Hola a todos! Antes que nada les pido una disculpa por la enorme tardanza de este capitulo. No me agrada ausentarme tanto porque sé que los hago sufrir con las ansias de saber que pasó y además creo que se pierde un poco el hilo de la historia, pero me fui imposible publicar antes T-T . Gracias por esperar y seguir leyendo este fanfic que escribo con mucho cariño para todos ustedes. Espero que este nuevamente largo capítulo no los aburra XD

Les deseo un muy feliz año nuevo!


Capitulo VIII

Sentimientos

-toma-dijo lanzando el objeto hacia ella

-graci…

-por nada-replicó Makoto con aspereza, antes de que terminara la frase.

Una apenada Akiko apretó con fuerza la toalla que había atrapado sin mucha dificultad. Su cabello goteaba abundantemente; bajo ella comenzaban a formarse diminutos charcos color rojo de aquella agua que Usagi había arrojado sobre ella.

-eso no será suficiente-suspiró Rei, con algo de enfado-mejor ve a bañarte

-también será mejor que te cambies-añadió Ami con mayor tacto-hasta hace unas horas tú también tenías fiebre

-voy por algo de ropa-dijo Makoto entrando a una de las habitaciones

Los labios de Akiko se separon ligeramente, como si quisiera agregar algo pero se cerraron casi de inmediato, desistiendo; se inclinó respetuosamente y partió hacia el baño. Cuando la puerta de éste se cerró, un suspiro unánime rompió la evidente tensión. Makoto apareció pronto, con un par de prendas en la mano que colgó en la manija del baño.

-¿creen que sea momento de hablar a la casa de Usagi?-preguntó Ami- Tal vez ya ha llegado

-tal vez…después de todo, iba corriendo ¿no?-dijo Makoto, basándose en lo que Ami les había contado, puesto que ella había sido la única espectadora de la escena.

Permanecieron en silencio. La preocupación de las cuatro casi podía sentirse en el aire que se respiraba.

-creo que en un momento como este es mejor dejarla sola, para que se despeje un poco-comentó Rei de pronto, como si tratara de justificarse ante ella misma el no haber ido tras ella.

-y si aún tiene fiebre…

Unos sonidos en la puerta que se asemejaban al sonido que hace un cuerpo al golpearse contra ella, interrumpieron a Ami. Makoto la abrió algo extrañada, topándose repentinamente con el rostro exhausto de Artemis.

-por fin me han escuchado-dijo el gato albino, desplomándose de cansancio en el suelo-Es realmente difícil que no podamos entrar por otro lado más que por esta puerta…Una mujer me correteó por todo el edificio tratando se sacarme y además, no alcanzo el timbre-dijo con un leve sonrojo mientras su mirada se elevaba hasta el interruptor.

-debió ser complicado, lo siento Artemis-dijo Makoto, ahogando una risa

-¿y Luna?

El gato blanco se puso de pie, ahora su rostro era grave

-Hay algo importante que tengo que decirles-todas lo miraron con atención-Cuando llegamos al departamento de Mamoru nos topamos con la sorpresa de ver ahí a los hermanos de Akiko. Por el desorden armado creo que ya llevaban tiempo buscando.

-Actuaron con demasiada rapidez-comentó Makoto-me pregunto si dormirán

-porsupuesto que lo hacen, Akiko durmió toda la noche-intervino Mina

-¿Qué es lo que buscaban Artemis?-dijo Ami-¿algo que los llevara a Mamoru?

-así parece

-¿y encontraron algo?-preguntó Rei con un dejo de inquietud

-aún no, o por lo menos no mientras nosotros estábamos ahí, pero no cabe duda que pronto descubrirán donde vive Usagi-dijo Artemis con frustración- en realidad no es un objeto específico, de lo contrario habríamos intentado hurtarlo. Había demasiados datos de Usagi en el departamento de Mamoru; fotos, notas, incluso llamadas. Nos fuimos cuando nos percatamos de ello. Será fácil para ellos unir todos esos datos. Quizá ya lo hicieron y en este momento estén en la casa de Usagi. Luna fue precisamente a ella, para impedir que los hermanos de Akiko se encontraran con la familia de Usagi.

El timbre sonó repentinamente y Makoto se puso rojísima cuando un joven alto, de brillantes ojos negros y con una sonrisa parecida a la aurora, la deslumbró.

-¡Buenos días, Mako!

-Sotaro…bu..buenos días

Makoto a penas y parpadeó-pues cuando lo veía le era imposible alejar la vista de él.

-¡Sotaro!-los interrumpió entonces Mina con una enorme sonrisa llena de cordialidad-¡que gusto nos da verte de nuevo! ¡y nos has traído a nuestra querida gatita!

-ah, sí-dijo entregándoles con cuidado a Luna, que hasta aquel momento había escuchado la conversación en los brazos, bastante acogedores por cierto, del joven-la encontré en la calle. El lugar estaba algo lejos de aquí, así que pensé que tal vez se había perdido.

-que malo eres con los pretextos Sotaro-lo interrumpió Mina y él palideció ligeramente- cuando quieras ver a una chica será mejor que lo digas directamente

-eh…creo que tienes razón

Solo Makoto se sonrojó desmesuradamente, él parecía más nervioso que avergonzado.

-Mina-intervino en ese instante Ami

-sí, lo siento. Sotaro muchas gracias por traer a Luna – le sonrió al tiempo que jalaba a Makoto hacia el fondo de la sala -Mako te hablará más tarde ¡cuídate!

-¡Mina! ¡le cerraste la puerta en la cara!

-teníamos que acabar esa conversación rápido ¿no?, luego le pediré una disculpa, es un buen chico así que la aceptará, te lo aseguro.

Makoto aceptó la explicación a regañadientes

-por qué la prisa-dijo Artemis pero su intervención fue ignorada, todas se abalanzaron sobre Luna, que tampoco comprendía muy bien la alarma en el rostro de todas.

-¡¿todo estaba bien en la casa de Usagi?!

-pues sí, todos lograron salir -dijo algo confusa por la apremiante pregunta-. Según recordaba hoy el padre de Usagi tenía que llegar mucho más temprano a su trabajo así que salió de su casa antes de que yo llegara. Shingo se quedó a dormir con un amigo y regresará hasta medio día. El único problema era la señora Tsukino pero logré que saliera a tiempo.

-¿y los hermanos de Akiko?-preguntó Ami

-llegaron bastante rápido; apenas y logré borrar algunas pistas que pudieran guiarlos a nuestro paradero, al templo Hikawa, o a la casa de Mina y Ami. Es importante vigilar la casa y si ellos siguen ahí, impedir que la familia de Usagi se acerque.

El pánico se pintó entonces con toda claridad en el rostro de las cuatro. Los dos gatos las vieron moverse con rapidez. Rei se apresuró a usar su intercomunicador mientras Makoto voló hacia el teléfono del departamento

-espera Mako, ya tiene por lo menos diez minutos desde que ellos llegaron a la casa, no vamos a poder avisarle por ese medio-dijo Ami, que había sacado su minicomputadora

-¿avisarle?-las interrumpió Luna-no me digan que Usagi…

Ami asintió, muy seria

Luna y Artemis abrieron los ojos enormemente. Querían preguntar cómo es que algo así había pasado pero no había tiempo para esas cosas.

-¿hace cuanto tiempo que se fue?

-veinte minutos, quizá más-respondió Mina

-no contesta-espetó Rei

-solo nos queda rogar que aún no llegue-dijo Ami

-¿sucedió algo?

Akiko estaba parada en el quicio de la puerta del baño, con una toalla en la cabeza y otra rodeando su cuerpo mientras el agua escurría aún por su cuerpo. El alboroto era tanto que ni siquiera escucharon cuando la puerta del baño se abrió.

-luego te explicaremos-contestó Makoto-tenemos que irnos

-¿alguien corre peligro?-insistió, acercándose a ellas-¡por favor déjenme ayudarlas!

-¡ya has hecho lo suficiente el día de hoy!-replicó Rei, dejando callada no solo a Akiko sino también a sus demás amigas que por un segundo no se movieron de sutio-debiste haberle dicho algo terrible a Usagi para que haya salido corriendo de esa forma, así que no trates de enmendar lo que has hecho.

-entonces…¿es Usagi? ¿le ha pasado algo?

Ninguna de las cuatro chicas le contestó. Akiko pareció pasmada por un segundo y luego entró al baño, para luego salir apresuradamente con su ropa entre los brazos

-yo las acompaño-dijo, poniéndose el sweter, al tiempo que caminaba fuera del baño-si vamos en mi auto tal vez…-se detuvo, recordando que su coche debía haberse hecho añicos en la ardiente batalla de ayer; tendría suerte si encontraba la palanca de velocidades, la carátula del estéreo, o un pedazo de llanta.

Una mano la sujetó violentamente por el brazo, provocando que se le cayeran algunas prendas.

-tú no vas-dijo Makoto, sosteniéndola fuertemente

La puerta donde Usagi había dormido se abrió repentinamente, congelándolas a todas en su lugar.

-buenos días-las saludó Mamoru con amabilidad. La expresión de su rostro mudó en cuanto notó la preocupación e impaciencia de Ami, Rei, Mina, Luna y Artemis, y la tensión entre Makoto y Akiko que estaban frente a él, mirándose retadoramente.

Akiko esquivó la mirada interrogadora de Mamoru e intentó liberarse de Makoto pero debía confesar que la amiga de Usagi era increíblemente fuerte.

-¡ella está metida en esto por mi, no puedo quedarme aquí sentada!

