Esta es una adaptación a un libro de la autora Jones Amarinda.
Los personajes son de Stephenie Meyer.
SUMARY
Isabella Swan tiene cuarenta y tres años y siente una lujuria indomable por su profesor.
Ella es muy consciente de la diferencia de edad entre ellos. Pero una mujer puede mirar, maravillarse y soñar.
La edad no es un problema para Edward Cullen. Él ha puesto sus ojos en Isabella desde que se unió a su clase. Sabe que la castaña sexy no tiene el menor interés en el aprendizaje. Pero tiene una cosa o dos que planea enseñarle fuera del aula.
Capitulo Uno
- Hare todo lo que sea para pasar este semestre – dijo Isabella con frustración a los muchachos y compañeros de clase cuando dejo caer sus libros sobre la mesa al inicio de la tutoría de la tarde.
Tenían más clases en común y sólo llevaba dos semanas en un curso de doce semanas. ¿Quién demonios tenía tiempo? Tenía que ir a la universidad de noche y trabajar durante el día en su oficina.
Miró a la gente a su alrededor. Jóvenes, inteligentes y empollones estudiando. Ella sobresalía como un pulgar adolorido. Era como el instituto de nuevo. Sólo que esta vez ella tenía cuarenta y tres años y la escuela secundaria estaba lejos, hace mucho tiempo.
¿Por qué había pensado que podía volver a la escuela? Estaba más allá de sus posibilidades. Al principio, Isabella tenía una vaga idea de que podía pasar fácilmente este curso de ética, en lugar de apuntarse su jefe, éste la había matriculado a ella en la universidad local. ¿Cuál difícil podía ser?
Tenía cuarenta y tres años, ya no era la adolecente con falta de atención que había sido una vez en la escuela, así que hacer un curso sencillo y obtener un ascenso para convertirse en administrador del nivel seis, no parecía tan difícil. Pero lo era. Todas las razones por las que había sido una adolecente con falta de atención en la escuela las recordó de nuevo, la escuela era aburrida.
Isabella miró como Edward Cullen, entraba en la habitación. Alto con su cabello cobrizo alborotado y unos ojos verde esmeralda. El tenía ese aire a los dioses divinos de Grecia. Y esa voz ¡oh, chico! Profunda, ronca y sensual.
Isabella podría escucharlo durante horas. Este hombre podría dar los resultados de cricket (1) con voz sexy. Él era sexy hasta con stick (2) y esa fue la razón principal por la que ella había sobresalido las dos primeras semanas de esta clase. Sentía lujuria por Edward Cullen. Pero Isabella no era tonta. Sabía que las fantasías que tenía con su conferenciante nunca iban a realizarse. Ella se parecía al resto de las mujeres calentonas que se sentaban y salivaban sobre él.
Las posibilidades de que la follace eran limitadas, pero una chica podía soñar. Sumado a que el hombre tenía que tener unos treinta y no era fácil que se interesase en una mujer de cuarenta y tres años. Sin embargo, Isabella sentía latir su corazón más rápido cuando la miraba.
Edward era el tipo de hombre que miraba a cada estudiante individualmente como para hacer que sintieran importantes. Cada vez que la miraba, Isabella sentía dispararse un escalofrío directamente a través de su cuerpo hacia su coño y tuvo que cerrar las piernas firmemente para contenerse. Pero eso no evitó que pasara más tiempo en clase pensando en cuánto le gustaría verle desnudo, que prestando atención a lo que estaba tratando de enseñarle.
A Isabella le gustaba su voz, pero era el sonido y no el contenido lo que hacía a sus fantasías querer arrancarle la ropa y deslizarse sobre lo que estaba segura que sería una polla sublime, si el gran bulto de sus vaqueros era algo por lo que guiarse. ¿Cuál ético era esto? Isabella tenia la sensación de que podría ser modelo en un cartel sobre el comportamiento poco ético.
Isabella se sacudió mentalmente y apartó los ojos de los vaqueros del hombre. Sabía que debía de estar escuchando las palabras de su profesor y no tratarlo de averiguar si llevaba bóxers o iba de comando bajo aquella tela, o si su pene estaba semi-erecto como sospechaba.
Después de aquel paréntesis agradable en el aparcamiento por la noche estaba tan caliente como el infierno y anhelaba el fuerte empuje y las sensaciones de una polla o pollas en su interior una vez más.
¿Quién fue el hombre detrás de ella anoche? Todavía estaba en su mente. Jasper-James estaba bien, pero el otro hombre era otra cosa. Tal vez era esa evasiva cualidad de no saber lo que la intrigaba.
Había desaparecido tan pronto como ella se corrió, jadeando en los brazos de Jasper-James. En el momento en que había dejado a Isabella, ella se había sentido vacía. Cuando se giró ha echar un vistazo ya había desaparecido. Y Jasper-James no había sido de ninguna ayuda. Había jurado que no sabía quien era el otro, pero Isabella no le creyó. Pero tal vez eso era lo mejor. Las fantasías eran sólo eso. Un momento para dejarse ir y no algo que se quisiera hacer más.
- ¿Cuál es tu opinión, Isabella? – Edward Cullen dirigió una mirada divertida sobre la mujer en cuestión.
Oh, mierda. ¿La había pillado mirando fijamente su entrepierna? ¿Cuál ético era eso?
- Yo… ah – Joder. ¿Cuál era la pregunta?
Isabella estaba bastante segura de que no le estaba pidiendo su opinión sobre la ropa interior que llevaba puesta.
- ¿Puede repetir la pregunta, por favor? -
Ir de comando ha aparecido ya en otro de nuestros trabajos. Para las nuevas: no llevar nada, nada bajo los pantalones, hummmm.
