¿Qué es en el fondo actuar, sino mentir?

¿Y qué es actuar bien, sino mentir convencido?

-Sir Laurence Oliver-

5. Inocente hasta demostrar lo contrario.

El distanciarse no era algo fuera de lo común en el matrimonio de Ginny; Harry era terco y podía encargarse de todas las cosas del mundo menos de él mismo. Y su esposa lo entendía, lo entendía tan bien que gracias a eso funcionaba su relación, aunque había veces en las que Ginny no quería entender. Quería que Harry olvidara a los demás y se encargara sólo de ella, de su familia; pero Harry jamás haría algo así. No quedaba más remedio que entender.

Como en todas las parejas ellos no estaban exentos de peleas y una que otra dormida en el sillón (de un hotel, si la pelea era fuerte), tampoco faltaba cierta desconfianza y celos hacia la pareja. Ambos eran conscientes de que en el tiempo en el que Harry se marchaba, alguno podía estar viendo a otra persona, pero tenían que confiar, tenían, porque se amaban y el amor hacía cosas locas con la gente. Sí, ellos confiaban en el otro, pero no ciegamente, sus miradas los delataban, sus ojos siempre gritaban lo que ellos no decían:

"Dímelo, una vez y otra más. Y bésame, bésame hasta que recuerde todo lo que te amo, pero aún más. Bésame demostrándome todo lo que tú me amas."

Siempre ocurría lo mismo, siempre recordaban… pero algo ocurrió hacía unos tres días atrás. Algo muy extraño; Harry no se había marchado, pasaba bastante tiempo en casa y aun así parecía que llevaba meses fuera. Ginny lo ignoró como siempre y hubiera seguido haciéndolo de no ser por una llamada, la cual en realidad no se realizó.

—Buenos días, señora Potter, ¿podría comunicarme con el señor Potter, por favor?

—Por supuesto Karen, permíteme un momento.

Dejó el teléfono sobre la mesa y salió a buscar a Harry que aún debía estar arreglándose, pero al llegar a la habitación la encontró vacía. Salió llamándolo un par de veces más pero nada ocurrió, volvió a bajar a la cocina y entonces lo vio de espaldas a ella, iba saliendo a toda prisa. Le gritó, pero él la ignoró y corrió al coche.

—Lo siento Karen, acaba de salir.

—Oh, qué mal. Llevamos días buscándolo, viene unas pocas horas y se va. Eso nos atrasa con el trabajo. ¿Cuándo regrese a casa podría decírselo?

El ceño de Ginny se frunció en automático. ¿Que Harry no había estado en la oficina? ¿Y qué le hacía pensar a Karen que Harry volvía a casa? Bueno la respuesta era muy obvia; debía ser eso lo que la ponía en alerta, pues si Karen creía semejante cosa era porque no se le había asignado ninguna misión. ¿Y qué es lo que hacía cuando aquello ocurría? Ginny no lo sabía. Y probablemente no quería averiguarlo.

—Claro que sí.

—Gracias. Hasta luego señora Potter.

—Adiós Karen.

La situación era extraña e incomodaba a Ginny, pero aun así no estaba dispuesta a dejar el sistema que tenía su relación. Ella debía confiar en Harry, no sólo para que no viera a alguien más, debía confiar en él para todo, desde que no se metiera en líos, hasta que no olvidara preparar el desayuno cuando le tocaba hacerlo. Una prueba más de lo bien que funcionaba el sistema, no era más que eso, sí señor. Y como buena esposa que cuidaba de su marido Ginny decidió hacer lo más sensato marcándole al móvil.

Un timbre, dos, tres, llamada desviada. Y la situación se volvía más extraña.

"Está bien, no es nada. Volvamos a intentar", se dijo queriendo creer que no fue a propósito. Un timbre, dos, tres, cuatro, cinco, llamada desviada.

De acuerdo quizás estaba ocupado, esperaría un poco y volvería a llamar. Preparó el desayuno para los niños y comieron juntos, se fue una hora; puso a lavar los platos con un hechizo y subió a terminar su artículo, se fue otra hora con cuarenta minutos; bajó a la chimenea lista para marcharse a la editorial cuando vio el teléfono en la mesa. Sí, ahora tenía que contestarle…

Apagado.

