Capitulo X

Heridas

& 1ª Parte &

Caminaba rápida pero sigilosamente por los pasillos inundados de la oscuridad nocturna, bien abiertos lo ojos pero sin ver más que pálidas sombras entre el negro insondable; siguiendo el camino que sus pies indicaban casi de forma automática. Conocía cada rincón de ese sitio, cada pasillo, cada esquina, cada recoveco…

Giró y sus ojos se toparon con luz…al fin. Era el resplandor de la luna, que caía desde una alta ventana en la pared izquierda de aquella blanca y casi absolutamente vacía habitación sin puertas, al fondo del corredor. Se detuvo en seco contemplando el lugar, plácido y silencioso como si el tiempo se hubiera detenido en sus paredes y el suelo hubiera absorbido hasta la última gota de paz en el mundo.

Su corazón latió con más violencia. Era el momento decisivo y ahora sólo tenía que caminar. Aquellas palabras dentro de su mente que lo habían acompañado en todo el transcurso, continuaron transitando, martillando, haciéndole recordar:

"el repudio y odio de todos estará contigo, persiguiéndote hasta el día de tu muerte ¿En serio crees que podrás cargar con él?"

Mamoru Chiba se agitó bruscamente, con los párpados apretados, mientras las imágenes se hacían más confusas: el sonido hueco de sus pasos contra el suelo blanco, el silencio, el haz de luz tenue y níveo que iluminaba la enorme puerta cerrada al fondo de esa habitación; su mano sobre una de las aldabas plateadas de la puerta, el chirriante sonido de los goznes de ésta al abrirse; un cegador rayo de luz amarilla escapando por la hoja medio abierta y…

-mentiroso

Mamoru se estremeció, sudando copiosamente.

Se había detenido, sosteniendo la aldaba de la puerta. No necesitaba darse la vuelta para saber que se trataba de él, reconocía claramente su voz.

- me traicionaste a mí y a todas la personas que confiaban en ti, has sellado tu destino y el de todos nosotros…nunca más podré llamarte hermano.

Una sensación de vacío hirió su pecho al tiempo que las imágenes se hacían más sucesivas e indeterminadas. Llevó las manos crispadas a su pecho mientras se retorcía en el improvisado lecho. Ya estaba al borde de despertar y sentía dolor, mucho dolor.

Entonces las imágenes se detuvieron abruptamente, congeladas en una sola escena. La espada blandida por aquel ser amado estaba sobre él, amenazando con su punta afilada, mortalmente bella. Se había distraído, y tanto él como su contrincante sabían que una distracción por mínima que fuera decidiría todo. El combate había terminado y él había perdido. La espada de su contrincante brilló al contacto de la luz lunar que invadía la habitación y un segundo después, el sonido limpio del metal atravesando el cuerpo le desgarró los oídos mientras su corazón latía con toda su furia; después, se calmó, y lo único que sintió fue un cálido líquido comenzando a impregnar su ropa…sabía de que se trataba: sangre. Bajo la vista y sintió más dolor, mucho más…

-¡que raro!-exclamó una voz simplona cerca de él mientras una infinita neblina negra comenzaba a opacarle cualquier otra imagen

-¡no lo toque! Puede ser peligroso

-¡que va!

-parece que ya se calmó

-llamemos a la policía, será lo mejor

-yo no quiero meterme en esto

-ni yo

El sonido de pasos alejándose se mezcló con un incremento de nerviosos murmullos y más lejos aún podía distinguir el sonido de ¿autos?

Abrió los ojos lentamente y lo primero que vio fue media docena de rostros observándolo curiosa y precavidamente a un paso de él. La expresión impresa en ellos indicaba que estaban dispuestos a echar a correr en cuanto notaran cualquier comportamiento extraño en él.

Se encontraba sentado en el frío piso de un callejón, justo en la esquina de éste. Miró el oscuro y sucio lugar, los anchos botes de desperdicios que se elevaban sobre él y daban un visión sesgada de la calle, los muros de los edificios a su izquierda y derecha que le impedían la entrada del sol pero no de su claridad; a las personas que lo rodeaban y la franja de nubes blancas y cielo azul arriba de él. También se miró a sí mismo, preguntándose porqué todos lo veían con tal extrañeza y cautela. Sus manos tenían manchas de sangre seca, su ropa estaba rasgada y el antiguo color de su camisa había sido remplazado en más de una parte por el color rojo oscuro de la sangre. Debía ser por eso. Muchas ideas pasaban seguramente por la mente de aquellas personas que lo contemplaban, y por su mirada el asesinato era una de ellas.

-¿pueden decirme qué hora es?

Sus observadores se exaltaron al escucharlo hablar, como si dudaran de que se tratara de un ser racional, algunos incluso dieron un paso atrás, pero fue una persona la única que se atrevió a responder, una mujer de tacones y saco

-la...las dos y media

Mamoru no respondió, estaba estupefacto. ¡Las dos y media! ¡Imposible! Era cierto que los últimos días había notado que dormía más de lo normal pero ¿dormir más de diecisiete horas? ¿Y qué había pasado mientras él había estado durmiendo?

Recordó rápidamente los hechos sucedidos el día anterior. Akiko a su lado en el parque, Usagi ahí también apareciendo de la nada, el ataque, la batalla, la forma apresurada en la que las senshi y él salieron de ella. Y luego la urgente necesidad de atención médica que les hizo dividirse en dos grupos: uno que llevaría a Luna al veterinario y otro a Usagi al hospital. Su desesperación cuando junto con Mina y Ami, llevado a Usagi entre sus brazos, habían llegado al hospital, buscando a la doctora Mizuno. El rostro aterrorizado e interrogador de aquella joven madre y doctora cuando fijó sus ojos en el grupo malherido y reconoció dentro de él a su hija.

