Capítulo III

Encuentros

& 2ª parte &

-¿Cru, crees que te hizo caso?

El aludido dejó de caminar en círculos y dirigió una rápida mirada a las cuatro personas que igual de impacientes, esperaban en la poca iluminada habitación.

-por supuesto, llegaron al planeta sin saber lo que está sucediendo-respondió, para luego volver a caminar nerviosamente de un lado a otro del lugar.

Repentinamente una luz se encendió en el centro de la habitación. Los cinco retrocedieron unos pasos, con los ojos entornados para evitar que la luz los cegara. Lentamente, el resplandor se fue apagando hasta dejar ver la silueta de dos nuevas figuras que de inmediato captaron la atención de todos.

Miraron la imponente figura de Samas "El Rey Sol", erguido, majestuoso como lo han de ser todos los reyes dignos de poseer ese nombre; y a la vez, la desaliñada y furiosa silueta de Nix cuyo hermoso rostro se había desencajado por la rabia.

-Así que tú me llamaste, Cru-susurró Samas mientras las cinco personas se inclinaban respetuosamente ante él y Nix.

-sí, señor, "Rey Sol"-dio unos pasos al frente – gracias a su ayuda logramos reencarnar con nuestros recuerdos y así prepararnos para la llegada de este día.

La reverencia hecha por sus guerreros pareció aminorar el enojo de Nix, que se irguió y trató de peinar sus cabellos revueltos, haciendo un esfuerzo inmenso en mostrarse estoica. Esa era la forma en la que se debía comportar una verdadera reina.

-Han pasado milenios desde que fueron encerrados en la estrella madre-comentó otro joven, de mirada oscura y malévola-el Sol

-sí… lo recuerdo, y a ustedes también-dijo Nix. Los recuerdos de lo sucedido aquella vez comenzaban a aclararse…poco a poco- son los cinco guerreros que nos siguieron fielmente, pero aun falta uno de ellos

-tuvimos algunos problemas, mi señora, es por eso que no está aquí-respondió Cru, que aún seguía inclinado

- las sailor senshi… ¿se han enfrentado a ellas?-preguntó Samas, al que en ese momento le importaba más lo que había sucedido en la batalla que el paradero de su último guerrero

-no, señor –explicó Cru- sospechábamos que ellas fueran las guardianas pero después de la batalla que libraron con ellas hoy, ya no hay duda.

- Sailor Moon tiene el cristal…sin embargo, fue Tuxedo Kamen quien me hirió con esa insignificante rosa ¡¿cómo puede ser eso?!-reflexionó mientras tocaba la herida de su mano

- nosotros también tenemos dudas acerca de eso, ayer sentimos una fuerte energía despertando, pero no era la única-dijo otro chico de cabello rojizo

-¿que tan grandes eran esas energías?

-calculamos que cada una tiene el poder de destruir un planeta-intervino por primera vez una chica

-¿tanto así?

-no hay que angustiarnos, mi señor-lo abrazó Nix. Acarició el rostro masculino con seducción hasta llegar a la barbilla y descender por el pecho, tocando el hermoso cristal en forma de Sol-el poder que usted tiene es aún más grande, el sistema solar entero sería destruido si usted lo quisiera…incluso tal vez la misma Vía Láctea.

-pero el poder que tiene el cristal Elpis supera al mío

-el cristal Elpis aún no ha aparecido

-te equivocas, querida-dijo tomando su mano que aún tocaba sutilmente el cristal de Sol-recuerda lo que dice la profecía, y entonces comprenderás que él ya está entre nosotros, aunque no en la forma que conocimos.

La mujer de azules cabellos se apartó de él bruscamente. Parecía asustada, pero al poco tiempo logró tranquilizar sus miedos, atreviéndose a adentrarse en sus recuerdos. Cerró los ojos. Las memorias de la batalla antes de que fueran encerrados volvieron a su mente, una a una. Sus párpados temblaron antes de que sus ojos se abrieran

-ahora entiendo… todo está más claro; y la misión de ellos también…

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La noche comenzó a caer sobre la ciudad, dónde las luces artificiales de las casas comenzaban a encenderse, lentamente, como puntos dispersos sobre una superficie gris hasta que la noche envolviera la ciudad completamente con su manto oscuro.

Minako se puso el suéter tratando de esconder la herida de su brazo y siguió caminando rumbo a su casa, dejando atrás a Ami, Makoto y Rei. Usagi se había marchado mucho antes, junto con Mamoru. Según escuchó tenían planeado dar un paseo antes de que él la llevara a su casa. Sonrió ligeramente, satisfecha. Lo mejor era dejar que los amantes disfrutaran de su amor.

-Mina, no es justo que hagas esto-murmuró a su lado Artemis, su gran amigo que era un gato blanco con una luna creciente en la frente.

-¡shhh! Nos podrían oír

-la calle está vacía-dijo con seguridad. Era cierto-no sé porque pediste traer esto si tu no lo ibas a cargar

-ese dije es de suma importancia para nosotros Artemis, necesitamos analizarlo cuidadosamente-explicó con seriedad, mientras el gato blanco la miraba con desconfianza y pesar. El dije que colgaba de su cuello lo hacía lucir bastante…femenino -¡además está hermoso!

-lo suponía-comentó bajando la cabeza, con una gotita en la nuca. Mina tenía estrellitas en los ojos y una amplia sonrisa de ilusión-pero si te gusta tanto porque no lo llevas tú

-eso puede ser peligroso-dijo con la sapiencia de un detective, como si hubiera revisado todas las posibilidades y no quedara ninguna otra más-si esa mujer regresara por él ¿dónde crees que lo buscaría?

