Disclaimer: Había una vez una escritora británica y millonaria por haber realizado un hechizo que miles de millones de magos y brujas, a pesar de poseer extrañas y fascinantes habilidades no podían imitar. Aquel hechizo, sin embargo, contaba con el más poderoso de los poderes juntos: La habilidad
El nombre de aquella escritora era J.K. Rowling.
Y el hechizo de Harry Potter le perteneció a ella desde el principio hasta el fin de los tiempos…
Y más….
Ja,ja,ja….buen disclaimer, no os parece? Quería hacerlo, en estos tiempos en los que ando nostálgica…
Y tengo la gran misión de pedir perdón a todos y todas las lectoras y lectores por la larga espera. Tengo una buena excusa, los deberes muggles que me tienen en la facultad de Psicología...Alguien lo sabía?
Bueno, después de todo este lio…espero actualizar mucho más seguido. Este cap. será corto, advertencias, y también es posible (casi seguro) que lo reedite esta semana también, pero tenía algo escrito ya y no quería quedarme sin dejarlos nada más. Un beso?
Rose
Objetivos
Todo había sido una eterna reunión de planificación después.
Un caos que había vuelto a la normalidad después de todo. El Ministerio no había querido causar más problemas, siempre guardando las apariencias había optado por escoger el camino más fácil.
Negar todo y volver a la normalidad.
Lo que menos sabían los miembros de la comunidad mágica eran que estaban en el mayor peligro que pudieran haber imaginado, pero después de un día…todo había vuelto a la más completa e insultante normalidad.
Al menos en una parte.
Las reuniones de la Orden se habían intensificado, siendo al final tan evidentes que había sido casi imposible llevar una vida normal más allá de aquello. Casi todos estaban seguros de que sus membresías en la famosa Orden del Fénix habían sido descubiertas, pero al final había sido lo de menos.
El peligro estaba ahí.
Aunque los modos de reacción a todo aquello habían sido tan diversos como inesperados.
Sturgis había captado lo que en realidad era "el motivo de su existencia" o lo que él decía que era su "motivo de vida". El ser un héroe.
Marlene parecía distante…tanto que había resultado preocupante. La sonrisa de su rostro siempre había estado presente…ahora estaba ausente por completo. Sirius parecía de igual manera y todos sabían que ese "algo" era entre los dos, aunque pareciera llevar un solo punto de origen. Aquella noche de ataque mortífago.
Hermione alzó la vista cuando el grupo entró de nuevo, por décima vez, y como siempre, ahora, discutiendo...
No es tan fácil- dijo desanimado Fenwick torciendo el rostro de disconformidad. Parecía estar lo bastante disconforme para poder contraatacar contra cualquier argumento que dijera que tener a un mortífago solamente en sus manos estaba bien. – la verdad es que aparte del papeleo…un
Es verdad- asintió Sirius y todos los demás se dieron vuelta hacia él sorprendidos. Un hecho único en la historia de todo lo que recordaban, pues normalmente Sirius solía estar en contra de todo lo que Fenwick dijera. Así había sido desde Hogwarts y así era siempre. Los únicos que parecían no tomar aquello en serio eran el propio Sirius que tenía la vista en Marlene, y ella misma que tenía la vista pegada en los documentos que le había pasado Fenwick quien la miraba de forma extraña, pensativa. Aunque sus ojos no se movieran de la décima línea. Sirius miró de lado desanimado.- No queremos más problemas con mortífagos.- dijo.
Y nadie desistió, al menos después de unos segundos.
- No hay problema- sonrió Sturgis mirando hacia los lados y caminando con paso confiado. Ojoloco se detuvo para mirarlo como a un insecto pero Sturgis le sonrió amistosamente y se volvió para gruñir alejándose de él. Continuó con el paso confiado detrás de él mientras Hestia Jones y Lily sonreían- lo controlaremos. Hermione los miró avanzar y sonrió levemente desde el sofá.
No creo que tengan mucho problema, en verdad- dijo Fred- sonriendo a su vez y su gemelo sonrió con él mientras entraban en el salón.
De qué hablan ahora?- preguntó Hermione- mirándolos sobre el hombro- ya lo dijeron ellos, es sólo un mortífago- pensó racionalmente- hay docenas de mortífagos.
