Más tardado que el anterior, pero aquí está.

Tengo que advertir que este capítulo tiene spoiler del séptimo libro, de hecho toda la historia tiene spoilers; sé que debí decirlo antes, pero se me fue la onda. Perdonen.

Gracias a mi beta, siempre tan rápida :D

Tenía curiosidad. Y como no soy un gato, no es peligroso.

-Gregory House-

3. El sabor de tus besos.

Ted Remus Lupin, o Teddy para los amigos, era un joven muy noble, muy tierno y sincero. Se le había educado bien, su abuela y su padrino eran las principales figuras paternas que llegaban a su mente si se le preguntaba. Teddy era un buen muchacho y había sido un buen niño como lo fue todo buen muchacho: obediente (sin grados extremistas), tranquilo, un poco travieso también. Había salido a imagen y semejanza de su padre, pero con muchas cualidades de su madre. Ted era metamorfomago y podía cambiar su pelo y partes de su rostro a su antojo, también tenía los hermosos ojos verde almíbar de su madre y heredado a la vez sus desastrosos hechizos para la limpieza.

Ted se había acostumbrado a aquella extraña familia; frecuentemente se encontraba en casa de su padrino, le quería como a un padre y casi podía considerarlo como tal. Para él su abuela era su madre, pues le había criado a su lado y querido como tal. Por otro lado estaban los Weasley-Granger, podría decirse que eran como sus tíos; también había llegado a dormir en su casa. También estaban los señores Weasley, que desde temprana edad se habían autoproclamado sus abuelos. Por último tenía a Bill y Fleur, a ellos también los veía un poco como padres.

Antes de hacerse novio de Victoire había pasado mucho tiempo con esa revoltosa familia. Consideraba a Dominique y Louis como sus hermanos; Dominique era la niña que seguía a Victoire, ambas rubias como la madre y Louis era el pequeño pelirrojo de Bill.

Cuando Victoire cumplió dieciséis Ted se dio valor y le pidió que fueran novios, entonces Teddy tenía diecinueve, era mayor y no sólo mayor que ella, era mayor de edad; considerado un adulto para muchos, se suponía que sabía lo que hacía y en ese momento creyó que hacía bien… No había sido así. Durante los siguientes tres años se engañó ignorando todas las señales, engañó a Victoire haciéndole pensar cosas que no eran.

Ahora Bill creía que le pediría matrimonio y sin duda Victoire pensaba lo mismo. Ya no había salidas, debía enfrentar lo que le esperaba, lo que él sólo se había creado. ¿Quién diría que sería tan difícil terminar con Victoire?

—¿Cree que le propondré matrimonio?

—Sí –respondió Bill aliviado de que entendiera la idea tan rápido.

—No sé si estemos listos para ello –dijo Ted, poco a poco el cabello se le estaba volviendo verde, muestra inequívoca de su nerviosismo.

—¡Genial! –exclamó Bill aun más aliviado si era posible, Ted frunció el ceño extrañado ante esto y el mayor se apresuro a añadir—. Es que… bueno, a mi me parecía que eran muy jóvenes aún y me parece importante que Victoire termine la carrera antes de casarse y tú también, claro.

—Yo lo creo igual –sonrió Ted y se pasó una mano por la nuca.

No podía decirles nada aún. Arruinar una felicidad como la que Victoire tenía al estar a su lado le parecía ruin. No tenía corazón, ni el valor.

—Me alegra que pienses así – le felicitó Bill, más que nada porque ya había pasado el mal trago—. Eres un buen chico Ted, todo lo que quiere un padre para su hija.

El muchacho ya no pudo responder, no está habituado a mentir con frecuencia, así que se limitó a sonreír con un breve asentimiento de cabeza simulando gratitud por los elogios, aunque por dentro se preguntaba si diría lo mismo si supiera que dejaría a su hija por otro chico.