-Usagi quería protegerte-replicó Makoto con una mirada fulminante al tiempo que apretaba más su brazo-y nosotras prometimos ayudarle, así que no podemos dejar que salgas de aquí-la liberó lentamente al notar que la expresión de Akiko cambiaba: ya no se opondría. La chica dejó caer su brazo, tocando suavemente con sus dedos la zona de piel que Makoto había apretado fuertemente, esa parte que comenzaba a tornarse de un color rojizo claro.

-¿Qué le pasó a Usagi?-susurró la voz turbada de Mamoru, a quien todas parecían haber olvidado por unos segundos-¿por qué no está aquí?

Las cuatro sailors y los dos gatos lo vieron al rostro y luego se miraron entre ellos. Akiko mantuvo la vista en su propia ropa que yacía en el suelo.

-Usagi y Akiko tuvieron una discusión-espetó Rei

-los hermanos de Akiko fueron a tu departamento, descubrieron dónde vive Usagi-explicó Mina-y ya están allá. Si Usagi llegó, inevitablemente…

-¿cuántos de ellos?-preguntó Mamoru

Makoto miró a Luna antes de contestar, ésta asintió

-todos

Akiko apretó la ropa que se había salvado de caer; estaba pálida.

-volveremos con Usagi-dijo Rei antes de que cualquiera pensara algo más. Había premura en sus palabras- Mamoru, tú también espéranos aquí, corres tanto peligro como Akiko. Luna, Artemis…

Los dos gatos asintieron, no necesitaban hablar pues la expresión de sus felinos rostros claramente decía: "cuídense"

Akiko no elevó la mirada hasta que escuchó el violento sonido de la puerta cerrándose. Con asombró vio que Mamoru se inclinaba para recoger las ropas del suelo. Él las tomó así, alborotas como estaban, y se las entregó con absoluta rapidez.

-yo…-comenzó diciendo Akiko -es cierto que yo y Usagi discutimos pero… ¡¿a dónde vas?!-se interrumpió a ella misma

- por Usagi-dijo sin que su rostro mostrara enfado- tal vez pueda correr más rápido que ellas

-pero hace un rato, tú…

-discutir solo nos quitaría más tiempo-dijo, entendiendo a lo que ella se refería mucho antes de que terminara la oración. En ese momento su voz reveló la enorme urgencia que tenía por irse.

Akiko bajo la cabeza, sin poder alegar.

-Luego habrá tiempo para contar lo que sucedió, no salgas por favor. Luna Artemis-dijo volteando a ver a los dos gatos que también parecían estar en desacuerdo con su partida- entienden que tengo que hacerlo, por favor vigílenla.

-¡Mamoru, espe…!

La puerta volvió a cerrarse con un fuerte golpe antes de que la rubia terminara la frase

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Caminó al mismo paso lento de ella por unos minutos más, entonces la miró de reojo y mostró una sonrisa de alivio casi imperceptible.

-ya ha dejado de llorar, eso es bueno-se dijo Naru Osaka para sí misma y volvió a mirar al frente

Usagi estaba ocupada terminando de devorar el último panecillo de la enorme bolsa que llevaba en las manos.

-esto…está…realmente….delicioso….-dijo entre bocado y bocado

-ya te ves más animada, pero pareces tener bastante fiebre, cuidate más, Usagi –la aludida la miró, con migajas de comida en el rostro, que tenía un leve color rojo por la fiebre. Naru le sonrió forzadamente y luego bajó la mirada-¿aún somos amigas verdad Usagi? Creo que tu reloj está sonando-agregó antes de que Usagi pudiera responderle

-debe ser la alarma-sonrió Usagi subiendo un poco la manga de su chaqueta- o las chicas-pensó para sí misma.

Por unos minutos el sonido paró pero luego volvió con más insistencia, recordándole que tenía que responder rápido o definitivamente no hacerlo. No tenía otra opción, tenía que responder. Se ocultó un poco en la nada pequeña bolsa de papel que llevaba (después de todo, a veces era bueno comer tanto), pensando en hablar lo más bajo posible. Activó el intercomunicador y en ese instante el resonante pitido fue cambiado por la voz de Mina que salió disparada con el mismo estruendo de un cohete.

-¡Usagi! ¡ya contestó!-exclamó su amiga con alegría

-¡Usagi tonta!-dijo Rei, que parecía haber hecho a un lado a Mina porque era ahora su rostro malhumorado el que se veía a través de la pequeña pantalla circular-¡¿Por qué no contestabas?!

-es que Naru y yo…-comenzó sin saber cómo decirlo

-¡¿estas bien?!-preguntó a su vez Makoto, cuyo rostro apareció de pronto. Las voces de sus demás amigas se mezclaban con la suya, entre ellas la de Mina que pedía un poco de silencio para poder escuchar.

-sí, siento preocuparlas-miró por encima de la bolsa, Naru seguía caminando a su lado. Fingía no escuchar nada, pero era un intento inútil: el escándalo era demasiado. Incluso una persona que pasaba a su lado volteó a verla y su rostro mostró extrañeza y curiosidad al ver el objeto que llevaba en la muñeca.

-¿Dónde estás?-preguntó Mina, que había logrado volver a aparecer

-en la calle, con Naru-agregó

Naru la distrajo en ese instante con una fuerte exclamación de advertencia, deteniéndola con brusquedad.

-¡¿Qué sucedió?!-exclamó Ami que había estado detrás de todas y no había podido ver ni oír nada.

-no lo sé, Naru gritó y la pantalla se borró-respondió Mina. Aún seguían fuera del edificio donde vivía Makoto, así que si la comunicación se había cortado, a causa de los hermanos de Akiko, debían apresurarse. Se alejaron unos metros del edificio cuando de pronto el rostro de Usagi volvió a aparecer en el pequeño circulo-¡¿Usagi?! ¿estás bien?

-sí, respondió la aludida, fue sólo un auto-sonrió a través del intercomunicador-no me estaba fijando en los carros que pasaban. De verdad estoy bien, más tarde iré con ustedes, no se preocupen más.

La comunicación se cortó nuevamente, esta vez sabían que Usagi deliberadamente lo había hecho.

-¿Qué vamos a hacer ahora?

-Usagi aún no sabe que no debe ir a su casa

-entonces debemos apresurarnos y llegar antes que ella, si es que se dirige allá

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Akiko se percató de la ropa que le había dejado Makoto, se la puso con total rapidez y esperó.

El único sonido que había en la habitación era producido por las manecillas del reloj que ella veía de vez en cuando, notando que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que sentía. Habían pasado escasos siete minutos desde que Mamoru había salido por esa puerta en busca de Usagi. ¿y si algo le sucedía a Mamoru, y si sus hermanos atrapaban a Usagi? La atroz imagen que apreció en su mente le hizo decidirse completamente y dirigirse hacia la puerta. Uno de los gatos se abalanzó sobre ella y el otro le bloqueó el paso, pero no tenía tiempo; se quitó al primero, no sin ciertos rasguños de por medio, y apartó al otro con una delicadeza menor a la que buscaba imprimir.

Corrió por el pasillo maldiciendo el hecho de no poder usar sus poderes ni siquiera para salir de aquel edificio. Desesperada, apretó el botón del elevador, que tardó demasiado en aparecer. Las puertas se abrieron también con excesiva lentitud mientras que daba un paso adelante para entrar, sin embargo, elevador no estaba vacío. Tres personas ocupaban el reducido lugar, una recargada en la esquina, a la que no podía ver ya que las otras dos figuras, ambas mujeres jóvenes, le rodeaban, dándole la espalda a ella.

Una de las mujeres volteó a verla

- este hombre necesita ayuda -dijo con voz asustada y apremiante- entre nosotras no podemos sacarlo ¿podría ayudarnos?

Akiko miró a la chica y luego hacia las otras dos personas. Grande fue su sorpresa al ver con claridad el rostro de la tercera persona, pálida y semidesmayada, con un claro signo de sufrimiento físico.

-no, estoy bien-intervino él, con voz apenas audible-sólo necesito…

Había dado un paso adelante, a punto de caer. Al parecer ni siquiera podía ver con claridad porque no la había reconocido. Las tres lo sostuvieron al mismo tiempo antes de que cayera.

-¿Qué te ha pasado?-exclamó Akiko asustada, mientras que buscaba la respuesta en el rostro de las dos jóvenes

- cuando nosotras subimos al elevador en la planta baja, él ya estaba dentro-explicó una- Creímos que iba hacia arriba, igual que nosotras así que al principio no nos preocupamos pero conforme subíamos notamos que respiraba con cierta agitación así que antes de bajar, le preguntamos si se sentía bien y al mirarlo notamos que estaba enfermo o algo así, tratamos de ayudarlo a salir pero no pudimos y la puerta se cerró, abriéndose aquí, nuevamente. ¿Usted lo conoce?

-sí, por supuesto-dijo sosteniéndolo entre sus brazos-yo soy médico-mintió-ayúdenme por favor a llevarlo a mi apartamento.

-¿Akiko?-preguntó él mientras las tres lo sacaban del elevador

-sí, soy yo-dijo muy bajo, con cariño, al tiempo que veía con gran interés a los dos gatos con la luna creciente en la frente que permanecían en el pasillo, mirándolos.

Por suerte la puerta del apartamento se había quedado abierta así que no hubo obstáculo que les impidiera llegar a la sala. Lo recostaron en el sillón.

Mamoru abrió los ojos y al comprender que se encontraba nuevamente en el apartamento de Makoto intentó incorporarse.