-¿en el centro de Tokio?- es decir lo suficientemente lejos de Jubangai

-claro que no, lo buscaría en el hermoso cuello de una chica cuya belleza la delate como la sailor senshi del amor –dijo dramáticamente, en actitud de mujer frágil, con las mejillas sonrosadas y un fondo rosa salido de la nada brillando a su espalda. Pero todo se desvaneció al continuar - y no en el cuello de un simple gato blanco, en especial si es macho.

La cabeza del pobre Artemis volvió a caer, con ríos de lágrimas saliendo de sus ojos. Seguía preguntándose cómo las chicas, especialmente Luna, se habían dejado convencer por Mina. Tal vez porque él era quien la conocía mejor que cualquiera de ellas. Y no había ayudado en nada el hecho de que todas estuvieran cansadas por la batalla librada y desearan ir directo a sus casas.

Artemis miró con entusiasmo la casa de Mina, casi al final de la calle. Su tortura terminaría en cuanto entraran.

-¡señorita Aino! – la llamó un joven, bastante atractivo por cierto y se acercó a ella corriendo - Soy Seiho Takenouchi

Lo miró con detenimiento. Guapo, alto, de cabello plateado y ojos dorados, de aproximadamente dieciocho años y al que no recordaba haber visto en toda su vida.

-¡Hola!-sonrió disimulando su desconcierto ¿cómo era que él sabía su nombre?

Una idea pasó por su mente y de inmediato se sintió volando entre las nubes, cubiertas de tonos rosas. Seguramente era un admirador secreto que después de tanto tiempo de soñar con ella, se había decidido a declararle su amor. Se sonrojó.

-¿me recuerda?-preguntó el chico, desconcertado por el rostro de ensoñación de ella

-¡¡Ja, ja, ja!!-rió estruendosamente ¿Recordar? Entonces sí se habían visto antes-¡Claro que sí!

-Hace tiempo nos tocó viajar juntos en el avión que venía de Inglaterra-explicó como si hubiera leído el desconcierto que había en la mente de Mina

Minako lo miró fijamente tratando de recordar aquel rostro, pero todo fue inútil. Se sintió inmensamente frustrada por no poder reconocer a aquel atractivo chico. Estaba perdiendo una oportunidad inigualable.

-sería muy normal que no me recordara-le sonrió amigablemente-en aquel tiempo era un chico bajito, de cabello despeinado y muy tímido.

-Pues sí que ha cambiado –pensó sin dejar de contemplarlo. Era imposible que aquel chico sonriente hubiera encajado alguna vez con esa descripción

- sin embargo, tú eres igual a la Minako Aino que conocí en el avión-le sonrió con una dulzura que la derritió

Artemis lanzó un suspiro de resignación y comenzó a caminar hacia la casa de Mina, sosteniendo aún las infinitas ganas de quitarse aquel collar; sabía, por el rostro de la chica, que aquella conversación sería muy larga.

-puedes llamarme Mina

-jamás pensé que nos encontraríamos, me siento feliz de volver a verte…Mina

Su nombre, pronunciado en los labios de él, simplemente la deshacía

-tal vez podamos vernos de nuevo-dijo ella tratando de disimular el color rojo que teñía sus mejillas- a menos que tengas que regresar a Inglaterra

-En realidad me estoy mudando a Jubangai

-¡¿en serio?!- era la oportunidad perfecta- Entonces necesitas de una buena guía que te muestre la ciudad-sonrió- y yo la conozco como la palma de mi mano, además no te cobraré mucho-le guiñó un ojo

El chico amplió su sonrisa, comprendiendo el tono de broma y con encantador acento dijo:

-Me encantaría

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El joven de despeinado cabello color marrón, que le llegaba hasta los hombros y cubría sus ojos por completo, paró de barrer al verla entrar al templo.

-¡Ya ha regresado señorita Rei!

-Hola Yuuichirou- saludó secamente- ¿aún no regresa mi abuelo?

-no señorita

Rei suspiró aliviada. Yuuichirou era demasiado despistado para notar los raspones que le habían quedado después de la batalla y su abuelo no estaba así que no habría problema. Sin embargo…

-¿quién es él?-preguntó Rei desconfiadamente, dirigiendo la mirada a un chico rubio de ojos plateados y que usaba un kimono

-él es…

-soy un nuevo aprendiz del dueño de este templo-dijo el joven antes de que Yuuichirou pudiera presentarlo- y usted debe ser la hermosa sacerdotisa que vive aquí

Hubo algo, no supo si en las palabras halagadoras, en el tono atractivo o en la bella mirada del chico que hizo que Rei se sonrojara. Yuuichirou lo notó, con muy poco agrado.

-me gustaría mucho aprender de una gran sacerdotisa como usted-le sonrió

-no hay mucho que aprender pero con gusto lo haré- dijo amablemente, aunque el tono de su voz conservaba aún un poco de recelo- pero no me ha dicho su nombre

- Unkei Saionji

Rei mostró una pequeña sonrisa. Parecía deslumbrada por la nueva sonrisa que el joven mostraba.

-¡pero qué ciego he sido!-dijo él repentinamente. Entonces tomó el brazo de Rei con suma rapidez y delicadeza y miró los raspones con manifiesta preocupación-está usted lastimada

Retiró el brazo abruptamente, algo enfadada pero con un rojo encendido en las mejillas

-no es nada-dijo, defensiva

-es usted una mujer bella y llena de carácter…tan explosivo como el fuego-dijo acercándose a su rostro-justo el tipo de chicas que me gustan

Volvió a sonrojarse. Lo que estaba como el fuego era su rostro, y temía que pronto comenzara a arder

-ahora deje que atienda esas heridas- insistió el chico y a continuación dijo en un tono embriagador, muy cerca de su oído-prometo que no dolerá

-ahhhhh………

-sólo se raspó no tienes por qué tratarla de esa forma-intervino Yuuichirou, parecía incómodo y molesto

-¡Yuuichirou, por qué no te ocupas de tus asuntos!-dijo Rei de forma dura. El joven castaño lo entendió como un "déjame sola para besuquearme con él" pero la verdad es que le había molestado que fuera tan poco atento con ella.