Tal como había predicho Harry, Kevin no se dio por vencido y durante el día anterior le había hecho varias visitas bastante comprometedoras. "Sólo son besos", se repetía Harry una y otra vez con el afán de tranquilizarse. "No muy castos besos, pero sólo eso al fin y al cabo". Y es que sólo eran eso, unos besos cualquiera, unos sexys, húmedos y candentes… ¡No lo eran! Eran asquerosos, peor que repulsivos. Se los daba un hombre y el colmo era que él lo permitía, pero se acabó, no habría más Potter condescendiente y tranquilo, Kevin tocó su límite.

Se cruzó de brazos y se recargó más plenamente en el respaldo de su silla; estaba decidido; sin embargo sabía que con Kevin eso no sería suficiente. Tendría que ser enérgico, dejarle bien claro que su jueguito había llegado al final.

—¿Señor Potter? –llamaron desde la puerta.

Harry se reincorporó un poco y miró cómo una carta pasaba por debajo de la puerta y volvía a elevarse hasta estar sobre el escritorio.

—Dígame, señorita Brooks –respondió Harry a la carta.

Ésta de inmediato se abrió y comenzó a hablar dándole el recado a Harry de que Kevin solicitaba verlo. Las cartas eran tipo Howlers, con la excepción de que no gritaban con voz potente para dar el mensaje y ambas personas (remitente, receptor) podían comunicarse.

—Hágalo pasar, por favor –dijo Harry tras una breve pausa.

Era hora de poner en práctica lo dicho, solo rogaba a los dioses que Kevin le permitiera hablar antes. ¿O no?

—Señor Potter –saludó Kevin con una sonrisilla de lado.

—Si esta visita no tiene nada relacionada con el trabajo, tendré que pedir que te echen, Kevin –replicó Harry firmemente.

—No se moleste –refunfuñó Kevin con fastidio, creía que después de las visitas del día anterior Harry estaría más cooperativo.

Harry le observó acercarse hasta llegar a sentarse frente al escritorio, sacó una carpeta y la tiró sobre el montón de papeles que se disponía a leer.

—Me ha acribillado con suficiente trabajo como para tener algo de tiempo libre y venir a… "acosarlo" –siguió Kevin con evidente enfado y marcando la palabra haciendo comillas con los dedos.

—Pues no te veo trabajando.

La felicidad volvió al rostro de Kevin en forma de sonrisa, se levantó y cuando Harry le vio rodear el escritorio se alarmó un poco.

—Verá, señor Potter, es que cuando me propongo algo hago hasta lo imposible, así que he adelantado varias de mis labores para poder venir a traerle algunos informes –explicó Kevin y para cuando terminó de hablar ya había llegado hasta Harry.

Lo acorraló rápidamente en la silla como poco tiempo antes sujetando sus manos contra los reposabrazos, su rostro muy cerca del de su jefe y un travieso brillo en sus ojos antes de cerrarse y atrapar los labios del mayor entre los suyos. Y Harry no pudo resistirse de nuevo, poco a poco fue aceptando aquel húmedo intruso en su boca; Kevin sin embargo ya estaba listo para el siguiente nivel profundizando el beso y soltando las manos de su jefe se sentó sobre sus piernas y enterró una mano en su cabello mientras la otra sostenía el cuello de Harry. Un gemido ahogado salió del mayor y Kevin sonrió dentro del beso.

—Señor Potter –susurró Kevin con deseo antes de pasarse a lamer su oído.

Las sensaciones que despertaba Kevin en Harry eran tan extrañas que no podía pensar en otra cosa que descubrir, descubrir cómo esa lengua juguetona lo encendía, descubrir cómo era jadear de vez en cuando deseando más, el peligro de que entrara alguien y los sorprendiera, la excitación de lo sucio de la infidelidad…

"Ginny"

—Kevin… no –murmuró Harry intentando separarlo, pero el chico era persistente— ¡Que no, he dicho! –gritó Harry logrando desprenderlo.

