al fìsico que le asustò. Sus sentidos se pusieron en la màxima alerta al sentir, o màs bien, al percibir que lo habìa reconocido casi a plenitud, a pesar de que una parte de sus sentidos trataba de negàrselo pero otra parte el confirmarlo. Paró en seco todavía sintiendo recorrerle el estado de Shock momentàneo que habìa vivido y tratò de identificar el origen después de escuchar la infinidad de consejos que habìa recibido en una infinidad de veces y por la mayorìa de las personas que conocìa. Desde Remus, por lo que tenía memoria y para pasar hacia la persona que sabía, y que se habìa confirmado desde hace relativamente poco tiempo, la que màs amaba en el mundo.

El ambiente gèlido repentinamente se comenzò a sentir màs càlido, tan gradualmente que ni siquiera lo habìa notado hasta el punto en el que comenzò a ser insoportable. Sintiò que venìa de la derecha, un par de puertas gruesas de mimbre pulido, el tipo de puertas clàsico que empleaban los cines para poder contener el sonido en una sala para no poder invadir el de otro, el tipo de puertas que podrìan anunciar el peligro que invadìa en un lugar cuando ya fuera demasiado tarde.

Y las llamas del fuego comenzaron a asomar.

Los gritos se escucharon escandalizados, aterrorizados por todas partes, con el eco respectivo que podrìa tener un salón para luego escucharse en los exteriores, con el escalofriante sonido de las pisadas escapando de un lado a otro, frenèticas. Muggles que no tenìan escapatoria. Y un eco lejano de risas que le hizo crujir repentinamente los dientes pensando en que estaban divirtiendo, en que realmente se estaban divirtiendo. Y también las emociones, y el pensamiento del deber que un dìa se habìa comprometido a realizar estaba de nuevo en juego.

Corriò empuñando la varita con agilidad y pasò encima de las butacas, ya destrozadas que se extendìan alrededor en pedazos, esparcidos por el suelo y por todas partes en donde las veìa. Montones. El agua saliò con rapidez dirigièndose precipitadamente hacia los alrededores de una parte de pared forrada en gruesa tela acolchonada color rojo que comenzaba a arder profusamente. Arrojando una gran humareda que lo inundaba todo en aquel espacio cerrado, comprobando con el mayor horror que no servìa de nada. Un pensamiento lejano le vino a la mente y un recuerdo con èl. El de una casa ardiendo en llamas. El rostro carbonizado de cadáveres y el fracaso en ellos. En los que lo rodeaban y casi no habìa notado, por juventud, por inexperiencia. Y una joven a su lado diciendo en voz baja las palabras "Demonio de fuego" con el rostro bañado en làgrimas.

No lo pudo soportar màs.

Antes de que siquiera lo pensara se habìa encontrado pegado en la pared. Un dolor en la parte posterior de la cabeza por el golpe, un ardor, el ardor detràs que le hizo dirigir el brazo adolorido para aminorar el dolor y sentir la humedad en los dedos.

La Sangre.

- Y miren lo que tenemos aquí- dijo la voz tranquila pero juguetona, caminando hacia él, tan parecida…que los recuerdos se arremolinaron en la mente, quitándole por un momento toda conciencia. El aroma lúgubre del 12 de Grimmauld Place, años atrás, el ambiente gélido…las reglas y lo demás estuvo presente en un segundo que no pudo evitar.

Y Bellatrix sonrió mirando el rostro de su primo con deleite.

La mortífaga avanzó con paso majestuoso haciéndole retroceder un par de pasos rápidos, tratando de evitarla, como si de una víbora de cascabel se tratase. Los movimientos de la mujer en cambio decían otra cosa. Desbordaban sensualidad, seducción. Parecía divertirse ante su sorpresa, ante el hecho de verla ahí, en un lugar como ese, en el cual no esperaría encontrarla. Avanzó más con movimientos elegantes que le recordaron a Sirius los mismos movimientos que había tenido su madre. Elegantes, igual de calculados. Los mismos que poseían todos los que poseían esa sangre Black corriéndole por las venas. Y por eso mismo es que le repugnaron porque había dejado desde hacia mucho todo aquello y no quería recordarlo más.

- Te doy miedo.- dijo de pronto la voz resuelta de la mortífaga mirándo el ligero temblor de la mano de su primo que parecía paralizada, incapaz de atacarla. Alzó las cejas y frunció los labios acercándose más y pisando la mano de un hombre tirado en su camino que gimió cuando le trituró la sangre comenzó a salir de la herida abierta que el tacón había hecho. Bellatrix no pareció inmutarse en absoluto, ni siquiera parecía notarlo mientras le habló con voz infantil- ¿Le dio miedo a mi primito recordar a mami?

