Nota: Este capitulo estará situado en dos espacio-tiempo distintos. Lo que sucede con nuestros personajes principales es en tiempo presente, mientras que todo lo que se desenvuelve en la isla y en la guarida de Samas sucede en el pasado (unos días antes para se exacta ^_^) Aclarado esto les dejo con el capitulo, ¡que lo disfruten y feliz año nuevo!

"DESTINOS SELLADOS"

Por Afaya

...

Capítulo XIV

Celos

El hombre bajó la vista hacia las hojas blancas en sus manos, la levantó, elevándose al mismo tiempo una de sus pobladas cejas, y clavó la mirada nuevamente en la pareja frente a él.

-¿esta segura de esto…ejem, señora? –preguntó, aún incómodo por tener que llamar señora a una mujer tan joven.

Había nacido, crecido y, hasta hace muy poco, vivido en una de las grandes urbes modernas, donde de día el ruido de los autos, las construcciones, la gente y la música es casi ensordecedor, y de noche, todo se iluminaba con las luces vivísimas de una ciudad que nunca duerme. Los divorcios, los casamientos a edades bastante maduras y los estados civiles con nombres aún no inventados, no le extrañaban. Lo que si le costaba trabajo comprender era que en esa isla, apartada de todo y de todos, en donde sólo vivían agricultores y pescadores hubiera aún mujeres que cargaban en sus hombros una vida como la de aquella joven chica.

De acuerdo a lo dicho en la entrevista ella había contraído matrimonio a los doce años por mandato de su padre. No podía tener hijos, de lo contrario tendría mínimo cuatro o cinco, como las demás mujeres de los alrededores. Trabajaba todo el día en el hogar y en el campo y su existencia entera parecía totalmente dedicada a eso. Podía deducir que en aquellos rumbos el divorcio no era permitido, especialmente por parte de la mujer, así que, lo quisiera o no, estaba condenada a vivir el resto de su vida con el hombre que le habían escogido para esposo. Dirigió la mirada precisamente a ese hombre, al lado de ella: brazos cruzados, pose y actitud autoritaria; huraño y antipático. Seguramente la golpeaba.

- dejará a su esposo por tiempo indefinido –le advirtió a la joven señora, aunque sin muchos deseos por convencerla de quedarse- Recuerde las reglas. No podrá mandar cartas ni recibirlas

Tampoco le extrañaba que las mujeres decidieran por sí mismas lo que harían con su vida, así que le impresionó que el hombre al lado de la humilde joven, unido a ella por los votos del matrimonio, contestara por ella.

-necesitamos dinero señor, y si dice que sólo hay trabajo para ella, debe ir.

Su ceja, donde se entretejían los cabellos blancos con los castaños, volvió a elevarse mirando a la joven. Ésta asintió, con una actitud de completa docilidad y sus ondulados cabellos aguamarina salieron ligeramente del desgastado capuchón café que los había encarcelado y dieron suaves destellos a la luz del cálido sol; entonces estuvo completamente seguro de que aquella joven de humilde origen era una sirena. Desde que la vio supo que no podía haber una mujer tan bella a miles de kilómetros a la redonda; tal vez ni siquiera a miles de miles de kilómetros. Bien podría haber sido una artista de cine o una modelo, no obstante, su belleza se desperdiciaba en una isla como esa, con un esposo como aquel.

A pesar de que ya no tenía edad para las aventuras, le hubiera gustado arrebatarla de ese pueblo olvidado y llevarla al esplendor de la enorme ciudad donde él había nacido; llevarla a un lugar donde su belleza sería seguramente valorada. Pero no, aquella idea no era más que una quimera de viejo, una idea instantánea que se difuminó con la misma rapidez con la que apareció. Porque, a su pesar, nada podría sacar a aquella joven de la isla… no mientras el hombre a su lado continuara allí. Aunque, si le hubieran preguntado por qué había llegado a esa conclusión, jamás habría podido explicarlo. El esposo era joven, tanto como ella, de aparente fuerza y buena salud. Y, aunque él se resistiera a aceptarlo, había también algo en él que lo hacía diferente a los demás. Desde que los dos ingresaron fue visible que, a pesar de su forma golpeada de hablar, de sus maneras toscas y su completo perfil de misántropo, se trataba de un joven guapísimo.