-¡pero, pero, señorita Rei!

-Nada de peros, Yuuichirou-dijo, el tono de su voz no aceptaba réplicas-si tan sólo Yuuichirou fuera como él-pensó, volviendo a quedar atrapada por los ojos dorados del joven Unkei

Desganado, Yuuichirou tomó la escoba y se fue a barrer a otro lado…muy cerca de ellos. Estaba furioso, mas no con su querida Rei, con ella jamás podría enfadarse, sino con Unkei. Esa era la declaración de guerra. Los dos pelearían por el amor de Rei y no se permitiría perder.

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-¿estas segura de que no quieres que te lleve a tu casa?-preguntó Mamoru

-completamente- dijo segura, recargándose en el brazo de él, pero sin dejar de caminar. Un suspiro de ella interrumpió nuevamente el silencio-¡otra cita que se arruina!

- prometo que iremos a esa pastelería en cuanto termine los asuntos pendientes que tengo en la universidad-dijo Mamoru con rostro calmado, mientras el sol rojizo se escondía entre los edificios que rodeaban el parque-¿a propósito, cómo está tu cuello?

-aún me duele un poco, pero estoy segura de que mañana estará como nuevo-sonrió

-¿no tendrás problemas en tu casa?

- no te preocupes, entraré corriendo y nadie lo notará-dijo despreocupada

Una sonrisa apareció en los labios de Mamoru. El optimismo era una de las grandes cualidades de su novia.

-y tú ¿estarás bien? – comentó al notar el semblante pesaroso de él-también te atacaron fuertemente

-sólo fueron algunas heridas-le sonrió, reconfortándola

Sin que se dieran cuenta pequeñas nubes grises comenzaron a aparecer en el horizonte… seguramente llovería.

-estar sin ti en vacaciones no es nada divertido-suspiró Usagi con pesar-te estaré extrañando desde el momento en que esta cita termine y me dejes en mi casa

-me gustaría estar contigo siempre, pero también tengo que estudiar -dijo, estricto, mientras los rayos del declinante sol se filtraban entre las hojas de los árboles, creando una lluvia de luz que caía sobre ellos a sus anchas- de cualquier forma hablaremos por teléfono todos los días

- pero aún así no te veré, y menos aún cuando entre a la preparatoria- se lamentó - tú no dejaras que salgamos mientras tenga tarea por hacer

-esperemos que eso ayude a que tus calificaciones de inicio de curso sean buenas

-eres muy duro conmigo Mamoru-reclamó abrazándose más a su brazo y haciendo pucheros…- recuerda que…

Se detuvo al sentir un tironeo extraño. Mamoru se había detenido un paso atrás. Por su repentina inmovilidad y el tirón que había sentido parecía haber parado en seco. El brazo del que ella se colgaba permanecía rígido. Lo miró a la cara. Estaba extrañada. Jamás había visto tal expresión en el pasmado rostro del joven que mantenía sus ojos fijos en un solo punto…aquella chica que estaba frente a ellos, misma que clavaba sus ojos color esmeralda en Mamoru… aquellos ojos llenos de tristeza y amor que helaron su cuerpo.

-vaya…-parpadeó asombrada, observando a la chica. Su cabello rubio y largo se movía ligeramente reflejando los toques dorados del atardecer. Era alta, un poco menos que Mamoru, su rostro, de suaves y hermosos rasgos que recordaban a las vírgenes de las pinturas, se mostraba lleno de frescura; pero lo que sin dudar le daba un toque de belleza inhumano eran aquellos profundos ojos verdes- es muy bonita

Mamoru estaba completamente paralizado. En tan solo segundos, miles de imágenes se habían proyectado en su mente y entonces, con una gran cantidad de sentimientos encontrados, sus labios pronunciaron con debilidad un nombre que había significado tanto para él.

-Akiko

¡cuánto trabajo le había costado olvidarse de ese nombre que ahora le sonaba extraño pronunciar, uno que había repetido una y otra vez, en algunas de las más tristes y solitarias noches de su vida, suplicando, gritando, deseando que ella lo escuchara!…

Usagi tembló y lo abrazó con más fuerza, sin despegar la vista de su novio pero mirando de reojo a la hermosa chica… ¿por qué sentía una fuerte opresión en el pecho?

-Mamoru…-susurró la joven rubia que había comenzado a aproximarse a la pareja, y a la que él aún miraba sin creer que eso estuviera sucediendo-¿cómo estás?-dijo amablemente, acercándose más a un estupefacto Mamoru. Usagi definitivamente se consumía en los celos.

-Tú debes ser una de las compañeras de Mamoru-sonrió Usagi, con un sutil acento de enfado al tiempo que se interponía, casi por instinto, entre su novio y la chica que ahora estaba, a máximo, dos pasos de ellos

-No-dijo secamente, dejando atrás aquel tono dulce que había usado al dirigirse a él- Mamoru y yo fuimos…

-este no es el lugar ni el momento para hablar sobre eso-la interrumpió Mamoru, como volviendo de un profundo trance; justo a tiempo

-entonces vayamos a tu departamento, estuve ahí, aunque como no llegabas decidí salir a caminar-sonrió- no pensé que te encontraría aquí

Un aura ardiente rodeó a Usagi al sentir la familiaridad con la que la joven le hablaba a SU novio

-no, ese tampoco es el lugar adecuado-murmuró Mamoru. La expresión severa y el tono melancólico que había usado apagaron los celos de Usagi como si trataran de agua congelada. Nunca lo había visto así.