-no-dijo Akiko, deteniéndolo de inmediato-perdona Usagi, pero pase lo que pase no puedo dejar que vaya tras de ti. Sé que si estuvieras viendo lo que yo, entenderías-pensó mientras lo miraba fija y amorosamente.

-ya está pasando-se incorporó Mamoru sentándose trabajosamente, aunque ella intentó evitarlo-las chicas que me ayudaron…

-se fueron ya-dijo abrazándolo por la espalda súbitamente-Puesto que haces lo posible por encubrir tu identidad pensé que sería lo más correcto traerte aquí para ocultar tus heridas momentáneamente-continuó con la explicación- Estaba segura de que los ataques de mis hermanos habían sido la causa. Pensé en cortaduras, quemaduras, pero no en esto…Esas heridas son diferentes a todo lo que he visto y también… son mortales-dijo con cierta duda- vi cómo se expandían por tu pecho…¿estas… muriendo?

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-tus amigas sonaban preocupadas-dijo Naru súbitamente

-sí-asintió, pensativa

Caminaron en silencio por un rato más. El intercomunicador sonó continuamente pero Usagi hizo caso omiso, aunque su rostro revelaba que estaba nerviosa.

- antes solíamos hacer este tipo de cosas juntas -dijo Naru con cierta tristeza-ir de compras por ejemplo, o platicar mientras volvíamos de la escuela; pero poco a poco nos hemos ido alejando, cada quien ha seguido un camino distinto. Yo me acerqué mucho a Gurio-dijo con un leve rosa en sus mejillas-y tú has hecho muchas amigas: Rei, Mina, Makoto y Ami; son tan unidas que a veces siento como si hubieran nacido para ser hermanas…Y, también has conocido a Mamoru-Usagi apretó la bolsa que aún llevaba entre sus manos-eso es bastante normal, las cosas no se pueden quedar como antes, pero, no me agrada pensar que parte de ese cambio implica perder la amistad que teníamos. Desde hace tiempo te he visto decaída, una y otra vez; y no he podido hacer nada para levantarte el ánimo… como hoy. No sé realmente si he sido una buena amiga para ti.

-lo eres-replicó Usagi con seguridad, tomándola de las manos-además no puedes decir que no has podido ayudarme. Hoy gracias a ti me he sentido mucho mejor, y no sólo eso, antes también me has hecho recuperar las fuerzas. Siempre tratas de hacerme sentir mejor aunque no sepas la causa. Eres una gran amiga.

Naru le sonrió con una sonrisa sincera y fresca al tiempo que Usagi se preguntaba porqué su vida siempre tenía que tomar tintes extraños, pues si algo le había impedido pasar más tiempo con Naru-como antes lo hacía- y a la vez le impedía contarle ciertos asuntos, eso era su otra personalidad, Sailor Moon; las responsabilidades de ésta y todo el mundo de personajes extravagantes y poderosos que venían con ella. Ni siquiera en ese momento, que los conflictos que enfrentaban no tenían que ver precisamente con el temor de una destrucción del planeta o cosas por el estilo, le era imposible contarle a Naru lo que le sucedía. ¿Cómo contarle que no podía volver con su novio porque la antigua novia de él había aparecido de la nada diciendo que se había alejado de él para salvarlo de los poderes sobrenaturales de ella y de sus hermanos?

-Usagi, ¿me llamarás de vez en cuando? -le preguntó Naru, interrumpiendo sus meditaciones. Al mirar al frente Usagi se dio cuenta de lo increíblemente rápido que habían caminado, ya estaban muy cerca de su casa-asistiremos a distintas escuelas a partir de ahora pero prométeme que si necesitas ayuda…

- pasaré por la joyería todos los días de regreso a clases, así que te veré muy seguido-dijo con seguridad y con una sonrisa- No te olvidaré.

-Gurio también quisiera verte más seguido; tal vez algún día podamos salir como antes, quizá ir a tiendas nuevas y comprar en las rebajas-rió suavemente al igual que Usagi-aunque Gurio seguirá haciendo cosas extrañas, si eso no te importa…

Usagi negó con la cabeza, sin dudarlo siquiera

-sé muy feliz con él

-sí-volvió a sonrojarse

El intercomunicador de Usagi sonó

-será mejor que les contestes-dijo Naru- no creo que insistan tanto por nada

Esta vez, Usagi estuvo de a cuerdo

- Usagi, es importante que te quedes donde estás-dijo Makoto en cuanto estableció comunicación

-¿de qué hablan?

-nosotros vamos hacia tu casa, ahí están…

No escuchó más a Makoto. Su mirada se había topado con una figura alta y gallarda, de cabello largo, negro y reluciente que salía de una de las casas; un hombre de gabardina negra que sacó la mano de su bolsillo con total tranquilidad, en ella llevaba un objeto oscuro que distinguió como unos lentes de sol hasta que éste se los puso, bloqueando el brillo de sus ojos azules. Un frío atroz había recorrido el cuerpo de Usagi de pies a cabeza, congelándolo por completo. Y su corazón ya latía desbocado cuando, de pronto, el primer sujeto fue alcanzado por una segunda figura masculina, de cabello corto y alborotado. Sus ojos amarillos, que le sería imposible olvidar, relucieron con el sol matutino.

-¿Usagi, me escuchas?-decía la voz angustiada de Makoto.

Con un movimiento casi mecánico apagó el intercomunicador antes de que un nuevo sonido saliera de él y volvió a dirigir su mirada hacia los dos sujetos.

Para su momentáneo alivio, no parecían haber notado aún que ella estaba ahí. En ese momento, detrás de ellos salían otras tres personas más, desconocidos para ella, pero que ya imaginaba quienes podrían ser. Sus rostros indiferentes se pintaron para Usagi tan fríos y crueles como los de los otros dos. En total eran cinco contra uno y eso casi reducía la posibilidad de sobrevivir a cero. Pero el miedo que hasta ese momento había sentido no fue nada en comparación al terror que la embargó cuando se percató de que la casa de donde salían era nada menos que la suya. Mil y un pensamientos terribles cruzaron por su mente…su padre, su madre, Shingo.

Cru se detuvo en medio de la calle y con él, las otras cuatro personas. Con la naturalidad de un individuo cualquiera, volvió a meter las manos en los bolsillos y miró la casa por fuera. Usagi podía escuchar los latidos de su propio corazón, resonando hasta en la parte más ínfima de su cuerpo y a la vez su cuerpo paralizado por el pánico. ¿Qué iba a hacer?

Estaba tan angustiada por su familia, por su amiga que estaba a su lado y por sí misma que sus ideas no parecían transitar con coherencia. Cualquier sonido que ella hiciera podría llamar la atención de aquellas personas que estaban a tan solo unos metros. Entonces la mirarían fijamente, los ojos amarillos del segundo hombre brillarían con avidez al reconocerla y medio minuto después ya los tendría sobre ella, como una manada de leones que se agazapan con una escalofriante rapidez sobre su presa indefensa. Quizá moriría mucho antes de pensar en ello. ¿Y Naru? ¿Ella también moriría? Sí, porque sería testigo de todo. Se estremeció ante la idea. ¿Por qué su amiga siempre tenía que terminar implicada en asuntos como ese?

-¿sucede algo?-le preguntó Naru en ese momento y su cuerpo engarrotado pareció recobrar toda su fuerza, pidiéndole a gritos que saliera corriendo. Pero no había escapatoria. La voz de Naru había sonado con más claridad de la deseada en aquella calle casi vacía y silenciosa.

Naru, que desconocía el peligro en el que se encontraban, volvió a hacerle la pregunta. No pudo ver su expresión- que seguramente revelaba inquietud- ya que sus ojos miraban sólo al grupo estacionado frente a su casa, veían con ojos desorbitados a uno de ellos que movido por la curiosidad había volteado hacia ellas, en un movimiento que le pareció excesivamente lento.

Pensó que estaban perdidas pero…

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-así parece-respondió Mamoru con sinceridad y los dos se mantuvieron en silencio

-¿Cuántos días te quedan?-volvió a preguntar la chica, aferrándose con fuerza a su espalda

-no lo sé con certeza, jamás había visto algo así, ni cualquier médico o libro de medina puede aportar algo; pero por su avance, calculo sólo unos cuantos días más-dijo tomando sutilmente a la chica de las muñecas y desatándose de su abrazo-ahora debo irme, tengo que ayudarla.

-¿Por qué no me lo dijiste antes?-alegó

-esto ya no tiene porqué importarte-respondió secamente, levantándose

-ya veo-dijo, decaída- después de todo, sí me odias más de lo que me quieres. -y luego agregó, poniéndose de pie-Iré a buscar a mis hermanos, ellos tendrán que decirme qué te han hecho y cómo puedo salvarte

Mamoru se giró y la tomó por la muñeca, antes de que diera un solo paso

-no fueron tus hermanos

-¿entonces quien?-preguntó, confundida

-sería bueno saberlo

Los ojos de Akiko, inquietos, parecieron temblar

-no voy a dejarte morir-dijo sin duda alguna- no importa que tenga que aliarme con mis hermanos para encontrar a la persona que causó esto…

-no digas eso. Lo mejor sería que regresaras a Italia, ahí estarás más segura y…

-y estaré lejos de ti-dijo, tomándolo de la mano y abrochando con la otra la camisa de él, que momentos antes ella misma había abierto para examinarlo-no te voy a dejar por segunda vez y menos cuando tú más me necesitas

-en esta ocasión yo estaré de a cuerdo

Akiko entristeció tanto que Mamoru repensó sus palabras

-te equivocas al pensar que lo que te digo es por odio-dijo

La chica lo miró, asombrada

- cuando me encontré contigo y Usagi en el parque tú sonabas molesto, dolido, por eso lo primero que pensé…

- después de que te fuiste hubo un punto en el que llegué a detestarte-confesó- pero con el tiempo logré enterrar mi rencor hacia ti. Sin embargo, aquel día… tu llegada fue tan sorpresiva que de pronto no supe que hacer o como reaccionar. Tantas emociones aparecieron juntas, tantos recuerdos tuyos-notó tristeza en la expresión pensativa de la chica, así que agregó-Por eso es que ahora, si te pido que regreses no es porque te deteste tanto que no quiera verte más, sino porque te quiero tanto que deseo tu felicidad.