- No me das miedo, puta- respondió Sirius con voz agresiva o tratando de hacerlo. Sentía todavía el cuerpo paralizado, y, maldita sea, el brazo que sostenía la varita también. Bellatrix sonrió mirando sus ojos, de forma malvada, loca, como siempre, siendo adolescente, la "Señora Lestrange" o Mortífaga, le había parecido a Sirius. Sintió un extraño hormigueo al ver su repentino silencio y lapsus sin dejarlo de mirar a los ojos. Apartó la vista sabiéndose incapaz de lo que sabía que tenía que hacer.

- Vaya, y creí que me la estabas poniendo muy fácil- dijo Bellatrix de nuevo con voz sorprendida- pero no es tu estilo…o eso es lo que dirías, no..?

Se habia acercado, y tuvo conciencia de aquello cuando la vió frente a él al alzar la vista. Retrocedió en un reflejo inmediato, pero supo que había sido un movimiento fallido cuando tocó la pared súbitamente. No lo había esperado.

- Estas atrapado como la alimaña que eres- sonrió la mujer apartando sus cabellos negros hacia un lado, revelando el nivéo cuello mientras la capa caía detrás de ella. Posó sus ojos acercandose más de lo que Sirius hubiese esperado. Miró sin escapatoria alrededor, mirando que la lucha se había alejado mucho más allá de lo que los demás podían notar su situación. Mucho más de lo que había deseado. No veía a Harry, ni a Remus ni a …absolutamente nadie. Solamente las figuras turbias, materializándose en el aire y pasando por todas direcciones hacia los lados. Seguramente atacando más…llegarían a la calle…los muggles…

- Te preocupas por esos asquerosos que no te dan nada- razonó con Odio la mujer y Sirius bajó la vista de nuevo, apartándola de ella que se pegó repentinamente al cuerpo, tanto que pensó que había caído por accidente sobre él. Pero tenía sus manos, todavía sosteniendo la varita de un lado a otro, sobre él. Examinándolo de pies a cabeza. No recordaba la última vez que se habían visto y por un momento apareció una idea totalmente incoherente por la mente mientras sopesaba su silencio y observaba extrañado su comportamiento. ¿No podía estar pensando en….?

- Nunca has sido demasiado bueno en adivinar lo que pensaban los demás- dijo la mortífaga con voz extraña y oscura- sobre todo los Black…- bajó la vista y Sirius abrió los ojos sorprendido al ver la mirada lasciva de su prima- pero ahora…

La empujó hacia atrás.

- ¡Puta!- gritó mientras apuntaba la varita hacia ella que parecía más divertida por la situación y sonrió al saber que había adivinado sus pensamientos- ¡Aléjate!

Bellatrix avanzó de nuevo.

- Dilo otra vez- sonrió retándole con la mirada para sorpresa del hombre.

Un hechizo voló hacia ellos.

La mortífaga retrocedió casi como si hubiese sabido que la maldición estaba en camino. Un movimiento simplemente, elegante, parecido a un movimiento de baile y una sonrisa había aparecido en su rostro, una sonrisa que a Sirius siempre le había parecido repugnante y despreciable. Que despertaba su odio como nunca antes había sentido. Una de aquellas sonrisas que, bien sabía, tenía cuando se proponía algo.

La mujer llegó con paso firme, a pesar la tener la túnica ensangrentada y tener una leve cojera en una de las piernas. El cabello rubio desordenado sobre los hombros y los ojos centellantes color del mar fulminaron a la mortífaga que bufó sin quitarle la vista de encima, como si de una presa se tratase para ella.

- Hola, Marlene- saludó con sencillez- ¿Sabes que no es un buen momento? Sirius y yo…estábamos divirtiéndonos- comentó mirándolo a él ahora, mientras se pasaba lentamente la lengua por los labios.
- Lamento interrumpir, Bellatrix- saludó Marlene mirándola con la misma repugnancia de Sirius, pero con la voz amable, casi como si fuesen amigas que se saludaban después de tomar el té.- pero me temo…que no tengo otra opción.

- Rosier no se ocupó de ti, ¿eh?- preguntó la mortífaga después de unos segundos mirando alrededor. No había bajado la defensa, en absoluto pero mantenía la postura relajada.

Marlene sonrió y Sirius se sorprendió de la sangre fría que demostraba y también de lo parecidas que parecían ambas en aquella situación. Por vez primera se cuestionó si la conocía tan bien como creía.

- Se podría decir que yo me encargué de él- contestó ella mirándola directamente a los ojos- ¿No me digas que te preocupa?

