Capítulo II

Encuentros

& 1ª Parte &

Definitivamente era un día caluroso. El sol resplandecía en lo alto de cielo. Este hecho hacía que fuera realmente difícil encontrar algún lugar sombreado, en especial en la ciudad de Tokio…

-¡por qué no vamos al parque!-exclamó Usagi después de terminarse el helado de fresa

-de acuerdo-le sonrió y ella, alegre, se colgó inmediatamente de su brazo

-¿crees que Chibiusa regrese?-le preguntó con inquietud

- sí, creo que lo hará, y tu también debes hacerlo-respondió mirando la inquietud que tenía el rostro de su novia, intentado calmarla-Ella jamás se habría ido sin despedirse de nosotros. Además, recuerda que en su carta nos pidió que no nos preocupáramos por ella…

- que regresaría si todo salía bien…-terminó la frase y luego en tono preocupado, continuó- me pregunto a que se refería.

-quizá su partida tuvo algo que ver con lo que le pasó al cristal de plata ayer-meditó Mamoru-¿has hablado con las chicas sobre eso?-inquirió mientras los dos caminaban por las calles del centro de Tokio, abarrotadas de gente que iba de aquí para allá.

-No pude hacerlo, aunque Luna dijo que se encargaría de informarles

-¿Le preguntaste si sabía algo?

-Sí, pero no tiene idea de lo que pudo haber pasado-dijo aún sujeta al brazo de él –piensa que la estrella fugaz que vimos tuvo algo que ver. ¿Crees que sea necesario escuchar las noticias por si dicen algo?

Mamoru parecía pensativo, lo miró tratando descifrar sus pensamientos, entonces comentó él:

- yo lo estuve haciendo pero hasta ahora no se ha dicho nada… Aún así, yo también creo que había algo extraño en esa estrella fugaz…no sé si a ti te sucedió pero cuando la vi…-lo observó, expectante. Él pareció darse cuenta pues salió de su ensimismamiento para contemplar su rostro lleno de curiosidad. Mostró una pequeña sonrisa-tal vez no fue nada, pero aún así es extraño que el Cristal de Plata haya brillado súbitamente y después volviera a la normalidad.

-¡Mira!-exclamó ella felizmente mientras señalaba uno de los aparadores donde se encontraban varios vestidos blancos adornados con hermosos encajes

Se sonrojó al ver su figura reflejada en el vidrio, creando la ilusión de llevar puesto el vestido de novia; y se imaginó, usándolo, con un ramo de flores, enfrente del altar… junto a Mamoru y a punto de unir sus vidas. Mientras tanto él miraba a su novia con una sonrisa, alegre de verla tan entusiasmada.

-¿cuál crees que me quedaría mejor?-murmuró sonrojándose aún más

-ah…-dudó él, sin saber qué decir mientras la mirada de su novia se mantenía expectante. ¿Decirle qué vestido se le veía mejor? ¡vaya apuro en el que se había metido!-bueno…

Una leve risa salió de los labios de la joven mientras lo tomaba del brazo. Entonces Usagi pidió que reanudaran el camino. Estaba desconcertado. La verdad es que había momentos en los que no lograba comprender a su novia.

Mientras tanto, cerca de ahí un pequeño punto se abría paso entre la gente, caminando en sentido opuesto y formando una fisura que no parecía alegrar a los apurados transeúntes que trataban de no chocar con él. Era un joven apuesto de cabello castaño, caminaba al parecer sin sentido y más absorto en sus pensamientos que en lo que sucedía a su alrededor.

Y tenía razones para estarlo.

Estaba totalmente confuso. ¿Quién era él? Kazuo o aquel hombre que había sido en su pasado.

¡Eran dos personas tan distintas!

Estaba seguro de que ya no era el mismo Kazuo, tímido e inocente. Un chico normal que se había enamorado de una chica normal ¿qué había de complicado en ello? Pero su vida había dado un vuelco total. Era cierto, después de recordar aquel pasado tan doloroso no podía seguir siendo el de antes pero…había algo más; la sombra de aquel hombre que se negaba a considerar como él mismo se apoderaba de él. Aquél que, el día anterior, había tramado aquel plan que ahora le parecía perverso, aquel que seguramente lastimaría a varias personas. Sin embargo sabía que esa sombra era él mismo, y eso lo asustaba, pues significaba que él sería el único culpable de la infelicidad que causaría.

