Esta es una adaptación a un libro de la autora Jones Amarinda.

Los personajes son de Stephenie Meyer.

SUMARY

Isabella Swan tiene cuarenta y tres años y siente una lujuria indomable por su profesor.
Ella es muy consciente de la diferencia de edad entre ellos. Pero una mujer puede mirar, maravillarse y soñar.
La edad no es un problema para Edward Cullen. Él ha puesto sus ojos en Isabella desde que se unió a su clase. Sabe que la castaña sexy no tiene el menor interés en el aprendizaje. Pero tiene una cosa o dos que planea enseñarle fuera del aula.


Capítulo dos

Isabella estaba de pie fuera de la habitación 211 y se preguntaba por qué estaba allí. En las dos últimas horas había cambiado de opinión una docena de veces. Edward Cullen era claramente un gilipollas arrogante que exigía obediencia y a Isabella no se le daba para nada bien seguir las reglas de nadie, sólo las suyas. Y se iba a quitar aquella cosa ridícula que empujaba en su culo. Sin embargo, al minuto después pensaba en el hombre que quería darle placer y ¿Era eso algo tan malo?

Edward era caliente y atractivo y que un joven dios se pasara una semana dándole órdenes no era algo tan malo. La fantasía de ser "obligada" a rendirse para conseguir un aprobado no era la verdadera razón por la que estaba allí. Era la idea de que tal vez podría llegar a algo. Y el plug del culo era agradable, le apretaba y la llenaba de anticipación sabiendo que otra cosa más apretada y más grande lo reemplazaría.

La educación superior estaba resultando un reto más grande de lo que había pensado. Al final llegó a la conclusión.

Isabella Swan se había sentido obligada a venir a Edward Cullen. ¿Qué era lo que tenía ese hombre?

La cosa de la edad parecía completamente irrelevante. El hecho que él no la hubiera tomado en su oficina, cuando estaba claramente mojada y bien dispuesta, era extraño aunque excitante. Y, en retrospectiva, su "YO ESTOY A CARGO" era algo salvajemente sexy.

El hecho de que un hombre pudiera ordenarle que hiciera lo que fuera, rozaba con sus ideales feministas, pero también le daba a Isabella el secreto estremecimiento de saber que él podría tomar el control sobre ella y que no haría nada al respecto.

Así que aquí estaba delante de la habitación de un hotel con un vestido corto color verde jade sin bragas ni sujetador y un plug en el culo, sabiendo que el hombre de dentro le iba a hacer someterse dios sabe a qué y parte de ella deseaba malamente estar total e irrevocablemente sin control con Edward Cullen.

Isabella tomó aire profundamente. Si. De los más confuso. Una mujer lista se daría la media vuelta y se iría a casa. Era más mayor y sabia y esto era una loca fantasía de una cuarentona, tener sexo con un chico de juguete. Pero es que una mujer lista no habría dicho sí a la fantasía de tener sexo con el profesor para aprobar. Se habría reído como cualquier persona racional. ¿Ser buena y no tener sexo? ¿Ser mala y fuera de control y tener sexo a lo grande? Isabella llamo a la puerta antes de que le fallara el valor.

- ¡Hola Cariño! – Edward abrió la puerta vestido sólo con unos vaqueros muy bajos descoloridos.

Los ojos de Isabella se clavaron en su pecho cubierto de vello. Ella tragó aire fuerte. El hombre tenía un aro de plata en su pezón izquierdo. Alerta: Pecho "lamible".

Edward notó su interés con una risa satisfecha mientras la invitaba a entrar con un gesto de su mano.

- Llevas vestido. Buena chica – Tiró hacia arriba del borde de la corta falda. – Sin bragas: Incluso mejor – Le hizo darse la vuelta y le separó las nalgas para ver el plug anal. – Buena chica – Le acarició el culo.

Isabella vaciló en el umbral. Tenía una idea bastante buena de cómo se sentía una mujer en un harén. Ella estaba para ser usada y poseída durante una semana. Dios, ¿En qué se había metido?

- ¿Asustada? -

- No – Se mofó ella a la vez que se obligaba a pasar adentro.

- Bien, porque eres mía y no tienes opción, cariño – Edward colocó su mano sobre la parte más baja de su espalda y la acompañó en el recorrido.

