"DESTINOS SELLADOS"

POR AFAYA

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Capitulo XII

Decisiones e indecisiones

El sol se había ocultado ya y la hermosa Tierra se vislumbraba apenas como una borrosa nube en el terso cielo de un azul pálido. Ella, abrumada, con la vista extraviada en aquel paisaje, pensaba únicamente en una cosa: que el tiempo se detuviese en esos instantes.

- hay un trozo que habla sobre eso -interrumpió sus pensamientos la voz masculina a su lado a la que a penas y había puesto atención en los últimos segundos- el cristal despertará de su letargo y su poseedor lo tomará para enfrentar la batalla que le espera –completó como recitando de memoria- aunque yo creo que… ¿princesa Serenity?

- el día pasó muy rápido ¿no lo crees?

-sí…–dijo el otro, ahora menos animado-. La hora de regresar a la Tierra se acerca. Siempre es triste dejar este hermoso astro; y a usted.

Ella empuñó las manos y sin responder, continuó mirando el rastro de un naranja desvaído que el sol había dejado tras su marcha por encima de las montañas azules de su querido planeta natal.

- ¿Alguna vez pensó en cuanto cambiaría su vida si él volviera? –le preguntó él, de pronto- Me refiero a Samas.

El rostro de ella se pintó inmediatamente de nuevos sentimientos, más alegres. Sonrió con nostalgia.

- Antes, cuando mi madre me hablaba de él pensaba mucho en ello. Me formaba fantasías bastante tontas –río suavemente

-¿ah, sí?

-sí, demasiado románticas y positivas. Creía que mi madre era la que se equivocaba al etiquetar su llegada como fuente de desgracias. Pero ahora la comprendo. Si Samas despertara en este momento, estoy segura de que mi futuro sería oscuro y desgraciado –se quedó callada, con el sabor amargo de aquellas palabras en la boca; volteó a verlo, aquel rostro repentinamente absorto lucía pálido. Entonces se dio cuenta, había dicho una insensatez.- Lo siento.

-¿por qué? –preguntó el otro. Su disculpa sincera parecía haberlo hecho volver y la miraba con cierta sorpresa en sus ojos

-por pensar en cuanta infelicidad me traería el despertar de Samas, siendo que en realidad el más desdichado serías tú…

-¡Usagi! –le llamaron con premura al mismo tiempo que algo la zangoloteaba por el brazo. La imagen desapareció abruptamente tras una brumosa niebla.

Entreabrió los ojos, viendo difusamente una imagen nueva frente a ella, iluminada por una rojiza luz que la cegaba. Así es, no era la princesa Serenity, era Usagi Tsukino. Hasta ahora una joven estudiante de dieciséis años y próximamente, si es que había pasado el examen de ingreso, una feliz alumna de bachillerato. Pero no arruinaría sus hermosas vacaciones pensando en eso (y es que también había recordado que se encontraba en medio de las vacaciones de primavera) Sí, deliciosas vacaciones. Delicioso…

-¿ya es hora de desayunar? -preguntó aún somnolienta. Ya podía ver y oler la comida, pero sabía que no la disfrutaría del todo porque había algo lastimándola, oprimiendo su pecho…

-no, Usagi, despierta –le apresuro aquella voz femenina con más nerviosismo, mientras ella daba la vuelta en su lugar, descansando la mejilla izquierda sobre aquel objeto blando y cómodo en el que se hundía su cuerpo- ya llegamos

-llegamos… espero que hayan hotcakes -murmuró, reacomodándose plácidamente. Jamás había sentido su cama tan mullida como en ese momento. Su madre debía haberle cambiado de colchón.

- despierta Usagi

Despertar, sí, debía despertar. Porque las vacaciones no eran hermosas, porque su pecho dolía, lleno de angustia. Tenía algo que hacer, algo muy importante, algo relacionado con…

-¡Mamoru! –se levantó precipitadamente, mirando con ojos muy abiertos el automóvil donde se encontraba. El joven que lo había conducido estaba parado junto a la puerta abierta y la miraba con cierto asombro-. Buenos días –dijo éste de pronto con una sonrisa, extendiéndole la mano de la cual se apoyó para salir- aunque tal vez debería decir, buenas tardes.

-creo que sí…-rió, aún medio aturdida, mirando el sol mortecino a la espalda de él.

Ami, que había viajado a su lado (y seguramente la que le había llamado una y otra vez intentando despertarla) estaba ahora fuera del automóvil; podía ver su cabello azul y su expresión retraída y ansiosa de irse a través de la ventana delantera.

-como lo prometí, llegamos en tiempo record y sin correr ningún riesgo –sonrió el chico mirando las ascendentes escaleras que conducían al templo Hikawa.

-Gracias por todo Threx –sonrió ella con gran ánimo- jamás habríamos llegado tan pronto de haber venido en autobús.

-No es nada, me alegra poder ayudarte.

-yo me adelantaré para que las chicas sepan que ya estamos aquí –soltó Ami y agregó inclinándose levemente hacia Threx- muchas gracias.

-hasta luego –le sonrió el chico

La figura de Ami desaparecía rápidamente en lo alto de las blancas escaleras cuando la tranquila y cordial atmósfera fue rota por un no muy agradable sonido, parecido al de…

grrrrrrrrr…

Threx volteó hacia Usagi. El sonido había vuelto a escucharse, pero esta vez había sido obvio de dónde había salido: el estómago de Usagi.

-lo siento -dijo ésta tocando su nuca con la mano- creo que estoy un poco hambrienta

-ahora entiendo por qué hablabas entre sueños de desayunar y de hotcakes –dijo el chico con una sonrisa comprensiva y amable- ¿qué te parece si vamos por algo de comer? En mi auto volveremos en pocos minutos.

-¡¡están deliciosas!! -exclamó Usagi con la boca repleta de la bola de arroz cuya mitad sostenía entre las manos, llena de semiredondas mordidas.

Threx sonrió ante la exclamación de Usagi, al tiempo que la miraba de reojo, concentrado en la calle por la que conducía. Pero fue contrayendo la sonrisa lentamente al dar la vuelta en una esquina, ya cercana al templo Hikawa.

-¿qué es lo que te gusta de un chico? -inquirió sin voltear a ver a Usagi- ¿qué debe tener el hombre de tus sueños?

Usagi pasó bocado y amplió una sonrisa segura, como si le hubieran hecho la pregunta más fácil en el mundo.

- primero que nada debe ser alto, caballeroso y amable –dijo- también debe tener una bonita sonrisa, y ser responsable, que le agrade leer y que sea un poco atlético, que tenga cabello negro y…

-Usagi… ¿no es esa la descripción de tu novio? -dijo mientras los dos imaginaba al mismo chico, ella sonriendo galantemente, rodeado de luminosas rosas rojas que lo hacían resaltar del fondo azul en el que lo había imaginado y él como un ser deforme de mirada malévola y enormes y voraces colmillos.