Quería dejar el pasado atrás pero había cosas que se lo impedían. Apretó los dientes, bajo los labios cerrados suavemente. Algunas de ellas tenían que ver con los sentimientos que tenía hacia las personas que había conocido en el Milenio de Plata y que atormentaban su mente, hasta llegar a un punto muerto en el que terminaba dominado por ellos.

Y las otras…

-Lo siento-se disculpó después de chocar con una señora a la que casi tiraba, ésta dijo un insulto por lo bajo que él no alcanzó a escuchar.

Había sido mala idea caminar por las concurridas calles de Tokio en especial cuando no estaba poniendo atención a nada.

Un nombre volvió a sumergirlo en sus cavilaciones.

Omitsu

La noche anterior se había portado muy mal con ella y aún así lo acompañó hasta su casa. Tenía que llamarle y pedirle una disculpa. Sonrió recordando a la chica de ojos miel y cabello azulado. Pero repentinamente, la imagen de la joven mujer que conoció hacía cientos de años llegó a su mente, opacando a la de Omitsu…La primera vez que la había visto… aquellos ojos profundos, tan azules como el mar, llenos de dulzura, su feliz sonrisa y…

¡En qué estaba pensando! Él no podía, no debía pensar en ella. Su vida pasada se había destruido por ese amor prohibido. Lo que había pensado la noche anterior le parecía ahora una estupidez, ella no podía... ¡era imposible! Un nuevo motivo para ilusionarse, una excusa para mantener el amor que había sentido por la chica de ojos azules, eso eran todas las conjeturas tan perfectas que había hecho la noche anterior.

Algo oscuro e increíblemente convincente dentro de él mismo se lo negó. Lo peor de todo era que había una prueba real y tangible que confirmaba esa negación: el poderoso cristal que llevaba en su bolsillo, apretado fuertemente por su mano.

Sin embargo, la vida le había dado una nueva oportunidad, no podía repetir los mismos errores del pasado ¿pero tenía elección? ¿no era aquel un círculo interminable en el que el destino lo había puesto a propósito? No, no, ¡las cosas ahora eran diferentes! La situación era diferente.

Aún así, había otra parte llena de miedo dentro de él que le decía que las cosas terminarían igual. Y esa parte se reveló en ese momento con una irónica valentía. No era esa persona, no tenía que cargar con el peso de él. No y definitivamente no.

Seguiría con su vida normal.

Miró a su alrededor. La realidad. Se sentía feliz de estar nuevamente en ella, seguro de lo que estaba haciendo y de quién era. De alguna forma sabía que se engañaba a sí mismo, pero caminó con la vista al frente tratando de mantenerse seguro. Y entonces, como si la vida le reprochara el camino que estaba siguiendo, la vio. El resto del mundo desapareció tras una insondable oscuridad, iluminado únicamente por la figura femenina que resplandecía entre las sombras de la multitud. Era ella, su corazón acelerado se lo decía a gritos, como la primera vez que la vio hace milenios.

De pronto la decisión que momentos antes se había reflejado en sus verdes ojos se desvaneció por completo, incinerada por aquel fuego que lo consumía, ahora con más fuerza.

¿Estaba alucinando?

Tal vez era solo producto de su imaginación. Había soñado tanto con verla. Se talló los ojos aún sin creerlo. La chica seguía ahí, hermosa y dulce, como la recordaba.

No podía equivocarse… era ella

La alegría inundó su pecho y un desbocado sentimiento se apoderó de él. Caminó apresuradamente, sin apartar su mirada de ella. Parecía un loco. Chocó contra los que pasaban sin siquiera importarle, tratando de abrirse paso. No sabía que haría cuando estuvieran frente a frente, sólo quería estar ahí, contemplarla. De pronto las ansias de sentirla en sus brazos, como antes, se convirtieron en una sed insaciable.

¡Estaba tan cerca! Había esperado siglos y ahora no podía esperar un segundo más

Pero…

Se detuvo en seco cuando estaba a unos metros de ella, con el rostro más pálido que el de un muerto.

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, al tiempo que se sentía hundirse en un profundo vacío. Toda la felicidad se quedó sepultada… al verlo. Estaba junto a ella como antes los había visto en el pasado, felices, como si nada más hubiera a su alrededor.

¡No podía ser cierto! Él no tenía porque haber reencarnado, no era parte de la profecía y sin embargo, estaba ahí, sonriendo mientras ella caminaba a su lado sujetándose de su brazo.

