Esta es una adaptación a un libro de la autora Jones Amarinda.

Los personajes son de Stephenie Meyer.

SUMARY

Isabella Swan tiene cuarenta y tres años y siente una lujuria indomable por su profesor.
Ella es muy consciente de la diferencia de edad entre ellos. Pero una mujer puede mirar, maravillarse y soñar.
La edad no es un problema para Edward Cullen. Él ha puesto sus ojos en Isabella desde que se unió a su clase. Sabe que la castaña sexy no tiene el menor interés en el aprendizaje. Pero tiene una cosa o dos que planea enseñarle fuera del aula.


Capítulo tres

- ¿Vas a filmar esto también? – Mierda, iba a terminar en Internet como una de esas acaudaladas cuarentonas culonas con ínfulas de estrella porno. – ¿Dos cámaras?

- Quiero captar cada momento – Edward ajustó los trípodes de las cámaras para asegurarse de que el ángulo de cada una fuese el correcto. – Es sólo para nuestros ojos, cariño. Quiero que podamos verlo cuando estemos viejos y canosos. – Encendió las cámaras.

- Ya me estoy poniendo canosa y esto va a durar solo una semana de mi vida – Él lo hacía sonar como un compromiso a largo plazo.

- ¿De verdad, Isabella? – Edward se sentó a su lado en la cama y arrastró la mano por su cuerpo hacia abajo. – Estás hermosa e infinitamente follable.

- Bien, fóllame entonces y acabemos con esto -

Edward rió en silencio y metió la mano en el cajón del que saco unos lazos de satén.

- Tú no quieres un polvo rápido y yo tampoco -

Sí, si lo quiero.

Isabella miró lo que él sostenía en la mano. Era una bala de plata y no de la clase que se usaba para matar hombres lobo. Iba a introducírsela y aunque estaba segura de que podría pararlo, supo en ese momento que no lo iba a hacer…

- ¿Cuál duro te quieres correr, cariño? – Las manos de Edward bajaron a su coño. Una acarició suavemente entre los pliegues mientras la otra sujetaba la bala. – Estás tan deliciosamente mojada – Se inclinó hacia adelante y lamió su clítoris. Se rió mientras Isabella chillaba. – ¿Te gusta así? -

- Sí, ah dios, sí – Isabella se retorcía bajo su mano.

- ¿Me quieres dentro de ti? – Edward sopló suavemente contra al rosada carne húmeda. Los dedos del pie de Isabella se curvaron ante la sensación.

- Sí, te necesito ahora – No le preocupó cuanto necesitada sonó su voz. Tan solo quería a Edward dentro de ella.

- Tal vez más tarde – Dijo mientras sus dedos deslizaban la bala dentro de ella y la hacían girar.

Isabella cerró los ojos cuando las vibraciones comenzaron lentamente. Si él estuviera intentando matarla, este seguramente sería el modo que ella elegiría.

- Abre lo ojos, Isabella. – Edward gruñó la orden. – Tienes que ver y saber lo que te hago en todo momento – Aumentó la velocidad de la bala.

- Ah dios, - Isabella gimió mientras una emoción salvaje llenaba de sensaciones su cuerpo. Estaba muy cerca de correrse.

- ¿Te quieres correr? – Edward se inclinó y lamió su clítoris otra vez.

- Sí – Ella gimoteaba con las lentas lengüetadas.

- ¿Harás lo que te pida? – Edward buscaba sus ojos.

- Todo – Isabella estaba tan cerca del orgasmo que estaría de acuerdo en lo que él quisiera.

- Es bueno saberlo – Edward se sentó y apagó el mando de la bala.

- No, no te pares ahora – La bala permaneció parada y el cuerpo de Isabella vacilaba al borde del orgasmo.

- Necesito un bocado – Edward se levantó y se alejó de la cama.

- ¿Tú que? Gritó ella a su espalda mientras él salía de la habitación. – ¡Vuelve aquí, hijo de puta! – ¿Cómo podía abandonarla así? Estaba caliente y necesitada y no podía hacer nada al respecto. – ¡Una polla! – Se retorció sobre la cama, intentando disminuir algo la tensión pero es sólo la hizo más consciente de la bala alojada firme y silenciosamente dentro de ella.

