Espero que les guste este capítulo.

Muchas gracias a mi beta, que seguramente sin ella está historia no sería lo que es.

Quisiera dedicarle este cap a una de mis lectoras, Xonyaa11, nena ¿qué decir? A afrontar todo, y como dices tú con mucho optimismo.

"¿Recuerdas lo que te dije de huir de los problemas?

Pues vámonos."

8. Atrapado

No importaba nada de lo que le dijera, ¡nada! Potter estaba más que decidido a quedarse con él en el hospital y el pobre Draco ya estaba totalmente harto de escucharlo jugar con su cacharro muggle.

—¿Podrías parar con eso? –gruñó Draco.

—No, es del trabajo –respondió Harry sin levantar la vista del móvil.

—¡Merlín, Potter!

—Está bien, está bien, tranquilo. Lo apagaré un momento.

—Yo tengo una idea mejor, ¡ve a tu trabajo y déjame tranquilo!

—No me voy a poner a discutir contigo de nuevo –objetó Harry cansado del asunto e hizo ademán de apagar el móvil pero justamente entró una llamada de Kevin.

—¡Potter! –rezongó Draco llevando ambas manos a su cabeza en señal de desesperación.

—Lo siento, tengo que contestar –dijo Harry ignorando la desesperación del rubio, se levantó aceptando la llamada y salió, pero alcanzó a escuchar a Draco maldiciéndole.

—Señor Potter –saludó Kevin del otro lado de la línea.

—¿Qué pasa, Kevin?

—Oh, nada. Únicamente estaba preguntándome cuándo volveríamos a verlo por la oficina.

—No lo sé aún…

—¿Está follando con otro sujeto? –soltó Kevin abruptamente.

—¿Qué? ¡No! ¿De dónde sacas eso?

—Pues usted sólo se desaparecía de la oficina para vernos, así que yo supuse que lo hace ahora con otra persona.

—No soy de esa clase, Kevin.

—Bueno, tampoco era de la clase que cogía con chicos cuando lo conocí, señor…

Harry guardó silencio dejando que las palabras de Kevin se desvanecieran en el aire. ¿Qué podía decir a su favor? Kevin estaba en lo cierto, antes de conocerlo Harry no era del tipo de persona que era infiel y mírenlo ahora.

—¿Está escondiéndose de mí otra vez?

—Claro que no, sólo me ocupo de un asuntillo.

—¿En serio?

—Te lo juro.

—De acuerdo…

—Kevin… ¿cómo has estado? –preguntó Harry sin poder contenerse más.

—Bien.

—¿Has –carraspeó—…has vuelto a salir?

—No –respondió Kevin, pero se apresuró a añadir como quien no quiere la cosa—. No he tenido mucho tiempo, en realidad, ¿por qué?

—Sólo preguntaba, oye, ¿quieres que nos veamos hoy?

—Creí que estaba ocupándose de algo.

—Puedo escaparme un rato –sonrió Harry sin poder evitarlo.

"¡Ya basta, Kevin! Dile que no"

—¿Dónde lo veo?

"Estás jodiéndote a ti mismo, imbécil."

—Te enviaré la dirección en un mensaje. Nos iremos en cuanto llegues, ¿está bien?

—Está muy bien, señor –respondió Kevin con una sonrisa y cuelga.

"Bueno, al menos también él se jode a sí mismo", pensó divertido al imaginarse a su jefe escribiéndole la dirección.

Harry regresó y se encontró con un Malfoy acostado de lado y abrazado a una almohada con brazos y piernas; se quedó al pie de la puerta mirándolo extrañado, en primer lugar porque no conocía a nadie que se durmiera tan rápido y en segundo porque jamás pensó encontrárselo en aquella posición.

—¿Malfoy? –le llamó sin moverse de la puerta — ¿Estás dormido?

—¿No crees que esa es una pregunta bastante estúpida? –replica Draco sin moverse ni abrir los ojos.

—No realmente.

—Bueno, tiene lógica tomando en cuenta que tú eres bastante estúpido también –razonó el rubio, Harry no le hizo caso y volvió a sentarse en la butaca a su lado—. Espero que hayas apagado esa cosa.

