Capitulo XI

Heridas

& 2ª parte &

- ¿necesita ayuda, señorita?

Usagi Tsukino, con las palmas de las manos sobre la puerta de vidrio de la tienda de ropa, dejó de contemplar la calle y se giró hacia el lugar donde aquella voz agradable había soltado tales palabras, claramente dirigidas a ella. Entonces se topó con aquellos hermosos ojos verdes del joven castaño al que siempre encontraba en los momentos más inesperados.

-otra coincidencia ¿eh, Usagi? -le sonrió el chico

- ¡Threx! –le devolvió la sonrisa amigablemente

-me alegra mucho que estés bien

-¿eh?

-la curita en tu mejilla, ¿te caíste?

-ah, esto -dijo tocando su mejilla derecha, donde prevalecía uno de los raspones que se había dado al caer en la batalla del día anterior -sí

- espero no haberte interrumpido. Parecías muy concentrada.

-¡no, para nada! –dijo Usagi con un breve sonrojo y el ceño del chico se frunció suavemente al notarlo

- me alegra saberlo. Al principio lucías muy enfadada, así que pensé que tal vez no era buena idea sorprenderte con mi presencia; pero después tu expresión fue diferente…

El repentino cambio en el tono de hablar y mirar de Threx, ahora reflexivo, ligeramente triste, con la mirada distante también puesta en la puerta de cristal que dejaba ver un amplio trecho de la calle, llamó la atención de Usagi.

-Dime ¿la situación es parecida a la de ayer? –susurró él, tan bajo que pareció que hablaba consigo mismo, pero el hecho de que al proseguir sus ojos penetrantes se concentraran totalmente en Usagi, no le hizo dudar que buscaba la respuesta de ella:- Me refiero a que si allá afuera está lo que te ha hecho enfurecer y luego cambiar tan radicalmente de humor, ¿o debería decir la persona que lo ha hecho?

La sorpresa fue traslúcida en el rostro de Usagi.

Sí, fuera de la tienda estaba esa persona: Mina. Aquella frase le recordó cuan enfadada estaba con ella y su imaginación volvió a volar, ideando qué tipo de tortura usaría cuando la encontrara.

-¿cómo lo sabes?

El joven mostró una nueva sonrisa, más sombría

- ¿qué te hizo ahora? –espetó sin responder a la pregunta de Usagi

-¿eh?

- ¿sabes? Me gustaría mucho volver a ayudarte

El tono de su voz baja y seductora hizo que Usagi recordara en un segundo la forma de ayudar que él había empleado el día anterior: aquel cuasi beso que le salvó de ser vista por los hermanos de Akiko, justo a unas cuadras de su casa. Sin embargo, justo en ese momento, el brazo de él le rodeó por la cintura con un movimiento rápido pero amable y le impulsó hacia delante, hacia la puerta de vidrio. Por acto reflejo, dio el paso para no caer pero Threx sujetó su cintura con tal firmeza que casi la cargó, dejándola caer suave y elegantemente, como si bailaran una pieza de ballet. Las puertas de vidrio -dotadas de un sensor de movimiento- se abrieron ante la cercanía de los dos y el olor fresco y penetrante del exterior les cubrió de golpe.

Threx le sonrió cuando, anonadada y confundida, se encontró con aquellos ojos verdes imposiblemente cerca de los suyos y con aquella frente fresca pegada a la de ella. Se sonrojó intensamente y luego, cuando logró reaccionar:

-¡no…espera! -alcanzó a decir con el propósito de aclarar las cosas pero algo parecido a un rayo pasó entre los dos en ese momento y la separó de Threx con absoluta firmeza.

-buenas noches

Usagi pensó que si se trataba de un sueño -y vaya que habían ocurrido cosas fuera de lo normal en ese día como para tomarlo en consideración- aquel era definitivamente el momento de despertar. Generalmente uno se despierta cuando el sueño se hace tan irreal que te das cuenta de que era un sueño. Pero no despertaba. Mamoru seguía frente a ella -porque había sido él aquel fiero relámpago que se había interpuesto entre los dos- con una actitud extrañamente protectora y un gesto adusto, casi hostil.

-buenas noches -respondió Threx con la misma seca cordialidad que el otro había empleado antes.

Para aumentar lo extraño de la situación, Threx no parecía para nada asombrado con la repentina aparición, al contrario, calmado y apuesto, miraba retadoramente a Mamoru, casi con gusto.

Y Usagi se sintió –sin saber porqué- exactamente como en aquellos minutos de silencio profundo que antecedían a las batallas mortales que había enfrentado como Sailor Moon, justo cuando se encontraba por fin con el superpoderoso enemigo, cuando lo miraba de frente, aguardando el inminente choque de fuerzas.

-Ma…Mamoru, él es mi amigo, Threx -dijo ella con una sonrisa nerviosa que buscaba ser conciliadora… Esperen ¿conciliadora? ¿por qué tendría que actuar de esa forma? No estaba en medio de una pelea, sino en medio de una calle con dos chicos que se acababan de encontrar. No tenía que actuar como referi ni nada parecido. Pero algo dentro de ella le decía que sostuviera la sonrisa lo más posible y tratara de calmar los ánimos- Threx, te presento a Mamoru Chiba, mi…

Esta vez el motivo que le hizo detenerse fue diferente. La sonrisa congelada en sus labios corría el riesgo de desaparecer en segundos. Y es que no sabía cómo ahora era su… ¿su qué? No podía llamarlo novio ¿o sí? ¿Qué eran ahora? ¿Conocidos? El terrible impacto de la palabra se dejó caer en su pecho con el solo hecho de pensarla. Era como si hubiera estado viajado a toda velocidad y chocara de pronto, abruptamente, contra la dura pared de la realidad y ahora cayera hacia atrás, hacia el vacío, hundiéndose, profunda, más profundamente en el significado de aquella palabra, en la oscuridad de aquella palabra, sin una sola mano que se extendiera para salvarla aunque ella extendiera la suya y sus dedos buscaran desesperadamente de qué aferrarse…

-soy su novio

Las palabras salieron seguras y claras, retumbando cortamente en el lugar como un rugido enérgico de advertencia.

La expresión desolada se esfumó del rostro lívido de Usagi, que miró a Mamoru con ojos dilatados, como si aún dudara que aquella frase había salido de labios de él, mientras sentía su brazo sujetándola por la cintura con firmeza.

¡Definitivamente eso debía ser un sueño!

-oh, vaya -sonrió Threx, con una sonrisa que sólo encendió más la tensión de la atmósfera- es un gusto

-igualmente -le dijo Mamoru con brusquedad y agregó sin despegar la mirada del otro- Usagi debemos irnos

- ¿tan rápido? -espetó Threx, antes de que una Usagi demasiado pasmada y aturdida, pudiera contestar- Usagi no parecía tener ninguna prisa por marcharse hasta que tú lo dijiste. De hecho lo estábamos pasando muy bien, como supongo que habrás visto.

Usagi se volvió atónita hacia Threx

- Usa, si no lo deseas no tienes porqué marcharte –agregó el chico en un tono realmente amable y protector

-¿Usa? –pensó ella más asombrada aún

"Me refiero a que si allá afuera está lo que te ha hecho enfurecer y luego cambiar tan radicalmente de humor, ¿o debería decir la persona que lo ha hecho?"

El recordar esas palabras pareció esclarecer todo para Usagi: Threx pensaba que Mamoru era aquella persona que le había provocado un disgusto. Él debía estar pensando que la presencia de Mamoru le era desagradable, y ahora, intentando ayudarla como el día anterior, buscaba sacarla de allí, alejarla lo más posible de él. Por eso su actitud arrogante y fría para con Mamoru. Sí, eso debía de ser.

-Si realmente eres su novio deberías pensar un poco más en ella –espetó el joven castaño- Tal vez así podrías notar que ella no es feliz.

-Threx, creo que ha ocurrido un error –le interrumpió Usagi velozmente-, Mamoru no es el culpable de que esté enfadada…

-pero él te ha lastimado, Usa –se apresuró a decir con violencia- ¿o me vas a negar que la causa de que estos días hayas estado tan abatida es él?

Usagi lo miró con ojos muy abiertos por un segundo, luego sus manos se cerraron en puños, el mar de sus ojos azules tembló, se opacó y terminó bajando la mirada, sin poder responder.

- ella y yo tenemos que aclarar algunas cosas –intervino Mamoru- pero dudo que eso sea de tu incumbencia

- Tal vez –contestó Threx, sosegado- pero te aseguro que no me metería en sus asuntos si no tardaras tanto en "aclarar las cosas". Tal vez no te hayas percatado, pero hay gente alrededor de Usa que la quiere y se preocupa por ella, personas que harían lo que estuviera en sus manos para verla feliz.

- gente… ¿cómo tú?

-chicos, no creo que deban discutir por esto -se interpuso ella, sinceramente asustada por el cariz que estaba tomando la situación

-no va a suceder nada, Usa –le dijo Threx y sosteniendo la mirada de Mamoru, con un destello de orgullo en sus ojos, le respondió al pelinegro: - Así es, como yo. Usa confía en mí. Y te aseguro que si ella fuera mi novia, jamás permitiría que derramara una sola lágrima por mi causa. Pero creo que tú nunca entenderías ese sentimiento. Y eso me confunde. No sé qué sentir hacia ti, en verdad. Creo que por haberla lastimado tanto debería sentir coraje, sin embargo alguien como tú sólo puede inspirarme lastima.

Usagi creyó que si Mamoru se había contenido de golpear a Threx hasta esos momentos -porque de verdad parecía estarse conteniendo- después de esas palabras definitivamente lo haría, por eso en cuanto él dio un paso veloz hacia delante, lo sujetó con todas sus fuerzas por el brazo. Pero Mamoru en lugar de enfurecerse con las palabras del otro, pareció recobrar su serenidad.

-¿Quién eres? –espetó con inconfundible desconfianza

- lo dijo Usa hace un momento, soy su amigo -dijo el otro sin inmutarse

- ya nos hemos visto antes… -contestó Mamoru sin bajar la guardia- en el centro de Tokio

- sí, cómo olvidarlo

Usagi sintió la tensión aumentando, llegando límites no explorados. Incluso se le enchinó la piel. Y a pesar de que aquellas palabras sonaban como un clarín de guerra, no podía ignorar el hecho de que eran ciertas. Los dos chicos se habían encontrado antes, y ella había estado ahí también. Aunque esa vez, hacía tan sólo unos días en una concurrida calle de Tokio, no eran más que desconocidos ¿no?

- creo que es mejor que nos vayamos Mamoru, tenemos que buscar a Mina ¿lo recuerdas?

-lamento haber armado un alboroto -se disculpó Threx con esa mirada llena de cariño que sólo podía dirigirle a ella. Fue hasta ese momento que Usagi se percató de que había más de un observador de la escena. A su alrededor las personas habían dejado de transitar y les miraban con curiosidad, ¡así que no era la única que sentía el pesado ambiente!-. Pero él tenía que saber lo mucho que estabas sufriendo por su causa. Alguien tan especial como tú merece sólo lo mejor.

No supo ni cómo responder. Quería aclarar el malentendido, decir tanto para calmar los ánimos. No obstante, no tenía tiempo de explicar. Hasta ella sentía la mirada de Mamoru, clavada en Threx como se clava el pico en la tierra y destroza la piedra.

-nos vemos pronto –murmuró Threx con una cálida sonrisa ante la evidente falta de palabras de Usagi.

-nos vemos –se despidió ella devolviéndole la sonrisa

Usagi jaló a Mamoru por el brazo y se marcharon sin que ninguno de los chicos dedicara alguna palabra de despedida para el otro. Y se alegró de ello. Ni siquiera podía pensar en lo que hubiera sucedido si uno de los dos hubiera vuelto a dirigir la palabra al otro, aunque sólo se tratara de decir palabras de adiós.

Pensaba en eso todavía cuando Mamoru la tomó por el brazo y le hizo parar.

Dirigió su mirada a él. Parecía ligeramente agitado y absorto, concentrado en algo indeterminado, teniendo a la vez un toque de cautela.

Miró también su entorno con ojos muy abiertos, y por primera vez desde que salieron de la boutique, estuvo verdaderamente consciente de su alrededor ¡Y no reconocía donde estaban! Ni siquiera se había dado cuenta de que habían salido de la zona. No se veía el anuncio de la tienda de ropa, ni recordaba haber pasado por ahí al llegar a ésta. Supuso que era porque habían dado vuelta en alguna esquina. Pero no debían estar tan lejos de la tienda, porque sólo habían pasado algunos segundos desde que se habían alejado de ella ¿verdad?