Sin darse cuenta, la pareja caminaba hacia él. Si no hubiera sido porque sus expresiones estaban congeladas, habría mostrado una sonrisa lúgubre ante lo irónica que era la vida.

Su corazón latía cada vez con más fuerza conforme se acercaban. Sin moverse como si sus pies hubieran sido pegados al suelo, mantenía la mirada en ellos. Cuando sólo faltaban unos pasos para cruzarse, el joven que la acompañaba pareció sentir su penetrante mirada pues dirigió su vista hacia él, y por un momento-que le pareció una eternidad- se miraron fijamente, como lo hicieron la última vez…el ultimo día en que lo vio… El mismo día de su muerte.

Extrañada por no escuchar la respuesta a la pregunta que le había formulado, Usagi levantó su mirada para ver el rostro de su acompañante. No parecía haberla escuchado, y lucía demasiado ocupado como para responderla. Dirigía una amenazante mirada pero… ¿a quién? Llevó su vista hacia el mismo lugar y se encontró con un chico de aproximadamente veinte años, cuyos sagaces ojos verdes miraban retadoramente a su novio.

-¿Lo conoces? –preguntó haciendo que Mamoru reaccionara

-Creo que no-murmuró, titubeante

Reanudaron la caminata

Solo fueron necesarios algunos segundos de tensión antes de que se cruzaran. En ese momento, la mirada de los dos se clavó más una en la otra, fulminándose.

-¿de verdad no lo conoces?-insistió mientras que su novio se giraba ligeramente para ver al chico que ya habían dejado atrás, pero que lo miraba a la vez, por encima del hombro

-Su rostro se me hace familiar…-confesó- demasiado

-Tal vez fue alguno de tus compañeros de la escuela-sonrió ella sin tomarle demasiada importancia al asunto – que te parece si en lugar de ir al parque vamos a comer una rebanada de pastel, el otro día Mina me contó de una pastelería donde hacen deliciosos pasteles de chocolate.

-vamos entonces-sonrió él, aún algo desconcertado por el encuentro

Ninguno de los dos volvió la vista para mirar al chico, sin embargo, el presentimiento de que el otro sí continuaba mirándolos no desapareció de Mamoru hasta que doblaron la calle.

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Entró al centro de videojuegos. Reinaba un animado ambiente. Varias personas se divertían en las máquinas de carreras y en los diversos juegos como el de Sailor V, quejándose cuando se daban cuenta que estaban a punto de perder. Lo buscó con la mirada, esperando reconocerlo después de tantos años.

-¿Es nueva por aquí?

Se volteó. Sonrió al encontrándose con la persona que tanto buscaba y que por la expresión de su rostro no parecía haberla reconocido.

-¡Motoki!- dijo de inmediato. Él la miró algo desconcertado -¿no me recuerdas? Soy Akiko, Akiko Matsuo-tuvo que aclarar, notando que él seguía sin reconocerla- sólo nos vimos un par de veces así que es normal que no me recuerdes, Mamoru nos presentó, íbamos en la misma secundaria pero yo estaba en otro salón.

El rostro del chico rubio se ensombreció

-Si… ya te recuerdo

-¿podrías decirme donde está Mamoru? Lo busqué en su departamento pero me dijeron que ya no vivía ahí, y sé que sería en vano ir a buscarlo a la escuela.

- Mamoru me dijo que te habías ido lejos-murmuró como si no hubiera escuchado las palabras de ella

La expresión de jovialidad de la joven cambió por completo.

-así que Mamoru te contó todo-Motoki asintió- por eso debo encontrarlo-se le quebró la voz- las cosas no pueden quedarse así, no puede seguir pensando que yo…por favor, Motoki.

Motoki estaba en un serio aprieto; su sentido común le decía que no debía decir nada, pero las palabras de Akiko sonaban muy sinceras… tanto que no podía creer lo que le había hecho a Mamoru hace años.

-Yo no sé donde vive… solo nos vemos en la escuela-mintió

-¡ah!-dijo con evidente decepción- gracias de todos modos, me dio gusto verte de nuevo-agachó la cabeza con tristeza y salió del lugar apresuradamente

-No puedo decírselo -pensó, viéndola alejarse-no sin antes advertirle a él de su regreso. ¿Mamoru querrá verla?

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Murmullos, asombro, rostros llenos de sorpresa, incredulidad. Y todo aquello presente en la multitud que se arremolinaba alrededor de los dos personajes, vestidos extravagantemente.