Suspiró. "Bueno, siempre tiene que volver", pensó intentando que pareciera divertido.

Por la cabeza de Kevin sólo cruzaba una palabra. Literalmente una palabra:

"Estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido…"

Miraba por la ventanilla con los brazos cruzados y el ceño levemente fruncido, de vez en cuando dejaba escapar un suspiró de frustración pero así no lograba que su acompañante le prestara atención.

—¿Quiere detenerse? –gruñó girándose a mirar a su jefe.

—Aún no hemos llegado –contestó sin interés, ni siquiera lo miró de vuelta.

—Hemos viajado más de una hora, para cuando lleguemos al maldito motel no podrá ni acercarse a mi culo… ¡Deténgase! –gritó furioso.

Harry exhaló aire lentamente para volver a inhalar de la misma manera; disminuyó la velocidad y se estacionó cerca de la acera. La calle estaba desierta y todos los edificios y casa estaban cerrados, nadie podía verlos y aún así el mayor se estaba muriendo de nervios.

—¿Qué coño es lo que pasa contigo? –preguntó Harry exasperado, después de todo, su lindo ejercicio de contar hasta diez no había funcionado.

—¿Conmigo? Yo no soy quien quiere recorrer la ciudad en automóvil buscando un motel lo suficientemente alejado para follar. ¡Merlín! ¿No podríamos hacerlo aquí en el auto?

—Ya te dije que no; es el auto de mi familia; el que usa mi esposa y viajan mis hijos.

Kevin rodó los ojos. Ya iba a empezar otra vez con el cuento aquél. ¡Joder! Si tanto remordimiento le daba acostarse con él, mejor que no lo hiciera. "Oh, Kevin, tú y yo sabemos que eso no ocurrirá. Ahora Potter es tuyo, lo has desvirgado y ahora es tuyo". Bueno técnicamente Harry aún era virgen pues no se había dejado penetrar por Kevin (aún se sentía muy macho, según el mismo Kevin), pero aún así era el primer hombre que tenía relaciones con Harry.

—De acuerdo, de acuerdo. Lo siento…—suspiró nuevamente—. Pero piénselo, ¿no es más sospechoso que nos ausentemos casi todo el día de la oficina?

—Yo tengo cosas que hacer fuera del Ministerio.

—Pero yo no. Y a mí me descuentan todas esas horas.

—Eres tú el que quiere acostarse conmigo.

—No soy el único –refunfuñó ignorando la mirada de advertencia de Harry—. Y esto ya sobrepasa la ridiculez.

Harry se quedó callado. Sabía que estaba siendo ridículo, pero tenía tanto miedo de que Ginny llegara a enterarse; de que cualquier persona pudiera enterarse… ¿Qué podía hacer sino tomar hasta la más ridícula de las precauciones?

—Mi departamento queda cerca de la oficina –continuó Kevin. Aquella era una frase que ya había dicho miles de veces antes, pero aún así la repitió con calma—. Nadie nos verá si hacemos lo que le dije.

Harry no respondió al momento. No quería ir a casa de Kevin, hacerlo sería como asumir que llevaban una relación… "O algo similar", ayudo esa vocecilla en su cabeza para calmarlo. Él no quería tener un amante y el hecho de que se vieran en el departamento de Kevin era algo que lo obligaba a pensar que Kevin se estaba convirtiendo en el "él otro". ¿Y qué pasaría entonces? ¿Le empezaría a comprar cosas carísimas? Querría estar tanto tiempo con él que toda su familia lo notaría… ¿y luego qué?

"Dejarías de querer a Ginny", se contestó. "Tendrían una gran pelea, en el trabajo se enterarían fácilmente, por no mencionar a la prensa…y los niños. Oh mis hijos. Mi pequeña Luna…".

Terminarían separándose, esa era la verdad.