-¿te duele mucho? -le preguntó él, posando su mano sobre la de Usagi, que a su vez lo sujetaba por el brazo, como lo había hecho desde que se alejaron de Threx. Pero no sólo lo sujetaba, lo estaba apretando muy muy fuerte, tanto que casi le encajaba las uñas.

Lo soltó al momento, avergonzada, pero la pregunta de él no cobró significado para ella con la misma rapidez. Doler, sí. Ahora recordaba porqué había una bata de hospital debajo de ese horrendo abrigo y porqué usaba zapatos nuevos. Aún tenía serias heridas y se estaba reestableciendo apenas de una fuerte fiebre ¿no? Eso significaba que no debía haber caminado, o corrido -quien sabe, ni siquiera ella lo recordaba- todo ese tramo, es más sabía que ni siquiera podía hacerlo. Sólo había pensado en separar a esos dos a como diera lugar y sus piernas habían hecho el trabajo por sí solas.

-¡no, no, ni siquiera siento dolor! –respondió al fin sin mentir, aún más avergonzada- me olvidé completamente de eso y también de ¡la silla de ruedas! –recordó de pronto- debemos volver y…

Mamoru negó con la cabeza

-más tarde vendré por ella

Usagi no pudo ni reflexionar acerca de la nueva expresión que había aparecido en el rostro de Mamoru al pronunciar aquella oración, porque inmediatamente y sin aviso alguno, la levantó en sus brazos y un segundo después se encontró siendo llevada por él, cargada por él.

- qu…que…¡¿se puede saber qué haces?! –exclamó, desconcertada

-tenemos que avanzar –respondió casi en susurros

-pe…pero…¡espera!

Usagi miró al frente, por el rumbo que tomaba Mamoru podría decirse que caminaba decididamente hacia el oscuro callejón al otro lado de la calle, pero eso era imposible.

-Mamoru no estarás pensando…

-sujétate de mí –le dijo en voz baja, mientras se adentraban en el callejón

Usagi le miró en busca de respuestas, pero su rostro, opacado por la repentina oscuridad del lugar no le reveló demasiado. La luz disminuyó diametralmente conforme se internaron en el estrecho callejón hasta tocar pared. En ese instante, el sonido chirriante de un bote al caer llamó la atención de los dos. Mamoru exhaló un suspiro de alivio y la aferró más a él. Se trataba sólo de un gato pinto que de inmediato corrió con un agudo chillido hacia la iluminada calle.

-prometo explicártelo –insistió él- por favor, confía en mí, sólo una vez más

No podía ver su expresión pero el tono precipitado y suplicante de su voz, esta vez, le decía bastante. Terminó obedeciéndole. Le rodeó tímidamente, y al momento el brazo de Mamoru que la había sujetado por la espalda se separó de ella y segundos después el lugar se vio iluminado débilmente, justo a su espalda. Giró la cabeza levemente y descubrió el objeto responsable, justo en la mano de él, brillando como si poseyera luz propia.

Una rosa roja.

Asombrada volvió a mirarlo al rostro, pero sus facciones, incluso sus ojos se habían desvanecido tras un impávido resplandor, albo, como el que hacía destellar la rosa, y en su lugar comenzaba a dibujarse un modesto antifaz y un sombrero de copa negro se formaba sobre sus relucientes cabellos. Al momento siguiente la capa de Tuxedo Kamen se ondeó a su alrededor y le cubrió toda panorámica que no fuera el profundo rojo del interior.


-pobre, pobre niña

La joven de rubio cabello, inmóvil y presa en aquel capullo de energía, dirigió su vista hacia ella y la miró profunda y largamente, con unos ojos increíblemente vivos, mientras ella se acercaba con ese andar ensayado que intentaba ser elegante. Tetis se levantó presurosa de la silla y se inclinó con respeto cuando pasó a su lado.

-¿quién es? -preguntó Akiko con mirada retadora

-¿quién soy? –Sonrió divertidamente

-es nuestra señora –dijo Tetis de inmediato- la esposa de Su Excelencia, Samas.

-¿Esos nombres no te parecen familiares?

-No- contestó Akiko sinceramente- ¿es que nos hemos visto antes?

- sí, querida, hace mucho tiempo. Hay fuertes lazos que nos unen. Tú y tus hermanos fueron nuestros mejores guerreros en un lejano pasado.

- Ella dice la verdad. -explicó Tetis luego de mirar los ojos incrédulos de su hermana y de casi leer sus pensamientos- Nuestro señor Samas usó sus poderes para que nuestras almas renacieran en el futuro, en este presente. Así, cuando el sello que los mantenía cautivos se destruyera, podríamos servirles tal y como lo hicimos antes.

-entonces la historia que siempre me contaban acerca de un líder que aparecería, hacía referencia…

- así es, al señor Samas. Parecías estar en contra de todo lo que hacíamos, así que nos limitamos a decirte sólo lo elemental. Esperábamos que tus recuerdos regresaran con la venida del señor Samas y entonces volvieras a ser la hermana que recordábamos.

- ¿no puedes creerlo aún? -preguntó Nix al mirar el rostro asombrado de la rubia-. Cuando el señor Samas y yo fuimos encerrados, todos tus hermanos habían perecido, sólo quedabas tú, nuestro guerrero más poderoso. Estabas agonizando en el momento en que usamos nuestros últimos poderes en ti y en tus hermanos. Pero "ellos", nuestros atacantes, hicieron todo lo posible por contrarrestar ese poder. Sin embargo ya era tarde, sus almas habían sido ligadas al futuro, eso no podía cambiarse, en especial en aquellos cuyas almas ya no estaban ahí, en tus hermanos. Pero en ti que aún vivías… Lo vi antes de ser alejada de este planeta, rumbo al lugar que se convertiría en mi larga prisión. Usaron sus poderes en ti, y como única alternativa, sellaron tus recuerdos.

- ¿quiere decir que es por eso que no recuerdo nada de ese pasado del que hablan?

Tetis asintió levemente

- pero en este momento no tienes que angustiarte por ese pasado. Tranquila -le sonrió amablemente Nix, casi con cariño- pareces tener demasiadas cosas por las que llorar como para agregarte un pasado que no recuerdas.

- no entiendo qué quiere decir

- tus hermanos me han contado un poco de ti y de esta nueva vida

Akiko mandó de inmediato una mirada mortífera a su hermana

- debes estar angustiada por él. Según me han dicho, amas mucho a ese joven

-¿cree que podrá obtener algún dato de mi? –la interceptó Akiko, a la defensiva- ¿algo que le permita atrapar a Mamoru o a sus amigas?

Nix sonrió amablemente

-no jovencita, sólo buscaba saber el por qué de esas lágrimas que se secaron en tu rostro. Conozco bien la mirada que tienes; perdida en la tristeza, llena de dolor. Es la mirada de alguien con el corazón roto.

Los ojos verde esmeralda de Akiko se agitaron, como el pasto que se agita ante un viento foráneo

-sólo quería saber si podía ayudarte en algo –se ofreció la bella mujer- Aunque no lo creas, hace muchos siglos a mi también me rompieron el corazón.

Akiko y Tetis, asombradas, fijaron sus ojos en ella al mismo tiempo. Nix sin inmutarse, tomó el dije que Tetis llevaba aún en la mano y éste, como si reconociera a su dueña, emitió una rápida e incandescente luz.

-llorar en soledad es lo peor en momentos como estos -dijo al acercarse a la rubia, extendiéndole la mano que estaba vacía con un gesto amable, mientras el dije volvía emitir un suave brillo que hizo desaparecer el capullo en segundos.

Akiko pareció más que asombrada de ser liberada tan fácilmente. Ahora podía moverse. Se incorporó, sentándose en el suelo, pero no aceptó la mano de Nix a pesar de que estuvo extendida varios segundos.

-comprendo- dijo la mujer, cerrando la mano y retirándola para ponerse de pie.

- ¿cómo es posible que el amor se termine? –soltó Akiko inesperadamente. Tetis se dejó caer sobre la pared, cerrando los ojos con un gesto indiferente, mientras Akiko con el rostro cubierto por las manos ahogaba el llanto lo más silenciosamente posible- me prometió que estaríamos juntos, me dijo una y otra vez que me amaba… ¿cómo es que ahora puede decirme que eso se acabó? ¿Cómo puede susurrarle las mismas palabras a otra?

-¿lo odias? –preguntó Nix en tono neutral

- me siento enfadada y herida -hipó-. Sin importar cuan doloroso fuera, me alejé de él para evitar lastimarlo con mis poderes, y con ello sacrifiqué todo, mi felicidad, mis sueños, mi vida entera…

-supongo que eso fue varios años atrás

Akiko asintió levemente

-¿y él lo sabe ya? -continuó Nix

-sí, se lo dije. Y él lo comprendió todo y lo aceptó, incluso mis errores, culpas y temores con los que había cargado siempre. Quería que me separara de mis fantasmas del pasado y que fuera feliz. Y yo sentí que podría hacerlo, porque él estaría a mi lado, ayudándome a superarlos. Aún cuando le reiteré cuanto le amaba y le besé, él no dijo nada de sus verdaderos sentimientos, al contrario, me abrazó, me consoló y me sonrió, como si estuviera dispuesto a ayudarme el resto de vida que nos quedaba por estar juntos. Todo lo hizo por pura compasión.

Quisiera detestarlo. Hay tantas cosas por las que debería odiarlo. Por haber confiado en esa carta que le dejé más que en todo el amor que le demostré en años, por haberse enamorado de otra persona, por esa mirada de lastima que me pedía que le comprendiera… Odiarlo por todo. No entiendo ¿por qué me pasa esto? ¡¿Por qué la vida me arrebata lo único que tengo?!

- ¡que aburrido! –intervino Tetis por primera vez, sin abrir los ojos, dejándolas impresionadas- Estoy cansada de escuchar como te lamentas y lloras por tu injusto destino. Pero supongo que es agradable ser la que más sufre en la historia, así se pueden dejar de ver todos los errores propios.

- hermana…

-un guerrero verdadero sabe bien que rendirse es una salida cobarde. Pero con tus lloriqueos y tu evidente búsqueda de lástima sólo demuestras que jamás podrás ser como nosotros.

Akiko esquivó la mirada y apretó los puños sobre el suelo.

-es obvio cómo te ves a ti misma –continuó Tetis con el mismo helado tono- eres la que se sacrificó. Tú, la pobre mujer que a pesar de su abnegación e interminable sufrimiento sólo recibió dolor como premio. Pero la verdad es que no eres la víctima total. Tú no soportaste el peso del sacrificio. Porque sacrificar significa renunciar. Cuando decidiste irte debiste comprender que alejándote de él renunciabas a la relación que tenían y a todo lo que ello implicaba. Si de verdad hubieras estado consciente de eso no habrías vuelto, ni mucho menos estarías aquí llorando e insinuando que él te traicionó.

-¡eso es mentira! ¡si regresé fue porque el temor que me había alejado de él ya estaba casi disuelto. No había nada que nos impidiera estar juntos! Pensé que él estaba sufriendo tanto como yo con la separación...

- Los temores que te hicieron marcharte no se disolvieron de la nada, tú hiciste hasta lo imposible por disolverlos. Sabías que nosotros estábamos en Japón ¿es que no temías que te descubriéramos de nuevo y él se viera involucrado en una batalla entre nosotros nuevamente? Y la forma explosiva en la que salieron tus poderes ayer sólo demuestra que no los dominaste lo suficiente. Pero estabas desesperada por volver. Tienes que aceptar que no podías vivir más tiempo sin él, que te era imposible renunciar verdaderamente -concluyó Tetis-.

Las lágrimas pararon de salir y de resbalar por el rostro de la rubia

- incluso te aprovechaste del cariño que él siente por ti para tenerlo a tu lado –afirmó Tetis- pero él parece haber reaccionado a tiempo. Es un chico sensato, después de todo.

-¿aprovecharme? –preguntó medio desconcertada

- Me refiero a lo que contaste momentos atrás. Cuando le revelaste porqué te habías alejado de él seguro te posicionaste como ahora, en tu papel de víctima. Le dijiste cuánto habías sufrido, cuánto le habías extrañado y cuánto le necesitabas ¿no? Y el estaba conciente de que si habías pasado por difíciles momentos, años enteros sumida en una soledad lacerante, había sido por él. Tú necesitabas de su consuelo y de su amor ¿cómo no dártelo si era lo menos que podía hacer por ti luego de que tú hubieras hecho tanto por su bien? ¿Cómo podía destruir tu felicidad cuando recién la habías reencontrado?

" yo podría seguir, hacerlo no pesa tanto ni resulta tan difícil cuando se miente para hacer feliz a alguien que se quiere tanto como yo a ti; a alguien a la que además le debo tantas cosas que tal vez me sea imposible pagar algún día.."

