Capítulo IX

Los seis hermanos

La calle estaba vacía. Caminaba por ella a paso regular hasta que tuvo que detenerse ante la abrupta sensación de adormecimiento. Parpadeó, se llevó las manos a las mejillas y descubrió que estaba ardiendo. La fiebre volvía con renovadas fuerzas, ¿es que no la dejaría en paz?

-no te vas a curar si sigues descuidándote, deberías estar en cama-le reprochó de pronto la voz de Luna a su espalda-Pensando que irías al departamento de Makoto me la pasé buscándote en esa dirección, pero te has desviado Usagi. ¿A dónde pensabas ir?-agregó mientras se colocaba a su lado y la rubia separaba las manos de las mejillas-sé que la situación no es muy fácil para ti, pero no puedes andar por la calle así como así y ni que decir de salir corriendo o dirigirte a tu casa impulsivamente, nos diste un buen susto. Te das cuenta de que…¿Usagi? ¿Me estás escuchando?

Se preocupó al estudiar el rostro sonrojado de su amiga, creyó que su evidente falta de atención era efecto de la fiebre pero entonces…

-¿crees que Mamoru me ama?

La gata, sorprendida por la pregunta, calló, sin saber qué contestar. Como estaban las cosas ya no se sentía capaz de defender a Mamoru. Momentos antes, en el apartamento de Makoto, le había quedado claro que él había aceptado estar con Akiko. Y aunque tenía la casi completa seguridad de que Mamoru lo hacía sin amarla, eso no cambiaba el hecho de que terminaría su relación con Usagi, así que no podía darle esperanzas, pero tampoco se sentía la persona más adecuada para rompérselas.

-Motoki dijo que no debía entristecerme antes de tiempo, y en ese momento yo también pensé que estaba actuando de forma impulsiva-espetó Usagi, recargándose en la pared-por eso yo le dije hoy a Akiko que no iba a perder las esperanzas hasta que él dijera a quien amaba…. Pero luego, ella dijo que Mamoru puede besarme pensando en ella-un signo de enfado y reprobación se mostró en el rostro serio de Luna, pero no interrumpió a Usagi- Su comentario me hirió y me hizo enfadar. Mamoru no es ese tipo de chico, fue eso en lo que pensé. Pero luego recordé lo que él me dijo por teléfono. Siempre insistió en que nada había cambiado, pero yo sabía que no era cierto… ¿Entonces Akiko tiene razón? ¿Eso prueba que ella lo conoce mejor que yo?

-no, eso no es cierto -dijo Luna, para sí misma, ya que no podía exteriorizar sus comentarios- si esa chica en verdad lo conociera, si supiera los sentimientos de Mamoru como se enorgullece de decirlo, esto no estaría pasando.

-estar con alguien sin quererlo, eso es común en muchas parejas ¿no?-continuó Usagi-Antes me sostenía de la posibilidad por muy pequeña que fuera, de que él me dijera que quiere estar conmigo, pero ahora creo que si él llegara a decírmelo, dudaría de sus palabras. Porque si Akiko tiene razón y él puede besarme sin amarme, también puede decirme te amo sin sentirlo…Y sé que pensar así, dudar así de él no es correcto…eso sólo demostraría que jamás podré estar con Mamoru, pero no puedo sacarme esa idea de la cabeza…

-Akiko ha creado muchos conflictos entre ustedes-comentó Luna a su vez, intentando evadir a toda costa ese tipo de temas.

-a pesar de todo, ella no es una mala persona-argumentó Usagi cambiando el tono de su voz- al contrario, ella no quiere lastimarme

-pero todo lo que te dijo…

-yo también le he dicho cosas hirientes. Y ya no quiero seguir haciéndolo, pero tampoco quiero desistir… Eso suena tonto-murmuró luego de reflexionarlo rápidamente- después de todo lo que he dicho ¿cómo puedo desear seguir luchando? No sé qué me sucede, Luna.

-sucede que lo amas demasiado, y que Akiko te ha dicho mucho y Mamoru ha callado tanto, que te han dejado atrapada. Estas confundida, eso es normal.

Threx se recargó aún más en la pared que lo escondía de Usagi y de su felina compañera, en una posición reflexiva. Sotaro, que había seguido a Luna desde el apartamento de Makoto, se encontraba a su lado, escuchando al igual que él.

-señor, están avanzando-le dijo Sotaro interrumpiendo sus meditaciones.

-andando entonces

-¡Kazuo!-le habló en ese instante una voz a su espalda. Se giró para ver a la persona que lo llamaba con aquel nombre que ya le resultaba desconocido-¿por qué no has contestado mis llamadas?-preguntó la chica respirando agitadamente.

Al verlo, la joven Omitsu había corrido con todas sus fuerzas, y en ese momento le sonría con alegría, sin embargo, él no mostraba el mismo entusiasmo, al contrario, se veía frío, seco.

-he estado ocupado Omitsu-dijo con tranquilidad y sin expresar sentimiento alguno

-señor- intervino Sotaro, con premura en la voz

-ve tú-le ordenó-y mejor ponte tu capa, puedes llegar a necesitarla

-entiendo-respondió el otro y se retiró con rapidez

-te comportas diferente- comentó la chica y sus ojos miel continuaron mirándolo con gran atención-es por lo que pasó la otra noche, no puedes negarlo

-no, por supuesto que no lo negaré. Lo siento pero este no es el mejor momento para hablar sobre eso, además tengo algo de prisa.

-estoy preocupada por ti…¿no te das cuenta?-lo detuvo-esa noche mirando las estrellas, ibas a decirme algo importante ¿ya lo olvidaste?

Por un momento sintió que algo se removía en su corazón, como si el sentimiento que había pensado que estaba casi extinto, volviera a surgir con más fuerza, pero solo duró unos instantes, pues el recuerdo de la princesa acaparó rápidamente su mente y corazón.

-eres una buena amiga, eso es lo que te quería decir.

-¿en verdad? ¿Sólo era eso?-le preguntó con voz desilusionada y ligeramente quebrada-¿o que me consideres así es también a causa de ese cristal?

-¿lo viste?

-sí. Tú no le quitabas la mirada de encima.

-eso…-dijo, dudando

-Kazuo, te quiero-espetó la chica después de dudarlo por unos segundos. Sus mejillas tenía un toque rojizo: estaba avergonzada.

-esto no es normal-dijo en ese instante Luna, observando la formación de nubes sobre ellas al tiempo que el suelo se agitaba en un temblor de nivel medio. Había un punto donde las nubes se arremolinaban: ese parecía ser el epicentro-es este lugar

Usagi miró a un costado de la calle. Se trataba de un parque que a simple vista parecía de lo más normal. Pasó la mirada por el conjunto de ancestrales árboles de cerezo cuyo frondoso follaje le ocultaba la vista interna del parque; o casi toda. Distinguió un punto, un ligero movimiento de una cabellera larga y rubia, y una rápida idea atravesó su cabeza.

-Deben ser los hermanos de Akiko-dijo Luna continuando con sus reflexiones- activaron sus poderes, pero ¿por qué?

