A mí favor sólo quiero decir que he estado pasando por un muy mal momento, pero que no pienso abandonar la historia, de hecho me han recomendado continuarla para ayudar a mi proceso de recuperación, y lo está haciendo, así que gracias por continuar leyendo, si es que sigues aquí…
Un beso. Y mil gracias a mi beta que fue su mensaje el que me ánimo a continuar pasando la historia a la computadora. :3
No olvides nunca que el primer beso no se
da con la boca, sino con los ojos.
—O.K. Bernhardt—
6. ¿Sabes cómo sé que eres Gay?
El ruido era infernal y la visión no tenía nada mejor, luces que relampagueaban al ritmo de la música, otras más de colores danzando por todo el lugar; pero lo que se llevaba el premio era la gente. El sitio estaba repleto de personas que bailaban unas con otras, al parecer no importaba con quien. Más de una vez Harry fue atraído a la pista de baile, no sabía cómo era que terminaba en el centro de la pista, pero lo hacía. Era fácil entrar, lo difícil consistía en salir.
—¡Demonios! –gruñó en medio de su frustración, claro que nadie lo escuchó gracias a la música.
Las cosas en casa de Draco habían estado… aburridas, por no decir muertas. Continuaba durmiendo la mayor parte del tiempo, y no tardó en superar su enfado con Astoria porque ésta se hubiera llevado a Scorpius, pues el niño pasó con él casi toda la semana siguiente. Después las cosas volvieron a su monotonía habitual, pero esa noche algo nuevo ocurrió y sacó al rubio de la atormentada vida que estaba llevando.
—¿Qué quieres? –gruñó Draco cerrando la puerta tras Blaise.
—Necesito que te cambies y salgas conmigo –respondió éste arrastrando al rubio hacia su habitación—. Theo no está disponible ahora y no quiero salir solo, es patético.
—Para alguien de tu edad es, de hecho, patético salir –se mofó Draco.
—Sí, sí, eres muy gracioso Draco. Ahora cámbiate, anda.
—¿Qué te hace pensar que quiero acompañarte a hacer el ridículo?
—Nada, nada en absoluto. Sólo que ya nos tienes hartos a todos con esta miseria que te cargas.
—La miseria en mi vida es cosa mía –refunfuñó Draco; trataba de evitar, por todos los medios, ser arrastrado por Blaise pero éste le había quitado el bastón y casi lo estaba cargando—. ¡Basta! ¡Blaise! ¡Me lastimarás el tobillo!
—¿Desde cuándo eres tan nena con eso, eh?
—¡Blaise! –siguió quejándose Draco mientras se retorcía intentando quitarle el bastón a Blaise.
"¿Por qué demonios guardo la varita ahí dentro?", pensó amargamente.
—¡Maldición! ¡Blaise, basta!... ¡Accio varita! –nada ocurrió; su amigo agarraba firmemente el bastón—. ¡Accio varita!
—¡Cállate ya! –gritó Blaise por encima de los alaridos de Draco y lo dejó caer sin gracia en la cama al llegar a la habitación—. ¡Joder, Draco! Deja de ser tan jodidamente patético.
—Si te molesta tanto lárgate –bufó Draco sentándose en la cama.
—Eso quisieras tú, pero no lo haré. Vas a cambiarte y vas salir conmigo –ordenó su amigo señalándolo amenazadoramente con el dedo índice.
Draco suspiró y se enfurruñó más en la cama, pero ya no dijo nada. Ese maldito de Blaise era un cretino.
—Bien –continuó Blaise y se aproximó al armario—, te daré algo para ponerte y te cambiarás rápido, o si no vendré y lo haré yo mismo, ¿entendido?
Le entregó un traje negro con una camisa morada oscura sin corbata y salió de la recamara. Draco miró el conjunto con desprecio un momento antes de ponerse manos a la obra; cuando Blaise se ponía más pesado que él no había quien lo frenara.