Pero no, no era la belleza lo que hacía ver a aquella pareja tan inseparablemente unida a pesar de todos los defectos de él y de todas las complicaciones que parecían haber vivido. Era algo más hondo e inexplicable que no había visto ni siquiera en las parejas unidas por años y años de constante amor, un algo que realmente le hacía dudar de que la unión de ambos hubiera sido en verdad decidida por terceros. Tal vez tampoco era necesario encontrar la razón porque nada cambiaría el simple hecho de que esos dos encajaban. Sí, esa era la palabra. Al hablar, al moverse, al respirar, cada uno de sus actos parecía estar diseñado para encajar con el del otro. Como dos piezas de rompecabezas, eso eran. Y justamente como sólo se puede encontrar el sentido a la imagen del rompecabezas al unir las piezas, esas dos personas lejos una de la otra serían sólo dos bellezas, pero ahí juntas, frente a él, poseían un cierto brillo de perfección, un resplandor que deslumbraba.

Aunque eso definitivamente no garantizaba que ella fuera feliz.

-muy bien señora, daré los papeles con los datos que me ha proporcionado a mis superiores y ellos determinarán si la aceptan o no para el empleo –dijo con rudeza, sin poder impedir que la antipatía que aquel hombre le hacía sentir, incrementada por su imposibilidad de ayudar a la joven esposa, no se reflejara en su voz- vengan dentro de dos días.

-pensé que se necesitaba gente con urgencia –insinuó el hombre, vestido tan humildemente como su esposa

-hay muchos solicitantes, señor. La mitad de la gente en esta isla desea embarcarse

Y pensaba decir que él haría lo posible porque ella consiguiera el empleo pero el hombre se lo impidió:

-y la otra mitad tiene miedo. Las reglas que imponen son peculiares y un sueldo tan alto como el que establecen no es común por estos rumbos, a menos que el trabajo que se realice sea extremadamente peligroso…pero este no parece ser el caso ¿o sí? Se cuentan historias fantásticas del lugar al que llevan a la gente a trabajar: que es una isla maldita, que todos los barcos que se dirigen a ella desaparecen… Por supuesto menos el de su compañía. Lo más real que se rumora es que trafican con personas…

Él permaneció sentado, sin alterarse, escudriñando al joven que se decía campesino y que después de lanzar todo aquello, se había quedado callado. Había notado algo en él y lo observaba detenidamente. Aquel hombre, un momento atrás, había hablado de forma diferente, con fluidez en su voz y sagacidad en sus palabras, demasiada para un hombre que no había salido jamás de esa isla remota ni sostenido un sólo libro en sus manos; con una inteligencia peligrosa. Observándolo bien notó que bajo las manchas de polvo y tierra que le cubrían el rostro existía una piel suave. Sus facciones eran finas, con un ligero, casi imperceptible, toque de feminidad. Casi por un instante estuvo a punto de asegurar que no se trataba de un hombre, sino de una mujer. Pero el gesto rudo que mostró el joven a continuación le hizo dudar.

-de cualquier forma vendremos mañana –soltó el hombre, tomando a su esposa del brazo y sacándola del improvisado cuarto junto al muelle.

Ni siquiera tuvo el suficiente tiempo para ponerse de pie y despedirse de la joven. El esposo se la llevó, y con los dos pareció marcharse la luz.

-¿por qué hiciste eso? –preguntó la joven esposa, subiendo un poco el capuchón mientras se alejaban a grandes zancadas del muelle, caminando por entre las empolvadas calles del pequeño pueblo. Su pregunta, sin embargo, no tenía ni un ápice de reclamo y nadie a su alrededor notó más que sumisión en sus gestos.

- no tenemos tiempo que perder en estos trámites –respondió el esposo. La había soltado y caminaba más despacio- fue una mala idea intentar abordar el asunto de esta forma.

- También me percaté que no lograríamos nada con esto. Ese barco, el único que puede llegar a esa isla parte mañana, muy temprano. De haber hecho caso al entrevistador probablemente me embarcaría hasta que éste regresara, en el mejor de los casos. Pero sabes que no me refería a eso –añadió con una sutilísima pero sagaz mirada

-pensé que hablándole claramente podríamos al menos obtener un poco de información de él –respondió, dirigiendo al fin la respuesta a donde ella deseaba.