Akiko apretó las palmas de las manos contra su rostro tratando de borrar las palabras de Mamoru que corrían, dolorosas, certeras, aseverantes, por su cabeza.

- jamás hice o dije algo con la intención de obligarlo a amarme –se defendió- ¡yo no quería forzarlo a nada!

Si embargo

- si de verdad crees no merecerme, entonces tendrás que hacer algo para hacerte merecedor de este amor. Ámame.

Sin embargo, era cierto

Se quedó sin habla. Sus ojos verdes se opacaron, desenfocados. La expresión de desesperación se quedó congelada, rígida como todo su cuerpo.

- Yo no sabía que él ya no sentía lo mismo -dijo casi para sí misma- ¡No sería capaz de obligarlo a permanecer a mi lado sin amarme, y mucho menos a hacerlo a través de la compasión!

-Tetis, no deberías ser tan dura con tu hermana –intervino Nix, que había escuchado con atención y en completo silencio aquella conversación- mira que…

-no, señora –la interrumpió Akiko, con un gesto aún perdido- A pesar de todo, hay una parte de lo que Tetis ha dicho que es cierto. Yo en realidad no renuncié a él. Cuando le dejé, sabía que él tendría toda la libertad para tener otras parejas. Incluso me dije que deseaba que encontrara a alguien y que fuera feliz. Pero dentro de mí algo me decía que eso era imposible –empuño las manos- Estaba segura de que el lazo que nos unía era indestructible y que si llegaba a tener a alguien más, esa persona nunca llenaría el vacío que yo dejé. No dudaba que sólo yo podría hacerle sonreír verdaderamente, sólo yo era capaz de sacarlo de su tristeza y de su soledad. Sin pensar cuanta infelicidad le causara ese hecho, muy en el fondo yo sentía alivio: él era sólo mío…-levantó suavemente la cabeza y permitió distinguir una leve sonrisa, llena de tristeza- Supongo que eso me convierte en una muy mala persona

- El amor suele envolvernos tanto que a veces hasta lo más evidente es imposible de percibir -comentó Nix, en un ligero suspiro. Se enderezó, repentinamente meditabunda y dio la vuelta para marcharse.

-señora –terció Akiko, antes de que la mujer llegara a la puerta- Antes de que se vaya quiero responder a su pregunta: no lo odio.

-sí –sonrió- lo noté desde que dijiste "quisiera detestarlo"

Akiko volteó a ver a su hermana que continuaba de pie, con el rostro serio y una ligera desviación de sus cejas que le hacían ver inflexible.

- Él no cometió ninguna falta, lo entiendo, y también entiendo que mi ceguera le ha traído un sinfín de problemas, y a mí misma. Pero hay cosas que no se piensan, sólo se sienten. Y este dolor, esta herida que ha nacido por él, no importa cuanto me diga a mi misma que es irracional, que debe desaparecer, no importa cuanto trate, no se desvanece… - la voz de Akiko se cortó por el llanto. Nix dio algunos pasos más y la voz de Akiko, más clara ahora, le hizo detenerse nuevamente- Yo aprendí a amar la vida por él, he continuado en ella por él ¿de donde saco ahora las fuerzas para seguir?

Nix paró, apretando el pomo de la puerta, y respondió con un tono diferente, tan distante al dulce y cariñoso tono que había empleado hasta entonces.

– eso es algo que tendrás que descubrir por ti misma

- ¡espere! –exclamó Akiko, mirando la figura curvilínea que le daba la espalda y que había abierto la puerta dejando entrar un claro rayo de luz- Cuando me extendió la mano, noté que sus ojos despedían dolor, ese mismo que dice ver en los míos. ¿Aún se levanta añorando estar con la persona que tanto quiso?

El cuerpo de Nix se mantuvo rígido unos segundos

-Esa es una pregunta muy imprudente. Pero te responderé: lo haría, si no despertara ya a su lado –dijo sin voltear a verla- mi señor Samas y yo pasamos por muchas dificultades, pero al final terminamos juntos y seguiremos así por toda la eternidad. Nadie sabe cuan grande es mi dicha en estos momentos.

-si es así, entonces por qué no suena feliz cuando lo dice

- ¿de nuevo te atormentas con el pasado, mi querida reina? -le susurró una voz seductora al oído, mientras un brazo cálido le rodeaba cariñosamente haciéndola saltar de sus recuerdos a la realidad en un segundo.

Nix negó con la cabeza, mostrándole una sonrisa reflexiva y acomodándose en el diván, más cerca de él.

-ni siquiera te has dado cuenta de que el sol se ha ocultado

- estaba pensando en Febe –se justificó- Ella ha sufrido mucho en esta nueva encarnación

- ¿en serio? –murmuró Samas, besándole el cuello

- sí, y ha cambiado demasiado. En el pasado me parecía demasiado fría, seca, sin sentimientos, tanto que de cierta forma me daba miedo, pero ahora se ve tan frágil, necesitada de ayuda…

- ¿quieres hacerla tu protegida o algo así? -comentó Samas con diversión, haciendo a un lado los largos y lisos cabellos de ella para besarla con más comodidad.

- no. Pero temo que cuando recuerde todo, le sea imposible soportarlo. Hubo tanta muerte, sangre y odio en su pasado.

- ¿y qué sugieres?

- mmmh…-ronroneó con placer, enroscando entre los dedos los sedosos cabellos verde oscuro de Samas- creo que lo mejor es borrarle todos los recuerdos desde que nació en esta época, antes de que le devuelva los antiguos. ¿Qué me dice?

-no lo sé –se retiró unos centímetros- puede implicar demasiada energía

- ¿pero qué dice mi señor? Si usted es el hombre más poderoso del sistema -le susurró rodeándole seductoramente- Además recuerde que ya habíamos pensado en que posiblemente sus recuerdos de esta encarnación le unan al otro bando aún cuando recupere los antiguos. Pero si sólo conserva sus memorias como nuestra guerrera tendremos garantizada su fidelidad.

- pero también acordamos que esperaríamos a ver los efecto que producían en ella los recuerdos de su pasado. Así yo tendría tiempo para recuperarme.

Nix se separó de él, deteniendo sus caricias

- Si no le convence nada de lo que dije, entonces olvídelas, y tenga en consideración ésta, únicamente… -se acercó nuevamente para susurrarle al oído- yo

La mujer se separó y le acarició el rostro con una mirada pícara

- eres cruel conmigo. Sabes que diciendo eso jamás podría negarme.

Ella le mostró una alegre y abierta sonrisa, le abrazó y le besó muy cerca de la boca

- ¿entonces lo hará?

- si con ello se desvanece esa expresión tan triste, lo haré

-¡es usted maravilloso! ¡le adoro!

-y yo te adoro a ti, mi preciosa reina.

-dígalo de nuevo, me encanta que me llame así

-te amo, mi reina

-¿por qué mi prisa? –pensó Nix mientras sus labios se juntaban a los de él en un beso, rodeándole fervientemente por el cuello, acercándolo más a ella- ¿eso es lo que usted ha pensado, lo que quizá le ha causado curiosidad, mi señor Samas…?

Un nuevo recuerdo, ligado a los anteriores transitó lentamente, como imágenes proyectadas en el fondo negro de sus párpados cerrados…

-¿te pareció interesante lo que dijo Febe allá adentro? -le había preguntado a Tetis en el solitario pasillo mientras cerraba completamente la puerta de la habitación donde se encontraba Akiko; varias horas atrás.

- no señora, lo que me parece interesante es que usted se haya quedado callada al final de la última pregunta que ella le hizo -su rostro hermoso y seductor se descompuso sin poder evitarlo y su interlocutora lo notó, pero sin demostrar algún cambio en su expresión, continuó:- Un día, así de la nada, usted apareció en nuestras vidas, presentada por el "Rey Sol" como su esposa...Por lo demás no sabemos nada de usted. Así que después de lo que Akiko dijo, me preguntaba si en realidad había ido a escuchar a Akiko para aliviar un poco las penas de ella o si más bien lo que deseaba era aliviar sus propios pesares.

- te advierto que si dices una palabra de lo que se habló dentro de ese cuarto…

-No diré nada –la interrumpió Tetis antes de que terminara de establecer la amenaza- No acostumbro divulgar los secretos de aquellos a quienes he jurado fidelidad. Y Akiko…

- Febe no hablará. Definitivamente no lo hará.

No es solo porque no quiero arriesgarme a que se revele lo que dije en esa habitación -pensó volviendo de nuevo a ese presente de besos apresurados y caricias múltiples. El presente, donde estaba con aquel hombre. El poderoso Samas. Su rey, su marido.

Es porque no puedo aguantar su arrogancia…


Usagi, sintiendo el brusco movimiento que estrujó su estómago y le provocó ganas de vomitar, lanzó un corto pero fuerte grito mientras cerraba los ojos, clavaba la cabeza en el pecho de Tuxedo Kamen y se abrazaba a él con todas sus fuerzas. Al siguiente instante un ramalazo de aire limpio y fresco, junto con una aparente calma, le tranquilizaron lo suficiente como para relajar los párpados y abrir los ojos.

Sin previo aviso, Tuxedo Kamen había dado un potente salto para sacarlos por arriba del callejón, tomándola realmente desprevenida, y ahora viajaba en sus brazos, oculta por su capa, mientras él saltaba entre edificio y edificio.

Llena de interrogantes, sus labios se separaron para lanzar preguntas, pero al concentrase en él, las palabras se esfumaron.

La mirada de Tuxedo Kamen, sorprendentemente decidida, se mantenía al frente y su expresión concentrada demostraba que sus pensamientos estaban en el viaje, en esos edificios por los que saltaba, en el espacio vacío que atravesaban, y quizá en algún punto de llegada. En todo menos en ella. Pero no era eso lo que había capturado su pensamiento. De pronto, al observarlo, había sentido brotar desde lo más profundo de su ser, un agridulce sentimiento de nostalgia.

Sí, ahí estaba él, con su amplia capa ondeando al viento, su traje negro, reluciente, formal, su austero sombrero de copa sobre la cabeza y el antifaz impecablemente blanco eclipsando sus ojos brillantes, intensos. Igual que en sus recuerdos de hacía dos años y de hacía dos días; apuesto, gentil, valiente, audaz…

No importaba cuanto hubieran cambiado las cosas, él seguía siendo ese mismo caballero enmascarado que la atraía inexplicablemente; aquel del que se había enamorado perdidamente desde el primer día en que lo conoció, ese que la dejaba sin habla con una sola de sus francas miradas. Y aún ahora, aunque no tenía ni idea de lo que pasaba, sentía como si él estuviera recatándola, como antes, como siempre. Sí, "siempre" era la palabra correcta, porque no sólo la había salvado cuando una rosa evitaba el ataque del enemigo mientras ella pedía ayuda desesperadamente, cuando la protegía con su capa o cuando la levantaba en sus brazos para evadir un inminente poder, él la había salvado con cada una de las palabras de aliento que le había dirigido, e incluso –pensó- sí jamás hubiera hablado, si no hubiera lanzado una sola rosa, si solamente hubiera estado ahí, con esa mirada llena de confianza en ella y en su poder, con esa cautivadora sonrisa, ella habría controlado su temor y se habría puesto de pie. Por increíble que pareciera, era suficiente su sola presencia para darle fuerzas y subirle el ánimo. Así que si había sobrevivido a las duras batallas que habían enfrentado, se debía en gran parte a él. Lo sabía bien.

Volvió a cerrar los ojos y a pegar la cabeza a la tela blanca de la camisa de Tuxedo Kamen. Su pecho era cálido y agradable, y su ropa desprendía ese aroma impregnado del perfume de las rosas que jamás se cansaría de respirar.

Incluso eso era idéntico.

Tuxedo Kamen, ajeno a los pensamientos de Usagi, crispó el rostro de dolor al sentir los brazos de ella, moviéndose para reacomodarse alrededor suyo. Que Usagi le envolviera con tal ímpetu, era en ese momento la caricia menos romántica y más alejada del placer que podía existir. Y es que sin saberlo, Usagi estaba presionando fuertemente las delicadas heridas que laceraban su cuerpo.

Su expresión tensa, iluminada por las luces de la ciudad, cambió radicalmente cuando volteó a verla.

Era increíble. No cabía duda de que para él aquel era el viaje más terrible de su vida, pero suponía que no era el único que la pasaba mal. Después de lo que había ocurrido entre los dos, estaba seguro de que Usagi se sentiría enormemente incómoda. Pero evidentemente estaba equivocado. Usagi parecía tranquila y a gusto. Un tímido rubor encendía sus mejillas, disimulando la palidez de su piel extremadamente blanca y dándole un toque de renovada vida y de incomparable frescura. Pero definitivamente lo que dulcificaba su expresión e iluminaba su rostro, lo que la transformaba, era esa pequeña sonrisa que dibujaban sus labios. Sí, no había duda, para su sorpresa Usagi estaba sonriendo.

