Disculpen la tardanza, me quede sin red.

Muchas gracias a mi beta que me revisó dos capítulos en tiempo record jaja, mientras que yo me quede sin red xD Prometo que el quinto cap estará aquí a más tardar el lunes.

Próximamente caps de Antes de suyo nuestro, por si hay alguien que lo lea y se pase por aquí.

Recuerdo aquel tiempo feliz en el que éramos todos tan desgraciados.

-Alejandro Dumas-

4. Un enfermo feliz.

Durante la mañana siguiente Harry estuvo evitando a Kevin a toda costa; el sueño que tuvo la noche anterior lo asustó aún más de lo que ya estaba; al principio, cuando despertó, no lograba recordar nada del sueño pero una vez que lo hizo no pudo dejar de pensar en ello.

Suspiró frustrado y se dejó caer sobre el escritorio ocultando el rostro entre los brazos; ya era cerca de mediodía y no había hecho absolutamente nada de lo que debía hacer. Estaba retrasado con un par de informes para el Ministro de Magia y esperaba que se presentara un poco de acción en alguna misión; creía que un poco de peligro ayudaría a sacar ese estúpido dueño de su cabeza. Desgraciadamente, la suerte lo abandonaba una vez más y por si fuera poco que él estuviera hecho un lío, la puerta de su oficina se abrió lentamente, Harry levantó la cabeza y se enderezó expectante y totalmente atento a ella. Sabía que era él, podía oler su perfume carísimo a medio kilómetro de distancia, casi reconocía el chirrido discreto de sus mocasines negros al caminar, el tic-tac de su fastidioso rolex, el leve frufrú de uniforme al caminar…

—Estoy muy ocupado, Kevin –advirtió Harry bruscamente.

—Vengo por los informes –explicó Kevin con su mejor aura de inocencia.

No esperaba una calurosa bienvenida de parte de su jefe, pero tampoco que estuviera tan a la defensiva, no cuando aún no había hecho nada que lo ameritara. Aunque siendo francos, no lo culpaba.

—Ese es trabajo de Karen –dijo Harry sin dejar el modo.

—No vendrá, está enferma –informó Kevin brevemente; estaba decidiendo si sería bueno actuar o no.

—Pues no los tengo ahora, ya te avisaré cuando los haga.

—No lo hará –acusó Kevin con aire infantil.

—No, no lo haré –confirmó Harry enfadado, se levantó de un tirón y comenzó a guardar los papeles en su portafolio—. De hecho, ya me voy; cualquier cosa que me llamen al móvil.

—No tengo el número.

—No dije que llamaras tú –puntualizó cerrando el maletín.

Kevin no dijo nada, ni hizo nada tampoco, no le parecía prudente así que simplemente se cruzó de brazos y lo miró retirarse. Sabía que su jefe tendría muchos problemas para admitir lo que estaba ocurriendo, pero por más prisa que Kevin tuviera siempre tenía tiempo para esperar. Siempre lo había, porque eso siempre le daba una recompensa.

La pereza no era algo habitual en Draco Malfoy y sin embargo hacía un buen tiempo que no hacía más que dormir. Los fines de semana se levantaba temprano para aprovechar el tiempo con Scorpius, pero los demás días de la semana eran una especie de tiempo muerto. Su trabajo se amoldaba muy bien a su nuevo "estilo de vida"; sin presiones, sin tener que verle la cara a esos idiotas que no dejaba de mirarle cojear, sin duda, con la esperanza de que el viejo bastón de su padre cediera bajo su peso y cayera cuan largo al suelo. Era solitario y sedentario…demasiado sedentario, suponía que lo peor de esas dos cosas juntas era que el tiempo transcurría, y probablemente mucho más rápido ahora que antes. Ese maldito bastardo. Nunca sería suficiente y aún así ya tenía bastante de él.