Recordaba también el último segundo en el que vio a Usagi, mientras la colocaba en la camilla. Después fue llevada a una zona de acceso restringido. A pesar de su preocupación, tuvieron que sentarse en la sala de espera. Se habría queda ahí, si el estremecimiento en su pecho que siempre antecedía a un dolor agónico no hubiera aparecido. Se trataba de ese mal que ni siquiera poseía nombre, pero que lo estaba consumiendo lentamente y que aparecía todos los días sin falta, a veces una vez y otras veces dos. Inventó una excusa a Mina y a Ami y deambuló por el hospital buscando un sitio donde refugiarse hasta que el dolor parara. Pero el hospital estaba repleto así que la única opción que encontró fue salir de ahí. Vagó por la calle, atolondrado por el dolor y se dejó caer en la parte más oscura que encontró: aquel rincón en el callejón. Quizá duró horas así, únicamente mirando el inmenso cielo que se teñía de colores oscuros conforme la noche se acercaba, hasta que el cansancio comenzó a vencerlo y sus ojos se cerraron, sintiendo que poco a poco el dolor se desvanecía entre las sombras del sueño.

-¿está usted bien?-le preguntó una mujer de edad, sacándolo de sus recuerdos

- ¡vamos, no hay nada que ver aquí! ¡vayan a sus casas y trabajos!-dijo otro hombre, de cabello rubio y corto, antes de que Mamoru respondiera

-pe…pero

-nada de peros señora, este hombre quizá necesite un médico, no podemos hacerle perder más tiempo ¿verdad?, Yo mismo lo llevaré al hospital así que no se angustie.

Casi a empujones el hombre logró sacar de ahí a todas las demás personas. Y a su vez, cuando todos se fueron, tosió incómodamente, le preguntó si podía llegar al hospital por sus propios medios y cuando Mamoru respondido que sí, se alejó sin decir más ni hacerle preguntas.

Mamoru se habría detenido un minuto más a pensar en el inusual comportamiento de ese joven, si no hubiera tenido demasiadas cosas en las cuales ocuparse.

-¡alto ahí!-ordenó una voz femenina a su lado, sujetándolo por la manga de la camisa justo cuando se dirigía a la recepción del hospital

-Mina, Ami

Las dos chicas llevaban sendos vasos con café. El de Mina se había agitado con el brusco movimiento y había manchado parte de su suéter. Por lo demás, parecían estar bien. Las heridas leves con las que habían llegado la noche anterior ya habían sido atendidas y sus rostros ya no parecían agobiados como el día anterior.

-¿Cómo está Usagi?

-mucho mejor –respondió Ami- la fiebre ha bajado completamente. En cuanto a las lesiones de la batalla, la pierna derecha y el abdomen fueron las partes más lesionadas. Afortunadamente no hubo ninguna fractura ni lesión severa, aunque los doctores dijeron que no debe descuidarse.

- Rei está con ella en este momento -dijo Mina a su vez

-¿Rei?

-llegó hace unas horas junto con Mako

-¿y Luna?

- de a cuerdo a lo que ellas dijeron, apenas y podrá moverse, su recuperación será muy lenta –explicó Ami- Se quedará unos días con el veterinario hasta que podamos trasladarla. Y Artemis también lo hará.

- él ha rechazado separarse de Luna –dijo Mina para explicar las cosas- Rei y Mako tuvieron que inventarle algo parecido a una enfermedad al veterinario para que pudiera quedarse.

Mamoru parecía meditabundo. Mina lo notó de inmediato agregando:

- Si quieres ver a Usagi tengo que decirte que antes tendrás que…

-¡cierto! Mamoru, tienes que saber lo que le dijimos a mi madre, para que las versiones coincidan. Han llegado varios heridos al hospital por el "fenómeno" y la policía está alerta de cualquier declaración que les permita esclarecer las cosas.

-no eso, Ami.

Mina le dio su café a la peliazul, aferró más la manga de Mamoru y lo sacó rápidamente del lugar diciendo que tenía que hablar con él urgentemente y pidiéndole a ella que se adelantara.

-muy bien Mamoru, es hora de que hablemos seriamente-soltó Mina, parando en un estrecho y casi vació pasillo-tal vez Usagi no lo note, pero Mako, Ami, Rei y yo sí lo hacemos, así que será mejor que lo digas.

-¿decir…?

-¡¡AJÁ!! -exclamó con un fugaz rayo de luz rodeándola, mientras mostraba una gran y segura sonrisa-¡Lo sabía!- una gotita apareció en la cabeza de Mamoru –¡pero cuenta, cuenta! No hay nada mejor que hablar con un buen amigo o amiga en los momentos más difíciles- se sentó calmadamente en una fila de butacas, al final del pasillo y él se sentó a su lado, jalado más por la mano de Mina que por un deseo propio.

La rubia clavó sus ojos expectantes en él y sus labios delinearon una sonrisa ansiosa.

-¿contar qué?- preguntó él ante el silencio

-pues "eso"-sonrió con entusiasmo la chica- te doy mi palabra de que no saldrá nada de mis labios.

La palabra "eso" encajaba con tantas cosas que de decirlas, no sabría ni por donde empezar. Pero por la situación supuso que se trataba de su repentina y prolongada desaparición.

-yo me fui porque…

-no necesitas decirme eso- lo interrumpió Mina- supongo cual es la causa

-¿ah, sí?-se sorprendió Mamoru

-¡Ay, Mamoru! ¡Cuántos conflictos hay en tu pobre corazón!-exclamó de forma dramática- pero no necesitas guardártelos ni sufrir más tiempo, yo puedo escucharte y si quieres, también aconsejarte -Mamoru notó de inmediato que el tono de voz de la chica cambió en la última palabra, acentuándola más- No por nada soy la diosa del amor.

La expresión de Mamoru cambió y sus ojos dejaron de sostenerse en ella. ¿Amor? ¿Era ese el camino por el que transitaban los pensamientos de Mina? Si era así…

Apoyó los codos en las rodillas, con un gesto reflexivo.

-quieres saber cuales son mis sentimientos por Usagi

Mina se sorprendió. Increíblemente Mamoru era más perspicaz que ella pero no se rendiría. Se propuso solucionar ese trío amoroso a como diera lugar y no podía darse por vencida. Ya no lo miró a él sino a los cuadros blancos del suelo.

-Usagi se despertó en la madrugada -comenzó a decir Mina- la fiebre era tan alta que sus palabras apenas y eran coherentes, pero no dejó de pronunciar el nombre de Luna y también el tuyo. Ahora lo que más necesita son ánimos para levantarse de esa cama y volver a sonreír despreocupadamente…Y si yo puedo hacer algo para que eso suceda…

-entiendo

-los dos sabemos que estos días ha estado más que inquieta por su relación. Sé que a ti también te preocupa ella, sin importar que tipo de afecto le tienes, así que respóndeme con sinceridad ¿es cierto que ya no la amas?