Usagi dejó de concentrarse en las bolas de arroz, que incluso parecieron desaparecer a sus ojos. Una sonrisa dulce y enigmáticamente melancólica había expandido sus labios rosados.

-sí, él es el chico de mis sueños

-crees eso porque estás muy enamorada -asumió Threx sin ningún tipo de sentimiento en su voz. Seguía mirando al frente, ahora más serio- ¿pero qué sucedería si te dieras cuenta de que él no es tan perfecto como piensas? ¿Que quizá encontraste al ogro en lugar del príncipe azul… que tu verdadero príncipe está ahí, esperando que te des cuenta de que él existe?

No hubo respuesta, así que Threx despegó un segundo la mirada de la calle para ver a Usagi, a su lado. No sabía en qué momento, pero ella había recordado la existencia de la comida y ahora la saboreaba dando veloces y hambrientas mordidas. Él sonrió resignadamente. Usagi no había escuchado ni una sola de sus últimas palabras.

La rubia lanzó un fuerte suspiro entonces mientras sonreía aliviadamente: había terminado de devorar las bolas de arroz y se veía satisfecha. Ahora sí parecía ser el momento oportuno, así que esta vez Threx se aseguró de que su voz resonara con la suficiente fuerza como para captar completamente su atención.

-¿te gustaría comprobarlo? –soltó mirándola de reojo. Esta vez lo había conseguido. Sentía la mirada de Usagi sobre él, sorprendida por aquella pregunta extraña –comprobar que él es tu príncipe azul- reafirmó y sintió sus labios ensanchándose involuntariamente en lo que, a los ojos de Usagi, era una sonrisa segura y misteriosa a la vez. Estacionó el auto, lo apagó y se giró levemente apoyando el codo en el espaldar de su asiento. Una de sus manos sostenía altivamente un boleto con elegantes letras y la imagen de un despampanante crucero apenas visible en el fondo.

Usagi parpadeó, inclinándose un poco para poder admirar aquella maravilla

-e…eso…eso es…

-sí –sonrió Threx- La más famosa estación de radio especializada en música romántica de todo Japón ha cumplido su décimo aniversario y quiso celebrarlo dando a sus radioescuchas un regalo especial. Se programaron dos veladas con música en vivo, comida de la más alta calidad y un ambiente perfecto. Una de ellas se ha realizado el día de ayer en un famoso hotel cerca del mar, y la otra se llevará a cabo en un crucero, la próxima semana. Y este es un boleto doble para ese crucero. Usagi, ¿te gustaría ir?

-y puesto que tienes ese boleto en la mano, supongo que le dijiste que sí –concluyó Rei en su habitación dentro del templo Hikawa, clavando la mirada entornada en la rubia de chonguitos que no había parado de observar aquel boleto mientras hablaba de lo sucedido- siempre has hecho de todo por conseguir oportunidades como ésta, pero no puedo creer que ésta vez hayas aceptado –agregó con dureza.

-en realidad yo le dije que no podía hacerlo –dijo Usagi a su defensa-, pero él no permitió que se lo devolviera así que tuve que quedarme con él.

-pero se lo devolverás en cuanto lo veas ¿verdad, Usagi? –insistió Mina

Rei, Makoto y Mina miraron con asombro la expresión indecisa de Usagi, que había guardado silencio.

-Usagi debe haberse confundido –le defendió Ami que dejó de leer el libro que tenía en las manos para concentrarse por completo en la discusión- Usagi puede tener grandes deseos de ir a un crucero como ese, pero no si eso implica estar en una velada romántica con otro hombre que no sea Mamoru.

-¿qué? –dijo Usagi, levantando la cabeza de golpe

-¿es que no lo sabes, Usagi? -le interpeló Makoto- La fiesta en el hotel fue para público en general, pero la que se llevará a cabo en el crucero es una invitación especialmente dirigida a parejas enamoradas.

-ya sea tu esposo, novio o amante, la persona que vaya contigo será vista como tu pareja amorosa –comentó Mina- así que si vas con tu amigo...bueno…

-yo no dije en ningún momento que Threx me propusiera ir con él –respondió Usagi, molesta-. Él preguntó si quería ir porque él no tenía pareja, y pensó que seguramente nos serviría más a Mamoru y a mí. Threx sabe que tengo novio. Además sólo somos amigos.

-ya que es así -suspiró Mina- no cabe duda de que ese chico debe tenerte mucho aprecio como para regalarte este boleto doble, Usagi

- escuché que no eran nada fáciles de conseguir –le apoyó Makoto- Las líneas de la estación de radio estuvieron saturadas de llamadas y los boletos se agotaron rápidamente, en especial los del crucero.

-¿de verdad escuchaste todo eso, Mako? –dijo Rei, con una mirada suspicaz- ¿o lo viviste en carne propia?

-eh…bueno… -se sonrojó

-pues no creo que los boletos se hayan agotado tan rápido que fuera imposible conseguir alguno –intervino Mina para alivio de Makoto-. Después de todo, el amigo de Usagi tuvo uno en sus manos, y....-hizo una pausa dramática, para luego sonreír ampliamente- también yo tengo uno.

-¡¡Irás al crucero!! -dijeron Mako y Rei a la vez mientras Ami sólo mostraba una expresión de sorpresa

-sí, aunque yo no fui la que se esforzó en conseguirlo, sino un gran amigo mío -se sonrojó

-Seiho –soltó Artemis que estaba sentado frente a la computadora de Rei. A su lado se encontraba Luna, acostada en un cojín y con el cuerpecito aún cubierto de vendas, pero escuchando la plática de las chicas con cierta resignación.

- yo también tengo un boleto –soltó Makoto captando la atención de todas- así que te veré ahí, Mina.

-¡tú también Mako!- dijo Rei y esta vez las cabezas se giraron hacia la pelinegra

- Rei no me digas que tú…

-no tenía nada que hacer ese día y Unkei me pidió que le acompañara –dijo intentando disimular su entusiasmo.

- creo que no deben exaltarse tanto -sugirió Ami que no había participado en el alboroto- han olvidado que tenemos un problema que resolver.

Artemis suspiró y Luna sonrió orgullosa, como siempre Ami era la única que entendía la relevancia de…

-el permiso de nuestra familia -dijo Ami con determinación

Artemis se fue de espaldas y Luna dejó caer la cabeza, decepcionada.

-¿eso quiere decir que tú también tienes un boleto Ami? -susurró Makoto con una sonrisa llena de significado

La joven que se había sonrojado notablemente asintió

-¿cómo es que lo conseguiste Ami?- la interrumpió Mina- ¿tu novio te invitó?

El rostro de Ami, ahora rojísimo casi parecía exhalar humo. Eso fue para Mina una confirmación.