Mamoru dio unos pasos hacia la puerta pero ella lo detuvo, interrogándolo de nuevo

- entonces si no es por odio, ¿por qué me has rechazado todos estos días, por qué has impedido que te hable? ¿no era más fácil escucharme y luego pedirme que me fuera?

Mamoru contempló el brillo esmeralda de sus ojos sinceros. Ella ya había descubierto todo, no tenía caso seguir encubriendo las cosas pero…

-tengo que irme, ya he perdido demasiado tiempo

-las amigas de Usagi hablaron mientras estabas fuera-lo interrumpió Akiko, mintiendo por segunda vez en el día-ella está bien, la encontraron a solo unos pasos de este edificio, pero ella… no quiere regresar-dijo con voz más baja. Vio claramente cómo el rostro aún pálido de Mamoru entristecía-Ahora responde mi pregunta por favor.

Por un segundo Mamoru la había mirado suspicazmente, pero la expresión firme de la joven no parecía dejar duda alguna de que estaba diciendo la verdad.

-El día en que nos encontramos en el parque apareció también un nuevo enemigo-comenzó a decir Mamoru-tuvimos un enfrentamiento con él y yo salí herido. Me di cuenta de ese hecho horas después, precisamente mientras estaba contigo. Sentí un fuerte dolor en el hombro casi irresistible y traté de ocultártelo por todos los medios. Porque si había alguien a quien tenía que esconderle esto a toda costa, era a ti. Sabía que si te enterabas, no querrías alejarte más de mí.

-Ese día, justo en el momento en que pensé que finalmente me escucharías, cambiaste de actitud, te portaste frío y duro conmigo y luego me corriste ¿fue por eso entonces?-Mamoru asintió levemente – ¿Fue lo mismo al siguiente día, cuando fui a verte?

-la causa fue la misma-respondió-las heridas se expanden sin aviso alguno, y el dolor puede durar minutos como ahora, u horas. Si no quería angustiar a nadie, lo mejor era no salir ni permitir que nadie me viera hasta que pudiera encontrar la solución. Aunque no imaginé que las lesiones avanzarían de esta manera-dijo, ensimismado

-entonces las heridas que vi en tu pecho ese día y estas son las mismas-reflexionó Akiko- esa vez dije que eran heridas superficiales porque así lo parecían…Ahora que ya lo sé, temes que no me separe más de ti…¿por qué?

- porque nuestras vidas se separaron hace mucho tiempo-explicó, mirándola a los ojos- Me alegró saber que habías logrado conseguir tu sueño y hacer una vida en Italia. Lo mejor es que continúes con esa vida y te olvides de mí.

-¿crees que me sentí feliz con nuestra separación? ¿crees en verdad que vivo con plenitud?

-no, lo sé. No tengo idea de en que momento, pero te arrepentiste de haberme dejado. Por eso estas ahora aquí. Lo que no es justo es que digas que jamás dejaste de amarme.

-¿sigues creyendo lo que decía mi carta, eh? Todo lo que escribí en ella era mentira-dijo firmemente- Aunque tienes razón en una cosa: estoy arrepentida; pero no de la forma que tú crees. Si me fui no fue porque ya no te amara, yo quería protegerte.

Los recuerdos revolotearon de pronto en la mente de Mamoru. Rememoró todo lo sucedido antes de que ella se marchara, los sucesos, las frases que intercambiaron, su rostro continuamente meditabundo y triste. Aunque todas esas expresiones se justificaban perfectamente con el dolor de la pérdida de su tutor, él…

Su rostro cambió, como iluminado por un rayo de comprensión.

-¿temías que yo muriera a causa tuya?-espetó con cierta duda luego de un largo silencio

-¿lo suponías ya?-preguntó. Su expresión mostraba que él estaba en lo correcto

-fue la más grande teoría que formulé y a la que me aferré luego de que te fuiste, pero al final la terminé desechando, como a todas las demás. Me convencí a mi mismo de que las palabras escritas en la carta eran sinceras, y te detesté. Creo que lo hice porque esa era la única forma de resignarme a tu pérdida, de dejar de buscarte y de seguir viviendo.

-comprendo-dijo, triste

-aunque ese no fue el primer momento en el que pensé en ello-agregó- cada vez que lográbamos escapar de tus hermanos te ponías triste. Siempre temí que dudaras de estar haciendo lo correcto y pensaras que yo estaría mejor sin ti, alejándote para siempre. Creí que ya no tendría que temer más, cuando logramos evadir por ultima vez a tus hermanos, entonces, nuestra escuela se derrumbó por ese extraño temblor y mi terror a perderte volvió.

-entonces siempre supiste que fui yo la que causó ese temblor

-no del todo, aunque estaba casi seguro. Y como siempre sucedía tú preferiste callar y yo también lo hice, guardando mi temor como lo había hecho tantas veces antes. Poco después de ese hecho tú te marchaste sin darme la posibilidad de intentar detenerte, haciendo realidad ese temor -explicó Mamoru, mientras ella descubría que él siempre había sabido más de ella de lo que demostraba.

-todo fue mi culpa -dijo Akiko que pareció de pronto absorbida por su propio dolor- Él murió a causa mía y tú también estuviste a punto de morir. Si yo me hubiera alejado de sus vidas antes, ese temblor no hubiera ocurrido y… -sus ojos se llenaron de lágrimas –Nunca tuve el valor de hablarte sobre la descomunal culpa que me embargaba, me sentía tan sucia…-agregó crispando los puños y luego tratando de controlar sus emociones, prosiguió-Ya es tarde para obtener el perdón de él, pero tú, ¿podrás perdonarme?

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-¡que aburrido!-exclamó Sotaro mirando el televisor, al darse cuenta de que ya había pasado por el mismo canal más de dos veces-¡qué fastidio!

Apagó la TV y dejó caer el control sobre el mullido sillón, mientras el se dirigía a la ventana. Miró la ajetreada ciudad, tan llena de edificios que apenas y se podía ver el cielo... el cielo azul, sin una sola nube en él. Suspiró al recordar aquella plática que había tenido con Makoto un día después de conocerse…

-entonces estás estudiando-comentó Makoto después de que él le contara gran parte de su vida. No le agradaba hacerlo pero era parte de su "otro trabajo", si ella le contaba su vida era lógico que él tuviera que hacer lo mismo

-sí, me convertiré en un abogado-dijo fríamente

-no lo dices con mucho entusiasmo

-tal vez es porque no lo tengo-murmuró con gran tranquilidad, acomodándose en la banca que compartía con ella

-No comprendo por qué estudias algo que no te gusta ¿eso te hace feliz?

-no, pero hay que poner los pies sobre la tierra-murmuró con nostalgia

- a veces es bueno despegar tus pies del suelo…- dijo ella con una cálida sonrisa- debes tener confianza, sólo así podrás cumplir ese sueño que crees irrealizable…-afirmó con seguridad-siento ser tan entrometida-agregó con el rubor apareciendo en sus mejillas.

-está bien, ese es un signo de que nos tenemos más confianza-le sonrió y el rojo aumentó en el rostro de Makoto

-¿puedo saber a qué te quieres dedicar verdaderamente?-le preguntó ella con timidez

Él levantó la cabeza y al dejó caer sobre la orilla del respaldo, mirando las blancas nubes que flotaban sobre el cielo azul

-Volar

Makoto lo miró con asombro, mas el brillo que vio en los ojos azabaches de él la hizo comprender que no estaba bromeando

-el cielo es mi meta… me encantaría poder volar y sentir cómo la brisa toca mis mejillas mientras surco las nubes. Es lo que me gustaría hacer el resto de mi vida-volteó a verla volviendo a la realidad- debes pensar que estoy loco

-No, no es así-negó firmemente, aún con un leve rojo coloreando sus mejillas

-sé que es difícil lograr algo así. Por eso lo he pensado muy bien y si no puedo sentir la brisa, por lo menos quiero viajar entre las nubes, por eso quiero ser piloto de aviones. Es un sueño tonto, lo sé, es como cuando una niña sueña con ser princesa-sonrió

-creo que si te aferras a tu sueño podrás cumplirlo, creo en ti -dijo con firmeza mientras miraba el cielo

-eres una gran chica Makoto-le sonrió y algo se encendió en su interior al ver nuevamente que las mejillas de la chica se pintaban de rojo.

-¡hey, basta ya de soñar despierto!-exclamó una voz que lo regresó al presente. Era Yoshiki, que lo miraba con bastante enfado-tú estas aquí sonriendo como bobo mientras piensas en no sé que perversiones, en tanto que nosotros nos ocupamos de vigilar al príncipe.

-¡¿ocurrió algo nuevo?!