Los ojos de Minako se dilataron al notar el cambio en el rostro de él. Su expresión se había tornado seria, dándole el alivio de saber que respondería sin juegos ni bromas, pero había más que seriedad en su rostro y en sus ojos.

-Desde que recordé mi pasado y me enamoré de ella, mis sentimientos no han cambiado.

-¿eso significa que no quieres romper con ella?

-así es –le sonrió levemente- Sin embargo, lo que ha pasado estos días…

-¡no digas más! Es a Usagi a la que tienes que explicarle todo, porque piensas hacerlo ¿o no?

La mirada asesina de la chica le hizo soltar el sí apresuradamente

Mina, satisfecha, mostró una gran y rosa sonrisa, se levantó y dio un paso hacia el pasillo por donde habían llegado

-muy bien, entonces será mejor que te cambies y dejes que te curen. No te ofendas pero te ves terrible -Mamoru delineó una nueva sonrisa. No necesitaba decírselo- Ella se asustaría si te viera así. Y mientras tanto yo me encargaré de crear la situación perfecta.

-¿situación?

Mina volvió la cabeza con una sonrisa enorme y ojos brillantes y maliciosos que le asustaron más que la mirada asesina de un momento atrás.

-¡por supuesto! Ustedes no podrían hacerlo solos, es más que obvio por todos los días que han pasado sin arreglar las cosas.

-gracias por la ayuda, pero supongo que Usagi estará aquí varios días, así que yo estaba pensando en algo simple. Hablar con ella en su cuarto o…

-Mamoru, Mamoru, Mamoru ¿Dónde ha quedado todo tu romance? La reconciliación es el acto supremo de amor que solo se da cuando dos personas se dan cuenta que lo que sienten el uno por el otro es más grande que todas las adversidades juntas-dijo en un repentino ambiente de ensueño- ¿y crees que ese acto tan maravilloso merece tener lugar en un cuarto de hospital? No, no, lo que necesitan es estar en un ambiente cálido, agradable y que incite al romance. Créeme, así ella se arrojará a tus brazos mucho antes de que le digas una palabra… Pasando a otras cosas sería bueno que hubieran rosas rojas en el suelo, tal vez también velas y música suave, mmm….¿de violín o piano? Las dos opciones me parecen buenas pero…

- No creo que ese "ambiente" sea el mejor. Ha habido muchos conflictos entre nosotros. Ella esta enfadada y dolida.

-Bueno entonces tendrá que ser más discreto –Mamoru suspiró de alivio- o por lo menos al principio

-¿cómo?

-¡Ya sé! En cuanto tú le digas que ella es el amor de tu vida yo esparciré las rosas rojas, el violinista saldrá y…

-¿violinista?

-sí, lo he pensado bien y un pianista sería demasiado suntuoso, además estaría el problema del piano, a menos que…

-Mina, Usagi no puede salir del hospital y no creo posible hacer algo así dentro de él –dijo con claridad

-no te preocupes por esos detalles que yo me encargaré de todo. Tú sólo piensa en lo que le dirás- dijo con otra radiante e ilusionada sonrisa

Mamoru suspiró. Al parecer no lograría disminuir o evitar la intervención de Mina a menos que la amarrara y encerrara. Pero él jamás haría algo así, por lo que no había remedio, sólo le quedaba rogar que la imaginación de Mina no se extralimitara.

-y… -dudó la chica antes de irse, con una voz seria que denotaba inquietud- el que desaparecieras toda la noche, ¿acerté en la causa?

Mamoru delineó una sonrisa: Mina se estaba preocupando por él, y Ami, Rei y Makoto seguramente también lo había hecho.

-tenía muchas cosas en las que pensar -contestó

- marcamos a tu apartamento y al de Mako pensando que tal vez estarías ahí. No nos explicábamos porqué te habías ausentado tanto tiempo sin decírnoslo. ¿de verdad está todo bien?

-estoy lo suficientemente bien como para ver a Usagi hoy

La respuesta no fue para nada satisfactoria para ella. Pero sabía que no era la persona adecuada para sacarle el secreto. Usagi tendría que encargarse de eso. Aún así…

-Si tienes algún problema, no importa que tan grave sea, no dudes en avísame ¿de acuerdo?

Mamoru asintió y ella le brindó una amistosa sonrisa antes de marcharse.

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Lanzó una maldición por no poderse mover como quería y con gran esfuerzo y creatividad, empujó las dos hojas de la puerta e ingresó a la habitación. Éstas se cerraron suavemente tras ella.

En el lugar, sin ventanas ni focos y por ello inevitablemente oscuro, no podía distinguir más que una silla, medio oculta entre las sombras y un extraño capullo en el fondo, del tamaño de una persona, enraizado en el suelo por extrañas cepas compuestas de energía pura, casi transparentes. Éste emitía un decadente y trémulo brillo amarillo ceniza, que sin embargo, era suficiente para alumbrarle el camino hasta él. También traslúcidas eran sus paredes, a través de las cuales pudo apreciar con toda claridad el cuerpo inerte de su hermana.

Se asombró de verla así, indefensa, impotente, acostada en aquel espacio, con las manos medio abiertas y sin aparente vida, apagadas al igual que el resto de su cuerpo. Largas líneas, estelas de antiguas lágrimas, habían abierto surcos entre el polvo oscuro que le cubría el rostro y que convertían su belleza en no más que un pálido hecho. La cascada de revuelto cabello cubría parcelas de su rostro y se extendía alborotadamente en la pequeña área. No obstante, aquellos ojos verdes, hasta entonces perdidos, brillaron al posarse en ella, encendidos como vigorosas chispas… la única parte de ella que podía expresar vida. Lo percibía claramente, la chica dentro del capullo, su hermana, la estaba mirando amplia y fijamente. Indagó en el brillo de sus ojos, más de lo que su hermana indagaba en ella.

-aún no es tu turno-interrumpió su pesquisa una figura masculina que había aparecido de las sombras

-lo sé, no vengo a relevarte, sino a hablar con ella -dijo mirando primero al hombre y luego al capullo- ¿puedes dejarnos a solas un momento?