- ¿Preocuparme?- rió la mujer mirandola intensamente y añadió después de unos segundos en la cual su gesto pareció ensombrecerse un poco- para nada.

- ¿Segura?- preguntó Marlene con una sonrisa tan deleitada que parecía tan complacida como la había tenido Bella- ¿Por eso tengo que utilizar Oclumencia contigo, entonces?

Repentinamente las figuras habían aparecido después de un tumulto en la puerta y un grupo de aurors, liderados por el hombre de cabellos castaños y profundos ojos azules con mirada dura habían aparecido apuntando sus varitas hacia ella. Las dos dirigieron una rápida mirada hacia ellos antes de volver a su posición inicial.

- Saluda a Rodolphus de mi parte, ¿Quieres?- se despidió Marlene encarándola con gesto cariñoso.

Bellatrix le fulminó con la mirada antes de sonreír de forma sarcástica.

- Claro- dirigió su vista hasta Sirius- Regulus estará contento de saludarlos también.

Sirius pareció perder un poco el color que tenía en el rostro.

- Nos veremos pronto- se despidió Marlene sin dejar de mirarla.

- No me lo perdería por nada- dijo la mortífaga- ¿sabías que es realmente divertido?

Una lluvia de maldiciones se disparó hacia donde la mortífaga había estado un segundo antes, fallando irremediablemente.

Corrió dando traspies sin que pudiese evitarlo. La vista se había tornado difusa, casi imposible. El humo se habia extendido en tal magnitud que había dado una seria idea la magnitud del fuego también. La mayoría de los muggles, niños, ancianos, mujeres y hombres corrían como desesperados hacia uno de los lados donde existían un marco de ventanas amplias en donde la mayoría había tratado de saltar. Muchos de los magos y brujas casi habían desaparecido de ahí y no veía ni rastro de ellos. Tenían que hacer algo. Ella tenía que hacer algo. Buscó con la mirada a cualquiera que estuviese por ahí. Y una sorprendente sonrisa nació en sus labios cuando reconoció a alguien y corrió hacia allí.

- ¡Por Merlín!- exclamó jadeante mientras se encontraba a la altura del joven que pareció sobresaltarse al verla. Hermione pensó que nunca se sentiría tan feliz de verle con una varita en la mano- Cormac esto es una locura y….

- Lo sé- replicó McLaggen con rostro más alarmado mirando alrededor como si le hiciera cuenta de lo que resultara evidente- lo sé..- parecía nervioso.

- Debemos…debemos…- parecía pensar en qué decir- le diremos a Harry que…

- Me tengo que ir.- soltó el chico avanzando con paso dubitativo. Hermione parecía buscar a más personas con la mirada sin tomarle atención, hasta una décima de segundo después, cuando las palabras hicieron eco en su mente.

- ¿Qué?- preguntó de pronto mirándole cuando parecía ver a su alrededor- que dijiste?
No creía en sus palabras.

- Lo siento. No vine para esto.

Le tomó por las manos durante un momento. Y le miró a los ojos un eterno segundo en la que ella parecía estar asimilando cada una de las palabras . Un segundo después había desaparecido.

- Pero…-la sorpresa y la furia se fusionaban en su voz- ¿….qué?

No podía asimilar el parecido de la situación. Increíble. Una ráfaga de recuerdos que había pretendido borrar se deslizó un segundo por su mente cuando sintió de nuevo la nieve bajo sus pies, las cortaduras en las manos y en los brazos y todo lo demás deslizándose de nuevo. El sentimiento de aprensión en el pecho, aquel sentimiento de soledad que la rodeaba y luego…la nada.
Pero ahora era el calor el que aumentaba.

El chico había desaparecido. Definitivamente todos los hombres eran iguales ¿o quizá solamente los que estaban con ella?

Una ráfaga de viento oscuro y helado se sintió pasar alrededor de ella, le había quitado todos los pensamientos de la mente durante un segundo. Solamente la varita y el reflejo, pero todo, incluso la voz después, había llegado demasiado tarde.

- ¡Hermione!- la voz de Harry de fondo que no pudo distinguir con claridad- ¡Hermione, cuidado!

El frio le congeló el cuerpo.

La parálisis momentánea solamente había durado unos segundos antes de sentir el dolor atroz de nuevo, en el mismo lugar en el cual recordaba haberlo sentido. Luego un corte allá, más allá…el brazo, la pierna…el rostro y luego….el dolor simplemente llegando.

- ¡No!

Otra voz , que no pudo reconocer entre las tinieblas que la rodeaban. No podía seguir con eso…la conciencia perdiéndosele tan rápidamente que las figuras alrededor se habían hecho borrosas…

Y luego la nada.

- ¡Hermione!