No es sólo un mortífago, Hermione- respondió George acercándose repentinamente. De un salto Hermione tuvo a los dos gemelos, cada uno a su lado en el estrecho (o eso le pareció) sofá. Se sintió repentinamente más incómoda y el color subió a sus mejillas rápidamente. Fred intercambió una mirada con George y sonrió sin decir nada antes de acomodarse un poco más alejado de ella. Extendió sobre su libro otro, uno más grande, de tapa negra de cuero y con los bordes algo estropeados, pero que parecía tratar de haber sido arreglado con anterioridad. Hermione dejó el libro que había estado leyendo sobre sus rodillas como hipnotizada. Nunca había podido evitar sentir aquello en presencia de un libro nuevo. Se convertía en una necesidad. La necesidad de leer y conocer más.
Así que creo que no necesitamos más argumentos para convencerla…- sonrió George y ambos gemelos se levantaron para retirarse. Hermione ni siquiera parecía escucharlos cuando la voz de Fred dijo
Y acuérdate devolverle su libro a Ojoloco, Hermione- mejor si no lo sabe, ya que no nos lo prestó legalmente.
Contuvo un aliento antes de abrirlo. Parecía algo valioso, pero cuando lo abrió, descubrió algo decepcionada que no parecía ser un libro, sino una especie de libro de recortes.
Una a una las fotos fueron apareciendo, ¿Qué es lo que era?
La sangre parecía verdadera con los flashes y…
Los ojos se abrieron de par en par.
Era…desagradable.
Después de unos segundos comenzó a sentir el mundo alrededor dándole vueltas y una sensación, algo que no pudo explicar, se ceñía detrás de ella. Las náuseas.
En un segundo el libro había sido arrebatado de sus manos y se encontró con los ojos de Tonks abiertos de par en par mirándola.
No supo nada más que decir.
La cena pareció todo lo diferente que parecía ser en la casa de los Black. Aburrida, sin sentido. Hasta un poco pesada.
Paseó la vista alrededor de todos los rostros que parecían pensativos. Sabía que habían estado sobre la que llamaban "la pista", pero no sabía nada más. Ni siquiera una conjetura, pero al parecer, nada de lo que sabían eran buenas noticias, para ellos, al menos. Lo decían los rostros de Emmeline Vance y también el de Hestia. El de Sturgis no decía nada más que autosuficiencia y la confianza que nunca le había visto. El de Harry también parecía más tranquilo, calmado, pero sabía que era aquel rostro que tendía presentar cuando quería mantener el control de todo. El control de sí mismo y de lo que le ocurría.
Un sonido desviando sus pensamientos y miró con desagrado cómo la figura se acercaba a ella.
No quiero nada, gracias- respondió haciendo un gesto hacia un lado mirando la carne francesa medio sangrienta en su plato. Le recordaba cosas que no quería recordar en momentos como aquellos.
Tonterías- respondió la señora Weasley depositando un poco más en su plato. Sabía por Fred, George y Ginny que había aprendido a preparar aquella clase de platillo por Fleur y para que Bill llegara más seguido a cenar a casa de sus padres. Todo por costumbre. Y lo había logrado. Recibió una mala mirada de parte de ella cuando hizo un gesto de molestia al levantar el tenedor y tratar (con todas sus fuerzas) de probar un bocado por educación.
Gracias Molly- agradeció Marlene a su lado cuando pasó por el plato de ella. Parecía de peor humor cuando alzó el tenedor ausente y comenzó a cortar la carne en un gesto de costumbre.
Sirius parecía preocupado.
No se dio cuenta de lo que ocurría hasta que el sonido del rechinar de la silla, de la pata de palo y también del caer de los cubiertos con brusquedad la despertaron.
- Ahora si- dijo Ojoloco levantándose repentinamente de la mesa. Todas las miradas se posaron en él y en sus movimientos. Todos se habían quedado levemente sorprendidos y expectantes por sus palabras. Ojoloco gruñó de nuevo- Vamos Granger- levantó la voz.
Hermione levantó la vista sorprendida dejando caer el cubierto que se le resbaló por entre los dedos hasta caer al en el plato haciendo un ruido más fuerte del que hubiese sido rodeado de los sonidos naturales del comedor, pero todo se encontraba en el más sepulcral silencio.
- ¿A dónde?- preguntó Hermione sintiéndose torpe de pronto. Lo había sospechado, pero no quería creerlo todavía. No cuando no tuviera la certeza de todo, y por eso las palabras del auror resonaron amargas cuando lo dijo- A ver a la escoria de la mazmorra, claro.
- Ojoloco-. Dijo la voz de Hestia alarmada. Había dejado de comer y la mirada ansiosa se posó en ella. Hermione se sintió levemente -No crees que es un poco ¿Precipitado?
