Esta es una adaptación a un libro de la autora Jones Amarinda.

Los personajes son de Stephenie Meyer.

SUMARY

Isabella Swan tiene cuarenta y tres años y siente una lujuria indomable por su profesor.
Ella es muy consciente de la diferencia de edad entre ellos. Pero una mujer puede mirar, maravillarse y soñar.
La edad no es un problema para Edward Cullen. Él ha puesto sus ojos en Isabella desde que se unió a su clase. Sabe que la castaña sexy no tiene el menor interés en el aprendizaje. Pero tiene una cosa o dos que planea enseñarle fuera del aula.


Capítulo Cuatro

La sala de conferencias estaba abarrotada. Era lo habitual cuando Edward Cullen daba una lección. Incluso las mujeres que no estaban en sus clases aparecían solo para verlo. Él era ese tipo de hombre. El tipo codiciado por todo el mundo y que muy pocos eran lo bastante afortunados para tener.

Isabella se sentó y se quedó mirando a la pizarra mientras se preguntaba por séptima vez por qué estaba allí. Él tenía razón. Había pasado toda la jornada pensando en él. Sus palabras "Esto es el comienzo del mejor amor que conocerás nunca", se repetían una y otra vez en su mente. Había decidido no asistir al campus esa tarde porque tenía que dejar de pensar en él. No era como si no tuviera mejores cosas que hacer y prácticamente había renunciado a la idea de aprobar y del ascenso. El costo era demasiado alto. Edward tenía razón. Estaba enamorada de él y eso estaba mal. Era demasiado vieja para estar fascinada por alguien como Edward.

Isabella se revolvió incómoda en su asiento. Sus muslos estaban tensos, le dolía el culo y su piel estaba lastimada por la posesión de Edward y sin embargo nunca se había sentido más viva en toda su vida. Y esa era la razón por la que estaba allí. A pesar de todos los argumentos en contra, tenía que ver a Edward de nuevo. Podía quedarse en casa y pensar en él o venir y ver al hombre en persona. Además, estaba medio convencida de que la verdadera razón era que tenía que demostrar que no sentía nada y que no tenía miedo de enfrentarse a él.

- Sí, lo que sea que te haga sentir mejor, Isabella – Murmuró para sí misma.

- Buenas tardes a todos – Saludó Edward mientras entraba a la sala de conferencias. – Casa llena, según veo -

Sí, llena de mujeres que quieren saltar sobre tus huesos y ¡oh dios mío, estoy celosa!

Isabella sólo tuvo que darle una rápida mirada para saber si le exigiría tener sexo con él para cumplir con su trato. Ella se sometería. El lado feminista se resistió contra tales pensamientos sumisos, era erróneo y manipulador el que una persona tuviera tal control sobre otra. Y aun así estaba ese otro lado de ella que estaba tratando de negar. El lado que necesitaba ser deseado, protegido y amado.

Entonces ¿por qué pensó que podría encontrar eso con Edward Cullen?

- ¡Oh cielos, no lo sé! – Murmuró en callada frustración.

- ¿Has dicho algo, Isabella? – Preguntó Edward con los ojos fijos en ella a sabiendas. Bastardo presumido.

- No, nada – Sin duda se sentía satisfecho de sí mismo al ver que había venido a su conferencia y que estaba sentada al frente tal como solicitó. Si llevaba una falda corta era porque ella lo quería y no porque le dijera que la llevara. Iba a probarse a sí misma y a él que podía sentarse durante una larga hora de conferencia sin sentir nada más que aburrimiento. Era un maldito buen plan. Sabía que Edward estaba mirando sus piernas de manera significativa. Esperaba que las abriera sumisamente para él. Eso no iba a pasar.

Isabella deliberadamente las cruzó con fuerza. Un punto para mí.

Edward se divertía con la agresiva mirada en los ojos de Isabella y la forma determinada en que había cruzado las piernas como si obstaculizara su entrada. No se había sorprendido al verla en la conferencia. Sabía que su necesidad por él era exactamente la misma que su deseo por ella. Si no hubiera visto su auto en el estacionamiento del campus se habría ido y la habría buscado.