-entonces vayamos a donde desees, no me importa el lugar, necesito hablar contigo…-agachó la cabeza y bajó el tono de voz- sobre lo que pasó

-no hay nada de lo que podamos hablar

-¡entiendo que no quieras escucharme pero…! – Se exaltó, no obstante, tratando de controlarse, continuó-déjame explicarte-extendió una mano para tocarlo pero Usagi la detuvo, entonces la chica la miró de forma cortante- aunque… me gustaría que fuera A SOLAS

Usagi, que aunque ya se había hecho a un lado, se empeñaba en continuar abrazada al joven, se aferró a su brazo fieramente.

-Mamoru es mi novio y tenemos plena confianza uno en el otro-dijo sin moverse de su lugar-así que puedes decir todo lo que desees

Las dos comprendieron el significado de esa oración.

-no pensé que te gustaran las niñas, Mamoru…-contestó, ignorando la presencia de Usagi. Su voz, entre perturbada y dolida conservaba aún un leve toque del desconcierto que la había asaltado al escuchar que Usagi era su novia; el mismo que la mantuvo en silencio por unos buenos segundos-… porque al verlos abrazados cualquiera diría que es tu hermana menor, claro, con excepción mía, que te conozco perfectamente y por lo tanto sé que no tienes hermanos-murmuró la chica, esta vez con más seguridad y recalcando el "perfectamente"- ¿Cuántos años tienes niña, tres o cuatro menos que Mamoru?

Los ojos de Usagi despedían rayos ¡Ahora sí que se había enfadado!

-Basta Akiko-sentenció Mamoru de forma enérgica, antes de que Usagi replicara- no creo que haya mucho que decirnos, la carta que me dejaste fue demasiado explícita

-¿de verdad me olvidaste ya?-preguntó con voz ronca-todo lo que pasamos y nuestros sueños…

-¡sueños que tú rompiste! ¿No lo recuerdas?-dijo con gran melancolía, fulminando la conmovedora mirada de Akiko.

-¡yo nunca cambié mi forma de pensar, ni mis sentimientos…! ¡Si tuve que irme fue por…!-bajó la vista, como dándose cuenta de que había estado a punto de decir algo que no debía-…no puedo decirlo aquí, por favor vayamos a…

-¿es un secreto entonces? –el tono en el que habló hizo que Usagi dejara de dirigir su mirada a la chica para concentrarla, desde ese momento, en el rostro de Mamoru-siempre te lo dije todo, mis inquietudes, mis ilusiones y creí que tú también lo hacías, pero no era así.

La joven posó su mirada en el suelo

-fue una causa de fuerza mayor

-¿causa de fuerza mayor…? ¡Sabías que siempre contarías conmigo! ¿no te ayudé cuando más lo necesitaste?-dijo apretando los puños con fuerza. Sentía el dolor a flor de piel… aún después de tanto tiempo dolía.

Usagi se separó de él sintiéndose incómoda, como si estuviera haciendo un mal tercio. ¡No! ¿En qué estaba pensando? Él era su novio, Mamoru sólo la amaba a ella, sólo confiaba en ella. Pero… al verlo así, sintió lo contrario. Entonces una imagen pasó por su mente tan rápida como un rayo y tan letal como una daga.

Lo soltó lentamente, atrayendo por primera vez la mirada de Mamoru

-tengo que irme, mis padres deben esta muy preocupados-sonrió Usagi con una tristeza mal disimulada y se hecho a correr lo más rápido que pudo. Mientras lo hacía, a todo lo que podían dar sus piernas, mantenía la vista al frente, con exagerada insistencia. No deseaba mirar hacia atrás y darse cuenta de que Mamoru no corría tras ella.

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Abrió la puerta del departamento y de inmediato se escuchó una voz conocida

-Te estaba esperando Ami-dijo su madre con la preocupación reflejada en el rostro

-¡Mamá! Pensé que aún estabas trabajando en el hospital

-Regresé temprano porque hoy hay una importante reunión médica y quería…. ¡qué te sucedió!-exclamó acercándose a su hija para revisar sus brazos

-son sólo algunos raspones que me hice al tropezarme-sonrió tratando de tranquilizarla. Si hubiera sabido que su mamá iba a regresar temprano habría ocultado los raspones ocasionados por la batalla.

-no parecen ser heridas cualquiera-replicó; como doctora tenía gran experiencia con esas cosas y sabía que era difícil lastimarse tanto con un simple tropiezo, amenos que hubiera rodado por todo el largo de alguna calle

-estoy bien-dijo quitando el brazo que la señora Mizuno observaba tratando de adivinar lo que había causado aquellas lesiones-mañana pienso devolver unos libros a la biblioteca así que debo apresurarme-mintió

-es extraño que no los hayas terminado, te he visto acabar libros más grandes en menos días, además no sueles esperar a que se cumpla el plazo, generalmente los acabas tres días antes.

Definitivamente no sabía mentir

-sólo son algunas páginas-sonrió nerviosamente

-¿crees que puedas terminarlas pronto?-preguntó. Parecía medio convencida y por ello dispuesta a cambiar el tema (para gran alivio de Ami)- Como te decía, hay una reunión medica esta noche donde habrá varios doctores importantes acompañados de sus familias y me preguntaba si…

-Te acompañaré con mucho gusto, mamá-dijo sonriente, apresurándose a entrar en su cuarto

La madre de Ami sonrió. Estaba feliz de tener una hija como Ami.

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Makoto Kino estaba perdiendo la paciencia

Volvió a mirar las puertas cerradas del elevador. Había esperado demasiado; si esta vez no funcionaba tendría que subir por las escaleras. Apretó nuevamente el botón del ascensor.No hubo respuesta. Suspiró, resignada a subir ocho pisos a pie, y se giró para tomar las escaleras pero una voz la detuvo

-¡espere señorita!-dijo un joven que al parecer acababa de llegar- ¿pensaba subir al elevador?

