Listo el siguiente cap, muchas gracias por sus comentarios y apoyo ante mi situación personal, las cosas siguen lentas, pero ahí vamos :D
Gracias en especial a mi linda beta que es brillante como oro jaja, un gran abrazo nena.
Disfruten el cap.
La oración del hombre a un Dios justo no debería ser
"Perdónanos por nuestros pecados", sino
"¡Castíganos por nuestras inquietudes!"…
—Oscar Wilde—
7. Perdido y encontrado
Nunca se había dado cuenta de todo el drama en su vida hasta que se terminó… o al menos se detuvo por un tiempo. Claro que sus días se volvieron un tanto aburridos, pero era agradable no tener nada importante (tan importante como la vida misma) por lo que preocuparse. Su trabajo era estupendo y su esposa maravillosa; los pañales, los llantos por las noches y hasta las peleas parecían placenteras en su rutina. La cosa es que si abusas de tu rutina, ésta se vuelve una cosa espantosa. Y ahora el drama había tocado a su puerta y parece que él le había dejado entrar a libertad.
—Te ves cansado.
Harry se volvió, sobresaltado, hacia la puerta de su oficina. Últimamente se asustaba menos de las esperanzas que le surgían de encontrarse con Kevin en su oficina, pero comenzaba a asustarle la decepción de no encontrarse con él.
—Hola, Michael –saludó Harry mientras el auror tomaba asiento frente a él.
—¿Regresaste muy tarde anoche?
—No realmente, aunque fue una completa pesadilla salir de ese sitio. No entiendo cómo puedes ir a esos lugares con tanta frecuencia.
—Tampoco voy tan seguido –replicó Michael sonriendo—. Oye, ¿con quién te ibas a encontrar?
De la nada, Harry se atragantó con su propia saliva. Michael se levantó a querer ayudarlo, pero Harry negó con la mano.
—¡Caray! Harry, la edad no deja nada bueno, ¿eh? –se mofó Michael.
—¿De nuevo tengo que recordarte que eres mayor que yo? –bufó su jefe antes de invocar algo de agua.
—Ya, ya… ¿Entonces quién era? ¿En qué andamos ahora?
—¿Andamos?
"¡Oh, santo Merlín! ¡Lo sabe! ¡Se dio cuenta!... Espera… ¿qué sabe? "
—¿Qué? No me dirás que no estoy en la investigación. ¡Oh, vamos! No me digas eso Harry, les puedo ser de mucha ayuda, ¡yo soy gay!
—¿De qué hablas?
—Del trabajo de anoche, ¿de qué más? –replicó Michael indignado.
Harry respiró aliviado, por un momento creyó estar a punto de verificar el mito más grande en la historia homosexual: que se identifican entre sí.
"Tú no eres gay, ¿recuerdas? No hay nada que identificar"
—¡Oh, claro! Pues es que … –y aquí es el momento en el que Harry se pone a juguetear con los objetos en su escritorio— en realidad es una investigación… tú sabes… extraoficial…
—¿En qué estás metido ahora, Harry?
—Nada.
—Vamos, ¿qué pasa?
—¿De qué hablas? –preguntó Harry comenzando a sudar.
—No soy tonto Harry, siempre que tienes problemas te inventas más trabajo. Vamos, cuéntamelo. ¿Es Ginny?
—No…
—¿Algo te molesta?... Es James, ¿verdad?
—No, Michael, no es nada de eso… es Malfoy.
—¿Malfoy? ¿Qué hay con él?
—Ayer lo seguía –mintió descarado— y sucedió un accidente. Quise llevarlo al hospital y él se desapareció.
—Entonces no debía estar tan mal, ¿no?
—Supongo, pero…
—Espera unos días, seguro que aparece por ahí.
"¿Qué es esto?"
Despertó en medio de una extraña sensación de confort; estaba consciente de que aquella no era su cama, de que ni siquiera estaba en su casa, pero lo verdaderamente importante era que no sentía ningún dolor, ninguno en absoluto. Abrió los ojos encontrándose con una habitación donde reinaban los colores pasteles y las sábanas blancas. En efecto estaba en un hospital; lo que sí le impresionó fueron todas aquellas máquinas alrededor de su cama y conectados directamente a su cuerpo a través de cables de colores y tubos transparentes.
"¡Salazar! ¡Estoy en un hospital muggle!"