Justo cuando los lustrosos zapatos de vestir de Tuxedo Kamen pisaban el firme techo del edificio siguiente y se deslizaban en línea recta hacia la próxima orilla, éste se percató de que una pequeña y boba sonrisa había aparecido en su propio rostro. Volvió la mirada a la realidad –es decir al siguiente techo al cual saltar- con una sonrisa aún más amplia, esta vez totalmente conciente, y mientras el impulso les hacia volar en el aire sus ojos la buscaron nuevamente, como si una súbita y feroz fuerza le obligara a contemplarla, como si fuera necesario volver a verla y comprobar que aquella hermosa visión no era parte de un sueño. Sí, definitivamente era necesario.

Sus ojos cerrados y su respiración lenta y apacible le hicieron suponer que estaba dormida y que eran dulces sueños los que adormecieran sus párpados y le hacían sonreír. No se imaginaba otra razón para que ella se mostrara tan feliz.

Entonces, Usagi abrió sus ojos de improviso, que se encontraron con los de él de forma atolondrada, y la mágica sonrisa que había hecho resplandecer su rostro desapareció en un santiamén. Como estirada por un resorte, separó la cabeza de su pecho y sus brazos alrededor de él se aflojaron. Sus mejillas se habían encendido como tomates maduros y sus hermosos ojos habían huido de su mirada en instantes.

-yo…yo… -tartamudeó, abochornada, sin ser capaz de volver a encontrarse con sus ojos- estaba…quiero decir que no quería…

-extrañaba esa sonrisa –la interrumpió él- no sabes cuanto me alegra volver a verla

Usagi sintió claramente la mirada de Tuxedo Kamen sobre ella. Su voz había sonado dulce y sincera, y estaba segura de que si lo miraba a los ojos, el latir intensificado de su corazón se convertiría en una verdadera taquicardia.

-¿no deberías estar atento al frente? –preguntó en un tono que buscaba mostrar molestia- ¿qué sucedería si por distraerte pisas mal o si algo se atraviesa sin que te des cuenta? Esto de saltar de edificio en edificio es peligroso. Deberías tomarlo con más seriedad.

Tuxedo Kamen rió suavemente y cambió la dirección de su mirada

-siento haberte incomodado

-¡no lo digo porque me incomode! –se exaltó- ¡y si estaba sonriendo… no era por nada de lo que puedes estar pensando! ¡no quiero que te imagines cosas! Yo estaba pensando en Mina, en lo que le haré por haberme metido en este lío y… ¿Por qué sigues sonriendo? Si todo está tan tranquilo como para que muestres esa sonrisa entonces déjame bajar y explícame las cosas, porque aún no tengo ni la más mínima idea de lo que está pasando. Y de una vez quiero que quede claro que si todo esto tiene algo que ver con Mina yo simplemente…

-¿Mina?

-sí, todo parece encajar ¿no crees? Mina quería que nos quedáramos solos y lo logró, deseaba que estuviéramos sin la silla de ruedas y al parecer los dos nos olvidamos de ella, quería que tú me llevaras de "esta" manera…–se sonrojó, recuperando el sentimiento de incomodidad.

- y ya está hecho –terminó él-. Así que crees que esto es parte de algún descabellado plan de Mina.

- pues mostrándote tan alegre y sin decirme aún la razón por la que estamos huyendo no tengo más en que pensar -declaró, aún sonrojada, llevando una mano al rostro para apartar con delicadeza algunos cabellos que le impedían la vista, más para distraerse en otra cosa que no fuera el rostro de él, que movida por una molestia real.

-Usagi…

Tuxedo Kamen paró de hablar, sus fuerzas se cortaron abruptamente y su cuerpo se estremeció de dolor, uno diferente al que había sentido hasta ese momento. Algo mucho más intenso, mucho más violento… demasiado.

-no en este momento- pensó


-¿a qué te refieres conque los perdiste de verdad?- preguntó la voz de Rei a través de su comunicador de pulsera y Mina sonrió nerviosamente.

- bueno es que todo fue muy muy raro y rápido. Me distraje sólo un momento para ver a un chico guapísimo que pasó por la acera y al siguiente instante vi a Mamoru, Usagi y un chico al que no reconocí, hablando fuera de la boutique. Como estaba en la terraza del edificio de enfrente no supe qué dijeron, pero Mamoru parecía algo molesto. Bajé rápidamente, esperando poder escuchar algo pero en cuanto los busqué ya no había nadie. Entré a la boutique y lo único que encontré fue la silla de ruedas. También revisé las calles cercanas pero no hay nada, es como si hubieran desaparecido…

- espera, ¿acabas de decir que dejaron la silla de ruedas?

-¡¡¿qué?!!!-dijeron otras voces del otro lado, seguramente las de Mako y Ami

-así es, está aquí conmigo. No sé qué hubieran hecho si yo no hubiera estado espiándolos. Seguro habríamos tenido que pagar la silla de ruedas porque no creo que de haberla dejado abandonada por más tiempo hubiera seguido aquí…

- entonces lo más probable es que Usagi se fuera caminando –comentó Rei, con clara inquietud

- no tienen porque angustiarse de esa forma chicas. Mamoru se las ingeniará y la cuidará muy bien. Seguro.

- aún así es importante encontrarlos, se creará otro alboroto si no regresamos a Usagi al hospital lo más pronto posible –dijo la voz amable de Ami- Su madre está muy angustiada y su padre y Shingo vendrán pronto…

-¿cómo, entonces su familia ya sabe que estuvimos en el incidente?

- ¡es cierto! -recordó Makoto- Mina se desapareció toda la tarde y por eso ya no pudimos informarle.

- Jamás habríamos podido ocultarles que Usagi estaba en el hospital -suspiró Rei-. No parecían muy convencidos pero terminaron creyendo que habíamos estado en medio de aquel desastre sólo por casualidad. Pero ahora, con esto…

-yo me encargaré de encontrarlos –dijo la rubia con decisión- pero insisto en que no deben preocuparse de más. Creo que si ellos no han aparecido es una señal muy buena. Estoy casi segura de que están por ahí besándose sin siquiera acordarse del resto del mundo.

- ¿cómo puedes estar tan segura? -preguntó Mako- hasta donde yo sé, ellos siguen distanciados

-porque hablé con Mamoru -sonrió satisfecha y de inmediato sus amigas la atacaron con mil y un preguntas

-¿entonces te dijo porqué se había distanciado de Usagi?

- pues…

-¿te explicó porque estaba abrazando a Akiko cuando Usagi los vio?

- eh…

- seguramente te dijo toda su historia con Akiko

- no, ninguna está en lo correcto –declaró Mina, haciéndolas callar- sólo me dijo algo, y creo que aunque es lo más importante, ninguna lo mencionó: que ama a Usagi

- ¿sólo eso? –soltó Ami y del otro lado Rei y Mako se giraron para verla, algo asombradas

-Pero porqué parecen decepcionadas. Eso aclara todo, no hay de qué angustiarse –rió estruendosamente mientras las demás mostraban una expresión poco satisfecha

- hay que encontrarlos lo más pronto posible -soltó Rei

-pobre Usagi, debe sentirse muy incómoda -agregó Ami

-creo que cualquiera lo haría en su situación -continuó Makoto- ¿qué les parece si nos dividimos en grupos?

-¡hey! ¿qué quieren decir? ¿es que no confían en mi? ¡Con quién creen que están hablando! Soy Minako Aino, la hermosa diosa del amor -exclamó con dignidad ofendida- sé lo que hago. Y si digo que Mamuru dijo que seguía amando a Usagi y yo lo creí, es una certeza que así es.

- no dudamos de eso -aseguró Rei- pero por la forma en la que se ha desarrollado la situación, un "te amo" ya no va a ser suficiente para solucionar sus problemas. Eso es lo que nos tiene inquietas.

- Mamoru parecía seguro de tener una explicación sólida para lo que sucedió. Yo sé que la convencerá, porque estoy segura de que él desea estar a su lado… Apenas y se vio- continuó Mina, repentinamente formal- pero cuando le pregunté si la amaba, y Mamoru dijo que sí, él sonrió. No era una sonrisa de remordimiento o pena, era una sonrisa fresca y espontánea; feliz. Tanto que con sólo verla me hizo darme cuenta de sus sentimientos… Por eso no hice más preguntas. Si él la ama tanto como para mostrar una sonrisa así, no dudo que vaya a luchar por ella… ¡no es hermoso el amor! -dijo al final destrozando la seriedad en su voz mientras sus ojos se convertían en enormes y brillantes estrellas.

Rei suspiró

-Conque es así…

- Pues no hay nada que hacer -comentó Makoto

-tendremos que confiar en él –agregó Ami

- Aunque si nos hubieras contado todo, tal vez habríamos conseguido un momento para los dos sin armar tanto escándalo -refunfuñó Rei- pero no hay tiempo para reproches. Vamos para allá. Te ayudaremos a buscarlos.

La rubia sonrió ampliamente mientras asentía


Los edificios aledaños, inamovibles un segundo antes, parecieron temblar ante sus ojos y convertirse cada uno en dos, tres, quizá cuatro construcciones idénticas. Y no era lo único que se movía. Incluso el cielo con sus esparcidas estrellas se agitaba en su sitio. Por otra parte, los sonidos de fuera se atenuaban cada vez más tras el sonido agudo de su propio cuerpo, gritando de dolor.

-¿Tuxedo Kamen? –le llamó Usagi, extrañada de que él se hubiera detenido de golpe

- ya casi llegamos –declaró él casi en un susurro

Usagi levantó la vista y observó por encima de la capa de Tuxedo Kamen que el viento agitaba violentamente y la pegaba a su cuerpo. A unas cuantas cuadras podía distinguir el punto de llegada. Reconocía el monumental edificio que sobresalía entre los demás. De sus ventanas brotaba una luz blanca y clara que le hacía lucir como una enorme lámpara moderna, acorde con los demás edificios que en conjunto, iluminaban la noche con su artificial resplandor.

- el hospital –murmuró Usagi

Él, no sin un gran esfuerzo, logró distinguir aquel edificio, moviéndose, perdiéndose entre la bruma de su mirada. Se encontraban en la orilla de la construcción así que también podía distinguir el espacio entre ese edificio y el aledaño, oscuro, silencioso, atravesado de vez en cuando por rápidos y luminosos automóviles. La punta de su misma capa era movía enérgicamente por el aire justo sobre aquella oscuridad, sobre todo aquel vacío. Escuchaba a Usagi hablando, pero su voz era lejana y confusa como si estuviera a kilómetros de él. Ya ni siquiera lograba entender lo que decía. Tal vez si hacía caso a lo que pedían sus pesados párpados, cerrarlos por unos segundos, tal vez lograría…

La voz de Usagi inundó sus oídos con mayor claridad. Aunque aún no distinguía sus palabras, sí notaba un cambio en su voz, ligeramente exaltada. Y después, durante un segundo, todos los sonidos pararon de escucharse, todo fue calma; el mundo entero desapareció tras la oscuridad de sus párpados cerrados. Pero al siguiente, el par de brazos rodeándole con un apretón angustioso le regresó a la realidad, reviviendo las navajadas de dolor e incrementándolas por diez. Esta vez no supo si el grito que lanzó fue sólo en su interior o si en verdad salió. Estaba demasiado aturdido. Abrió los ojos pero ya no veía nada. Todo se había convertido en un manchón gris que se agitaba violentamente a su alrededor.

En décimas de segundo comprendió que habían caído al vacío pero que él podía salvarles, aún podía aterrizar de pie, tenía que intentarlo. Pero inesperadamente, una fuerza les golpeó suavemente desde abajo y sintió de inmediato que la velocidad de la caída disminuía y que la dirección de la misma se modificaba bruscamente. Buscó con la mirada y notó, aunque sólo fue por un segundo y de forma borrosa, una figura vestida de negro, extendiendo la mano abierta hacia ellos mientras una extraña ola de poder brillante salía de ella. Lo siguiente que vio fueron sus propios zapatos al tocar el cemento del piso.

-lo logramos –masculló con incredulidad y alivio, y sin poder resistir más se desplomó sobre el suelo de concreto.

En lugar de haber caído en medio de la avenida, como hubiera sucedido si aquella extraña fuerza no hubiera intervenido, habían ido a parar a un pequeño parque de juegos, limitado por arbustos de mediana estatura tan pegados uno al otro que formaban un pequeño cerco alrededor de él. A su izquierda había un árbol de espeso follaje y unos columpios, más allá un sube y baja y una ancha y redonda construcción en forma de elefante, cuya trompa y cola hacían de resbaladilla y de escalera respectivamente. Ésta, junto con el árbol, impedía la entrada de las luces de la calle y les cubría con una amplia sombra.