—No seas amargado, Draco. Mira, te prometo que no te vas a arrepentir –decía Blaise con aire condescendiente.
Ahora en el auto de Blaise, Draco miraba por la ventanilla de su lado con aire ausente. No le gustaba salir, la gente lo miraba como si fuera un bicho desagradable y en la mayoría de los casos era un bicho desagradable que agonizaba, y a la gente le gustaba eso; el morbo que sentían de verle derrotado era indescriptible para Draco… Los odiaba.
—Vamos, Draco, háblame… Hago esto por tu bien y lo sabes; no es bueno lo que te estás haciendo. Aislarte y escribir mierdas contra la sociedad no mejora nada…
El rubio se negó a continuar escuchando tantas sandeces por parte de Blaise, sobre todo cuando hacía tanto tiempo que no podía escribir. La última vez fue mucho antes de que Astoria se llevara a Scorpius con sus padres y de eso hacía ya varias semanas. Si no terminaba su novela para septiembre tendría problemas con su editor.
—Deja de parlotear y dime adónde vamos –lo cortó Draco cuando Blaise comenzó a tocar el tema de su hijo.
—¿A dónde más podríamos ir? –repuso Blaise con aire compungido.
Le molestaba tanto que Draco no lo escuchara, que no se diera cuenta de lo preocupados que los tenía a él y a Theo. Odiaba esa actitud de Drama Queen en el rubio.
—No quiero ir a un bar gay –objetó Draco molesto—, y menos aún si es uno muggle. Estoy harto de estos aparatejos; ya no sólo nos escondemos entre ellos, sino que somos parte de ellos. Consumimos la misma chatarra, les compramos teléfonos, autos… ¿para qué demonios queremos autos cuando podemos desaparecernos? ¡Dime, Blaise! ¡Para qué!
—Deje la corona, su majestad. Esas cosas son útiles y lo sabes.
—Al menos podrían acondicionarlo con hechizos –escupió Draco por lo bajo. Luego siguió un silencio antes de que se animara a proseguir, más que nada para seguir haciendo ruido—. Realmente quisiera quedarme en casa, Blaise. Ahí también podemos tomar hasta caernos de culo, ¿sabes?
Blaise no contestó al momento, dejó que el tiempo hiciera de las suyas con aquella declaración para después poder cambiar de tema.
—¿Has visto a Scorp está semana?
Draco negó con la cabeza.
—¿Solo los fines de semana? ¿No puedes intercambiarlos por algún otro día?
—No, Blaise, no es "canjeable". Además soy un marica, ¿recuerdas? Apenas terminé con las visitas supervisadas.
Al rubio no le gustaba hablar de lo sucedido en el divorcio y era totalmente comprensible; no era un secreto para nadie que los gays tenían aún más tabúes en el mundo mágico que en el muggle, y por ello Draco se empeñó en que se separaran por medios muggles. No le enorgullecía esto en absoluto, pero era mejor a que le prohibieran ver a su hijo.
–Si se me acerca un chico guapo no te quiero detrás de mí. Procura que sea en tu casa si te llevas a alguien… es más, me llevaré el coche; así tendrás que irte con alguien.
—¡Ni sueñes con que me dejarás a mi suerte!
—Tu suerte solía ser muy buena, Draco. Sólo deja que regrese a ti.
—Las cosas nunca regresan.
—Pues oblígalas. Para algo tienes la varita.
El local era enorme y salían luces por todas partes, en general era blanco y tenía algunos detalles en negro en la fachada. Ted y Kyle lo miraban sonrientes frente a él.
—¡Benditos sean los muggles! –exclamó Kyle.
—Vamos –replico Ted y continuaron andando con una sonrisa de oreja a oreja.
Dentro las luces llenaban el lugar girando y danzando sobre una multitud que se retorcía al son de la música; desde que se entraba se era incitado a dejarse llevar. Ted y Kyle se volvieron a mirar antes de dirigirse a la barra.