Kevin lo miró enfadado y sin entender muy bien el brusco cambio de opinión. Harry lo obligó a levantarse y él hizo lo mismo comenzando a andar por toda la oficina para despejarse.

—Esto se está volviendo muy molesto Kevin –dijo Harry sin mirarlo directamente—. No puedo estar cuidándome de ti todo el tiempo. ¡Estoy harto!

—¿Se cuida de mí todo el tiempo? –repitió Kevin olvidándose del enfado y comenzando a divertirse.

—Ese no es el punto. El punto es que si esto vuelve a ocurrir te quedas sin trabajo, ¿entiendes?

El enfado volvió a Kevin borrando todo rastro de diversión. Estaba claro que Harry aún estaba en su etapa de negación, antes se había dicho que no lo presionaría, pero ¡maldición! Le tenía tantas ganas.

—Entiendo –contestó Kevin serio—. ¿Pero qué hay de usted?

—¿Qué hay de mí?

—Usted me ha permitido hacer todo esto, hasta cierto límite, sí, pero lo ha hecho.

—Yo no te permito nada. De hecho los arranques que tienes son bastantes repulsivos –replicó Harry con ira contenida.

Kevin resopló con una sonrisita y sacudió la cabeza. El pobre aún intentaba engañarse y eso sólo lo animaba aun más, pues sabía, por experiencia propia, que el primero jamás se olvidaba. El primero siempre era el más especial.

—Debería reconsiderarlo –insinuó el chico con afán de acercarse pero Harry dio unos pasos hacia atrás.

—Sal de mi oficina.

—¡Oh, por favor! Un beso…

—¡Sal de mi oficina! –lo cortó Harry furioso y antes de que Kevin pudiera decir o hacer nada más, ya estaba al otro lado de la puerta.

¿Pero quién se creía que era para insinuar semejante cosa? ¡Él no se dejaba hacer nada! Kevin era el que le tomaba por sorpresa, todo el mundo sabe que es muy difícil reaccionar en tales circunstancias. Kevin estaba obsesionado con él, por eso creía que a él le gustaban los hombres, se creaba falsas esperanzas, quería vivir fantasías que él no estaba dispuesto a cumplir. ¡Era un demente!

Le había arruinado la mañana, ¡joder! ¡El maldito día entero! El día de su cumpleaños.

"El número cuarenta", canturreó una voz como si aquello fuera cosa de gracia.

Los últimos rayos de sol se difuminaban en el cielo creando un hermoso color lila en el horizonte. Draco estaba en el pórtico de su casa con la maleta de Scorpius en una mano; el chico al principio se negó a que su padre le llevara la maleta, más que nada por el tobillo débil de su padre, pero Draco era obstinado y jamás permitiría que su hijo le viera como un sujeto débil.

Estaba molesto y no le interesaba disimularlo. Astoria se había pasado esta vez; Scorpius no había terminado de desempacar cuando una lechuza llegó con una carta de su ex esposa diciéndole que lamentaba mucho tener que llevarse a su hijo pues su padre estaba enfermo y tenían que ir a verlo, además de que celebrarían una reunión familiar, por supuesto no olvidó recordarle que desgraciadamente ya no era requerido en ésta. El muchacho se puso a empacar todo otra vez de inmediato; Draco prefirió no decirle nada, sin embargo había un par de cosas que se moría por decirle a Astoria.

—Nos veremos la próxima semana, papá –dijo Scorpius al ver tan tenso a su padre.

Draco no contestó, en ese momento llegaba Astoria en su auto último modelo que Draco estaba pagando por orden del estúpido juez homofóbico, había llevado su caso en el divorcio. Hacía tiempo que Draco (como muchos otros inconformostas) se había hecho a la idea de trasladarse a ciertos lugares con vehículos muggles, aunque lo consideraba como tirar el dinero a la basura teniendo unas estupendas chimeneas. Secretamente admitía que era agradable llegar sin oler a hollín, pero jamás lo diría. El rubio, como muchos otros magos, vivía en una residencia rodeada de muggles; no estaba seguro pero creía que en su calle vivían por lo menos otros dos magos.