Durante cinco minutos Isabella juró, sudó y planeó venganzas terribles para Edward Cullen. ¿Qué tipo de hombre se aleja de una mujer que claramente le ha dado una invitación a joderla?

- Pedazo de cabrón -

- ¿De quien hablas? – Preguntó Edward mientras caminaba de vuelta a la cama, con una pastilla de chocolate en la mano como si no tuviese ninguna preocupación en el mundo.

- De ti – Siseó con ira, no sólo porque estaba atada sino porque él se estaba comiendo un Snickers y a ella le encantaban.

- ¿Por qué? ¿Por no dejar que te corras? – Se sentó sobre la cama, masticando su chocolate con entusiasmo.

- Sí – ¿Cómo podía parecer tan despreocupado?

Isabella miró el volumen en sus vaqueros. El hombre claramente tenía un sentido bien desarrollado del control. Ella hubiese sentido admiración por esto si no lo odiara tanto en aquel momento.

- ¿Quieres un mordisco? – Edward le ofreció la barra de caramelo.

- Vete al cuerno -

- ¿Sentirse desvalida es difícil para ti, verdad? -

- Ya lo sabes, si esto es algún juego tuyo para humillar a una mujer frustrada de mediana edad, entonces felicidades, has tenido éxito - ¿Cómo había podido ser tan estúpida para pensar que él en realidad la deseaba? Esto era un mero entretenimiento enfermizo. Edward tragó el último bocado.

- ¿Entonces estás realmente enfadada conmigo? - ¿Por qué los hombres atractivos siempre parecen ser tan lerdos? ¿Es alguna ley genética? – ¿Y si ahora me desnudara y quisiera joderte sin sentido te opondrías? – Edward se levantó y desabrochó el botón superior de sus vaqueros.

Oh, difícil cuestión. ¿Lo odias o te lo follas?

- Estoy, como sabes, a tu merced – Se lamió los labios con anticipación. – Jódeme, maestro.

- ¿Harás lo que te diga? – Edward deslizó la cremallera de los vaqueros bajándola. Su Polla saltó, impaciente.

- Sabes que no tengo ninguna otra opción – Su boca comenzó a salivar, pensando en esa polla dentro de ella. Mmm. Acero.

- Siempre podrías decir no, cariño -

Como si ella quisiera decirlo. Isabella miró mientras se quitaba los vaqueros. En la parte superior de su muslo izquierdo había un tatuaje tribal que rodeaba todo el músculo. Era tan sexy que Isabella sintió aumentar la humedad entre las piernas. Necesitaba la bala fuera y a él dentro, ahora. Como si leyese su mente, alcanzó entre sus piernas y sacó la brillante bala.

- ¿No te preguntas que es lo que quiero hacer? – Inquirió Edward mientras sus dedos ocupaban el lugar de la bala.

Ante el lento empuje de sus dedos dentro de ella, atrás y adelante, Isabella supo que era suya sin importar lo que pasase.

- Sí, algo. Por favor, sólo jódeme -

- Buena chica – Rápidamente Edward deshizo sus ataduras. – Sobre las manos y las rodillas.

- Ya era hora – Isabella refunfuñó suavemente mientras hacía lo que le había pedido.

- ¿Qué? – Edward azotó su culo a modo de advertencia.

- Nada – Jugaría su juego porque su necesidad era grande. Giró la cabeza para mirarlo. ¿Qué le llevaba tanto tiempo? Se le abrieron los ojos cuando vio el arnés que sujetaba una larga y flexible verga. – Ah dios… - Dos duras pollas y todas para ella. ¿Cuál afortunada podía ser una chica?