Salió del paso con la conferencia lo más rápida y profesionalmente que puedo. Hizo caso omiso de las miradas tipo "vamos" de otras mujeres en el aula ya que solo había una mujer para él. Tal vez algunos lo considerarían una decisión rápida o un juicio precipitado, pero Edward quería a Isabella para toda la vida y no estaba dispuesto a permitir que ella se alejara.

- Isabella, ¿puedes venir un momento por favor? – Llamó en cuanto la clase terminó y todos salieron. Tenía que atraparla antes de que tuviera oportunidad de huir sabiendo que era lo que quería desesperadamente. Sonrió cuando Isabella se detuvo a media zancada, como golpeada por algo que la obligó a permanecer en contra de todos sus deseos.

- No podemos tener sexo aquí – Le dijo Isabella mientras se acercaba a él de mala gana, agarrando sus libros frente al pecho de manera defensiva.

- ¿Dije que íbamos a tener sexo? – Preguntó Edward mientras observaba la confusión correr por sus rasgos.

- Bueno, teníamos un trato – Vaciló ella.

- ¿Así que aún deseas honrarlo? – Si a Isabella le hacía feliz pensar que era un trato cerrado, estaba bien. Edward quería estar con ella de cualquier forma que pudiera.

- ¿Tú no? -

Edward sonrió ante el pequeño sonido de decepción que escuchó en su voz.

- Ven a mí, querida – Edward le tendió la mano, su corazón en sus ojos. La necesitaba y tenía la intención de hacérselo creer.

Cuando la miraba así no podía pensar con claridad. Isabella casi podía creer que la amaba.

- Necesito ir a casa y… - ¿Y qué? ¿Estudiar?

- Necesitas venir a mí -

- Muy bien, aquí está la cosa. Creo que después de anoche deberíamos cancelar esto – Uno de ellos tenía que ser racional al respecto y al parecer tendría que ser ella.

- Querida, dije una semana y eso quería decir. En cualquier momento y en cualquier lugar que te desee – Edward se mantuvo firme. – Y te quiero ahora, Isabella -

Sus palabras eran tan primitivas, tan posesivas que su corazón latía salvajemente. ¿Cómo podía este hombre, más joven que ella, hacerla sentir como una colegiala atolondrada? Contra toda lógica y razón se aproximó a él.

Edward arrancó los libros de sus brazos.

- Desata tu blusa – Ordenó. – Supe que no tenías sostén, en cuanto vi como tus pezones presionaban contra la tela de tu blusa durante la conferencia. Aunque me gustaría pensar que estas obedeciendo a mi orden de nada de ropa interior, creo que lo hiciste más como un reto, para hacerme saber que había planeado negarme poseerte - El hombre había dado en el clavo. Eso era exactamente lo que había planeado, pero el plan parecía haberse ido a la mierda.

- ¿Y si entra alguien? -

- No lo harán. Nadie tiene previsto venir durante la siguiente hora – Le dijo Edward. – Ahora haz lo que se te dice.

Los dedos de Isabella temblaban mientras desabrochaba los botones. Toda idea de negarse se evaporó de su cabeza al mirar su boca y recordar cómo sus labios había chupado sus pezones. Sin duda no era sumisión si lo deseaba. Cuando su boca se aferró a su pezón tan pronto como lo destapó, ella grito de placer y le sostuvo la cabeza contra su pecho, animándolo. Si alguien entraba ahora sin duda se avergonzaría, pero ¿qué era una pequeña humillación al lado de la oferta de una magnifica fornicación?

Las manos de Edward se deslizaron bajo su falda y agarraron sus nalgas.

- Eres increíblemente deliciosa – Dijo mientras su boca se resbalaba de su enrojecido y brillante pezón con un "pop".

Isabella se revolvió contra él mientras su mano iba hacia su coño, deslizaba sus dedos en la hendidura y comenzaba lentamente a frotar su clítoris.

- Estás toda mojada para mí -

- Sí – Era la verdad. Sería una locura negarlo.

- Excelente – Edward sonrió como si fuera la mejor noticia que hubiera escuchado. – Ahora, querida, te necesito de rodillas – Le ordenó gentilmente pero con firmeza. – Abre el cierre y chúpame y no pienses en otras personas. Sólo somos tú y yo y harás lo que yo te digo -

- Yo…um… - Isabella balbuceó. Sí, ella quería su polla ¿pero en un lugar tan público?