Todos sabían que a la hora de la medicina los muggles eran unos sádicos. ¿Qué tanto le habrían hecho? ¡Oh! Sólo Merlín lo sabía. Una vez en la escuela había escuchado a sus compañeros hablar sobre las prácticas de medicina muggle; ¡ellos abrían a las personas por la mitad! La abrían por todas partes, sacaban sangre de sus cuerpos y luego volvían a coserlos como si fueran prendas.
Su respiración se aceleró y un extraño pitido proveniente de una de las máquinas lo hizo también; seguramente aquello alertaba a los muggles de sus movimientos. Tenía que salir de ahí lo más pronto posible; se reincorporó y algunos de los cables se soltaron de su cuerpo, otros empujaron las máquinas más cerca de la cama. De pronto el pitido se hizo más escandaloso y sin pausas.
—¿Dónde coño está mi varita? –gruñó buscando por todas partes.
—Tranquilo señor, no se levante –una chica de tal vez veintiséis años había entrado apresuradamente—. ¿Siente alguna molestia? –le preguntó a la vez que le examinaba.
—Tengo sed –fue lo único que atinó a decir el rubio.
—Es normal, ha estado durmiendo por unos días… ¿Recuerda su nombre?
El rubio no contestó inmediatamente, estaba muy entretenido mirando cómo la chica revisaba ciertas partes de su cuerpo y había detenido los ruidos que salían de las máquinas.
—No los quiero –se apresuró a decir cuando la chica se disponía a volver a conectar los cables y tubos a su cuerpo.
—Sé que son molestos señor, pero necesitamos monitorearlo las veinticuatro horas del día.
—Mmm…pero eso… ¿duele? –preguntó.
—Bueno, el suero intravenoso duele un poco al pinchar, pero es sólo un segundo.
—¿Pinchar? –saltó Draco poniéndose nervioso de nuevo.
—En realidad no es para tanto, se lo aseguro –le dijo la chica lo más amablemente que pudo.
Y la verdad es que realmente no había sido tan terrible como le habían contado en la escuela. Quizás, sólo habían sido palabrerías para asustarlo por las noches; los niños solían hacer ese tipo de bromas pesadas.
—¿Tiene idea de lo que le sucedió? –le preguntó la joven cuando terminó de conectarlo de nuevo a los aparatos.
—No –mintió—. ¿Qué hospital es este?
—El Hospital Schecter…
—¿Y esto se ubica en Londres?
—Sí, señor –le sonrió la chica con indulgencia—. Lo encontraron tirado a la puerta de un local de comida rápida. Fue una suerte que parara ahí.
—¿Cómo dice?
—Parece que caminó un buen trecho antes de desmayarse. Tiene el tobillo destrozado; no puedo creer que caminara así y durante tanto tiempo… ¡Por cierto! Encontraron algunos objetos cuadras más abajo, asumimos que eran de usted por el emblema…
—¿Qué objetos? –interrumpió Draco.
—Un bastón, algunas monedas que se veían un poco extrañas, y un par de anillos.
—Sí, es todo mío. Dígame, ¿por qué no me duele el tobillo si está destrozado?
—Es por el efecto del medicamento. Este tubo que usted no deseaba volver a ponerse, conduce la droga hasta su organismo –explicó la chica bastante satisfecha de sí misma—. Pero lo más probable es que necesite cirugía.
—Cirugía –de nuevo se alarmó.
No sabía qué significaba aquella palabra, pero una vez más su imaginación volvía a abrir personas, hurgar en su interior y zurcirlas como prendas, y definitivamente Draco Malfoy no quería ninguna mano dentro de su cuerpo, ya fuera mago, muggle o de Merlín mismo.
—Es muy sencilla…
—No quiero ninguna cirugía –la cortó el rubio.
—No puede dejar el hospital con el tobillo así, se tiene que componer de alguna manera señor.
—Pues no quiero una cirugía.
—Pero…
Y entonces Draco más asustado que enfurecido, tomó a la chica del cuello de su uniforme y la atrajo hacía sí vorazmente.
—No permitiré que me haga una cirugía, ¿comprende? –susurró Draco de forma amenazante a sólo unos centímetros de su rostro.