Escritor. Ése era su trabajo, sencillo y sin trabas. Draco estaba terriblemente orgulloso de sus obras, sentía que mantenían viva una parte de él, una que hacía mucho tiempo había quedado enterrada y quizás no por su propia voluntad…simplemente había ocurrido, como todo a su alrededor. Era un buen empleo y él era bueno ejecutándolo y lo que era aún mejor, no tenía que tratar ni rendir cuentas con nadie, simplemente debía mantener a su editor contento con las fechas de entrega y eso era todo. Nada de parloteos innecesarios.

Esa mañana… no, esa tarde Draco se vio obligado a dejar su encantadora cama debido a una molesta e insistente visita que parecía dispuesto a derribar la puerta si no se le recibía.

—¡Merlín! –gruñó Draco abriendo la puerta de golpe; se encontró cara a cara con Theo, que hizo un mohín de disgusto con tan solo verlo—. ¿Qué pasa contigo? ¿Qué forma de llamar es esa?

—Llevo media hora aquí afuera –rezongó Theo—. Y hablo de algo literal, pensé que no estabas.

—Veinticinco minutos, te escuché –especificó Draco permitiéndole entrar.

—Sí yo también te escuché. Te vuelves más y más lento con esa cosa –observó Theo señalando el bastón.

—¡Qué va! Es sólo que pensaba que después de algún tiempo te marcharías, pero evidentemente estaba equivocado.

Pasaron a la sala y Draco se dejó caer en el primer sofá que vio, Theo frunció el ceño y le imitó ocupando un sofá frente al rubio. Le preocupaba Draco, hacía tiempo que no dejaba verse fuera de casa y cuando lo veían era porque Scorpius lo quería. La semana anterior había aceptado salir con ellos y Theo creyó que se estaba recuperando, pero después todo había vuelto a ser igual. Draco estaba sumido en la depresión y no sabía qué hacer para ayudar. Sin darse cuenta su mirada se dulcificó un tanto y miró escrutando el rostro del rubio, quien por cierto aún iba en pijama y por el olor que despedía debía llevar varios días con ella.

—No te has rasurado –observó Theo.

—No he tenido tiempo –dijo Draco sin darle importancia.

—Y aún sigues en pijama.

–Estaba durmiendo, ¿es un crimen?

—¿Dormías? –repitió —¿A esta hora?

—¿Algún problema con eso?

Draco no sabía qué hora era, pero para lo que le interesaba bien podrían ser las seis y él sólo quería estar en la cama.

—¿Escribiste anoche? –continuó Theo ignorando la hostilidad del rubio.

—Theo, ni siquiera mi madre llegó a tratarme así, y no, ayer no escribí, de hecho no he escrito nada desde hace un par de semanas y no es de tu incumbencia si lo hago o no –añadió por si las dudas, se acomodó en el sillón hasta quedar recostado con la vista al techo; estaba cansado, no hacía más que dormir y estaba terriblemente cansado—. ¿A qué has venido?

—A invitarte a salir esta noche, aprovechando que Scorpius no está.

"¿Aprovechando que no está?", pensó amargamente.

—No, gracias.

—¿Por qué no?

—No quiero salir, estoy cansado.

—¿Cansado?

—¡Joder! ¡Sí! Y deja de repetir todo lo que yo digo, pareces retrasado mental –se exasperó Draco.

—¿Qué pasa contigo Draco? Pareces una maldita colegiala a la que han dejado plantada. ¡Sal! ¡Sal de esta maldita pocilga y folla! ¡Maldición! Fóllate a todos, como antes –gritó Theo molesto, más que nada por la indiferencia con la que Draco lo estaba tratando.

Como antes…

Pero no había ningún antes, no llegó a haberlo, si acaso vivió como ellos (follando todas las noches donde quisiera, con quien fuera) un mes o dos, después de su divorcio, pero sólo había sido por la euforia de salir del closet, de dejar de lado a Astoria y todo lo que le reprimía. No había sido más que una fiebre estúpida y pronto se recuperó. Pronto entendió que no había ganado nada.

Theo se había puesto de pie y Draco se obligó a mirarle; cuando lo hizo, su mirada asustó a Theo, quien dio un paso atrás inconscientemente; la mirada de Draco no era fría como las usuales en él, era vacía y tan indiferente de su alrededor que Theo pensó que ya no estaba en este mundo.