"¡No!", exclamó de pronto con fiereza. "Eso no pasará porque Kevin aún no es tu amante. El que te acuestes con él de vez en cuando no lo convierte en un amante, quizás en un puto, pero no en un amante. ¿Entiendes, Harry? No un amante".

—Lo siento, Kevin… —dijo al fin abatido; el muchacho había estado mirando el volante del auto y ahora se giró a mirarlo—. No debería estar arrastrándote a esto, ni tú a mí…

—Lo sé.

—Volvamos al trabajo. No iremos a tu departamento, sino a trabajar —aclaró al ver una pequeña sonrisa en el menor—; hay mucho que hacer y nosotros sólo estamos perdiendo el tiempo.

—Pero…

Su jefe volvió a arrancar el auto y dio vuelta en "u". Kevin estaba más que molesto, no había estado viajando una maldita hora en un cacharro muggle para terminar regresando sin un orgasmo.

—Esto es increíble. Usted es increíble –rectificó furioso—. Pero está bien, no importa que haya perdido la mañana aquí. Ya no me interesa; no es más que un maldito paranoico.

—Kevin –advirtió, pero el muchacho siguió descargando su frustración.

—¡Tenía razón! De tantos hombres que hay en el Ministerio… ¡que hay en el carajo mundo! Tenía que fijarme en usted. Un cobarde de mier…

—¡Basta ya, Kevin! –lo interrumpió Harry alzando la voz.

Kevin se detuvo bruscamente, pero al cabo de unos instantes continuó despotricando por lo bajo. En realidad desconocía el efecto que esto tendría en Harry, aunque después llegaría a utilizarlo más de lo que le gustaría admitir para conseguir lo que deseaba.

Sin previo aviso Harry simplemente estacionó el auto y sin mirar a Kevin le dijo:

—Cállate de una buena vez.

Kevin se calló, esta vez un poco asustado; Harry podía bajarlo del carro y hacerlo regresar solo. Tenía la vista al frente y una expresión digna en el rostro, pues tampoco se trataba de presentarle a Harry esa opción. El silencio empeoraba las cosas, estaba consciente de que el mayor lo miraba con ceño y eso no le gustaba.

—¿Nos quedaremos aquí? –inquirió sin dirigirle la mirada aún.

—Discúlpate.

—No.

Harry hizo un movimiento tosco y veloz, y al siguiente segundo tenía la mano sobre la entrepierna de Kevin y apretaba delicadamente; el muchacho soltó un pequeño grito de sorpresa.

—Discúlpate –susurró Harry, pero por "algún" motivo ya no le resultaba tan amenazador.

El chico no pudo evitar tragar saliva y negó con la cabeza. Su vista estaba fija en un punto lejano y continuaba con su expresión digna; Harry apretó un poco más.

"Oh, Merlín…"

—Hazlo, Kevin.

—¿Por qué? Nada más he dicho la verdad.

—No actúes como un chiquillo.

—¿Yo? ¿Un chiquillo? –bufó mirándolo al fin—. Entonces no imagino cómo quién se comporta usted— hizo un ademán de retirar la mano de Harry, pero éste la quito antes—. ¿Qué se suponía que iba a hacer? ¿Arrancarme las pelotas?

Harry respiraba lo más profundamente que podía; estaba muy molesto. Kevin lo ponía así con gran facilidad. Era insistente, como un niño mimado, y ponía aquella cara… y tenía aquel cuerpo…

—¿Se le van los ojos, Señor? –se mofó ahora Kevin al notar cómo le miraba.

Sin aviso, Harry lo tomó bruscamente del cuello del uniforme y atrayéndolo hacia sí comenzó a besarlo. Kevin se apresuró a desabrochar ambos cinturones de seguridad y subir a las piernas de Harry. Se besaban con desespero; Harry acariciaba los muslos de Kevin y éste jadeaba cada vez que chocaba su cadera con la de Harry. Pronto comenzó a desabrocharle la camisa al mayor deseando sentir más piel mientras Harry se encargaba de los pantalones de ambos.

—Espere…espere –jadeó el chico al sentir los dedos de Harry en su trasero.

