Esta es una adaptación a un libro de la autora Jones Amarinda.
Los personajes son de Stephenie Meyer.
SUMARY
Isabella Swan tiene cuarenta y tres años y siente una lujuria indomable por su profesor.
Ella es muy consciente de la diferencia de edad entre ellos. Pero una mujer puede mirar, maravillarse y soñar.
La edad no es un problema para Edward Cullen. Él ha puesto sus ojos en Isabella desde que se unió a su clase. Sabe que la castaña sexy no tiene el menor interés en el aprendizaje. Pero tiene una cosa o dos que planea enseñarle fuera del aula.
Capítulo Cinco
- Dejo el curso – Isabella se enfrentó a Edward a través de su escritorio e intentó permanecer tranquila y fría, algo que siempre le era difícil cerca de él. Pero se había pasado todo el día convenciéndose de que era capaz de actuar tan racionalmente con él como con cualquier otro hombre.
- ¿Por qué?
Isabella tragó aire silenciosamente. Edward podía hacer que una única palabra pareciera una enciclopedia.
- El ascenso no es tan importante – Esto nunca había sido por el ascenso, y ambos lo sabían.
Edward arqueó la ceja incrédulo.
- ¿Y qué hay del dinero? -
- Viviré sin él – Ella apartó sus ojos de los de él y pasó el dedo suavemente por el escritorio entre ellos.
- Mentirosa – Edward sacudió su cabeza en la decepción.
- ¿Qué? – Ok, claro, estaba mintiendo. Isabella necesitaba un montón el dinero. Pero toda esta cosa con Edward era demasiado rara para ella. No era por el sexo. Eso era como para hacerte caer de rodilla, excitante. Era el hecho de que se había enamorado de un hombre mucho más joven que ella… y en un par de días.
- No eres capaz de manejar lo que hay entre nosotros – Edward dio la vuelta al escritorio hacia ella.
Uh-oh…peligro…
- No, no es eso. El sexo ha sido genial – Se giró y se apoyó en el escritorio para alejarse de él.
- Ha sido fantástico – Concordó Edward mientras se acercaba para estar junto a ella.
Bien, sí…
- ¿Y? – Edward extendió la mano y masajeó sus hombros suavemente.
- Humm… - ¿Por qué de repente estaba inclinándose en el escritorio? – Pensé que habías dicho que no tendríamos el sexo otra vez hasta que yo pensara en nosotros como pareja -
- Mentí – Murmuró Edward mientras la estiraba hacia atrás. – Puedo hacerlo. Estoy a cargo – Él tironeó de su falda y sonrió. – ¿Realmente pensaste que llevar bragas me detendría, Isabella? – Él se las sacó de las piernas.
Sí, lo hizo. Isabella sabía que debería pararlo ahora. Que esto estaba mal por todos esos motivos en los que había meditado por la noche y que no se creía ni ella, pero cuando su mano cubrió su coño no quería detenerlo.
- Humm, imagino que no soy tan ambiciosa en mi trabajo – Dijo ella mientras él le levantaba las piernas sobre sus hombros. Tenía que admitir que le gustaba cómo lo hacía. Era tan posesivo y primario
- ¿Y en qué eres ambiciosa? –Él se inclinó y sopló sobre su mojado coño. – ¿Qué te pone caliente, cariño? -
Esto lo hace.
- Esto está mal – Rico, pero mal.
- ¿Por qué, porque te gusta? – La lengua de Edward lamió su clítoris. – ¿Te sientes culpable por estar conmigo? – Él la lamió otra vez.
Isabella jadeó y se retorció. Ah dios, si seguía la iba a joder: literalmente.
- ¿No, por qué me iba a sentir culpable? -
- Porque eres tú la que tiene ideas extrañas como por ejemplo que la diferencia de edad es un pecado mortal.
Cuándo Edward la lamía así no podía pensar claramente y ¿qué era pecar un poquito después de todo?