-¡Entonces está decidido, todas iremos a ese crucero! -declaró Mina con creciente alegría

-yo no iré

Sí, en definitiva había sido su voz la que había pronunciado aquella frase, pero las demás concentraron su mirada en ella como si quisieran asegurarse de que efectivamente eran sus labios los que las habían dejado salir. Cotidianamente, hablar de viajes románticos, de cruceros, de bailes, de cenas llenas de exquisita comida y postres deliciosos hacían despertar en Usagi una alegría y una viveza descomunales. Era la primera en sonreír, planear y pronunciar palabras eufóricas y decididas que siempre aumentaban la algarabía a su alrededor, disuadiendo incluso a Ami que terminaba sonriendo tímidamente. Pero en esta ocasión, las tres palabras firmes y llenas de seriedad que se expandieron en la habitación como si las hubiera dicho a gritos y no en voz baja, hicieron añicos la burbuja de sueños rosas y risas alegres.

-no sin Mamoru

Esta vez su voz fue casi un murmullo trémulo, doloroso. Su expresión no varió; continuó siendo indiferente, ligeramente abatida. Las cuatro chicas se mantuvieron en silencio, enormemente apenadas por haber dejado que la bomba de la despreocupada alegría explotara. A pesar de que estaban dando todo, las investigaciones de esos días habían sido infructuosas, un fracaso total en realidad, y el estado de Mamoru empeoraba a grandes zancadas. Si todo continuaba igual quizá para el día en el que el crucero zarpara, Mamoru ya habría…

-ejem –se atrevió a romper el silencio el gato blanco- hay algo que deben ver.

Las cuatro asintieron y se apresuraron a llegar hasta la computadora. Usagi por el contrario, se quedó sentada unos segundos más, observando el boleto de colores pastel que su mano había apretado involuntariamente momentos atrás.

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Inexpresivo, el rostro de la joven rubia seguía viendo hacia la ciudad que poco a poco se sumergía en la oscuridad de la noche. Sus ojos apenas parpadeaban y sus labios no se habían despegado para hablar desde hacía unos buenos minutos. También en silencio, su hermana Tetis, a su lado, apoyada en la balaustrada, seguía de reojo sus movimientos, increíblemente mínimos, intentando adivinar con gran frustración lo que podía estar pasando por su mente en esos eternos minutos.

-¿Cuándo atacarás Febe? -preguntó al fin Tetis, terminando con el asfixiante silencio

-ya lo sabes -respondió la otra con sequedad

-sí, cuando su excelencia lo disponga

Una mueca de disgusto había fruncido los labios de la peliazul. Comenzaba a molestarle que su hermana sólo contestara con oraciones cortas -la mayoría de veces ni siquiera se formaba una oración-. Apretó los puños. Después de tantos conflictos, persecuciones infructuosas y de duras búsquedas por años, por fin tenían a su hermana de su lado, y de alguna forma se sentía insatisfecha. Aquella sensación la confundió al principio, cuando entablo la primera plática con ella, pero más tarde se dio cuenta de que era algo normal. Había roto con esa costumbre seguida por años de buscar a su hermana en cada uno de los rostros desconocidos de las calles, de voltear cada vez que veía por el rabillo del ojo una cabellera rubia y larga, de analizar cada sonrisa sincera de las jóvenes que podrían tener su edad: se había acostumbrado a la constante tensión que implicaba aquello y que ahora se había esfumado dejando un espacio vacío dentro de ella. Sí, eso era, un espacio vacío, uno realmente molesto. Pero estaba segura de que tarde o temprano se llenaría. Así tenía que ser.

-fue muy temerario de tu parte insistir en atacar a las sailors, aun cuando el "Rey Sol" estaba renuente a permitirlo –Tetis reinició la plática- Jápeto piensa que le hiciste enfadar, y que por eso accedió al final. Eso explicaría porqué te puso como condición que no recibirías la ayuda de nadie. Aunque yo tengo una idea muy diferente, creo que lo que quería nuestro señor con una idea tan absurda, era que desistieras –dudó un segundo en el que miró el rostro indiferente de su hermana y luego continuó:- Así que si estoy en lo cierto, y tú dijeras que te retractas…

- jamás

-Sé que eres la más fuerte de los seis pero éste será un trabajo difícil –replicó- se trata de liquidar tú sola a más de cuatro sailors. Y si ellas reciben el apoyo de los encapuchados, la misión es imposible, es incluso un acto suicida.

-no tendré ningún problema Tetis -contestó la otra, tajante

Los labios de Tetis se fruncieron por segunda vez. A lo largo de todas sus dos vidas no había conocido definitivamente a una sola persona que se empeñara tanto en buscar su propia muerte como aquella testaruda y arrogante joven a su lado.

-¿no sientes como si conocieras esta ciudad? –preguntó Tetis, luego de hacer un esfuerzo supremo por tranquilizarse, pero sin dejar de pensar con cierto enfado que si su hermana menor seguía sin hablar se le acabarían los temas de conversación; y de paso su paciencia.

-¿qué importa si la conozco o no? Sólo es una ciudad más

-antes no eras así. Te encantaba ver los cambios que se producían en ella desde la mañana hasta la noche…

-¿antes? -sonrió mientras sus ojos esmeralda brillaban con divertida malicia- ¿piensas que estoy mirando la ciudad por eso?

-claro que no –refutó, ofendida- sé quién eres, y sé que no eres ella

Febe se recargó de espaldas en la balaustrada blanca

-la veo porque trato de decidir cuál será el mejor lugar –dijo ésta luego de otro silencio

-¿mejor lugar?

-sí, para liquidar a aquellos guerreros –su mirada se perdió en la palma de sus manos blancas, como hipnotizada- no sabes cuánto ansío que la sangre de mis enemigos vuelva a correr entre mis dedos, cálida y espesa…

Tetis sintió un involuntario escalofrío. Febe sonrió.

-¿me tienes miedo? –dijo y su mirada cruel y peligrosa se clavó en Tetis

- guerreras como nosotras no tememos nada, ni siquiera a morir -respondió con una expresión dura y una aparente firmeza centellando en sus ojos dorados.

-esta vez no seremos nosotros quienes morirán –dejó de mirarla y volvió a concentrarse en sus palmas abiertas- al contrario, les devolveremos lo que nos hicieron. Me encargaré de que sufran el doble o triple de lo que nosotros sufrimos antes de morir…

-Febe –les interrumpió la voz de Hiperión en el umbral de la puerta- Su Excelencia quiere verte.

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- así que le llevaste flores -murmuró Sotaro

-era lo menos que podía hacer luego de dejarla plantada el otro día en el jardín botánico –suspiró Seiho-. Y he querido hacer mucho más, pasar más tiempo con ella, prodigarle más detalles, pero siempre dice que está demasiado ocupada, que lo dejemos para la próxima… No ha aceptado una sola cita – su voz sonaba desesperada-. Yo estaba seguro de que Mina estaba perdidamente enamorada de mí, pero ahora ya no sé…

- y por eso la expresión compungida que tienes –confirmó Sotaro- Pues si de algo te sirve, no eres el único. Mako sale muy temprano y regresa a altas horas de la noche. Ahora tengo que fingir que salgo a correr por las mañanas para hablar con ella aunque sea una vez al día.