La chica asintió asustada, sin embargo mantuvo la calma hasta que el rubio la soltó y salió de la habitación lo más rápido que pudo. Draco se volvió hacia el tubo del que la chica dijo que provenía la droga. Aquello había sido capaz de aliviar su dolor, un dolor tan insoportable que ni las pociones más fuertes (y casi mortales, sin mencionar ilegales) habían podido siquiera disminuir.
¿Qué es lo que era y por qué funcionaba tan maravillosamente bien en una herida maldita?
Sí alguien conoce la frase: "Se fue con el viento", debió habérsela mencionado a Harry Potter alguna vez, ya que es una frase que, en apariencia, nunca llegó a cruzarse por su cabeza. Tanto es así que en los siguientes días lo único que hizo fue buscar el rastro mágico de Draco Malfoy. Tenía que hacerlo, su conciencia no le dejaba tranquilo, su némesis de la infancia se veía realmente mal la noche que desapareció; además él había provocado el accidente del rubio al tirarlo al suelo.
"¡Vamos, es Draco Malfoy, se las arreglará, siempre lo hace!", pensaba para calmar su conciencia, pero era inútil.
Terminó por averiguar la dirección de Malfoy y tardó un par de días en animarse a buscarlo ahí, pero nadie atendió a sus insistentes llamados. Más preocupado que antes, se puso manos a la obra. Le tomó al menos tres días para dar con su rastro mágico, lo siguió hasta las afueras de Londres, después simplemente desapareció, así que no le quedó más remedió que comenzar a preguntar por él.
"Esto es imposible", se quejó la tarde del tercer día sin ninguna novedad.
Se detuvo a comer en el sitio que le pareció tener mejor pinta y ordenó en la barra. Fue entonces cuando sucedió:
—¡Ey Gladys! ¿qué sucedió con el sujeto de la otra noche? ¿Sabes?
—¿Qué sujeto? –preguntó un muggle bigotón a su compañero comensal.
—¿No te enteraste? Fue hace como una semana. El sujeto andaba a media calle, cojeando y desvariando… seguro que andaba borracho o algo así.
—No estaba borracho –intervino Gladys—, de hecho tenía una pinta muy decente.
—Sólo lo dices porque llevaba unas monedas de oro encima.
—Quizás era de la realeza. Quizás se perdió camino a España… –continúo insistiendo Gladys.
—¡Y dale con eso! El sujeto traía unas cuantas monedas de oro y ya por eso es de la maldita realeza.
—¿Y entró aquí? –preguntó el comensal bigotón.
—No, nada de eso –respondió Gladys—; se desmayó afuera y creo que se convulsionaba. Llamamos al hospital y se lo llevaron.
—¡A la policía deberías haber llamado! ¡Mira que andar así de borracho!
—¡El sujeto estaba enfermo, Ed! –lo defendió la señora del local.
—Disculpen –los interrumpió Harry emocionado—. ¿Ese sujeto era rubio y llevaba un bastón con una serpiente de plata?
—Sí –respondió Ed molesto por la intromisión de Harry—. ¿Por qué?
—¡Yo lo conozco! Llevo días buscándolo.
—¡Oh, vaya! El pobre hombre está enfermo, ¿verdad? –aventuró Gladys.
—Pues… sí, algo así. ¿Puede decirme a dónde lo llevaron?
Llevaba días dándole vueltas al asunto; muchos muggles, supuestamente expertos en cercenar humanos, habían ido a su habitación para intentar razonar con él. Cada uno de ellos le explicaba que pronto tendrían que dejar de darle la droga mágica.
—¿Pero por qué? –saltó Draco cuando un médico pelirrojo volvió a mencionárselo.
—Señor Malfoy, no podemos continuar acostumbrando a su cuerpo a la morfina. La droga en sí misma es muy adictiva; comenzaremos a bajar la dosis, pero aun así no podemos asegurarle que al retirarla no sufra algún síndrome de abstinencia; debe realizarse la cirugía…
—No me venga con esas estupideces –lo cortó —, el tobillo esta perfecto solo con la droga…
—Por supuesto que sí, ese es el efecto inicial de la morfina pero pronto comenzará a crear una tolerancia al medicamento que hará regresar el dolor y querrá subir la dosis. Tenemos que pararlo ahora mismo señor.
—Todo esto es por el tamaño de la dosis, ¿no? Temen no poder conseguir más droga después, ¿no es así? Bueno déjeme decirle que el dinero no es problema, yo puedo…
—No se trata de dinero, señor Malfoy –definitivamente Draco estaba sacando de sus casillas al doctor.