Usagi, sin comprender lo que pasaba, rebulló entre los brazos de él que seguían rodeándola, y lo sintió estremecerse con su movimiento. La respiración de Tuxedo Kamen era pesada y tan fuerte que podía escucharse con claridad a pesar del sonido hueco de los autos en la calle. El sombrero había caído de su cabeza y permanecía a unos metros de ellos, cerca del árbol; su antifaz por el contrario, se había mantenido sobre sus ojos y las pequeñas rendijas que normalmente dejaban ver sus ojos, se habían opacado tanto que le impedía apreciar si éstos estaban abiertos o cerrados.

-Tuxedo Kamen –le llamó por segunda vez pero de igual forma no hubo respuesta

En ese momento, voces alegres se dejaron escuchar muy cerca de donde estaban, acompañadas del sonido de pasos parsimoniosos acercándose. Sin dudarlo, Usagi hizo un movimiento para ponerse de pie y buscar la ayuda de aquellas personas, pero la mano enguantada de él la detuvo por la muñeca con inusitada fuerza.

-no te preocupes por mí y márchate -escuchó susurrar a Tuxedo Kamen con una voz honda- Es peligroso que te quedes aquí.

-¿qué dices? –se asombró mientras el sonido de las voces se hacia mas claro. Las siluetas de los transeúntes pasaron como sombras dinámicas sobre los juegos para luego desparecer.

-alguien nos ha estado siguiendo –murmuró él, incorporándose lentamente. La luz amarilla de los faros de un auto que pasó seguramente muy cerca de la orilla del parque, se internó entre los huecos del largo arbusto e iluminó oblicuamente el rostro de él. Se veía increíblemente exhausto, débil. Su expresión intentaba ser normal pero el intento hacia resaltar más su agitación y pesar -sentí su presencia cuando dejé la tienda para buscar a Mina, pero se hizo más evidente en cuanto tú saliste de ella.

-¿y si es Mina?

-no. De eso estoy seguro. No vi su rostro pero su silueta es masculina.

Usagi lo miró, esta vez inquieta

- ¿crees que sea alguno de los hermanos de Akiko?

- es probable –respondió con voz ronca, trabajosa- Logramos abrir un trecho entre los dos luego de alejarnos de la tienda, así que aproveché ese momento para transformarme. Tenía que alejarte de él con la mayor rapidez posible. No iba a comprobar si se trataba de alguno de los hermanos de Akiko o no, no podía ponerte en ese peligro. Al principio con esa única idea, viajamos sin rumbo, pero luego decidí ir hacia el hospital –hizo una pausa en la que se traslució un gesto de dolor. Llevó la mano al pecho, debajo de la clavícula izquierda- Creo que es el lugar más seguro para ti en este momento.

- ¿y tú? ¿Qué planeabas hacer luego de dejarme en el hospital? -bajo la cabeza y el rubio cabello que cubría su frente ocultó con su sombra la luz de sus ojos- Desde antes que cayéremos te encontrabas mal. Debiste haber sufrido muchas heridas en la pelea de ayer, y a pesar de eso te transformaste y me trajiste hasta aquí, aún cuando no estabas en condiciones para hacerlo… ¿y ahora me pides que a pesar de saberlo te deje aquí para que la persona que nos sigue te encuentre?

-Lo que me sucede es transitorio. En cambio tú…

- ¡Yo puedo defenderme! –replicó antes de que terminara la oración-. Y puedo protegerte también. No te voy a dejar.

Entre la bruma de su mirada y la oscuridad media del parque Tuxedo Kamen pudo distinguir la figura de ella, sentándose a su lado, totalmente decidida a no moverse de ahí hasta que él pudiera hacerlo. Pero eso parecía enormemente difícil, por lo menos en algunos minutos. Apoyó la cabeza en la fila de arbustos y miró el cielo azul oscuro.

- lo único que quiero es que estés bien y a salvo

-No entiendo aún –dijo ella luego de unos segundos de silencio- por qué fuiste al hospital, por qué te haz esforzado tanto para traerme hasta aquí… por qué dices que sólo te importa que esté a salvo cuando los dos sabemos que es mentira. Debes estás ansioso por encontrar a Akiko y pasar una vida llena de felicidad a su lado ¿Por qué no simplemente te olvidas de mí y vas en busca de ella?

Aún con la vista borrosa, Tuxedo Kamen buscó las manos de Usagi y pudo ver que las agitaba un ligero temblor. Buscó también el brillo de sus ojos que posiblemente no sería tan intento entre la oscuridad pero no logró encontrarlo. Su cabeza estaba inclinada.

-desde que Akiko apareció frente a nosotros, he esperado que tu enfado caiga sobre mí –comenzó a decir él- Pensaba que sería como una inapagable borrasca; ya que tratándose de Akiko, había razones de más para encender tu furia –Usagi apretó las manos sobre sus piernas-. Pero ayer me sorprendiste al desearme felicidad y hoy me sorprendes de nuevo al pedirme que te deje y vaya a buscarla. ¿En verdad deseas que me aleje de ti?

Las manos empuñadas de Usagi temblaron imperceptiblemente. La voz de él había sonado diferente al pronunciar aquella pregunta, sincera, pero también…triste. ¿Por qué? ¿y por qué su traidor corazón había vibrado de esperanza al escucharlas?

-no lo entiendes- murmuró clavando más la mirada en sus manos-. Ustedes, su amor, ha pasado por muchas cosas, pero aún así sigue vivo. Su relación ha sido tan especial que sólo se compara a esas que existe en los mangas shojo o en las novelas románticas. ¿Cómo podría interponerme en algo así? Ni siquiera me siento capaz de reprocharte que me dejes por ella, aunque lo que me sobra son ganas de estallar en reclamos –dijo con cierta comicidad pero su voz se quebró ligeramente. Tuxedo Kamen notó que pasaba su brazo por los ojos- Ustedes merecen ser felices y yo de verdad quiero que lo sean Mamoru. Y si ella es tu felicidad…

-¿cómo has llegado a esa idea? –le dijo, haciendo un esfuerzo sobrehumano para posar la mano sobre el brazo de Usagi que seguía cubriendo sus ojos- Supongo que en parte por lo que te ha contado Akiko, pero yo nunca he dicho que la ame o que mi felicidad esté a su lado.

- pero lo has demostrado –se apartó de él- ¿o es que planeas decirme que estoy equivocada aún cuando tú cambiaste enormemente desde su llegada? No has dejado de evadirme y buscar su compañía en lugar de la mía; hace sólo unas horas tú mismo confesaste haberla besado. ¿Sabes? –dijo antes de que él la interrumpiera- A pesar de que cada día me demostrabas que se estaba abriendo una enrome distancia entre los dos, yo me tragué cada una de tus promesas y de tus palabras, aunque sabía bien que muchas de ellas eran mentira. Incluso soporté que pasaras toda una noche cuidándola y que no pudieras decirme te amo, lo soporté todo –explotó- lo hice intentando convencerme a mi misma de que debía haber una buena justificación para todo eso, deseándolo de todo corazón, confiando en ti y en lo que había entre nosotros. Pero me he aferrado tanto a esa confianza que he terminado destrozándola con mis propios brazos. Ya no puedo seguir, Mamoru. No puedo soportarlo, no soy tan fuerte…

-Usagi…

-¡no me toques! -lo rechazó y el quejido suave de él le hizo mudar su enojo. Tuxedo Kamen se dejó caer sobre la baja pared formada por los arbustos, apretando una mano sobre su pecho y Usagi se acercó inmediatamente con el propósito de ayudarlo, pero se detuvo. Tal vez su ayuda sólo era un estorbo para él. Volvió a dejarse caer en el suelo. Momentos antes había sacado su medallón de transformación, por si algo sucedía, y lo había dejado en el suelo, a su lado. Lo tomó y apretó contra el cemento frío.

Entonces concentró su mirada en el rostro de Tuxedo Kamen que ya no parecía hacer esfuerzo alguno por ocultar cuán grande era su agonía. ¿De verdad el dolor era momentáneo como él había dicho antes, o le había mentido para no preocuparla? ¿Y si empeoraba? ¿Qué haría entonces?

El silencio, apenas fracturado por el fugaz sonido de los autos que pasaban por la calle de vez en cuando era pesado, angustiante. ¿En verdad llegaría aquella persona que les había seguido? Ya llevaban un buen tiempo ahí, era sospechoso que no hubiera aparecido todavía… Sintió un escalofrío recorriéndola. ¿O es que ya estaba ahí, observándolos desde quien sabe qué punto? Negó con la cabeza, eso no podía ser. Recordaba a la perfección la forma de actuar de los hermanos de Akiko. Ellos no dudaban en atacar cuando se presentaba el momento propicio. Y ese era un momento más que propicio, con el parque totalmente solo y ellos indefensos. Pero Tuxedo Kamen había dicho que no podía asegurar que se tratara de ellos ¿y si no era ninguno de los hermanos de Akiko? ¿si se trataba de alguien más?

Permanecieron así unos minutos más y cuando de reojo lo vio moverse supuso que era porque ya estaba mejor y que pronto se irían. Pero estaba en lo incorrecto.

Con un quejido bajo, Tuxedo Kamen le rodeó por la espalda, con la capa cubriéndola por completo, como protegiéndola.

-¿tú? –dijo él entre dientes, con voz agitada por el esfuerzo que acababa de hacer, pero sin poder reprimir aquella expresión de sorpresa. Y la figura que le miraba a su vez, a unos cuantos metros, medio escondido por el enorme elefante de cemento pintado de colores claros, mostraba la misma sorpresa. Mientras miraba aquel rostro descompuesto, como aterrado a la luz opaca de la noche, Tuxedo Kamen pensaba en cuan grande había sido su equivocación. Ante sus ojos no sólo no se encontraba ninguno de los cuatro hermano de Akiko, sino que se hallaba una persona que jamás creyó volver a ver, y menos en una situación así.

Aunque la expresión no era la misma, sí se trataba del mismo rostro, la misma figura, incluso la misma ropa color negro que había visto horas antes en lo más profundo del callejón donde se quedó dormido: el mismo extraño sujeto que alejó a toda la gente de él y le ahorró dar explicaciones sobre el hecho de estar dormido en aquel lugar con la ropa manchada de sangre. ¿Es que lo había seguido desde ese momento sin que se diera cuenta? Y era también el mismo hombre que había visto borrosamente minutos antes con la palma de la mano extendida hacia ellos, casi podía asegurarlo.

Usagi, llena de curiosidad por la exclamación de Tuxedo Kamen, apartó la capa y miró hacia atrás, donde la mirada de él se concentraba. Y ahí, medio iluminado por la opaca luz que caía sobre el parque, notó la amplia tela de color oscuro, tal vez gris, que revolviéndose, rápidamente se amoldó a un cuerpo masculino, envolviéndolo desde los pies hasta la cabeza. Su rostro era vedado por aquella tela que sobre la cabeza, comenzaba a tomar la forma abultada de un capuchón.

-no puede ser –murmuró Tuxedo Kamen para sí, asiendo a Usagi con más fuerza

La rubia dirigió la mirada sólo un segundo a él, pálido y extenuado, pero también alarmado, para regresarla nuevamente al extraño. La tela había dejado de moverse y ahora delineaba precariamente la figura del desconocido. Sólo los zapatos de color negro y la parte baja del rostro sobresalían del ropaje oscuro.

Al mirar aquellos zapatos, Usagi descubrió una rosa roja clavada en el suelo a milímetros del encapuchado.

-¡¿por qué nos espiabas?! -reclamó Tuxedo Kamen y Usagi distinguió con toda claridad que una nueva rosa estaba ya en su mano.

El encapuchado, en completo silencio, deslizó el brazo que se ocultaba debajo del manto y sacó un antifaz plateado que llevó hasta su rostro, perdiéndose debajo del capuchón que le cubría hasta la nariz. Entonces sus manos largas, inconfundiblemente masculinas, hicieron el capuchón hacia atrás, sólo lo suficiente para revelar el brillo de un par de vivos ojos tras el antifaz.

- no puedo responder esa pregunta –habló el hombre por primera vez. Su voz era joven y respetuosa.

-¿por qué? ¿tienes órdenes de no decirlo?

-Tuxedo Kamen –dijo Usagi mientras colocaba su mano sobre el tenso brazo de él que sostenía la rosa- ellos nos han ayudado antes. No nos hará daño ¿verdad?

- así es, no he venido en busca de pelea.

- ¿tú interviniste hace un momento, cierto? –inquirió Tuxedo Kamen, dejando caer la mano que sostenía la rosa, pero sin guardarla.