-¿ya has solicitado permiso?

-¿permiso? Jápeto, ¿me crees capaz de hacer algo inadecuado?

-no, por supuesto, pero tú no estas en condiciones, me refiero a que si algo te pasara no podrías…

-dame el dije. Sólo serán cinco minutos, si me tardo más entonces entra.

La renuencia se mostró por un segundo más en el rostro cuadrado y robusto de su hermano mientras su mano extendida seguía esperando su respuesta. Al final él sacó de su bolsillo un hermosos objeto de color amarillo que emitía el mismo brillo que rodeaba el capullo, sólo que diez veces más intenso y lo colocó en la palma de la mano de ella.

-no me hago responsable si sucede algo ¿de a cuerdo?

-bien, bien- contestó con fastidio, al tiempo que su hermano caminaba rápidamente hacia la puerta. Ésta se cerró y la ancha columna de luz proveniente del pasillo desapareció por segunda vez.

-Tetis- susurró una voz ronca mientras ella se sentaba en la silla

-aquí estoy Akiko. Me gustaría poner esta silla frente a ti para que me vieras, pero como habrás notado mis manos están ocupadas- dijo con calma y sin ningún tono que implicara reproche o enfado, colocando a su lado la muleta que llevaba y que le permitía andar a pesar de tener un pie fracturado.

- las vendas en tu cuerpo, las heridas en el rostro… y tu pierna…yo te hice todo eso, ¿verdad?- dijo Akiko, aclarando la voz

-casi todo, cierto- afirmó la otra

-¿por qué lo hiciste? ¿por qué me mentiste?

-así que te lo dijeron ya- resopló

- Mamoru no murió en la batalla como tú me habías dicho, pero necesito saber qué le sucedió, ¿está bien? ¿soy la única rehén?

Tetis casi pudo percibir que las manos de su hermana se estremecían, pero era imposible, ella no podía mover un solo músculo, no obstante el tono de su voz era suficiente para hacer manifiesta su repentina exaltación.

-se encuentra bien, o eso supongo. Estaba medio desmayada cuando lo vi por última vez, en la ciudad. Pero se veía lo suficientemente enérgico como para estarlo. En cuanto a los rehenes, sabes que eres nuestro único objetivo, o por lo menos a capturar.

Una pausa ligeramente larga se sintió antes de que Akiko reanudara la conversación:

-¿qué harán ahora comigo? ¿Nuevamente trataran de adaptarme a esos rígidos entrenamientos? ¿a cuantas personas tendré que matar para que me consideren apta?

-no, nada de eso -sonrió Tetis- has logrado avanzar mucho por ti sola, incluso lograste mantenerte en pie a pesar de ver tanta sangre.

- aún no –confesó-. Inevitablemente me mareo y mi estómago se revuelve cuando la veo

-entonces debes estar pasándola muy mal. En este momento estas forzada a contemplar tus blancas manos totalmente manchadas de sangre seca

- de tú sangre-admitió, con tono avergonzado-y la de quien sabe quienes más

-sólo la mía -amplió su sonrisa y luego la hizo desvanecer abruptamente- a pesar de todo, no puedo perdonarme haber cometido un error tan grande, una guerrera de mi talla no pude permitirse algo así. Pero creo que no soy la única que ha cometido ese error. Los demás, todos en realidad te hemos tomando a la ligera, hemos subestimado tu amor por él, desde siempre. Y estas heridas son la consecuencia.

La puerta se abrió de nuevo. Tetis arqueó una ceja

-Jápeto, qué es lo que…disculpe -agregó de inmediato cuando miró hacia la puerta y se encontró con un rostro muy distinto al de su hermano- …mi señora

-está bien, Tetis. Yo también he venido a hablar con nuestra joven guerrera…

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Escuchó el sonido de una puerta abriéndose: la puerta de entrada al apartamento. Dejó de cortar los vegetales para la comida y se acercó tranquilamente a la sala.

-vaya sorpresa, no te esperábamos hasta mañana -saludó calidamente al recién llegado

-sólo vine por un momento, el señor Threx me ha pedido que le lleve algo -contestó el joven de cabellos dorados al tiempo que dejaba caer sobre un sillón la chaqueta negra que llevaba en el brazo. Entonces el recién llegado reparó en el joven de cabello negro que dormía plácidamente en el sillón contiguo. Frunció el ceño- de nuevo dormido

-no seas tan severo con él, Unkei -le replicó sutilmente mirando al igual que el otro, el rostro tranquilo de Yoshiki

-es obvio que no va a nuestro ritmo, Sotaro -comentó Unkei- ya lo demostró ayer. Es el punto débil del grupo, gracias a él podríamos morir todos.

-te equivocas al pensar que su continuo agotamiento es por debilidad. Él es el único que se esfuerza por seguir con su vida normal. No ha habido un día en el que no lo vea revisando libros de medicina -contestó Sotaro- es normal que termine así, después de tener una doble vida

-"esto" es todo para nosotros ahora -replicó Unkei con un brillo intenso en sus ojos dorados- si la carrera de medicina le estorba, entonces tendrá que dejarla

-No creo que él piense como tú -sonrió Sotaro- Desde que supimos quienes éramos y lo que debíamos hacer, Yoshiki puso todo de su parte, sin importarle pisotear el corazón de una jovencita. Todo por acabar con esto de una buena vez y continuar con su sueño de convertirse en médico, así que no puedes pedirle que abandone la medicina, su carrera es todo para él.

-parece que nadie ve la situación de la misma forma -intervino la voz seria pero melodiosa de Seiho, que acababa de salir de una de las habitaciones

- así parece -sonrió Sotaro, recargándose en la parte trasera del sillón, con los brazos cruzados

-¿cómo la vez tú, Seiho? -preguntó Unkei

El aludido cerró los ojos y suspiró imperceptiblemente

- el descubrir quién era y mis nuevas responsabilidades, lejos de causarme problemas como a Yoshiki, me solucionaron la vida. Antes era sólo una sombra, el chico que todos insultaban y usaban a su conveniencia, pero cuando me enteré de todo, sentí de verdad que no era una simple sombra: soy un guerrero, poderoso, fuerte e incluso temible, no puedo sentir timidez, ni escrúpulos en los momentos decisivos, soy alguien importante, pero…

-tal vez hayas cambiado por fuera, dejando de ser tan antisocial que incuso dejaste de hablar con monosílabos. Pero estoy segura que por dentro sigues siendo el mismo

-¿cómo?