Debido a la gran afluencia de gente que recorría las calles de Tokio a esa hora, las personas de dicha ciudad estaban acostumbradas a ver todo tipo de vestimenta, desde la más común hasta la más fantástica, y el hecho de que cada uno estuviera ocupado en sus propios asuntos cotidianos, sin ver siquiera el rostro del que pasaba a su lado, hizo que los dos personajes pasaran desapercibidos… por sólo unos segundos. Hasta el momento en que se plantaron en medio de la calle, ocasionando más de un choque que los hizo notar entre la multitud. Los habrían tomado únicamente como un par de locos, restándoles atención y volviendo a caminar, enfocándose nuevamente en sus tareas diarias, sino hubiera sido por que ninguno de los dos había puesto un solo pie en el suelo, flotaban a unos centímetros de él.

-¡están locos o qué!-gritó enfurecido uno de los automovilistas que había quedado atrapado entre otros cinco carros y no se había percatado del "pequeño" detalle que caracterizaba a los dos personajes.

-Insolente-dijo el hombre de largo cabello, sus ojos centellaban de enojo.

Se había acercado a los automóviles. Su bazo se extendió, con la mano abierta, y antes de que alguien pudiera reaccionar una potente energía invisible salió haciendo volar a todos los autos, personas y todo objeto que se cruzara en su camino. Uno de los autos que se elevó en el cielo como si pesara lo que una pluma recibió un fuerte impacto causado por una luz cegadora que había salido de la mano del extraño, y se incendió en el aire para luego caer sobre un par de autos, contagiándolos rápidamente por el fuego.

Las personas entraron en una caótica confusión comenzando a correr despavoridas de un lado para otro, sin poder saber exactamente lo que sucedía porque el viento, que aún no se desvanecía pero que había disminuido su fuerza, secaba sus ojos y les obligaba a mantenerlos cerrados o entreabiertos.

-son intolerables, señor Samas-susurró ella mientras veía como la furia se acrecentaba en él con forme los gritos de la gente se expandían-merecen un castigo por ser tan malos siervos.

El sonrió de forma maligna, calmándose con la embriagadora mirada de ella. El viento paró, pero fue remplazado por una burbuja de energía que se creó alrededor de los dos seres. Ésta, con el ensordecedor sonido del desastre, como una potente y furiosa ola de destrucción, barrió con todo ser sin importar si tenía vida o no.

El lugar se convirtió en un caos. Las calles habían quedado obstruidas por autos que habían sido abandonados por sus tripulantes. Otros, víctimas del ataque, se quemaban amenazando con explotar en cualquier momento.

-creo que no aceptarán ser nuestros súbditos tan fácilmente-murmuró ella

-no es la primera vez ¿recuerdas…?

No pudo terminar la frase pues una flecha de fuego los atacó, pero él la hizo añicos con un solo movimiento de su mano. Su compañera, recorriendo el lugar con la mirada, dirigió a continuación una rápida saeta eléctrica hacia uno de los carros del que quedó muy poco

-no pensé que nos encontraríamos tan pronto-murmuró sonriendo, mientras las cuatro figuras femeninas vestidas con traje de marinero, que habían esquivado eficazmente su ataque, se posaban sobre otros autos.

-¡No dejaremos que ataquen la ciudad y lastimen a sus habitantes!

-¿pretenden darnos órdenes? Este planeta nos pertenece al igual que los otros, aunque estén deshabitados-explicó él, desafiante

-si son guerreras no tienen porque revelarse contra nosotros –sonrió ella- al contrario, deben servirnos.

- no tenemos porqué servir a personas que atacan a inocentes sin piedad-dijo una de ellas que lucía un hermoso cabello color castaño, anudado en una coleta.

-entonces no hay otra solución-susurró la mujer lanzando rayos por la palma de las manos

Apenas y los pudieron esquivar

-las acabaré… una por una-dijo creando una enorme esfera de energía eléctrica que, con un veloz movimiento, lanzó sobre la chica de cabello corto, de color azul

¡Cuidado Sailor Mercury!

La sailor reaccionó justo a tiempo, mientras que su atacante permanecía inmóvil. No parecía sorprendida.

-¿Son sailor senshi?-meditó el hombre que no se había movido

-Así es. Somos las sailor senshi que protegen el sistema solar interior-repuso una de ellas

-son las guardianas de los planetas-afirmó la mujer con asombro

Las miradas y los rostros firmes de las cuatro eran demasiado corroborativas como para afirmar con palabras. Los dos extraños se miraron, compartiendo el mismo pensamiento.