—¿Qué? –gruñó éste.

Kevin lo miró a los ojos, resplandecientes de deseo, y en ellos vio el reflejo de los suyos propios. Había estado a punto de cometer un error garrafal; le iba a comentar a Harry sobre "el sexo en el auto de su familia", pero en menos de un segundo recapacitó. ¿A él que mierda le importaba que Harry llegara a casa con el coche apestando a sexo? Absolutamente nada. Así que se simplemente sonrió descaradamente y sacó un condón del bolsillo trasero de su pantalón.

Harry sonrió en respuesta y tomó el paquetito. Hacía algunos días no sabía absolutamente nada de condones, de hecho nunca habían estado presentes en su vida. La primera vez que vio uno fue con Kevin, no le hizo gracia la idea de cubrirse el pene con un globo de plástico, pero el chico se vio muy renuente a hacerlo sin él… después le explicó por qué.

¿Por qué me has obligado a usar eso? –pregunto Harry aún con la respiración entrecortada. Tenía a Kevin abrazado, pero éste se había soltado como quien no quiere la cosa.

¿El condón? –Harry asintió—. El condón es importante, protege de enfermedades y a las chicas les evita el embarazo.

Hay hechizos para esas cosas.

Lo sé, pero esos hechizos no previenen la única enfermedad mortal entre homosexuales –Harry hizo un mohín de disgusto ante la palabra, le resultaba incómodo hablar de aquellos temas—.Es una enfermedad muggle.

Generalmente las enfermedades muggles no afectan a los magos y viceversa –apuntó Harry como si se burlara de Kevin, pero el chico sonrió divertido.

Pequeño ingenuo. ¿En serio crees que los magos y brujas gays se limitan a coger entre ellos? –le dijo con un tonito presuntuoso—. La sociedad mágica aún es muy arcaica con ciertas cosas que los muggles ya han mejorado.

¿Pero qué dices? Los magos somos muy contemporáneos.

Hace tiempo que nos separamos de los muggles. Ellos se las arreglan para facilitarse la vida, nosotros ya tenemos eso; pero mientras ellos avanzan utilizando su tecnología, nosotros estamos nulos en eso porque no lo necesitamos, pero también nuestra forma de ver el mundo se ha quedado muy atrás.

¿Eres hijo de muggles? –preguntó Harry curioso.

No.

Entonces sí hemos avanzado –sonrió Harry. Kevin decidió callar, no quería discutir después de un orgasmo como aquél.

Jadeos y suspiros era el único sonido dentro del auto. Ambos se movían haciendo ondas y el coche se movía con ellos. A Harry le gustaba besarle el cuello a Kevin, éste no podía evitar gemir cuando le sentía ahí.

—No haga eso… me correré –gimió intentando alejarse.

—¿No es lo que buscamos?

Kevin sonrió y buscó la boca de Harry mientras que con una mano comenzó a masturbarse, inmediatamente Harry le ayudó con la tarea a la vez que con su otra mano aferraba la nuca del muchacho para profundizar el beso. Se estaban ahogando pero ninguno desistió de la batalla hasta llegar al objetivo final.

—¡Ah! –exclamó Kevin corriéndose en ambas manos.

Harry en cambio se corrió con un gruñido dejándose caer en el respaldo. Besó a Kevin una vez más y se quedaron quietos uno contra otro intentando recuperar el aliento.

—Oh, oh –dijo Kevin justo después de volver a su asiento. La corbata de Harry tenía una enorme mancha blanca.

—¿Qué? –preguntó Harry, pero ya no era necesario pues casi al momento bajo la vista a la mancha—. ¡Maldición!

—Tranquilo, tranquilo. Puede tirarla. Se verá mejor sin ella –añadió al ver la cara de incredulidad de Harry.

—Seguramente me veré mejor -ironizó.

Harry suspiró y volvió a mirar la mancha pensativo, durante unos segundos Kevin creyó que la había cagado y que el viaje de regreso sería aún más insoportable que el de ida, pero entonces Harry sonrió y miró a Kevin.