-pero no reaccionó como esperabas

Él la miró y sonrió con una sonrisa deslumbrante

-no

-ha sospechado de nosotros, si deciden investigar se darán cuenta de la farsa. En un sitio tan pequeño como este es fácil hacer averiguaciones…

Habían salido del pueblo, internándose entre los altos árboles tropicales, subiendo el inicio de una larga y difícil cuesta. El panorama había cambiado drásticamente de aquel pueblo polvoroso y derruido con olor a pescado y sal de mar, a la frescura de la salvaje selva. Pero el panorama no era lo que más había cambiado. La pareja caminaba ahora con pasos gráciles, elegantes y seguros a pesar de andar en aquel dificultoso terreno. Por su simple andar nadie habría reconocido en ellos a la pareja de campesinos que se había alejado del pueblo. Incluso cuando cruzaron palabra se hablaron diferente, como cómplices, y cuando sus ojos se encontraron se miraron distinto, como compañeros. El entrevistador había hecho una buena observación: la luz de la inteligencia encendía los ojos del joven esposo. Pero lo que no había notado, cautivado por la belleza de la esposa, era que una luz igual existía en los de ella.

-¿Crees que estamos tras la pista correcta? –preguntó él de pronto

-sí. Pero también estoy convencida de que no lo sabremos con certeza hasta que estemos en esa isla.

La joven notó aquel instantáneo brillo de emoción en los ojos de su acompañante, el mismo que poseía cuando hacía volar su moto en las carreras más prestigiosas de Tokio: la emoción de la velocidad. Pronto la sentiría y eso le excitaba. Sólo que esta vez serían únicamente sus piernas las que le impulsarían y le harían correr con el viento. Cualquier otro que le conociera menos que ella, habría notado únicamente la sombra de tensión y seriedad que inundaba su mirada, esa que aparecía cuando el asunto estaba directamente relacionado con su mayor propósito en la vida, el más importante y por el que habían nacido. Un fin que compartían.

- subiremos a ese barco mañana, aunque lo hagamos de contrabando, Michiru.

# #

Nisiquiera lo dejó hablar. Asió con más fuerza su mano y echó a correr, esquivando a la anciana vestida con kimono que andaba con pasos cortos y lentos y a la pareja de rostros risueños que se dirigía placidamente hacia la entrada del parque; atravesó la entrada; superó la pequeña barda que rodeaba una de las tantas franjas de árboles tapizados por pasto y no lo soltó sino hasta que se colocó detrás del tronco más ancho que pudo encontrar. Entonces apretó ligeramente su mano y lo miró a los ojos, la respiración un poco agitada, sonriendo.

-te extrañé –murmuró intentando tranquilizar su respiración; alegre y cálida como esa tarde de primavera.

Él dejó salir una discreta sonrisa, comprendiendo ahora, cabalmente, la razón de la huida.

-yo también –respondió y creyendo entender también lo que debía proseguir, le tomó por el rostro y buscó sus labios con rapidez, sabiendo que no tendrían mucho tiempo. Pero ella lo detuvo. La había interpretado mal, como muchas veces antes. Cuando él suponía que se trataban de palabras comunes, en realidad ella le pedía gestos románticos y ahora que seguía ese rumbo, ella le hacía ver que buscaba algo distinto. De todos los actos y palabras insinuadas de las mujeres, los de Usagi Tsukino, su novia, eran definitivamente los que Mamoru Chiba menos entendía.

-este es el único tiempo que tendremos a solas -soltó Usagi comenzando con la explicación- así que si no digo todas las cosas que quiero decir y no he podido…

Ella había bajado la mirada. Le era difícil mirarlo al rostro sabiendo que estaba a punto de entrar en un tema agrio. Pero también sabía que si sus ojos se topaban de nuevo con los de él no podría resistir las ansias de lanzarse a sus brazos y culminar ella misma el beso interrumpido, sin más ideas en la mente que la sensación de los labios de Mamoru tocando los suyos y la tibieza de su cuerpo impregnándola. Pero no podía detenerse ahora. Era el momento. Había juntado todo su valor para cambiar el beso por la plática. No podía desperdiciar el poco tiempo que tenían.