Edward Cullen sonrío a Isabella Swan y sabía que tenía que tener a esta mujer otra vez, pronto.
Anoche, en el aparcamiento había tenido ganas de más. Se preguntó si sabría quien había estado detrás de ella, rígido y empujando. Desde que había entando en su mundo, su polla había estado en un estado permanente de anticipación. Era todo lo que deseaba en una mujer, con su largo cabello castaño y el cuerpo deliciosamente rollizo.
A menudo la veía salir de la clase oscilando su curvilíneo culo. Era un culo pidiendo ser empalado en su polla. Se preguntó como se sentiría si supiera que era él follándola mientras agarraba sus pechos llenos y haciéndolos llegar a los dos caliente y con fuerza. A la mujer le gustó la fantasía de sexo con un desconocido y él había sido feliz de dárselo, pero Edward quería algo más permanente.
Anoche consiguió probarla. Había sido aun mejor de lo que se imaginó. Edward disfrutó del hecho de que ella estuviera mirando su ingle ahora, indicando un marcado interés en él. Se trataba de un interés que pensaba conseguir. El polvo en el aparcamiento era solamente un preludio de otro planes que tenía para ella.
Después de escuchar que haría cualquier cosa para pasar, Edward tuvo una idea que quería probar en la señorita Swan. Se movió un poco para aliviar la tensión en sus vaqueros. Su polla quería salir a jugar, aunque ahora no era el momento. Pero tenía proyectos para más adelante.
Isabella le intrigaba. Supuso que ella estaba en los inicios de los cuarenta ya que tenía la confianza de las que muchas mujeres más jóvenes carecían y le gustaba esa confianza en sí misma. Que ella no quería estar allí era evidente. Él supuso que estaba aquí sólo para un semestre y para pasar el curso de Ética en vez de trabajar para conseguir una promoción. Él había visto a muchas personas así ir y venir de su clase.
Edward podía entender la necesidad de tener éxito en su carrera a cualquier precio y no le molestaba nada. Le gustaba enseñar y sabía que había diferentes tipos de estudiantes. Algunos estaban hambrientos de conocimientos y otros tenían hambre diferente. La manera en que miró a su pantalón le indicaba el hambre que tenía Isabella.
- Le pregunte si el sexo en el lugar de trabajo o incluso en un escenario como esta universidad, entre dos adultos que consienten, es ético o no es ético porque no es profesional – Edward vio como Isabella lamía sus labios con ese pensamiento. A menudo se imaginaba aquellos labios sobre su boca, su piel, su polla. – Bien Isabella, ¿Cuál sería su respuesta?
Isabella tragó aire al ver la mirada cómplice que le dio. ¡Qué vergüenza ser sorprendida mirando la ingle de su profesor! ¿Lo notaron los demás estudiantes? No consideraba que todos fueran empollones que prestaban atención e intentaban conseguir nota y querían pasar por motivos correctos. Cuando con ligereza informó a sus compañeros de clase que ella quería pasar para la promoción y una prima, le había dejado saber que serían más éticos.
¿Cómo que ser más éticos? Ser ético no siempre pagaba las facturas o las vacaciones a Balí. Además, eran demasiado jóvenes aun para entender como funcionaba el mundo todavía. La mayoría apenas tenían veinte años. Todos ellos tenían la cabeza llena de ilusiones sobre estudiar duro para conseguir el trabajo de sus sueños, casarse y unirse a la estadística de familias con dos o tres hijos. Tal vez en el mundo de los Brandy-Bunch (3), pero no en la vida real.
- Seria… muy… poco ético – respondió Isabella, sabiendo que esta era la respuesta más probable que debía dar, pero sabiendo que no había ninguna situación blanca o negra cuando se trataba del deseo sexual. Mira anoche, por ejemplo. Fue todos los colores del arcoíris.
- ¿Así que usted no tendría relaciones sexuales con alguien para alcanzar sus objetivos, Isabella, si fuera posiblemente ilegal? -
Infiernos sí, si fueras tú.
Justo cuando dijo "sexo" e "Isabella" en la misma frase, Isabella se humedeció entre las piernas. La idea de romper las reglas y estar fuera de control apeló enormemente a Isabella. Era poco probable que sucediera, pero la fantasía le intrigaba.
- Todo tiene un precio y yo sopesaría ese precio -
- ¿Y si fuese barato pero quizá no fuera ético? -
Te jodería en un santiamén.
No, él no se iba a ofrecer. El hombre era su profesor. No sería correcto. Pero sería terriblemente bueno.
- Yo lo haría – al infierno con él. No había una puritana calzando sus zapatos y no podía pretender serlo.
Había demasiados matices de grises en la vida para ser ética en todo momento. Mientras que nadie resultase herido Isabella no creía que hubiese que obedecer siempre las reglas.
Se sintió aliviada cuando una de sus compañeras de clase intervino y dio la santurrona respuesta a la pregunta. Isabella miró seriamente a la joven que hablaba. ¿Qué diablos sabía ella? Parecía que tenía doce años. Probablemente nunca miraría a la ingle de Edward Cullen.
El resto de la clase paso rápidamente, principalmente debido al hecho de que el resto de sus compañeros de clase eran un grupo de santurrones y prósperos éticos. Isabella acababa de sentarse y estaba escuchando su parloteo, mientras escribía su lista de la compra, para pararse después a mirar a su profesor y su polla oculta por los vaqueros. Estuvo más que feliz cuando sonó la campana para indicar el final de las clases. Tenía que llegar a casa.
Toda esa lujuria después de la charla de su profesor hacía pensar a Isabella en el conejito vibrador de color ojo rubí que tenía en casa y su necesidad de aliviar algunas tensiones. Cogió sus libros y salió, preguntándose si habría apuntes sobre la lección que Edward acababa de darles.