- ¿Quieres aprobar? -

- Sí, pero…- Esto ya no era una cuestión de un aprobado. Era mucho más y ambos lo sabían. Se estaba sometiendo a algo más que solo sexo. Era algo más grande. Era amor y sólo por amor haría algo tan imprudente como lo que él sugería.

- Arrodíllate para mí ahora, Isabella -

Se dejó caer de rodillas en concesión más que en sumisión. Isabella desabrochó los vaqueros y su pene salto como si estuviera feliz de verla de nuevo. Lo sostuvo con una mano para mantener el equilibrio y lamió desde la punta hasta la base en una larga caricia. Isabella sintió temblar a Edward y repitió lo que acaba de hacer. Fue entonces cuando comprendió que aún cuando él le había ordenado chuparlo, ella siempre había tenido el poder para decir no. Simplemente no había querido. Entonces, estaba bien. Podía vivir con eso. Tenía tanto control como él. Isabella aspiró la cabeza de su polla dentro de su boca y se sintió complacida cuando Edward dio un fuerte y ronco grito.

- Suficiente por ahora, querida – Gruño Edward dándole un condón. – Pónmelo -

Había algo en desenrollar lentamente un condón sobre un hombre que Isabella encontraba increíblemente sexy. Le gustaba la forma en que Edward trataba de no saltar mientras sus manos lo acariciaban hacia arriba, sobre la dura carne y el piercing hasta que el látex lo cubrió totalmente.

La levantó y la empujó hacia la pizarra.

- Extiende tus manos y piernas – Dijo Edward mientras su cuerpo se acercaba por detrás. – Y si alguien viene ahora sólo podrá ver mi culo empujando adelante y atrás mientras te jodo -

Isabella hizo lo que le pidió. Las notas de su conferencia de ética aún estaban en la pizarra. Parecía un poco irónico que la estuviera poseyendo contra las notas que hablaban sobre la ética de garantizar un espacio personal para el individuo. Saltó al separarle él sus nalgas, deslizando su dedo dentro del fruncido y apretado agujero.

Ningún espacio personal aquí.

- Te gusta cuando te jodo por detrás. ¿verdad? -

- Sí – Sintió un segundo dedo deslizarse en su trasero mientras su otra mano se deslizaba sobre su coño.

- Me encanta lo estrecha que estás y cómo gimes para mí – Un dedo se deslizó en su vagina.

Isabella empujó fuertemente sobre su mano ya jadeó con entusiasmo. Este hombre podía hacerle cualquier cosa y a ella le encantaría porque lo amaba. Se irguió ante la revelación. Maldita sea. Es verdad. Lo amo.

- ¿Me necesitas ahora, querida? – Edward besó sus hombros ligeramente mientras deslizaba sus dedos lentamente dentro y fuera de ambos orificios.

- Sí, por favor – Para ser honesta, lo había necesitado desde el minuto en que lo vio hacia más de dos semanas.

- ¿Qué quieres que te haga? – Susurró contra su oreja mientras su cuerpo la cubría apretándose contra el de ella.

- Jódeme -

- ¿Dónde? -

- En el culo -

- ¿Con qué? -

- Con tu grande, gorda y dura polla -

- ¿La que acabas de chupar? – Edward le lamió la suave piel detrás de su oreja. Sonrió al ver cómo se estremecía.

- Sí – Si no la tomaba ahora, iba a sufrir una combustión espontánea; estaba súper excitada.

- Oh, querida ¿Cómo podría negártelo cuando frotas tan desesperadamente tu redondo trasero contra mí? -

Isabella sintió la fuerza de su pena entre sus nalgas y no podía esperar más.

- Ahora, Edward – Suplicó, mientras sentía cómo sacaba los dedos de su culo. Isabella miró mientras revolvía en su bolsillo y sacaba un delgado tubo de lubricante y un par de condones extra. Estaba tan excitada ante las posibilidades que estaba sin aliento.

- ¿Qué? – Gruñó Edward mientras golpeaba ligeramente su trasero y rociaba el gel dentro del fruncido agujero.

Jugaría al jueguecito que fuera para que él se deslizara dentro de ella.