- Retrasabas el asunto por las heridas de Mamoru. Sin embargo la vida de él ya no está en peligro. A pesar de eso sigues sin confesarle lo que sientes, Usagi – le había dicho Rei el día anterior en el templo Hikawa- ¿estás haciéndolo a propósito?

- Akiko

Los ojos azules de Usagi, opacos, absortos en el pasado volvieron a aclararse ante aquel nombre pronunciado por los labios de su novio.

-¿es de ella de quien deseas hablar?

Usagi no supo cual fue la expresión de su rostro pero dentro de ella, sintió esa particular mezcla de tristeza, remordimiento y escozor que le venía siempre que recordaba a la antigua enamorada de Mamoru.

- ¡por supuesto que no! –había replicado a Rei- en todos estos días sólo he podido hablar con él por teléfono. Y no me gustaría decírselo así… Pero definitivamente hallaré la manera.

- si es sobre ella, a mí también me gustaría decir un par de cosas –agregó Mamoru

Usagi elevó la mirada de golpe y lo miró fijamente, sin parpadear, con ojos incrédulos.

-¿en serio? –soltó, dejando salir la primera palabra que pasó por su mente. Había recreado con anterioridad, en su mente, ese preciso momento en que armándose de valor soltaría todas las dudas sobre la relación entre Akiko y él, liberando al fin todas esas inseguridades que había dejado atoradas y que se habían convertido en una pesada y lastimosa carga en su pecho. Del mismo modo había intentado imaginar posibles respuestas de Mamoru, pero nunca pensó que sería él quien tocaría el tema primero y mucho menos que lo haría con tanta calma y naturalidad. Al contrario estaba segura de que cuando el nombre Akiko surgiera, su novio por lo menos se mostraría incómodo.

Mamoru asintió, casi sonriendo por la expresión de sorpresa de ella

De pronto Usagi recordó que aquella misma noche en que Mamoru le reveló la existencia de las extrañas heridas, en un parque de juegos cercano al hospital donde la habían llevado con una alta fiebre y serias fisuras sangrantes en el cuerpo, él había intentado hablarle sobre su relación con Akiko. Pero tanto ese día como los subsiguientes el tema se había aplazado para concentrarse por completo en las heridas de él.

-en las reuniones de estos días hemos tratado de encontrar una pista de Akiko –comentó Usagi- tú también la has buscado por tu parte ¿no es así?... Cuando te quedas callado mirando a la nada, cuando pareces preocupado, piensas en ella.

Buscando un poco de frescor, las otras parejas del parque comenzaban a refugiarse bajo árboles de parecida y espaciosa sombra, reían y parecían felices. Pero ella ya comenzaba a sentir que la brisa traspasaba la tela de su ligera chaqueta y enfriaba su espalda.

- Akiko no tiene a nadie más que a mí –alegó él de inmediato, mirándola a los ojos- no puedo dejarla sola Usa

-lo sé y tampoco intento reprochártelo –dijo, para asombro de él. Si no se trataba de una queja entonces qué era- pero aún cuando Akiko hubiera tenido a alguien más ¿la habrías dejado?

La pregunta evidentemente lo tomó por sorpresa, sin embargo, no fue necesario esperar demasiado tiempo antes de que la respuesta se plasmara en su rostro. Usagi elevó la mirada justo en ese momento y contemplo su expresión, aunque lo había entendido todo mucho antes con el simple silencio de su novio. Volvió a bajar la mirada y observó el suelo atentamente como si aquel pasto tuviera un algo especial que requiriera su cuidadosa atención. Entonces dejó caer la cabeza en el pecho de Mamoru, apoyando la frente en la tela suave de su camisa.