-tal vez no me creas porque apenas y llevamos un día y medio de conocernos pero no necesité de mucho tiempo para darme cuenta de que eres un chico gentil.

-¿cómo puedes asegurarlo?

-no se necesita gran cosa para saberlo

-¿pero…? -lo interrogó Sotaro con rostro expectante, sacándolo de sus recuerdos

-pero ahora…comienzo a dudar -bajó la cabeza- sé que está mal… ahora más que nunca debemos ser objetivos y fríos, si no lo hacemos no podremos enfrentarnos a nuestros enemigos

-y a las sailor senshi

-sí –dijo en tono inesperadamente melancólico- Aunque sigo pensando que no hay necesidad…

-tampoco hay necesidad de que existan las guerras -soltó Sotaro- y ya lo ves, estamos involucrados en una y no tenemos salida.

-lo peor es que las cosas no parecen estarse poniendo a nuestro favor -espetó Seiho

-¿lo dices por esa chica rubia salida de control?

-así es, si ella se une al bando de los enemigos se volverán mucho más fuertes. Ahora más que nunca debemos esquivar un enfrentamiento inútil con ellos, o no llegaremos vivos a la batalla final. Además tienen otro punto a su favor: conocen la identidad de la princesa y pueden atacar en cualquier momento

-el señor Threx tendrá que apresurar sus planes -intervino Unkei- aunque no lo quiera así

-aún no llego a entender porqué se comporta así.

-está pensando en el bien de la princesa. Además nosotros estamos aquí para obedecerle, no para analizarlo o cuestionarlo. -dijo dirigiéndose precisamente a la habitación de su señor- Seguramente habrá cambio de planes, necesito que alguno de los tres me releve, así que será mejor que se preparen.

-¿eh? ¿el señor Threx te piensa dar un nuevo encargo?

-no, aún

Sotaro frunció el seño. Era obvio que el asunto llevaba impreso el sello de confidencialidad que sólo podía ser abierto por Threx. La impermeabilidad de Unkei era igual o peor que la de su señor, así que insistir parecía casi en vano. No obstante, eso no descartaba que pudiera obtener pistas…

-¿sucedió algo en el camino del hospital a aquí?

-algo así, pero aún no sé qué puede significar.

-¿tiene que ver con la princesa de la Luna?

-No-dijo meditabundo-es más bien con el príncipe. Y es lo único que te voy a decir.

-de acuerdo, de acuerdo, pero no me mires con esa expresión de pocos amigos ¿verdad que es intimidante, Seiho?

-¿que?-preguntó como despertando de un sueño

Sotaro sonrió

-¿A dónde viajaste? Porque te has perdido la mitad de la conversación

El otro no contestó, sino que volvió a tirarse en el sillón, cubriéndose los ojos con las manos, en su cabeza sólo oía la voz de Mina, alegre, clara, natural, una y otra vez:

-estoy segura de que por dentro sigues siendo el mismo

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Mamoru Chiba vestido con un pantalón claro y su chaqueta verde, perfectamente arreglado, permanecía de pie frente a la cama de hospital donde el cuerpo de Usagi se extendía por debajo de las sábanas blancas. El reloj marcaba las cinco de la tarde, mientras el sol, irradiando su mortecina luz continuaba su camino de descenso hacia las montañas.

-hola- dijo ella reclinada sobre dos almohadas, dándole una fugaz mirada

-hola

Mamoru se acercó unos centímetros y ella sintió el súbito impulso de mirarlo de nuevo, pero contuvo su curiosidad. Se sentó en una silla, al lado de la cama. Su mirada, clavada en ella como desde un principio, comenzó a despertar sus nervios.

-¿te dijeron ya que no estoy tan mal? -inició nuevamente Usagi-. Al parecer sólo tendré que permanecer aquí dos días más, y Luna también está fuera de peligro. Supongo que las chicas ya te dieron algunos detalles…

-así es

Usagi miró sus manos, trató de tomar fuerzas y continuó:

-ya me contaron todo lo que sucedió en la batalla. La situación debe ser muy difícil para ti. -y luego, apretando las sábanas entre sus manos fuertemente, agregó con rapidez- Espero que la encuentres muy pronto

Mamoru desvió su mirada del rostro de Usagi y la concentró en sus manos blancas que temblaban levemente, al igual que su voz, a pesar de que intentaba cubrirlo con su alegría natural ¿Es que podía ser que buscando con tal anhelo no herir a la persona amada, como él lo había hecho hasta entonces, se pudiera obtener el resultado contrario…? ¿Hacerla sufrir? La actitud de Usagi, desde que él puso un pie en la habitación, era la prueba fehaciente de que así era.

-gracias, pero me alegra saber que no lo haré sólo. Las chicas dijeron que se empeñarían en investigar su paradero, y que tú estabas de acuerdo.

- sí, por supuesto –dijo intentando mostrar una sonrisa despreocupada- Aunque Luna aún ni despierta y yo tampoco puedo ser de mucha ayuda…

-lo siento. Es por mi que estás aquí. Pusiste tu vida en peligro al alertarme del ataque de Cru y supongo que la causa de que terminaras en ese parque, también fui yo.

-Luna y yo vimos esas extrañas nubes y sentimos el temblor, por eso nos acercamos al parque –explicó- ninguna de las dos tenía idea de que ustedes estaban ahí.

Mamoru bajó la cabeza y ella continuó callada unos segundos más

- No eres responsable de que yo esté aquí. Nadie me obligó a intervenir así que no tienes que sentirte culpable o pedirme disculpas. Además, a pesar de esforzarme, no logré evitar que el impacto te llegara, así que lo que hice no fue tan importante.