"Estoy hablando con un cadáver", pensó en medio de un estremecimiento.

—¿Es lo único en lo que puedes pensar? –Theo dio otro paso atrás, ahora porque Draco se incorporó en el sillón—. Follar, follar, follar… ¿No te cansas, Theo? ¿No necesitas nada más?

—¿Más? –repitió Theo perplejo ante aquellas palabras.

Pero si Draco Malfoy no sabía nada de esas cosas, Draco Malfoy nunca había necesitado más, por eso había aceptado casarse con Astoria, y por eso mismo salía de ese matrimonio, porque Draco no necesitaba más.

"Me lo han cambiado, lo han raptado y lo han cambiado con poción multijugos, puede que hasta sea él y le hayan lavado el cerebro".

—Será mejor que te vayas –le dijo Draco con la misma expresión vacía y volvió a echarse en el sillón.

Theo aún sin saber qué hacer volvió a sentarse frente a Draco y lo miró en silencio unos minutos. Tenía que preguntarle, pero le asustaba con qué nuevas cosas le pudiera salir su amigo. Parecía que el rubio ya se había dormido cuando Theo se animó a hablar.

—¿Has ido al hospital?

La pregunta, un tanto extraña para Draco, le hizo reaccionar y volverse hacia su amigo; por la cara que tenía Theo adivinó que Draco ya no sabía si soñaba lo que hacía o hacía lo que soñaba.

—¿Qué? ¿Por qué habría de ir al hospital? Me encuentro perfectamente.

—Dices estar cansado pero no haces nada y si no te conociera podría apostar a que duermes día y noche sin interrupciones.

—Que estuviera dormido esta mañana no quiere decir nada Theo, y sólo para que dejes de fastidiar te diré que anoche me fui de fiesta yo solo, ¿está bien? –se sentó con brusquedad y Theo sintió un gran alivio al notar que la expresión vacía había sido sustituida por una de furia. Aquel sí era Draco, a Merlín gracias por regresarlo.

—Serás hijo de puta –musito Theo medio sonriendo—. ¿Por qué no nos llamaste a Blaise y a mí?

Claro que no le pasaba nada a Draco. Seguro que se iba de fiesta todas las noches y ellos ni en cuenta, no había nada de qué preocuparse.

—No necesito nanas. Y ahora si has terminado con tu obra del día, te puedes marchar.

—Qué genio.

El día había pasado rápidamente de soleado a nublado, la tormenta no debía tardar en hacerse presente y aun así había una muy buena cantidad de gente en las calles de la ciudad de Londres. A Ted le encantaba salir al Londres muggle con Kyle, su mejor amigo; aquel día habían quedado para verse en la venta de boletos* para el concierto de The Black Fénix que a James y a él le gustaban mucho y quería llevarlo.

—Qué basura –resopló Kyle de brazos cruzados; su complexión alta y delgada, su expresión indiferente era para Kyle un llamado a otros gays. En pocas palabras: "¡Ey chicos, estoy aquí, admírenme!"

—Kyle –advirtió Ted —. Dijiste que si yo te acompañaba a esa mierda de partido tú me acompañarías…

—Al concierto de The Black Fénix –terminó Kyle junto con su amigo en una irritante imitación—. Sí, ya lo sé… Ahora me arrepiento profundamente de haberte arrastrado hasta allá.

—¿Porque perdieron? –se mofó.

—No. Porque ahora tengo que soportar esto… Además los chicos de aquí son tan ordinarios –le hecho una mirada de arriba abajo—. Y tú junto con ellos. ¿Por qué no te arreglas un poco? Algo de fijador y unas horas en el gimnasio no matan a nadie, ¿sabes?

—Eres el estereotipo del gay perfecto Kyle –dijo Ted rodando los ojos.

—Bueno, gracias, pero halagarme no te servirá para endurecer esos brazos. ¡Por Merlín, míralos! –exclamó picándolos con un dedo.

—¡Basta Kyle!

—Perdóname por querer ayudarte a encontrar pareja.