- entonces ustedes son…

La mujer, dudando, reprimió las últimas palabras y con recelo, preguntó

-¿No saben quienes somos?

Las sailor se miraron, sin comprender la última pregunta, ni las demás meditaciones de los dos atacantes.

–mi nombre es…

-¡no lo digas!-exclamó el hombre con el temor inundando su voz-si son las guardianas nuestro nombre sólo les servirá como arma.

-siento haber estado a punto de cometer tan terrible error, mi señor-dijo con una pequeña reverencia y en seguida sonrió, atacándolas nuevamente- lo siento pero tendrán que morir sin saber quién fue su verdugo

- Mars, Jupiter ¡tenemos que distraerla mientras Mercury los analiza con su microcomputadora!-dijo Venus después de eludir el nuevo pero no menos potente ataque, dirigiéndose rápidamente hacia Nix mientras sus compañeras asentían

¡Beso de amor y belleza de Venus!

Nix anuló el poder lanzado con una sola mano, ante la sorpresa de las sailor, y creo en su mano una esfera de energía pura que arremetió contra las tres. Esta vez estaban tan cerca que era imposible no dar en el blanco.

Las chicas cayeron al suelo, despedidas por el ataque.

-qué insignificantes-susurró con una sonrisa en los labios mientras Mars Jupiter y Venus trataban de levantarse para seguir peleando-¿de verdad son guardianas?

-¡ya lo encontré!-exclamó Mercury cerrando la pequeña computadora- el dije que cuelga de su cuello es el que le da todo su poder

Nix y su compañero se quedaron atónitos. No comprendían cómo es que lo habían averiguado tan rápido. Al parecer no eran tan inofensivas como aparentaban.

¡Ataque de hojas de roble de Jupiter!

¡Saeta llameante de Marte!

Sailor Mars y Jupiter habían aprovechado la distracción de Nix para atacar. Pero sus movimientos no parecía haber pasado desapercibidos por la mujer, a pesar de que se mantuvo inmóvil, recibiendo los dos poderes que estaban ya frente a ella, con una sonrisa de supremacía y diversión. El polvo creado se dispersó sobre el lugar, segundos después de escucharse el violento impacto.

Una risa mortífera de mujer se propagó con rapidez.

-suena demasiado contenta como para que nuestro ataque haya surtido efecto

-estoy segura de que no le dolió ni una décima-dijo Jupiter, ante el comentario de Venus

-el poder que le da la gema es muy grande por eso debemos quitársela-explicó Mercury-quizá es la única forma de vencerla.

Mars y Jupiter, trataron de calmar su respiración agitada por la batalla, mientras Venus apretaba con fuerza su brazo sangrante. El sonido rápido de las teclas de la minicomputadora de Mercury, sonaba más fuerte de lo común. Las cuatro aguzaban el oído donde se mezclaban los confusos sonidos, y mantenían la mirada alerta ante cualquier movimiento extraño. El silencio tenebroso que le siguió, despertó más su alerta.

-bu…

El bello rostro, distorsionado por el placer y con una mueca que parecía una sonrisa, apareció de la nada, aterradoramente cerca. No hubo tiempo de responder ante la energía eléctrica que crujió en las manos de su atacante y las embistió sin piedad, dejándolas en el suelo por segunda ocasión.

Nix se acercó a ellas con una gran sonrisa de victoria

¡Saeta llameante de Marte!-rugió Mars, ante la presencia de un nuevo poder eléctrico que se acercaba mucho más rápido que la mujer que lo había lanzado.

Los labios rojos de Nix parecían saborear la situación. Para sorpresa de todas, la energía eléctrica hizo pedazos la flecha de fuego de Sailor Mars

-cuánto poder-masculló Venus, sintiendo aún la energía eléctrica que las había golpeado y que ahora recorría su cuerpo entero, haciéndolo temblar.

Nix ya no caminaba más hacia ellas. Parecía esperar a verlas recuperadas para volver a atacarlas.

- deja de jugar y acaba con ellas de una buena vez-dijo el otro algo enfadado de la batalla, limitándose hasta ese momento a observar la batalla

La mujer lo miró y se inclinó con respeto.

¿Eso era un sí? No esperarían a averiguarlo.

Jupiter intentó una nueva ofensiva dirigida, esta vez, a su cuello tratando de acabar con el dije pero Nix la detuvo con su mano, sin ningún esfuerzo.