- Sé que te gustó esto con dos hombres – Dijo Edward mientras se colocaba un condón. – Pero no habrá ningún otro hombre para ti, sólo yo para darte placer -

Un rayo de entusiasmo se precipitó por su cuerpo. Isabella sabía que todo esto era parte del juego, pero tuvo que admitir que el matiz posesivo de su voz la emocionó. Extendió ampliamente las piernas mientras Edward aplicaba lubricante a la polla del arnés.

- Date la vuelta, cariño. Sé que te encanta la sensación de follar con un desconocido -

Que la conociera tan bien después de tan poco tiempo era intimidatorio. Normalmente intentaba mantener las distancias con sus amantes, pero a este hombre no podía mantenerlo lejos. Sintió la punta de la goma de la verga del arnés sobre su ano y empujó hacia atrás. El consolador la había dejado abierta y preparada.

Mientras la verga de caucho se deslizaba en su culo, su polla se hundía en su coño e Isabella suspiró felizmente. Esto era lo que necesitaba. Edward rió en silencio ante su respuesta mientras comenzaba a empujar profundamente y con fuerza dentro de ella. Sus dedos se deslizaron hacia adelante y acariciaron su clítoris.

- Ah tío, - Isabella gimió ante esa sensación. Estaba tan llena de Edward que supo que se correría en cualquier momento.

- No te corras todavía – Ordenó Edward mientras seguía bombeando dentro de ella.

- Tengo que hacerlo. No puedo pararlo -

Edward paró y azotó ligeramente su culo con la mano.

- No, te correrás cuando yo lo diga -

- Vale – Isabella estaría de acuerdo con todo mientras él continuase moviéndose. Cuando comenzó a empujar de nuevo Isabella supo que todas las órdenes del mundo no iban a parar lo inevitable. Atravesada por el orgasmo gritó y cayó en al cama con Edward entrando todavía con fuerza dentro de ella. – Ah dios, Que bueno -

- Ponte de rodillas – Edward le obligó a levantar la cara de la cama.

- Ah, de acuerdo. Tú no te has corrido -

- No, y tú no te has corrido cuando yo te diga – Sacó su polla y el consolador hasta la mitad y luego empujó de golpe dentro de ella.

- No me a corro a demanda – Aunque si continuaba con lo que estaba haciendo tenía el presentimiento de que ella podría. La profundidad y calor de su polla y la extrañeza deliciosa del consolador lo hacían muy probable.

- Puedes y lo harás – Respondió Edward azotando de nuevo su culo con una mano.

El ligero y picante golpe se sentía magníficamente e hizo que empujase contra él, queriendo concederle su deseo. Supo por el aumento repentino de su velocidad que él mismo estaba a punto de correrse.

Edward se hinchó aun más dentro de ella, Isabella lo oyó gemir y sintió como se como se corría dentro de ella.

- ¡Eh!, no me he corrido otra vez, maestro. ¿No iba esto sobre lo macho que era y como hacer que me corriera de nuevo? – Sintió otra palmada en su culo y él salió de su interior.

- Tienes tanto que aprender, Isabella Swan – Edward la giró para afrontarlo. – Ponte de espaldas – Él se sentó.

Isabella estuvo a punto de preguntar por qué pero decidió no hacerlo lo cual era extraño en ella. Por lo general siempre quería desafiar todo y a todos. Se tumbó de espaldas y lo miró mientras él se quitaba el arnés y retiraba el condón usado. Su mano volvió al travieso cajón. ¿Qué novedad aparecería? Se le abrieron los ojos al ver el brillante vibrador púrpura que extrajo del cajón. Era norme.

- Necesito tiempo antes de correrme de nuevo – Por lo general ella tan sólo podía correrse una vez. Nunca le habían funcionado las repeticiones.

- Te correrás cuando yo diga – Edward dejó caer el vibrador sobre la cama y agarró sus piernas, poniéndolas sobre sus hombros.

- ¿Quién te crees que eres? ¿El puto amo del universo? – Isabella jadeó mientras él empujaba el vibrador en su coño. Nunca había tenido dentro nada tan grande.

- Sí, soy el amo de tu universo, Isabella – Edward oprimió los botones del vibrador y comenzó a empujarlo atrás y adelante dentro de ella.