Parecía haber pronunciado las palabras con más énfasis del necesario y Hermione volteó el rostro hacia ella un poco más. No pudo evitar sentir aquella cierta molestia cuando el énfasis en las palabras parecía decir claramente que no la creían capaz de realizar algo. Lo mismo sentía en el colegio y no iba a sentir otra cosa diferente ahora.
No le importó nada más que darse la vuelta hacía el auror que avanzaba murmurando y dando la espalda le siguió como pudo. Ningún sonido salió de su boca más que una última frase.
Vamos.
Había parecido distante, desde aquella noche, Sirius se lo repetía una y otra vez mientras la miraba, desde que la había mirado aquella noche y lo peor era aquello.
No decía absolutamente nada.
Se sentía tonto. El gran Merodeador de Hogwarts, el que siempre había podido con cualquier chica o mujer (viendo lo que iba a proponerse, nunca había rechazado aquel elogio de poder retrasar cualquier examen de McGonagall con una sonrisa),...en fin. El gran Sirius Black sin poder sacar una sola palabra a una sola chica.
La persiguió después de la cena. Sabía que se iría directamente hacia su dormitorio, ahora lo hacía diariamente.
Ella volteó su cabeza cuando lo notó cerca, aunque ni siquiera lo miró. Sirius pensó que estaba completamente cansado al seguirla. Sospechaba todo lo que pasaba, pero no podía concebir siquiera la idea de que ella lo hubiese considerado.
Entraron a la primera habitación que estuvo abierta. La biblioteca. Ella sabía que no quería leer y él también. Todos lo sabían.
- Habla- le dijo al fin después de lo que parecieron eternos segundos en los que ella se limitó a escoger uno de los libros de la estantería y caminar ignorándolo...
Sirius no pudo soportarlo más y se acercó.
No voy a decirte nada, Sirius- respondió Marlene tranquilamente hundiéndose en el sillón con el libro frente al rostro. Sirius parecía desesperado. La conocía demasiado bien para saber que no leía nada en aquellos momentos.
¡Ese es mi punto!- reclamó acercándose a ella y quitándole el libro bruscamente de las manos. Descompuso su rostro al ver las lágrimas en sus ojos. No la conocía tan bien.- No quiero que estés así.- susurró acercándosele. Dime algo.
Su mirada era vidriosa y le hizo recordarla en la primera vez que la había visto, aquella vez en Hogwarts cuando había sido un conquistador sin fijarse en nadie en particular…los famosos Merodeadores. Sabía de qué hablaba ella cuando se lo preguntó con sus ojos. Aquella lucha, aquella pelea….todo había estado ahí y no tuvo más que responder a aquella pregunta tácita en el aire.
No tengo nada que ver más con los Black
Marlene entendía perfectamente. No quería arruinarlo todo….y sabía que lo haría si se empeñaba en aquello, pero Bellatrix…siempre había tenido dudas acerca de aquello. La lógica decía una cosa, pero la verdad decía otra…y le hacía dudar, porque la lógica nunca estaba lejos de la realidad.
Qué hiciste, Sirius?- preguntó Marlene y era la primera vez que Sirius escuchó la petición en el tono de su voz. El ruego, la súplica. Siempre había pensado que esa parte, aquella, había quedado lejos de lo que él era desde que había escapado de aquella maldita casa a los dieciséis años. Pero no era así. Las artes oscuras, desde su nacimiento, los ideales, reglas, creencias, costumbres…todo había estado en él desde su nacimiento y no podía negar que tendría siempre aquello en su sangre.- Sirius.
Los nudillos de sus manos se pusieron blancos cuando contestó dándole la espalda.
.- Ser un Black.
Caminó despacio recuperando el aliento cuando llegaron, a pesar de que el auror que tenía al lado parecía no haber recorrido más que un metro o dos desde que salieran del comedor.
La mansión McKinnon era enorme. Tan grande, pensó Hermione- que no había diferencia alguna entre todas las mansiones de los Sangres Pura, de toda Inglaterra o de toda Europa. De todas partes.
Y como todas las mansiones sabía que también tenía que haber una mazmorra. Nunca había leído de una que no tuviera alguna, aunque, como había explicado alguna vez Sirius, la suya parecía inservible. No había servido más que para mandar una o dos advertencias a Kreacher alguna vez por su mal comportamiento, en broma, claro.
Se escucharon los pasos de ambos al mismo tiempo hasta que se detuvo.
- Avanzas, Granger?- preguntó Ojoloco sin darse la vuelta. Un gruñido leve se escuchó- No te preocupes, ya lo tenemos bien protegido.