Mientras Harry hablaba con Kevin, Draco había llegado a una conclusión: Potter sólo quería molestarlo, así que su mejor arma sería la indiferencia. Si Potter quería desperdiciar su tiempo con él, ¡bien! Pero no dejaría que lo molestase con sus cacharros muggles ni su interpretación de héroe, él haría justamente lo que había estado haciendo antes de que llegara Potter, y eso era disfrutar de la ausencia del dolor en su tobillo. Era magnífico dormir sin despertar a causa del dolor, ¡era sublime despertar y comprobar que aún no había vuelto!

Guardaron silencio, Draco caía lentamente en brazos de Morfeo mientras Harry se perdía en una maraña de ideas, tales como: por qué demonios continuaba con el asunto de Kevin y por qué Malfoy dormía en una posición tan ridícula, pero siempre volvía al tema de Kevin y aquello lo estaba poniendo muy mal, sobre todo cuando se daba cuenta de que un hilo de esas muchas ideas alrededor de Kevin se dirigía con rapidez hacia Ginny y sus hijos.

—¿Malfoy? –volvió a llamarlo regresando al rubio de su ensueño —. ¿Ya te has dormido? …¿Malfoy?

El rubio maldijo al gryffindor mentalmente y continuó con los ojos cerrados ignorándolo esperando que lo dejara tranquilo, pero eso no ocurrió.

—¿Malfoy estás…?

—¡Sí! Estoy dormido, Potter, ya deja de hablarme –gruñó.

—No estás dormido –replicó Harry.

Draco abrió los ojos y se sentó en la cama resignado.

—¿Potter tú eres imbécil o te haces el imbécil?

—¿Y tú no puedes comportarte de forma civilizada y madura conmigo?

—¿Disculpa?

—Sólo digo que ya no estamos en el colegio, podemos dejarlo un poco, ¿no?

—¿Por qué haría algo así? –se indignó el rubio —. Veamos, permíteme hacer un recuento de los hechos, ¿quieres? Primero te encuentro en una disco gay y me lesionas, después, cuando milagrosamente consigo descansar del jodido tobillo, llegas tú y quieres ser como un palo en mi culo y créeme, no es tan placentero como se imaginaba.

—Intento enmendarme contigo –repuso Harry ofendido.

—¡No lo hagas! No lo necesito, sólo vete, ¿sí? Te prometo, ¡no! Te juro que está todo bien, dejémoslo en el pasado como todo lo demás…

—Basta, Malfoy, me enmendaré y ya no sabrás nada de mí, ¿de acuerdo?

—¡Coño! –exclamó Draco exasperado.

¿Por qué tenía que ser tan cabezota? Estúpidos gryffindor y su sistema de valores, ¿es que iba a seguirlo hasta el final de los tiempos o qué?… ¡Un momento! El leoncito estaba decidido a hacer algo por él y ¿él solo se quejaba? Tenía que sacar provecho de aquello, seguramente Potter haría cualquier cosa…

—Potter –le llamó ahora Draco pensativo —, ¿realmente quieres hacer algo por mí?

—Sí.

—En ese caso, puedes hacer una cosa por mí.

—¿Qué cosa? –inquirió Harry reincorporándose en el sofá con interés.

—Hay una cosa que quiero, que necesito en realidad, y no sé cómo obtenerla…

—¿Qué es?

—Morfina.

—¿Morfina? –repitió Harry sin comprender.

—Es esa sustancia –le explicó Draco señalando el medicamento a su lado —, me ayuda con el dolor del tobillo, de hecho lo desaparece por completo, es increíble… Pero los muggles no quieren dármelo, no quieren dinero por él, no quieren nada… Potter, nunca había pasado tanto tiempo sin el maldito dolor desde que me maldijeron.

—¿Por qué no quieren dártela?

—Ellos quieren abrirme.

—¿Abrirte? ¿Hablas de operar?

—Sí, pero no pueden hacerlo; el tobillo está maldito, jamás van a lograr unir los huesos, solo estarán ahí por horas lastimándome más. No puedo permitir que me operen, ¿entiendes? Y ellos no quieren dejarme ir hasta haberlo hecho.

Sí, sí, lo había explicado más dramáticamente de lo que era pero con los gryffindor siempre funcionaban esas cosas de mártires.