La cabeza pulsante se retorció dentro de ella como una enorme y sensual polla. ¿Por qué nunca había visto este modelo en el mercado antes? Podía ver como la polla de Edward se engrosaba rápidamente para la siguiente ronda.

- No, no puedo otra vez, - Gimoteó mientras la vieja y familiar sensación le llenaba.

- Sí, puedes – Murmuró Edward a sabiendas. Y siguió empujando el vibrador hasta que ella hizo exactamente lo que él quería. Se corrió.

- Mierda, eso fue bueno – El sexo con hombres más jóvenes era excelente. La promesa de gran resistencia se cumplía. Miro a Edward mientras él extraía el vibrador y sacaba otro condón. – No, en serio. Esto es todo para mi, profesor -

- No, no lo es, cariño – Contestó Edward introduciendo la polla profundamente dentro de ella y manteniendo un ritmo rápido pensado para hacerles correrse a ambos inmediatamente.

Isabella gritó explotando de placer una vez más. Las piernas entumecidas y el corazón acelerado mientras Edward se corría con tirones pulsantes un momento más tarde.

- ¿Todavía piensas que eres inquebrantable cariño? – Preguntó Edward bajándole las piernas y atrayéndola a sus brazos. – Eres mi mujer, nunca lo olvides – Sus labios se cerraron en un beso profundo, posesivo.

Isabella cayó agotada contra él, incapaz de hacer otra cosa que ceder. ¿Inquebrantable? Solía pensar que nadie podía conseguir que hiciese nada que no quisiera hacer. En su mundo mandaba ella. Ningún hombre, y mucho menos un hombre más joven, había tenido alguna vez control sobre ella. Y ahora este hombre la había empujado hasta el punto de rotura y la había agarrado justo antes de que sucediese. Había sido emocionante.

Isabella supo que ningún amante alguna vez se podría comparar con Edward Cullen.

- ¿A quién le perteneces, Isabella Swan? -

- A ti -


- Alguien nos verá – Dijo Isabella mientras Edward la empujaba sobre su polla. Estaba en pelotas sentada a horcadas sobre un hombre en el balcón de un cuarto de hotel. Alrededor de ellos todo eran ventanas. Alguien podría verlos.

- No me preocupa lo que otra gente vea o piense – La boca de Edward se cerraba sobre su pezón, aspirando con fuerza. Isabella cerró los ojos mientras su cabeza caía hacia atrás cediendo ante el tirón caliente de sus labios.

- ¿Haces esto a todas las mujeres o es un punto raro porque soy mayor que ti y quieres controlarme? – Se meció atrás y adelante despacio mientras su polla pulsaba dentro de su cuerpo.

- Cariño, la edad no es relevante. Te quiero a ti y a tu cuerpo – Edward lamía sus pezones mientras hablaba y sus manos controlaban el movimiento de sus caderas apretándola contra él.

- ¿Pero haces esto con mujeres más jóvenes? – Isabella se mordía los labios, intentando controlar el impulso de chillar debido a las sensaciones que la llenaban. Estaban en un lugar público. No quería dar más espectáculo del que ya estaban dando.

- Las mujeres más jóvenes me aburren. Y grita si quieres, cariño. El hombre que no mira espera un espectáculo -

- ¿Qué? – Isabella giró la cabeza para mirar alrededor. – ¿Dónde? -

- A la izquierda con los prismáticos -

- Pervertido – Comenzó a separarse de Edward pero él la sujetó con firmeza.

- En cuanto te corras volveremos dentro -

- Pero… - Todo lo que había estado a punto de decir fue tragado por sus labios sobre su boca. Rompió el beso e hizo retroceder a Edward. – No me puedo concentrar con alguien mirando -

Edward la miró pensativamente.