¿Protegido? Se le pasó por la mente en un momento incrédula. Subió la vista cuando se dio cuenta de que el auror la miraba.
Sabes a lo que me refiero. Ahora entra.
Si- respondió rápidamente avanzando.
Estaba frío. Una corriente de aire le heló la piel cuando dio un paso más y fue como si no llevara nada más que una ligera blusa encima, a pesar de que el abrigo grueso se ceñía sobre su cuerpo.
Se llevó las manos protegiéndose y cruzándoselas sobre el pecho.
Bien, ahora las precauciones- razonó Ojoloco recitándolas repentinamente como la conocía de memoria- Nada de metal, madera, lino. Nada de telas largas- se fijó con rapidez en el chal que tenía en el cuello y que Hermione se quitó- nada de objetos pequeños o grandes, nada de…
Nada?- preguntó sin poder contenerse y Ojoloco le miró repentinamente haciendo que se ruborizada de vergüenza por la intensidad. Inesperadamente sonrió.
Servirías para Auror, Granger- gruñó mientras las cicatrices de su rostro resaltaban- ahora…
¡OJOLOCOOOO!- llamó una voz que le sacó de las casillas. El auror se dio la vuelta violentamente mirando en la puerta de la entrada al pelo rubio y desordenado de Sturgis Podmore sin aliento.
¡Diablos, Podmore!- rugió Ojoloco volviéndose- Eres un…..!
Salió sintiéndose furioso, o eso había creído. Era difícil definir cuándo Ojoloco Moody se sentía feliz, enojado, amenazante…pensándolo bien no le conocía más expresiones que las que parecían molestas. Se encogió de hombros avanzando.
Dio vueltas cautelosa alrededor escuchando los pasos de Ojoloco alejase con el compás de un gruñido y una murmuración de reclamo hacia los que lo llamaban. No le llamó la atención porque no tenía algo más que le llamara la atención que la enorme celda que se extendía frente a ella. Le había hecho olvidar todo lo demás.
Y ten cuidado, Granger- se escuchó la voz de Ojoloco gruñendo de nuevo, más alto. Un sobresalto que no había esperado y que le hizo dar un paso dubitativo bajando las escaleras. No contestó.
No veía nada. Nada más que la sombra de la mazmorra y todo fundiéndose en un negro oscuro dentro de la celda que parecía vacía, pero que no dudo ni un segundo de que fuera así. La magia alrededor era poderosa y notó con calma mientras examinaba todo lo que veía que todos habían colocado algo sobre ella. Vio, entre el resplandor que parecía de un tenue blanco alrededor de cada barrote, una gama de colores fundidos unos con otros. El verde característico de los hechizos de Sturgis Podmore, algo más intensificado, hasta alcanzar el color plata. El Amarillo, de Ben Fenwick, dando saltos a lo dorado con unas chispas imperceptibles. El rojo, de James Potter, con el color escarlata claramente idéntico de Gryffindor. El Rosa, de Emmeline Vance, con aquel tono brillante, el Plata de Sirius Black, en todo su esplendor, el Celeste cielo de Remus Lupin, el Fucsia de Marlene McKinnon…el Blanco y más brillante de Dumbledore…
Tremendamente poderoso.
Supo que no podría romperlo ni aunque lo deseara y leyera todos los libros de magia que vería en las librerías del Callejón Diagon, ni en el callejón Knockturn, incluso.
Nunca lo lograría.
Y entonces algo la sobresalto. Algo que no había esperado, algo tan lejano pero tan cercano que le trajo de nuevo los recuerdos de cosas que no quería recordar, de sentimientos y emociones que no quería que la dominaran.
No de nuevo.
Unos ojos negros mirándola en la oscuridad...
Al final todos habían decidido seguir sus instintos.
Una pista, vaga, difusa. Nadie, en otro tiempo, había creído que valía la pena ir, pero al final, después de tanta búsqueda, deberían intentarlo.
Se preparaban para salir, no había mucho más que hacer.
Hermione se quedaba. No entendía como una pierna malherida podría causar tantas molestias, pero al final, Dumbledore había dicho que curaría en pocos días, si no pasaba nada, claro.
Un sonido detrás de ella.
Ron- murmuró mientras miraba cómo el pelirrojo miraba desganado la discusión que tenían los demás mientras se colocaban los abrigos para salir. Harry la miró entre preocupado y cauteloso.