—Yo ya tengo una pareja –le recordó irritado.

—Drarren no cuenta. Es viejo.

—Es lindo.

—Y es viejo.

—Sólo son algunos años.

—Son quince años Ted, y si recuerdas nuestra charla (por Merlín que si no la recuerdas, Ted, te patearé el culo tan fuerte que mi zapato se quedará ahí dentro…) quedamos en que sobrepasaba los límites para que funcione una relación.

—La recuerdo.

Y cómo no recordarla si se pasaron hablando de ello durante horas y horas hasta que Kyle le ayudó (por no decir obligó) a llegar a la conclusión de que estaba fuera de sus restricciones.

—Pero no recuerdo que habláramos de Petter –objetó Ted astutamente.

—Petter no es viejo.

—Es peor que eso, es irritante, mandón, posesivo… podría continuar eternamente. Cree que es tu dueño, Kyle. No me sorprendería saber que le has pedido permiso para estar conmigo hoy.

—¡Ja! Yo no le doy explicaciones a nadie. Petter es mi novio, no mi madre.

—Pues díselo a él.

Kyle lo miró con reproche, pero la fila avanzó y aprovecho el momento para cambiar el tema.

–¿Cuántos boletos compraremos?

—Tres.

—¿Tres? … Ya. Invitaste a James. A veces siento que paso más tiempo con él que contigo, y tú eres mi amigo.

—Le encanta Black Fénix, no lo dejaré en casa mientras me voy al concierto.

—Bien, bien. Sólo decía que estás pasando mucho tiempo con él.

—¿Y con quien quieres que esté? Es mi primo y paso mucho tiempo en su casa.

—No es tu primo –murmuró Kyle; Ted lo alcanzó a escuchar pero lo dejó pasar por no discutir.

¿Era un enfermo? ¡Claro que lo era! Qué pregunta era esa, no había la menor duda. Quizás debería pedir ayuda psicológica, quizás ellos pudieran resolver ese problema… o quizás no. Quizás ya no tenía remedio; había sido infectado, qué otra razón habría para que le estuviera pasando precisamente a él.

"Pero si estas perfectamente bien. Ni siquiera te atrevas a pensar lo que creo que estás pensando"

Pero entonces… "Nada", insistió aquella voz enérgica, la suficientemente firme para ayudar a Harry a regresar a sus cabales. "Entonces nada, Harry. Todo está bien. Todo es normal." ¡Pero cómo que nada! ¡Estaba pensando en Kevin! Y Merlín lo amparara, era un pensamiento muy constante.

"Te ahogas en un vaso de agua. Cualquiera tiene sueños húmedos"

¿Con hombres? ¿Un hombre con otro? ¿Un hombre "felizmente" casado con otro?

"Bueno quizás sea un vaso grande"

Si, definitivamente más grande. Ese chiquillo estúpido ("Sexy, sexy estúpido… ¡Basta ya!") se le había adherido a él como una sanguijuela; ahora mismo estaba absorbiéndole y disfrutaba con tenerlo entre sus colmillos. Oh, vaya que lo disfrutaba.

—Señor Potter…

Giró a su izquierda asustado. ¿Cuánto tiempo llevaba con el coche encendido y mirando a la nada? No lo sabía con certeza, pero algo le decía que Kevin podría decírselo, porque Kevin le había seguido desde que bajó del edificio. Sí, pero ahora el problema no era el acosador de su empleado, sino que Harry no sabía si aquello le alegraba o le molestaba.

"¿Por qué?", se preguntó aterrado. "¿Qué es lo que me has hecho?"

—¿Se encuentra bien?... ¿quiere bajar la ventanilla?

—Estoy bien. ¿Qué quieres?

—Michael me envió a entregarle esto –respondió Kevin y alzó un folio azul para que Harry lo viera.

Y ahora es cuando el terror de Harry comienza a desbordarse. ¿Cuánto debía pensar en Kevin para creer que le seguía cuando Michael lo había enviado?... Estaba volviéndose loco y la sonrisa que Kevin le dedicó al bajar la ventanilla le hizo saber que éste lo sabía. Era como un perro viejo y listo, no quiere esforzarse demasiado, sólo espera en la oscuridad y cuando el ladrón se acerca… ¡Bam! Inca el diente.