Yoshiki dejó de comprender las palabras que leía de una revista científica, y comenzó a hilvanar las oraciones sueltas que escuchaba de sus compañeros hasta que se encontró oyendo con suma atención la conversación entera de Seiho y Sotaro.

- creo que ellas han comenzado a sospechar de nosotros –soltó Seiho

-lo dudo –dijo Sotaro con envidiable tranquilidad- sé que si Mako lo hubiera descubierto su forma de tratarme variaría, definitivamente. Pero ella sigue siendo tan dulce y sincera como siempre. Y no podría haber nada más genuino que su expresión de sorpresa y felicidad cuando le pedí que fuera conmigo al crucero.

-sí, Mina también se puso muy feliz –dijo Seiho. Su rostro mostraba una nueva y embobada expresión. Los músculos de sus manos entrelazadas se destensaron- Ahora creo que ha valido la pena que consiguiéramos esos boletos, a pesar del trabajo que nos costó.

-todo gracias a que los obtuvimos a buen tiempo ¿recuerdas? –continuó Sotaro y el rostro de Seiho se ensombreció- un día más y no habríamos alcanzado ni uno solo.

-sí… aún ni las conocíamos y ya teníamos esos boletos como un punto clave de nuestra estrategia para alejarlas de la princesa. Parece como si hubiera pasado demasiado tiempo…

- no teníamos ni la más mínima idea de cómo comenzar con la misión que Threx nos había encargado. Entonces escuchamos aquel aviso por la radio. "la velada románica que toda pareja desearía". El resto del día no nos concentramos en otra cosa que no fuera conseguir esos boletos –le siguió Sotaro, recordando también con los ojos cerrados-. Teniendo como meta obtener un sí lo más pronto posible para llevarlas a ese crucero, comenzamos a acercarnos a ellas, a enamorarlas, más y más. Esos boletos han sido el sendero que nos ha guiado y gracias al cual hemos podido cumplir con la misión que Threx nos ha encargado.

-pero cuando le mostré el boleto a Mina y vi sus mejillas pintarse de rosa –dijo Seiho observando con detenimiento sus manos empuñadas- sentí que de verdad quería estar en ese crucero con ella, que realmente disfrutaría esa noche.

-yo tengo el mismo problema que ustedes –intervino Yoshiki por primera vez, con voz ronca y enfadada. Había cerrado la revista científica y esquivaba resueltamente la mirada de sus compañeros- pero ya hay una solución –Sotaro y Seiho le miraron con atención- ¿no se han preguntado por qué Threx ya no nos interroga a diario cómo vamos en nuestra "misión"?

-¿qué es lo que sabes? –soltó Sotaro, con mirada curiosa

- yo estaba tan desesperado –comenzó a decir Yoshiki- Ami es diferente a las demás sailors. Se empeña en lo que tiene que hacer como ninguna otra. Ya pasaba bastante tiempo en la biblioteca antes de esto y ahora sólo sale de ella para ir a su casa o con sus amigas. Ni siquiera puedo platicar con ella por el camino porque siempre va leyendo o pensando en otras cosas. Está sacando libros de medicina mucho más especializados e incluso se ha atrevido a leer otros que son poco científicos –confesó con incomodidad- Ella no haría eso.

Yoshiki levantó la mirada y notó que Sotaro estaba sonriendo y que Seiho lo miraba pasmado. Se avergonzó, sintiendo el calor subiendo a las mejillas. Luego carraspeó.

-el punto es que le comenté todo al señor Threx. Y él dijo que eso ya no era importante. Es más, dijo que sabía cuan duro me resultaba seguir con esta misión y que me deslindaba de ella por completo, al igual que a ustedes.

-¿cómo? –soltó Seiho, asombrado. Sotaro se despegó de la pared en la que se recargaba y descruzó los brazos.

- supongo que yo también lucí como ustedes –continuó Yoshiki y esta vez miró directamente a los dos chicos- él declaró abiertamente que podíamos terminar con ellas el día que nosotros quisiéramos.

-¿Cuándo fue eso? –le interrogó Sotaro, repentinamente tenso

-hoy por la mañana –contestó Yoshiki y luego lanzó un profundo suspiro- pero eso no es lo peor

-¿qué puede haber más grave que esto? –ironizó Seiho

-Threx estaba de buen humor, demasiado. Y eso llamó mi atención. Me atreví a preguntarle porqué estaba tan feliz y sin responderme, sacó algo de la bolsa de su pantalón. Era un par de boletos para el mismo crucero al que nosotros pensamos ir con las chicas.

-¿planea invitar a la princesa?

-eso es imposible, es demasiado pronto para que se dé algo de esa magnitud entre ellos –intervino Sotaro- Además sabemos que un boleto es suficiente para que entren dos personas, ¿para qué obtener dos boletos?

-yo le pregunté lo mismo y su respuesta fue de lo más extraña, dijo: "por si no acepta ir conmigo". Y sus ojos brillaron con enorme emoción. No sé con seguridad qué pueda estar planeando pero de lo que sí estoy seguro es de que cuenta con que las sailor senshi van a estar muy lejos de la princesa ese día.

-debimos haber buscado otro lugar -se lamentó Seiho

-no somos adivinos como para haber sabido desde aquel día que el señor Threx tenía planes relacionados con ese crucero –replicó Yoshiki

-Tal vez si tratáramos de explicarle…

- estoy completamente seguro de que no cambiará de opinión -repuso Yoshiki- él parecía demasiado decidido. Y como se los he dicho, ya no existe misión que nos ate a ellas. Nos dirá que debemos cancelarles.

-yo no le haré eso a Mina- se apresuró a decir Seiho

-debemos calmarnos o no podremos solucionar esto -comentó Sotaro tratando no sólo de tranquilizar a sus compañeros sino también a sí mismo -ninguno de nosotros quiere cancelar ¿o sí? –dijo volviendo la vista a Yoshiki que esquivó rápidamente su mirada sin decir palabra alguna– pero sería peor romper ahora la relación que llevamos con ellas, como lo declaró el señor Threx. Así que podemos inventarnos una excusa cualquiera para no ir y tratar de continuar como antes.

-es inútil, Sotaro –soltó Yoshiki-. Hay que admitir que la farsa se terminó

-si tú lo deseas puedes romper el corazón de la chica con la que sales, pareces ansioso por hacerlo y volver a meterte en tus libros de medicina, pero yo no lo haré –dijo Seiho con firmeza- aún si esto es una farsa quiero que continúe. Y tampoco voy a inventarle una excusa a Mina para no ir a ese crucero.

-¿entonces qué harás? –preguntó Sotaro, sorprendido del arrojo de su compañero

-definitivamente voy a hablar con Threx

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La mirada de Mamoru Chiba se iluminó cuando escuchó abrirse la puerta de entrada de su apartamento. Despegó la espalda del blando sillón, dejó a un lado el libro abierto que había estado leyendo hasta ese momento y compuso una sonrisa de bienvenida.

-hola –murmuró con dulzura mientras su novia aparecía en la sala, con una pequeña bolsa de plástico colgando de la mano.