—Esto es una locura –gritó Ted por encima de la multitud.
—Siempre es una locura –acertó Kyle y le dedicó una mirada a uno de los chicos que iba pasando por su lado. Al parecer el chico también estaba interesado pues le devolvió una sonrisa—. Nos vemos luego Teddy.
—Recuerda, aquí mismo a las dos –gritó Ted aunque estaba claro que su "compañero" de juerga ya no estaba precisamente con él.
Negó con la cabeza mientras sonreía divertido a la barra y continuaba con su bebida.
¿Cómo es que se le ocurrió ir a ese sitio infernal?
Mataría a Kevin, ¡Merlín si lo mataría!... De acuerdo quizás no mataría a Kevin; después de todo, él fue quien decidió ir a buscarle, ¿o no? Como fuera necesitaba un trago (o quizás diez), intentaría llegar a la barra, tomaría algo y se iría a casa prometiéndose que nunca volvería a hacer una locura como aquella.
"Mira que ir a un bar gay"
—¿Harry?
El aludido se giró con temor. Había sido descubierto.
—Hola Michael –saludó Harry como si fuera lo más natural del mundo encontrarse en ese sitio—. ¿Qué tal todo?
—¿Qué haces aquí? –se sorprendió Michael mientras en su cabecita de auror se prendía una luz que no terminaba de gustarle.
—Yo… bueno, yo sólo… –titubeó.
—Harry no me digas que…
—¡No! –saltó su jefe abriendo los ojos desmesuradamente— ¡No! No, no, no, no, no. Yo sólo pasé porque quedé en encontrarme con un auror encubierto…
—¿Hablas de Kevin?
—Sí –respondió Harry sin pensarlo siquiera.
—Pues me temo que esta noche no lo encontrarás.
—¿A qué te refieres?
—Se fue con un sujeto… parecían ser viejos amigos. No sé si me entiendes.
—Sí… entiendo. Gracias Michael.
—Quita esa cara, Draco. Ahuyentas a los galanes –reprochó Blaise cruzándose de brazos.
—En ese caso posa aquí mariquita, yo iré por un trago –gruñó el rubio antes de andar con más dificultad de lo normal hacia la barra.
Blaise bufó y dio un par de pasos dispuesto a seguir a su amigo pero uno de los chicos que pasaba por esa parte de la pista llamó su atención con la mirada. Draco llegó a la barra y se instaló cómodamente en uno de los banquillos dejando su bastón entre las piernas, ordenó lo más fuerte que tuvieran y espero con la cabeza fija en un punto de la mesa.
—Es un asco –escuchó que le dijo alguien a su lado.
—No es de extrañar en este punto, ¿verdad? –contesto Draco sin dignarse a volverse.
—Me refiero a la bebida que ha ordenado. Es un asco –rectificó el muchacho sin entender muy bien de lo que hablaba el rubio—. ¿Se encuentra usted bien?
—Algo que deberías saber es que en estos lugares no existe la palabra usted –le dijo Draco volviéndose por fin; al hacerlo tuvo la vaga sensación de que ya había hablado antes con aquel chico pero estaba seguro de que no lo había visto nunca—. Y mucho menos si lo que intentas hacer es ligar –terminó.
—No intento ligar.
—Bueno en ese caso, ¿qué haces aquí? –El chico se alzo de hombros. — ¿Cuál es tu nombre?
—Ted.
—¿Ted qué?
—En estos lugares no existen los apellidos, señor –sonrió Ted.
Draco se sorprendió un tanto que usara aquello en su contra, el mocoso flirteaba deliberadamente después de haberlo negado. Qué encantador.
—¿Cuál es su nombre?
—Draco.
—Bueno, Draco, te recomiendo que no bebas esa mierda –le aconsejó Ted a la vez que el cantinero le entregaba su bebida al rubio—; lo único que lograrás es llegar a casa como una cuba y si vienes solo ten por seguro que no habrá nadie dispuesto a ver que llegues bien a casa.