- sólo aligeré la caída

- ¿nos salvó? –se sorprendió Usagi- gracias -mostró una sonrisa amigable e intentó acercarse a él pero Tuxedo Kamen le detuvo

-¿te habrías arriesgado a ayudarme aún si ella no hubiera estado conmigo?

Él encapuchado mostró una sorprendida sonrisa

- es usted muy perspicaz

Usagi miró a los dos alternadamente, sin comprender de qué hablaban

-Ayer tu compañero se involucró en una peligrosa batalla con el único propósito de sacar a esta joven de ahí –continuó Tuxedo Kamen- Y hoy te has arriesgado demasiado para mantenerla vigilada y a salvo. Todo parece indicar que ustedes harán hasta lo imposible para que nada le suceda, aún si es a riesgo de ustedes mismos. ¿Por qué?

El encapuchado calló unos segundos, como midiendo su respuesta

- ella tiene un papel vital en el destino de este planeta –dijo el otro al fin- Eso la hace valiosa para cualquiera que se interese por la Tierra.

- ¿yo? –se preguntó Usagi, atónita- ¡espera!

El hombre había dado unos pasos atrás, perdiéndose un segundo en la oscuridad y al siguiente lo vieron aparecer arriba de ellos, desapareciendo tras los edificios aledaños.

-se fue –dijo en un susurró mientras Tuxedo Kamen se ponía de pie con evidente esfuerzo- ¿estas bien?

- sí, ya comienza a disminuir –contestó con una breve sonrisa, para luego caminar, aunque lentamente, hacia el elefante donde momentos antes había estado el encapuchado. Se apoyó en él, respirando tan agitadamente como si hubiera corrido durante largo tiempo.

-¿no se trata de algo delicado, verdad? –mencionó ella, acercándose a él, aunque el dolor de sus propias heridas que creía extinguido mágicamente, se había vuelto a presentar- con descanso y atención te vas a poner bien en pocos días ¿no?

Tuxedo Kamen dejó de concentrarse en el dolor de su cuerpo y la miró tratando de mostrarse tranquilo.

- debemos llegar al hospital lo más pronto posible.

- ¿me estas evadiendo? –inquirió, interponiéndose en su camino- Por favor, no sigas ocultándomelo.

- no trato de evadirte. Es sólo que no creo que este sea el lugar más indicado. Ya escuchaste lo que él dijo, les interesas demasiado como para que te dejen tan fácilmente -dijo dirigiendo su mirada cautelosa a los lugares más oscuros del parque-. Además necesito que antes sepas algunas cosas sobre Akiko y sobre mí.

-¿por qué? ¿es que ella tiene algo que ver con esto?

-no, pero quisiera que ese asunto quedara resuelto. No me gustaría que tus sentimientos por mí se confundieran en lugar de aclararse.

-cada vez haces que entienda menos

Tuxedo Kamen miró la expresión angustiada de Usagi y ya derrotado, sabiendo que ella no desistiría lanzó un hondo suspiro.

- tú debiste ser la primera en enterarte –dijo y dando unos pasos se ocultó bajo la sombra del rechoncho elefante, en el rincón más oculto que encontró. Luego para sorpresa de ella, se quitó el saco y el chaleco.

-¿qué haces? –le preguntó Usagi, sonrojada, deteniéndole cuando Tuxedo Kamen comenzaba a desabotonarse la camisa. Pero él apartó sus manos con amabilidad y en silencio continuó desatando los botones de sus respectivos ojales. Usagi estaba buscando una explicación para aquel acto cuando distinguió la serie de vendas que cubrían gran parte de su torso, casi completamente teñidas por la sangre. Algunas cubrían su cuerpo transversalmente, desde el hombro izquierdo hasta desaparecer bajo las vendas horizontales que envolvían la piel de su abdomen. Fueron estas últimas las que empezó a desenvolver él mostrando en pocos segundos el manchón de piel tapizado de un color antinatural bajo las vendas. Era como un enorme moretón, aunque el morado se mezclaba con un rojo encendido y un negro pálido, y sobre él, como si su piel hubiera sido rociada con brillantina, resaltaba un resplandeciente brillo dorado. Y Usagi ahogó una exclamación de susto cuando vio caer la venda llena de sangre y miró la amplia cortadura –porque era claramente una cortadura- que abarcaba por lo menos desde la mitad del torso hasta perderse en las vendas que le cubrían por debajo del pantalón. Una herida completamente abierta cubierta por ese brillo extraño.

-las vendas ayudan a controlar el sangrado mientras se suturan las heridas, y también a evitar infecciones –dijo él, sólo por mencionar algo, porque no sabía ni como comenzar- Es extraño pero normalmente, siempre y cuando no presione la zona o haga algún esfuerzo exagerado, las heridas parecen no existir, no hay dolor, ni sangrado. El dolor y la pérdida de sangre se presentan sólo durante lapsus que no tienen hora ni duración fija. Es entonces cuando sucede lo que hoy.

-has dicho heridas…-dijo, pensativa- Eso significa que es más de una…

-sí

-pero que curioso –intentó sonreír Usagi, aunque estaba demasiado pasmada e inquieta como para hacerlo- lo dices como si llevaras tiempo con ellas –pero Tuxedo Kamen no sonrió, al contrario, se mostró aún más serio- pero no puede ser, porque esto fue producto del encuentro de ayer…

-hoy hacen cinco días desde que comenzó –le desmintió, mientras empezaba a recubrir la herida- no te lo dije de inmediato porque temía angustiarte en vano. Creí que no era grave.

Usagi lo miró, incrédula ¿que no era grave? ¿Cómo había podido pensar que heridas como esa no eran graves?

-¡pero no es posible! hace tres días yo estaba contigo, ¡no tenías nada!

Iba a agregar algo más pero la idea se cortó, al recordar algo de pronto:

-¿fueron esas personas…? -preguntó, recordando a la pareja de extrañas vestiduras y enormes poderes con la que se enfrentaron días atrás. Y les recordaba a la perfección porque el sujeto con el cristal en forma de sol había apretado su cuello hasta casi ahorcarla. Eso es algo que definitivamente no se olvida con facilidad- pero no –se dijo a sí misma- te veías muy bien, tú mismo dijiste que no te había sucedido nada grave…

-tienes razón, yo dije eso –aceptó, mirando sus propias manos que volvían a cubrir la herida con las vendas- Fue hasta la noche que comencé a sentir un fuerte dolor y descubrí pequeños puntos en donde el ataque de agujas me había rozado. Entonces no le di importancia, por eso cuando hablamos por teléfono ni siquiera lo mencioné. Estaba seguro de que el dolor terminaría al día siguiente. Y así fue, el dolor se calmó. Las lesiones que había recibido en brazos y piernas habían desaparecido, pero las del torso no. Al contrario, antes del medio día, tras un inesperado dolor, noté que habían aumentado de tamaño. Fui al hospital y las heridas fueron suturadas pero en la madrugada el dolor volvió. Las suturas se habían despedazado y nuevamente las heridas se habían extendido.

- ¿extenderse?

-Había algo en la punta de esas agujas que aquel hombre usó, algo que ha provocado esto y que hace que se desarrollen en lugar de cicatrizar completamente. Pero hasta ahora no hemos podido encontrar algo que detenga su avance. Tal vez el que causó esto es él único que puede decirnos cómo combatirlo –dijo con una expresión llena de impotencia- Sin embargo, Luna y Artemis han revisado todos los libros de medicina e incluso de herbolaria sin perder la esperanza de encontrar algo.

-¡¿Luna y Artemis saben de esto?!

- Si no te lo dijeron fue por mí. Les hice prometer que lo guardarían como un secreto.

- hace sólo cinco días eran simples piquetes y ahora… -dijo Usagi casi para si misma, aterrorizada- es demasiado rápido. Si sigue así…

Momentos antes él había terminado de asegurar la última parte de la venda y había estado a punto de comenzar a abotonarse la camisa cuando ella dejó aquella frase sin concluir. Le tomó la mano y logró que Usagi se concentrara sólo en ello.

- Estos días han sido difíciles -le dijo bajito, con los ojos cerrados y su cabeza pegada a la de ella, con los dedos entrelazados con los de la rubia y las palmas pegadas una a la otra- Yo también me angustié por su rápido avance. Hubo momentos en los que me hundí en la frustración y en la desesperanza. Las horas pasaban demasiado lentas, y durante ellas pensé en un millón de cosas, en si existía una forma de que las heridas se cerraran o si era nuestro deber inventarla; en cuánto tiempo nos tomaría eso. Y otras veces no pensaba más que en ti. Continuamente miraba el teléfono y me preguntaba si llamando en ese momento tú me contestarías. Me decía que si tú hubieras estado ahí, con toda esa alegría que siempre muestras, las cosas no me parecerían tan oscuras. Aún lo creo así.

-yo también ansiaba que llamaras

- Lo sé –respondió en tono de remordimiento-. Luna y Artemis no dejaron de insistir para que hablara contigo, decían que si te lo contaba y a las chicas, las posibilidades de encontrar una cura aumentarían. Y yo sabía que tenían la razón -continuó él- pero pensé, al principio, que era demasiado precipitado, que no tenía porqué angustiarte antes de tiempo. El sólo imaginar la expresión de tu rostro cuando te dijera todo; esta expresión -murmuró tocando el rostro de ella con los dedos- eso era suficiente para hacerme desistir. Y después, cuando me di cuenta de que lo que menos tenía era tiempo, en lugar de cambiar, mi decisión se reforzó. Por momentos pensaba que el hecho de mi muerte era algo innegable –Usagi se estremeció de pies a cabeza pero se mantuvo en silencio- Y si no había salvación para mí, por lo menos debía pensar en tu futuro, en tu felicidad. Tratar de contactarme contigo, aunque sólo fuera para escuchar tu voz, significaba restablecer la normalidad de nuestra relación y encadenarte más a mí, a este sufrimiento por el que estaba pasando y al dolor de una probable muerte. No podía permitir eso.

-tú no querías amarrarme más a ti…-balbuceó Usagi, comprendiendo un millón de cosas que habían sucedido en esos días- ¿por eso te portaste tan frío conmigo, por eso me evadías?

Él asintió

-En cuanto a Akiko –dijo él, tocando al fin el punto al que tanto había deseado llegar- desde que saliste corriendo ese día, no he deseado más que aclarar las cosas. Pero no podía verte a causa de esto, temía que el dolor surgiera de pronto y tú lo descubrieras, pero tampoco deseaba cambiarte un motivo de aflicción por otro, así que lo único que me quedaba era pedirte que confiaras en mí, como lo hice cuando te marqué por teléfono. Aunque sabía que si las cosas seguían así no podría ocultarte lo que me pasaba por mucho más tiempo. Pero ayer en la madrugada, Luna me ayudó a comprender que estaba en un error, que tú debías saber de esto. Decidí hablar contigo por la mañana cuando la fiebre hubiera bajado, pero saliste del apartamento antes de que pudiera hacerlo. Luego se presentó una nueva batalla, te trajimos al hospital y se han interpuesto tantas cosas desde entonces.

Ella no dijo nada, seguía paralizada. ¿Le habría escuchado siquiera?

Usagi miraba con mayor obstinación el suelo, pensando en lo terrible de la situación, en lo avanzado de las heridas de Mamoru, en todas sus palabras acerca de lo poco probable que él había pensado que sería encontrar una pronta solución, ¿es que la situación era tan mala que incluso él había llegado al limite de pensar que era mejor separarse de ella por su bien? ¿y cuanto tiempo les quedaba para salvarlo si las heridas se expandían con extrema rapidez? ¿días… horas?

Se sumergía cada vez más en esa visión oscura, en ese futuro negro, cuando de pronto sintió los dedos de él apretando sus manos, entrelazándolas con mayor fuerza. Sintió la suavidad de su cabello contra su mejilla y una voz cálida y tranquila susurrándole muy cerca del oído.

-¿me crees?


Pasó las manos por la cara una vez más, las contuvo en el cabello y presionó la cabeza con fuerza.

-¿Unkei?

Abrió los ojos de golpe y se sintió palidecer cuando escuchó aquella voz. Se retiró de la pared donde había estado recargado y miró de frente al hombre de cabellos castaños.

Tragó saliva.

-¿has dejado de seguirlos, Unkei?- lo interrogó el joven, totalmente serio

El interpelado se inclinó y sus cabellos rubios brillaron con la luz naranja del foco próximo

-señor, lo siento. El príncipe me descubrió. Les perdí por un momento y cuando les reencontré él ya se había trasformado. Estuvieron a punto de caer desde un edificio así que tuve que intervenir y luego…

-¿vio tu rostro?

El rubio inclinó aún más la cabeza, cerró los ojos y empuño las manos

-sí.