-no, todo sigue igual-contestó Unkei, que en realidad era el único que miraba a través de la ventana, observando de vez en vez el apartamento de Makoto y la calle.

-ni el príncipe, ni esa chica desconocida, ni siquiera esos dos gatos se van a mover, no tiene caso seguir aquí-refunfuñó Yoshiki

-el señor Threx dio la orden de vigilarlos, no debe importarnos si saldrán o no, sino seguir la orden que se nos ha dado-dijo Unkei, sin voltear a verlos

-¿entonces si los dos gatos vuelven a salir, uno de nosotros tiene que ir nuevamente tras ellos como lo hizo Sotaro, aunque sea sólo perdida de tiempo?-preguntó como si fuera obvio que aquello era realmente estúpido

-sí-afirmó Unkei rotundamente- uno de nosotros irá, al igual que Seiho fue tras las cuatro senshis cuando éstas salieron a toda prisa del edificio.

-además, hoy hemos confirmado que esos dos gatos no son comunes, y que seguirlos puede ayudarnos en mucho-añadió Sotaro

-yo sigo pensando que fue mera casualidad-insistió Yoshiki

-lo dices porque no escuchaste cuando lo conté-dijo Sotaro- Pero no es una casualidad que esos gatos hayan ido a un departamento, salieran de él corriendo, se separan y uno de ellos fuera a toda prisa a la casa de la princesa Serenity, donde después llegaron los dos hombres a los que nos enfrentamos ayer. No te quejes Yoshiki-continuó con una sonrisa-yo sé que te gustará seguir a los dos gatos. Fue bastante placentero para mí ayudar a esa gatita a llegar aquí más rápido. Si quieres puedo prestarte mi motocicleta, por si necesitas auxiliarlos como yo lo hice.

Yoshiki dijo unas palabras más entre dientes que sonaron como una queja, Sotario sonrió con diversión y luego se quedaron callados, volviéndose a concentrar en su misión actual.

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Fue sorpresivo y claramente desconcertante.

En un primer segundo Usagi miraba con pánico cómo el rostro de uno de los hermanos de Akiko giraba lentamente en su dirección y al siguiente, antes de que aquellos ojos que la mirarían de frente por primera vez, se posaran sobre ella y la reconocieran, lo único que miró fue un fondo gris.

-querida, siento haber tardado tanto-dijo dulcemente el sujeto de gabardina gris que la estrechaba fuertemente entre sus brazos-¿no estas enfadada, cierto?

-creo que…-alcanzó a decir Usagi que pasmada, apenas y podía articular las palabras. Estaba segura de que él se estaba equivocando de persona.

-lo sabía-dijo él, mientras Naru los miraba, tan aturdida como Usagi

La voz de aquel hombre había sido tan alta que había logrado captar la atención de todos los hermanos de Akiko, que en esos instantes miraban la escena, algunos con indiferencia, otros con curiosidad y otros más con repugnancia.

Usagi intentó zafarse de sus brazos y decirle que aquello era un error pero él la tenía fuertemente apretada contra su pecho.

-perdona por lo que voz a hacer-murmuró él y sin soltarla, con un movimiento febril y veloz la llevó hasta la pared, donde la acorraló pasionalmente.

Esta vez el rostro de él estaba realmente cerca del suyo, unos centímetros era decir mucho; se inclinaba como si fuera a besarla y de hecho los labios de él estaban tan cerca de los suyos que cualquier pequeño movimiento haría que se dieran un beso. Definitivamente lo hubiera alejado de inmediato si su sorpresa no hubiera sido tan grande. Reconocía indudablemente la expresión amigable y los ojos verdes y relucientes como la hierba bañada por el rocío de aquel chico.

-¡Kazu..!

-¡shhh!-dijo él, muy bajo, con una sonrisa tranquila y cautivadora adornando su rostro-o nos descubrían. Además, sabes bien, Usa, que para ti soy Threx.

En ese instante, aprovechando que ella estaba pasmada, tomó su mano con absoluta rapidez y la llevó hasta su boca de tal forma que la palma cubrió sus labios. Creyó que él lo hacía para impedir que hablara-aunque callarla con su propia mano no parecía muy coherente-hasta que súbitamente el espacio milimétrico entre los dos desapareció y sintió los labios de él, besándola. Se sonrojó y sintió el repentino impulso de alejarlo violentamente. Aunque él estuviera solo besando su mano, el contacto era tan perturbador y sus labios estaban tan cerca de los suyos que la sensación de estarse besando directamente era muy real

-¡que fastidio!-dijo en ese momento una voz femenina

-¿Qué sucede Tetis, no te agradan las escenas románticas?-agregó una voz burlona

-me molesta que todos los observen, tenemos cosas más importantes que hacer que mirar a una pareja de enamorados besándose

Usagi se puso roja ante aquella frase. Seguramente desde la perspectiva de todos los demás ellos estaban… y es que en realidad, de alguna forma por demás extravagante él la estaba besando.

-¿hice que te asustaras?-le dijo Threx retirándose ligeramente y de nuevo tan bajo que ella era la única que lograba escucharlo- no te preocupes, hasta que tú lo desees así, mis labios no besarán más que tu mano.

El rojo aumentó en sus mejillas y le pareció sentir que los labios de él se ampliaban en una sonrisa. Nuevamente la posición en la que se encontraba él, le impedía ver a los hermanos de Akiko y por lo visto ellos tampoco podían verla o por lo menos no su rostro.

-desde que llegamos dije que sólo perdíamos el tiempo en esa casa-intervino una voz masculina desconocida para ella-¡ella no está aquí!

-¿en serio? No nos habíamos dado cuenta Jápeto- ironizó la voz femenina

-estamos aquí porque esperamos que ella o alguno de sus familiares aparezca-dijo Cru-dudo que se nos hayan adelantado y hayan huido. No había ningún signo en la casa que lo evidenciara.

-No deben hacerle caso a Jápeto, está enfadado por no haber peleado en la batalla de ayer-dijo la hermana de Akiko con un tono que hacía suponer que estaba sonriendo

- no fue justo que Hiperión se haya enfrentado a Sailor Moon, yo dije que ella sería mía

-ni siquiera la conoces-replicó la mujer

-Ella es la poseedora del cristal plateado, por eso quiero enfrentarme a ella, además las personas con poderes son mi especialidad

-Hiperión y tú son iguales, disfrutan torturando a sus víctimas, la única diferencia es que él disfruta torturar chicas indefensas y tú chicas poderosas. La verdad me parece bastante absurdo.

Usagi pensó en Naru, preguntándose si, ahora que había escuchado todo aquello, estaría congelada en su sitio, como ella lo había estado momento antes. Quería deshacerse de los brazos de Threx y correr hacia ella…

-no te muevas-le murmuró el chico, leyendo su preocupación en el rostro-si te ven todo terminará

-¡una mujer jamás lo comprenderá!-replicó el hombre llamado Jápeto, que seguía discutiendo con la mujer

-¡patrañas! Lo importante es acabar con ellos no importa la forma-dijo ella calmadamente

-¿no importa la forma? ¡con esa frase le quitas toda la emoción!

-esto no está bien-susurró Threx cuyos labios ahora fingían besar su mejilla y bajar muy lentamente por su cuello. Usagi vislumbró por primera vez un signo de preocupación en su rostro

El tenía razón. Los hermanos de Akiko estaban revelando lo más oscuro de ellos como si no hubiera nadie más ahí ¿en que pensaban? ¿no temían que ellos pudieran decir algo? Sintió nuevamente el frío recorriendo su cuerpo. Por supuesto, no temían; porque pensaban matarlos.

En ese instante el viento que entraba por la ventana abierta del apartamento de Makoto sopló con repentina fuerza y alborotó el largo cabello de Akiko. Ella lo separó de su rostro para poder mirar con claridad la expresión de Mamoru.

-No tiene caso que te diga que te perdono…-dijo él con rostro serio- si tú aún no te perdonas a ti misma

Akiko levantó la vista que había caído hasta el suelo ante aquellas palabras, y luego sus ojos se entornaron, compungidos y brillantes por las lágrimas.

-todo este tiempo me has pedido que te escuche-continuó Mamoru- todo indicaba que querías restaurar nuestra relación

-¡así es!

-pero a la vez no lo quieres- Akiko bajó la cabeza- Crees que no es justo que obtengas la felicidad luego de haber sido la culpable de ese temblor. Aún te sientes sucia.

-tienes razón-dijo con pesar-he enfrentado una lucha constante desde que causé la muerte de alguien amado. Pero después de tantos años lejos de ti, todos estos sentimientos reprimidos superaron por un milímetro a mi culpa…-entonces mostró una pequeña sonrisa-ese milímetro fue el detonante más potente que he conocido. Lo suficiente como para traerme hasta aquí y para insistir todos estos días aunque tu no quisieras escuchar.

-todo este tiempo has estado dudando-reflexionó, bastante pensativo

- la culpa es poderosa-sonrió con tristeza-pero con sólo escuchar tu nombre, sé que estoy haciendo lo mejor. Más de una vez me he dicho que es una especie de excusa, pero cada vez dudo menos de que sea así: esto lo hago principalmente por ti-tomó su mano y sonrió ante su calidez-quiero tu felicidad y si la obtienes a mi lado…

-No puedes seguir aforrándote a esa idea -dijo severo- si quieres hacerme feliz, entonces es necesario que aprendas a amarte más a ti misma –Akiko esquivó su mirada- todo este tiempo te has torturado con esa culpa. Desde que te fuiste de Japón ¿Cuántas veces has sonreído con verdadera alegría? Escucha-dijo con las manos en las mejillas de la chica-no puedes seguir arrastrando ese peso, no eres culpable de nada, al contrario. Nuestro tutor y yo elegimos estar a tu lado, sin importar que peligros se presentasen. Jamás podría culparte por lo que pasó y él, ¿crees que se sentiría bien al saber que no puedes ser feliz porque su muerte te lo impide?