—Dijo que era muy importante que los revisara hoy –continuó el chico una vez que Harry tenía la carpeta en sus manos—. ¿En quién pensaba ahí dentro? Nunca he visto a nadie tan ido.

—En mi esposa. Pronto será su cumpleaños.

Ni siquiera tenía por qué haberle respondido, sin embargo se sentía obligado a aclararle que su estado no tenía absolutamente nada que ver con él; que a pesar de todo aún tenía una vida y una familia muy fuera de su alcance. Kevin asintió aparentemente satisfecho con la respuesta, se enderezó y compuso otra sonrisa encantadora.

—Debe amarla mucho entonces. Pero me voy, tengo trabajo que hacer; gracias por eso, por cierto.

—No seas sarcástico conmigo Kevin –advirtió su jefe.

El chico se alzó de hombros y sin agregar nada más dio media vuelta hacia el edificio. "¡Detenlo!", gritó una voz interior mientras conscientemente creía que no debía hacerlo, creía que Kevin estaba entendiendo que no lograría nada con su actitud y sus insinuaciones grotescas. Y eso estaba bien porque Harry amaba a su esposa, la cual era una mujer, y él era completamente heterosexual.

—¡Kevin! –gritó Harry asomado en la ventanilla, el muchacho se giró con una sorpresa demasiado fingida a opinión del mayor—. Ven aquí un momento.

"¡Estás loco! Dile que se vaya, di una tontería como: (voz masculina) Dile a Michael que es un cabrón de mierda…¡ah! Y que tiene una mancha en la túnica. Y deja que se marche, joder, haz que se marche".

—¿Sí, señor?

—Yo…

¿Y ahora qué? Nunca pensó en eso, de verdad que no supo cómo fue que lo llamó. Pero ahora Kevin estaba ahí y estaba esperando.

—¿Sí?

—Tómate una hora libre, necesito hablar contigo.

—Descuide no pienso "acosarlo" más. Tengo mucho trabajo que hacer.

Kevin hizo ademán de volver a marcharse, pero Harry lo retuvo del brazo haciendo que volviera a inclinarse bruscamente junto a la ventanilla.

—Olvida el trabajo, necesito hablarte.

—Pero…

—Sube al auto, Kevin.

El chico asintió obedientemente, Harry lo soltó y lo miró rodear el vehículo. Decir que Kevin avanzó unos pasos en esos cinco minutos era mentir tanto como decir que había hielo en el sol. Básicamente todos los movimientos de Kevin terminaban en eso: que Harry le pidiera estar a solas con él.

Harry manejó durante la siguiente hora, fueron a parar a las afueras de la ciudad a un pequeño café sin mucha gente. Durante el camino Harry se negó a hablar a pesar de la insistencia de Kevin y en el café buscó un sitio apartado donde no les vieran, ordenó un par de capuchinos y continuó sin hablar hasta que la camarera se fue al dejar los capuchinos.

—Esto está empezando a darme miedo –confesó Kevin y estuvo a punto de añadir que en sus sueños llegaban a un motel no a un café cuando Harry lo interrumpió un tanto molesto.

—Tú no sabes nada acerca de tener miedo.

La mirada triste y derrotada hizo avergonzar a Kevin. De pronto había recordado frente a quién estaba: el salvador, el único que pudo enfrentar al mago tenebroso más de una vez y salir victorioso en cada ocasión. No sabía cómo habían sido aquellas batallas, pero no necesitaba que se las explicaran.

—¿De qué quería hablar?

—¿Por qué yo?

Kevin lo miró sin comprender.

—De todos los hombres gays que sé que hay en la oficina, ¿por qué me elegiste a mi? Tengo una esposa e hijos y bastantes, bastantes mujeres en mi pasado que avalan mi heterosexualidad.