-¿ella te vio también?

-no. Nadie más. Logré transformarme antes de que ella lo viera, pero terminé delatándome completamente ante el príncipe.

Su joven señor dio unos pasos lejos de él, sin decir una sola palabra

-Yo me haré responsable de las consecuencias que pueda acarrear mi fallo -espetó Unkei con firmeza

No hubo respuesta. Levantó ligeramente la cabeza y por entre el cabello logró ver la figura de su señor, de espaldas, con los hombros tensos.

-ve con los demás -dijo Threx al fin- que uno de ellos te releve. Le veré en el hospital.

- ¿entonces los dejará sin vigilancia esta noche?

Tres le dirigió una mirada dura

- Ahora estarán más alerta que nunca y no nos conviene crear más conflictos entre las senshi y nosotros. De ahora en adelante tendremos que usar un método distinto para vigilarla. T tú te encargarás de idearlo. Ese será tu castigo.


Usagi se separó de Tuxedo Kamen con cuidado.

-no podría decir que no te creo -contestó con fervor- Solo de ver tu rostro, y la herida que me mostraste…

-no me refiero a eso –aclaró, encorvándose más hasta que su nariz casi rozó la de ella- sino a lo que te he dicho sobre Akiko.

Usagi retiró las manos de entre las de él. Aquellas palabras le daban un giro tan grande a su pensamiento que era como transportarla de golpe a un escenario totalmente distinto.

-eso no es lo más importante ahora –declaró, evadiendo la mirada de él- no voy a permitir que tú… -dijo con desesperación pero tratando de cambiar su expresión atribulada agregó- debemos empezar a buscar, tal vez encontremos algo en Tokio…

Él le levantó el rostro por la barbilla, delicadamente

-No quiero seguir ignorando lo que sientes, Usagi. Aunque sé que tal vez es demasiado pronto para preguntártelo. Hoy te he hablado de demasiadas cosas, así que puede que estés confundida, sólo quiero que lo pienses detenidamente y…

Usagi colocó un dedo sobre los labios de él. Recorrió su rostro con la mirada, notó la aflicción que se traslucía tras sus rasgos y formaba una expresión rendida y dolorosa. Miró sus ojos azules, brillantes, hermosos, expectantes tras el antifaz, repitiéndole la misma pregunta que sus labios habían pronunciado: ¿me crees?

Lentamente acercó el rostro al de él, como atraída por su mirada fija en ella.

Yo…

Yo…

En este momento…

Con todo cuidado tomó el rostro de Tuxedo Kamen entre las manos y terminó acercándolo al suyo hasta que sus labios se apretaron contra los de él en un delicado y tierno roce.

Al contacto, Usagi recordó el sabor de sus labios tibios, a veces dulce, a veces tierno, y otras pasional. Ese que tanto había deseado borrar unas horas atrás.

Recordó como si el último día en el que se besaron hubiera estado tan lejos. ¡Cuan lento pasa el tiempo cuando el corazón es atormentado por una pena, cuando estás lejos de la persona que amas, cuando le crees perdida para siempre!

Recordó y supo que era él. Sí, ¡él, él! ¡Solamente él! Su Mamoru. Con el que había forjado tantos recuerdos y superado tantos retos. Al que conocía, al que podía recibir con los brazos abiertos, sin reservas ni dudas.

De inmediato, un intenso deseo incendió su corazón, pidiendo más, y por un momento sintió que se perdería a si misma en él.

Y es que Mamoru no era el único que había mentido esos días. Ella no había parado de hacerlo. Porque había mentido de la peor manera al decir que no quería volver a verlo, al rechazarlo, al huir de él, al declarar que estaría bien aún si él no estaba a su lado. Mintió porque la razón y el orgullo que ahora se habían derretido bajo la llama incandescente encendido por sus labios, le habían pedido callar. Pero ya no importaban, ni importaba si su corazón corría el riesgo de terminar destrozado en el proceso, ¡que importaba eso si podía latir vivamente por unos segundos más! Mucho menos tenía importancia lo que sucedería con la silla de ruedas, o el hecho de que Mina se hubiera ocultado de ellos, ni todos los problemas de ese día, la estúpida ropa que llevaba, incluso se olvidó de que tenía que regresar al hospital y de que éste se encontraba a sólo unas cuadras. Todo se fue, como el río furioso y salvaje arrastra las pequeñas piedras estancadas en el fondo de su cauce.

Porque lo amaba ¡lo amaba!

Y lo necesitaba. Ahora que probaba de nuevo el sabor sus labios se daba cuenta de cuan inútiles habrían sido sus esfuerzos por olvidarlo. ¿Cómo había podido siquiera imaginar que le era posible vivir sin él?

Movió los labios suavemente, conteniéndose cuando había estado a punto de convertir el suave roce en un fogoso beso. Aferrada a la cordura que le quedaba, pensaba principalmente en que…

en que…

en que…

Sus párpados cerrados temblaron imperceptiblemente. Todos sus pensamientos se habían detenido de golpe. Su mente quedó en blanco. Por un instante creyó que hasta su mismo corazón se había detenido.

Por la espalda, arrugando el abrigo entre sus puños tensos, los brazos de Tuxedo Kamen le habían sorprendido, aferrándola con un inesperado y vehemente impulso que le acercó más a él. Pero ya no sabía a que atender más, si a ese extraño acto o a los labios de él que, casi inmóviles hasta entonces, atónitos, sorprendidos, de pronto le respondían de una forma extraña, desconcertante…

Las manos de él sobre su espalda, aún mostraban un poco de la forma en la que Mamoru le había tratado siempre, con cariño, dulcemente, destilando a veces un evidente placer, pero siempre con prudencia, controlado, deteniéndose cuando parecía estar cruzando las fronteras establecidas. Pero en aquellos labios que apretaban los suyos en esos instantes no había ni una pizca de aquello. Él la besaba como no lo había hecho hasta entonces, como no lo había hecho jamás. Inusitadamente voraces, llenos de movimientos vivos, los labios de él le sabían a deseo y a desesperación.

-espera –susurró, haciendo un esfuerzo por separarse de él- tú no deberías…

-estaré bien- dijo únicamente de forma apresurada y sin abrir los ojos. Inmediatamente sus labios arrebatados traspasaron el pequeño espacio que ella había creado entre los dos para reiniciar el camino por entre su boca, iniciado antes de su interrupción.

Usagi dejó caer las manos que se habían mantenido sobre el rostro de él. El ardiente deseo que había surgido desde un principio en lo más profundo de su pecho, violentamente avivado, ahora furioso, arrasador, incontenible, había chocado inesperadamente con una resurgida sensación, un sentimiento de vacío que le oprimía el pecho con tal ímpetu que le impedía respirar.

¿por qué…?

Mamoru oprimió con mayor fuerza la tela de aquel abrigo que se deslizaba por la espalda de Usagi; sintiéndola, sólo a ella por debajo de toda aquella tela, su piel fresca, lisa, sus huesos fuertes que contorneaban la espalda, la exaltación de su menudo cuerpo entre sus brazos, ese que a pesar suyo no podía apretar fuertemente contra el de él como habría hecho de haber estado completamente sano.

Bien sabía que hablar con ella y recuperar la relación que habían tenido antes de la llegada de Akiko no sería fácil. Se habían roto demasiadas cosas ente ellos, la confianza principalmente. Pero haría hasta lo imposible por restablecerlo, así como se empeñaría con la misma tenacidad a seguir con vida. Porque una de las más poderosas razones para seguir, para vivir, era ella. Así que en ese momento, besándola, abrazándola, deseaba mostrarle lo que le hacía sentir, lo placentero que eran para él su presencia, sus sonrisas, sus labios, tal como había intentado mostrárselo momentos atrás, con sus palabras sinceras y abiertas, diciendo cosas que jamás habría dicho de no ser esa la situación. Quería que ese beso dijera lo que las palabras no habían logrado expresar, quería seguir recorriendo ese camino de dudas en el que Usagi había deambulado durante esos días, y despedazarlas todas, una a una, aunque tuviera que emplear mil distintos métodos para lograrlo.

¿Qué otra cosa podía hacer?

Se preguntaba por qué las cosas tenían que complicarse tanto. Si ella hubiera podido leer en su corazón, ese que se derretía con tan solo una sonrisa suya. Si tan sólo hubiera existido esa posibilidad. ¡Todo habría sido tan fácil entonces!

-sólo quiero hacerte ver que si sigues dejándote llevar por tus sentimientos sólo saldrás herida- había dicho Akiko a Usagi la mañana anterior en el apartamento de Makoto, y el recuerdo de sus palabras taladró en su pecho, tan vivo como los labios de él.

No entiendo

Dime… ¿por qué me besas así?

Esta no es tu forma de ser, Mamoru

Ni siquiera en las peores batallas, en los momentos más angustiantes me habías besado así

¿por qué hoy? ¿por qué en este momento?

"me quiere, a pesar de todo. ¿No te diste cuenta de cómo su ser tembló al verme?"

Apretó las manos a los costados de su cuerpo, y sus párpados se cerraron también fuertemente, recordando…

"yo he crecido con él, lo apoyé cuando nadie más lo hizo, lo conozco mejor que nadie y él a mi… nos pertenecemos Usagi, ninguno de los dos puede vivir sin el otro"

Ella dijo eso pero…

" extrañaba esa sonrisa. No sabes cuanto me alegra volver a verla"

"Me decía que si tú hubieras estado ahí, con toda esa alegría que siempre muestras, las cosas no me parecerían tan oscuras"

" encadenarte más a mí, a este sufrimiento por el que estaba pasando. No podía permitir eso"

Pero hoy él me hizo ver que me ama y yo le creo…

Entonces…

¿Por qué las palabras de ella no dejan mi mente?

¿por qué hay algo en su forma de besarme que me lastima?

"Si a pesar de todo piensas seguir con él, no debe sorprenderte que mientras tú lo beses, entregándole todo tu corazón, él imagine que los labios que besa son los míos"

Las lágrimas que Usagi había reprimido desde que ese vacío que la carcomía comenzó a crecer en su pecho, se desbordaron lentas y silenciosas. La herida en su corazón, alimentada por la inseguridad, las promesas rotas y las mentiras, había crecido tan rápido en esos días como las heridas físicas de él y ahora demostraba, no sólo que jamás había cerrado, sino que estaba más abierta que nunca, ardiendo, destrozando, quemando. Y fue esa misma parte de ella, la que deseó con todas sus fuerzas que el beso terminara.

-¿lo sientes verdad, Usagi? –se decía él al mismo tiempo- que te estoy dando todo, que te amo sólo a ti, que te deseo sólo a ti, ¿lo sientes?

Tuxedo Kamen sintió las lágrimas de Usagi, cálidas, abundantes, que salían de las comisuras exteriores de sus ojos y corrían hasta llegar a su cabello rubio, empapándolo, mezclándose con él. Momentos atrás, habría dudado que esas lágrimas fueran de felicidad, pero ya no. Usagi había abierto la boca para tomar aire, luego bruscamente le había asido por el cuello con ambos brazos, su cuerpo repentinamente exaltado se había impulsado con viva fuerza y sus labios se habían internado en los de él con profusa avidez. Usagi se estaba entregando también a aquel beso, en absoluto.

Sonrió interiormente, más tranquilo y más dichoso. No había mejor respuesta a sus preguntas que esa. Y con esa idea en la mente, sus propias inseguridades se calcinaron al calor del beso.

Sí, Usagi se estaba entregando por entero, derrotada por aquellos brazos, por aquellos labios, por su propia voluntad. Aunque tal vez no lo estaba haciendo con la misma fuerza, ni con la misma sensibilidad, calidez y dulzura a la vez con las que él le besaba, sí lo hacía con la misma desesperación, porque ella también necesitaba saber, y quizá con mucha más urgencia.

"¿La besaste?"

Recordó el rostro de él antes de darle la respuesta a esa pregunta, serio y decidido, su mirada sobre ella que prometía no mentirle, aquella expresión ligeramente afligida que no parecía pronosticar nada bueno. Recordó sus labios moviéndose: Sí

Empuño las manos, atrapando negros mechones de cabello

Me besas a mí, me abrazas a mí, y si en este momento te lo pidiera, me dirías te amo a mí.

Lo sé, lo sé, pero no es suficiente ¡Cuánto desearía que lo fuera!

Sin poder encontrar la respuesta deseada, velozmente, desesperada, recorrió su espalda con los dedos, que se dejó estrechar dócilmente, acarició su cuello, sus hombros, sus brazos, tocó su piel tersa por entre la camisa abierta y la sintió vibrar como respuesta, bajó por su pecho, topándose con las vendas húmedas de sangre y esta vez su cuerpo vibró de una forma distinta, más cercana al dolor que al placer, sus manos la interceptaron cuando se deslizaba sobre las vendas de su abdomen y le sostuvieron a los lados y ella las apretó también, las abrazó también.