-sí lo fue. Pusiste tu vida en peligro por ayudarme

-y a Akiko -agregó, aunque bien sabía que en ese momento de decisión, él había sido lo único que vieron sus ojos- Y si sólo has venido para pedirme una disculpa…

-No vine por eso –la interrumpió- Lo que quiero es que aclaremos las cosas. Lo que dije ayer y lo que he hecho los últimos días…

-¿como estar junto a Akiko en medio de ese parque? -dijo en el tono marcado enojo que él conocía bien: era el que siempre usaba cuando estaba celosa- Aunque creo que si sólo se hubiera tratado de estar juntos las cosas habrían sido diferentes. No pude ver su expresión pero supongo que Akiko estaba más que feliz y a gusto, apoyando la cabeza en tu pecho mientras tú la mirabas con tanto cariño.

-no era una cita romántica, si así pareció

-¿por qué quieres hablarme de esto? No lo entiendo -dijo con la voz temblorosa, observando sus manos apretadas- Pensé que todo había terminado cuando dijiste: "tu también sé feliz Usagi"

- jamás quise que fuera así. Desde ayer por la mañana no he deseado otra cosa que no sea hablar contigo. Así que si esas palabras fueron para ti una despedida entonces por favor olvídalas.

Usagi lo miró, algo confusa

- No quería quedarme callado y permitir que te fueras segura de que iba a reestablecer mi relación con Akiko. Pero no había tiempo de dar grandes explicaciones. No sabía cómo expresar lo que sentía en unas cuantas palabras y además hacerlo sin confundirte ni herirte.

-¿no herirme? ¿crees que lo me dijiste no me lastimó?

Mamoru calló y Usagi no resistió el impulso. Lo miró un instante, notando la expresión abrumada en su rostro, parecía muy enojado consigo mismo.

-¿qué sucedió entre ustedes estos días? -preguntó ella con más disposición para escucharlo-ustedes se han reconciliado lo sé, pero de qué forma…

¡Por Dios que estaba diciendo! "vamos Usagi, ordena tus ideas"

- Me refiero a que…bueno si lo que dices es cierto entonces no ocurrió nada más entre ustedes ¿verdad? Tú solo la abrazaste -¿por qué tardaba en decirlo? Apretó más las manos- lo que quiero preguntarte es si se besaron.

Mamoru levanto la cabeza, palideciendo al instante. Las palabras cayeron sobre él con todo su peso, tan descomunal y atormentador como ese recuerdo, más vivo de lo que él hubiera deseado que fuera. Lo que había sucedido en medio de la sala del apartamento de Makoto: los labios húmedos de Akiko sobre los suyos.

Experimentó entonces por primera vez lo que cualquier preso culpable de algún robo o asesinato siente al momento de ser juzgado, teniendo como únicas opciones decir la verdad y condenarse para siempre, o mentir y tener la posibilidad, por muy remota que fuera, de salir libre.

Pero era injusto, una afirmación o una negación no eran suficientes para explicar las cosas.

Respiró profundamente

Estaba realmente cansado de seguir así, ¿por qué el destino lo ponía en aquellas encrucijadas? ¿por qué lo obligaba a causarle daño?

-no pareces muy seguro de decir no-comentó ella en un tono de indefinible desilusión

-Usagi…

-¿la besaste?-lo interrumpió de manera absoluta

Mamoru no pudo posponer más su respuesta. Miró un segundo los ojos determinados de ella, su brillo feroz, semejante a pequeñas chispas que están a punto de estallar en un fiero y arrasador incendio. Al responder, trató de mantener su mirada fija en ellos, pero no fue capaz.

-sí

Ella contrajo con fuerza las manos, sus labios se apretaron uno contra otro, sellando su boca y desvió la cabeza, justo un segundo después de que él pudiera apreciar el rayo de dolor que cruzó su rostro; el mismo que le hizo sentir como un miserable.

-¡¡¡Hola!!! -saludó ruidosamente una alegre Mina, abriendo con violencia la puerta. Su sola presencia era como el sol que regresaba luego de haber salido huyendo-¿cómo están? ¡se ven demasiado callados!

Usagi miró de inmediato a Mina, y una pequeña y nueva angustia comenzó a roer en su interior al sentir su vibra alegre y contemplar la silla de ruedas que ésta llevaba consigo y que rápidamente colocaba a un lado de la cama.

-es hora de dar un paseo, Usagi.

-¿Paseo? -preguntó desconfiadamente mientras su amiga retiraba las sábanas y la instaba a subir-¿A dónde?

-ya lo verás -dijo mientras mostraba una sonrisa de oreja a oreja. Eso alertó aún más sus sentidos que ahora parecían gritarle ¡peligro, peligro! No olvidaba aún que su amiga había mostrado esa enorme sonrisa cuando la cuidó (terriblemente por cierto) un día en que cayó en cama por la fiebre, hace tiempo ya.

A pesar de todo, aturdida como estaba, no pudo ofrecer mucha resistencia y medio minuto después ya estaba instalada en la silla de ruedas, buscando alborotadamente una excusa para no salir de la segura habitación.

-no te angusties, Usagi, todo saldrá bien. Además no seré yo quien te llevará, sino Mamoru -dijo su amiga ensanchando su sonrisa llena de significado y luego agregó, murmurándole muy cerca del oído-será una tarde muy romántica para ustedes

Entonces todo encajó y ella, que un momento antes en medio de aquel abominable silencio pensó que las cosas no podían ser peores, notó que sí podían.

-¡espera, no!

-¡vamos Usagi! Hace unas horas dijiste que querías tomar algo de aire…

-Mina yo creo que lo mejor sería…-intervino Mamoru

-¡no necesitas decirlo Mamoru!-le dio una fuerte palmada en la espalda que hizo que el chico se encorvara- yo sé que mueres de ganas de ayudarla. Ahora acompáñame, que el tiempo se termina.

-¿de que...?-comenzó a decir Usagi mientras Mina hacia avanzar la silla de ruedas, pero su pregunta fue interrumpida por nerviosos sonidos del otro lado de la puerta

-esto no esta bien -murmuró Mina- ¡Mamoru, pase lo que pase no nos pierdas de vista!