Luna apenas había terminado la frase cuando el suelo paró de temblar y las nubes comenzaron a dispersarse con una rapidez increíble.

- que extraño…Usagi…

-sí, lo sé, hay que ir

-no, yo voy, nadie sospecha de los gatos y menos en un parque. Comunícate con las chicas y cuéntaselo -le dijo Luna al tiempo que echaba a correr por uno de los senderos del parque.

-muy bien hecho gatita, protege a la princesa -pensó Sotaro, oculto a unos metros de Usagi pero su ligera sonrisa desapareció cuando la rubia avanzó también, aunque en un rumbo totalmente distinto al que había tomado Luna.

-Cru, creo que las sailors solo están jugando con nosotros-dijo en ese instante la única mujer del grupo que volaba a toda velocidad entre las nubes- ya íbamos rumbo al escondite, porque no…

-esta vez el estallido de poder que sentimos se parece más a la forma de actuar de Febe-respondió Cru con su voz indiferente

-es posible que sea una trampa, como la anterior, pero si Febe se equivocó y expulsó su poder… simplemente no podemos desaprovechar la oportunidad…-lo apoyó otro

-¡miren!-exclamó uno de ellos, señalando una extraña formación de nubes, blancas como todas las demás pero con ligero toque gris

-perfecto-exclamó Hiperión

Mientras tanto, Usagi, que no había perdido de vista la cabellera rubia, la cual aparecía y desaparecía entre las hojas de los árboles movidas por el viento, paró abruptamente y Sotaro, varios metros por detrás de ella, oculto bajo un capuchón y el antifaz que cubría parte de su rostro, también lo hizo. Esta vez sus ropas no era de color dorado sino terracota; ese ere el único cambio en su atuendo. Se colocó detrás del árbol más cercano y miró cautelosamente, alegre de tener excelente vista porque de lo contrario, no habría podido ver que mucho más adelante, en un pequeño claro, se encontraba el príncipe Endimión- o Mamoru como se llamaba en esa época- junto con aquella chica rubia que habían salvado un día antes. Ella lucía bastante cómoda, con la cabeza reclinada en él.

-que sorpresa, jamás nos imaginábamos que esa chica tuviera una relación tan cercana con el príncipe-murmuró para sí mismo, notando el cariz de abstracción que envolvía a la pareja, como si ésta estuviera envuelta por una burbuja aislada del resto del mundo- y la princesa, creo que puedo imaginar como se ve su rostro en este momento…

Un sonido a su derecha le hizo apartar la mirada de aquella escena y dirigirla a aquel lugar.

-me has descubierto-espetó entonces y Luna que casi acababa de llegar (aunque no tan tarde como para percatarse de que ese hombre vigilaba a Usagi y a Mamoru), salió del pequeño arbusto, maullando como un gato normal y fingiendo sólo pasar por ahí. Pero el enmascarado la tomó en sus manos y la elevó para verla mejor-¿a ti tampoco te gusta el espectáculo? Sí, lo puedo ver-continuó sonriéndole amablemente-pero qué le vamos a hacer…

Al mismo tiempo que Sotaro terminaba de decir aquello, una nueva imagen hizo que Usagi se moviera tan rápido como la anterior le había paralizado: Cru había surgido de la nada, junto con sus cuatro hermanos, y como un pájaro cualquiera que sobrevuela el área y decide parar un momento, se habían detenido sin esfuerzo, ni ruido sobre la punta del árbol que se encontraba detrás de Mamoru. Akiko, quien habría visto a su hermano de no haber mantenido la cabeza hundida en el pecho de Mamoru, se movió ligeramente ante algunas palabras de él, que Usagi no logró distinguir. Por solo un instante miró al mismo tiempo a la pareja y al líder de los cinco hermanos de Akiko, que no había tardado ni un segundo más en extender la mano abierta, dispuesto a atacar a los dos jóvenes.

-cuidado-gritó sin siquiera pensarlo, mientras corría hacia ellos con desesperación, pero su voz apenas y sonó medianamente elevada ¿por qué su voz le fallaba en un momento como ese? No obstante, Mamoru parecía haber escuchado su advertencia, porque ahora dirigía su mirada a ella. Volvió a gritarle al tiempo que salía al pequeño claro, esta vez con una voz clara y fuerte.

Aún cuando en esta ocasión Mamoru se había percatado de lo que sucedía, la energía eléctrica expulsada de la mano de Cru, pequeña pero deslumbrante, se aproximó tan rápidamente que nada pudo hacerse.

La repentina bruma se deslizó por cada hueco del lugar y lo envolvió todo en una gran nada gris y húmeda. El cuerpo de Mamoru despareció también a sus ojos, mientras caía, como si hubiera sido tragado por la niebla. Dio un paso adelante, aún más asustada; escuchó las palabras de Akiko, su grito de fiera herida, vio un rostro apareciendo de la nada a toda velocidad, cerró los ojos y se protegió con los brazos inconscientemente al sentirse atacada, y luego sintió un centenar de fuerzas invisibles cortando su piel, rápida y ferozmente, al tiempo que un grito lastimero y espantosamente cercano llegaba a sus oídos. Fue arrastrada hacia atrás por aquellas fuerzas y cayó de espaldas. En ningún momento pensó en el hecho de que advirtiendo a Mamoru también llamaba la atención de los recién llegados.

Lo único que sintió después de eso fue la fuerte lluvia mojándole la cara en un silencio absoluto.

Nunca sabría que el mutismo había sido producido por la sorpresa y la confusión de todos los presentes. Incluso los dos atacantes se mantenían inmóviles y pasmados.

Akiko había parado cuando su ataque, directamente dirigido a Cru, recayó sobre otro cuerpo que se había atravesado sin previo aviso. Y al mismo tiempo que veía con desilusión y sorpresa que no había herido a quien quería, se percataba de que a unos metros más, en tierra firme, otra persona había sido atacada y de que, de todos sus hermanos, el único que faltaba era Hiperión. Éste último se dio cuenta de lo mismo, aunque a la inversa; y su rostro se descompuso. Fue para él todo una sorpresa que uno de sus hermanos hubiera sido herido mientras él se lanzaba a atacar a Usagi.

Por ello, ni Akiko, flotando en el cielo, ni Hiperión, parado en tierra, supieron qué hacer ¿seguir atacando, o volverse hacia su compañero herido?

La bruma se diseminaba con lentitud. Una mano cálida tocó presurosamente el cuello de Usagi e Hiperión reaccionó, acercándose lentamente en actitud ofensiva. Sotaro, bajo su capuchón color terracota se puso de pie y se colocó frente a Usagi.

-no creo que quieras enfrentarme-amenazó, esperando que funcionara, aunque en esta ocasión no fuera el guerrero de capuchón dorado el que dijera aquello. Hiperión paró, dudando, o más bien recordando cómo Cru y él habían tenido que huir del enfrentamiento anterior-era por esto que no deseaba cambiar el color de mi traje, ¿lo ves? yo tenía razón Yoshiki-pensó, nervioso, vigilando cada movimiento del otro- deberías ayudar a tu compañera, parece herida

-¡no lo escuches!