-déjenme mostrarles lo que es un verdadero ataque-rió

-esto no es nada bueno-murmuró Venus, cuya mirada había pasado sobre la minicomputadora de Mercury al escuchar un chillarte sonido salir de ella. Era el aviso de peligro. Mercury se veía bastante preocupada y ella también lo estuvo cuando volvió la vista hacia Nix y se dio cuenta de que estaba a punto de lanzarles un poder, tan grande que las ocultaba de la luz del Sol.

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Suspiró con cansancio y luego reanudó sus tareas viajando de un lado para el otro del restaurante, con la charola que sostenía varios platos de comida.

-¡en un momento traigo su helado!-dijo amablemente mientras se apresuraba a llegar a la cocina pero se detuvo al escuchar el nombre de su hermano.

-Motoki…-trató de recordar su compañera de trabajo- sería más fácil si me dijera el nombre de ella o su apellido

-No lo sé, solo cuento con el nombre de Motoki, su hermano-la joven sonaba desesperada- ¿de verdad no le suena conocido?

-Motoki es mi hermano-dijo antes de que su compañera pudiera dar otra negativa-soy Unazuki, Furuhata.

La joven mostró una emocionada sonrisa, y ella se la devolvió con amabilidad mientras su condiscípula las dejaba para que pudieran hablar tranquilamente.

-es un gusto conocerte, soy Akiko Matsuo-se presentó la chica de cabello dorado con una resplandeciente sonrisa

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La energía temblaba en su mano, estaba a punto de expulsarla cuando…

Una rosa usada como daga rozó el cuello de Nix para luego clavarse en el suelo, justo en el momento en el que el dije roto caía a los pies de la mujer de largos cabellos azules

-¡¿qué rayos?!-murmuró sorprendida

-las joyas deben ser usadas por las mujeres para resaltar la belleza, no como artefactos para la destrucción.

Nix siguió la voz masculina que había pronunciado aquellas palabras y lanzó una mirada furiosa a los dos personajes que acababan de llegar y que continuaban ocultos tras la sombra que proporcionaba un elevado edificio; pero recuperándose de inmediato, desechó definitivamente la idea de lanzar la energía que había acumulado. Lo más importante en ese momento era recuperar su medallón, fuente de su gran poder; y así, se inclinó para hacerlo

¡Cadena de amor de Venus!

La cadena sujetó la mano de Nix impidiéndole alcanzar el dije que una nueva sailor senshi tomó entre sus manos con rapidez

-¿Cómo te atreves a romper la paz de la ciudad?

-¡quienes son!-replicó furiosa, volviéndose nuevamente hacia los recién llegados

La sailor parecía esperar que lo dijera

-¡Soy una hermosa guerrera que lucha por el amor y la justicia, Sailor Moon! ¡Y te castigaré en el nombre de la Luna!

-mi nombre es Tuxedo Kamen –se presentó el joven vestido de traje, con antifaz y sombrero de copa-y somos los encargados de proteger la Tierra

El rostro de Samas se tornó tan lívido que parecía estar a punto de caer. Esa mujer…esa joven era la guardiana de la Luna. Observó a los dos con todo detalle mientras que Nix parecía cada vez más enfadada. Sí, lo notaba, podía vislumbrar el fuerte parecido con "ella", la mujer que odiaba, la que lo destruyó y cuyo rostro juró jamás olvidar. Dirigió ahora su mirada hacia el joven de elegante traje ¿quién era él? Desechando la posibilidad de que pudiera convertirse en una verdadera amenaza, volvió a fijar su vista en Sailor Moon.

-Así que eres la guardiana de Luna- Dijo Samas levitando en el aire y acercándose a ellos con aterradora tranquilidad-y… protectora de la Tierra. Después de todo esa sangre tuya sigue anhelando volver a su hogar.

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Había tardado más de un minuto en moverse, luego de que la pareja que lo había dejado tan impresionado diera la vuelta a la calle. Ahora continuaba caminando, meditando todo con más calma. Las cosas no eran tan graves como parecían.

Recordó el rostro de los dos al encontrarse, el de la actual encarnación del príncipe Endimión, desafiante; y el de ella…

Detuvo ahí la imagen de sus recuerdos. La expresión confundida de su rostro femenino revelaba que no sabía nada de su pasado, de lo contrario lo habría reconocido inmediatamente. Y su acompañante tampoco parecía saber muy bien quien era él, de haberlo sabido no habría pasado de largo como lo hizo, ni lo habría dejado ir.