Isabella miró nerviosamente alrededor de la suite del hotel. Era un hotel caro. Había pasado por delante varias veces pero nunca había estado adentro. Cuando Edward había garabateado la dirección en un papel se había preguntado qué esperar. De acuerdo, sí, había visualizado un espejo encima de la cama, cadenas o aparatos para bondage. Pero no había nada de eso e Isabella se dio cuenta de que Edward no necesitaba ayuda. Él podía controlarla con una mirada. Un toque. Dejó caer su bolso sobre una silla a ala vez que veía sobre la enorme cama, una cubitera plateada con champán y dos cámaras de video. ¡Vaya!. Estaba mojada antes, pero ahora goteaba de anticipación.

- Así que, ¿cómo funciona esto? – Isabella se sentía tan nerviosa como en su primera vez.

Edward les vertió a ambos una copa de champán. Le pasó una.

- ¿Confías en mí, cariño? –

- Realmente no te conozco – A Isabella le gustó el champán pero estaba demasiado al límite para beber a sorbos el frío líquido de la alargada copa de cristal.

De acuerdo, sabía que iba a tener sexo. Quería tener sexo con Edward. Pero ¿Qué tendría que hacer para tenerlo? La anticipación era tanto atemorizante como emocionante.

- ¿Confías en ti misma?- Preguntó Edward mientras observaba su tensa postura y agarraba la copa en la mano.

- Sí – Normalmente eso era algo que Isabella no se preguntaba.

Confiaba en su primera reacción en cualquiera situación y creía en seguir sus instintos para ver a dónde le llevaban. ¿Era eso lo que debería hacer ahora en vez de echar el cerrojo a la puerta? ¿O sus sentimientos tenían más que ver con sus hormonas guarillas y un cierto picor que necesitaba que le rascaran?

- ¿Y tu juicio suele ser correcto? – Edward bebía a sorbos su champán mientras la miraba especulativamente.

- Por lo general – ¿Dónde quería llegar?

- ¿Habrías venido a mí si pensaras que soy un mal tipo, sin importar lo mucho que crees que te interesa aprobar? -

- Es que si quiero aprobar – Se permitió atraparse en su fantasía. No necesitaba pensarlo. Quería que él la controlara. No es como si ella estuviera allí por ninguna otra razón, se dijo, queriendo creer que así fuera. –Y no, yo no habría venido aquí si pensara que me vas a hacer daño.

- Bien – Edward tomó la copa de su mano y colocó ambas sobre una mesa cercana. – Dame tu mano, cariño.

- ¿Dónde vamos? – Isabella colocó su mano en al suya, sintiendo que el fuerte calor la envolvía.

- Tú vas a ducharte – Edward tiró de ella hacia el cuarto de baño.

- Pero estoy limpia – Esto no era para nada lo que se esperaba. – ¿Nos duchamos juntos? – Toda esa carne mojada resbaladiza deslizándose contra ella sería excelente.

- No, no esta vez. Quiero ver cómo te duchas. Quiero ver cómo te tocas cuando tus manos están totalmente resbaladizas por el jabón. -

Dios. ¿Y que le decía a esto? Nunca hago esto. Demasiado. Aunque parecía algo inofensivo, del tipo voyeur.

Isabella permitió a Edward que tirara de ella todo el tiempo. El baño era enorme y suntuoso. La clase de baño con la que Isabella soñaba, con su gran bañera, blancos azulejos brillantes, espejos dorados y la ducha de gran tamaño. ¿Cuánta gente podría caber ahí? ¿Ahorro de agua o una invitación a una orgía?

- ¿Estamos solos? – Aunque dos hombres eran una novedad, ella prefería un uno a uno.

- No habrá nadie más para ti, sólo yo – Edward le cogió la palma de su mano, la colocó en su boca y la besó. – Lo que es mío se queda como mío.

¡So! ¿Esto se estaba poniendo caliente aquí o qué? ¿Menopausia precoz o una pausa para la reflexión antes de hacer lo que realmente quería hacer?

- Sácate la ropa, Isabella – Él dejó caer su mano y se apartó para ver el espectáculo.

El deseo y la necesidad sacaban lo mejor de ella. Echó la mano atrás y bajó la cremallera de su vestido. Que Edward estuviera mirándola tan intensamente era casi tan bueno como su toque. Se salió del vestido, apartó los zapatos y quedó desnuda delante de él.