—Bueno, estás frito…

—¡Potter! Dijiste que querías enmendarte, ¡bien! Pues esa es la única manera. Consigue la morfina y sácame de aquí.

—Debiste haber ido con tu madre a comprar los útiles nuevos –le reprochó Ted a James.

—¿Para qué? Ya tiene suficiente con Lily y Albus.

—Tú eres el mayor, deberías ayudar más a tu madre.

—Si quisiera escucharte hablar como mi papá… –se detuvo bruscamente— ¡Cielos, Teddy! Ni siquiera sé cómo podría terminar esa frase. Relájate, ¿quieres?

—Estoy relajado, es solo que a veces eres un malcriado –resopló Ted.

—Ya –repuso James y con un claro gesto de que estaba dándole el avión* volvió al dibujo que estaba haciendo.

—Oye –le llamó Ted frunciendo el ceño, pero James continúo ignorándolo—. ¡Ey! No puedes venir a mi casa y comportarte de esa manera conmigo –le reprochó—. Deja de comportarte como un chiquillo.

—Puedo marcharme si no me quieres aquí –le dijo James y comenzó a recoger sus lápices.

—No quiero que te marches –objetó Ted sentándose a un lado de él en la cama—. ¡James! –Le gritó para que dejara de guardar sus cosas—. Oh, vamos… relájate –bromeó con una sonrisa resignada.

James se detuvo y se volvió a mirarlo muy molesto. No dijo nada, simplemente se sentó de nuevo en la cama mirando fijamente el sofá de dos plazas que estaba ubicado frente a ellos. La habitación de Ted siempre le había gustado más que la suya; era más pequeña e íntima y sólo contenía dos muebles (la cama y el sofá), lo demás lo había fabricado Ted con materiales que fue encontrando, por ejemplo: una pequeña lámpara y una mesita que consistía básicamente en dos cajas de madera que encontró frente a una librería, entre otras más. Todas esas pequeñas cosas le parecían fascinantes a James, cómo sin poseer nada en realidad, disponía de un estupendo dormitorio.

—¿Qué te ocurre? –le preguntó Ted con más calma.

—Nada.

—¿Nada?

—Nop.

—¿Entonces por qué te comportas así?

—¿Así cómo? –inquirió James ofendido levantándose de la cama.

—Así –sonrió Ted señalándole con un ademan—. Vamos, James, ¿qué te he hecho para que estés así?

—Tú no me has hecho nada –respondió James volviendo a sentarse con pesadez.

—¿Entonces?

James volvió a guardar silencio. No sabía qué era lo que tanto le molestaba, sólo sabía que estaba muy molesto y que tenía miedo, por alguna razón algo le oprimía el pecho constantemente y el sentimiento aumentaba cuando se encontraba en su casa, así que prefería salir a cualquier otra parte.

—¿Y bien?

—No lo sé… a veces… me pongo así. Lo siento, Teddy.

El mayor lo miró arqueando las cejas, incrédulo.

—¿Así de repente… ¡puf! –aventuró Ted simulando que sus manos eran una bomba estallando.

—Sí, ya sé que es extraño, pero no puedo evitarlo.

—Mmmm… ¿no será que mi tía está embarazada?

—¿Qué? ¡Claro que no! ¿Cómo dices esas cosas? –saltó James escandalizado.

—Bueno, sólo era una idea, además creo que mi tía y mi padrino se llevan muy bien en la cama, de otra forma no comprendo cómo logran estar separados tanto tiempo –bromeó Ted.

—¡Calla! Me gusta pensar que mis padres son asexuales.

—Pero son tres de ustedes –continuó Ted riendo.

—¡Lalalalalala! –cantó James tapándose los oídos con ambas manos.

—Está bien, ¡está bien! –gritó Ted por encima de James— Sólo lo decía porque a veces los hermanos mayores sienten esas cosas y se ponen algo celosos por el amor de su madre.

—Que chistosito –bufó James.

—Pues cuando iba a nacer Al, tú no te separabas de mi tía ni a sol ni sombra, y cuando nació eras realmente insoportable.

—Ya deja de hablar de eso –rezongó James malhumorado.

—De acuerdo, lo siento, ya no te molestes, ¿sí?... Entonces, ¿qué crees que te tiene así?