Con aquellos pensamientos aún dando vueltas en su cabeza, se dirigió a su departamento donde aquel hombre ya lo esperaba…

-Una batalla se está llevando a cabo en la ciudad-explicó el otro al verlo entrar-los demás está ahí aunque claro, en calidad de observadores, pero si no lo pide, atacaremos.

Dirigió su mirada a él. Sólo después de unos segundos imperceptibles en los que lo miró al rostro, recordó que era uno de sus guardianes a los que la noche pasada había convocado ¿cómo pudo olvidarse toda la mañana de su existencia?

-¿"El Rey Sol" está peleando?-susurró más para sí que para su interlocutor

-sí señor, al parecer contra las Sailor Senshi que nosotros conocimos

-así que ellas también reencarnaron-meditó por un momento y luego de un suspiro dijo en tono humorístico-así como se ven las cosas un día de estos nos enteraremos de que incuso los dos gatos parlantes de la reina están aquí.

-¿desea que intervengamos en la batalla?-preguntó el otro con la misma seriedad de antes

Se quedó callado dejando atrás el humor, .y luego de pensarlo detenidamente, contesto

-No; tengo mejores planes, además no serviría de nada, recuerda lo que dice la profecía-dijo dejándose caer en el mullido sillón

-Y si él las extermina

Tardó un poco en responder como meditando lo que debía decir y al final concluyó:

- no podemos intervenir, no por ahora y no sin una justificación…según recuerdo las senshi son fuertes, así que lograrán escapar. Mientras tanto prepárate y a los demás también porque ustedes se encargarán de distraerlas.

-¿distraerlas?-preguntó sin comprender lo que el otro quería decir

El joven de cabellos marrones sonrió mirando el hermoso cristal con brillos dorados

Sin querer, ese cristal y la presencia del "Rey Sol" le ayudarían a alcanzar el sueño que su encarnación anterior más anheló en el mundo…más que cualquier otra cosa.

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Ante el peligroso movimiento Sailor Moon y Tuxedo Kamen se pusieron a la defensiva, lo que les ayudó pues Samas lanzó una esfera de energía sobre ellos, misma que lograron evadir fácilmente. Sin embargo, la energía lanzada solo había sido una forma de distracción, lo que comprendió Sailor Moon cuando sintió las manos de Samas estrujando su cuello, arrastrándola violentamente hasta golpearla contra una pared, todo esto en cuestión de segundos.

-¡¡Sailor Moon!!-exclamaron viendo cómo la sailor trataba de alejar las manos masculinas de su cuello sin resultado alguno.

Samas fijó su mirada en el medallón de Sailor Moon. Sus largos dedos de la mano izquierda dejaron de estrangularla y se dirigieron el adorno de su pecho. Lo abrió con cautela, haciendo caso omiso de la sailor que batallaban por apartar su mano derecha, que continuaba apretando fuertemente su cuello, y descubrió así el brillante Cristal de Plata. No se había equivocado.

-el cristal –susurró palideciendo

¡Ataque de hojas de…!

-¡Espera Jupiter, están demasiado cerca, si atacas también herirás a Sailor Moon!-gritó Mercury, deteniéndola mientras analizaba al enemigo con su microcomputadora

Moon lo pateó intentando liberarse pero él no se movió, al contrario, una gran sonrisa se dibujó en su rostro, aquella patada no le había causado ni cosquillas. Desesperada, había tratado de encajar sus escasas uñas, esperando que los guantes que llevaba puestos no estorbaran demasiado, pero tampoco había resultado. Sentía los latidos del corazón en la cabeza, palpitando violentamente, mientras sus oídos parecían desconectarse a falta de aire; con al sensación de que su cerebro se hinchaba cada vez más, hasta que llegara el punto de explotar. ¿Cómo era que no podía liberarse aún cuando solo era una mano la que la sujetaba? no lo sabía con exactitud, pero esa mano la estaba apretando aún con más fuerza, de tal forma que sentía, no sólo que su respiración era cortada, sino también su garganta.

Tuxedo Kamen intentó también pero obtuvo el mismo resultado. Era como si aquel ser estuviera hecho de un duro metal.