¿Te quedas?- preguntó mirando la ansiedad de su rostro. Hermione dudó un segundo mirando el grupo y alternativamente hacia donde la sombra de Ron había desaparecido. Asintió.
Tengo que hablar con él.
Harry suspiró llamando la atención de la castaña quien le miró extrañada sintiendo el pesar de su expresión. No lo entendía. En otro momento había intentado que hablaran, y en un momento como aquel (que parecía más apropiado) se mostraba… ¿En desacuerdo?
¿Qué pasa?- preguntó- pensé que querías que hablara con él. Ahora...
Ahora es diferente- interrumpió- ¿Sabes cómo se siente, Hermione?
Supongo que molesto- pareció titubear- bueno, bastante molesto diría…por lo que dijo McLaggen...pero realmente una tontería de Quidditch- endureció la voz como enfrentándosele- no creo que sea para tanto.
Conoces mucho acerca de las mujeres, Hermione, pero me temo que no sobre los hombres- razonó Harry mirándola y mirando hacia la puerta donde los demás desaparecían. Pareció calcular el tiempo en que le tomaría decirlo- El quidditch es más que eso. De acuerdo?
Es más que un deporte, claro- razonó cruzándose de brazos molesta. Nunca lo había entendido y nunca lo entendería- claro, ya me lo habían dicho antes, ¿No lo recuerdas? Creo con que me lo hayan dicho una docena de veces es suficiente.
Se trata de hombría, Hermione- respondió Harry tratando de controlarse. Nunca había comprendido como Ginny lo había entendido tan bien y hasta Luna pero nunca Hermione. Suponía que habría tenido que jugar alguna vez para saberlo.- Se trata de valor, orgullo y,..
Hombría, claro- se burló Hermione despectiva- debería haberlo supuesto. Cosas de Hombres, deporte, Quidditch y hombría, todo tan claro como el agua. Pero bueno, no tienes que explicarlo y retrasarte por mí- dirigió una mirada a la puerta perniabierta que habían dejado- no gracias, Harry, tengo suficiente conmigo misma. Es mejor que los alcances antes de que se vayan.
Harry meneó la cabeza pareciendo reticente a irse, pero sabía que Hermione, como tantas veces, tenía razón. No dijo nada más, a pesar de que lo había querido decir, pero dirigió una última mirada hacia la Hermione que en ocasiones solía intimidarlo, con ese tono frío y despectivo, la postura altiva y aquella mirada esquiva y fría. Dudó pero salió y desapareció con rapidez dando una vuelta sobre si mismo pensando en que en ocasiones parecía desconocerla por completo.
La habitación estaba en semipenumbras. Las figuras apenas distinguibles entre las sombras que parecían rodearlo todo lúgubremente.
Entro cautelosa dudando en que si lo encontraría todavía ahí o si se había ido. El silencio lo era todo y se tropezó sin querer con una pila de periódicos, los mismos que los miembros de la Orden habían estado revisando anteriormente- colocados en el paso. Maldijo por el dolor por un momento hasta que sintió una presencia moverse entre las sombras de la amplia y bien decorada habitación en la oscuridad.
Ron?- preguntó entrando con suavidad y tratando de acostumbrar la vista en la oscuridad para ver mejor todo- ¿Estás aquí?
Un gruñido en la oscuridad le dijo que si y le hizo sonreír por un momento recordando viejos tiempos en Grimmauld Place. Una vez pudo distinguir un movimiento lejano colocado en el borde de la cama caminó esquivando un par de sombras que tenían forma de un sillón antiguo y un buró acolchado.
Podemos hablar?
No tenemos nada de qué hablar, Granger- contestó con voz dura que le asustó por un momento. Nunca la había llamado así, pero el titubeo siguiente le hizo reconocer la voz del pelirrojo que conocía y la tranquilizó...- no quiero hablar con nadie.
Ron- se sentó a su lado-
De qué quieres que hablemos?- preguntó- de lo mucho que te gustó acostarte con McLaggen mientras se ríen de un pobre tonto como yo? Los dos del viejo Club de Engreídos de Slughorn! Ya me lo imagino! ¡¿Por qué no te vas a entregar a sus brazos directamente ahora como lo haces con Krum en el Ministerio de Magia?
Hizo un ademán de salirse con un portazo pero la ofensa era demasiada para ser soportada. La castaña tenía el aliento contenido en la garganta cuando sintió la que la rabia la invadía por completo. ¿Cómo podía pensar que ella? No iba a quedar así. Caminó un par de pasos detrás de èl, corriendo y odiándolo más que nunca, recordando sus cobardías, recordando sus ofensas y sus tonterías. Todo lo que había tenido que soportar durante años y todo lo que se había contenido por decir.