Normalmente limpio y ordenado, el apartamento de Mamoru lucía por primera vez como la vivienda de un chico de universidad. Días atrás, Cru y sus hermanos habían inspeccionado el lugar de pies a cabeza, desordenando, rompiendo y tirando sin cuidado. Y con todo lo que había pasado, Mamoru apenas y había tenido tiempo de ordenar algunas cosas, y Usagi –que al salir del hospital estuvo dispuesta a ayudarle en todo- lo único que consiguió fue convertir la cocina -único lugar que había quedado casi intacto del escrutinio- en una auténtica zona de guerra después del fallido intento de preparar algo digerible para Mamoru. Así que aún había papeles y libros en el suelo, objetos desordenados y aparatos volcados sobre los muebles. Acumuladamente, el suelo de la sala era alfombrado por libros abiertos en páginas amarillas de orillas gastadas, y sobre la mesa de centro, totalmente abarrotada, se sostenían apenas altas y tambaleantes filas de gruesos volúmenes en muchos de los cuales, se podían distinguir títulos como medicina, biología y química. Pero al entrar, Usagi apenas y dedicó algunas centésimas de segundo a recorrer con la vista la catástrofe del lugar, porque lo que su mirada buscó inmediatamente, fue a él.

-hola –le sonrió también mientras sus miradas se encontraban- ¿me extrañaste, esposo mío? –dijo dejando caer la bolsa sobre las filas de libros, para luego sentarse junto a él –Salí tan tarde que estuve segura de que no me daría tiempo de llegar a prepararte algo, así que traje comida ya hecha.

Mamoru ensanchó su sonrisa.

-es una lástima, porque adoro la comida de mi bella esposa -dijo, siguiéndole el juego

Usagi rodeó el brazo de su novio con mucho cuidado y se apretó contra éste, dirigiéndole una mirada recelosa.

-pues no parecías muy entusiasmado con la comida que te hice ayer, querido

-¿de verdad? –preguntó Mamoru con nerviosismo, aparentando no recordar. Usagi lo miró con ojos entornados, detenidamente; luego se aferró más a su brazo.

-sí, pero te la comiste sin reprochar, así que tampoco es que tenga razones para quejarme.

Mamoru estuvo a punto de soltar un suspiro de alivio, pero en su lugar sonrió para sí mismo

Ahora Usagi había cerrado los ojos. Reinaba el silencio. Mientras él leía algún libro o estudiaba para los exámenes, Usagi solía quedarse en la misma posición durante minutos e incluso horas enteras, justo como en ese momento. Le agradaba estar así, inmóvil junto a él, sólo disfrutando de aquella calidez que desprendía el brazo de Mamoru contra su mejilla.

-te vez cansada –terció él y Usagi sintió sus dedos acariciando los cabellos que caían sobre su frente- ¿fue un día difícil?

-no mucho –susurró ella sin abrir los ojos- A Ami y a mí nos tocó buscar energías extrañas o sucesos anormales en el centro de Tokio. Sólo inspeccionamos la mitad, pero nos dio tiempo de recorrer muchos lugares importantes. Luego nos reunimos con las demás en el templo Hikawa. Mako hizo unos panecillos deliciosos –sonrió con entusiasmo- Me comí siete y Rei estuvo a punto de quitarme el resto que ya había guardado, pero cuando le dije que eran para ti me dejó en paz. Ha vuelto a ser la Rei de siempre –amplió su sonrisa- al igual que Luna. Artemis cuida mucho de ella, el doble que todas nosotras. Y aunque aún no puede caminar y se mueve con dificultad, ha mejorado lo suficiente como para regañarme con el mismo ánimo que antes…

Mamoru rió bajito y su risa, aunque trabajosa, sonó alegre

-supongo que extrañabas eso

La expresión de Usagi se dulcificó aún más

-creo que sí –sonrió

Usagi se reacomodó en el sillón sin soltarlo y sin abrir los ojos, aprovechando la nueva pausa que había surgido. Su nariz respiraba ahora el aroma fresco y acariciador que impregnaba la manga larga de la camisa de Mamoru. La ropa de él siempre olía tan bien, y hasta ahora no había podido descubrir qué mezcla de detergentes o suavizantes lograban tal aroma. Sonrió para ella misma al surgir aquel pensamiento. Luego abrió lentamente los ojos y miró a Mamoru con esos dos mares enormes y azules. Examinó su rostro iluminado por la luz de una lámpara redonda cerca del amplio sillón donde estaban sentados. Aquella luz oblicua daba un tono cadavérico a la piel pálida de Mamoru, casi traslúcida, que antes se pintaba discretamente de rosa en las mejillas –ese color que hace ver el rostro de las personas sanas y llenas de vida- y que hoy se había apagado completamente. Podía notar además, la sombra oscura bajo sus ojos cansados y las marcas del callado y largo sufrimiento por el que había pasado durante las últimas horas. Y es que desde la noche anterior, las heridas que consumían gradualmente aquel vigoroso torso se ampliaban no de forma repentina, brusca y desproporcionada, como antes, sino lenta y continua. Ahora apenas y se percataban de las hemorragias y del crecimiento de las heridas, pero lo cierto es que tenían que cambiar los vendajes con más regularidad que antes: la pérdida de sangre era mayor, al igual que el dolor, que se había hecho constante e insoportable. Por eso al observarlo, Usagi buscó algún rastro de desesperación en él, pero no halló nada. Sólo el movimiento continuo y agitado de su pecho al respirar y la mano empuñada fuertemente sobre aquél, mostraban cuán insufrible debía ser aquel proceso.

La sonrisa de Usagi se había apagado lentamente, pero hasta que sus ojos se detuvieron en los de él se convirtió en una mueca disgustada. Él no la miraba. Ni siquiera había notado que era ampliamente observado por ella. Su mirada se perdía en los libros frente a ellos, vacía, ausente. Los pensamientos de él no estaban ahí, sino en un lugar lejano, seguramente un lugar desconocido por ella, uno que no había pisado jamás ni que pisaría nunca. Un lugar donde Usagi no estaba.

Mamoru parpadeó volviendo al presente al sentir que Usagi le soltaba. Se había separado de su lado para ir hacia la orilla opuesta del sillón, donde se sentó y arrebatadamente tomó un libro de la mesa, lo hojeó y lo dejó caer a su lado para comenzar a revisar uno nuevo.

-tu familia se asombrará de verte llegar con más libros -comentó Mamoru- ¿ya has acabado con los anteriores?

-con casi todos, pero no estoy avanzando lo suficiente

-no necesitas esforzarte tanto, sé que leer sobre medicina no es lo tuyo -murmuró- Y apenas ayer saliste del hospital

- mamá me dijo algo parecido hoy por la mañana -soltó Usagi- Parecía arrepentida de haberme permitido salir de casa –se detuvo en una página del descolorido libro que sostenía en las manos, como si leyera- Tal vez tú también estas arrepentido de tenerme aquí.