- Bueno, cuándo yo tenía veinte tú debías tener seis años, ¡por el amor de dios! -
- Ahora estoy crecidito y te deseo – Su boca apretó en su clítoris.
Cualquier pensamiento coherente que Isabella tuviera voló por la ventana al chuparle el botoncito entre sus piernas como si fuera un hombre hambriento.
- Ah, maldita sea – Refunfuñó Isabella apretando los dientes.
Realmente quería gritar pero sabía que los estudiantes pasaban por la oficina de Edward constantemente. Se agarró a su camisa y se mordió el labio mientras se corría. – Tú, bastardo -
Edward dejó caer las piernas de ella y apretó su cuerpo contra el suyo.
- Te amo, Isabella. Haré lo que tenga que hacer para que te quedes en mi vida – Él la besó con una pasión que confirmaba sus palabras.
El sabor de sus propios jugos en sus labios era tremendamente erótico. Quería que Edward la tocara y la saboreara más, pero con otro orgasmo demoledor ¿adónde la llevaría?
- Oh, Edw... – ¿Y qué diablos hago ahora?
- No entiendo por qué esto es tan perturbador para ti, cariño. Son sólo catorce años – Sus manos ahuecaban su cara. – Dime, ¿si nuestros años fueran al revés, cambiaría algo? -
- Sí, porque se acepta más que el hombre sea mayor – A Isabella normalmente no le preocupaba lo que otros pensaran, pero todo el tema de la edad desbarataba su buen sentido común.
- ¿Por quién, Isabella? – Edward la miraba como si estuviera loca.
- Es así y punto – Sí, bueno, no te lo crees ni tú, esa contestación.
- ¿Y desde cuándo te has preocupado por lo que otros piensen? – Él tiró de ella hacia arriba para que se sentara de frente a él.
- No lo hago, es sólo que… -
- ¿Qué? -
- Estoy asustada. ¿De acuerdo? – Eso, venga. Aunque decirlo no le hacía sentir mejor.
- ¿De mí? – Los ojos de Edward de repente tenían una mirada compresiva.
- De ti, de mí y de cómo me siento cuanto estoy contigo – Era difícil explicar a alguien como Edward, que estaba seguro de sí, cuáles eran sus temores. – Quiero hacer lo que sea que pidas, darte lo que necesites -
- ¿Y cómo te hace sentir eso? – Sus manos fueron a su cintura para darle apoyo.
- Vulnerable – Y esto me asusta.
- ¿Tú confías en mí? -
- Sí – Eso nunca estuvo en duda.
- Pero tú no confías en ti misma – Dijo Edward dándolo por hecho.
Bingo
- Es tan sólo que no creo que podamos ir más allá con esta relación – Eso era una mentira pero era una con la que podría vivir si tenía que hacerlo.
- Ni tú te crees eso más que yo – Edward sacudió la cabeza con desdén. – ¿Tú me amas, Isabella? -
Sí
- Estás loco -
- Estoy enamorado de ti – Los ojos de Edward miraban fijamente los suyos. – Creo que los que tenemos es un lazo irrompible que no aparece todos los días y no quiero que lo eches a perder porque tengas miedo de lo que gente piense. Es esto sólo estamos tú y yo, Isabella -
- ¿Lazo irrompible? – La honestidad de sus palabras sobresaltaron a Isabella. Él realmente me ama.
- Tú estás enamorado del "ahora" – Replicó ella, pegándose un tiro en el pie tal y como los cobardes tienden a hacer cuando se enfrenta a elecciones difíciles.
- Sí tienes razón. Lo estoy, pero sólo porque tú estás ahí – Edward levantó una mano para apartarle el pelo de su cara. – Pero todavía estaré enamorado de ti mañana y dentro de diez años a partir de mañana, así que no estropees esto entre nosotros -
- ¿Yo? – Bien, desde luego, ella. ¿Quién si no sería tan idiota como para arruinar algo maravilloso por miedo?