Usagi abrió levemente los ojos, escuchando el grito de la joven cuya voz ya había oído, discutiendo horas antes fuera de su casa.

-me duele-murmuró y llevó la mano a sus costillas, donde una mano había presionado sin consideración aquella parte que tanto le ardía.

-lo siento, pero necesito saber qué tan graves son tus heridas-dijo la voz de Mamoru y la vista se le aclaró lo suficiente como para vislumbrar su rostro empapado por la lluvia. Lo dejó actuar, sentía una mezcla de dolor, debilidad y confusión que jamás había sentido.

Por otra parte, Hiperión había dirigido su mirada a sus hermanos, especialmente a Tetis y al profundo sangrado que se extendía por su hombro y se deslizaba por el brazo. Su hermana era sostenida por Cru, que mostraba su impasibilidad de siempre.

-¡mátala ahora!-dijo impacientemente otro de los hermanos de Akiko e Hiperión cobró seguridad dando un paso adelante.

Pero Akiko se le adelantó. Había decidido a tiempo lo que debía hacer y se interpuso entre Hiperión y Sotaro en un santiamén.

-¡no te muevas ni un solo centímetro más!-lo amenazó su hermana, que lucía más que furiosa

Usagi levantó la cabeza ligeramente al escuchar la voz de la chica y recordar de forma fugaz lo que había visto minutos antes. Todo el cuerpo le dolió al hacerlo, pero lo que vio a continuación, sirvió para mitigarlo: Las manos de Mamoru que se habían movido hacia ella con el propósito de ayudarla-o tal vez de detenerla- estaban llenas de sangre, levemente deslavada por la lluvia. Su camisa también estaba salpicada de aquella sustancia.

-toda esa sangre…¿de quien es?....es, ¿es mía?

Su atención al igual que la de Mamoru, que se proponía responderle, se distrajo cuando un estallido resonó peligrosamente cerca. Súbitamente el hombre encapuchado -que ella no tenía idea de quién era o de dónde había salido- se acercó a ella y Usagi sintió un dolor más fuerte cuando el brazo de él pasó veloz y poco cuidadosamente por debajo de su cintura.

-¡¿qué intentas hacer?!-exclamó Mamoru, defensivo; deteniendo al otro al tiempo que una nueva explosión sonaba a pocos pasos.

-además de las heridas, ella está ardiendo, tiene fiebre ¿no?-replicó el chico, mientras Usagi resistiendo la daga de dolor que le había atravesado tomaba al chico por la capa empapada, con sus manos tan débiles como el resto de su cuerpo- Voy a sacarla de aquí, este lugar es peligroso para ella

El sonido de choque, unido a un grito de dolor de Akiko silbó en el aire, afirmando lo que decía Sotaro.

-nos matarán a todos si no nos vamos-urgió el encapuchado y Mamoru sintió la misma necesidad de sacarlas de ahí al ver que los hermanos de la rubia-incluida Tetis, a pesar de estar seriamente herida-se alineaban y atacaba con la violencia despiadada de un tifón.

De pronto, Akiko logró esquivar uno de los ataques de Cru, bloquear una energía conjunta de sus otros cuatro hermanos y crear una altísima barrera de piedra que se levantó frente a ella como un muro infranqueable. Luego apareció otra barrera detrás de Mamoru, otra a la izquierda de Usagi, otra más tras el encapuchado y una última arriba de los cuatro, formando así un gigantesco prisma cuadrangular. Solo quedó un pequeño orificio en la conjunción de la pared trasera y la derecha, por donde un largo rayo de luz neblinosa entraba...

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-¡¡¡Yoshiki, Yoshiki!!!! ¡despierta!

El chico de ojos color marrón y cabello negro se frotó los ojos, medio confuso

-¡¿cómo es posible que te hayas quedado dormido?!-lo regaño severamente Unkei, cuyo rostro lucía más que desesperado-¡se marcharon! ¡Mientras tú estúpidamente te quedabas dormido en tu turno! ¡Si sabías que no podrías vigilarlos mientras yo estaba fuera, jamás hubieras aceptado quedarte!

-¿dices que la chica y el príncipe han salido?-preguntó, más despierto y preocupado, comenzando a enfadarse con él mismo por haberse dejado vencer por el sueño-¡Rayos!

La voz del conductor del noticiero, en la T.V. los hizo olvidarse de aquel asunto. Anunciaba un extraño fenómeno tormentoso que azotaba en esos momentos una zona específica del distrito Jubangai, recomendando alejarse lo más posible y asegurando que ya había expertos estudiando el caso.

-¡rayos!-murmuró Yoshiki de nuevo, poniéndose de pie de golpe-¿iremos, no? Es obvio que esto es obra de esas personas, y si es cierto lo que dice el noticiero, nos será bastante difícil entrar sin ser vistos.

-no por nada tenemos esto, Yoshiki-replicó Unkei, desdoblando dos prendas que permanecían en un extremo del sillón, una de color gris oscuro y otra de color verde claro. Le lanzó esta última al pelinegro y los dos salieron a toda prisa.

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-Omitsu…-comenzó a decir Threx, sin dejar de notar que cada vez se alejaban más de la zona donde él y Sotaro se habían separado.

-lo sé, tienes que irte-dijo ella, caminando a su lado-no has parado de decirlo, aún cuando yo no he parado de decirte que no te dejaré hasta que me aclares lo que está sucediendo. Ya no vas al curso intensivo al que asistíamos, y parece que yo he desaparecido para ti-agregó con las mejillas sonrosadas-Y ahora que te veo de nuevo…

Se interrumpió cuando una docena de personas los rebasaron corriendo apresuradamente. Un señor que parecía agotado, corría también pero en dirección contraria.

-¡espere!-exclamó Threx, deteniendo al hombre-¿sabe por qué la gente está corriendo?

-hay una tormenta extraña, todos temen que se extienda y huyen a refugiarse en sus casas.

-¿y usted, por qué no hace lo mismo?-preguntó Omitsu, repentinamente interesada

-Por desgracia, mi casa está en el centro de aquella tormenta, tengo que ir y asegurarme de que mi familia esta bien-dijo mientras comenzaba a caminar-les recomiendo que no se acerquen a ese lugar.

-Omitsu, muchas gracias por preocuparte por mi -dijo Threx, cuando la chica veía marcharse al hombre, corriendo hacia la formación de nubes grises que retumbaban, llenas de energía eléctrica. Ella se sonrojó inevitablemente al notar amabilidad en aquel rostro apuesto- eres la amiga más fantástica que he tenido, pero no tienes por qué preocuparte, estoy bien. Te prometo que pronto volveré a los cursos y…

-dices todo esto porque quieres que te deje ir-murmuró al principio enfada-¿tanta es tu urgencia?

-sí-confesó-pero no te he mentido, no lo haría, ni siquiera para zafarme de ti

Sonrió, tratando de animarla, pero ella le dio la espalda y murmuró:

-cuando dije que te quería, creo que me malinterpretaste. Yo no me refería a quererte sólo como amigo

Threx calló unos segundos

-te equivocas, lo entendí bien-le contestó-Pero ese hecho no cambia mis sentimientos hacia ti.