—¡No lo sé! ¿Podemos cambiar de tema, por favor?

—Ya…

—¿Qué tal está Victoire?

—Pues… en realidad no lo sé –respondió Ted incomodo—. No me he pasado a verla.

—¿En serio? –Se asombró — Pero si tú siempre estás con ella.

—No siempre –replicó Ted, recostándose en la cama de modo que podía ver lo que James estaba dibujando—, a veces estoy contigo –le dijo regalándole una gran sonrisa.

—Cierto –sonrió el otro.

—¿Te quedarás a dormir?

—¡Claro!

James continuó con su dibujo de la habitación de Ted mientras éste observaba fascinado cómo empezaba a darle color.

—Es muy bueno.

—No te lo daré –advirtió James sin mirarle.

—¡Pero estás dibujando mi habitación! Me lo merezco, si no la hubiera armado como lo hice no tendrías inspiración para este momento –objetó Ted.

—Siempre te quedas con mis mejores dibujos –se quejó James.

—Por supuesto, por qué me quedaría con los feos.

James rió negando con la cabeza, pero esta vez se mantendría firme, ese dibujo lo estaba haciendo para él y por nada del mundo se lo cedería a Ted; ya lo contentaría con algún otro dibujo.

Kevin tardó alrededor de una hora en llegar al hospital, el mismo tiempo que estuvieron discutiendo Draco y Harry sobre conseguir la droga.

—Los médicos dicen que es peligrosa, Malfoy –repitió Harry por quinta ocasión.

—¡Por supuesto que es peligrosa! Piensa, Potter, si no tuviera su grado potencial de peligro no funcionaría con una herida maldita.

—Es demasiado… me estás pidiendo demasiado.

—¡Te pido lo justo!

En ese preciso instante Kevin llamó para entrar en la habitación impidiendo que Harry continuara con la discusión.

—Regreso después –le dijo Harry a Malfoy, tomó sus cosas y salió antes de que el rubio pudiera decirle cualquier cosa.

Draco los observó marcharse y bufó. A lo lejos notó la mano de Harry, dirigiendo a Kevin a la salida, con una mano en la espalda del chico, de manera íntima.

"¿En serio, Potter? ¿Con ese chiquillo?"

Recién salían del edificio Kevin se lanzó a besar a Harry con desesperación.

—Kev… Kevin –jadeó Harry separándolo con dificultad—. Para, por favor.

—Pero…

—Por favor –insistió tranquilamente.

—¿Qué pasa?

Harry lo miró profundamente durante unos segundos decidiéndose.

—Nada –contestó —. Busquemos algún sitio.

No tardaron mucho en encontrar un hotel a pocas calles del hospital. Harry tuvo la delicadeza de pedir dos habitaciones y una vez que el botones les mostró ambas recámaras se separaron. Harry solo tuvo que esperar un par de minutos antes de que Kevin apareciera justo en su cama con un sonoro ¡crac!

—¿Ya no llamas a la puerta? –preguntó Harry mientras cerraba con llave la habitación.

—No veo para qué, además así nadie me verá entrar.

—Muy listo –repuso Harry sin moverse de la puerta.

Kevin se sentó en la cama y rápidamente se despojó de sus prendas quedando únicamente con los pantalones y el cinturón. Harry sin embargo no se movió, antes necesitaba una cosa:

—Kevin… ¿tú que sabes sobre las drogas muggles? –le preguntó tímidamente.

—¿Drogas muggles? –Kevin arqueó las cejas sorprendido, realmente no vio venir aquello— ¿Qué clase de drogas?

Kevin no esperaba que su jefe se enterara tan pronto de las drogas que se utilizaban para intensificar las relaciones sexuales, no creía que pudiera estar interesado en ese tipo de cosas, pero lo que más le intrigaba era quién le había hablado a Harry de ellas y en qué contexto.

—Pues en realidad no lo sé… ¿no son todas iguales? –se llevó una mano a la cabeza ingenuamente.

—No.

—Mmm…pues, ¿qué tal la morfina? ¿qué sabes de ella? –aventuró Harry como quien no quiere la cosa.

—Que es para el dolor.

—Y es peligrosa, ¿no?

—Claro, todas las drogas lo son independientemente de que sean muggles o no.

—¿Qué tan peligrosa es?