- Sí, tú – Edward le chafó la punta de la nariz con su dedo cariñosamente. – ¿Francamente crees que todo lo que quiero de ti es sexo, cariño? -
- Bien, he sido… - ¿Cuál era la palabra¿ ¿Caliente? ¿Una guarra?
- ¿Acomodaticia? – Le sugirió Edward con una sonrisa burlona. – Tú has estado sublime. No quiero a otra mujer. Te deseo a ti. Me gusta el hecho de que tu deseo por mí desafié tu necesidad de independencia. Me gusta cuando pataleas y arañas para mantener el control aun cuando ambos sabemos que en fondo quieres perderlo -
Edward tenía tantísima razón.
- No sé lo que quiero – Masculló Isabella mientras examinaba los profundos ojos negros del hombre frente a ella. Él lo hacía parecer tan sencillo.
- ¿Tú me deseas? -
- Sí – Sobre aquel punto no había discusión.
- ¿Me amas? – Un repentino golpe en la puerta los interrumpió. Edward suspiró frustrado. – Huh, salvada por la campana. Sin embargo, seguiremos con esto más tarde, esta noche en tu casa.
- No estaré en casa. Salgo – Cualquier idea de revolcarse en lástima por sí misma en el sofá mientras comía pizza se fue por la ventana. Tener a Edward en casa no era poca cosa. Era una de esas cosas que hacían las parejas normales. Ellos no eran normales.
El sonido de la persistente llamada hizo que Edward maldijera.
- Tú estarás en casa y me esperarás, Isabella -
- Puede que te sorprendas, Edward -
- Y tú también, si me das una posibilidad -
Desde luego el plan obvio de frustrar a Edward era ir a la sesión de medianoche en el cine local. Sólo los desesperados y patéticos se reunían para ver películas a esa hora de la noche. Y ella estaba en ambas categorías. Además, esto estaba tranquilo, sólo un puñado de clientes habituales a su alrededor.
- Al final él consigue a la chica, ya sabes – Susurró Edward en su oído mientras aparecía en la fila de asientos detrás de ella.
Las palomitas de maíz de Isabella volaron en el aire al brincar por la sorpresa.
- ¿Qué diablos haces aquí? – Incluso si no había bastante luz para verlo claramente Isabella reconocería a Edward Cullen así le vendaran los ojos y tuviera los oídos rellenos con algodón. Ella se limpió las palomitas de su regazo y lo miró. Había ido a la sesión nocturna para evitarlo. Aún así aquí estaba, en su cara. Él era la razón por la que ella había comprado el paquete extra-grande y extra-grasiento de palomitas y el batido de dulce de leche gigante. Él era la razón por la que no estaba en su casa. En realidad, so lo mirabas así, todo era por su culpa.
- No puedes ocultarte de lo que sientes por mí, Isabella – Edward recogió un trocito de palomitas de su pelo.
- No me oculto. Estaba muy interesada en esta película -
- ¿Ah sí? ¿Cómo se titula? – Edward le sonrió abiertamente a sabiendas.
- Hum… - ¿Cómo se llamaba? ¿Y cómo se podría concentrar con su cálido aliento sobre su cuello, sabiendo también cómo su aliento se sentía sobre otras partes de su cuerpo? Ella tragó lo suficientemente ruidoso como para que ambos lo oyeran.
Isabella miró abajo al trozo de entrada de la película sobre el asiento al lado de ella.
- Se titula – Ella bizqueó para leer el título con la luz débil. – "Unión en el andén del ferrocarril" -
¿Qué diantres…? ¿Había comprado una entrada para esto? En el momento de la compra, su objetivo principal había sido evitar a Edward, así que escoger una película de manera inteligente no había sido precisamente lo más importante.
- Mierda, es con subtítulos – Isabella murmuró para sí. Había estado viéndola durante los últimos diez minutos sin darse cuenta. Odiaba las películas subtituladas porque necesitaba sus hagas para leerlas correctamente.