- Jódame ahora, señor -

Edward empujó dentro de ella de un golpe. Isabella chilló dando la bienvenida a la invasión. Si alguien le hubiera dicho hacía tres días que estaría rogando que la follaran por el culo, le habría llamado loco.

- Duro – Gritó mientras sus manos se manchaban con lo escrito en la pizarra.

Edward se salió y le dio un cachete.

- Yo doy las órdenes – Dijo mientras le golpeaba el culo de nuevo – ¿Harás lo que te dicen, Isabella Swan? – Edward soltó otra palmada.

- Sí, señor -

¿Quién hubiera dicho que se vería reducida a esto; a la entera disposición sexual y a la llamada de un hombre? Su trasero hormigueó y contempló la posibilidad de contrariar a Edward para que le diera otro par de punzantes nalgadas porque le gustaba la sensación de su mano sobre su culo.

Edward la giró en sus brazos y la besó apasionadamente como si fuese el sabor más delicioso que jamás hubiera probado. Empujó su trasero hacia una mesa cercana y extendió sus piernas abriéndolas de par en par.

- ¿Qué apretado agujero voy a follar ahora? – Pasó el dedo adelante y atrás entre sus piernas. – ¿Éste? – Edward deslizó un dedo dentro de su vagina. – ¿O este otro? – Tocó su ano. Sonrió cuando ella dio un brinco.

- Cualquiera, señor – Solo hazlo ahora.

Le pareció que él tardaba una eternidad en quitar el condón usado y deslizar uno nuevo.

Edward le hundió la polla en la vagina y mantuvo sus piernas abiertas mientras empujaba lentamente dentro y fuera.

- Imagina que alguien entrara aquí ahora y te viera así. ¿Qué dirías, querida? -

- Lo que sea que quieras que diga – Isabella jadeó tratando de recuperar el aliento, mientras él cambiaba de ritmo y comenzaba a machacarla.

- Buena respuesta – Murmuró Edward inclinándose y besando sus labios largamente. – Mereces una buena y dura follada por eso.

A Isabella ya no le importaba quien la oyera gritar. La necesidad de acabar se impuso sobre el decoro. Se aferró a Edward al oírle gritar ahogadamente y se corrió con ella.

- Eres impresionante, Isabella – Dijo Edward colapsando sobre ella.

Lo abrazó fuertemente. ¡Oh sí! Lo amaba. Nunca antes había querido retener a nadie así.

- Sí, para ser una vieja bruja. Estoy bien – Bromeó.

- Respuesta equivocada – Edward se levantó y le dio la vuelta y comenzó a azotarla de nuevo. – Esto es cosa tuya y mía. Esto es cuestión de amor y necesidad y no de edad. No ensucies lo que hay entre nosotros con ese ridículo comentario.

La presión de sus palmadas era ligera, pero suficiente para hacer que su coño se frotara contra la mesa cada vez que golpeaba su culo.

Era una sensación maravillosa e Isabella sabía que si continuaba iba a correrse de nuevo en cualquier momento. Gimió ligeramente.

Edward se detuvo y la miró.

- ¡Oh, no, yo no te dejare correrte de nuevo! No te lo mereces en este momento – Se quitó el preservativo, lo tiró en un cubo cercano y se metió la polla en sus vaqueros. – Necesitas pensar en lo que es importante. Tienes que pensar en nosotros como en una pareja permanente, y hasta que no lo hagas, nada de sexo para ti -


Que tal? Ahora si no habra sexo para la linda Bella? Que hará ahora? Y que tal Edward... hace que Bella se derrita por el.. Y quién no?

Saludos a todos lo que dejan Review :) Todo y cada uno de ellos me encanttan Oritta no tengo ttiempo para mencionarlos pero saben que los esttimos a todos :)

Me han preguntado cuantos capítulos son de la hisotria son 6 (Contando el epilogo & el prólogo) Así que saquen sus cuentas & vean cuantos capítulos faltan para terminar la histtoria :) (solamente dos u_u)

Pero no se preocupen ya estoy adaptando una nueva historia que se llama: Seduciendo a Isabella Swan..

Ohh por cierto Isabella tiene 43 años & Edward 29.. ella regresa a la universidad porque esta tomando un curso para su trabajo y acender de puesto :)

Ahora sii me voySaludos!

Besos&Cohetes

Katte