Sólo de verlo supo que estaba irremediablemente enamorada

-s…sí-tartamudeó- pero no baja, creo que se ha descompuesto

El joven se acercó al elevador, increíblemente cerca de ella, y apretó el botón. Lo mantuvo así, sin soltarlo por unos segundos (en los que le dio la posibilidad de admirar su atractivo rostro) y después, como por arte de magia se abrieron las puertas del ascensor

-¡¿cómo lo hizo?!-se sorprendió Makoto

-¡todos los elevadores son iguales!-le sonrió, luciendo como un Adonis- Al igual que sus trucos-le guiñó un ojo y detuvo la puerta del elevador con su fuerte y varonil brazo para que ella pudiera ingresar.

Makoto entró luego de unos segundos de ensoñación

-¿a que piso va?-dijo el joven después de que se cerraron las plateadas puertas

-al… al ocho-tartamudeó

El lugar se llenó de silencio mientras ella enrojecía cada vez más mirando al joven de soslayo. ¡Era totalmente increíble el parecido que tenía aquel chico con su superior! A la vez igual y diferente. Se veía que era un chico educado; vestía un pantalón de vestir y una camisa blanca que hacía resaltar sus negros ojos, tan diferentes a los cafés de su superior pero poseedores del mismo hermoso brillo. El cabello liso y de color verde-azulado apenas y le llegaba hasta los hombros, resaltando aquellos rasgos tan parecidos a los que la habían hecho enloquecer por su antiguo novio.

Iban en el piso cuatro

-Piso ocho- pensó Makoto sonrojándose más mientras desviaba la mirada que un segundo antes se había cruzado con la del chico. Éste también volteó hacia otro lado, disimuladamente.

Sintió que no había pasado nada de tiempo cuando llegaron al piso en el que tenía que bajar.

-aquí bajo-dijo Mako cuando las puertas del elevador se abrieron. La afirmación sonaba tonta, pero esperaba que él le dijera algo antes de separarse.

Pero nada sucedió así que salió del ascensor. Nunca lo había visto y estaba segura de que si no aprovechaba esa oportunidad no volvería a encontrarse con él nuca más. Pensando en eso se dijo que debía tomar la iniciativa.

-¡¡espera!!

Para su sorpresa, los dos profirieron la misma exclamación al mismo tiempo. Las puertas del ascensor habían estado a punto de cerrarse pero las manos fuertes de él, y también las de ella, lograron evitarlo. Se miraron a los ojos, todavía deteniendo las puertas para que no volvieran a cerrarse.

Se rieron de la situación sin poder evitarlo

- me llamo Sotaro Fukushima-se presentó él, apagando gradualmente su risa- Vivo en el edificio de al lado

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Mamoru Chiba escudriñó con la mirada en el estante lleno de libros

-¡aquí está!-dijo entusiasta, mientras tomaba con las dos manos uno de los libros más gruesos que se encontraba en la parte de arriba, pero cuando lo retiró, la fila de libros se cayó al perder su estabilidad

- estudiaremos este libro-dejó caer la Biblia, (ejem) quise decir, el libro de cálculo, en la alargada mesa

-Esto… es… lo que tengo… que…estudiar- abrió enormemente los ojos

-No todo, el tema que te dejaron sólo ocupa las primeras cuatrocientas páginas

-¡¡CUATROCIENTAS!!- el suspiró que Usagi había estado a punto de exhalar se detuvo al escuchar las últimas palabras- Mamoru ¿no crees que son demasiadas para un solo día? –dijo caminando hacia el librero, como evadiendo aquello

- en vez de preocuparte por la cantidad de páginas, deberías esforzarte para pasar el examen… tus notas han bajado bastante si mal no lo recuerdo…

-¡no hay nada de que preocuparse!-rió confiadamente, buscando cambiar el tema de conversación. Su novio era realmente estricto con ella en cosas como el periodo de estudio y las calificaciones. Eso la metía en serios problemas pues nunca había sido buena en la escuela, sin embargo, no se disgustaba con él, o por lo menos no en serio. Sabía por qué el se comportaba de esa manera y le agradaba que fuera así. Quizá más de lo que él mismo creía. Pero eso no quitaba que en ese momento estuviera en serios problemas y que de inmediato intentara cambiar el tema. La oportunidad se presentó al ver un objeto a la orilla del estante-no sabía que guardabas álbumes de fotos aquí-dijo, fijando su mirada en un objeto de color dorado- y éste…jamás lo había visto

Mamoru palideció y se acercó velozmente al estante, como tratando de evitar que ella se apoderara de él

-es solo un viejo álbum-repuso Mamoru con nerviosismo, lo que hizo que Usagi sintiera más curiosidad por verlo

-¿es de tus padres?-inquirió tomando el dorado álbum

-no, es de…

Demasiado tarde

-¡eras un niño muy tierno!-sonrió mirando una de las fotografías-¿por qué nunca me habías enseñando estas fotos? Hay tantos recuerdos aquí

-bueno...es que…

-¿quién es?-preguntó señalando una foto. Mamoru se acercó lentamente, deseando que el álbum desapareciera, que de pronto un fuerte viento se lo llevara, la tierra se lo tragara o algo así sucediera, sin embargo, el álbum seguía ahí, en las manos de su novia.

Lanzó un profundo suspiro de alivio al ver, en la fotografía, a aquel hombre que aún recordaba con claridad, incluso su voz, grave y cariñosa a la vez, una de las únicas personas que le habían brindado su apoyo durante su infancia.

-él fue lo más cercano que tuve a un padre-murmuró viendo al hombre de rostro gentil y ojos bondadosos que, en el momento de tomarse la foto, rondaría unos cuarenta años

-una vez me dijiste que habías vivido solo desde el…-calló sintiéndose inoportuna pero inmediatamente, él colocó sus manos en sus hombros, como haciéndole ver que no había dicho nada malo.