-¡es una especie de barrera!-exclamó Venus descubriendo el secreto de su enemigo

-sí pero no tiene un punto débil específico- Mercury tecleaba velozmente los botones de la microcomputadora esperando encontrar la solución de forma rápida -la única manera de acabar con la barrera es con una gran cantidad de poder

-sólo nos queda el poder de las sailor-dijo Jupiter

-eso implicaría demasiado tiempo

-son muy ingenuas, aunque quiero verlas intentando romper ese caparazón-se mofó Nix deleitándose con el espectáculo

Sailor Moon, ahogada en la desesperación, y con el rostro de un tono violáceo, comenzó a sentir que la vista se le opacaba. Apenas y percibió que el dije de Nix se le resbalaba lentamente de la mano sin fuerzas.

-¡Sailor Moon!-Exclamó Tuxedo Kamen con angustia

No podía permitir que muriera ¡eso jamás!

Sailor Moon lo vio, entre neblinas, escuchando apenas su voz.

Como última medida y con todas sus fuerzas, el príncipe de la Tierra lanzó una rosa roja hacia Samas.

La sonrisa del guerrero se hizo más grande

-¡¿crees que una simple flor puede herirme?!-murmuró aún sujetando con fuerza el cuello de la guerrera.

La rosa se había clavado en el suelo, indicando que todo había sido inútil.

-solo hay un poder que puede detenerme y es un poder que tú nunca ten…- paró de hablar. De pronto, un hilillo de sangre se vislumbró en su mano derecha y corrió rápidamente por ella-¡es imposible!-masculló soltando a Moon, que se derrumbó en el suelo

Sólo el poseedor del cristal Elpis podría romper su poder… eso significaba que…No, imposible.

-¡¡Tu no puedes tener el poder del cristal!!-dijo esfumándose ante el asombro de todos, para luego reaparecer enfrente de Tuxedo Kamen, que totalmente pasmado no pudo hacer más que recibir la potente esfera de energía que se había formado en la mano de Samas en cuestión de segundos. Se golpeó en la pared con un devastador sonido.

Brillantes agujas de pequeños y grandes tamaños aparecieron de forma elegante en las manos de Samas. Sin dudar las lanzó hacia él. Tuxedo Kamen apenas y había tenido tiempo de incorporarse, sin embargo, pudo esquivarlas a tiempo; pero de inmediato, un nuevo grupo de agujas lo clavó en la pared. Aturdido y sin poder moverse, se limitó a observar a su enemigo que con absoluta rapidez se había colocado a unos centímetros de él, dispuesto a lanzar nuevas agujas que esta vez, estaba seguro, traspasarían su piel con sus filosas puntas…

Las cuatro sailor senshi intentaron ayudarlo pero Nix les arrojó una nueva esfera de energía que las lanzó a unos metros, dejándolas en el suelo.

-Señor, él no tiene el cristal Elpis

Aquella voz conocida retumbó en su cabeza en el momento en que las agujas salieron despedidas de sus manos.

-sus guerreros lo esperan… Será mejor que deje esta batalla para después

El guerrero de cabello verde dirigió su mirada a Tuxedo Kamen que parecía sorprendido de haber resultado ileso.

-tienes suerte de que me haya distraído

Bajó las manos, pero las sailors adquirieron una posición defensiva en caso de que éste reconsiderara y pensara contraatacar.

Samas dirigió una última mirada suspicaz a Sailor Moon antes de que su cuerpo comenzara a brillar. La luz era tan intensa que ninguno de los presentes lo miró sin antes quedar deslumbrado. Lo último que las sailor senshi y Tuxedo Kamen pudieron ver fue la silueta de las dos personas, disolviéndose entre aquel cegador resplandor.

-se esfumaron-comentó Mars luego de unos segundos en los que había perdido el sentido de la vista.

Tuxedo Kamen, ahora menos confundido, empleó toda su fuerza para liberarse y corrió hacia Sailor Moon, que todavía yacía en el suelo

-¡¡Sailor Moon!! ¡¡Sailor Moon!!-la sacudió sintiendo que su intervención había llegado demasiado tarde, sin embargo, luego de unos segundos, los ojos de la guerrera de la luna temblaron y comenzaron a abrirse lentamente.

-¿qué pasó?


Hola de nuevo!!

Siento dejar el capítulo hasta aquí, tenía planeado que este y el siguiente fueran uno solo pero se extendió demasiado y tuve que cortarlo (por eso dice primera parte XD) No me gusta que los capítulos sean demasiado largos ¬¬ lo bueno de esto es que ya tengo casi completo el próximo capitulo así que actualizaré pronto XD

Espero sus comentarios!