Los ojos se abrieron con letargo luego de repetidos llamados. Todos en el mismo todo, todos desde la misma voz. No podía comprenderlo al principio. Si estaba en un hospital…¿Por qué permitían que los demás gritaran?

Y luego más gritos.

- ¡Hermione, despierta!- dijo la voz desesperada, con aquel dejo de histerismo que siempre había conocido, como en la voz de su madre cuando le contaba lo que pasaba en los días oscuros en el colegio. Siempre tratando de tranquilizarla. Pero la voz ahora era más suave, algo familiar, pero no completamente.

- ¡Hermione!

Comprendió por los gemidos, la ambulancia y aquel ambientador conocido que no había ido a ningún lado. Abrió los ojos encontrándose en el pasillo…aquel pasillo alfombrado y poco iluminado con luz clara de fondo…blanca. Los ojos le ardieron cuando trato de abrilos de un solo tramo, pero se acostumbró mirando la figura de rodillas a su lado. La sangre manchaba su túnica y tenía el rostro pálido. Los cabellos castaños cayendo en suaves rizos alrededor del rostro la hicieron reconocerla.

- Ya todo esta bien- la tranquilizó Emmeline Vance mirando hacia ella esperando quizá encontrar alguna herida. También observó alarmada sus brazos y luego su ropa. El díctamo en un lado le dio la respuesta porqué éstos estaban cortados y no su piel.- Idea de Marlene…buena, debo decir- sonrió la joven y dirigio una mirada aprehensiva alzando la varita cuando escuchó los gemidos venir del otro lado. Una mujer de cabello negro y mejillas rosadas había entrado, también con la varita levantada. La mirada dura le duró durante unos segundos examinando a la chica mientras Vance bajaba la mirada y también la varita suspirando.

- Vaya, me has asustado Hestia.

La joven se sonrió repentinamente bajando también la varita.

- No tienes remedio- suspiró- ¿No nos dijo Dumbledore lo que habíamos de hacer cuando tuviéramos un ataque…?

- ¿Qué..? ¡Ah, oh, si!- respondió la chica tratando de remediar el error..- la comprobación de las…

- No es necesario, sé que bajas la varita cada vez que nos reconoces- intervino Hestia- Hola Hermione…- parecía dudar de si se encontraba en condiciones de entenderla por lo cual la chica se levantó con brusquedad sintiendo un repentino dolor en la pierna. Tan fuerte que le hizo lanzar un ligero grito.

- Oh, no….- se lamentó Emmeline Vance- Por Merlín…que estas haciendo…?

- Yo pensé…

- ¿No la habías curado?- preguntó Hestia mirando reprobadoramente a Emmeline que trataba de ayudarle a sentarse.

- Lo hice…pero ….- pareció dudar hablando más bajo y dirigiendo una mirada a Hermione que no le pareció nada bueno- no pude con eso…

Antes de que tuviera tiempo de ver hacia donde señalaba en la puerta apareció una figura jadeante. Hechizos aturdidores volaron hacia él, de las tres varitas y por poco lo habían alcanzado cuando gritó.

- ¡Ey, ya, bueno, basta, BASTA YA QUE SOY YO!

- ¡Sturgis!- saltó Emmeline deteniéndose inmediatamente y luego lanzándose en brazos del joven que la recibió bastante cohibido.

- Eh…! Oh…bueno….bueno, gracias,…Emmeline

La mujer pareció recobrar la cordura después de sentir las miradas sorprendidas de Hestia y Hermione que los miraban sorprendidas. Sus mejillas se pintaron de Rosa que afortunadamente se cubrió debido a las cenizas de su rostro.

- ¿Y...?preguntó Hestia salvando el momento embarazoso – ¿decías que habían atrapado a alguien?

- Oh…¿qué…?- preguntó el hombre casi despertando de lo que tenía- ah…yo? ¡Ah, si! ¡Lo atrapamos!- sonrió triunfal Sturgis mirándolas. Todavía un hilillo de sangre se le perdía por los cabellos rubios y desordenados de lado.- Había sido todo un lio después de que Marlene y Sirius corrieran por ahí….y claro…la maldición paralizante de Travers pero…

- ¡De una vez Sturgis! – apresuró Hestia.- ¿Atraparon a algún mortífago?.- preguntó temiendo la respuesta.

- Al mejor- pareció satisfecho Sturgis irguiéndose- y tendría que ser por mi hechizo aturdidor…claro.

- ¡De una vez!- exigió Emmeline zarandeándolo como desesperada- ¡Su nombre! ¿A quien atraparon?

Sturgis suspiró y Hermione lo supo mucho antes de que lo dijera.

- Antonin Dolohov.