Casi se pudo escuchar el corazón de Omitsu, rompiéndose en mil pedazos

-no, está bien-dijo la chica que evidentemente trataba de mostrarse fuerte-sólo que creí durante vario tiempo que tú tampoco me veías sólo como una amiga…

Threx se acercó a ella y estuvo a punto de tocarle el hombro pero algo lo detuvo. Se podía apreciar claramente el conjunto de nubes negras manchando el cielo, nubes formadas por un fenómeno anormal. Tenía que apresurarse.

-perdóname-dijo cerrando el puño-tengo que irme

Omitsu abrió los ojos-que había presionado fuertemente para reprimir las lágrimas- justo a tiempo para verlo pasar rápidamente a su lado y escuchar que decía en un nuevo susurro:

-perdóname.

Él no se volvió para ver su rostro, era mejor así. Jamás podría amar a esa chica como amaba a la princesa de la Luna y esa era una de las verdades más absolutas de su vida.

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Seguía lloviendo. Pero el acompasado tintineo de la lluvia sonaba ligeramente apagado y sus gotas ya no los tocaban.

Akiko, con la ropa empapada y el cuerpo lleno de raspones y heridas abiertas, miró la magnífica fortaleza que había creado en segundos, y cayó agotada sobre una de sus rodillas.

-salgan ahora que pueden-exclamó con voz agitada-esto no aguantará mucho tiempo

El encapuchado, sin dudarlo siquiera, intentó nuevamente cargar a Usagi aunque esta vez con más delicadeza. Nadie se lo impidió, ni siquiera ella que estaba demasiado azorada y débil como para comprender completamente lo que sucedía. Pero estando en los brazos del chico y no recostada en el suelo, Usagi pudo ver a Mamoru de cuerpo completo, sentado sobre la hierba, con el cabello lleno de gotas de lluvia. Y notó también que a sus pies, entre el pasto mojado, había un pequeño bulto negro bañado en sangre. Entonces, en sus ojos antes soñolientos, el apagado brillo de la fiebre desapareció.

Su mente repasó y encajó los hechos con inesperada lucidez. Toda esa sangre en las manos y ropa de Mamoru, esa que creía era suya…el grito que oyó tan cerca de ella al ser atacada… todo eso en realidad, en realidad…

-¡¡¡¡Luna!!!!!-gritó e hizo tal esfuerzo que Sotaro tuvo que sujetarla con más fuerza para impedir que cayera-¡¡¡suéltame, suéltame!!! ¡Luna, Luna!

Algo, un poder enorme al parecer, chocó contra la barrera de roca. El muro frontal, que parecía inquebrantable, se estremeció y comenzó a resquebrajarse. A través de la fisura que se ampliaba a gran velocidad brilló la luz de un nuevo ataque y Akiko tuvo que levantar de inmediato otra pared para protegerlos. La energía se impactó contra el primer muro que terminó de deshacerse con un atronador sonido, el cual llegó perfectamente a los oídos de todos.

Mamoru tomó con infinito cuidado el cuerpo pequeño y mortalmente herido de Luna, se puso de pie y se acercó a Usagi que dejó de resistirse a la fuerza del encapuchado para mirar a su amiga.

- hice lo que pude para parar el sangrado -le dijo él- Aún respira, pero necesita atención urgente. Trata de moverla lo menos posible.

Las lágrimas de Usagi empaparon a Luna en cuanto Mamoru la colocó entre sus brazos.

-siempre soy tan descuidada, perdóname Luna

Se escuchó otro violento choque pero esta vez, para alivio de Akiko, ninguna pared se derribó.

-tenemos que apresurarnos…por su amiga-dijo el encapuchado a Usagi, preocupado por el inminente peligro, y más seguro de que ella lo escucharía con más cuidado ahora que necesitaban sacar al pequeño felino.

Usagi miró rápidamente a Mamoru que plantado en el mismo lugar, dirigía su mirada llena de indecisión a ellos. En ese mismo momento, contemplándolo, Usagi supo con toda exactitud lo que tenía que hacer.

-yo puedo caminar sola-dijo y Sotaro, aunque dudando, permitió que se pusiera de pie por si misma.

Se sintió mareada. Además su cuerpo adolorido no estaba en las mejores condiciones para sostenerla. Se dio cuenta de aquello con un quejido bajo de dolor. Aunque Luna se había interpuesto en el ataque para protegerla, ella no había salido del todo indemne de él. Dio un paso hacia Mamoru y luego se detuvo, tocando la parte baja de su pierna vendada con un jirón de la camisa de Mamoru cuyo intenso ardor había logrado adormecer todo el miembro.

-señorita, ¿Qué se propone hacer?-le preguntó el enmascarado- usted no está en condiciones…

Paró de hablar al ver que Usagi, tomando fuerzas, continuaba avanzando, cojeando ligeramente.

-él tiene razón-se acercó Mamoru ahorrándole el trabajo de continuar caminando hacia él-no te esfuerces más

-Mamoru…¿te quedarás?

Él no supo cómo responder y la expresión de su rostro mostró más vacilación.

-¡apresúrense!-gritó Akiko, ante un ligero temblor en el armazón, preguntándose si sus fuerzas alcanzarían para levantar otro barrera así, si es que ésta era derribada-todos deben salir-dijo para que no quedara duda de cual era su postura.

-hazlo, quédate con ella-espetó Usagi suavemente y él, que se había girado para ver a Akiko, se volvió para mirarla a ella-se acaban de reconciliar ¿no? Es injusto que se separen de nuevo, y por mi causa-volvió a verlo al rostro velozmente y no dudo más en continuar-que seas muy feliz

Akiko que aunque rendida de cansancio se había mantenido atenta a cualquier ataque, dejó de fijarse en la altísima coraza rectangular de roca, y dirigió su vista a ella.

-Usagi…-dijo muy bajo, tiernamente, y luego pensó con una mezcla extraña de admiración y dolor-y yo que te llamaba niña. No, no eres para nada una niña, esa que pensé amaba a Mamoru fugazmente…tú…tú lo amas con toda la fuerza de una mujer, lo amas tan enserio como yo, o quizá más

Mamoru esquivó mirar a Usagi por más tiempo y se dirigió seriamente al enmascarado

-la forma en la que actúas… tú ¿estas aquí para protegerla?

-así es, con mi vida si es necesario-respondió sinceramente el encapuchado

-entonces me aseguras que llegará a salvo con sus amigas

-por supuesto-dijo el otro con seguridad

Mamoru buscó los ojos azules de Usagi pero ella concentraba la mirada en Luna con gran insistencia.

-cuídalas entonces

El encapuchado, antes de tomarla nuevamente en sus brazos, y adelantándose a su posible oposición, le dijo que aquello era necesario para que fueran más rápido. Usagi sólo asintió y permitió que procediera, sin levantar la mirada.