La lujuria ganó a la vergüenza y el miedo no iba a ser parte de su vocabulario aquella noche.

- Me muero de ganas de chupar y lamer cada pulgada de tu cuerpo, cariño. -

Oh, si por favor. Sus rodillas temblaban de necesidad. Ella nunca había sentido un deseo tan aplastante de estar con un hombre. ¿Era por la edad de él? ¿Su confianza? ¿O era que podría seducirla sólo con sus palabras? Fuera lo que fuera, ella era suya por una semana.

- ¿Cuántos amantes has tenido, Isabella? – No hizo ningún movimiento hacia ella.

- Tres antes de ti y James-Jasper – Todos los otros hombres habían sido del tipo promedio, aburridos y seguros en comparación con el hombre que estaba delante de ella.

Edward río en silencio suavemente.

- ¿Y por qué James? -

- Necesité… - ¿Qué? ¿Sentir algo que no fuera aburrimiento? ¿Estremecerse durante un breve instante de mi vida por alguien tan completamente diferente de mi aburrida y normal existencia? ¿Tal vez necesitaba que me halagaran? – Quería a un hombre – No era por un motivo existencial, así que. ¿Por qué mentir?

- Y la verdad los hará libres – Edward echó la mano hacia atrás y sacó una cámara de uno de los cajones.

- ¿Vas a filmarme? – Isabella sabía que su voz sonaba del todo sobresaltada. La idea de ser grabada toda caliente y desnuda siempre había sido una fantasía suya. Se relamió los labios al pensarlo. Por cada motivo por el que estaba mal, había miles de motivos por los que no dejaría pasar lo que sabía que podía ser potencialmente la mejor semana de su vida.

- Sé que quieres que lo haga – Edward retocó los ajustes de la cámara. – ¿Dime, alguno de tus antiguos amantes te conoció realmente?

Ah, el hombre la quería desnuda en cuerpo y alma. Podría jugar a ese juego mientras le apeteciera. La garantía de gran sexo y un aprobado la esperaban.

- No – Ninguno la conoció en realidad.

- Eso es una vergüenza – Edward se inclinó y graduó el agua a la temperatura adecuada y la empujó amablemente dentro del cubículo de la ducha. Entonces arrastró una silla cercana y se puso la cámara en el ojo. – ¿Qué haces cuando estás absolutamente sola en la ducha, cariño? -

Isabella sintió el agua caliente deslizarse con cuidado sobre su cuerpo. Que Edward le filmara cada uno de sus movimientos la volvía increíblemente caliente. Él quería que ella se tocara. Aquella petición parecía locamente pecaminosa. Eso no era algo que hubiera imaginado que le pediría un amante, y le gustó. Con el jabón entre las manos hizo espuma y sonrió ligeramente.

Isabella le hacía sentirse tan encendido como estaba ella. Se pasó las jabonosas manos por sus pechos y se masajeó los dos idénticos montículos despacio, sus ojos puestos en el hombre con la cámara. Si antes hubiera estado preocupada porque su cuerpo revelara su edad, ahora sabía que no tenía motivo para ello, pues tenía la completa atención de Edward Cullen.

Los hombres eran tan fáciles de controlar. Isabella pasó de sus pechos, haciéndolos rebotar tentadoramente. Sonrió al verlo tragar con fuerza. Excelente.

Arrastró sus manos por el estómago hacia los húmedos rizos de entre las piernas. Resbaló su jabonosa mano entre sus piernas y empezó a enjabonarse el coño. Isabella frotó su clítoris despacio. Sabía que no le costaría nada correrse, y no necesitaba mucho. Sacó el culo hacia fuera y abrió más las piernas y empezó a deslizar sus dedos dentro de la vagina.

- Para – Ordenó Edward apartando la cámara del ojo – Sólo yo puedo estar dentro de ti.

Isabella dejó que sus dedos siguieran bajando cuando se sacó el plug anal. Quería sentirle de nuevo apretado y tenso detrás de ella mientras una vez más.