A continuación abrió la puerta de un tirón. Un grupo de enfermeras que hablaba cerca de la puerta la miró y justo cuando gritaban "¡es ella!" Mina comenzó a correr, con una realmente pasmada Usagi sosteniéndose casi con las uñas de la silla de ruedas que se abría paso entre la gente a toda velocidad

-¡¡¡explícame esto Mina!!! -le gritó mientras su amiga frenaba la silla abruptamente y la hacia girar con muy poca sutileza para doblar el pasillo

-sólo unos cuantos inconvenientes, nada grave-rió su amiga

-¿hurtaste la silla?-preguntó Mamoru que por un momento había quedado rezagado y ahora corría a la misma velocidad que Mina.

-¡¡¿¿cómo??!! ¡¡la robaste!!-exclamó Usagi, comprendiendo ahora porqué eran perseguidos.

-no quisieron prestármela-arguyó Mina- ¿Qué más podía hacer? Además no fue un robo, definitivamente pensaba devolverla

El peligro de estrellarse contra una camilla que iba saliendo de un cuarto hizo que Usagi dejara de mirar a Mina para concentrase en lo que sucedía al frente y cerrar los ojos mientras se protegía instintivamente la cabeza con los brazos. Mina con un movimiento muy rápido y brusco pasó la silla por el pequeño hueco que quedaba y con otro brusco movimiento volvieron a doblar en la esquina.

La agitación fue tal que el corazón de Usagi y el de Mamoru latían desenfrenadamente y sus nervios seguían tensos, aún cuando ya habían escapado de las enfermeras, los guardias de seguridad del hospital y demás personal que poco a poco se había agregado a la persecución, y se encontraran avanzando en medio de una desierta calle, alejada del hospital y en sentido opuesto a éste.

¿Cómo es que habían logrado escapar? Los habían perdido poco a poco, con los giros inesperados de Mina en los pasillos del hospital, una que otra treta en el elevador y la forma zigzagueante en la que atravesaron la recepción; pero especialmente fue el cruzar la calle después de que el semáforo se pusiera en verde y los autos comenzaran a avanzar -por supuesto estuvieron a un pelo de ser atropellados- lo que terminó abriendo una brecha entre ellos y sus persecutores. Aunque Usagi aún no podía creer que habían logrado escapar y además salir indemnes.

-¿este era el paseo que tenías pensado Mina? -preguntó Usagi

-no en realidad. Mi plan era que vieran el atardecer desde la azotea del hospital -dijo en un leve suspiro, mirando el cielo. El sol se había ocultado y la noche descendía plácidamente, aunque con un ligero y fresco viento- Pero las cosas no salieron del todo bien

Mamoru lanzó un leve suspiro

-¿no salieron del todo bien? -preguntó su amiga

-esta bien, esta bien, mi plan fue todo un desastre. Aunque las circunstancias no están tan mal. Si me dan unos segundos tal vez podría reacomodarlo de acuerdo con la situación y…

Por fortuna, el sonido del intercomunicador de Mina, hizo olvidar a Usagi los deseos de asesinar a su amiga, y los de Mina de seguir insistiendo en aquella cita y poner toda su atención en él.

-Mina te has metido en un gran lío -dijo Rei cuyo rostro quedaba enmarcado en el pequeño círculo que conformaba el intercomunicador -el hospital entero les está buscando. Creen que han secuestrado a Usagi

-¡¡¡¿¿queeeé??!!!

-la madre de Ami está tratando de calmar la situación, pero raptar a un paciente no es algo que el hospital deje pasar así como así.

-¿entonces qué podemos hacer? ¿regresar? -preguntó Mina

-creo que esa no es la mejor opción por ahora -dudó Rei- los arrestarían en cuanto pusieran un pie dentro. Esperen unos minutos más, yo volveré a comunicarme con ustedes. Ah…y aléjense del hospital, al parecer han salido a buscarlos. Cuiden de Usagi

-¡pero…!

Mina suspiró, Rei había cortado la comunicación

-¿qué vamos a hacer ahora? -preguntó Usagi- no podemos esperar en medio de la calle

-bueno, para empezar hay que buscar un lugar cálido para ti -dijo Mina- Aquí está comenzando a correr viento. Además tenemos que ocultarnos de nuestros rastreadores. Bien, pensemos. Lo que están buscando es a una chica con bata de hospital y en silla de ruedas. Usagi en definitiva eres demasiado obvia. La cosa es muy clara: ir a un lugar cálido y discreto es la mejor opción y si es posible hacerlo sin silla de ruedas…

- Usagi necesita esa silla -la interrumpió Mamoru

-siiiiiií, pero no la necesitará si tu la llevas cargando ¿verdad?

-¡no y definitivamente no!-se rehusó Usagi, notando a dónde se dirigían los planes de Mina- Además la ropa de hospital que traigo llamaría más la atención que la silla de ruedas.

- si todo este alboroto es por la ropa Usagi, entonces todo está resuelto -dijo Mina con una sonrisa mientras dirigía la mirada a un comercio con despampanante iluminación al otro lado de la calle.

-creo que comienzo a tener jaqueca -espetó Usagi cubierta por un abrigo azul turquesa con esporádicas manchas amarillas que le llegaba a los pies y que ocultaba el par de excéntricas zapatillas rojo chillón que las escasas personas que estaban en aquella tienda de ropa habían volteado a ver en cuanto decidió ponérselas.

-pero Usagi, sabes que esta fue la única tienda cercana. Además no deberías ser tan negativa ¿no ves que lo que traes es lo mejor de esta tienda? (ahora entiendo porque hay tan poca gente) -agregó en voz medio baja pero perfectamente audible- y también el porqué de ese hermoso anuncio afuera, y del lujo del lugar: nada más que medidas desesperadas para no quebrar. Jamás imaginé que podía existir tanta ropa de tan terrible gusto.

-yo también creo que ese atuendo está bien -interrumpió Mamoru que podía percibir perfectamente el aura oscura y más negra cada vez que fluía de la cajera, que por lo visto era la dueña del lugar.

-¿verdad que no se le ve del todo mal Mamoru?- volteó a verlo Mina, con estrellitas en los ojos, feliz de tener por fin su apoyo- Aunque supongo que para ti debe verse hermosa vista lo que vista.

Mamoru volvió a suspirar. Mina no había dejado de lanzarle ese tipo de comentarios. Pero no tenía que molestarse en responder porque en cada ocasión…

-¡auch!

…Usagi actuaba, antes que él.