- ya que no tenía a nadie que pudiera cuidar de mí y siendo yo todavía un niño, los doctores del hospital habían decidido mandarme a un orfanato, pero, luego de mil vicisitudes, me encontré con él. En aquel tiempo era un reconocido profesor de universidad e hizo hasta lo imposible para que pudiera vivir lejos de cualquier orfanato…él se convirtió en mi tutor.

-¿entonces viviste con él?

-no-dijo. Su expresión era algo renuente así que pensó estar tocando un tema que quizá no debía-siempre cubrió todos mis gastos. Cada mes me daba cierto dinero para pagar el departamento donde vivía, comprar lo necesario para la escuela y alimentarme. Pero casi siempre me sobraba dinero.

-en ese departamento ¿vivías solo?

-así es, tenía todo ese departamento sólo para mí

- tuviste que hacerte cargo de ti mismo-comentó, pensativa

-sí, aprendí desde muy pequeño a administrar por mí mismo el dinero

-pero tu tutor te visitaba continuamente

-no, mi tutor era una persona admirable y llena de bondad, pero jamás permitió que me le acercara, ni física ni sentimentalmente- debió haber tenido una mirada de enorme desconcierto pues él se encargó de aclarar de inmediato-jamás lo vi solo, siempre estaba acompañado de una persona, un secretario, alguna dama, pero nunca la misma…A pesar de eso y aunque yo era aún un niño logré ver que él se sentía tan solo como yo. No comprendí por qué me alejaba de él hasta que supe que muchos años atrás su esposa e hija habían muerto en un accidente….

Mamoru la miró atentamente, quizá tratando de leer los sentimientos que se reflejaban en su rostro

-parece tonto…-continuó él, retomando el hilo de la conversación-negarte la posibilidad de amar nuevamente, especialmente cuando un niño huérfano cae en tus manos, como regalo mandado del cielo para aliviar tu soledad; pero a veces el miedo es demasiado fuerte…

-¿miedo?-preguntó, despegando la mirada del hombre plasmado en la foto y dirigiéndola a Mamoru

-sí, él temía abrir nuevamente su corazón, amar…y en medio de tanta felicidad, volver a perderlo todo; había tanto peligro alrededor, tantas cosas que podrían quitarle lo más querido. Creo que no se sentía lo suficientemente fuerte para perder nuevamente a alguien amado, así que se negó a sí mismo la posibilidad de amar. Cuando estás hundido hasta el fondo en la soledad llega a ti algo parecido a la resignación…pero salir de ella, encender en ti la esperanza de volver a ser feliz, de sentirte completo, y repentinamente saber que volverás a esa soledad en la que viviste tantos años, es algo realmente insoportable.

Usagi sintió pena por aquel hombre de la foto, pero también por Mamoru, porque sus palabras habían tenido el toque dolor que sólo puede estar impreso cuando tú mismo has experimentado aquello. Se preguntó quién, en el pasado de Mamoru, habría hecho que abrigara la esperanza de no sentir más soledad y luego, cruelmente, lo habría vuelto a hundir en ella. No podía ser el hombre de la foto porque éste nunca permitió que el vínculo fuera tan grande ¿Entonces quién?

-sufriste mucho-dijo recargándose sobre él, que seguía a su espalda, y tomó cariñosamente una de sus manos

-sí-aceptó él con calma, acercando su mejilla a la de ella, como si intentara acercarse más al álbum para ver con mayor claridad la foto-es algo difícil para un niño mantenerse por sí mismo.

Los dos sabían que ella no se había referido únicamente a ese tipo de sufrimiento.

Usagi volvió a dirigir su mirada a la foto. Era increíble que aquel hombre, al que seguramente Mamoru solo vio un par de veces, fuera para él lo más cercano a un padre…la soledad de su novio había sido tanta.

-él falleció ya-dijo Usagi, segura de ello por las palabras de su novio, que siempre se había referido a su tutor en tono pasado, como si ya no estuviera en este mundo.

Las manos masculinas sobre sus hombros se afianzaron con un ligero temblor

-lo lamento-susurró ella. Buscó algo nuevo donde detener la atención, algo que le permitiera desviar la conversación, y casi de inmediato sus ojos se encontraron con otra foto. En ella aparecían dos niños, uno de ellos era Mamoru, que sonreía alegremente, con la dulzura e inocencia que brilla en los ojos de todos los niños; y a su lado estaba una niña de rubios y largos cabellos -¿quién es ella?

- ¿e...ella?-tartamudeó Mamoru mientras sentía como las gotas de sudor, que habían salido de la nada, resbalaban lentamente por su frente-pues veras… ella…ella…es…ella es…

-¡¡y porqué está en todas las fotos!!-se alarmó dando desesperadas vueltas a las páginas intentando encontrar alguna en la que la chica no apareciera

- lo que sucede es que…

-¡¡SE ESTÁN ABRAZANDO!!

-¡cálmate, Usa! ¡Déjame explicarlo! -intentó decir, hablando atropelladamente- ¡Eso es porque nos conocimos desde muy pequeños y nos hicimos grandes amigos!

-Mamoru… ¿por qué nunca me dijiste que tuviste una amiga…-recalcó con fuerza la última palabra- a la que además, dedicaste casi un álbum completo?

-Nunca me lo preguntaste-sonrió nerviosamente mientras una aura de fuego rodeaba a Usagi- era sólo una broma Usa no te pongas así.

Ya se imaginarán que el pobre álbum que seguía entre las manos de Usagi estaba sufriendo terriblemente. Ella lo apretaba cada vez con más fuerza, hasta casi enterrarle las uñas. El aura de fuego que la rodeaba parecí atizarse con cada palabra, hasta convertir a la chica en algo intimidante.