- ¿Puedes dedicarme un momento de tu tiempo en mi oficina, Isabella? -
Isabella se sobresaltó con sus palabras.
Whooo. Edward estaba de pie detrás de ella. Se había movido terriblemente rápido. Podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Eso le recordó la noche anterior. ¿Qué sucedería si estuviera él todo caliente y apretado dentro de ella?
Se volvió y le miró a los sensuales ojos y quiso darle cualquier momento que él pidiera. Isabella se preguntó si Edward Cullen era consciente de lo mortalmente magnífico que era cuando la miraba así.
- ¡Oh, sí, claro! – balbuceó Isabella, agarrando sus libros contra su pecho para reducir el ritmo errático de su corazón. Después tendré un puñetero síncope. (4)
Isabella le siguió a su oficina que estaba a unas puertas de distancia. Se sentó en la silla que él le indicó y colocó los libros sobre la mesa junto a ella. Aquí viene la charla sobre la falta de atención en clase.
Era como si ella tuviera dieciséis años otra vez y estuviera en la oficina del director.
- ¿Es cierto que usted haría cualquiera cosa para pasar? – preguntó Edward al cerrar la puerta de su oficina y se sentó en el borde de la mesa frente a Isabella. – Lo oí por casualidad antes de entrar a la clase.
Esa no era la pregunta que esperaba escuchar.
Isabella había estado esperando una charla sobre estar atenta y preparar las clases o tal vez sobre no mirar fijamente su ingle. Le miró y se preguntó que estaba pasando.
- Usted sabe que no es que no me guste su clase. Es muy interesante – se sintió contenta por la forma casi sincera en que sonaba.
- Sé que estás aquí por que tienes que pasar el curso para conseguir un ascenso – Edward vio la sorpresa en los ojos de Isabella al escuchar sus palabras. – ¿Así que, quieres hacer algo para pasar?
- ¿Es ésta una pregunta ética? ¿Me estás probando? – Isabella se preguntó exactamente que estaba pasando. A ella le gustaba que en la vida todo fuese simple y sencillo y no preguntas cuando no estaba segura de las respuestas.
- No, es sólo algo que simplemente me preguntaba.
Isabella dudaba que este hombre hiciera algo "simplemente". Parecía un tipo deliberado y calculador. Pero, aun así, joven y desde luego su tipo.
- Está bien, si esto no es una prueba, yo diría que sí, haría cualquiera cosa para pasar haciendo el menor trabajo posible – Esa era la simple verdad así que ¿Por qué pretender otra cosa? Isabella mala.
- ¿Tendrías sexo conmigo para pasar este curso, Isabella Swan? – Edward sonrió cuando ella se sentó erguida en su silla por el shock de sus palabras.
- ¿Estás bromeando? – Tenía que estarlo, ¿verdad? ¿sexo por aprobar?, ¿sexo con él? Era totalmente inmoral.
¿Intercambio de sexo par aprobar? Podía ver una luz burlona en sus ojos. Oh, esto es un juego. Excelente. Estaba bien saber que no era la única que sentía atracción. Ella sabía que no había manera de que él la dejase aprobar por sexo, pero entonces que era lo que él no estaba preguntando.
Edward quería saber si ella podía permitirse el lujo de perder el control bajo el poder de otro. La mitad de ella grito: "Dios, sí, vamos a hacerlo ahora" y "¿Cuál rápido puedo tener mis pantalones bajados?". La otra mitad de inmediato se puso en guardia ya que nadie ofrecía nada por nada, independientemente del orgasmo que pudiera tener, sin ninguna razón. Además, no importaba lo cachonda que estuviera, tenía algunos principios.
Ella sabía que, si bien lo que le ofrecía era ardiente y prohibido, era también ilegal. El sexo para conseguir nota era un no. Sin embargo, la idea de que incluso como un juego de rol podría "permitirle" obtener nota le hizo temblar las rodillas. También estaba el hecho de que él era más joven y sería como la Sra. Robinson. (5) Aunque a la Sra. Robinson no le fue tan mal por eso.
- ¿En serio? – Este era su profesor de ética, un hombre más joven que ella y que codiciaba. Y esta pregunta ¿Cuál ético era esto? ¿Le preocupaba cuando había una promesa de sexo caliente? Umm, no.
- Lo digo muy en serio – Edward la miró especulativamente, como si solamente se preguntara cuanto llegaría de lejos. – Estoy profundamente atraído por ti y tengo una necesidad aplastante de joderte.
La boca de Isabella se abrió en estado de shock y sintió los muslos empezar a sudar. Sí, esto no tenía nada que ver con aprobar y si todo que ver con una atracción caliente, salvaje. A pesar de que la travesura fuera una acción posiblemente ilegal era una diferencia enorme. Estaba tan sorprendida que no podía formar las palabras para darle una respuesta. Una cosa era la fantasía pero la realidad era chocante y tremendamente emocionante.
- Tengo cuarenta y tres años – Isabella decidió ser sincera antes de que esto se convirtiera en un problema.
- ¿Y? Yo tengo veintinueve y creo que sientes lo mismo por mí -
- Yo… - ¿Yo que? ¿Qué le digo? Infierno sí. Empuja tu polla dentro de mí ahora. ¿Tómame? O cielos, no. No.
Isabella le miró, preguntándose si se trataba de una broma o una venganza por mirar fijamente su ingle en la clase. Sus ojos estaban serios, aparte del divertido mohín de sus deseables labios, Edward parecía que quería decir cada palabra.