-¿Sabes? estos días he pensado en muchas cosas en las que nunca debería haber pensado –mencionó de pronto-. Intenté, por un momento, imaginar lo que sentiste cuando se fue de tu lado. Llevaban tantos años juntos, tenían planes, sueños que habían construido, y así de pronto, sin aviso, todo se despedazó. Debiste pasar muchas noches tratando de lidiar con la idea de que no tendrías la oportunidad de verla ni siquiera una última vez; que no podrías besarla nunca más -sus manos temblaron suavemente en un instantáneo movimiento- Sé como se siente Mamoru, es como un enorme y doloroso vacío en el pecho que en cada latido parece tragarte un poco más ¿no es así?

Soltó la mano de él y la posó sobre su pecho, sin hablar, y él tampoco dijo nada. Ni el sonido acompasado de su corazón ni su cuerpo quieto le daba algún indicio de que las palabras anteriores lo hubieran afectado. Seguramente lo habría adivinado en su expresión, pero Usagi había decidido no apartar la vista del suelo.

-también me detuve a pensar en lo mucho que me hubiera gustado estar en el lugar de ella –continuó- ser yo la que apareciera a tu lado en cada una de las fotos de ese álbum dorado, la que estuvo a tu lado cuando más triste y solo te sentiste y la que te vio sonreír con esa sonrisa de niño que no volverás a tener jamás; me hubiera gustado que la dirigieras a mí; crecer contigo sosteniéndote de la mano... Pero fue ella y no yo. Ustedes comparten momentos que yo jamás podré entender. Eso no se puede cambiar ¿verdad? Yo debería poder entender que es normal que te preocupes y pienses en Akiko –añadió- También debería poder entender que eso no significa que sigas enamorado de ella. Seguramente yo haría lo mismo que tú si Rei, Ami, Mako o Mina tuvieran unos hermanos como esos y hubieran sido capturadas. Pero la verdad es que no puedo. Me molesta que tengas ese álbum, que te preocupes por ella, que la quieras como la quieres…– y al continuar su voz sonó con un tono que Mamoru jamás había escuchado en ella. La mano sobre el pecho de él se había empuñado tenuemente- Me siento muy celosa, Mamoru. Pero por más que trato, aún no sé qué hacer para dejar de estarlo…

Mamoru posó su mano sobre la de ella y la apretó suavemente

- sin darme cuenta he seguido haciéndote daño –murmuró él- lo siento

Usagi se quedó callada un momento

-¿recuerdas cuando me pediste que no ocultara lo que sentía, que si estaba molesta te lo dijera? Tampoco quiero que tú ocultes lo que sientes. No me gustaría que evitaras pensar en ella o mencionarla cuando estas cerca de mí, sólo para no lastimarme –continuó Usagi y esta vez lo miró a los ojos. No había una sola lágrima en ellos pero tenían un pequeño toque de desolación. Al continuar sus pupilas quedaron fijas en los botones de la camisa de él y sus dedos detallaron los ojales y la tela alrededor de ellos – Tampoco creas que me la he pasado llorando todos estos días. Estoy muy feliz de que estés conmigo. Tú me elegiste –agregó intentando sonreír pero el intento se apagó de inmediato- Tal vez el problema es que a pesar de que lo he pensado una y otra vez aún no logro entender el porqué

-Usa…

-¡los encontré! –exclamó una tercera voz fuertemente que los dejó paralizados. La habían escuchado tantas veces atrás, siempre con el mismo tono jovial y lleno de vida, que era imposible no reconocerla. Un profundo y sincero "¡hay no!" retumbó dentro de Usagi que dejó de mirar a Mamoru y lentamente se giró para contemplar al dueño de la voz- Supuse que les encontraría aquí. Usa, se terminaron los de chocolate, pero te traje uno de fresa.

Sí, definitivamente él estaba ahí, fuera de la sombra del árbol y al abrigo completo del rozagante sol, con sendos barquillos sosteniendo el helado color rosa pastel, uno en cada mano. El brillo de su aura alegre se cortaba justo frente a ellos, detenido abruptamente por la espesa y negra sombra que había caído sobre Usagi y Mamoru luego de su aparición.

-mu…muchas gracias, Threx –sonrió Usagi, y aturdida pero intentando actuar amable, dio un paso adelante para tomar el helado. Hasta entonces se percató de que Mamoru le había vuelto a tomar de la mano. Volteó a verlo. Sus cejas se habían fruncido con desconfianza y su cuerpo parecía rígido; le sostenía la mano con decisión, como si dijera "no la soltaría aún si mi vida corriera riesgo". O tal vez era simplemente que su romántica imaginación estaba haciendo de las suyas de nuevo.