Mamoru deseó tantas cosas en ese instante

-después de esto…-comenzó a decir él, y la miró de nuevo. El sinfín de ideas y sentimientos que se disputaban su corazón volvieron a revolverse y agitarse dentro de él. Entonces negó con la cabeza imperceptiblemente y cambió sus palabras- Usa…tú también sé muy feliz.

Ni siquiera tuvieron tiempo de dirigirse una mirada de despedida. La barrera de roca se despedazó violentamente y los pedazos cayeron reducidos a escombros. Sotaro salió rápidamente, bajo la protección de Akiko que detenía todos los trozos de roca que caían sobre ellos, entre el polvo que provocaba una confusión mayor a la que ya existía.

-¿por qué te quedaste?-le preguntó Akiko, que había logrado proteger a los dos con un techo de roca, que tras la partida del enmascarado, convirtió en una pequeña coraza

-desde que te conozco hemos luchado juntos contra tus hermanos –explicó, acomodándose su sombrero de copa, mirándola a través de su antifaz de Tuxedo Kamen-¿creíste que te dejaría luchar sola?

-deberías dejar de ser tan amable, especialmente con las mujeres. Usagi podría molestarse

-lo sé-murmuró él con una pequeña sonrisa triste y reflexiva

-Mamoru-continuó, con un ligero temblor en la voz- no fuiste completamente sincero conmigo.

No dio ninguna explicación más, ni él se la pidió. Pero terminó la oración dentro de ella.

-Tú únicamente me dijiste "la amo". Pero jamás mencionaste, que la amas más que a nadie en el mundo…Sin embargo, no es necesario decirlo, quizá ni siquiera habrías podido hacerlo, pero es tan claro… especialmente en momentos como este…

De pronto el caparazón se rompió en mil pedazos dejándolos indefensos nuevamente

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-El sol se ha escondido entre las nubes ¿lo sientes? mi querida Nix-dijo Samas acomodándose en su sillón como si éste fuera su trono

-sí, mi señor, todas las energías se acercan a un solo punto-murmuró parándose a su lado y tomándole la mano.

-¿puedes sentir cuantas son?

-sí-contestó cerrando los ojos para concentrarse-diecisiete; de las cuales, una pertenece a Febe y cinco son de nuestros guerreros.

-otra, es tal vez de Tuxedo Kamen, y cinco más son de las guardianas de los planetas, lo que significa que las sobrantes…

-son de los protectores de la persona que es dueña del cristal, ese hombre que se enfrentó ayer a nuestros guerreros…

-quizá él mismo esté ahora en el campo de batalla-conjeturó Samas y luego miró el rostro de su amada y dijo:-su aparición no deja de preocuparte

-estábamos confiados en que ellos no sabían nada, pero el dueño del cristal, ese que ni siquiera nos deja ver su rostro, quizá sabiendo el gran peligro que corre…

-sí, yo también lo sospeché, él lo sabe todo

-no quiero que nos vuelvan a encerrar, preferiría morir -dijo ella con exaltación

-no lo harán Nix, yo no lo permitiré-la miró a los ojos con gran seguridad, pero los ojos femeninos aún se mostraban inseguros

-ellos siguen acechándonos, aún cuando están muertos-espetó ella

-cuando dices ellos con tanto rencor, sé que sólo te refieres a una persona-dijo acariciando sus cabellos.

-sí-aceptó- A ella

-¿es por la relación que mantuvieron antes de que me conocieras?

-¡claro que no!-exclamó, algo enfadada por la pregunta-es por la misma razón por la que tú también la detestas, porque si ella no hubiera estado ahí, no nos habrían vencido.

-ella, ella, ella…-comentó con bastante curiosidad-¿por qué nunca dices su nombre? ¿la odias tanto que ni siquiera puedes mencionarlo?

-sí, a ella, a Serenity-dijo en un tono ácido-llegué a odiarla mucho más que a todos los demás. El sólo escuchar su nombre me enferma.

- ¿te hice enfurecer?

La expresión de Nix cambió por completo. Le sonrió, abrazándolo

-no, usted jamás podría causarme enojo

Samas la rodeó por la cintura y mientras la besaba, murmuraba:

- se está librando una gran batalla, pero sólo es el principio de nuestra guerra, solo el principio…

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Los dos entrecerraron los ojos para ver entre la polvareda que se había creado.

-¿por qué huyes de nosotros, querida Febe? -susurró una voz masculina, afilada y peligrosa como un cuchillo- ¿no te alegra que por fin estemos reunidos?

Pronto, cuatro figuras se comenzaron a vislumbrar mientras el cielo rugía con gritos de advertencia y la lluvia que volvía a mojarlos se acrecentaba.

-hemos venido por ti Febe-murmuró Cru, que no tenía intención de fingir felicidad-y esta vez no nos iremos hasta conseguirlo.

-empezaste mal todo esto-dijo la primera voz. Su dueño, un joven de ojos color rubí, cabello marrón, descuidado y corto, caminaba hacia ella entre el polvo-tú decides, si ir con nosotros pacíficamente o resistirte y continuar hiriendo a tus amigos

-no creo que quieras que lastimemos a más gente-agregó su hermana, cuyo rostro blanco, hermoso y peligroso era enmarcado por cortos mechones de cabello azul claro. Sus ojos, dorados, que normalmente despedían una aparente ternura, en ese instante mostraban cautela y fiereza.

-Críos, Tetis-murmuró Akiko muy bajo, apretando los puños

-¿qué decides Febe?-dijo con impaciencia Críos

-yo…

¡Burbujas de Mercurio!

El lugar se cubrió de una espesa niebla, en la cual, para asombro de los hermanos de Akiko ni siquiera Cru-que estaba tan acostumbrado a aquello por ser su elemento- era capaz de guiarse.

Mamoru sintió una ola de alivio recorrer su cuerpo. Tomó a Akiko del brazo para no perderla, y esperó a que las cuatro sailor senshi aparecieran en escena.

¿qué hacen ustedes aquí?-dijo enseguida una voz femenina a su espalda: justo como él lo pensaba.

-¿Quiénes son?-preguntó Akiko, en posición defensiva al ver la silueta de varias personas acercándose

-somos amigas de Sailor Moon-dijo una de ellas con voz segura y fuerte

Akiko entendió el mensaje: eran esas chicas…

-¿y ellos?-preguntó Mamoru de pronto, sin apartar la vista de los tres hombres y colocándose en la misma posición de desconfianza que Akiko había adoptado segundos antes. A uno de ellos ya lo conocía, un día antes había aparecido repentinamente con la misma capa azul que le cubría el cuerpo, el capuchón tapándole la cabeza y un antifaz escondiendo sus ojos nariz y frente. Los otros dos, uno con ropas color gris y otro de verde parecían ser personas distintas a las que había visto el día anterior, cuyo atuendo era color dorado. Así que ahora, según sus cálculos (sin saber que no eran del todo correctos) existían seis hombres misteriosos.

-nosotros las encontramos en el camino-explicó uno de los tres encapuchados-venimos a ayudar

Inesperadamente, un fuerte viento barrió el lugar, llevándose consigo la niebla y dejando al descubierto a Akiko y Tuxedo Kamen, que ahora estaban acompañados por otras siete personas más.