- Ciertamente suena fascinante, cariño – Edward brincó ágilmente sobre el asiento para sentarse al lado de ella.
- Lo es.
- Has hecho un movimiento bastante desesperado Isabella, reunirte con solitarios y desplazados – Edward miró a los clientes dispersados significativamente.
- No estoy desesperada – Le siseó Isabella molesta. Ella odiaba cuando la gente podía leerla tan fácilmente.
- Shush – Soltó la fastidiaba voz de uno de la audiencia pidiendo silencio.
- Oh, shush, tú – Le respondió a la persona que tenía todo el derecho del mundo de estar molesta con ella por hacer ruido. Pero era más fácil estar enfadada con ellos que enfrentarse a sus miedos con Edward.
- ¿Y de qué va, cariño? -
- Solamente quería algo de entretenimiento – Eso sonó patético hasta para ella.
Edward rió en silencio por sus palabras.
- Puedo proveerte de todo el entretenimiento que necesitas -
Ah chico, vaya que si podía. Los muslos de Isabella sudaban solamente de pensarlo.
- Bien, entonces necesitaba un descanso – Ella odiaba tener que dar explicaciones.
- ¿De mí? – Edward deslizó su brazo alrededor de sus hombros, atrayéndola hacia él.
- Sí - Ah sí, esto se sentía bueno.
- Eres una gallina, Swan -
- Yep, eso soy yo – ¿Por qué molestarse en negarlo? Los dos sabían que era verdad.
- Shush – Siseó un hombre desconocido.
- Oh, jódete y vete a otra parte, compañero – Isabella no estaba como para dejar que alguien la molestara.
- Estás tan tensa, cariño -
- Tú me haces estar tensar, chico-profesor -
Edward se apoyó cerca de ella, sus labios separados milímetros.
- Te pongo caliente – Él apartó el apoyabrazos de entre ellos.
- ¿Qué haces? – El cuerpo de él se encontró con el suyo y todos los motivos por los que le quería fuera de su vida parecían nada por lo que preocuparse.
- Esto es lo que la gente hace en las películas, cariño. Se acurrucan – Su otra mano se deslizó bajo su falda.
- ¿Tienes que hacer esto? – Incluso diciendo esas palabras sus muslos se abrieron al tacto de él.
- Sí, tengo – Edward sonrió abiertamente como un muchacho. – ¡Hum! Sin bragas. ¿Aprendes bien o esperabas que te encontrara? -
- No seas loco. Y saca tus dedos de allí – Ella intentó cerrar sus piernas pero su mano buscona lo hizo imposible.
- No quieres que pare – Los dedos de Edward encontraron su clítoris. Isabella gimió suavemente al masajearle su carne.
- Chico-profesor, hay gente aquí – No es que a ella le preocupara en particular lo que podían pensar. Moralmente estaba mal follada a ciegas en un cine. Sin embargo, física y espiritualmente se sentiría malditamente bueno
- Está oscuro – La otra mano de Edward pasó de sus hombros a sus pechos.
- No está tan oscuro – Isabella le dio un golpe a la mano que expertamente desabotonaba su blusa.
- Necesito estar dentro de ti, Isabella -
- ¿Qué? ¿Aquí? – Ella intentó parecer horrorizada pero falló miserablemente. Todo en lo que podía pensar era la carne, el calor y la necesidad. – No podemos – ¿Oh si?
- ¿Por qué no? – Sus dedos abandonaron su clítoris y se hundieron en su centro.
- Edward, por favor – Gimió Isabella desvalidamente cuando la llenó.
- Estás tan dulcemente mojada para mí – Él le cogió su mano y la puso sobre frontal de sus vaqueros. – Realmente tengo que joderte, cariño, y sé que tú tienes la misma necesidad -
- Aquí no – Aunque sus hormonas gritaban ¿Por qué demonios no?