—Me debes una corbata –le dijo.

Kevin le devolvió la sonrisa, pero casi al instante la borró de su rostro. Durante una fracción de segundos antes de que Kevin le sonriera algo terrible pasó por su cabeza:

"No le sonrías, no te atrevas a hacerlo. Hazlo enfadar, baja del coche y termina con esto antes de que saque un anillo y quiera dejar a su esposa".

Pero sonrió. Lo hizo y con ella firmó un contrato invisible.

Aquella noche Ginny le dio el mensaje de Karen a su esposo y éste asustado asintió en silencio. Harry sabía que Ginny era muy inteligente e intuitiva, pero aún así una llamada de Karen no significaba nada.

"A veces una llamada sólo es una llamada", se dijo.

—¿Por qué no contestaste mis llamadas? –preguntó de pronto Ginny mientras se ponía la pijama.

Por suerte para Harry, su esposa le daba la espalda y no pudo observar cómo su esposo se quedaba inmóvil.

—Estaba en una reunión –respondió.

Siempre era bueno decir la verdad, en ese caso era la verdad, sólo que estaba un poquito maquillada. "No, maquillada no. Simplemente omites detalles, Harry".

La pelirroja se vio satisfecha con la respuesta de Harry. Nunca antes le había desviado una llamada, pero ¡ey! Siempre había una primera vez para todo; además Harry era una persona importante (siempre lo fue), importante y ocupado. Las luces se esfumaron y aquel día terminó bien.

Muchos días más siguieron a las pequeñas aventuras de Harry, no quería admitirlo aún, pero después de que Kevin lo llevara a ese bar muggle para homosexuales… bueno, digamos que tal vez Harry podría batear para ambos bandos. Sí, aquella era la única soga de la que se sostenía antes de abrir los ojos ante la situación y rendirse a la corriente: decirse a sí mismo que era bisexual.

"A su edad no se puede ser bisexual", se había burlado Kevin.

"Bueno, tampoco se puede ser gay", arremetió Harry en su defensa.

"Siempre ha sido gay, pero se lo negaba. Aún ahora lo hace."

Estaba nervioso más de la mitad del tiempo y no pasó mucho cuando se dio cuenta de que comenzaba a ponerse paranoico. En casa cuando alguno de sus hijos o la misma Ginny se le acercaban repentinamente no podía evitar saltar y mirar asustado a todas partes. Por las noches la consciencia lo mataba (esa maldita buscapleitos), y si alguna vez Ginny tenía deseos de "compartir tiempo con su esposo", Harry se negaba de inmediato poniendo excusas cada vez más absurdas. Así que si antes Ginny no se había dado cuenta de lo que ocurría, ahora estaba muy preocupada por él y lo miraba un tanto recelosa.

—Me estoy volviendo loco –susurró Harry antes de cubrirse la cara con las manos.

Estaba en la oficina, no era mediodía aún y ya estaba hasta el cuello de trabajo; claro que no lo estaría si en algún punto de la semana anterior hubiera trabajado en vez de salir con Kevin. Aquella mañana había llegado e inmediatamente se instaló en su escritorio decidido a terminar con el trabajo acumulado y evitar pensar en el muchacho. Pero no lo pudo hacer, ni lo primero, ni lo segundo.

En ese momento llamaron a la puerta y Harry alzó la vista rápidamente. Lo primero que pasó por su cabeza fue que podría ser Kevin, luego se dijo que no lo era y que dejara al chico en paz. Volvieron a llamar y entonces supo que realmente no se trataba de él y un miedo extraño comenzó a instalarse en su ser.

—Pase.

Se trataba de Michael con más carpetas de trabajo.

—¿Te pasa algo? –preguntó observando el montón de carpetas encima del escritorio. Iba a añadir las que llevaba en la mano, pero de pronto no le parecía buena idea.

—Tengo mucho trabajo.

—Lo veo. Te estás ausentando mucho de la oficina últimamente… ¿Quieres que te eche una mano?

Harry asintió y comenzó a revisar carpetas para delegárselas a Michael.