-esperábamos que llegaran, aunque nuevamente se les ha hecho algo tarde-soltó Cru

-el pequeño juguete azul que nos dejaron, esperamos que no quieran que se los devolvamos porque lo hemos hecho trizas-comentó Hiperión-fue muy hábil la forma en la que nos engañaron, sailor senshis-y esto último lo dijo con una furia contenida.

-creo que ahora que sus refuerzos han llegado, Febe no nos va a acompañar voluntariamente, Cru-comentó el de cabello marrón llamado Críos.

- ¿así que nueve contra cuatro, eh? bueno, parece que es hora de pelear verdaderamente-murmuró Hiperión con una gran sonrisa, en posición de ataque

-no hay opción-concluyó Tetis

-me parece perfecto-dijo Críos en tono ansioso, levantando la mano hacia el cielo

El suelo tembló resquebrajándose en grietas que un segundo después estallaron como volcanes en erupción. Y realmente se asemejaban a volcanes, porque chorros ardientes de lava se elevaron en una fila que, a un movimiento de Críos, se fusionaron formando una gran ola incandescente.

Akiko formó una insipiente pared que fue destrozada al primer contacto. Pero la lava se detuvo. Todo gracias a una potente energía circular cuya consistencia acuosa poseía un extraño color verdoso.

-¡no es suficiente!-murmuró Júpiter mientras veían como la lava ganaba terreno evaporando poco a poco el ataque que salía de las manos del encapuchado de verde. Se adelantó para atacar, esperando que funcionara pero el encapuchado de verde la detuvo.

-¡Mercury! ¡Tú también usa tu poder para que la lava se enfríe!-ordenó éste

La guerrera, asombrada por un segundo, obedeció ante la aterradora cercanía de la ola de lava

¡Rapsodia acuática de Mercurio!

Los ríos de agua se deslizaron en el aire con la gracia de una bailarina en el escenario y chocaron contra la lava manipulada en un estallido de vapor.

Una parte de la lava se solidificó al primer contacto, creando una masa enorme de roca que Akiko no desaprovechó, usándola para proteger a todos de las diminutas puntas de hielo que en un santiamén se habían transformado en enormes y filosos pedazos de hielo que caían sobre sus cabezas.

-¿estas bien?-le preguntó Tuxedo Kamen al verla caer de rodillas

-solo estoy cansada

-¿Sailor Moon no ha llegado aún?-se acercó el encapuchado de gris

-no-dijo Akiko, con el propósito de encubrir la identidad secreta de Usagi-y creo que no llegará

Sailor Mercury volteó a verlos pero no dijo nada, aunque su rostro se cubrió de preocupación.

¡Beso de amor y belleza de Venus!

¡Saeta llameante de Marte!

Gritaron las dos sailors para parar un ataque de Cru al tiempo que Sailor Mercury y el enmascarado de verde continuaba oponiendo resistencia a la ola de la lava que se levantaba hábilmente sobre los pedazos solidificados y se elevaba imponente y con mayor espesor.

-creo que necesitas mi ayuda, Críos-dijo Hiperión, saltando esplendorosamente por arriba de la lava

Sailor Jupiter trató de detenerlo con un veloz ataque pero no contaba con que las gotas de lluvia se convirtieran en una pared de hielo que lo protegió inmediatamente. La sailor buscó al creador del poder y Tetis que se percató de aquello, le sonrió con presunción mientras Hiperión evadía ingeniosamente un centenar de rosas y luego, la cadena de Sailor Venus que a pesar de la habilidad de su dueña no había logrado atraparlo. Hiperión sonrió, despegó sus pies del suelo y desapareció en una ráfaga de luz que se colocó frente a Mercury y el enmascarado de verde, extendiendo una mano y desatando un torrente de aire que los arrojó contra el tronco de un árbol caído. Akiko reunió fuerzas y logró cubrir las grietas por donde salía la lava justo antes de que cubriera a todos. Críos intentó hacer surgir nueva lava pero Jupiter y Venus lo entretuvieron, atacándolo conjuntamente. Tuxedo Kamen destrozó una nueva lluvia de filosas puntas de hielo y a unos metros Sailor Mars provocó un estallido cuando una ráfaga de viento de Hiperión chocó contra su saeta llameante. El encapuchado de gris y el de azul se enfrentaban a Cru, al cual a penas y podían combatir. Y Sailor Mercury que con el golpe había perdido la consciencia por unos segundos despertaba apenas.

-¿eres médico?-inquirió la sailor con curiosidad, mirando cómo el encapuchado de verde vendaba su brazo.

El joven la miró y luego le sonrió dulcemente

-no ¿por qué lo preguntas?

-porque te comportas como si lo fueras-respondió tímidamente

No pudieron continuar con la conversación porque a su lado, cubierta por el polvo, cayó Sailor Venus.

Sailor Júpiter no fue capaz de parar a Críos sola y Akiko se preparó para detener un remolino de lava que su hermano había hecho surgir del suelo y dominaba con el movimiento de sus manos, pero no fue necesario porque Sailor Mercury y el encapuchado de verde unieron sus fuerzas para enfrentarse nuevamente a él.

Akiko se interpuso en el ataque de Tetis dirigido a Tuxedo Kamen, destrozándolo. Y con un movimiento, milimétricamente más rápido que el de su hermana, la envolvió en una armadura de piedra que cayó al suelo con un estruendoso sonido.

-¡Mamoru, tenemos que ir tras Usagi rápido!-exclamó Akiko con voz cansada pero llena de alarma

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Sotaro, con el traje totalmente bañado por la lluvia, miró a Usagi, que temblaba en sus brazos. Jamás había visto que una persona llegara a los límites de la fiebre así que no tenía ni idea de lo que podía suceder, y tampoco deseaba experimentarlo y menos con ella. No obstante, no se encontraba tan preocupado. Al frente, cubierta por una extensa neblina se extendía la calle que los sacaría del campo de batalla. ¡Al fin! Habían dado varias vueltas buscando por donde salir pero todas las calles-y para su sorpresa, incluso los techos- habían estado acordonadas y repletas de gente, policías principalmente, los cuales debido a los sonidos terroríficos que se oían dentro de la neblina y a las advertencias de los meteorólogos y demás investigadores no se habían atrevido a entrar. Se sentía aliviado de sacarla de ahí, la zona de desastre se extendía cada vez más y por un momento temió que los alcanzara.

-¿ya hemos salido?-preguntó Usagi, que tenía los ojos cerrados

-no, pero estamos a punto de hacerlo-dijo sin dejar de avanzar-ha sido usted muy valiente, señorita-comentó, sin saber con certeza si trataba de aligerar los sentimientos que la atormentaban a ella o los que lo atormentaban a él- y gracias a usted esta hermosa gatita estará bien en unas cuantas horas.

Usagi apretó ligeramente a Luna entre sus brazos, sin decir nada. Por su rostro, Sotaro notó que sus palabras no habían hecho ningún efecto en ella, y a decir verdad tampoco lo calmaban a él. Suspiró hondamente.