—¡Todo se trata de dinero! –gritó Draco furioso—. ¡Es lo único que a ustedes, estúpidos simios, les interesa!
Al hablar de "ustedes" Draco se estaba refiriendo a los muggles, los mismos que lo dejaron sin nada después de su divorcio y los mismos que querían exprimir a Draco a través de su tobillo maldito; pero aquel doctor no entendía el dolor de Draco, lo único que veía era un paciente muy afectado por la droga y con principios de adicción. Por suerte para el doctor una enfermera llamó a la puerta justo antes de que se soltara a decirle a su paciente exactamente lo que pensaba de él y su dinero.
—Vienen a ver al señor Malfoy –dijo la enfermera incómoda.
El doctor salió hecho una furia y la enfermera desapareció detrás de él. Draco se quedo solo apenas el tiempo justo para preguntarse quién lo había encontrado.
"Por favor Merlín que no sea Astoria… no Blaise"
Bueno lo siguiente sí que sorprendió a Draco:
—Hola Malfoy, ¿cómo te encuentras?
—¿Potter?
Harry entró tranquilamente a la habitación y a pesar de todos sus deseos de dar media vuelta y salir lo más rápido posible de ahí, se detuvo a los pies del rubio slytherin.
—¿Qué haces aquí, Potter?
—Asegurándome de que no hayas sufrido una despartición, ¿qué más?
—Por favor Potter, ya estás grandecito para seguir jugando al héroe –bufó el rubio —. ¿Qué es lo que quieres? ¿Mi silencio? Te aseguro que no diré nada, además ¿quién me creería?
—Conociendo nuestra historia cualquiera lo creería. Escucha, realmente no quisiera haberte empujado, lo siento, ¿está bien?
—No debiste hacerlo –corroboró —, pero no me refería a eso, sino de encontrarte en un lugar como aquel.
¡Puntos para Slytherin! De acuerdo, ya no estaban más en Hogwarts pero la forma en que su némesis de la infancia endureció su semblante fue tan delicioso como aquellos puntos.
—¿Qué ocurre? –instó Malfoy con un brillo en los ojos—. ¿Es que no venías por eso?
—No –respondió Harry con el semblante rígido —, realmente sólo quería disculparme y ver por mí mismo que no fue más que otro de tus teatros.
—Al menos yo ya terminé con mi gran papel, Potter –escupió Draco irritándose rápidamente.
¡Estúpido Potter! A su lado hasta la droga muggle dejaba de tener efecto.
—Dime a qué juegas ahora, ¿cazas pequeños pervertidos cómo yo?
—¿Qué? –se extrañó Harry —. ¡Vamos, Malfoy! Yo sólo vine a disculparme, acepta mis excusas y ya.
—¡NO! No acepto nada tuyo cabrón hijo de puta. Tú me hiciste esto y por ti no he podido volver a casa y ver a mi hijo los dos miserables días a la semana que me corresponden, así que ya te puedes ir cagando leches con tus puñeteras disculpas a otro sitio –rugió Draco dejando salir toda su frustración de los pasados días en el hospital muggle.
Harry, que realmente no esperaba una explosión como aquella se quedo mudo contemplándolo.
—¿No me has escuchado? He dicho que te largues.
—Malfoy…
—¡Joder! Ya has hecho tu obra del día, Potter, siéntete bien contigo mismo. ¡Estoy con vida! Anda, vete ya.
Pero Harry no se movió.
—Tienes razón –dijo tranquilamente el moreno.
—¿Qué?
—No puedo irme aún.
—¿Qué? ¿Por qué? Nada te retiene… ¿qué estás haciendo? ¡No te sientes! ¡He dicho que te vayas!
—No puedo irme Malfoy, como bien has dicho esta es mi obra buena del año y tengo que terminarla. Y eso será cuando estés sano y salvo en tu casa.
—Por Merlín Potter, ¿te sientes bien? –le preguntó Draco mientras lo miraba como quien miraba a un enfermo mental.
—Sí, fenomenal, yo sólo creo que…
¡Qué estaba diciendo! ¡Por Dios, era una locura! Lo mejor era que se fuera como le había sugerido Malfoy, pero…
—Necesito hacer esto para calmar mi conciencia. Déjame ayudarte y enmendar lo que te hice.