Los ojos de Akiko se expandieron y así, con los ojos bien abiertos y el verde de sus iris reluciendo bajo un brillo de luz, Mamoru sintió que estaba nuevamente frente a esa niña asustada que había conocido una tarde en un hospital, esa niña que se había convertido en su mundo y que ahora…

-lo que él querría es que siguieras luchando con una gran sonrisa en el rostro-dijo aterrizando sus ideas.

Akiko se soltó a llorar, como no recordaba haberlo hecho en toda su vida.

-él estaría muy enfadado conmigo por haber actuado así-sollozó recordando con amor a su tutor

-sí, especialmente si sigues llorando-afirmó, retirando con dulzura sus manos que había llevado al rostro y limpiando las lágrimas con un pañuelo- él quería que fueras feliz, ¿puedes intentarlo?

-voy a tratar-dijo entre sollozo y sollozo

-hazlo con verdadero entusiasmo, ya te has hecho sufrir demasiado todos estoy años

Akiko asintió y sus labios se curvaron tímidamente en una sonrisa, que se amplió cuando rodeó con sus brazos a Mamoru y éste respondió acariciando su cabeza tiernamente. Los sollozos ahogaron su voz y los dos esperaron hasta que ella para de llorar. Luego de unos minutos Akiko comenzó a calmarse, levantó el rostro, preguntándose si él sonreía deseaba ver de nuevo esa sonrisa que desde hace mucho atrás no le dedicaba. En cuando él se percató de que lo contemplaba, le devolvió la mirada dulcemente.

-en esto tampoco has cambiado, sigues siendo directo al decir las verdades -dijo cerrando los ojos, tratando de no llorar más- aunque no he sabido de una sola vez que no estuvieras en lo cierto.

"No puedo decir que mi infelicidad de estos últimos años se debió a que no hubo nadie en Italia que no quisieran buscar mi compañía y ayudarme. Al principio, muchas manos se levantaron para apoyarme, pero yo tenía miedo de hacerles daño, mis poderes eran demasiado inestables. Al final, me convertí en alguien que esquivaba todo contacto social y poco a poco, las manos fueron bajando, una por una, cansadas de mantenerse extendidas; hasta que no quedó una sola. ¿Quién en sus cinco sentidos se acercaría a alguien tan huraña como lo era yo? Cuando me lo preguntaba solo aparecía un nombre: el tuyo. Sabía que tú nunca habrías retirado tu mano, aún cuando yo la rechazara"

- eso es mentira, yo te abandoné

-no. Me has rechazado durante días y años, pero entiendo porqué. Te lastimé profundamente. Sin embargo sé que si yo hubiera aparecido en tu vida cualquier día de cualquier año, como aparecí hace poco, tú me habrías apoyado y protegido como lo hiciste ayer. Si tu me pides que me vaya y noto que lo quieres de todo corazón ¿cómo podría negarme? –dijo con una voz a penas audible- pero si he insistido tanto hasta ahora es porque he estado segura de que para ti yo no soy un estorbo, de que me quieres a tu lado. Estaba en lo cierto.

-diciendo todo eso haces que sea yo el que me deteste a mi mismo

-¿detestarte, por qué?-preguntó dejando la comodidad de su pecho y levantando la mirada para verlo

- hay muchas razones. Yo habría podido evitarte todos esos años de martirio. En aquel tiempo yo tenía muchas inseguridades, pero si de algo estaba seguro era de que pasara lo que pasara jamás te dejaría. Debí habértelo dicho cada una de las veces en las que percibí que dudabas, entonces habría podido impedir que te marcharas.

-aunque me lo hubieras dicho yo no habría cambiado de opinión

La tristeza cruzó repentinamente el rostro de Mamoru

- Te aseguro que en el momento en que leí tu carta sentí un profundo dolor-comentó-eras lo más preciado para mí.

-y tú también lo eras para mí; no-corrigió elevando una mano para acariciar el rostro del chico- lo eres aún. Por eso tenía que asegurarme de que no corrieras peligro, y si tenía que renunciar a ti y con ello morir en vida para lograrlo, lo haría.

- te sacrificaste para que yo pudiera vivir-dijo él, meditabundo-por el contrario, yo habría sacrificado todo, incluso mi vida para que tú no te fueras.

-Sé que a ti no te importaba morir por mí, pero a mi sí. No sabes cuantas noches desperté llorando con esas continuas pesadillas en las que mis poderes acababan con todo a mi alrededor sin que pudiera evitarlo, destruyendo lo que amaba… destruyéndote a ti. Ahora ya no pienso que el alejarme de ti sea la mejor forma de solucionar las cosas. Ahora sé que puedo estar a tu lado sin hacerte daño. Me he fortalecido y he logrado manejar mis poderes, es lo único bueno que obtuve de haber permanecido tanto tiempo lejos de ti. No soy lo suficientemente temeraria como para enfrentarme a mis hermanos pero podemos buscar la felicidad en otro lado. En nuevas tierras nos recuperaremos de todo. Y lo sé porque estando de esta forma-murmuró aferrando aún más sus manos a la espalda de él – me siento capaz de superarlo todo…

Ya que él se mantuvo en silencio, volteó a verlo y notó inseguridad en sus ojos y en sus brazos que no se habían permitido corresponder el abrazo con el mismo ímpetu.

-¿aún estás molesto?

-no es eso-negó, esquivando su mirada-comprendo que todo lo que hiciste fue porque me amas demasiado. Eso es lo que duele.

Akiko lo miró algo desconcertada y luego dijo, como si hubiera comprendido el punto:

- lo que sientes es normal. Por mi partida sufriste mucho, quizá tu corazón jamás volverá a ser el mismo. Sin embargo, no debes dudar ni temer a este sentimiento, prometo que ya no volveré a herirte de esa forma; porque ya no pienso separarme de ti.

-no deberías amarme tan intensamente- contestó, deteniendo la mano de la chica que recorría amorosamente su mejilla- no lo merezco

Akiko lo miró con algo de confusión.

-¿de que hablas? –sonrió levemente-Mamoru, eres el chico más fantástico que he conocido en toda mi vida. El no agregó nada y ella comprendió que no seguía del todo convencido.-si de verdad crees no merecerme, entonces tendrás que hacer algo para hacerte merecedor de este amor-contestó. Acercó sus labios al oído de Mamoru y entrelazando su mano con la de él, amorosa y fuertemente hasta que dejó de sentir que eran dos manos separadas, le susurró-Ámame.

La joven se retiró ligeramente y él la miró con sus ojos amables pero inquietos. Akiko no lo dudó más; inclinó la cabeza, acercándose hasta que su nariz rozo levemente la de él, lo miró un segundo a los ojos y se aproximó hasta que sus labios hicieron contacto con los de él. El cuerpo de Mamoru estaba rígido, como congelado, y al momento de besarlo sus labios se apretaron con la misma rigidez, como si reaccionaran instintivamente a labios desconocidos… u olvidados. Pero luego la tensión disminuyó. Akiko apretó más sus labios contra los de él y sonrió, con los ojos cerrados. Colocó las dos manos sobre las mejillas de Mamoru, se separó unos milímetros de él y ya que también había abierto los ojos, le mostró una radiante sonrisa.

-por primera vez desde hace mucho tiempo puedo decir que soy realmente feliz… ¿y tú…también eres feliz?

Mamoru apartó su rostro, pasó sus dedos por los cabellos rubios de la chica y le sonrió condescendientemente.

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-es suficiente-dijo en ese momento Cru con su voz, en parte indiferente y en parte autoritaria-ya han logrado asustar lo suficiente a esas tres personas

-no creo que los dos que están recargados contra la pared nos hayan escuchado, parecen bastante concentrados en su trabajo-dijo burlonamente un hombre que Usagi identificó claramente como Hiperión

Escuchó unos pasos dirigiéndose hacia ellos y una leve maldición apenas audible saliendo de los labios de Threx.

-pero ella… si parece lo suficientemente asustada-la voz de Hiperión, seductoramente peligrosa se escuchó lo suficientemente cerca como para hacerla estremecerse, pero aquellas palabras no estaban dirigidas a ella sino a Naru. Intentó liberarse de Threx pero él la sujetaba con demasiada fuerza; forcejearon y esta vez fue la mano de Threx la que presionó su propia mano que seguía sobre su boca, de forma que las palabras que salieron fueron ahogadas de inmediato.

-no estoy asustada-dijo Naru. Su voz tenía el toque de firmeza que se posee cuando se trata de ocultar el temor para salvar la vida-no sé quienes son ustedes, pero no es correcto decir tantas mentiras para espantar a los desconocidos.

-¿mentiras?-dijo Hiperión, con voz divertida-¿no crees todo lo que dijimos?

-no. Y si no dejan en paz a mis amigos y a mí, llamaré a la policía

-¡que valiente!

Usagi temió aún más por Naru, las palabras de Hiperión ya no sólo mostraban diversión sino interés, mucho interés.

-dije que era suficiente, Hiperión

-¿por qué me impides jugar con ellos un poco, hermano? ¿es que ya te has hartado y prefieres que los matemos de una buena vez?