Entonces una zigzagueante grieta surgió del suelo que se perdía en la neblina y avanzó hacia ellos partiendo en dos el pavimento. Sotaro la esquivó y entonces los trozos de pavimento bajo sus pies se tambalearon y otros a su alrededor se elevaron. Éstos quedaron suspendidos un segundo en el aire y luego se volvieron contra ellos.

-¡¿qué rayos?!-murmuró

Usagi, que había entreabierto los ojos, miró aquello tan perpleja como él. Los pedazos de pavimento eran tantos que fue un intento vano esquivarlos, por suerte- o tal vez por desgracia- el suelo se removió y sin poder mantener más el equilibrio, cayeron al suelo. Usagi hizo lo posible por proteger a Luna y Sotaro hizo lo posible por protegerla a ella.

-esa chica nos ha traicionado-murmuró Sotaro levantándose con el cuerpo dolorido

-Akiko jamás nos atacaría-replicó Usagi que se separaba de él e intentaba ponerse de pie por ella misma.

Una mano se posó en ese momento en el hombro del encapuchado que se giró violentamente.

-calma, soy yo-dijo la voz de su señor que usaba el mismo traje dorado que se había puesto el día anterior-los he buscado por todas partes, creí incluso que ya habrían salido.

El suelo se levantó inesperadamente y varios muros, muy parecidos a los que Akiko había sostenido con gran trabajo minutos antes se levantaron a su alrededor.

-definitivamente fue más favorable para mí venir tras ustedes, allá, con Febe de por medio, me era bastante difícil usar mis poderes, así que me la pasé valiéndome de la fuerza de mis músculos-espetó una voz masculina, enormemente grave- ¿creyeron que ya habían escapado? ¡ja! No podemos darnos el lujo de dejarlos salir vivos, y mucho menos si se trata de Sailor Moon.

Las superficies lisas de los muros cambiaron drásticamente a filosos pinchos y el encapuchado de dorado la tomó instantáneamente por los brazos y la protegió con su cuerpo, incluso de la lluvia.

-creo que esta sería una manera rápida de morir-dijo su atacante-atravesados por un centenar de picos, un poco aburrido pero…

Una luz dorada cortó entonces horizontalmente las paredes que segundos después se desplomaban y dejaban ver a los dos encapuchados y a Usagi, presionando ligeramente a Luna contra su pecho.

Usagi había tenido razón desde un principio, la persona que los atacaba no era Akiko. La persona que los tres miraban era un hombre fornido y de gran altura, de cabello corto, color verde; sus ojos grises brillaban con alegría. Usagi cargó a Luna con una sola mano y con la otra tomó su medallón de transformación, por si no tenía otra opción que transformarse frente a los encpauchados.

-que suerte tengo-exclamó su agresor-tengo el placer de conocer al joven dueño del hermoso cristal que brilla como el oro ¿no es así? ¿me mostrará ese hermoso cristal y su poder?

El encapuchado de dorado soltó a Usagi y se adelantó unos pasos

-sabes quién soy, y a pesar de eso no me tienes miedo

-no tengo por qué temerte, y aunque así lo fuera mi curiosidad es más poderosa-le sonrió osadamente y a continuación golpeó el suelo con los dos puños y el suelo se levantó en una perfecta línea que se dirigió al encapuchado.

-¡cuidado!-exclamaba en ese momento Akiko al ver que Hiperión lanzaba sus peligrosos tornados

El aviso de la chica rubia había llegado demasiado tarde, Sailor Mars y Venus habían sido atrapadas por un furioso torbellino luego de lanzar un ataque en equipo.

¡Hojas de roble de Júpiter!

El ataque de la sailor chocó contra el torbellino pero no le hizo ningún daño. Jupiter decidió intentarlo nuevamente pero súbitamente el implacable viento que formaba el tornado se esfumó en una brisa ligera y dejó caer a las dos sailors. La causa de aquello: un centenar de rayos rugiendo desde el cielo que caían sobre las cuatro sailors y sobre los tres encapuchados. Antes de que pudieran incorporarse un río de lava los rodeó y se levantó del suelo formando una pared líquida que les dejaba sin salida. Varios permanecieron en el suelo sintiendo ya la fatiga y dolor de aquella batalla.

-son demasiado fuertes-murmuró Mars intentando levantarse

-no es eso-refutó el hombre de gris

En ese momento la figura de Tetis surgió entre los escombros del parque, caminando lentamente

-Akiko detente-dijo ésta y todos concentraron la mirada en ella, especialmente su hermana que la había visto desaparecer minutos atrás, siguiendo a Mamoru. Ella había sido detenida por Cru (que a su vez se había liberado de los dos encapuchados gracias a una potente lluvia de rayos) y por ello no había podido ir también- luchas en nuestra contra porque quieres defender a ese hombre, pero ya no tiene caso que luches, lo he matado. Ahora únete a nosotros.

Akiko miró pasmada a Tetis y la capa negra manchada de sangre que ésta había lanzado frente a ella y que cayó pesadamente sobre un charco de agua.

-no es cierto, no es cierto-decía Akiko al principio clamada e incrédula -no mientas…por favor

-no miento, te traje esto como prueba, aunque si quieres ver el cuerpo…

-¡¡¡no digas más!!!-exclamó con las lágrimas saliendo azoradas de sus ojos desenfocados-no debo sentir esto, no hagas que lo sienta, por favor…no puedo…no puedo…

Se abrazaba a ella misma, casi clavándose las uñas y sus manos trepidaban, al igual que su cuerpo entero. Mercury se adelantó hacia ella pero el encapuchado de verde la detuvo

-¡no!-exclamó entonces Jupiter que se lanzó a ayudarla tardíamente pues la chica ya se había lanzado contra el aro de lava, avivado repentinamente.

Para su asombro y la de los otros siete que estaban con ella Akiko traspasó el cerco sin ninguna herida nueva y muy despacio caminó hacia Tetis, mirándola con sus ojos perdidos.

Las nubes grises se acercaron más unas a las otras apretándose, y la lava que cercaba a los ochos se movía, como avivada. Pero al parecer ni Cru, ni Críos estaban causando aquello. ¿Entonces…?

-la hiciste despertar, Tetis-susurró Críos con diversión, mientras la aludida, enormemente seria, no apartaba la mirada de Akiko.

Una luz deslumbrante bajó desde el cielo y envolvió a la inmutable rubia con un sonido ensordecedor. Tetis levantó una rápida pared de hielo justo a tiempo para detener el puño de roca de Akiko que se atascó en el agujero creado. Pero se sintió aliviada demasiado pronto, porque Akiko se contorsionó y lanzó una patada-y en ese instante su pierna entera se cubrió por un violento remolino- que destruyó la pared enteramente. Dio un paso atrás tratando de huir pero para su sorpresa sus pies fueron congelados por el hielo. Akiko la miró fijamente un segundo antes de que una columna de lava surgiera del suelo y envolviera el cuerpo de su hermana. Tetis sobrevivió gracias a un campo de hielo que logró crear a tiempo pero que se evaporó con facilidad.