Mamoru sabía que tenía que decir algo, había que desviar la conversación

-vamos Usagi, antes de mí, debieron gustarte muchos chicos ¿no? Recuerdo que Motoki…

Mala jugada

-¡¡entonces sí te gustaba!!-se alarmó, y luego, rodeándose de neblinas, cayendo al suelo en actitud desamparada y con grandes lagrimones en los ojos continuó- esa chica tan bonita te ha gustado más que yo ¿verdad?

-¡¡cla…claro que no!!-tartamudeó con una gotita en la cabeza. Cuando Usagi se ponía así le era bastante difícil mantenerse clamado. No obstante, a pensar de todo, Mamoru sospechaba que ella no le creía, y estaba en lo cierto.- Está bien…-suspiró resignadamente- si deseas saberlo te lo diré. Su nombre es Akiko Matsuo. La conocí unos días después del accidente donde perdí la memoria-bajó la cabeza-ella me dijo que nos conocíamos desde antes del accidente, pero yo no podía recordar nada con excepción de…-hizo una pausa, arrepintiéndose de lo que iba a decir- de algunos recuerdos vagos. Ella había huido de su casa así que estaba tan sola como yo… creo que eso fue lo que nos unió-dijo con nostalgia y un peculiar brillo de cariño en los ojos que no le agradó nada a Usagi-mi tutor también le brindó su protección, así que podríamos decir que crecimos juntos, estudiamos en las mismas escuelas, aunque él nunca permitió que viviéramos en la misma casa.

-¿por qué?-preguntó curiosa

-no lo sé-dijo con un tono de duda que le hizo pensar que ocultaba algo

-pero ¿dónde está ella? Si es tu amiga por qué no está aquí y por qué nunca me hablaste de ella.

-no tenía caso…ella se fue poco tiempo después de que mi tutor falleciera…-la mirada de Mamoru era nuevamente nostálgica- No he vuelto a verla desde ese día

-¿se fue sin ninguna explicación?

-sólo me dejó una carta, en ella decía que estaba harta de Japón…que quería ser libre

Usagi miró la última fotografía del álbum. Mamoru estaba recargado en un árbol cubierto casi completamente por la blanca nieve, vistiendo el uniforme de secundaria. Había algo distinto en él, además de la juventud, algo en sus ojos, en su rostro, que lo hacía lucir despreocupado, casi infantil. Akiko, vestida con el uniforme de marinero que se usa regularmente en las escuelas japonesas, recargaba su cabeza en el hombro de él, que a su vez, la tomaba de la mano amorosamente. Los dos se veían rebosantes de felicidad mientras los copos de nieve danzaban a su alrededor. El brillo lleno de amor que vio en los ojos esmeraldas de Akiko la inquietó demasiado y un ligero temblor recorrió su cuerpo al ver algunas palabras, a un lado de la foto y escritas con la letra Mamoru

Mi hermoso ángel

Siempre eres y serás alguien muy especial para mí

-Mamoru…-murmuró Usagi entre confundidas lágrimas que aún no se daba cuenta que salían

No podía evitar que los recuerdos de aquel día la atormentaran. Su respiración era agitada. Había corrido tanto, sólo pensando alejarse de ellos dos.

La chica con la que se acaban de encontrar era la misma del álbum de fotos, ¿cómo fue que no se dio cuenta antes?

Aquel día él había mostrado tanta tristeza en sus palabras que prefirió no insistir, era obvio que esos recuerdos eran dolorosos…pero ahora se daba cuenta que esa no era la única razón por la que ese día optó por cambiar la conversación, aún cuando había estado segura de que esos dos habían sido algo más que amigos. Aquel día sabía que podía averiguar más sobre la relación que hubo entre ellos, pero tuvo miedo. Miedo de averiguar algo que no deseaba, algo que le dolería demasiado…

Siempre eres y serás alguien muy especial para mí

Aquellas palabras lacerantes, que le parecía escuchar de los labios de su novio, le daban vueltas en la cabeza, lastimándola más y más. ¿qué estarían haciendo en ese momento? Se los podía imaginar claramente, juntos, como lo estuvieron en el pasado, tomados de la mano.

De pronto, dentro de su pecho que su mano apretaba con fuerza, surgieron la rabia y el dolor como un monstruo atroz a punto de tragársela

¡No podía soportar que algo así sucediera! Jamás se resignaría a verlo al lado de otra chica ¡no podía ser cierto! Debía tratarse de un error. Él la buscaría al siguiente día, sonriente, con ese brillo de amor en los ojos con el que siempre la miraba, haciéndole saber que era a ella y sólo a ella a quien amaba.

Sintió más ganas de llorar. Las fantasías no ayudaban en nada. Al contrario le hacían sentir que no volvería a verse en sus brazos…que ya lo había perdido…o que tal vez nunca tuvo su amor…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando chocó violentamente, no supo si contra algo o alguien, cayendo casi acostada en el suelo

-lo lamento señorita- dijo una voz masculina ofreciéndole la mano para que pudiera levantarse-iba algo distraído

-yo también -murmuró aceptando la ayuda del joven

-¿se encuentra bien?- preguntó. Ella asintió, aunque su desconcertado rostro era el vivo reflejo de la pesadumbre-creo que será mejor que la acompañe a su casa, no es seguro que ande así por la calle

- estoy bien, puedo irme sola

-no me sentiría en paz si no la acompaño hasta su casa-sonrió sin aceptar las excusas de Usagi

El cielo nocturno que comúnmente estaba lleno de estrellas, se cubrió de espesas nubes grises que apenas y se podían distinguir de entre el oscuro manto. Caminó en silencio al lado del extraño hasta que la lluvia comenzó a caer en pequeñas gotas.

-será mejor que corramos, la lluvia vendrá con fuerza-comentó él

Tuvo razón. No tuvieron que caminar mucho antes de que la lluvia se soltara con toda su furia, descargando el sinfín de enormes y violentas gotas contra las nucas descubiertas.