—Podrías dejar algunas cosas, ¿sabes? –le dijo Draco a su hijo mientras Astoria entraba a la cochera.

Otra cosa que lo irritaba era que su hijo aún no consideraba su casa como la suya también; empacar y desempacar era estúpido pero Scorpius no quería dejar absolutamente nada de sus pertenencias.

—Las necesito –respondió Scorpius escuetamente.

—Ésta también es tu casa, ¿de acuerdo?

—Sí…

Astoria bajó del coche y se aproximó a ellos dedicándole una sonrisa a su hijo. Draco se acercó a ella a su vez sin decir nada, pasó de largo y llegó al auto para guardar la maleta.

—¿Listo? –preguntó Astoria a su hijo dulcemente.

—Sí.

—Bien, sube al auto.

Scorpius obedeció; para él obedecer órdenes era algo automático, desde pequeño se le había enseñado que a sus padres no se les cuestionaba. Aunque su opinión al respecto cambió cuando las peleas entre su padre y su madre comenzaron. Desde el auto miró a su madre acercarse a Draco, este batallaba un poco para guardar la maleta en la cajuela (*), no podía estar mucho rato sin el bastón; pensó en bajar la ventanilla para escuchar la conversación pero eliminó la idea casi de inmediato. No quería escucharlos pelear, le era más fácil bajar la vista y dejar que su imaginación terminara la escena por él. En esa escena ellos sonreían y eran amigos. "Basta", se dijo; sus padres jamás volverían a ser los de antes. Ese tiempo había llegado a su fin.

—Déjame ayudarte –ofreció Astoria alzando un brazo para cerrar la cajuela, pero Draco se lo retiró e hizo la tarea el mismo—. Ya no necesitas impresionarme, Draco no seas orgulloso. Necesitas ayuda.

—Mis brazos están perfectamente bien –replicó Draco cogiendo el bastón, era muy cansado apoyarse sólo en una pierna y lo de Astoria se veía para largo.

—Pero no hablo de tus brazos y lo sabes –dijo ella cruzando los brazos con aire altanero.

–¿Ahora tienes problemas con mi tobillo también? –rugió Draco molesto—. En serio Astoria, dime ¿hay algo de mí que aún te agrade? ¿Algo que no odies y quieras destruir? ¡Ah, no! ¡Claro que no! Olvidaba que lo has tomado ya.

—Sólo quería ayudarte.

—No quiero tu ayuda.

Astoria bufó e hizo un ademán de dar media vuelta e irse, pero Draco volvió a hablar alzando un poco la voz para retenerla.

—Esto interfiere con mi tiempo con Scorpius… ¿qué harás para remediarlo?

—Disculpa que mi padre se haya enfermado…

—No te hagas la tonta, los dos sabemos que no vas a cuidar a tu padre –la cortó Draco aún más irritado, cada palabra que salía de su ex no hacía más que enfurecerlo. Le apartaba de su hijo y disfrutaba de ello.

Astoria calló y miró al rubio como evaluándolo. Estaba furioso sin duda y eso le encantaba, aunque una mínima parte de ella le tenía lastima, siempre se la había tenido, principalmente por ese estúpido bastón. Analizó la situación y tenía las de ganar, si Draco quería ir a otro juicio por el tiempo que estaba con el chico pues vale, quizás hasta terminará con la custodia completa y Draco ya no pudiera ver a su hijo. Pero Draco sabía justamente lo que pensaba y no lo iba a permitir.

—Necesito pasar más tiempo con él –dijo obligándose a guardar la calma, era necesario que lo hiciese.

— ¿Por qué? ¿No querías disfrutar de tu libertad? Ibas a follarte a todo el que se te cruzara enfrente, según me dijiste. ¿Es que no te has topado con otro maricón? ¿O es que ya estás muy viejo? –escupió rencorosa su ex.