-no quiero que te sobreesfuerces por mí –aclaró Mamoru- a tu madre debe preocuparle lo mismo

En ese momento, Usagi movió un libro con muy poco cuidado y terminó tirando la fila entera de gruesos volúmenes de lo que parecía medicina homeopática y la cual a su vez, derrumbó la fila de al lado. Se sentó en la alfombra, dando la espalda a Mamoru para recoger los libros.

-¿en realidad es eso lo que te preocupa? –apretó el libro entre las manos y clavó la mirada en el piso- Porque yo creo que es más bien… -dejó caer el libro sobre una pequeña fila y extendió la mano para recoger el siguiente- nada

-sé que le estas poniendo mucho empeño a todo esto –comentó Mamoru después de que ella continuara levantando los libros en silencio- y que ansías avanzar rápidamente, pero no creo que te sirva de mucho llevarte un diccionario de japonés-alemán.

Usagi volteó rápidamente y miró los dedos de él tocando suavemente la pila de libros que había escogido y dejado sobre el sillón; sus ojos examinaban precisamente el título del último libro seleccionado que efectivamente era un diccionario japonés-alemán. Él levantó a medias algunos libros e inspeccionó en la portada de otro.

- ni tampoco te servirá este que revisamos juntos ayer…

-creo que releerlo no me hará mal –dijo totalmente roja

Recogió los penúltimos volúmenes del suelo y los colocó en la mesa distraídamente, pensando que tenía que apresurarse y tomar los libros del sillón antes de que él continuara revisando los títulos. No sabía qué otros libros había tomado y no quería encontrarse con la sorpresa de que había metido algún libro de cocina o algo peor. Eso le haría sentirse aún más avergonzada. La próxima vez que quisiera evadirlo, decisivamente tendría que escoger una mejor actividad que seleccionar libros.

-Usagi –murmuró Mamoru mientras ella se ponía de pie, pensando en qué libro erróneo le mencionaría ahora, e iba a girarse hacia él cuando un par de brazos le sorprendieron por la espalda, apretándola ligeramente al cálido cuerpo de él -te amo– le dijo el murmullo de la voz de Mamoru al oído. El cuerpo de Usagi se volvió inmóvil y rígido- no necesitas enfadarte

-no estoy enfadada –replicó con poca creíble calma, sin deshacer el abrazo de él- ¿por qué habría de estarlo?

-no lo sé, tal vez sería mejor que tú me lo dijeras

La voz de Mamoru sonó aún más trabajosa. Lo miró fugazmente. El roce de los dos cuerpos era algo doloroso y cansado para él. Lo sabía. Incluso podía suponer que su cuerpo exhausto hacía un esfuerzo supremo por mantenerse en pie por sus propios recursos. Había perdido demasiada sangre en esos días y cada vez se debilitaba más. Temían incluso que llegara el momento de que no pudiera ponerse en pie.

- Sé que si estuviera totalmente sano me encontraría en un verdadero apuro. Seguramente me habrías acosado ya con reclamos furiosos, o por lo menos saldrían incesantes chorros de lágrimas de tus ojos –le dijo él sin moverse-. Si no te importa, me gustaría que continuaras con esa vieja costumbre.

-¿cómo? –preguntó Usagi asombrada, dando la vuelta para mirarlo y con ello deshaciendo el abrazo- siempre pensé que era cansado para ti enfrentar mis reclamos y que te sentirías mejor el día que desaparecieran.

-no estás del todo equivocada, es cansado y estresante –sonrió brevemente mientras aprovechaba el fin del abrazo para recargarse en el brazo del sillón y volver a apretar su pecho con una mano-. No sé ni cómo actuar cuando mi bella novia se convierte en un ser enorme cubierto de llamas que saca fuego por los ojos –rió.

-¡hey! ¡claro que no me convierto en algo así!

-pero…-prosiguió- gracias a eso, puedo saber con claridad cómo te sientes. Puedo intentar cambiar las cosas cuando he dicho algo equivocado, tal vez pedir una disculpa, aclarar los malentendidos, y entonces ver de nuevo tu sonrisa alegre.

Mamoru paró de hablar, esperando la respuesta de ella que había evadido su mirada todo el tiempo

-primero que nada deberías volver a sentarte. No te ves muy bien que digamos –declaró Usagi en un tono inflexible, tomando los libros del sillón para colocarlos sobre las filas en la mesa- y en segunda, tengo que decir que no puedo creerlo aún Mamoru… que me preguntes siempre por qué digo que es fácil enamorarse de ti –continuó Usagi, sin mirarlo-. Si dices "te amo" en un tono tan sincero y gentil que no queda duda de que hablas seriamente, y además demuestras que no sólo soportas los peores defectos de tu novia, sino que incluso ves cualidades en esos defectos… ¿quién no se enamoraría de alguien así?

Mamoru se había dejado caer cuidadosamente sobre el sillón y ahora veía a su novia con una discreta sonrisa

-pero no te pongas tan feliz, aún no termino –declaró Usagi en el mismo tono de aparente molestia, luego de ver aquella sonrisa. Se había colocado a su lado, de rodillas sobre el sillón para que sus rostros quedaran a alturas similares- has repetido que me amas, y con eso te has condenando a ti mismo Mamoru Chiba –dijo a modo de sentencia- Porque ya no pienso dejarte ir

Los ojos de Mamoru se encontraron con los de Usagi y su sonrisa se amplió

-no espero otra cosa –murmuró como respuesta y lo siguiente que vio fueron los labios de ella expandiéndose en una aliviada y satisfecha sonrisa. Luego le acarició el rostro con una mano, el cual estaba ahora a milímetros de él, y cerró los ojos, esperando que los labios de Usagi llegaran hasta los suyos.

***********************

¿Culpabilidad?

Sí, seguramente era lo que sentía. Y no era para menos. La había seducido con sonrisas encantadoras y palabas dulces ¿para qué? Para que Threx pudiera cumplir con su objetivo. Y él lo sabía, que tarde o temprano tendría que desaparecer de su vida, ensombrecer la sonrisa, dar comienzo a una noche larguísima, sin estrellas y sin luna, y reaparecer frente a ella como el encapuchado de gris. Sólo para eso.

-¡él es un embustero que sólo quiere burlarse de usted señorita Rei! La trata con dulzura para conseguir lo que quiere

-¡no mientas Yuuichirou! ¡Unkei jamás haría algo así!

Ese Yuuichirou. Lleno de impotencia había dicho la verdad aquella vez; se la gritó a Rei. Si ella le hubiera creído se habría salvado de él y de su inhumana misión, pero Rei tenía plena confianza en él.

Hundió la cabeza entre las manos. Ese hecho lo hacía sentirse peor.

Yuuichirou podía ser distraído, atolondrado, torpe, pero no había obstáculo que no pudiera librar si era por Rei.