- Aquí es perfecto – Edward salió del asiento y cayó de rodillas entre sus piernas separadas. Él tiró de las caderas de ella hacia delante mientras levantaba su falda.
Los ojos de Isabella se ensancharon por el shock al darse cuenta exactamente de lo que él iba a hacer.
- No, Edward -
- Sí, Isabella – Edward enterró su cara en su coñito y chupó con fuerza sobre su clítoris.
Isabella soltó un chillido agudo mientras se agarraba de sus hombros. Se dejó caer en su asiento y abrió sus piernas a cada lado de él.
- Oh, Edward – Ella gimoteó mientras él la torturaba con sus labios. Una vez durante un tiempo de sequía en su vida amorosa llegó a pesar que el chocolate era mejor que el sexo. ¡Y qué más! El sexo tenía la infinita ventaja de que no tenía calorías.
- ¿Realmente quieres que pare? – Preguntó Edward mientras le lamía su muslo interior.
- Ni… - No llegó a acabar la palabra. No quería pensar o hablar. Sólo quería sentir.
- ¿Te importa lo que los demás puedan pensar de ti con tus piernas abiertas de par en par mientras tu amante, que es más joven que tú, lame tu coñito? -
- Joder, no – ¿Qué gente? En aquel momento no había nadie más en el mundo excepto ella y Edward.
- Buena chica – Edward lamió la hendidura entre sus piernas a grandes y sabrosos lametazos.
Isabella jadeó y se retorció. No podía impórtale menos quien los viera en ese momento.
- Pon tus dedos dentro de se bote de miel tuyo, cariño – La urgió Edward entre lametazo y lametazo.
- Pero quiero correrme contigo – Llegar por sus propios medios no era lo mismo.
- Y lo harás – Sus ojos se encontraron con los suyos. – Pero ya sabes que me gusta ver cómo te tocas.
Isabella miró alrededor hacia las oscuras siluetas de la gente. El cine de repente estaba muy tranquilo por el inteligible murmullo de la pantalla. Ella no creyó ni por un segundo que los otros clientes no fueran conscientes de lo que estaba pasando. ¿La observaban en la media oscuridad? La idea de que lo hicieran la puso incluso más caliente. Empujó sus dedos entres sus piernas y dentro de su vagina.
- Eso es, cariño. Muévelos dentro y fuera suave y lento. Quiero que te imagines lo bueno que se sentirá cuando esté dentro de ti – Edward se inclinó hacia adelante y empezó a lamer de cerca de su mano.
Isabella gimoteó. Estaba completamente al filo de perder todo el control y no le importaba. Empujó sus dedos más fuerte dentro y fuera.
- No, no, no debes correrte con tu propia mano – La voz de Edward era más insistente sobre este punto.
- Pero lo quiero – Dejar ir esa picazón era su principal interés en ese momento.
- No – Edward le sacó los dedos y los substituyó por su propia
Isabella gritó. No había nadie que la mandara callar, ahora. Sólo el sonido de respiraciones pesadas, el crujido de ropa y el sonido metálico de cremalleras que se bajaban. Sabía que debería estar horrorizada, pero el horror no estaba en lo alto de su lista de sensaciones. Tan sólo quería correrse y la lengua de Edward serviría. Isabella empezó a retorcerse sin ton ni son. Llevando su pelvis contra la cara de él.
- Aún no, cariño – Edward se retiró de entre medio de sus piernas y le tomó la mano. – De rodillas, ahora -
¿Había suficiente espacio allí entre las sillas? ¿Le importaba? Hum, no. Estar con Edward era todo lo que quería.
Sin importarle ya lo que otros pensaran, Isabella se dejó caer de rodillas y dejó que Edward la maniobrara para que ella estuviera de cara a la pantalla y él estuviera detrás de ella. Entonces fue cuando vio al hombre y la mujer dos filas más allá observaban dolos. El hombre estaba toqueteando los pechos desnudos de la mujer mientras le miraba los pezones a Isabella.