Con la otra mano sujetó el barquillo que Threx le extendía con su deslumbrante sonrisa y fue así que los tres reanudaron la marcha rumbo al templo Hikawa donde Usagi había quedado de verse con las chicas. Mamoru y ella caminaron de mala gana el resto del camino, desilusionados por haber truncado la plática e incómodos por instalarse de nuevo en aquel trío pesado e interminable. Por el contrario Threx anduvo con gusto, saboreando el postre con la misma expresión despreocupada y plena con la que un niño de cinco años lo haría.

-¿piensas que vamos a creer que no has podido hablar con él más que por teléfono, Usagi? –había respondido Rei a su negativa- ayer llegaste tarde a la reunión y anteayer saliste más temprano con el pretexto de que tenías que encontrarte con Mamoru. Debes verlo por lo menos una vez al día.

-no he dicho que no lo haya visto, sino que no hemos podido hablar. Nosotros no hemos podido estar a solas…nunca –todas sus amigas la miraron con curiosidad- Threx ha estado con nosotros…

Usagi llevó una mano a la frente. Había vuelto el pequeño picoteo en su cabeza que amenazaba con convertirse en un mal crónico. Inició días atrás, cuando Mamoru salió del hospital: cuando los tres comenzaron a salir juntos a todas partes.

Threx había aparecido el primer día que Mamoru ingresó de urgencia al hospital –y digo aparecido porque Usagi ni siquiera se dio cuenta de cómo llegó: al voltear, simplemente se topó con aquel joven de sonrisa amable sentado a su lado, surgido de la nada-. Desde entonces a penas y se despegaba de ella. La acompañaba en cada trayecto y en cada hora, incluso la había esperado fuera del baño del hospital cuando requirió ir. Y en ese tiempo juntos, Threx le había manifestado abiertamente que deseaba olvidar el desastroso primer encuentro con Mamoru y hacerse su amigo: "no desistiré, Usagi, hasta que seamos tan amigos como tú y yo", le había dicho con enorme determinación y Usagi no pudo evitar sonreír y agradecer sus buenos sentimientos. Pero nunca pensó que esa declaración podría tener los resultados desastrosos que había tenido.

Aunque en ese momento sólo había podido pensar en la tensión apretando sus sienes, ahora recordaba con jocosidad el rostro de Mamoru cambiando bruscamente de color cuando vio a Threx entrando tras ella en aquella primera visita a su cuarto de hospital. Usagi había buscado la forma de impedirlo, definitivamente, pero Threx poseía un inigualable don para evadir excusas de cualquier tipo, y no sólo en esa ocasión sino en todas las subsiguientes Threx consiguió entrar con ella al cuarto de Mamoru. Eso había hecho pensar a Usagi que para Threx la expresión "mal tercio" no existía. Sin importar cuanto remarcaran la palabra novios o cuanta hostilidad se mostrara en los gestos y en las palabras de Mamoru, Threx continuaba visitándolo con su amable sonrisa. Y Mamoru realmente molesto por tener que soportar no sólo que aquel chico entrara a las visitas con Usagi sino que para colmo acompañara a su novia en los trayectos de todos los días –algo que él no podía hacer estando en el hospital- se había mostrado firme al decir que una vez fuera del hospital no la dejaría sola con él nuevamente.

Pero, contrariamente a lo que Mamoru había pensado, su presencia no modificó la decisión de Threx ni hizo variar su sonrisa radiante. Las cosas empeoraron entonces. Threx se encargó no sólo de estar presente fuera de su puerta cada vez que ella tenía que salir de casa sino de permanecer a su lado aún en las citas de la pareja. Todas fracasaron tan absurdamente como los intentos de Mamoru por separar a Threx de Usagi. Pero Mamoru no desistió y continuó acompañándola siempre, al igual que Threx. Así lo que había sido una pasajera tensión en el hospital mientras los tres permanecían en la misma habitación se había convertido en una tortura continua y punzante para Usagi.