Por cierto ¿dónde estaba ese tipo? No lo había visto desde hacía dos días, cuando se le escondió en medio de la calle donde éste le perseguía con insistencia -supuestamente oculto-. Seguramente el muy ingenuo esperaba encontrarle rodeado de mujeres de la mala vida o de compañeros poco fiables. Pero lo que él hacía era difícil de descubrirse. Siempre terminaba dejando al inocente Yuuichirou en medio de la calle, totalmente confundido y sin poder creer que le hubiera perdido de nuevo.

-¿acabas de regresar? –le interrogó desde su espalda la voz de la mujer que amaba-. A veces desapareces de pronto, como un fantasma

Por un fugaz momento él la miró con una expresión triste y a la vez preocupada

-¿alguna vez has tenido un secreto? -preguntó mientras ella se sentaba a su lado, en aquella orilla donde abruptamente terminaba el piso de madera del templo Hikawa y desde la cual se veía el inicio de las descendentes escalares que daban a la calle pavimentada- uno que te ahogue.

-no –contestó con simpleza- aunque cualquiera de los secretos que guardo puede convertirse algún día en algo sofocante. Sé que hay secretos que jamás podré revelar a ciertas personas, no importa cuánto quiera decírselas o cuánto amor sienta por ellas...

-¿eso no te hace sentir triste?

- a veces sí. Pero creo que de alguna forma es lo mejor.

-si sabes que esos secretos herirán a las personas que amas es mejor mantenerlos guardados ¿no? -susurró muy bajo, luego de haberse quedado profundamente pensativo. Ella le miró sin comprender mucho. Unkei le sonrió nostálgicamente- hoy estoy diciendo puras tonterías.

-si hay algo de lo que quieras hablar, yo siempre estaré ahí para escucharte, Unkei –confesó Rei y él notó que miraba sus manos con insistencia, las apretaba una con la otra –puedes confiar en mí, siempre.

Unkei estuvo a punto de posar sus manos sobre las de ella, de tomarlas entre las suyas y de hablarle con la más pura sinceridad que hubiera salido de su pecho. Pero se detuvo.

- gracias –repuso con sequedad- debo irme de nuevo. No creo regresar hasta mañana. Discúlpame con tu abuelo por favor.

Rei, cuyo rostro pareció ensombrecerse, ocultó las manos bajo la yukata. Él lo notó.

-le daré tus disculpas en cuanto llegue

Sin decir más, Unkei se puso de pie y se marchó. Rei se quedó mirando los árboles que rodeaban el templo, escuchando en silencio el sonido de los pasos de Unkei sobre la tierra, extinguiéndose poco a poco.

*********************

-¡ahí viene! –exclamó Makoto cuando distinguió a través de la puerta de cristal la figura bien conocida de su amiga Usagi

- ¿y? –interrogó Mina pícaramente cuando la rubia estuvo junto a ellos- ¿qué tal te fue con Mamoru? Supongo que muy bien ya que tardaste tanto.

-ya vas a empezar, Mina –suspiró Artemis, dentro de la bolsa de ésta

- ¿Dónde está Ami? – les preguntó Usagi

-se adelantó, supuso que Mamoru ya había terminado de leer los libros que tenía, así que fue a la biblioteca por más – explicó Mako un poco apenada.

-¿pero por qué ponen esas caras? –dijo Usagi sin comprender qué podía haber detrás de aquellas expresiones. Ya habían comenzado a caminar por la amplia calle que les llevaría casi de forma recta hasta la casa de Usagi.

- todo surgió en realidad por Mina –soltó Artemis- cuando hacía más de veinte minutos que te habías marchado, comentó que Mamoru y tú debían estar muy ocupados, y Ami, que tiene la mente puesta en el estudio y los libros y no llena de esas cosas, supuso que era leyendo el último libro que él tenía –hubo una gotita en la cabeza de Usagi- Se marchó tan rápido que nadie pudo aclararle en qué había pensado la mente pervertida de Mina.

-¡Artemis! –murmuró Mina, mirando penetrantemente al gato

-sólo digo lo que paso

-Usagi, le comentaste a Mamoru lo del hospital –preguntó Makoto

-sí, pero se rehusó. Dice que las transfusiones de sangre que le harán sólo serán un remedio momentáneo. Además insiste en que aún tiene las suficientes fuerzas como para cuidar de él mismo –sus ojos se entornaron mínimamente mientras se perdían en el suelo- Trata de mostrarse relajado y calmado pero sé que está sufriendo mucho más de lo que muestra. Empeora en tan sólo unas horas y de solo pensar que algo puede pasarle cuando está solo…

-¿Y por qué no te quedas con él Usagi? –sugirió Mina- ya que la opción de llevarlo al hospital ha sido descartada por él mismo lo mínimo que podemos hacer es dejarlo con su enfermera favorita. De seguro eso le subirá el ánimo. Y también a la enfermera -pensó

-no creo que Luna, Rei o Ami se opongan –asintió Artemis- te podemos mantener informada de cómo van las investigaciones y podrías ayudarnos a través de la computadora o leyendo más libros.

-así también podrás hablar con tranquilidad con él –dijo Makoto poniendo una mano sobre el hombro de Usagi- aún hay muchas cosas que tienen que aclarar ¿no?

El rayo que había hecho fulgurar los ojos de Usagi por un segundo desapareció abruptamente ante las palabras de su amiga.

-no, ya decidí que no le diré nada de eso ahora –dijo Usagi- Sonaría muy tonta si le dijera que aún tengo muchas preguntas que hacerle y dudas que necesitan respuesta cuando él apenas y puede concentrarse en mí y no en las heridas de su cuerpo.

-pero él tiene que saberlo Usagi…

-no, estoy segura de que yo soy la que está en un error. Estoy siendo exageradamente celosa –sonrió- hoy incluso, me molesté mucho con el simple hecho de pensar que Akiko estaba en su mente cuando de pronto se puso pensativo. Ni siquiera le pregunté en qué pensaba, para estar segura de si era cierto o no. Fue una idea ridícula y me di cuenta de eso hasta después. Él me ama, no ha hecho otra cosa que demostrármelo y decírmelo…

-¿pero si él te hubiera dicho que sí estaba pensando en Akiko, aunque no fuera de forma amorosa, qué habrías hecho? –preguntó Mina- ella es a fin de cuentas alguien importante para Mamoru. Y debe preocuparle que haya sido capturada por sus hermanos.

-Usagi lo que te dijo Rei ayer es cierto, la confianza es una de las bases de toda relación –declaró Mako, ante el silencio dubitativo de su amiga- no puedes seguir ocultándole tus inseguridades. Te harás daño si sigues así.

-no, yo estoy segura de que esto terminará pronto. Y cuando él ya esté bien solucionaremos eso. Todo saldrá bien ya que nos amamos mucho –sonrió y luego lanzó una risita mientras sus mejillas se llenaban de un tenue rojo- yo no paro de pensar en él, incluso aparece en mis sueños.