- Bueno, ven dentro entonces, chico-profesor. -

Edward quería desesperadamente hacer justo eso. Ansiaba estar dentro de Isabella de nuevo. Se había maravillado de sí mismo al no tomarla en su oficina cuando había deseado desesperadamente doblarla contra el escritorio y deslizar su polla dentro de ella hasta tocarle el corazón. Pero ese no era el plan. Tenía una semana para hacerse indispensable para esta mujer. Quería que Isabella no fuera capaz de irse de su lado una vez acabara la semana. Si era de locos enamorarse de una mujer que apenas conocía, entonces Edward lo había hecho. Que él quisiera controlarla era parte de su personalidad. No quería hacerle daño o que perdiera su propia personalidad, él solamente quería que ella fuera su mujer y de nadie más. Isabella tenía razón. Era un gilipollas arrogante, pero era un gilipollas arrogante que sabía lo que quería y él quería a Isabella Swan. La haría enamorarse de él.

Edward observaba mientras su mano volvía a masajear lentamente su clítoris. Él sabía que lo estaba poniendo a prueba para ver qué haría. No muchas mujeres le desafiaban, y le gustaba. Cuando vio que metía los dedos dentro de su vagina, se levantó, apagó la cámara, se acercó, cerró el grifo, y la sacó de la ducha atrayéndola hacia sus brazos.

- No estás haciendo lo que se te dice, cariño. -

- Hago lo que me gusta – Ah, si. El hombre la deseaba. Isabella podía sentir el aumento de su polla cubierta por el tejano mientras tiraba de su húmedo cuerpo hacia sus brazos. Era bueno ver que ella no era la única que tenía problemas de control. – No puedes romperme tan fácilmente, chico-profesor.

- Mala respuesta – Edward la recogió en sus brazos y la llevó a la siguiente habitación, echándola sin ceremonias sobre la cama.

Isabella saltó al chocar contra la suavidad de abajo. Intentó sentarse pero Edward arrojó su propio cuerpo sobre el de ella. Su pectoral desnudo se unía a sus pechos y el aro de su pezón raspaba su piel de un modo suave y delicioso.

- Ah cariño, respuesta incorrecta – Murmuraba Isabella con burlona preocupación. – ¿Y qué me pasará ahora? – Fuera lo que fuera, sabía que sería bueno.

- Tengo que enseñarte una lección sobre ser paciente. -

Manteniendo su cuerpo sobre el de ella, Edward estiró la mano y abrió un cajón de la mesita de noche. Los ojos de Isabella se abrieron de par en par al ver las largas tiras blancas de satén que sacó.

- ¿Vas a atarme? – Con esto no se sentía cómoda. El sexo era una cosa. Perder el control por completo mientras estaba siendo atada era otra. Se retorció bajo él. – No quiero esto. -

- Sí, si lo quieres – Respondió Edward con una suave y conocedora voz mientras le asía una mano y le ataba el satén alrededor de la muñeca y la ataba al poste de la cama.

Isabella intentaba soltarse.

- No, no quiero… -

- ¿Perder totalmente el control? – Edward le agarró la otra muñeca y la amarró también. Se sentó encima de ella a horcajadas. – Cariño, no vas a tener nada de control en lo referente a desearme. -

- Haré lo que quieras, sólo desátame. -

Edward balanceó su cuerpo y no le costó nada atarle las piernas que pataleaban contra él.

- Solamente ríndete y disfruta, Isabella. Sabes que es lo que quieres. -

Sí, quería disfrutar, pero no a costa de perder todo el poder. Isabella tiró de las cuerdas. Estaban fuertemente atadas. Se encontraba abierta de par en par para uso de él. Un temblor le atravesó el cuerpo. Él podría hacer lo que quisiera y ella no podría detenerlo.


Que pasara ahora? Isabella se resistira a el sadomasoquismo de Edward? D: Yo estoy ansiosa por saberlo ustedes no? xD

Este capítulo esta cortito lo se pero asi viene en el libro el otro viene un poquito mas largo :) Espero subirlo el martes o el miercoles :) Pero no les aseguro nada :)

Un saluditos a todas esas bellas personitas que me dejan un Review todos los que tienen cuenta en Fanfiction los contesto :)

Me gustaria que todos los que leen el fic dejaran un pequeño review es como un alimento para mi :) No les pido nada mas un review que les tomara menos de 5 minutos... ...

Bueno no tengo mas que decir.. oh.. solamente Harry Potter se acaba, Hanna Poison se nos fue de Fanfiction D: Noooooo! (Es tan triste :c) Y estoy leyendo un nuevo libro que adaptare :) Asi que pronto lo subire :)

Amor Y Cohetes

Katte