Entonces ¿Qué demonios fue lo que dijo o lo que pensaba? Ella miró a sus ojos y vio unas posibilidades infinitas. Después de lo de anoche se encontró con que estaba abierta a cualquiera cosa. La universidad resultaba ser una cosa buena. Él tenía razón. Ella lo quería. Pero parecía tan incorrecto y al mismo tiempo tan ciertamente intrigante. ¿Y que podría haber de malo?
- ¿Tú me deseas, cariño? -
Por supuesto que Isabella lo deseaba. La respuesta tenía que se evidente para él o tal vez había muchas mujeres mirando su ingle por lo que sintió la necesidad de pregunta. O tal vez fuese una cosa ética pedir antes de asumir y tomar.
Isabella se mordió el labio mientras pensaba en ser tomada salvajemente y con fuerza por este hombre.
- Es esto alguna forma embarazosa de resarcirse por estar mirando fijamente… - Isabella se detuvo cuando se dio cuenta de lo que esta a punto de decir.
- ¿Mirando fijamente mi ingle y preguntándote sobre el tamaño de mi pene? – Edward se río como si le divirtiera el tener el poder de hacerla callar al instante. – Vamos, cariño, he estado queriendo follarte desde el momento que entraste balanceando el culo en mi aula y sé que tú has sentido lo mismo por mi. ¿Quieres hacer algo travieso?
¿Contigo? Oh, sí.
Isabella tuvo que admitir que ella había estado balanceando el culo para captar la atención de Edward, pero no tenía ni idea de que funcionaría tan bien.
- ¿Pides a todas las mujeres estudiantes que tengan sexo contigo como ahora? – Si lo hacía entonces la respuesta a su pregunta iba a ser un grande y fuerte no.
Claro, el hombre no era un monje, no con esa cara y ese cuerpo, pero Isabella no era parte de una fila de conga.
- Me tomo mi trabajo muy en serio. Los dos sabemos que no te voy a aprobar por tener sexo conmigo, pero tú te permitiste durante un momento creer que podía controlarte. ¿Lo harías? ¿Eres lo suficientemente fuerte como para dejar que alguien tome el mando completo sobre ti?
Oh, sí, Isabella sabía que estaba perdida. Esos ojos y esa voz eran sinceros. Este hombre prometía una follada ardiente y ella lo necesitaba mucho. Sería una idiota por renunciar a esto. Un vibrador no podía hacer lo que hacía una polla caliente.
¿En cuanto a tomar el mando sobre su cuerpo? Esto la asustaba tanto como la emocionaba. Esto no tenía nada que ver con aprobar y todo que ver con el deseo.
- No me parece muy ético – Dijo Isabella, la mujer que la mayoría del tiempo garabateaba en las clases y las tutorías que había habido hasta ahora, pensando en el pene de su profesor.
- Adultos que consienten en hacer lo que quieran -
Isabella era definitivamente un adulto que estaba apunto de dar su consentimiento y ella era una gran creyente en hacer lo que le gustaba, así que todo parecía bastante lógico para ella. Era sexo.
- Si quiero – Simplemente el decir las palabras hizo que el cuerpo de Isabella ardiera. Edward río de satisfacción por la respuesta.
- Durante una semana, Isabella Swan, dónde y cómo yo elija, te ofrecerás a mí incondicionalmente cada vez que lo quiera y te garantizo pasar el semestre.
¿Una semana de sexo con Edward Cullen para aprobar el maldito curso? Como si con eso realmente pudiera tener el aprobado. Pero era tan consiente de las reglas como él. Sus palabras eran solamente una tomadura de pelo para permitirle fantasear con romper esas reglas.
- ¿Una semana entera de sexo? – Parecía todo factible y delicioso, pero tenía que haber algo más.
- Una semana de sometimiento a todo lo que yo quiera que hagas -
¡Ah!, ¿Sumisión? Había una trampa. Isabella Swan no era de la clase sumisa. Le gustaba tener el control.
- Son sólo siete días de tu vida para permitirte la posibilidad de dar rienda suelta y ser dominada por otro individuo – Comentó Edward como si sintiera su indecisión. – ¿Eres lo suficientemente fuerte como para permitirle perder el control durante una semana?
No era esa la cuestión. Isabella creía que era una persona fuerte. Pero la fuerza significaba tener el control de cualquier situación dada.
Ser sumisa no era algo que estuviese segura de poder hacer, incluso con un hombre al que codiciaba y que seguro no utilizaba la humillación para conectar. ¿Y en cuanto a ser sumiso a alguien mucho más joven? ¿Podría hacer eso? ¿Él tenía un fetiche con su madre?
- Esto no es ninguna cosa sobre tu madre ¿Verdad? – Edward negó con la cabeza y se río.
- No tienes precio, cariño. -
Tenía sus movimientos. Isabella le miró pensativamente. La cosa sobre la sumisión tenía trampa. Y había algo familiar en la forma en él la llamó "Cariño".
- No voy hacerte daño. -
Por extraño que parezca Isabella no creía que lo hiciera. Estaba más preocupada por que sus acciones la lastimaran a ella.
¿Podría tener relaciones sexuales con este hombre a que todos los efectos era un desconocido? Hola, has tenido relaciones sexuales con dos hombres desconocidos la noche anterior. Bien, entonces sería un sí.
En cuanto a Edward, ella había fantaseado bastante sobre él y él era su profesor, por lo que en teoría, no era un desconocido. ¿Pero podía hacer la fantasía realidad? ¿Podría ella estar a su entera disposición sexual y perder una semana entera? A pesar de todo la idea de ser sumisa era salvaje y apasionante y había algo sobre ser codiciada por un hombre más joven que la atraía.
- ¿Una semana y aprobaré este curso? – Dijo las palabras como si creyera que era lo que quería.