Artemis se metió completamente dentro de la bolsa. Ya imaginaba los sueños de Usagi, de esos tan románticos que llegaban a ser cursis, esos que la rubia siempre contaba cada vez que el tema "sueño" era tocado en una conversación. Ahora Mina había interrumpido a su amiga, emocionada por contar lo que había soñado esa mañana. Artemis suspiró. Recordaba perfectamente aquello pues una Mina dormida había tomado su cola como micrófono antes de despertar. Las chicas estaban hablando precisamente de esa parte porque escuchó sus risas. Seguramente Luna también se habría reído al escucharlo. Y aunque le hubiera parecido vergonzoso, en el fondo le hubiera agradado que Luna estuviera ahí también escuchando la historia.

- aunque fue un sueño extraño, tanto como los que he tenido estos días –espetó Usagi en ese momento, llamando la atención de Artemis.

Mina preguntó entonces a qué se refería con extraños y Artemis aguzó el oído.

-De pronto empecé a soñar sucesos relacionados con mi pasado, cuando yo era la princesa Serenity –continuó Usagi- No le di demasiada importancia porque la mayoría se volvían confusos al despertar.

-¿Sabe Luna de esto, Usagi? –preguntó Artemis saliendo del bolso

-no, ustedes son los primeros a los que les cuento.

-¿crees que sea algo malo, Artemis? –inquirió Mina, bajando la mirada para ver al gato blanco

-no lo sé –respondió meditabundo- ¿qué recuerdas de esos sueños?

-pues no mucho –dijo Usagi casi con indiferencia- de la mayoría sólo recuerdo sentimientos como tristeza y angustia; pero creía que eran sueños locos, como ese en el que el libro de matemáticas se levantaba de mi pupitre y me perseguía por todo el salón para devorarme. No pude ver ese libro dos días enteros sin recordarlo, y gracias a eso no pude estudiar para el examen y saqué la calificación más baja del grupo.

Una gotita apareció en las cabezas de los tres acompañantes de Usagi

-¿entonces no hay ninguno del que recuerdes por lo menos de qué trataba? –carraspeó Artemis, para regresar la seriedad al asunto

-bueno, sí, algunos –dijo con inusual renuencia

-¿puedes hablarnos de eso? –le presionó el gato atraído por el comportamiento de la rubia

- el más claro que he tenido estaba relacionado con la Reina Serenity. Fue agradable para mí volver a escuchar su voz, como si aún estuviera viva. Y aunque en el sueño sólo vi una parte de esa memoria, la he logrado recordar por completo y relacionar con otros recuerdos…

-espera –le interrumpió Mako- ¿estás diciendo que este recuerdo que tuviste en sueños, sucedió en verdad?

-sí; y tal vez algunos otros no sean sueños locos, después de todo…

-¿por qué lo dices, Usagi?

-porque en el sueño de hoy, el príncipe Endimión y la princesa Serenity estaban hablando de lo mismo que mi madre me hablaba en ese otro recuerdo.

-pues el tema de conversación debió haber sido interesante para que apareciera en los dos sueños –comentó Mina

Usagi se quedó callada, deteniéndose.

-es un secreto –dijo tan bajo que creyeron haberle escuchado mal-. Había pasado de generación en generación y sólo podía ser escuchado por quien fuera a convertirse en gobernante de la Luna y dueña del cristal de plata. La reina decía que ni siquiera mi padre se había enterado de él.

-¿un secreto de la familia real? –preguntó Artemis, con verdadero asombro –no recuerdo que existiera algo así

-porque tú no eras de la familia real, Artemis –dijo Mina- ni yo, ni ninguna de las sailors. Por eso tampoco escuchamos hablar sobre eso. Si hubiéramos sabido que existía un secreto, tal vez éste ya no habría sido tan secreto ¿no crees?

-pero…-terció Makoto que se había mantenido callada; por la expresión que reflejaba su rostro se diría que también había estado buscando en las memorias de aquel lejano y borroso pasado- si es un secreto tan importante que ni la reina ni la princesa podían decir a nadie ¿estás segura de que la persona con la que hablabas en el sueño de hoy era realmente el príncipe Endimión?

Usagi se puso repentinamente lívida

-seguramente por ser el príncipe de la Tierra tenía una excepción –sugirió Mina

- o tal vez la princesa rompió el secreto –espetó Makoto con seriedad

-eso es imposible –afirmó Artemis. La princesa era dulce y refinada, pero por sobretodo era enormemente fiel a los preceptos que regían el planeta y obedecía los mandatos de su madre como nadie más. Aún cuando se enamoró del príncipe Endimión y muchas cosas cambiaron en ella, esos puntos fueron siempre firmes.

-pero Usagi está completamente segura de que era el príncipe Endimión ¿verdad? –dijo Mina

- Serenity le hablaba informalmente, parecía conocerlo muy bien y tratarlo con cariño –comenzó a decir Usagi, pensativa- Sé que además de Endimión, de mi madre y de ustedes, no le hablaba a nadie con tanta familiaridad. Y esa persona era de la Tierra, así que tiene que tratarse de Endimión ¿de quién más?

-¿a que te refieres con "tiene que tratarse"? –inquirió Artemis. Mako y Mina ya comenzaban a mostrar cierta preocupación- ¿quieres decir que no estas totalmente segura de que haya sido él?

- yo ni siquiera recuerdo con precisión su voz –murmuró Usagi- cuando lo estoy soñando parece todo tan claro y después se esfuma. He intentado recordar su rostro pero…

-Mina detente –ordenó el gato blanco de pronto

-¿qué sucede Artemis? –preguntó Mina, extrañada por la actitud de su amigo, pero este saltó de su bolso y se colocó frente a ellas, con la sagaz mirada puesta al frente.

Las demás le siguieron y ante el repentino silencio de la calle se logró percibir el sonido parsimonioso de unos tacones. Un viento, demasiado frío y violento para la temporada, había comenzado a soplar, primero con tanta fuerza que tuvieron que cubrirse el rostro, y después tan dulcemente que hizo bailar en rítmicos compases el cabello largo de la figura frente a ellas que caminaba en su dirección con absoluta tranquilidad.

Todas abrieron los ojos desmesuradamente

-¿ella no es…? –se atrevió a decir Mina

-Akiko –pronunció Usagi sin despegar la mirada de aquel rostro hermoso e inconfundible, iluminado apenas por las luces de la calle, mientras, a su vez, la exnovia de Mamoru se detenía impasible a unos pasos de ella.

Sus labios se despegaron entonces, levemente, y las palabras imperativas que salieron de su boca fueron apenas audibles por sobre los susurros del viento nocturno

-transfórmate, guerrera de la Luna


¡Hola! Después de semanas de no poder escribir nada he logrado darme un tiempecito para terminar el capítulo, y aquí está al fin ñ_ñ ¿qué les ha parecido? Espero que sea lo suficientemente bueno e intrigante como para esperar la próxima actualización (que haré lo posible porque sea pronto).

Ya saben, comentarios, preguntas, dudas, reclamos o todo lo que quieran decir sobre este capítulo, pueden dejarme un review o mandarme un mail a mi correo ^^

¡Hasta la próxima!