- Buen motivo. Quiero que te corras porque sea imparable e inevitable. No porque te veas obligada. Levántate -

- Me verá -

- Cariño, él ya ha visto todo lo que hemos hecho, el partido completo – Edward la levantó. – Es tan sólo un hombre patético que aprovecha el espectáculo para hacerse una paja. Él no significa nada. Ahora vamos a ir adentro y veremos algunas de nuestras películas – Edward se puso de pie, igualmente erectas su posición y su polla y le tendió la mano a Isabella. – Tú eres una reina y ni siquiera puede atreverse a soñar con tocarte -

Eso era dulce. ¿Pero se debía a que él seguía queriendo tener sexo con ella o era algo más? ¿Estaba loca al tener esa extraña sensación con un hombre que sólo la quería por su cuerpo?

Isabella fue consciente de que necesitaba controlarse. El siguiente paso suponía enamorarse de él y eso sí sería una locura.

Dentro del cuarto, Edward encendió el DVD y se sentó en el sofá.

- Ven y siéntate, cariño – Hizo un gesto hacia su regazo, donde su hinchada polla esperaba con impaciencia ser cubierta.

Isabella sabía que había multitud de motivos por los qué debía terminar con lo que estaba pasando entre ellos, pero ninguno de ellos parecía tan convincente como su necesidad de vivir este momento. Caminó y se colocó entre sus brazos.

- No, gírate y mira la pantalla de televisión – Edward colocó las manos sobre sus caderas y la ayudó a darse la vuelta.

Isabella hizo lo que le pedía y, con su gentil guía, se acomodó en su regazo hasta que fue empalada con la engrosada verga. Suspiró mientras él extendía los brazos a su alrededor, abrazando su cuerpo como si no pudiese romper el contacto ni un momento. Edward conectó la televisión y al instante la pantalla se llenó con imágenes de sus cuerpos retorciéndose.

- ¿Ves lo bueno que somos cuando estamos juntos? Como tus ojos me piden que te tome aun cuando tú quieres rechazarme. Pero no puedes -

- Sí – Isabella gimió mientras se movía despacio hacia adelante y hacia atrás encima de él.

Había imaginado que verse a si misma en la pantalla le resultaría deprimente, pero no fue así. Estaba asombrada de cual extrañamente hermosa se veía entre los brazos de Edward.

- Córrete para mí ahora, cariño -

- Si, Edward – Obedeció, agarrando las manos que sostenían sus pechos.

- Prométeme que seré sólo yo, siempre, Isabella – Susurró en su oído mientras bombeaba en ella.

- Sólo tú, Edward – El orgasmo la golpeó de inmediato. – Lo prometo -

- ¿Por qué te llamaron Isabella? – Preguntó Edward mientras se tendía en la cama con Isabella entre sus brazos.

Después de ver la película se habían dado una larga y caliente ducha jabonosa juntos que fue todo tacto y sensaciones, pero sin penetración. Aunque Edward deseaba a Isabella como a ninguna otra mujer antes, también quería que se sintiera cómoda con él. Ella no podía verlo de momento, pero él estaba decidido a ser algo permanente en su vida.

- Mis padres llevaban un estilo de vida bastante Hippie. Llamaron a mi hermana Alice. Una locura absoluta para dos niñas nacidas en Forks, Washington -

- ¿Y tú no quisiste ser hippie? – Incluso mientras lo preguntaba, no podía imaginarse a Isabella viviendo a la intemperie en nombre de la iluminación espiritual.

- No, soy demasiado aburrida y controlada para eso – Respondió Isabella con un suspiro de felicidad acurrucándose más entre sus brazos.

- ¿Lo eres? – Para Edward esta mujer era cualquier cosa salvo aburrida y poco interesante.

- Vale, contigo no y no puedo adivinar por qué – Lo miró inquisitivamente.

- Sí, puedes, pero no quieres admitirlo -

- ¿Qué no quiero admitir? -

- Que te has enamorado de mí – Dijo Edward como si eso fuera obvio para él. – Yo siento lo mismo hacia ti -

- Ah no, no lo sientes – Isabella luchó entre sus brazos. – Esto es solamente sexual, para pasar un rato. Admitiré que me siento conectada con esa cosa de la sumisión, pero eso es todo – Se sentó y lo miró. – Tú desde luego, no puedes amarme -

- ¿Por qué no? – Edward se tumbó y colocó las manos detrás de la cabeza, mirándola. La expresión de su cara era interesante. Se había llenado de una luz que ella nunca había esperado ver.