-no tenías que pisarme Usagi

-¡al fin!-suspiró la aludida, sin hacer caso a la replica de su amiga. El intercomunicador había sonado al mismo tiempo que Minako soltaba las ultimas palabras.

-no se preocupen, yo contestaré afuera ¿por qué no pagan la ropa y los zapatos mientras tanto?

-pero… -soltó Usagi, no obstante Mina actuó tan rápido que aunque hubiera corrido tras ella no habría podido detenerla

-¡hola Rei!- le sonrió Mina al rostro de su amiga que veía a través del circulo de su reloj-pulsera- ¿las cosas siguen agitadas por allá?

-de hecho es por eso que te hablamos… suenas exaltada ¿estabas corriendo?

-jaja ¡no, cómo crees!

-ya pueden volver al hospital, pero tienen que hacerlo antes de que…

-En cuanto a eso, no sé si se pueda… ¿no podrían darnos unos minutos más? Aunque unos minutos no serían suficientes -reflexionó para ella misma- ¡que tal una hora!

-¡¿cómo?!- respondieron Ami, Rei y Makoto al mismo tiempo

-bueno es que me separé de ellos hace un rato -explicó sin que se borrara la alegría en su voz

-¿pero por qué se separaron?- reclamó la voz de Rei

-dijiste que hablarías en unos minutos, por eso pensé que daría tiempo de que ellos dieran un paseo a solas.

-cuando dije unos minutos me refería a cinco o diez, y no definitivamente a una hora-replicó Rei

- Usagi no está en condiciones de andar por la calle, Mina –escuchó que decía Ami, evidentemente preocupada

-lo siento pero…¡ups! Tengo que dejarlas chicas, no se preocupen, yo me comunico con ustedes en cuanto podamos regresar.

-¡Mina espera!

Ahora era su turno de cortar la comunicación. Sonrió, mirando con cautela a través de la terraza del edificio por cuyas escaleras había subido con toda rapidez. Supuso que Usagi estaría furiosa con ella, pero esperaba que luego de su reconciliación con Mamoru dejara atrás el enfado, e incluso que le agradeciera. Ya casi podía imaginarlo y eso la hacía aun más feliz, y más segura de haber tomado la decisión adecuada.

-¡Ay, no cabe duda de que soy buena en esto!-susurró con entusiasmo

- Mina no puede haberse marchado -se decía a ella misma la joven rubia dentro de la tienda de ropa que miraba a través de las puertas de cristal luego de diez minutos de que Mina se marchara - ¿por qué haría algo así?

Para dejarte a solas con Mamoru sin duda-le respondió su propia voz, dentro de ella- ¿no es eso lo que ha querido hacer en todo momento?

Retorció en sus manos la punta de aquel ridículo abrigo hasta casi romperlo, sus dientes rechinaron y se puso roja y no precisamente de vergüenza

-¡claro que sí! ¡no hay duda! ¡Cuando la vea…!

Se paró de golpe y aquel acto fue sentido de inmediato por su cuerpo, en especial por la pierna lesionada.

¡Genial! No sólo estaban varados -pues sin el intercomunicador de Mina no podrían saber el momento indicado de volver al hospital- sino que además no podía salir corriendo a golpear a la culpable. Y Mina, al planear todo eso, parecía haber estado muy consciente de esos dos hechos.

Otra opción, que aminoraría el largo y pesado silencio que seguramente se crearía entre Mamoru y ella cuando estuvieran solos, era regresar, aventurándose.

Aunque también había otra forma de hacer salir a Mina de donde quiera que se hubiera metido y volver al hospital sin riesgos. Y esa forma era cumpliendo el objetivo de Mina. Pero su objetivo era…era…

¡puf! Siempre se sintió orgullosa de la labor que juntas habían hecho al resolver los problemas amorosos de otras parejas, compitiendo casi contra el mismo cupido, pero siendo esta vez ella una de las directamente involucradas, la situación se veía completamente distinta. Y muy poco agradable.

No obstante, Mina tendría que salir cuando viera que su plan no dio resultado…

-¿la besaste?

Se entristeció recordando perfectamente el rostro de Mamoru al responder afirmativamente a esa pregunta.

Mamoru al otro lado de la calle paró de caminar, mirándola a través de los cristales y de los autos que pasaban a mediana velocidad. Usagi no tuvo que esperar el movimiento de cabeza de él para saber que no había encontrado ningún rastro de Mina: su expresión le decía todo.

En ese momento, mirándolo, se sintió aún más segura de que ese día Mina se cansaría de esperar que algo sucediera entre ellos…


¡¡¡¡Reviví!!!

Muchas gracias por haber esperado tanto tiempo, y siento mucho la descomunal tardanza, pero diversos problemas personales me impedían escribir. Pero ya estoy de regreso, con muchos ánimos y enormes ganas de escribir más capítulos *_* además muy feliz porque ya llevó un poco más de un año escribiendo esta historia!

A estas alturas me es imposible seguir diciendo que será un fanfic corto XD la verdad es que noté lo intrincada que es la historia hasta que comencé a escribirla ¬¬´y por esto ha sido necesario aumentar las hojas y capítulos mucho más de los que yo había planeado. Ahora no estoy segura de cuantos capítulos saldrán pero sí de que serán más de veinte :P Sólo espero que esto no les quite el ánimo de continuar, al contrario.

Bueno como ya se ha hecho costumbre en este fic, tuve que dividir el capítulo en dos porque era extensísimo. Lo que acaban de leer es como una introducción de la segunda parte, la cual ya tengo casi lista y les dejaré este sábado a primera hora ; )

Muchas gracias a las personas que me dejaron reviews, no saben cuanto me ayuda saber sus opiniones. En cuanto a los sentimientos de Mamoru, espero que este cap les aclare más las cosas. Ya varias personas dieron en el blanco, de hecho han expresado muy bien lo que está sucediendo, pero prefiero no decir nada, mejor que él explique todo no creen? ; )

Bueno por lo menos ya sé que no soy la única que ya le suplica a la pareja principal que se reconcilie y Mina ha abierto una buena oportunidad para que esto se dé pero las cosas no parecen tan fáciles como ella piensa ¿habrá reconciliación? ¿no la habrá? ¿ustedes que creen?

Espero sus reviews o mails! Nos leemos en el siguiente capitulo ; )