-Akiko…-murmuró luego de caer en el suelo e inmediatamente ser arrojada brutalmente por una nueva patada-soy tu hermana… tú jamás me lastimarías ¿lo recuerdas?

-¡Akiko detente!-exclamó Mercury-¡ella seguramente ha mentido, Tuxedo Kamen no se dejaría vencer así!

-no hay tiempo-susurró el encapuchado de gris y una energía color negro surgió su mano, destrozó el cerco de lava y avanzó velozmente hacia Akiko

-nada puede detenerme-murmuró la chica que fue interrumpida por la energía cuando se disponía a acabar con su hermana. Con enorme facilidad y rapidez creo un torbellino que devoró la energía color negro y la hizo mil pedazos-ni siquiera yo misma

-¡no es necesario que la ataquen!-reprochó Jupiter a los encapuchados que se disponían a lanzar una nueva energía, pero esta vez con la fuerza de los tres.

- ¡ustedes no lo entienden! ¡Ella debe morir!-exclamó uno de ellos con firme determinación

Sin embargo, Hiperión se les adelantó usando su ráfaga paralizante sobre Akiko que distraída por el ataque anterior no pudo preveer la ofensiva que le llegaba por la espalda. Cru movió ligeramente la mano y la nueva luz de un rayo que cayó sobre Akiko volvió a cegar a todos.

-¡no se atrevan!-dijo el enmascarado de marrón cuando las cuatro sailor dieron algunos pasos, dispuestas a ayudar a Akiko, que acababa de caer al suelo, perdiendo el conocimiento.

- no podemos permitir que le hagan daño-dijo Jupiter en actitud retadora

A pesar de la amenaza implícita en las palabras de Sailor Jupiter los tres enmascarados les bloquearon el paso.

-dejaremos esta batalla para que ustedes arreglen sus diferencias-les interrumpió Hiperión que había tomado a Tetis en sus brazos mientras Cru cargaba a Akiko.

Al terminar la frase los cinco hermanos desaparecieron con una violenta ráfaga de viento y lluvia.

-¡ahora todo será más complicado!-exclamó el hombre de azul

-ya no hay nada que se pueda hacer-dijo el de gris, caminando lejos de ellas

-¡esperen! ¿Por qué atacaron Akiko?-preguntó Sailor Venus

El otro no contestó, y junto con sus dos amigos desapareció entre los pocos árboles que habían resistido la frenética batalla.

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-eres muy obstinado-sonrió Threx al tiempo que Tuxedo Kamen llegaba a aquel campo de batalla, sin capa y con una rasgadura en la espalda que, a pesar de ser larga y aparentemente seria no había más que rozado su piel.

El otro se enfureció más, golpeando el suelo con todas sus fuerzas. El hombre de capa dorada dio un gran salto esquivando el ataque y, desde los aires lanzó una esfera de energía que Jápeto no pudo esquivar.

-¿te rindes?-inquirió su enemigo

-¡eso jamás!-gritó

Avanzó con rapidez dispuesto a gastar todas sus energías en el ataque pero una voz lo hizo parar en seco

-¡Jápeto, detente!

Con tan sólo escuchar esa voz tan familiar supo que sus hermanos estaban ahí. Sonrió.

Por el contrario, los dos hombres de capa se prepararon para pelear y Tuxedo Kamen avanzó hacia ellos.

-es hora de marcharnos-ordenó Cru y Jápeto bajó los abrazos y abandonó su posición de pelea, obedeciendo humildemente.

-¡suelten a Akiko!-gritó Tuxedo Kamen entonces, notando que Cru llevaba entre sus brazos a la inconsciente joven

-eres tú-sonrió Cru- pronto ella cumplirá con lo que se le fue encomendado

No le importó que ellos fueran más y que sus posibilidades de salvar a Akiko fueran pocas, corrió hacia los hermanos dispuesto a salvar a Akiko pero un fuerte viento lo cubrió impidiéndole avanzar. Los seis hermanos desaparecieron entre los jirones de niebla que quedaban. Segundos después recuperó la movilidad de su cuerpo y se dio la vuelta.

Los dos enmascarados ya no estaban, pero Usagi, con el rostro sonrojado reposaba sobre una banca medio doblada del parque, sin dejar caer a Luna, aún cuando sus brazos parecían exánimes. Se diría que estaba dormida, pero en realidad se había desmayado.

La tomó entre sus brazos, aunque su pecho se lo reprochó con una punzada de dolor, haciéndole recordar los tormentosos días que había pasado, la búsqueda de una cura para ese mal y sus cálculos que le decían que el tiempo se acababa. Un sonido se escuchó a lo lejos, no en dirección al parque sino hacia la calle desierta.

-¡Tuxedo Kamen!

Se giró mirando nuevamente hacia lo que quedaba del parque. Las cuatro senshi, que corrían hacia él se distinguían claramente de entre los árboles caídos, la tierra zanjada y algunas bancas destruidas que formaban el paisaje. El sonido proveniente de la calle, que ahora se asemejaba más a un centenar de murmullos, aumentó.

-Usagi, Luna-se angustió Sailor Venus al igual que sus tres amigas

-la niebla se disipa, tenemos que salir antes que lo haga completamente-dijo Tuxedo Kamen-o los que están al final de la calle nos descubrirán

-no hay problema por eso-dijo Mars dirigiendo una elocuente mirada a Sailor Mercury. Ésta asintió con seguridad y al siguiente instante las personas que observaban curiosamente por entre los huecos donde la niebla se deshacía, escucharon una voz femenina gritando: ¡burbujas de mercurio, estallen!

Demasiado absortos en su desconcierto y pánico, los presentes que vieron aumentar el espesor de la neblina, no se percataron, ni siquiera intuyeron, que entre la multitud cinco figuras surgidas de lo más profundo de la bruma avanzaban velozmente hacia el lado opuesto de la calle.


¡Hola! Al fin conseguí, más que escribir, ordenar este capitulo ññ y es que como habrán notado muchas escenas sucedían al mismo tiempo y me costó trabajo definir cual ponía primero y cual después, sólo espero no haber dejado confundido a nadie XD

Gracias por su enorme paciencia (los días pasan muy rápido para mí pero sé que para ustedes no es tan rápido XD) y aunque tarde tanto que a veces parezca que la tierra me tragó o que decidí abandonar el fic, les aseguró que la actualización llegará. No pienso dejar el fic mientras sepa que hay personas que lo leen y se entusiasman con él, así que no se preocupen por ese aspecto que mientras sigan leyendo yo seguiré escribiendo ;) Por eso es importante que me dejen sus comentarios, aunque sea de vez en cuando, para saber que hay personas interesadas en continuar y también para que yo sepa que la historia les ha gustado lo suficiente como para manifestarlo. Y si todos se animaran pues creo que subirían mis ánimos de escribir por arriba del cien por ciento XD Muchas gracias a las personas que ya lo hacen y que enriquecen cada capitulo con sus comentarios, dudas o simplemente diciendo me gustó o no me gustó, no saben lo alegre que me pone saber sus opiniones *w*

Bueno ya dije demasiado por este capitulo, así que nos leemos en el próximo!