-Mi casa está muy cerca-murmuró Usagi, cuando se detuvieron bajo el techo de una casa para protegerse- será mejor que nos separemos aquí, muchas gracias por haberme acompañado.

-¡espere!-la tomó por el brazo cuando ella estaba apunto de irse y se quitó la gruesa chamarra que colocó en los hombros de ella-tal vez no la proteja mucho, sin embargo…

-pero te mojarás…

-me gusta mucho la lluvia-sonrió, con los ojos verdes destellando y e cabello marrón empapado por la lluvia- me hace recordar el día en que nos conocimos

Las últimas palabras las había murmurado tan bajo que Usagi no pudo escucharlo. Y así se quedó, con una ligera inquietud que desapareció pronto, restándole importancia mientras la silueta del joven se desvanecía a lo lejos.

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-¡Doctora Mizuno!-saludó un hombre maduro con gesto bonachón al tiempo que cruzaban la puerta de cristal-Hace tiempo que no nos veíamos y… ¿quién es la bella señorita que la acompaña?-dijo mirando a la sonrojada Ami-no me digas que es tu hija, la última vez que la vi era apenas un bebé

Sonrió con amabilidad. Su madre era una reconocida doctora que había hecho varias especiales por lo que conocía mucha gente del medio. De todos ellos, Ami sólo identificaba a las personas que trabajaban con ella en el hospital y a algunas doctoras que su madre había invitado a la casa.

El lugar estaba muy bien adornado, con cintas de colores discretos en lo alto que sentaban muy bien al espacio. Había varias mesas, en su mayoría ocupadas, alrededor de una deslumbrante pista de baile donde varios grupos de personas charlaban alegremente, ahogando el sonido de la lluvia que caía sobre toda la ciudad.

Más personas llegaron a donde estaban ella y su madre, saludando felizmente y comentado sobre los nuevos avances de la medicina y las recientes técnicas quirúrgicas.

Se apartó de aquel grupo para sentarse en una de las mesas, tal vez la última desocupada. Siempre se había esforzado por aprender todo lo que se pudiera sobre medicina, la carrera que deseaba estudiar, por lo que siempre escuchaba con atención las pláticas de los médicos, sin embargo la batalla que se había llevado a cabo con el nuevo enemigo le había quitado todas sus energías.

Observó a su madre y sonrió.

Se veía muy feliz.

-disculpe, ¿esta silla está ocupada?-preguntó un chico que por su juventud, seguramente era hijo de algún galeno

-No-se sonrojó al ver el encantador rostro masculino. Era la primera vez que le pasaba algo así.

-¿No le molesta si me siento aquí? todas las mesas están ocupadas

Ami negó con la cabeza y el joven se sentó justo enfrente de ella, observándola fijamente y con el mismo rostro alegre

-¿También estás sola?-preguntó él después de unos minutos

-No, vengo con mi madre-dijo volteando a ver a un grupo de personas

-La doctora Mizuno es una de las mejores-mencionó

- Hay varias doctoras en ese grupo y no he dicho el nombre de mi madre ¿cómo sabe que ella lo es?-preguntó sorprendida

-Tienen un leve parecido, en especial en la frente y los ojos, son de distinto tono, pero conservan la misma mirada franca y amistosa-Ami se quedó callada, muy nerviosa y sonrojada por sentirse observada. Los ojos de él la escrutaban con más fuerza y belleza - me llamo Yoshiki –murmuró después de unos minutos

-Yo soy Ami-dijo tímidamente

-Es un bonito nombre-sonrió haciendo que Ami se sonrojara más- ahora que lo pienso he escuchado de ti, Ami Mizuno; eres la alumna de secundaría con el mejor promedio, la chica genio…. Lo siento, creo que no es muy cortés llamarte así. Dime ¿te gusta la medicina?

-sí, es lo que quiero estudiar

-entonces tal vez te pueda dar algunos tips

-¡¿eres médico?!

-aún no pero algún día lo seré, es uno de mis mayores sueños. Pero mientras no me gradúe pienso estudiar todo lo posible para ser uno de los mejores médicos.

No pudo evitar que sus labios mostraran una leve sonrisa. Al parecer ese chico de deslumbrantes ojos cafés y cabello negro se parecía mucho a ella, y verdaderamente le comenzaba a agradar…

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-¿lo conseguiste?-murmuró Cru fríamente mientras miraba como la lluvia golpeteaba la ventana

-no hay ningún indicio, tal vez nos equivocamos

-su energía es inestable-murmuró pensativamente-lo importante es que ahora sabemos que está en Jubangai

-debemos detectar su paradero a toda costa

-lo haremos, cueste lo que cueste…


¡Hola a todos!

No sé si este tema del pasado de Mamoru se ha tocado antes en otros fanfics, seguramente sí porque el mundo es muy grande XD, pero aquí esta mi versión, que espero sí sea diferente. Pero no crean que ya he escrito todo!! aún faltan muchos detalles que ventilar XD Imagino que se dieron cuenta de que Mamoru estaba omitiendo ciertas partes ¬ ¬

Pasando a otra cosa (había querido retrasar esto, pero bueno XD), estoy conciente de que ciertas escenas de este capítulo fueron un golpe bajo, una puñalada por la espalda o como gusten llamarle ñ ñ y que seguramente les hizo pensar en las muchas formas que existen de matar a una persona XD pero ¡¡ POR FAVOR NO LAS PRACTIQUEN CONMIGO!!…….Por lo menos esperen unos capítulos más para pensar en hacerlo ¬ ¬

¡Gracias a todos los que dejan sus comentarios! Son mi mejor estimulante para la inspiración XD Y a los que no lo hacen espero que algún día se animen ñ ñ