—Harry… sé que no me concierne, pero… ¿tienes algún problema?

—No –respondió sin levantar la mirada—, todo está muy bien. Gracias por la ayuda, Michael.

El silencio se apoderó del lugar, lo que era realmente extraño para Michael, nunca se hacía sentido tan incómodo delante de su jefe.

—¿Sabes? –dijo Harry de pronto dejando las carpetas a un lado—. Nunca me has contado cómo es que te diste cuenta de que eres gay.

La pregunta dejó a Michael perplejo, casi como si le hablara de cangrejos apretando sus calzoncillos.

—¿Por qué querrías saber eso?

—Pues porque… —ahora estaba nervioso—. Porque siempre hablamos de mí y de mis problemas. Ahora hazlo tú. Quiero ser un buen amigo.

—Yo no tengo problemas –repuso el auror con un tonito que claramente decía: "como los tienes tú".

—Debes tener alguno –insistió Harry—. ¿Qué tal un novio? ¿Tienes novio? –preguntó dándose cuenta que no sabía mucho respecto a esa parte de la vida de Michael.

—Eh…

—Oh, vamos. Puedes decírmelo.

Michael continuó mirándolo extrañado. Era inusual aquella actitud en Harry y eso lo preocupaba.

Harry notó que seguía mirándolo de aquella manera y carraspeó abochornado. Hacía tanto tiempo que no le ocultaba cosas a nadie que había perdido práctica. Después de la guerra se había dicho que no habría más secretos en su vida, al menos secretos realmente significativos, y ahora creía que todo lo delataba; cada movimiento, cada suspiró, cada estornudo, todo… lo que hacía que actuara de manera sospechosa sin quererlo.

—¿Es James? ¿Crees que es gay? –aventuró Michael.

—¿Qué? –se alarmó Harry.

—No es eso entonces –murmuró Michael para él mismo.

—¿De qué hablas?

—Bueno, sólo hay dos cosas por las que me preguntarías por mi vida sentimental; una es que alguno de tus hijos es gay, y la otra es que tienes un grave problema y quieres distraerte de una forma bastante extraña.

—No es ninguna de las dos… En todo caso, ¿por qué es ésa tu primera opción?

Michael se alzó de hombros.

—¿Ya descubriste si Kevin es gay? –preguntó Harry como quien no quiere la cosa.

—Lo es, eso es seguro.

—¿Y cómo lo sabes?

—Tenemos un sexto sentido con esas cosas. Además sus pantalones están demasiado ajustados… sin mencionar que anoche lo vi en un club al que voy.

La respiración de Harry se detuvo. ¿Un club? Sí, bueno, no era que Kevin y él fueran nada… ¡pero qué demonios hacía en un club!

—¿Un club… gay? –inquirió Harry. Michael no pudo evitar rodar los ojos sin querer. Al parecer Harry estaba empeñado en que su charla tuviera la palabra "gay" al menos quinientas veces antes de que terminara.

—Sí, Harry. De hecho lo he invitado a tomarnos unos tragos esta noche. ¿Qué te parece?

"Sí, ¿qué te parece, eh?"

—Gracias por la ayuda Michael –dijo secamente y le entregó un montón de carpetas.

Llamar a Kevin a su celular era algo a lo que Harry se negaba rotundamente y, sin embargo, no pudo evitar que sus dedos marcaran su número varias veces ese día. La llamada no se efectuó, pero muchas veces estuvo a punto de hacerlo, si no fuera porque o bien no terminaba de marcar todos los números, o bien porque colgaba tan sólo terminar de marcarlos. No fue hasta casi media noche, en la cocina de su casa, cuando se dio el valor de esperar a que le contestara.

—¿Diga? –se escuchó la voz de Kevin por el auricular; había mucho ruido entre personas hablando y riendo, y una estruendosa música al fondo—. ¿Hola?

Un breve momento de silencio en el que el chico miró el móvil para ver quién demonios le había interrumpido y todavía el muy bastardo…

—¿Señor Potter? –llamó sorprendido a la vez que intentaba buscar un sitio más tranquilo para hablar—. ¿Señor es usted? ¿Qué ocurre?... ¡Harry!