—Pues… no lo sé… ¿Por qué el interés? –Kevin frunció el ceño preocupado, definitivamente no es nada de lo que imaginaba.

—Por nada, sólo preguntaba.

—¿Los asuntos que estaba arreglando tienen que ver con Draco Malfoy?

Kevin soltó su pregunta casi sin pensar, había reconocido al rubio en la habitación, pero no le había dado importancia, lo que hiciera su jefe no era asunto suyo, él no era su esposa, ni su novio, ni nada que se le pareciera, él sólo se dedicaba a gozar de Harry, pero había algo en las preguntas del mayor que no le gustaba nada.

—Eso no es de tu incumbencia –respondió Harry secamente y se acercó por fin a Kevin desvistiéndose en el camino.

—No, no lo es –reconoció Kevin.

El momento se convirtió en uno de aquellos tantos en los que estar delante de su jefe se volvía muy incómodo, estaba muy seguro de que Harry estaba metiéndose en problemas a causa de Malfoy, sin embargo no era nadie para inmiscuirse, no podía opinar siquiera, así que sintiéndose un poco impotente hizo lo único que se le estaba permitido: lanzarse a los brazos de su jefe semidesnudo para devorar sus labios con los suyos.

Una vez sobre la cama y respirando con dificultad el más joven se dedico a lamer concienzudamente los pezones de Harry, pero a este no le agradaba mucho esto pues le recordaba que él mismo le hacía eso a su esposa, así que atrajo a Kevin hacia sí para besarle. Le encantaba juguetear con la lengua del chico.

—Me encanta cómo besa, pero ¿sabe que me gusta más? –inquirió Kevin con una sonrisita pícara.

—Creo que sí lo sé –sonrió Harry de vuelta.

Sin más Kevin bajó a la altura del miembro de Harry y comenzó a masajearlo hasta que estuvo bien erguido para después saborearlo lentamente.

—Joder –jadeó Harry desesperado por la lentitud y colocando las manos sobre la cabeza del chico comenzó a marcarle un ritmo más rápido.

A Kevin le encantaba que Harry hiciera aquello, sentía la desesperación y el deseo de su jefe por correrse en su boca.

—Vamos…vamos –gimió Harry presa del placer.

Esto excitó más al joven auror y con un poco de dificultad comenzó a masturbarse él mismo. La respiración entrecortada de Kevin y sus ansiosos jadeos lograron que Harry se corriera, Kevin se alzó a la altura de su jefe sin dejar de masturbarse con una mano mientras con la otra lo incitaba a masturbarlo también. Harry obedeció inmediatamente mirándolo extasiado.

—Bésame –pidió Kevin al borde del orgasmo, Harry lo besó y esté explotó—. ¡Ah! ¡Coño!

Se separaron dejándose caer pesadamente en la cama. Cuando llegaba ese momento Harry siempre se sentía un poco cohibido; estaba acostumbrado, con Ginny, a que terminaran y se abrazaran el uno al otro, pero la primera vez que lo hizo con Kevin éste se soltó de inmediato…

¿Qué pasa? –había preguntado Harry en aquella ocasión.

No debe hacer eso –respondió Kevin sencillamente.

Bueno, tampoco debería besarte o dejar que me la chupes –renegó Harry con ceño.

Kevin rió y se giró hacia Harry apoyando su cabeza en una mano.

No se ponga así, es sólo que cuando se tiene un orgasmo se liberan químicos en el cuerpo que nos hacen sentirnos más apegados… Señor Potter, esto no es algo de lo que se deba sentir culpable, sin embargo si llegara a sentir que está dentro de una "relación" conmigo se sentirá mal. Así será más fácil, ¿no cree?

Es ridículo.

Piense… ¿qué ocurre cuando tiene relaciones con su esposa?

Harry se quedó pensativo. Bueno, era cierto que después de tener relaciones con Ginny se acurrucaban y charlaban un poco…

"Eso lo hace más íntimo", pensó dándose cuenta de lo que hablaba Kevin.

Eres demasiado listo, lo sabes, ¿no? –sonrió Harry.

*En donde yo vivo la expresión "dar el avión" significa que alguien nos está ignorando y tirándonos de locos, no sé si la utilicen en otros sitios.