—Pues ahora hay alguien, ¿no lo crees? –replicó Draco y le dio un sorbo.
—Me limito a dar advertencias, no me gusta hacer de nana.
—Tranquilo Ted, tengo mis propios medios para volver a casa.
Ted sonrió y volvió a alzarse de hombros, en ese momento llego Kyle con un chico moreno detrás de él; su amigo frunció el ceño al ver a Draco.
—Iré a casa de Kevin –informó Kyle—, ¿puedes volver tú solo o te dejo el coche?
—Estaré bien, llévatelo tú.
Kyle asintió, miró de reojo a Draco y se aproximo más a Ted para tener algo de privacidad.
—Ten cuidado, ¿sí, Teddy?
Ted no le contestó, se limitó a mirar a Kyle con aire condescendiente.
—Nos vemos –se despidió su amigo al no obtener respuesta.
—Para ser tan paranoico lo lleva bien –comentó Draco llamando la atención de Ted.
—No es paranoico, únicamente se…
—¿Se preocupa por ti? –terminó Draco con aburrimiento, el chico volvió a sonreír y asintió—. Por supuesto, está tan preocupado por ti que te deja volver solo a casa.
—No necesito nanas.
—Lo sé –suspiró el rubio y haciendo la bebida a un lado se puso en pie. Notó la fugaz mirada al bastón por parte de Ted. "Suficiente mierda por hoy."
— Adiós Ted.
—¿Te vas?
Draco no respondió. Ted frunció el ceño y se volvió a la barra; qué extraño era aquel sujeto. No conocía a nadie que fuera a una disco para amargarse la noche (aunque por supuesto era obvio que el tipo ya estaba amargado por sí mismo), esas cosas se hacían en otros tipos de bares; en aquellos en los que las personas no se miran y están cabizbajos todo el tiempo, en los que se bebe en silencio hasta que el alcohol te afloja la lengua.
Continuó bebiendo tranquilamente mirando a todo tipo de chicos pasar, algunos le guiñaban un ojo o le sonreían y él les contestaba de la misma forma. Durante un rato no pasó nada y con cada chico que pasaba más extrañaba a Drarren. Drarren su "novio". Drarren el viejo (según Kyle). Drarren. Drarren…
"¿Pero qué demonios…?"
—¡No! –susurró Ted aferrándose a la mesa.
¿Cómo era aquello posible? Su padrino en ese sitio, tenía que ser una broma, tenía que ser un error, un espejismo, un… ¡Oh, Merlín! ¡Se estaba acercando! ¿Acaso iba por él? ¿Lo sabía todo?
Continuó mirándolo mientras se escondía discretamente tras un chico musculoso; el chico le miró y sonrió, Ted le devolvió el gesto nervioso pero sin dejar de estar pendiente de Harry.
—¿Por qué te escondes, guapo? –preguntó un chico menudo y con acento de loca que acompañaba a Míster Músculos.
—No me escondo –repuso Ted tranquilamente, pero Harry se aproximó peligrosamente y se agachó abruptamente—. Está bien… puede que un poco –admitió ante la risotada descarada del chico.
—¿Necesitas salir de aquí? –intervino Míster Músculos.
—Sí.
—Te acompañamos a la puerta –ofreció.
—¿De verdad?
—Sí, de todas maneras ya nos íbamos –dijo el del acento de loca—. Anda, guapo, vamos.
Harry se había despedido de Michael e ido a buscar un trago, sabía que su amigo aún lo observaba a distancia pero Harry no tenía nada, absolutamente nada, que ocultar, así que eso no debía preocuparle en lo más mínimo. Nunca había estado en un sitio como aquel y le resultaba muy extraño que las personas fueran hombres en su mayoría. Hombres besándose entre sí. Hombres bailando entre sí. Meneó la cabeza, realmente necesitaba un trago; todo estaba tan fuera de lugar.