¿Y tú por qué no te vas corriendo donde mami para variar, ah?- preguntó sin pensarlo, haciendo caso omiso (por una de las únicas veces en su vida, hasta ese momento) y haciéndole caso a las ganas que sentía de decirlo hace mucho tiempo.
No pudo pensar en más.
La mejilla ardió tanto que las lágrimas surcaron rápidamente sus ojos castaños, tirada con la fuerza del golpe hacia el suelo. El mundo se le vino encima apenas y pudo sentir que la hinchazón se hacía evidente en su rostro y sentía así también la humillación final que soportaría.
La ira inundaba los ojos del pelirrojo parado frente a ella, jadeante, con el rostro rojo y aún con la mano levantada, la misma con la que la había golpeado con tal fuerza que sintió que el labio le comenzó a sangrar profusamente. Un corte demasiado grande para no hacerlo, cayendo por su barbilla y cayendo a la vez hacia la ropa, dejando la mancha de la humillación impregnada en ella. Y no pudo soportarlo más.
Corrió con toda la fuerza que pudo, empujándolo al pasar sin importarle si la golpeaba de nuevo, si se enfurecía, si la agredía. Sin importarle nada.
Porque ya no había nada.
Y porque todo había terminado.
Creo que es todo lo que podemos hacer.
La voz, con aquel sentimiento de sombría resignación pareció extenderse como un rápido veneno en el ánimo de todos que bajaron los rostros hacia el suelo y hacia los lados. Todos tratando de escapar a la verdad. No podían entender cómo algo de lo que tuvieran poca o ninguna información podía afectarles tanto, pero precisamente ese era el punto de toda preocupación.
Harry bajó la vista hacia otro lado apartándose ligeramente del grupo cuando comenzaron a acomodarse las capas para regresar a discutir todo lo que habían averiguado en aquella mañana. Le habían parecido más horas de las que habían sido.
- Harry- le alcanzó Ginny llegando a su lado. Admiró lo hermosa que se encontraba en aquel momento. Les había costado algo de trabajo recorrer una y otra dirección durante casi todo el día para tenerlos exhaustos, sin embargo contempló admirado su belleza, lo hermosos que parecían sus cabellos destrozados y rojizos alrededor de sus hombros delgados cubiertos por la capa de color azul marino, el ligero sudor de su frente con las manchas de los polvos flu en su rostro pálido por el cansancio que no trataba de demostrar...
Sintió que la amaba más que nunca al mirarla.
Ginny le sostuvo la mirada mientras trataba de adivinar lo que pensaba, pensó Harry, siempre lo lograba, había tenido esa habilidad desde que la conocía, que parecía haberse incrementado día con día. Se preguntaba cómo sería cuando se casasen.
Ginny frunció el ceño.
Ron- dijo la palabra con aquel acento al adivinarlo y Harry esbozó una sonrisa más parecida a una mueca por lo contrario de los sentimientos. La molestia que le causaba pensar el comportamiento de su amigo y la facilidad con que parecía adivinar todo su prometida.- ¿y Hermione?- dijo repentinamente llamando su atención. No intentó averiguar cómo lo sabía, sino simplemente el hecho de que sus sospechas de que algo parecía andar mal eran demasiado acertadas aquella vez. Siempre había sido Ron, y hasta ahí parecía haber llegado la habilidad de Ginny para adivinar los problemas que se avecinaban en los que los rodeaban, pero ¿Hermione? Su expresión asustada parecía suficiente para que los demás también voltearan a verlos y Harry supo, en aquel momento que algo andaba mal.
Terriblemente mal.
Recordaba la primera vez que lo había visto.
Se veía ridículo.
Trataba de averiguar más de aquel mundo diferente, tan desconocido en el que había entrado, pero no trataba de demostrar nada. Su padre siempre había dicho que era su "chica valiente".
Aunque en su corazón, Hermione nunca lo había sentido totalmente así, trataba de complacerlo. No sentía que era valiente en aquellos momentos de tensión, los que conocía bien, en los que nadie se atreviera a levantar la mano para responder una pregunta difícil. Una de aquellas preguntas difíciles que se encontraban en la línea duodécima de la última parte de la lección o quizá en las anotaciones y apuntes rápidos que el maestro había dado al final de la clase. Justamente después de sonar la campanilla de salida, justo en aquel momento en que la atención de los estudiantes solía romperse para dar pasó a lo que llamaban "su propia vida". Justamente en aquel momento.