-¿no creen que esto es extraño?-comentó de pronto una voz que no había escuchado hasta ese momento-esos dos no se han movido de ahí

Usagi sintió un silencio tenso y luego la mirada de más de una persona clavada sobre ellos.

-tal vez sí están congelados por el miedo-sugirió Jápeto

-ustedes, los que están contra la pared, retírense ahora mismo-ordenó en ese momento Cru, en un tono que no parecía para nada divertido

-no hay remedio-dijo Threx, mirándola-el juego se terminó

-¡esperen!-dijo la voz femenina de la hermana de Akiko antes de que Threx se separara de ella-¿lo sienten? Un ligero despliegue de poder

-Febe

-esa tonta-murmuró Hiperión

Cuando Threx se alejó de Usagi y ella pudo ver nuevamente la calle, la fachada de su casa y la reja de entrada, los cinco hermanos de Akiko habían desaparecido ya. Naru estaba pálida, pero miraba con ojos aliviados el lugar donde habían estado las cinco personas.

-estuvo cerca-sonrió Threx que era el único que parecía bastante alegre-así que esas personas querían molestarlas.

-¿qué?-susurró Usagi, lo miró y entonces al desaparecer el peligro sintió la curiosidad, borbotando en su interior- ¿como es que…qué haces aquí?

-Usagi ¿entonces, sí lo conoces?-preguntó Naru acercándose a ella

-siento haber interrumpido-dijo él con su gran sonrisa reluciendo en la comisura de sus labios-te vi aquí parada Usagi, tu expresión era extraña y mirabas a esas personas, pensé que tal vez no deseabas verlos ni que te vieran, por eso actué de esa forma. Sólo quería sacarte del aprieto. ¡Pero vaya que eran personas molestas, decir todas esas cosas para asustarlas…!

Naru y Usagi intercambiaron una rápida mirada. Usagi bajo la cabeza, sin poder enfrentar los ojos interrogadores de Naru.

-porque ¿eran mentiras no es así, chicas?-preguntó Threx, mirándolas

-sí, claro-dijo Usagi. Naru asintió y bajo la mirada

-también te pido disculpas por haberte despeinado Usagi-agregó él

La aludida llevó las manos a su cabeza. Sus chonguitos estaban deshechos y su cabello largo se deslizaba libre y suavemente hasta ocultarse bajo su chaqueta. ¿Cuándo había sucedido eso? o más bien ¿en que momento Threx había desatado su cabello y lo había ocultado?

-me tomo las cosas como si fueran cuestión de vida o muerte, aún cuando sea solo una pequeña broma-explicó él tranquilamente

En ese instante Usagi recordó el beso y se puso roja y tensa. También recordó las palabras caballerosas de él "hasta que tú lo desees así, mis labios no besarán más que tu mano." Sí, definitivamente ese no había sido más que un simple beso en la mano. Bueno quizá no había tenido nada de simple pero…

-entonces me voy-dijo Threx-siento haberte conocido en esta circunstancia, Naru ¿ese es tu nombre cierto?

-s..sí-dijo sonrojándose

-Threx, espera-dijo Usagi antes de que él se marchara-gracias por tu ayuda

-no olvides que te he salvado la vida-dijo Threx en tono de juego mientras se marchaba

Cuando él ya estaba lo suficientemente lejos, Usagi volteó a ver a Naru. Parecía pensativa.

-Naru…

-yo también me voy-la interrumpió su amiga

-siento lo que pasó-espetó, avergonzada

-está bien -agregó mostrando una sonrisa-y Usagi, tu secreto, si algún día…-negó con la cabeza le dio la espalda para marcharse y luego dijo, como si hablara para ella misma -: ese chico es como tú, Usagi. pero es tu amigo, eso me alegra. No olvides tu promesa.

-no lo haré

Fue así que se despidió de su amiga, tragándose la curiosidad de preguntar qué había querido decir con eso. Su intercomunicador sonó en aquel momento con un fuerte pitido.

-¡¿ya se han ido los hermanos de Akiko?!-preguntó Mina, cuyo rostro apareció en la pantallita

-sí-dijo medio sorprendida

-¡Mina, cuida lo que dices, Naru puede estar con ella!-la regañó Rei

-¿Naru esta contigo Usagi?- le preguntó Mina

-no, ya se ha ido, ¿Cómo supieron que me había encontrado con los hermanos de Akiko?

-Cuando cortaste la comunicación, Mako vio que parecías asustada, temimos lo peor y tratamos de acelerar el paso pero sabíamos que aún estábamos demasiado lejos, entonces a Ami se le ocurrió la gran idea de atraerlos a nosotras-sonrió Mina

-¿entonces ustedes…?

-nosotras también estamos a salvo-dijo la voz de Makoto, lo suficientemente fuerte como para que Usagi lograra escucharla-Ami, mejor explícaselo tú

El rostro de Ami apareció en la pantalla y su voz dulce pero seria-como sucedía cuando hablaba de inventos y cosas científicas- dijo entonces:

- bueno, recordé lo que nos dijiste ayer, que ellos podían sentir la energía de Akiko sin importar que tan pequeña fuera. Entonces supuse que ellos eran capaces de sentir energías de un tipo muy específico que nadie más siente y que se despliegan al mismo tiempo que expulsan sus poderes. Si lográbamos expulsar aunque sea un poco de ese tipo de energía entonces ellos vendrían a nosotras creyendo que se trataba de Akiko.

-Ami logró que su minicoputadora expulsar esa energía-dijo además Mina-le costó bastante trabajo ya que lo estuvo intentando desde que nos enteramos que estarías en peligro si ibas a tu casa.

-y dejamos la minicomputadora en una calle bastante alejada de ti y del apartamento de Mako, quizá ahora los hermanos de Akiko deben estar descubriendo que todo fue una falsa alarma, así que será mejor que te alejes de tu casa, Usagi-dijo Rei

-ve al apartamento de Makoto, nosotros vamos hacia tu casa, para vigilarla en tu lugar-añadió Mina

-pero en el apartamento, ahí están…-dudó Usagi con el rostro ensombrecido

-Mamoru debe estar preocupado por ti, necesita saber que estas bien-dijo Mina

-si no desea ir, puede quedarse en el templo Hikawa, pero dile que se marche de ahí

-ya escuchaste a Rei, nos vemos Usagi-fue lo único que dijo Mina antes de terminar con la comunicación

Usagi lanzó un gran suspiro y comenzó a caminar lejos de su casa

-espero que ya no hayan más problemas-suspiró a su vez Threx, que la miraba escondido en una calle, muy cerca de ella.

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-te amo-dijo ella

Mamoru la estrechó con más fuerza recargando la cabeza en sus rubios cabellos. Calló por tanto tiempo que Akiko ansió ver su expresión, tratar de adivinar a través de ella lo que estaría pensando, pero en su lugar cerró los ojos y a su vez apoyó la cabeza en el hombro de él.

-aunque me siento muy feliz, no puedo dejar de sentir cierta tristeza-espetó Akiko luego de unos segundos- esa niña… hace unas horas, cuando hablamos, ella seguía con la esperanza de que tú correspondieras sus sentimientos.

- le dijiste lo del temblor - murmuró él con una voz extraña

-sí, y todo lo demás también-respondió- Desde que llegué no le he dicho más que palabras crueles. Fue por eso que hoy salió corriendo. Lo que le dije fue terrible, pero no noté odio en sus ojos, sólo dolor…En realidad es una chica admirable.

-la he lastimado tanto

-no trates de sacarme del lío, no sólo tú lo has hecho -dijo ella y luego agregó en el mismo tono que él– Los dos vamos a despedazar las ilusiones de esa chica…si ella viniera en este momento, si nos viera…-se separó ligeramente de Mamoru y él se enderezó, mirándola- Esta no es la mejor forma de que sepa que me quieres ¿no lo crees?

Fue completamente extraño que Mamoru, en lugar de afirmar aquello y soltarla, la acercara a su pecho, abrazándola con renovadas energías. Elevó la vista para mirarlo. Su rostro tenía la expresión agónica de aquellos que están siendo torturados por una pena interna.

El teléfono sonó de pronto y ella se separó inmediatamente para contestar

-¿Usagi?-dijo al contestar, volteando a ver a Mamoru que se había dejado caer sobre uno de los sillones y que la miraba a su vez con gran atención. Ahogó un suspiro de alivio para no descubrir la mentira que había mantenido en pie hasta ese momento-¿Mamoru? sí, él está aquí conmigo

Usagi se quedó en silencio momentáneamente.

-yo estoy bien-dijo entonces a través del auricular-¿puedes decírselo?

-sí, claro-contestó sin despegar la mirada de Mamoru. Los ojos de él habían dejado de fijarse en Akiko cuando repentinamente Luna y Artemis habían salido de detrás de uno de los sillones-¿vienes al apartamento?

Usagi dudó por un momento más, mientras Akiko observaba cómo Mamoru evadía la mirada de los gatos, como si ellos fueran la luz cegadora de una pureza que él ya no se sentía digno de mirar.

-sí-dijo Usagi, algo bajo-voy para allá

-te esperamos

Colgó contemplando con algo más que curiosidad a los gatos que estaban frente a la puerta de salida y saltaban como si intentaran coger la manija y abrir. Mamoru, que también se había percatado de aquello, se levantó del sillón y abrió la puerta. Sólo el gato negro salió corriendo, mientras que el gato blanco caminó hacia la habitación del fondo cuya puerta estaba abierta y que se cerró detrás de él.