Llegó a la barra y ordenó una cerveza, el cantinero se la entregó al momento y Harry se bebió media botella de un solo trago. Cuando la dejo en la barra tenía los ojos cerrados hasta que se le ocurrió que no era precisamente una buena idea cerrar los ojos en un antro gay y los abrió rápidamente. Al hacerlo su vista quedó fija en la botella.
"Tengo que salir de aquí"
—Muchas gracias chicos. Fueron de gran ayuda.
—No hay problema –repuso Míster Músculos.
—Y si necesitas otro tipo de favor también avísanos, ¿ok? –le dijo el otro chico. Ted no supo si bromeaba o no, así que se limitó a sonreírles.
El par de chicos continuaron con su camino y Ted suspiró mirando alrededor. No quería ni imaginarse en qué problemas se habría metido si su padrino lo hubiera visto…por otro lado…
¿Qué hacía su padrino en un antro como ese? ¿Realmente estaba buscándole o fue tan solo su consciencia culpable?
Cuando Harry por fin salió de aquel sitio infernal se extrañó ante la presencia de magia alrededor de la salida; no era ingenuo al imaginar que algún sujeto de alrededor fuese mago pero definitivamente tenían que ser más cuidadosos con el lugar que escogían para su aparición. "No estás trabajando y eso no es asunto tuyo", le regañó una vocecilla. Y tenía razón.
Lo mejor sería largarse de ahí ya mismo; uno nunca sabía qué clase de gente se podía encontrar en aquellos sitios.
—¡Joder!
—¡Maldición! –gruñó al sentir un pinchazo en el pie. Alguien le había pisado, pero debía ser muy pesado para pisar de aquella manera.
—¿Quisieras tener más cuidado? –escuchó al idiota que lo pisó recriminarle.
—¡Pero sí has sido tú él que me pisó! –enmudeció completamente al percatarse de quien era.
Fue como tener un retroceso; recordó como hacía muchos años no se había molestado de aquella manera. Su sola presencia, su aroma, sus gestos arrogantes y esa actitud de "Soy el rey de la mierda en el reino de la cagada", lo molestaban sobremanera…pero también lo sorprendía. Sabía que ambos habían cambiado, pero nunca pensó como sería verlo a la edad de cuarenta años.
—Vaya, vaya… -dijo el rubio al fin— Buenas noches, Potter.
—Malfoy –replicó Harry con desgana.
—Así que parrandeando, ¿eh?
A Harry le extrañó la familiaridad con la que le hablaba, aun tenía esa actitud arrogante y desafiante de cuando eran jóvenes, y su tono de voz no era mejor.
—Buscaba a un amigo –dijo Harry sintiendo la súbita necesidad de excusarse—. En cambio veo que en El Profeta no todo lo que dicen es falso.
A Draco le cambió completamente el semblante, sus labios y ceño se fruncieron e inmediatamente Harry notó como sus defensas aumentaba.
—Ten mucho cuidado con lo que dices, Potter.
Harry decidió que lo mejor sería no decir nada; muchos años de errores le habían ayudado a controlarse….
—Ya que obviamente hay muchas cosas que no salen a la luz, claro que no si se trata del niño que vivió, ¿no es así? –escupió Draco.
—¿Qué quieres decir?
—Tú también estás aquí –le recordó con una sonrisa triunfante.
Y es en ese tipo de situaciones cuando esos años se iban a la mierda. Había aprendido a callar, más no a controlar su temperamento Gryffindor; Draco no acababa de sonreírle cuando Harry lo empujó y al no tener mayor equilibrio del que su bastón le ofrecía se fue hacia atrás hasta topar con el suelo. Harry se asustó al ver esto, no lo había empujado tan fuerte como para tirarlo, aunque estamos hablando de Draco Malfoy y ya todos sabemos como es Malfoy.
—¡Por favor! ¡No seas dramático, Malfoy!