Y no sentía que era nada valiente.
No sentía que era nada valiente el haber ganado el primer lugar en los concursos de ortografía en su escuela durante tres años consecutivos, desde que había aprendido a escribir y leer. No sentía que era valiente el haber vencido a todos aquellos chicos a punto de entrar a la secundaria, que les había ganado una pequeña de ocho años de edad que apenas parecía llegarles a la mitad del pecho. No sentía eso ni en aquel concurso de ortografía en la escuela, ni en el distrito, ni en la región.
No sentía nada de aquello.
Pero no intentaba demostrarlo. Demostrar confianza, demostrar convicción en lo que hacía, a pesar de nunca sentirse completamente segura de lo que hacía., pero había aprendido. Había aprendido que el odio iba mucho más allá de un vecino que sacaba a su gato afuera para que se tomara la leche de los vecinos, del odio demostrado en periódicos amarillistas que calificaban de "asesino psicópata" al protagonista de cualquier rumor. El odio iba mucho más lejos de aquello.
Iba hacia ella.
El lodo en su rostro, era lo único que podía recordar. El lodo en su suéter de color rosa, que tía Mary le había regalado en el concurso pasado, por haber obtenido el primer lugar nuevamente. El dolor de la humillación y las risitas ahogadas del chico rufián que se burlaba de ella segundos antes, todas acompañadas de las risitas de las que decían ser sus amigas. Todo la rabia convirtiéndose de un momento a otro en lágrimas contenidas y luego nada más que un sentimiento que no debía haber conocido hasta mucho después.
La soledad.
Y lo había visto todo desde entonces. Aquella sonrisa fingida que dirigía a sus padres cuando le preguntaban cómo le iba con sus amigas y amigos del colegio y el tono dulce cuando contestaba que todo iba "muy bien" mientras subía apresurada las escaleras hacia su habitación para quitar de su mochila el suéter manchado con lodo, todo aquello se había hecho costumbre durante aquellos años.
Y no quería que volviera a suceder.
La lechuza, aquella mañana, había sido todo un acontecimiento. No para sus padres, ni para ella, por, supuesto. Conocía las lechuzas, sus clases, sus formas, el lugar en que habitaban desde que tenía memoria. Su abuela le había regalado un libro, su primer hermoso libro de animales a la edad de tres años y desde entonces no había dejado que nada más le afectara para dejar de leerlos. No. Había sido un acontecimiento, mucho más.
Era su salvación.
Siempre había supuesto que era distinta, diferente, que no había pertenecido a todo aquello, a aquel mundo que servía simplemente de burlas y de condiciones de burlas para ella, para nada más que ella…y aquella mañana, aquella lechuza de color negro lo confirmaba al aterrizar majestuosamente sobre el marco de las escaleras, justamente frente a ella para depositar una carta amarillenta, de pergamino, directamente en sus manos, con lo que había parecido una majestuosa reverencia.
Había sonreído, por primera vez, después de mucho tiempo.
Sentía que no quería cometer los mismos errores.
Pero también sabía que no todo era ir así, como se había presentado. Había comprado todos los libros que le alcanzaba comprar con el resto de los ahorros que tenía, que habían sido muchos después de tantos regalos, premios y todo lo demás. No había visto por qué debía esperar, porque siempre le había gratificado saber, porque siempre la había protegido, de alguna manera, y porque siempre había representado una puerta que había sido utilizada para recibir un tipo de cariño, no de las personas de su edad, quizá, pero siempre había representado algo más.
Porque sabía que el conocimiento era poder.
La irritación se había cernido sobre ella al ver aquel indicio de su vida pasada aquel día, aquel que le daba otra forma de comenzar todo de nuevo, al entrar en el vagón de unos niños después de entrar en muchos solo para buscar a un sapo de un niño que necesitaba ayuda. La forma más rápida de conseguir amigos, los amigos que siempre había necesitado. La irritación y unas tremendas ganas de correr que había soportado estoicamente al ver la tierra en la nariz del niño pelirrojo. Una sugerencia autoritaria era lo único que había salido de sus labios y nada más hasta salir del vagón antes de ver de nuevo aquella expresión de molestia.
Ahora todo parecía diferente.
Debería maldecir aquel día porque todo había comenzado en aquel? Porque ella había comenzado o porque él había continuado? No podía pensar en nada más.
Nada más que en el dolor de la mejilla hinchada en su rostro…
En el futuro no olvidaría en aquel momento.