- Eres demasiado joven para mí -

- Eso es basura, Isabella – Edward no estaba sorprendido de la carta que ella había decidido jugar. – No puedes ocultarte detrás de tu edad -

- Es fácil de decirlo para ti con veintinueve -

- Tú tienes cuarenta y tres años, cariño. Eres una mujer hermosa, vibrante -

- Con pechos que se caen y con un culo que parece gelatina – Respondió Isabella cínicamente.

Edward sacudió la cabeza con decepción.

- Pensaba mejor de ti, Isabella Swan -

- Me miras con ojos enamorados. Tengo el cuerpo de una mujer de cuarenta y tres años. No puedes haberte enamorado de mí cuando tienes un montón de jovencitas rubias de culo prieto rodeándote en el campus -

Él se río de sus palabras. Entendió la inseguridad que ella manifestaba. Edward no había esperado enamorarse de Isabella. Había pasado y no iba a luchar contra eso.

- ¿Tú te has enamorado de mi cuerpo? -

- Me llena de lujuria, sí – Admitió Isabella con un resoplido mientras se sentaba con las rodillas contra el pecho como intentado protegerse de algo.

- Entonces por qué no yo no puedo sentir lo mismo que tú. Y no me digas que porque eres demasiado vieja -

Isabella suspiró y pasó las manos por su cabello.

- Esto es solamente una aventura para mí para pasar el semestre y en tu caso una forma de obtener a una esclava sexual. No es nada más -

- ¿En serio? – Preguntó Edward. Esto era mucho más que eso y ambos lo sabían. Se habían sentido atraídos al uno por el otro a primera vista.

- ¿Qué es lo que crees que sabes sobre mí que encuentras adorable? -

- Eres graciosa, simpática y divertida. Quieres luchar contra lo que sientes hacia mí, pero como no sabes como, me lanzas nuestra diferencia de edad a la cara – Le respondió Edward, sabiendo que ella no le estaba creyendo. – Me encanta tu sabor y como te siento. Amo como gritas cuando te corres. Y sé que, incluso ahora, mientras estás sentada aquí, estás tratando de pensar en algún modo de salir de este cuarto de hotel antes de verte comprometida aun más – Él podía ver por su mirada que había dado en el clavo. – Te lo pondré fácil, Isabella. Vete a casa -

- ¿Qué? – Isabella se urgió como si esa fuese la última cosa que hubiese esperado.

- Ya me has oído. Quiero que te vayas a casa y pienses en lo que tienes conmigo. Comprenderás que tengo razón. Esto no es solo sexo o aventura. Esto es el comienzo del mejor amor que conocerás nunca.


Hola Chicas! Como estan? Que tal? Listas para el Comic - Con? Quien ya vio Harry Potter? Que opinan de las imagenes del calendario de Breaking Dawn? Muchas cosas que han pasado :) Pero aqui estta el capítulo!

Que les parece Edward? Muy dulce, muy atrevido? Muy enamoradiso? Quien esta a su favor?

Opinen & dejen su pequeño comentario en un Review :)

Saludos especiales: Cherrie , cositta Felicytas, lara, nany87, seiya-Moon, alimago, vampireprincess20, lalycullen2010, pattyq, Stefi-art, alejita96, calipzo, maiy, ro-ro hale, christti, lady-diva, amanecercris, terra2012, darky1995.

Uno muy especial para Ayame Chan: Ame ttu review sii... es algo muy diferente a lo que hay en fanfiction y sobre todo mucha sumisión en este fic :) Algo que generamente no se ve aqui.. :) Me encantta que tte agrade la histtoria esto lo hago por personas como ttú que aman leer esttas pequeññas adaptaciones :) Un saludo & beso chica!

Bueno creo que es ttodo chicas.. ya saben nos vemos prontto por aqui :)

Amor&Cohetes

Katte