El rubio no contestó, estaba demasiado ocupado en contraer su rostro en un gesto de dolor a la vez que se agarraba el tobillo. Fue entonces cuando Harry se dio cuenta del bastón al lado de Draco; un fugaz recuerdo del juicio contra su familia vino a él y recordó que no podía caminar sin aquella cosa, un sentimiento de culposa satisfacción lo invadió entonces, en esta ocasión fue al revés. Era Malfoy, el maldito Draco Malfoy, pero no tenía porqué sacar ventaja de aquello ("Lo había olvidado", saltó la vocecilla asustada), no importaba que fuera accidental.
—¿Malfoy….? –inquirió culpable y se arrodilló a su lado.
—Hijo de perra –murmuró Draco con los ojos fuertemente cerrados, tomó aire profundamente y continuó murmurando—. Eres un hijo de perra, Potter.
—Tú no eres un amor precisamente.
—Lárgate de aquí –su voz era forzada y calmada. Harry notó un ligero temblor de fondo.
—Te llevaré al hospital.
—¡Ya has hecho suficiente! ¡Lárgate!
Harry frunció el ceño y se levantó de mala gana , por una fracción de segundo estuvo a punto de irse y dejarlo ahí tirado pero su consciencia no se lo permitió. Él le había hecho daño y fuera como fuera (fuese quien fuese), no tenía el derecho de dejarlo ahí a su suerte. Así que volvió a agacharse tomó el bastón y una de las manos del rubio para pasarla sobre sus hombros; Draco se dejó hacer más porque el dolor no le permitía darse cuenta de lo que ocurría. No se dio cuenta de que estaban andando al coche de Harry hasta que estuvieron delante de la puerta.
—¿Qué estás haciendo?
—Te llevo al hospital –contestó Harry con un gruñido a causa del peso.
—Déjame en paz, Potter –rezongó Draco sin abrir aún los ojos.
Harry abrió la puerta y sentó a Draco en el asiento del copiloto, cerró la puerta y le dio la vuelta al coche. Antes de entrar pudo observar a Malfoy retorcerse del dolor y luego aparentar más tranquilidad al percatarse de su presencia. Entró al auto y lo encendió rápidamente.
—Mierda –masculló antes de soltar con rencor—. ¿No crees que si realmente quisieras ayudarme lo más eficaz sería una aparición?
—Lo sé…
—¿Entonces?
Harry no quería contestar, Draco ya tenía suficientes armas en su contra como para que además supiera que a Harry le preocupaba que llegaran a reconocer su coche en un antro como aquel. Por supuesto aquello sería demasiado obvio cuando dejara su coche en otro sitio y desaparecieran, así que debía darle una respuesta, una muy buena.
—No podemos desaparecernos en medio de un montón de muggles.
De acuerdo, definitivamente podría haberlo hecho mejor; aunque en el estado en el que se encontraba el rubio era difícil decir si le parecía razonable o no. Ciertamente Draco no podía prestarle mucha atención a ello. Estaba más concentrado en disminuir el dolor que en cualquier estupidez relacionada con Harry Potter.
—Joder –susurró contrayendo su cuerpo de nuevo.
El dolor iba en aumento y el rubio comenzaba a sentir como se le humedecían los ojos; llorar frente a Potter era algo de poca importancia teniendo en cuenta que comenzaba a ver borroso, muestra inequívoca de que estaba por desmayarse.
—Olvídalo, Potter, lo haré yo mismo.
—No puedes desaparecer en ese estado, Malfoy.
Pero Harry no terminó de decirlo cuando escuchó un fuerte chasquido, acto seguido frenó el auto en seco y se volvió a mirar el asiento vacío a su lado.
—Genial –ironizó con un suspiró mientras se dejaba caer en el asiento con pesadez.
Después de todo, su racha de mala suerte sólo estaba comenzando. "No es para tanto", se dijo, "Malfoy es un niño grande, ¿no?". Sí, un niño grande. No tenía que preocuparse. Encendió el coche de nuevo y volvió a casa.