Ella anhelaba la idea de que se hiciera realidad. La oportunidad de ser mala era excitante y abrumadora para ella.
- Sí, pero debes de asistir a cada clase de tutoría y las conferencias como norma para evitar que alguien sospeche. -
Le encantaba el hecho de que estaban jugando este juego tan en serio. Y esto lo llevaba aun más lejos. A verse a escondidas con el profesor aun siendo del todo recatada en clase.
- ¿Cuándo comenzará esa semana? – ¿Cuándo tendría que comenzar a prestarse a sus demandas? Se estremeció de solo pensar en ello.
- Ahora mismo cariño – Edward gruñó en un susurro ronco.
¿Cariño? Sus ojos se abrieron de par en par por el shock de la repentina contestación.
- Mierda santa, eras tú – Edward Cullen había sido el hombre desconocido de la noche anterior. – Tú planeaste esto todo el tiempo – Ella estaba avergonzada, intrigada y halagada.
- Sí – Él no hizo ningún movimiento para tocarla. Se quedó esperando.
- ¿Por qué no dijiste nada? – Este hombre la había visto desnuda y muy vulnerable. La fantasía era una cosa pero la realidad era otra.
Se sintió vulnerable y en su descargo no estaba completamente segura de que ella odiara ese sentimiento o no. Había algo sobre este hombre que la hacía temblar, pero no era de miedo.
- He estado observándote y esperándote, Isabella. Anoche tenía la oportunidad perfecta de probarte. Maldita sea.
¿Observando y esperando por ella? ¿Un depredador o un hombre lujurioso?
- Anoche… - ¿Cómo podría explicar esto? ¿Yo estaba drogada? O tal vez que… Repetidamente y en ocasiones accidentales caes sobre dos pollas al mismo tiempo. ¡Uy!
- Fue excelente.
- Bueno, sí, pero fue un hecho aislado – Salvaje y fantástico pero uno y no mas. En realidad. ¿Acaso no había aceptado ella solo una semana de sexo para aprobar su curso? ¿Era una zorra total y absoluta? No completamente.
- Cediste ante una fantasía. No hay nada de malo en eso, cariño. Y sabes que esto no será solo una vez entre nosotros. Nada tan bueno como esto puede parar de repente -
Tan sólo el modo en que él siguió llamándola cariño con esa voz como "chocolate caliente sobre un helado" hacía que sus rodillas temblasen.
Afortunadamente, estaba sentada o se hubiera caído. Le miró a los ojos. Era tan joven y tan ardiente y la quería a ella. No vio nada malévolo o siniestro, pero la mayoría de las personas no mostraban su locura hasta el momento crucial.
¿Estaba loco? Sin lugar a dudas. A los cuarenta y tres años, sabía muy bien que la cordura estaba sobrevalorada. ¿Podría tener sexo salvaje y ser sumisa con un hombre más joven y ardiente? Por supuesto que podía. ¿Lo quería?
- Sí – Una palabra tan pequeña y aun así podía cambiar tanto.
- Bien – Edward cabeceó con su cabeza con satisfacción. – Levántate y quítate la ropa.
- ¿Qué? – ¿Así? ¿Sin mas preliminares, solo lo dejas caer?
Estaba un poco decepcionada. En sus fantasías Edward era un amante salvaje y ardiente que jugaba con ella llevándola a un salvaje crescendo, para luego hacerla venir, gritando roncamente.
La noche anterior el ciertamente lo había sido, pero a la fría luz del día tal vez no había fantasía. Que vergüenza. Ella había estado esperando aquello del crescendo.
- Quiero verte – Explicó Edward, una pequeña sonrisa en sus labios mientras aprovechaba su confusión.
- Quiero saborear cada segundo de nuestra convivencia. Quítate la ropa.
- ¿Ahora? – Nunca le habían pedido desnudarse delante de nadie, excepto su médico. Normalmente , el sexo era mutuo y frenético arrancado la ropa exponiendo mucha carne por ambas partes
- Me viste desnuda anoche. -
- Y quiero volver a verte ahora. Desnúdate. – Edward dijo con firmeza, como si no esperara más resistencia.
Con sus profundos ojos marrones sobre ella, Isabella dudó un instante. Esto era algo embarazoso. Isabella, sabía que no era como las ardientes mujeres jóvenes que él había follado. No se avergonzaba de su cuerpo, pero ella no estaba enamorada de sus muslos flácidos y su culo gordo. Ella tenía celulitis para regalar. ¿Cómo se sentiría cuando la viera a la luz del día? La luz de la luna siempre te hace ver bien. Lentamente se desabrochó la camisa.
- ¿Tú te desnudaras? – Esto era desalentador. Desnudarse delante de ojos tan atentos estaba más allá de la intimidación. Ya se sentía desnuda y no se había quitado ninguna de sus ropas.
- Tal vez – respondió Edward, con los ojos siguiendo el recorrido de sus manos, mientras se deshacía de la camisa, dejando al descubierto el encaje color rosado profundo que cubrían sus pechos llenos.
- ¿Quieres verme desnudo? -
- Bueno, sí, lo quiero – Nunca antes había tenido que pedirle eso a un hombre. Por lo general, sólo se bajaban los pantalones en un santiamén. Pero éste era un hombre que tenía que ver. Ella sólo había sentido anoche. Si lucía la mitad de bueno de cómo se sentía esta sería una semana infernal.
- Ya veremos. -
¿Veremos? ¿Qué clase de respuesta era esa?
- Estoy al mando, recuérdalo, querida. Ahora quítate esa ropa – Edward, vio como Isabella colocaba la camisa en la silla. - Sácate los vaqueros. -
Isabella hizo lo que le dijo, lo que la sorprendió, ella no era hacer cualquiera cosa porque alguien se lo ordenara. Aunque el recuerdo de la rígida y ardiente sensación en el culo tenía mucho que ver con la aceptación de las ordenes.
