Un año después:

No se puede trepar a un roble llevando puesto un vestido como ese; así que ella permanece a su lado, contemplándole mientras sus manos ejecutan la especial melodía que cobra vida por primera vez. Se ha empeñado en crearla, de la misma manera en que se empeñó en conquistarla, venciendo sus naturales recelos respecto a una incomprendida lealtad.

No es una despedida, ni un lamento; sino un profundo agradecimiento al destino lo que ahora los reúne ahí, en ese día tan especial para los dos. Jamás habría sido posible sin él, que les cuida desde el cielo y les sonríe con la brisa, comunicándoles de mil formas, en cada pequeña y silenciosa ráfaga, lo complacido que está de verlos juntos, de saber que las sombras se han ido y que el futuro aparece revestido de luz.

Ella está feliz, por ella misma, por él, por todo cuanto ha sucedido en esos intensos meses en los que el destino pareció empeñado en indicarle el camino que ese día ha emprendido.

No ha sido fácil dejar atrás falsas pretensiones y erróneas ideas, guardar silencio respecto al despertar de su alma, en afán de proteger la fragilidad emocional de aquella a quien considera todavía su amiga. Tampoco ha sido sencillo admitir que le ama y reconocer que su corazón tiene sitio para él y para el futuro, en vez de permanecer dormido y anestesiado en el dolor de lo inexistente y de los arruinados sueños truncados.

Él también está feliz, por él mismo y por todo cuanto ha enfrentado en ese tiempo en su desesperado esfuerzo por construir un destino que verdaderamente le satisficiera y que no le aprisionara en el confín del mero deber.

No ha sido fácil aprender, dejar de lado culpas y lástima, guardar silencio respecto a sus sentimientos en afán de ocasionar el menor daño posible a aquella a quien jamás consiguió amar. Tampoco ha sido sencillo confesarle a ella su amor y convencerla de que su corazón le pertenece y que el futuro sólo es posible a su lado. Porque los sueños sólo son realidad cuando se comparten; porque no existe nada más bello que caminar juntos en una misma dirección.

La melodía fluye, transportando en el viento un mensaje que llega hasta el mismo cielo haciendo sonreír a todos cuantos habitan en él, especialmente... a aquel que jamás estuvo en la tumba.