—No puedes llevártelo así como así –insistió Draco, no quería perder el control, no le daría ese no gusto.

"Maldita bruja"

—Mírame…

—Astoria… —se detuvo bruscamente. No iba a suplicarle, nunca volvería a suplicarle a nadie por nada… ni siquiera por el tiempo con su hijo.

—¿Qué? –quiso saber ella con un brillo en los ojos. Por un instante había visto la derrota marcada en el rostro de su ex esposo, pero de inmediato se compuso.

—Es mi tiempo con él y si no me lo compensas le quitaré el permiso para irse contigo.

—No puedes hacer eso.

—Está dentro de mi tiempo y tiene que hacer lo que yo le diga.

Se estaba metiendo en una casa en llamas y seguramente el extintor que llevaba no funcionaría, pero aún así debía intentarlo. Se miraron el uno al otro durante un momento evaluándose mutuamente, decidiendo si serían capaces de llevar las cosas con calma o ir a juicio de nuevo.

—Bien, puedes quedarte con él un par de días más la próxima semana –gruño Astoria

—Perfecto –sonrió el rubio, sin embargo no era una sonrisa sincera o triunfante, era más bien hueca y muy forzada.

Astoria ya no dijo nada, dio media vuelta y subió al coche. Draco tocó la ventanilla de Scorpius con los nudillos y éste la bajo para hablar con él.

—Pasaré por ti el miércoles a las nueve –le avisó su padre.

—¿Por qué? –se extrañó el chico. Esto entristeció un poco a Draco que no esperaba esa reacción.

—Quiero estar contigo, ¿está bien? –respondió más bruscamente de lo que había querido.

—Está bien.

—Hasta entonces –se despidió Draco, Scorpius no respondió y subió la ventanilla.

Se retiró unos pocos pasos y el coche salió con una vuelta en "u". Draco se quedó mirando cómo se alejaba el auto y suspiró, realmente iba a extrañar mucho al chico ese fin de semana. No podía evitar pensar que Astoria había programado la salida con sus padres a California a propósito en esos días y casi tenía la seguridad de que había sido así, pero no tenía pruebas.

"Juegas sucio, mujer… muy sucio".

Volvió a la casa cuando el cielo estaba completamente oscuro, fue a la sala y se dejó caer en un sillón. De pronto se encontraba aburrido, no tenía nada que hacer; ni siquiera se había molestado en encender las luces, la única fuente de iluminación era la poca luz que entraba por la ventana gracias al faro de la acera de enfrente. Se recostó y miró al techo. En momentos como esos se daba cuenta del perdedor en el que se había convertido, ya no tenía a nadie a su lado y su hijo era un extraño para él.

¿Había hecho lo correcto al salir del closet a su edad?

No había podido. Simplemente no se levantó. ¿Acaso sufría de impotencia? ¡Pero si no era tan viejo! No, no podía ser la edad, ¿o sí? Con Kevin se había excitado… "No, con Kevin fue muy diferente, no estaba excitado". Sin embargo no podía negar que, fuera lo que fuera no había estado del todo mal… ¡Pero en qué estaba pensando! El problema ahora era que no había podido con Ginny, con su esposa, y no porque no quisiera, pues realmente deseaba estar con ella.

—Estás muy estresado –le susurró Ginny al ver que Harry no dormía.

—Probablemente –respondió Harry evasivo, realmente no quería hablarlo con ella, con ella ni con nadie. Sentía como si hubiera fallado en algo simplísimo.

—No tienes por qué ser hostil –reprochó Ginny.

Harry suspiró y se acomodó de lado para verla mejor, podía ver sus ojos tristes a pesar de la oscuridad y eso le hizo sentirse aún peor.

—Lo siento –murmuró.

—Descuida –respondió ella con una dulce sonrisa, se aproximo más a él y dejo que la abrazara—. Necesitas descansar, seguro que con el trabajo y la fiesta debes estar agotado.