No le importaba el frío calándole los huesos, traspasando las ligeras telas de la ropa que la cubría, mojada por las lágrimas que comenzaban a sentirse heladas.
Hasta aquel momento.
Sabía que nos volveríamos a encontrar.
Todo había pasado demasiado rápido.
Tenía su brazo alrededor de ella, lo sentía, incluso podía examinar cada uno de los movimientos. El cómo parecía rodear los dedos, articulando cada una de las partes en las cuales debería hacer presión, ejerciéndola después de, apenas un segundo de reflexión, con la más cautelosa precisión. Acomodando la posición de la caza para que la presa no tuviera posibilidades de escapar.
Y así era.
En unos segundos apenas, se sintió indefensa, completamente subordinada a toda voluntad de un tercero, perdiendo la suya completamente, como una marioneta que es asida por el titiritero. La respiración también se volvió dificultosa, el aliento escapándosele por un segundo hasta que le fue prácticamente imposible el soltar aquel congojo, aquel sollozo todavía pendiente dentro de ella. Sintió la fuerza, ejercida por uno de los brazos, el que tenía alrededor de su cintura, presionar por un momento, un poco más fuerte que un simple agarre y un poco más débil que una muestra de violencia, más pareciendo una muestra ejemplar e implícita al poderío, a la posesión de un objeto que se muestra ante alguien más. Pertenencia. Y un segundo después, la sensación de escalofrío que sentía cuando la varita acariciaba el bolsillo de lado escapando de su alcance.
No sintió nada más que las ganas irrefrenables de dejarse caer, de dejar que todo sucediese, porque al final, en su mente, no podía concebir que hubiera algo más que la lastimase, ningún peligro, ninguna amenaza.
Las palabras habían fallecido detrás de ella. Sintió de pronto el aliento dejado con un acento a duda, a decepción. El brazo apretando más su cintura y ahora, la varita alzándose hacia su cuello. Un desaliento bañando el ambiente, como la decepción que se solía sentir en el ambiente cuando una obra de teatro esperada no solía ser buena, pensó en aquel momento Hermione. Como aquellas obras que solía ver de niña con sus padres. La decepción parecía "palparse" en el ambiente, comentaba su padre, pero ella solía preguntarse cuál, sin sentirlo, y deseándolo a la vez. Ahora sabía de lo que hablaba.
No dijo nada cuando sintió el comentario y las palabras esperar. Ya casi podía sentir las burlas, los comentarios sarcásticos, ya casi podía sentir la varita clavándosele con fuerza, ya casi sentir las sangre, húmeda y caliente recorrer después de un doloroso ataque, brutal, como se le aclaro en la mente evocando imágenes de páginas de diarios y expedientes con fotografías que no deberían verse. Brutal, como en aquellos momentos solo esperaba que ocurriera.
Y no ocurría.
Su aliento parecía cambiar de posición, de un lado de ella, cerca al oído como lo evocaba subiendo más arriba, subiendo la frecuencia y la intensidad. Pausado y tranquilo, casi hipnótico, hasta convertirse en un compás acelerado y agitado mientras la sensación de recorrido sobre su cuerpo y sobre su rostro aumentaba hasta posarse, como un clímax, en su mejilla, aquella que todavía sentía adormecida.
La varita subiendo más arriba le obligó a inclinar más el rostro hacia atrás. Los cabellos sobre su rostro cayéndole detrás, sobre los hombros y sobre la capa de mortífago que todavía sentía rozar su nuca. Exponiéndose en la mayor forma de pasividad que podía concebirse, exponiendo la línea de la vida latiendo en la yugular, indefensa, ofreciendo la vida como en un sacrificio, aquel mismo sacrificio ofrecido desde tiempos inmemoriales a entidades superiores. Presas ofreciéndose a Dioses, como un sacrificio para su favor. Lamentó que esta vez no sirviera de nada.
El dolor reemplazándose por la calma.
Y la sangre del corte profundo hiriendo la pierna.
Un sonido se escuchó entonces, y la ráfaga de un hechizo volando por su lado hasta chocar contra aquella fortaleza mágica. Una ráfaga y las voces de muchos más lanzando más ráfagas. En un segundo el auror y los demás ingresando ahí.
La voz de Harry fue la única que escuchó.
Hermione…- sonaba preocupado- ¿Estás bien?
No pudo articular palabra.
Porque por una vez en su vida no tenía respuestas a preguntas que conocía.
Y que les pareció? Por lo menos un ligero avance…perdonen las imperfecciones en la ortografía que se me dan al escribir rápido...Merezco Reviews? Besos
Rose