- Estás volviendo a todos calientes y cachondos -
Ella sabía que era una locura, pero le daba a Isabella una especie de salvaje sentimiento de poder.
- Quiero que me folles por el culo, chico-profesor -
- ¿Quieres que un hombre más joven que tú te tome por detrás con todo mirándote? – Edward se desabrochó el pantalón. Su polla brincó y le rozó el culo.
- Sí, te quiero ahora – La edad no era relevante. Sólo la necesidad lo era e Isabella necesitaba a Edward como el oxígeno. Ella extendió las piernas abiertas y se agarró a la parte de atrás del asiento de delante. Había algo pegajoso en su rodilla izquierda pero no le importó. Sólo una cosa le importaba.
- ¿Gritarás para mí cuándo te corras, cariño? – Edward sacó un condón rápidamente de su bolsillo y se lo puso.
- Sí – Eso estaba garantizado. Ella sintió sus dedos deslizarse en el apretado agujero fruncido y pasar más allá del músculo resistente. – Por supuesto – Esto era lo que necesitaba.
Edward se sostuvo la polla en la mano y la deslizó atrás y adelante entre sus piernas, cubriéndola de la resbalosa humedad. Entre ser follada con los dedos por detrás y la rápida fricción de su polla resbalando dentro y fuera entre sus piernas la hizo querer correrse allí y ahora.
- Ahora, Edward -
- ¿Vas a volver a intentar esconderte de mi otra vez? – Le susurró al oído.
- No – Ella era suya.
- ¿Te va a importar la diferencia de edad? -
- No – Y le sorprendió oír las palabras de su propia boca. ¿Qué importaba eso en realidad cuando tenía lo que ella tenía con Edward?
- Buena chica – Edward quitó sus dedos y los substituyó por la cabeza de su eje.
Isabella chilló fuerte mientras él empujaba más allá del anillo apretado de músculo y se asentó fuerte dentro de ella. Su cuerpo se estiraba para acomodar la plenitud. Isabella sabía que esto era mucho más que solamente una conexión física. Tenía un verdadero y duradero lazo de unión con este hombre. Había sido demasiado obstinada y había temido aceptarlo.
- Por favor muévete – Isabella necesitaba el calor y la fricción.
- ¿Harías cualquier cosa con tal de que yo me moviera? -
- Sí, lo que sea – Lo que fuera que Edward necesitara o deseara se lo daría
- ¿Entonces, lo que sea que te pida ahora o en el futuro después de esto, lo harás? – Edward la abrazó cerca de su cuerpo mientras besaba su cuello suavemente.
- Sí – Siseó ella a la par que intentaba agarrarse a la poca paciencia que le quedaba. En lo que a ella respectaba, la podía follar en medio de un centro comercial y ella le suplicaría más.
- Excelente – Edward comenzó a empujar atrás y adelante con largas y profundas estocadas. La agarró de los pechos y jugueteó con los pezones.
- ¿Oh hombres, estás viendo eso? – Se oyó una voz estrangulada.
- Mierda santa – Jadeó el otro en shock.
Isabella miró la pareja de enfrene. Isabella podía ver las piernas de la mujer alrededor de los hombros del hombre y sabía por el sonido de jadeos que nadie estaba prestando atención a la película.
- Edward – Gimoteó cuando la intensidad comenzó a abrumarla.
- ¿Sí, cariño? -
- Te amo -
- Gracias por decirlo – Él giró su cabeza y la besó lentamente. – Tú tenías mi corazón al minuto de verte. Ahora vamos a ver cómo echas abajo este cine con tus gritos -
Qué romantico Edward vdd? Lo se a mi ttbm me encantto! Que tal con Isabella esta aceptando su amor hacia Edward Yo sabía que acabarían juntos :)
Y adivinen que este es el penultimó capítulo.. solamente queda el epílogo :)
Espero poder actualizar rápido... No tengo mucho anímos de escribir así que me despido!
Amor&Cohetes
Katte