- Durante la próxima semana quiero que uses solamente faldas y nada de ropa interior – Edward vio las cejas de Isabella arquearse interrogantes. – Quiero un fácil acceso a tu coño en todo momento cuando quiera follarte.
Fácil acceso. Isabella se estremeció ante sus palabras. Era suya durante una semana para hacer lo que quisiera. ¿Qué diablos tenía que se lo permitía? La parte racional de ella quería decirle que se jodiera y la mitad lujuriosa estaba pensando en el sexo caliente que este hombre le había prometido. Ante esa promesa sólo la mitad lujuriosa ganó, porque ¿Cómo podía dejar pasar la oportunidad de fornicar con este hombre de nuevo?
- Tengo que usar un sostén – Ella tenía los pechos grandes. Eran la pesadilla de su existencia. Isabella no podía permitir que saltaran libremente alrededor, ya que tenían el potencial de sacarle el ojo a alguien. Sumado a esto, mientras se hacía mayor más consciente era de retrasar los efectos de la gravedad.
- Está bien, acepto, ya que tienes esos magníficos y chupables pechos. Sin embargo, cuando nos encontramos fuera del campus, nada de sostén ni bragas – Los ojos de Edward estaban fijos en sus pechos. – Quítate el sostén ahora.
Isabella sabia que el ronco timbre de su voz sería su perdición. Soltó el broche de su sostén y tiró de él antes de que tuviera más tiempo para pensar.
- Eres hermosa. -
La forma en que Edward lo decía hizo que Isabella deseara creerle. Se quitó las bragas y se quedó desnuda delante de él con su viejo cuerpo de cuarenta y tres años. Ahora era el momento para que él cambiara de opinión.
- Date la vuelta lentamente. -
- Oh, chico… -Murmuró para sí misma mientras se volvía.
Mejor que viera el partido completo antes de comprometerse. Los ojos de Edward recorrieron su cuerpo mientras Isabella giraba lentamente delante de él.
- Estupendo culo follable, cariño. He estado deseando estar dentro durante varias semanas y anoche fue el cielo – Él torció el dedo y le indicó – Ven a mí, Isabella.
Camino hacia Edward. Ya no era su profesor. Ya no era sólo el hombre con el que fantaseaba. Ésta era la realidad y lo deseaba. Ningún hombre de cualquier edad la había hecho sentir tan excitada y fuera de control.
Cuando estuvo frente a él, Edward colocó las manos sobre sus hombros. Se estremeció ante su toque. Edward pasó las manos lentamente por sus pechos, sus ojos nunca se apartaron de los suyos.
- ¿Quieres que te chupe? -
- Sí – Isabella gimió suavemente mientras sus dedos daban círculos sobre sus pezones. Le encantaban que sus pechos fuesen succionados por una boca ansiosa y caliente. Gimió decepcionada cuando sus manos soltaron sus pechos.
- Voy a chuparte muy pronto, querida. – Las manos de Edward recorrieron su cuerpo lentamente, trazando cada curva deliberadamente.
Isabella estaba tan húmeda, que casi se sintió avergonzada cuando Edward metió la mano entre sus muslos.
- Así deliciosamente mojada y todo para mí – Mantuvo sus ojos en ella y poco a poco empezó a flotar su clítoris. – ¿Quieres mi polla en tu interior? – Con la otra mano rodeó y acarició la mejilla de su culo.
- Oh, sí – Gimió Isabella, sus piernas abiertas naturalmente permitiéndole el acceso que tanto deseaba. Extendió su mano a la tela que cubría su polla pero Edward la apartó.
- ¿Qué harías para tenerme dentro de ti? -
- Cualquier cosa – Absolutamente todo.
Estaba lista para el orgasmo en su mano mientras le masajeaba el clítoris con una intensa tranquilidad que apretaba sus nervios en anticipación.
- ¿Quieres correrte ahora?, ¿No? – Edward preguntó mientras sacaba los dedos entre sus piernas.
- Sí… - Isabella silbó lentamente. Esperaba que aquí fuese donde la follaba sacando todo el relleno de su interior.
- Arrodíllate ahora. -
Isabella lo miró. ¿Qué? ¿No por favor?
Su primer impulso era decir no cuando se le ordenaba hacer algo. ¿Doblegarse a su voluntad?, ¿o ir a casa con su vibrador?
- Hazlo. Tenemos un acuerdo, recuerdas. -
Como si ella pudiera olvidarlo. Joder con el entusiasta y joven profesor o vestirse y marcharse ofendida y nunca conseguir un aumento de sueldo.
Isabella dejó que sus ojos vagaran por el gran bulto en sus vaqueros.
- Desabróchalo y chúpame ahora. -
¿Lo abofeteaba o lo chupaba? El lado positivo era que finalmente vería la polla con la que había estado fantaseando. Ella estaba, después de todo, en la universidad para continuar su educación. Se dejó caer de rodillas frente a él antes de que pudiera cambiar de idea. Tan pronto como sus manos bajaron la cremallera, el tirante eje salto en su palma. Perro tramposo. Miró su polla con asombro.
- ¡Santa Mierda! – Wow, esto no es algo que se ve todos los días. – Estas perforado – Había tres filas de barras, Seis en total, en la parte inferior de su polla justo debajo de la punta. Había leído en algún lugar que se llamaban reductor de velocidad. ¿Los tenía anoche?
- Chúpame ahora. -
Esto estaba mal, que él le dijera que hacer. ¿Por qué no se levantaba, como cualquiera mujer inteligente e independiente? Porque, Isabella, estas excitada.