—Sí, gracias por la fiesta.

—De nada… Te amo, Harry.

La miró a los ojos, esos grandes, brillantes y hermosos ojos; sonrió y le dio un pequeño beso en la boca, volvió a abrazarla y quiso decirle que también la amaba pero de la nada se sintió un farsante.

—No sé qué haría sin ti – dijo Harry con la voz algo ronca. Era verdad lo que dijo; aún así una parte de él se sentía sucio. ¿Sería que lo de Kevin le estaba remordiendo más la consciencia?

Cierto o no, se desharía del muchacho. Cerró los ojos e intentó dejar de pensar, durmió abrazando a Ginny, pero su sueño no fue nada reconfortante…

Se encontraba en una habitación circular y estaba rodeado de cuadros; sabía que conocía ese sitio pero por un instante no lograba identificar dónde se encontraba, hasta que escuchó a alguien detrás de él.

Voy a devolver la varita de saúco al lugar donde salió. Puede quedarse allí. Si muero de muerte natural, como Ignotus, perderá su poder, ¿no? Eso significará su final.

Era él. Se estaba viendo a sí mismo en el despacho del director, estaba en Hogwarts. "En casa", pensó con un deje de alegría. No entendía muy bien cómo podía verse a sí mismo, pero no le importaba. Miró al cuadro de Dumbledore mientras éste sonreía. Extrañaba mucho al profesor.

¿Estás seguro de esa decisión? –preguntó una fría voz a su lado.

Se giró pero no vio a nadie, frente a él ya no estaba Ron o Hermione, sólo estaba él mismo y el cuadro del profesor, pero éste también se había marchado.

Esa varita genera más problemas que beneficios –contestó Harry; justo como aquella vez, comenzó a darle la espalda a los retratos pero se detuvo al verse de nuevo.

Ese Harry no le gustaba, le sonreía de una forma que sentía un cosquilleo en el cuerpo. El otro Harry continuó con la frase que ya había dicho un día, pero la transformó.

Y sinceramente… ¿Ya he cubierto el cupo de problemas que tenía asignado en esta vida?

Lo he hecho –le respondió con firmeza, pero el Harry ensancho su sonrisa y para sorpresa del "real" se transformó lentamente en Kevin.

¿De verdad? –preguntó Kevin con voz insinuante.

Sí –la voz de Harry tembló al verlo acercarse—. ¡Aléjate!... ¡Lo digo en serio, Kevin!

Pero el chico no hacía caso, Harry retrocedió todo lo que pudo hasta chocar con el muro, Kevin lo acorraló y de pronto el muro se convirtió en una cama elevándose hasta quedar completamente horizontal. El terror invadió a Harry cuando se descubrió desnudo bajo el también desnudo cuerpo de Kevin. Éste se aproximó hasta su oído pegando completamente su desnudez con la de Harry.

Sé que lo quiere –susurró Kevin en su oído y comenzó a besar su cuello—. Lo quiere tanto como yo…

No es verdad –negó Harry, pero tenía los ojos cerrados y comenzaba a disfrutar del roce.

Si sigue negándoselo me veré en la necesidad de demostrárselo.

No te deseo –balbuceó Harry con un jadeo—. No te deseo…

—…Te deseo –murmuró Harry dormido.

Había pegado completamente su cuerpo al de Ginny y hacía tiempo que comenzó a ondular contra su vientre acrecentando una erección. Ginny, semidormida, escuchó y sintió a Harry.

—Te deseo… te deseo –jadeó Harry.

—Harry –gimió Ginny.

El moreno abrió los ojos de golpe, no entendía muy bien lo que estaba ocurriendo. Entre sueños había escuchado a Kevin jadear y gemir y ahora lo único que sabía era que su amiguito estaba de pie y dispuesto a dar una gran batalla.

*Cajuela: maletero del carro.