—No me tutees –gruñó Harry y por un instante casi visualizó a Kevin rodando los ojos.

—Ésta sí que es una sorpresa. ¿Qué ocurre? ¿Su esposa salió de viaje y está solo en casa?

—No digas estupideces.

—¿Qué es lo que pasa? –insistió Kevin ahora aburrido.

—Nada, ¿qué iba a pasar?

De pronto Harry estaba totalmente abochornado. Él era quien le había marcado a mitad de la noche. Era él quien no podía dormir y le cosquilleaban las manos cuando tomaba el celular, él era quien lo buscaba.

—… Potter, me escucha?

—¿Qué? –saltó Harry.

—Que si no tiene más de dos palabras que decirme no me llame, ¿de acuerdo?

—¡Kevin, espera!

El chico colgó. ¡Colgó! ¿Cómo se atrevía? ¡Él era su maldito jefe! No podía colgarle, ese mocoso. Colgó también y volvió a llamar.

—¿Al fin ocurrió algo? –fue la respuesta que obtuvo.

—¡Cómo, maldita sea, es que me cortas la llamada! –rugió Harry, luego se percató del silencio y bajó la voz—. ¿En dónde estas?

—En una disco…

—¿Una qué?

—Un club muggle. Un club gay muggle –respondió el chico tranquilamente—. Y le corté la llamada porque no quiero que su querida esposa lo escuche balbucear en el baño.

—¿Por qué estaría en el baño?

—¡Déjese de bobadas y vaya al grano!

—Está bien, está bien. Solo quería… quería decirte que te tomes el día mañana. Quiero llevarte a un sitio –tan solo terminar de decir aquello se dio un golpe en la frente.

—Bien, pero que no sea muy temprano. ¿Lo veo a la una en su casa?

—¡Por supuesto que no! Yo paso por ti.

—Bien.

—Adiós y no te des… —de nuevo le colgó.

Del otro lado del pasillo se encontraba Albus escondido y con el ceño fruncido. Había bajado por agua, tenía la costumbre de levantarse por la noche por un vaso con agua, pero aquella noche la luz de la cocina había estado encendida y la voz enérgica de su padre lo había hecho detenerse antes de entrar. Al principio creyó que James había salido de casa sin permiso (algo usual en su hermano), hasta que escuchó algo que no encajaba en la conversación así que o era otra persona o… o era otra persona, no había de otra.

—¿Con quién hablabas? –quiso saber, de pie en la puerta de la cocina.

Harry se levantó de un brinco; por un instante imaginó que era Ginny.

—Era del trabajo –mintió con descaró a su pequeño—. Debo salir a un sitio ahora mismo, ¿si se levanta tu mamá podrías decírselo, Al?

—Claro, ¿pero a dónde vas?

—En realidad aun no lo sé.

Albus asintió y Harry salió corriendo para cambiarse el pijama. Mentirle a un niño no era su idea de… ¡bah! Lo único en la cabeza de Harry en ese momento era encontrar a Kevin y Michael, ¿por qué? Bueno esa era una pregunta para Merlín, Dios o Jebus*, pero no para Harry Potter.

Aunque quizás si no hubiera estado tan desesperado por encontrar respuestas se hubiera evitado una que otra sorpresita.

—¿A dónde vamos, Kyle?

—Ya lo verás, ya lo verás.

—No quiero problemas, el mundo muggle es peligroso de noche, más que el mágico –añadió como sí aquello retractara a Kyle de sus planes.

—¡No pasa nada, Ted! –animó su amigo con una sonrisa que pretendía tranquilizarlo.

—Siempre que dices eso pasa algo malo –refunfuñó Teddy.

—Oh, no seas quejica. Bien que te has divertido saliendo conmigo.

Ted trató de esconder una sonrisa. Era verdad. Siempre que salía con Kyle terminaban en problemas, pero eso no le quitaba lo divertido.

*Jebus: es un chiste en referencia a Homero Simpson.