Isabela se inclinó hacia adelante y lamió la punta de su polla. Ella sonrió mientras sentía que Edward se tensaba. Bueno, no iba a ser la única que iba a perder el control. Pasó la lengua a lo largo de los piercings. Hmm, diferente. No es algo que Isabella apresurada.
- Dije chupar no lamer – Edward le recordó con severidad. Exigente, maldito exigente.
Isabella deslizó la cabeza de la polla en su boca y lo chupó lentamente. El almizcle del hombre la excitaba. Algunos hombres eran buenos para ser chupados y él era uno de ellos. Lo llevó más profundo, dejando que sus dientes rozaran ligeramente la superficie de la carne caliente, mientras lo chupaba con fuerza.
Isabella se sintió satisfecha cuando su cadera se sacudió hacía adelante impaciente.
- Alto – Ordenó Edward.
Isabella mantuvo su boca sobre su polla. ¿Quería someterla? Isabella no iba a ser la única en someterse.
- Isabella, para o cometerás un error. -
¿Era broma? ¿Cuántos hombres le pedían a una mujer que parara una felación?
- Lo digo en serio. Haz lo que te digo. – Edward empujó su cabeza alejándola de su ingle.
Isabella vio como su olla rebotó húmeda frente a ella como si estuviera enfadada por la brusca interrupción.
- Levántate. -
Hizo lo que le dijo, sorprendiéndose a si misma. Vio como Edward se estiraba hasta un cajón detrás de él y agarraba algo.
- Date la vuelta, pon tus manos sobre la mesa y saca ese delicioso culo tuyo.
Bueno, esto le gustaba más. Iba a follarla por detrás. Perfecto. Era exactamente lo que anhelaba. Ansiosa hizo lo que le solicitaba. Podría acostumbrarse a esto de la sumisión.
El cuerpo de Edward se acercó por detrás de ella, su mano en la cintura su polla húmeda, turgente, en contra de su culo. Oh, sí.
Sus manos separaron sus nalgas y de pronto los pegajosos dedos sondearon el fruncido y apretado agujero. Isabella abrió las piernas más amplias. Quería todo lo que tenía que dar.
- ¡Hey! ¿Qué como…? – Ella gruñó cuando Edward deslizó algo duro, estrecho y resbaladizo en su interior y no era su polla.
- Tapón anal, cariño – Edward se aseguró de que estaba incrustado firmemente. Luego frotó su pene hacia atrás y hacia adelante por la hendidura de su culo.
- Te quiero dentro de mí – El tapón no era desagradable, pero no era lo que necesitaba. – Tengo que correrme.
Bueno, no voy a dejarte – Edward dijo como si fuese el jefe. – No voy a permitir que te corras hasta que te lo diga.
- ¿Qué? – Isabella lo miró con desesperación.
¿Era broma? ¿Estaba al borde de un estremecedor orgasmo y el decide dejarlo todo? Era una mujer dispuesta y él quería parar?
- ¿Por qué? – Preguntó confundida.
- Cuando acabes será conmigo dentro, y será cuando crea que estás lista. -
- Confía en mí, estoy lista. Te necesito. – ¿Acaso quieres que suplique?
- No, todavía no. -
¡Maldito Bastardo! Estaba jugando con ella.
Bueno, no lo necesitaba ni a él, ni a su polla. Tenía en casa su vibrador manual y hacía lo que ella quería, a cualquier velocidad o rotación que necesitara.
Nadie iba a controlar su placer de esa forma. Y en cuanto al tapón iba a sacarlo de su culo.
- Ni se te ocurra sacarlo – Dijo Edward, como si estuviera leyendo sus pensamientos. – Necesito que estés abierta y dispuesta para recibir.
- Pero lo estoy – Oh dios, ¡Que quejumbrosa había sonado¡ Tenia que llegar a casa con su vibrador ahora.
- Y sabré si te corres sin mí, querida – Edward golpeó ligeramente su culo. – Vístete.
Isabella tenía la boca abierta. ¡Mierda! ¿Era psíquico, al igual que sexy?
Observó como metía su polla dentro de los vaqueros con gran esfuerzo. ¡Qué desperdicio de un buen musculo, listo para la acción!
- Es mejor que nos vayamos. Tengo otra clase pronto. -
¿Estaba siendo despedida? ¿Así de fácil? ¿La deseaba pero no la deseaba? Estaba excitada y desesperada y ¿él le decía que se marchara como a una esclava? A Isabella no le importaba las reglas.
- Jodete, Edward Cullen – ¡Que cerdo! Gracias a dios que vio su verdadero rostro antes de hacer alguna tontería. Se dio la vuelta y cogió su ropa.
- No, te jodere a ti, Isabella Swan, en mis términos y lo disfrutaras – Edward le dijo mientras la veía ponerse sus vaqueros. Isabella rompió la pierna del pantalón en su furia.
- Sí, bueno, yo no voy a darte esa oportunidad – ¿Sexo con un dios para aprobar o esforzarse a aprobar por sus propios méritos? ¿Quién sabe, yal vez haría lo de los meritos?
- Me deseas, querida, y lo sabes. -
- Lo único que sé es que eres un puto arrogante y no necesito aprobar según tus términos. ¡Prefiero reprobar que tener sexo contigo! – Estaba a punto de meter su pie dentro de los pantalones cuando Edward rápidamente se acercó y la tomó en sus brazos.
Isabella luchó salvajemente mientras llevaba su cuerpo desnudo hasta su sofá cercano. Edward se sentó y colocó a Isabella boca abajo y agitándose en su regazo.
- Isabella Swan, necesitas que te muestre quién es el jefe. -
- ¡Suéltame! – Isabella gritó al sentir la picadura repentina de su mano a un costado de su muslo. ¿Qué demonios? ¿Azotes como a un niño travieso?