Kevin soltó una risita molesta que tuvo que reprimir ante la mirada de Harry. ¡Joder! Era tan sexy cuando se molestaba y aun más con esa preocupación por su sexualidad; se le marcaba aquella línea en la frente y su mirada parecía perderse. Si tan sólo no se tomara las cosas como si fueran de vida o muerte…

—Ni todo el tiempo del mundo avalan la sexualidad de alguien, señor Potter. Y la verdad es que no tengo la más mínima idea del por qué usted. Supongo que es porque me parece muy atractivo; tengo buen gusto, ¿sabe?

—Acabo de cumplir cuarenta años –objetó Harry como si aquello marcara una diferencia.

—Nunca dije que me gustara por joven. A los chicos nos gusta más la experiencia sobre cualquier clase de juventud.

—Bien, pues has de saber que no tengo la clase de experiencia que tú buscas.

—En realidad no importa quién enseñe a quien, señor, lo importante es transmitir información; seguramente sabe muchas cosas que a mí me sirvan.

¿En qué momento se dejaron las cartas sobre la mesa?... Bueno, se supone que era lo que quería, ¿no? Aunque no se suponía que Kevin sería así. En su cabeza lo había visto temeroso del gran Harry Potter, del hombre que era su jefe y le podía dejar sin trabajo, no esto.

—Kevin…

—Usted dejó que lo besara y pasó en más de una ocasión –argumentó con aire triunfal.

—No fue correcto –admitió Harry, si es que se le puede decir así.

—¡Pero lo hizo! Usted lo permitió… Y hasta le gustó –terminó Kevin con una sonrisa traviesa—. Y no puede negarlo.

"¡Joder! ¿Por qué me mira así?"

— ¿Qué importa eso? –soltó más alarmado que nada—. No estuvo bien y quiero que esto pare ya. Te comportas como un niño malcriado Kevin, y yo no soy ningún capricho, ¿entiendes? No seré el tuyo.

— ¿A qué le teme tanto si usted dice que no es gay?

—No soy gay.

Ahora tenía su respuesta. El pobre hombre era un homofóbico y el simple pensamiento de que él fuera homosexual lo aterraba tanto que lo volvía loco. Con razón había estado tan explosivo aquellos días, tan negado.

—Lo es –repuso el muchacho tranquilamente al cabo de unos instantes de tenso silencio.

—Déjalo ya, Kevin.

—Es gay y tarde o temprano tendrá que aceptarlo. ¿Sabe? A lo mejor es hora de que comience a pensar un poquito en usted.

Oh, oh. ¿De verdad lo había dicho él?

"Estás entrando en terreno peligroso", se dijo alarmado, aunque obviamente tarde.

Todos sabían que sacar a un gay del closety ser su primero era como echarse la soga al cuello. Y Harry era viejo además, y qué era lo que querían las personas mayores… ¡ah, sí! Estabilidad.

"Huye ahora y todo terminará bien", era lo que el Pepe grillo de Kevin gritaba y, sin embargo, no estaba dispuesto a irse, no sin haberlo probado.

"Eres un estúpido"

—No soy gay –repitió Harry con la terquedad de un niño.

Terminaron los capuchinos en silencio cada uno con sus propios hilos de ideas, después volvieron al auto de Harry. Pasaron unos pocos minutos cuando de pronto Kevin provocó que Harry se desviara del camino y se metiese por los pelos en un callejón. Al momento que esto ocurrió otro auto pasaba por su lado evitándolo.

—¿Estás loco? –gritó Harry aferrado al volante como lo hubiera hecho un gato.

—Sólo un poco –susurró Kevin, se soltó el cinturón de seguridad y al siguiente segundo estaba encima de Harry.

—¡Kevin, vamos! No seas tan infatffgh… —la palabra se perdió literalmente en la boca de Kevin.

No quería, pero a la vez lo ansiaba. La lengua de Kevin entraba y salía juguetona de su boca y él no hacía más que seguirle el juego; no se dio cuenta cuando sus manos buscaron la cintura del muchacho y sacaron la camisa del pantalón para tener acceso a la piel. ¡Y dios que piel! Todo su cuerpo ardía y ahora su cinturón le estorbaba.