-Usagi al fin se decidió a venir-dijo Akiko ante una nueva sombra de silencio

Mamoru no le puso atención sino que caminó rápidamente a una de las habitaciones.

-¿Qué haces?-preguntó, observando cómo él buscaba dentro de uno de los armarios de Makoto-esculcar en la ropa de una chica es algo que solo haría un pervertido-dijo en broma, intentando hacer que la seriedad de su rostro desapareciera.

-ponte eso-dijo Mamoru al fin, dándole un gorro y unos lentes de sol-, si puedes, oculta tu cabello dentro del gorro. Vamos a salir.

Akiko lo obedeció, aunque estaba realmente impresionada con su comportamiento

-esos gatos son extraños-comentó mientras caminaban por la calle a toda velocidad-las amigas de Usagi y tú se comportan raro cuando están con ellos. Te encerraste con ese gato blanco antes de irnos, como si fuera una persona más, como si hablara.

Mamoru no respondió a su insinuación. Desde que salieron permanecía inmerso en sus propios pensamientos

-¿estamos huyendo de ella?-preguntó entonces -por eso estás tan serio

-no es sólo eso-dijo él y no volvieron a dirigirse la palabra en todo el transcurso

-ya estamos lo suficientemente lejos-soltó Akiko, parando en un solitario parque-además este lugar me gusta para esconderme-agregó avanzando hacia un viejo árbol y recargándose en él.

Mamoru hizo lo mismo. Se quedaron en silencio, únicamente contemplando el paisaje. El viento movió las hojas del árbol y muchas de ellas cayeron suavemente a su alrededor.

-hace un momento-comenzó a decir Mamoru- cuando dijiste que te habías preguntado quien podría acercarse a alguien solitario y antipático. En mi mente también surgió un nombre-confesó- Yo fui siempre cruel con esa persona, molestándola en cada encuentro. Acepto que era divertido ver su rostro enfadado-sonrió levemente-incluso la hice llorar, aunque en realidad ella solía llorar por muchas cosas-se ensanchó su sonrisa-Definitivamente no congeniábamos, sin embargo, ella no dudó en brindarme su ayuda, y me escuchó con verdadera atención cuando le hablé sobre mi. Todavía recuerdo a la perfección lo que me dijo después de que le hablara sobre mis padres y mi memoria perdida: "antes de hoy pensaba que eras el hombre más repugnante del mundo, pero ahora te considero el segundo" –Akiko lo miró asombrada-Esa persona era Usagi.

Akiko sintió un repentino frío y pasó su mano por la espalda de él, acurrucándose en su brazo

-estar solo-murmuró Mamoru, muy bajo, pero como estaban tan cerca pudo escucharlo perfectamente- fue algo por lo que tuve que pasar y fue también la principal fuente de mis temores durante muchos años…Desde ese primer día en el que nos encontramos en el hospital, traté de estar siempre a tu lado, o más bien, de hacer que tú estuvieras al mío. Me aferré a ti como si te trataras de mi salvavidas…qué egoísta fui.

-¿Qué dices?

-lo siento, no sabes cuanto

Ese no era el tono de voz que Akiko hubiera querido escuchar. Se separó de él con brusquedad.

-Para ya. Sabes que no tengo nada que reprocharte. ¿por qué sigues diciendo esas cosas?

-porque mereces toda la felicidad del mundo; y yo no puedo dártela

- ¡no! ¡¿cómo puedes siquiera pensar eso?!- dijo arrojándose a su pecho, donde se refugió como un niño asustado- ¡tú eres mi felicidad, el solo estar a tu lado me hace la mujer más dichosa del mundo!

Mamoru calló por un segundo, sintiéndola temblar entre sus brazos

-yo podría seguir-dijo él al fin- hacerlo no pesa tanto ni resulta tan difícil cuando se miente para hacen feliz a alguien que se quiere tanto como yo a ti; a alguien a la que además le debo tantas cosas que tal vez me sea imposible pagar algún día-dijo tomando su rostro por el mentón para poder ver con más claridad sus ojos que se ocultaban tras los lentes de sol –Pero he comprendido que esa no es la solución. No es justo que vivas en la mentira. No mereces algo así, y…-pareció dudarlo pero solo tardó un segundo en continuar-tampoco Usagi merece seguir sufriendo por esto.

Akiko se quitó los lentes lentamente. Sus ojos verdes se fijaron en él muy abiertos y luego descendieron hasta el suelo

- desde que volví te he preguntado si me amas. Siempre tardaste en responder-contestó con seguridad- Y también fuiste a buscarme cuando estuve en peligro, ¡dejaste que te besara! -agregó repentina y desesperadamente-¿dices que todo eso ha sido parte de una mentira?

No hubo respuesta así que levantó la vista, pero él mantenía la mirada fija en un punto indefinido.

-¡mírame!-exclamó furiosa y la gorra que ocultaba su cabello cayó inesperadamente-¡deja ya de preocuparte por lo que sienta y dime algo que me haga comprender lo que dices!

-la amo

Todo pareció hundirse en el silencio, junto con ella, que calló como si su lengua hubiera sido arrancada de un solo tirón y temiera pronunciar alguna palabra, pues así se daría cuenta de que ya no la tenía. Su rostro había palidecido rápidamente y la expresión fiera y fuerte que había mostrado segundos antes se había desvanecido completamente bajo un velo de fragilidad. Esta vez Mamoru no apartó ni un segundo la mirada de ella, y esta vez, Akiko deseó que lo hiciera, porque esa mirada segura y compasiva sólo la lastimaba más.

La tierra comenzó a temblar bajo ellos y oscuras nubes salidas de la nada bailaron una danza feroz en el cielo. De pronto el suelo se agrietó con un crujido rápido y doloroso, justo debajo de ellos.

-Akiko…-dijo, inseguro de interrumpir el silencio de la chica.

En ese instante los movimientos oscilatorios se detuvieron abruptamente. Akiko lo miró, con sus ojos llenos de lágrimas que se resistían a salir, pero que tarde o temprano terminaban corriendo por sus mejillas.

-Al final todo se resume a ella-dijo su antigua amiga y novia, con una burda imitación de sonrisa- ¡Y yo preocupándome por lastimarla! Era mi corazón y no el suyo el que terminaría destrozado el día de hoy.

-Akiko esto…

-no…-lo detuvo, colocando dos dedos sobre sus labios. Trató de mantener firme la sonrisa, y ésta mostró tanto dolor como la expresión de su rostro- no quiero que me expliques cómo sucedieron las cosas. Saber cómo es que dejaste de amarme, cómo la conociste o cómo es que te enamoraste de ella… - se le quebró la voz y bajo la cabeza, sin poder resistir más. Esta vez ya no sonreía. Las lágrimas brotaron de sus ojos con increíble fuerza. Las vio perderse, una tras otra en la masa verde de pasto que cubría el suelo -es demasiado doloroso…

Los dedos de la chica se encajaron en su pecho, arrugando su pulcra camisa mientras las últimas palabras se perdían en su voz quebrada

-lo siento-dijo él-sé que este no era el mejor momento…

-deja ya de decir palabras amables-lo interrumpió rudamente, con voz herida mientras dejaba caer la cabeza sobre el pecho de él-y la próxima vez, no me abraces sólo con la intención de consolarme, eso es cruel

Mamoru pareció lamentar verdaderamente haber actuado así y en un silencio impotente, que pareció largísimo para los dos, escuchó el sonido a veces sofocado y a veces libre y desgarrador de sus sollozos.

-tenemos que irnos-espetó él de pronto-tus hermanos…

Las lágrimas dejaron de salir abruptamente de sus verdes y ahora pasmados ojos que se ocultaban tras su cabello suelto.

"cuidado"

Fue esa una única palabra pronunciada por una voz ahogada. El sonido apenas audible fue mitigado por los pocos ruidos que zumbaban alrededor, pero ese sonido era el de una voz que Mamoru no podría olvidar ni pasar desapercibido jamás. Volteó hacia el lugar donde provenía, como si hubieran dicho su nombre. La voz volvió a escucharse. Esta vez alcanzó a ver los labios moviéndose, pronunciando aquellas palabras. De reojo veía una luz acercándose pero él enfocaba su mirada en aquel rostro asustado y en los ojos azules bien abiertos que mostraban pánico:

-¡Mamoru cuidado!

La advertencia sonó con toda la fuerza que pudo salir de aquella garganta. Entonces reaccionó. Pero fue demasiado tarde, la energía eléctrica se impactaba ya contra su espalda y provocaba un ardoroso y molesto cosquilleo. El impacto lo hizo tambalearse, cayó de rodillas. Una repentina neblina había invadido el lugar y le impedía ver con toda claridad a Usagi, por que era ella la que había aparecido de la nada, gritando para advertirle.

-¿cómo pudiste?-murmuró entonces Akiko. Hasta ese momento se percataba de que las manos de la joven estaban sobre sus hombros, temblando de furia-¡¡¡¡cómo!!!!

Todo lo demás sucedió con una confusión absoluta. Vio a Akiko que con un fúrico y aterrador grito se lanzaba hacia la neblina detrás de él, mientras las rocas se desprendían del suelo y se amoldaban perfectamente a sus manos. Después escuchó un terrible y ensordecedor sonido, acompañado por un ancho destello de luz. El pasto se manchó de sangre y Mamoru tardó unos segundos en comprender que el sonido no había sido producido por un ataque sino por dos, los cuales, de forma curiosa se habían dirigido a lugares opuestos a un mismo tiempo, y que por lo tanto, aquel rojo carmín no pertenecía exclusivamente a una persona…