- ¿Quién es el jefe, Isabella? -
- ¡Vete a la mierda! – Le espetó mientras trataba de liberarse de Edward, pero él se mantuvo firme y le dio una palmada de nuevo. Los golpes en los carnosos muslos no eran duros pero eran humillantes para su orgullo. Supuso que el tapón le impedía palmear su culo. Se sentía la presión en un interior mezclada con el cosquilleo de la palma de su mano contra su pierna.
- ¿Quién está al mando? -
- ¡Yo lo estoy! – Isabella rugió indignada. Palmada.
Es vergonzoso y extraño y son embargo tan excitante como el infierno. Ella se agitó al sentir su polla contra su estomago. Era bueno saber que no era la única excitada.
- No te deseo ni quiero esto – Palmada.
Era tremendamente erótico tener toda esta atención de este hombre centrada en nada más que su culo y tratando de hacerla plegarse a su voluntad. Tal vez había algo en esto de la sumisión.
- Sé que me deseas y yo te deseo, cariño. – Palmada.
- Ahora se una buena chica y dime quién es el jefe. – Palmada.
- ¡Eres tú! – Soltó con ira.
Isabella estaba más molesta consigo misma por excitarse que con el por someterla.
- ¿Y harás lo que yo quiero? – La mano de Edward fue mucho más suave cuando dio su siguiente nalgada.
- Sí – La mano en su culo empezó a acariciar los montículos gemelos de carne. Isabella gimió en respuesta.
¿Qué diablos le pasaba? Odiaba ser humillada por alguien, sin embargo ella quería sentir su mano sobre su punzante y caliente carne.
- ¿Sin preguntas? -
- No puedo garantizar eso – Su respuesta provocó otra palmada en el culo.
- ¡Ok, no hay más preguntas! -
- Buena chica – Edward la levantó de su regazo.
- Vístete, cariño -
Isabella le miró confundida mientras hacia lo que decía. Ella echó un vistazo a su ingle. Que Edward la deseaba era incuestionable. Sus pantalones estaban abultados de manera alarmante por la presión de su polla buscando escapar. Ella no estaba segura de cómo debía sentirse. ¿Enfadada? ¿Humillada? ¿O sólo increíblemente excitada?
Todo su cuerpo se sentía vivo con emociones y sensaciones. Si. Estaba excitada. Isabella comenzó a ponerse su ropa interior.
- Sin ropa interior – Ordenó Edward en un tono que no admitía replica.
Isabella vio una cálida luz en sus ojos. ¿Desafiarlo o no desafiarlo? Su culo ardía pero no era desagradable. Ella bajó las bragas al suelo y se metió dentro de sus vaqueros.
- Necesito el sostén. -
- Es aceptable por el momento – Edward se acercó a la mesa y escribió algo en un pedazo de papel. – Quiero que te reúnas conmigo en esta dirección en dos horas.
El primer pensamiento de Isabella fue jodete, de ninguna manera. El segundo fue ¿dos horas para poder aliviar el dolor entre las piernas?
- ¿Eso es todo? – Se puso el sostén y la camisa apresuradamente.
- Conoces las reglas. Sin ropa interior, una falda en todo momento, a menos que estemos solos, entonces te desnudas y yo estoy a cargo -
- ¿Qué pasa si no me presento? – Le daría una lección al profesor.
- Iras, cariño – Le entregó el papel con la dirección. – Y por cierto cuando estamos en la sala de conferencias vas a sentarte al frente con las piernas abiertas y listas para mí. – Edward se divirtió con la mirada agresiva en su cara.
- Harás lo que te diga durante una semana -
- Al diablo, no lo haré – Isabella murmuró suavemente para sí misma mientras recogía sus libros de donde los había dejado.
- ¿Qué? – Edward preguntó amablemente, sus ojos clavados en los suyos, desafiantes.
- Nada – Menos de quince minutos a solas con Edward Cullen y ya estaba de acuerdo con sus deseos. Isabella necesita alejarse de él ahora. Tenía que pensar en sus propias reacciones ante lo que había sucedido.
- Nos vemos en dos horas -
- Posiblemente -
- Te presentaras, Isabella, o te enfrentaras a las consecuencias y no estoy hablando sólo de reprobar – La mirada que Edward le dio no dejaba ninguna duda de sus intenciones. – Hicimos un trato. Espero que lo honres. Eres mía durante la próxima semana.
Hola Chicas &' Chicos (Si tengo lectores masculinos *w*)
Como estan? Aqui un nuevo capítulo D' esta historia! Que les parecio? Fuerte? Les gusto? No les guste? Diganme su opinión saben que es muy importante para mi.
La historia es de tematica fuerte asi que no se quejen bien lo indique en el sumary :)
Ayer trate de subir capítulo pero Fanfiction se puso sus moños & no quiso asi que hasta hora me dio tiempo :|
Bueno espero subir pronto no les aseguro un día ya que los capitulos son muy largo de este fueorn 19 hojas de word =O Asi que tratare de hacerlo lo mas rapidamente posible...
Saludos!
katte
Notas
(1) Es un deporte de bate y pelota, en el que se enfrentan dos equipos de once jugadores cada uno.
(2) Bastón usado en algunos juegos de origen inglés, como el hockey.
(3) Es una sitcom estadounidense. El programa se emitió originariamente desde el 26 de septiembre de 1969 hasta el 30 de agosto de 1974 en la cadena estadounidense ABC y posteriormente fue exportada al resto del mundo.
(4) Desmayo
(5) Era un personaje en una película llamada el graduado donde ella seduce a un joven universitario para luego tener relaciones sexuales con el.