— ¿Qué estás haciendo? –preguntó Harry con voz ahogada cuando Kevin comenzó a desplazarse hacia abajo.

Kevin sólo sonrió y volvió a prestar atención a su tarea. Sus manos recorrieron las piernas de Harry hasta su cinto, lo desabrochó e hizo lo mismo con el pantalón, todo esto bajo la atenta mirada de Harry.

—Levántese un poco.

—¿Para qué? –quiso saber torpemente; claro ya lo sabía y se moría porque ocurriera pero algo estaba en discordancia con él.

—Solo hágalo –sonrió el chico sensualmente y pasó un dedo por el bulto que comenzaba a sobresalir.

La verdad fue que Harry casi saltó del asiento. Puede que su orgullo no le permitiera muchas cosas, pero en aquel momento el orgullo era el último que dictaba las reglas, ¿verdad?

—Buen chico.

Kevin se apresuró a bajar los pantalones y calzoncillos hasta los muslos, Harry no quería ver pero a la vez si quería. Miró a Kevin aproximándose a su pene con la boca abierta y la lengua un poco fuera, su respiración se disparó y un jadeo salió de su boca cuando el contacto se efectuó. Ya no continuó mirando a Kevin, solo lo sentía subir y bajar, lamer y succionar hasta que…

—Oh… oh, sí. Espera, no… Yo… ¡Merlín!

Continuó con los ojos cerrados y se dejo caer en el respaldo.

—No estuvo mal, ¿verdad? –inquirió Kevin triunfante.

—Cállate –jadeó Harry sin moverse.

—Súbase los pantalones –apuró el chico regresando a su lugar.

—Que te calles dije.

—¡Viene un policía! –advirtió.

Harry abrió los ojos de golpe y vio al policía por el retrovisor, rápidamente se subió los pantalones, acababa de abrocharse el cinturón cuando el sujeto tocó a su ventanilla.

—¿Pasa algo? –preguntó Harry inocentemente bajando el cristal.

—¿Qué es lo que hacen aquí ustedes dos?

"Oh dios lo sabe", fue el primer pensamiento de Harry, pero enseguida se dijo que estaba histérico. Aquel oficial no sabía nada y aunque lo supiera no tenía ninguna prueba de ello. Éstas yacían en la boca de Kevin, viajando por su garganta.

—Buscábamos algunos documentos –dijo Harry resuelto—, no quería provocar un accidente, así que me… adentré a este callejón.

De acuerdo, eso no fue exactamente brillante, pero algo debía decir.

—¿Una carpeta azul? –sugirió el oficial muggle con escepticismo.

—Así es.

—Está justo ahí –señaló el tablero frente a Kevin—. Ahora que ya saben dónde está, ¿por qué no siguen su camino?

—Eh… sí, señor. Gracias –carraspeó Harry más colorado que la nariz de Rodolfo el reno.

—De nada muchachos. Y no vuelvan a desviarse del camino, ¿quieren? –aconsejó el sujeto con un tonito desagradable.

—¿Qué? –exclamó Kevin molesto ante el comentario.

—Cállate, Kevin –murmuró Harry—. Gracias oficial, ya nos vamos.

Arrancó el auto y salió del callejón lo con la precaución de quien se ha librado por los pelos. ¡Joder! Se moría de vergüenza. Aquel tipo sabía muy bien lo que había hecho Kevin antes y no los había arrestado.

—Es un imbécil –escupió Kevin.

—¿Que él es un imbécil? –repitió molesto—. ¿Quién me la mamó en plena calle?

—Era un callejón.

—Sí, un "calle-jón". ¡Merlín! ¿No quedamos en que lo olvidarías?

—Claro, ahora se queja, pero no dijo nada cuando estaba teniendo el orgasmo de su vida. Le apuesto a que ni su esposa ha podido hacerlo llegar así.

—Te equivocas –bufó Harry enfurecido, pero más que nada porque en el fondo el crío tenía toda la razón. Vaya si la tenía…

*Boletos: son las entradas, iba a cambiarlo, pero no consigo que me suena bien "entradas".