"En cuanto a Akiko, desde que saliste corriendo ese día, no he deseado más que aclarar las cosas"

"no te lo dije de inmediato porque temía angustiarte en vano"

"¿me crees?"

Su pecho se inflamó, haciéndole sentir que estaba a un segundo de estallar. El sentimiento subió veloz hasta su garganta y se quedó ahí, atorado, junto con todos los sollozos reprimidos. Porque no había duda, todo él, cada parte, no hacía más que gritarle te amo.

Y ese te amo dolía y ese te amo quemaba, pero también vivificaba, aceleraba su corazón y le llenaba el cuerpo de una corriente intensa que le hacía temblar.

¡Dios! ¡Era como estar en el cielo y en el infierno a una vez!

Un sollozo escapó entre el beso. Se aferró más a él y abrió la boca en un último intento desesperado. Pero era inútil. Se sentía agotada. Sus brazos estaban débiles, sus dedos titubeantes, sus ojos secos, sus labios exhaustos: no podría encontrar la respuesta que deseaba en aquellas manos ni en aquellos labios o en aquella piel, ni siquiera en sus palabras. En ninguna parte.

Tuxedo Kamen sintió a la perfección el cambio en ella, el temblor de sus labios que se detuvieron segundos después, mientras el resto de su cuerpo se tornaba rígido como un bloque de hielo. La separó y miró, bañada en lágrimas, desconsolada. Y esto le asustó. Tiernamente y con cierta reserva enjugó sus lágrimas con los dedos.

- Lo siento, ¿he sido demasiado violento?

Usagi aturdida, levantó la mirada y lo contempló fijamente. El rostro pálido de Tuxedo Kamen mostraba un claro decaimiento. Era notorio que ese beso le había quitado todas sus energías y le había incrementado el dolor de las heridas. Y ella había sido la gran causante de ello, lo cual le dejaba un fuerte remordimiento. Pero a pesar de su débil estado, por entre el antifaz, sus cautivadores ojos de un azul puro brillaban como estrellas al mirarla. Y la primera palabra que llegó a su mente al verlos, tratando de captar la emoción que expresaban, fue "feliz".

Feliz…

Llevó la mirada al suelo

¿era posible…?

Los sentimientos en pugna volvieron a levantarse, a palpitar, pero los detuvo bruscamente.

-Mamoru yo…

-¡ejem! –tosió él repentinamente incomodo, retirándose de su lado con un brusco movimiento.

Usagi, desconcertada, buscó sus ojos y se topó con un rostro incandescentemente rojo. Sus ojos la esquivaban y se fijaban en la avenida, en un punto no específico, sólo buscando un lugar donde su mirada pudiera huir. Estaba total, visible y encantadoramente avergonzado. Pero no entendía por qué…

El rubor subió en segundos por el rostro de Usagi cuyos ojos, ahora dilatados, habían descubierto por fin la causa del repentino cambio en Tuxedo Kamen. Parpadeó, no porque deseara que aquella visión desapareciera, sino porque aún no podía salir de su espasmo.

Sus cuatro amigas, Mina, Rei, Ami y Makoto, paradas cerca de un recodo del parque, siguieron ahí, mirándolos con ojos absortos, como paralizadas. Y ella también se quedó como paralizada. Ahí ni siquiera se escuchaba la brisa, como en lo alto de los edificios, y el sonido monótono de los autos en la avenida no ayudaba en lo más mínimo, al contrario, contribuía a hacer más incómodo el silencio.

-wow

Se escuchó por fin que una de las cuatro decía en un tono de verdadera impresión.

¿eso significaba que habían visto todo, desde un principio y en primera fila? ¿¿TODO?? Tuxedo Kamen y Usagi enrojecieron aún más.

Había sido Mina la que había soltado aquello, ante la falta de palabras y la presión del silencio, inmutada, apoyando las dos manos en la silla de ruedas frente a ella y sin despegar la mirada de la pareja, como lo había hecho sólo en una ocasión que vio una película en el cine y quedó tan impactada con el final, que a pesar de que se encendieron las luces y la gente salió, no se movió de la butaca, con los ojos bien abiertos fijos en la pantalla blanca.

-¡¿qu…qué hacen aquí?! –reclamó Usagi, cuando la vergüenza se tornó molestia y logró expresarlo con palabras

-no queríamos importunarlos –dijo Makoto avergonzada al igual que las demás, tanto que tartamudeó un poco al hablar.

-de hecho ya nos íbamos –agregó Rei jalando a Ami que estaba roja y congelada en su sitio

-eh, sí, nos vamos –le siguió Mina- los dejaremos para que sigan con lo que… bueno…

Tuxedo Kamen volvió a toser y Usagi sintió que la cara le ardía cada vez más

-Mina, déjalo así –la interrumpió Rei, dando unos pasos más. Las demás la secundaron.

-esperen –murmuró Tuxedo Kamen- ¿ya puede regresar Usagi al hospital?

- ¡no! –replicó ella, antes de que alguna de sus amigas contestara- no voy a volver

- Usa…

-¡no puedes pedirme que regrese!

- tendremos problemas si no lo haces –le replicó él con voz aterciopelada

-¡no me voy a quedar en una cama mientras tú…! -Usagi empuñó las manos- yo estoy bien, y quiero ayudarte…

-lo sé, sin embargo…

Tuxedo Kamen se detuvo, mirando hacia las cuatro chicas. Usagi dirigió también su mirada hacia ellas. Habían sentido la tensión de los dos y notado las vendas empapadas de sangre. Se mostraban inquietas. Sabían que algo marchaba mal. Usagi volvió la mirada a él, que asintió en silencio, con una pequeñísima y triste sonrisa.

Era hora de decirles lo que pasaba.


Akiko levantó la mirada y rápidamente se puso de pie

-hola, querida Febe -le sonrió amablemente aquella despampanante mujer de largos cabellos cuyo nombre no lograba recordar.

A su lado, iluminado por la luz que entraba desde la puerta abierta, se encontraba un hombre, alto, de largos cabellos verde oscuro, con un excéntrico dije en forma de sol colgando de su cuello.

- ¿usted es Samas?

El hombre frunció el seño y dijo con sequedad

-hay que empezar

-no te enfades con ella, sé que no manifiesta el respeto que debiera, pero no nos recuerda, querido -le justificó Nix y apoyando la mano suavemente sobre el brazo de él le murmuró muy cerca del oído- pronto únicamente se dirigiría a ti como "Su Excelencia"

-lo sé, de cualquier forma quiero acabar con esto de una vez

Akiko se puso de pie, sin comprender a lo que se referían aquellas personas. Nix lo notó, así que se acercó a ella y le dijo con voz suave:

- Esto será lo mejor para ti, pequeña. No recordaras a ese hombre que hoy te ha hecho derramar tantas lágrimas…

-es hora de que tus recuerdos vuelvan Febe –dijo Samas a su vez

Akiko abrió los ojos enormemente y luego inclinó la cabeza, empuñando las manos.

- no –susurró- ¡no!

-¿qué dices? -intervino Nix- ¿es que no te gustaría dejar de sufrir?

- claro que querría olvidar todas las cosas tristes y dolorosas por las que he pasado, pero si borran mi memoria, también me harían olvidar las cosas felices. No quiero olvidar los mejores momentos que pasé con él y con las personas que recuerdo y amo, aunque no vuelva verlos o vivir esos momentos nunca más. Quiero aferrarme al enorme deseo de vivir que sentí en ese tiempo…

El rostro de Nix se tornó sombrío, oscuramente serio. Sus labios no se abrieron ni un ápice para apoyarla, a pesar de que eso habría podido cambiar las cosas.

- lo siento pero esta decisión ya no está en tus manos -dijo Samas

Akiko no se movió ni levanto la vista, pero el cuarto entero vibró en cuanto él terminó la frase, el techo comenzó a desmoronarse y los azulejos negros del piso se desprendieron con un fuerte tronido. Pero aquel hombre, totalmente tranquilo, extendió su brazo y el largo medallón en forma de sol que colgaba de su cuello comenzó a brillar. Akiko cayó de rodillas mientras el temblor desaparecía abruptamente, y apretaba su cabeza con las dos manos. Sentía como si ésta fuera a estallar en cualquier momento.

Imágenes de su pasado se disolvían tras una niebla gris y espesa. Apenas y había sentido a los primeros fugarse. Eran recuerdos pequeños, casi olvidados. Pero en cuanto las memorias preciosas comenzaron a desfilar por su mente por última vez, sus ojos se abrieron feroces y suplicantes a una vez:

-¡no sigan! ¡Por lo que más quieran…!

El silencio inflexible fue su única respuesta. Ante esto intentó moverse, usar sus poderes, e incluso resistirse a olvidar pero todo era inútil.

-¡no!

Las lágrimas salieron de sus ojos cuando el último recuerdo de Mamoru pasó por su mente: era casi un niño pero la tomaba de la mano, sus cabellos negros se ondeaban ante los rayos de un sol primaveral y su rostro mostraba una abierta y alegre sonrisa

-te quiero, Akiko

Su voz de adolescente había contenido un toque de ternura que en ese momento le había hecho sentir mariposas en el estómago. La escena comenzó a desvanecerse, pero sus ojos desesperados, fijos en la nada, parecían aferrarse a ella. Parpadeó, su mente volvió a evocar ese rostro, y no lo reconoció. Sentía aún aquel extraño aleteo de mariposas en el estómago pero no sabía por qué. Al final ese sentimiento se borró junto con los restos de aquella imagen. Se desvaneció también su tristeza y su dolor, y en su lugar nació un nuevo y jamás experimentado sentimiento de humillación que le recorrió desde las entrañas, brusco, feroz, como si estuviera a punto de desgarrarla desde dentro.

En su mente en blanco aparecieron nuevos recuerdos y nuevos sentimientos. Frustración, enojo, pero por sobretodo sintió odio, mucho odio… ganas de venganza.

Tetis, con los ojos cerrados, apoyando suavemente la mano en la balaustrada de una deslucida habitación con balcón, se estremeció ante el súbito y atroz grito de su hermana que hizo retumbar la casa entera.

-ya volviste, Febe.



¡¡Cuánto tiempo!!! Sé que no tengo perdón por haber tardado tanto, especialmente porque había prometido subir este capitulo en la misma semana que el anterior, pero para mi bendita suerte mi computadora murió dos días antes de la actualización llevándose (además de otros importantes archivos) más de la mitad de este capítulo ToT. Generalmente escribo en cuaderno, pero como eran vacaciones y como me toma doble tiempo pasarlo a la compu pues escribí directamente sin imaginar que esto podía suceder (eso me pasa por no guardar mis archivos más que en la computadora ¬_¬´). Y pues intenté retomarlo lo más pronto posible, pero la inspiración se cortó totalmente. De hecho me ha costado mucho reescribir las partes faltantes U_U y el problema de no tener computadora, más el regreso a la escuela entre otras cosas, empeoró la situación. Pero si algo me animó a continuar fue el saber que ustedes están leyendo mi historia y esperan por nuevos capítulos, de verdad muchas gracias! En especial a las personas que me dejaron review el capitulo pasado, aunque sé que soy una desconsiderada por no dar respuesta a sus reviews y desaparecer por tanto tiempo, les debo una enorme disculpa.

Pensando en eso decidí que a partir del siguiente capitulo voy a regresar al método de respuesta personalizada de sus reviews. A quienes tienen cuenta en Fan Fiction se las voy a mandar directamente, y a quienes no la tienen voy a subir las respuestas a mi perfil. Así podré responder a sus preguntas sin tener que esperar a que llegue el nuevo capitulo, y también responderé las dudas personales que muchas veces no puedo responder ni dentro del fanfic ni por este espacio.

Y pensando también en lo desesperante que es no saber cuándo llegará el nuevo capítulo, o siquiera si va a llegar ¬_¬, he decidido que si a finales de cada mes no puedo terminar el capitulo, voy a colocar una nota en mi perfil para avisarles, a más tardar el día 5, y quizá dar una fecha aproximada para que sepan si es cuestión de días, semanas o incluso meses. ESTO LO HARÉ SIN FALTA.

Ojalá la larga espera por este capitulo haya valido la pena y que el avance en la relación Mamoru-Usagi les haya gustado, aunque no sé si ésta ha sido la reconciliación que esperaban (por favor, díganme qué opinan, que me muero de las ansias de saberlo!). En cuanto a sus preocupaciones sobre Mamoru y lo que le está pasando, lamento que sólo hayan aumentado tras este capitulo U_U

¡Nos leemos pronto!