La rubia salió de sus recuerdos y apretó un poco más la mano de Mamoru al notar aquel grupo de chicas de secundaria que caminaban en dirección contraria. Sin disimulo habían detenido la mirada en ellos y en sus manos unidas, riendo bobamente y cuchicheando, mirando sonrojadas a Mamoru con la expresión "que novio tan guapo y dulce" plasmada en sus rostros. Él lo notó y se sonrojó. Era obvio que se sentía incómodo, pero desde esa mañana Mamoru tomaba su mano siempre, seguramente como una nueva táctica para incomodar a Threx y alejarlo. Sin embargo, al mirar a los dos chicos no cabía duda de que el único incómodo con tal medida era Mamoru.

Se concentró en el calor de la mano de Mamoru apretándose contra la suya. En todas esas horas de permanecer unidos se había dado cuenta de que el hecho de que dos personas se tomaran de las manos podía significarlo todo, pero también que podía no significar nada. Sus manos estaban unidas pero era sólo el contacto físico lo que les unía. Él hacía esto por Threx mientras que ella lo habría hecho únicamente por amor, así que ni siquiera el sentimiento que les impulsaba era el mismo. Jamás habían pasado tanto tiempo juntos, sintiéndose a la vez tan lejos uno del otro, como en esos días.

-¿así que te gusta Shakespere, Usagi? –espetó de pronto la voz de Threx a su lado. La aludida miró hacia su bolso del que resaltaba la parte posterior de un libro pequeño titulado con letras grandes "Otelo".

-ah, esto –rió Usagi- en realidad lo estoy leyendo porque me lo recomendaron…

- tu amiga Ami se equivocó en su decisión –afirmó Threx- a Usa le hubiera gustado más leer una tragedia como la de Romeo y Julieta.

-¿cómo sabes que se la recomendó Ami? –interrumpió Mamoru con el común tono hostil que empleaba con Threx

-Usa me ha platicado mucho de sus amigas, incluyendo a la inteligente y estudiosa Ami Mizuno.

-¿en tan sólo unos días Usagi te ha contado tanto como para que las conozcas de esa forma? No lo creo.

Threx mantuvo la sonrisa

-es que quizá Usa no te lo ha dicho, pero desde que nos conocimos hemos pasado muchas horas juntos, hubo días en los que incluso estuvimos juntos desde la mañana hasta la noche.

-¡hey chicos! –dijo Usagi en voz muy alta, interponiéndose entre los dos. Por alguna razón fuese cual fuese el tema de conversación esos dos siempre terminaban al borde de la discusión- Ami no fue la que me recomendó el libro. Fue Umino.

Mamoru la miró extrañado y ella comprendió perfectamente la razón. Si se trataba de estudio Usagi consultaba siempre a Ami, a él o al resto de las chicas. Era raro que se acercara a Umino, especialmente desde que él y su amiga Naru comenzaron a salir.

-en realidad fue a Ami a la primera que le pedí ayuda –aclaró Usagi- pero me dio una lista de muchos libros de psicología y el primero que abrí tenía palabras algo complejas así que le llamé a Umino, pidiéndole un libro corto que pudiera entenderse fácilmente. Él dijo que éste era el único que se le venía a la mente, así que decidí leerlo. Pero he avanzado mucho, en realidad estoy a punto de terminarlo.

-pareces muy entusiasmada con él. Debiste estar desesperada buscando ayuda. Porque esa es la palabra que mencionaste hace un momento ¿no?

-ah, sí –dijo Usagi con repentino nerviosismo

-hay dos temas base en ese libro: la envidia y los celos ¿con cual de los dos tienes problema Usagi?

-no debes presionarla –intervino Mamoru que había seguido con agudeza la conversación- sí ella quisiera decírtelo lo habría hecho ya.

-sólo quiero ayudarla –dijo Threx sin rastro de malhumor- Usa si hay algo que pueda hacer por ti, avísame

-sí, gracias –murmuró ella, evadiendo la mirada molesta de Mamoru que generalmente parecía reprocharle su amabilidad para con Threx. Mamoru deseaba que ella desconfiara de Threx tanto como él lo hacía. Pero…

Los dos chicos se habían detenido. Levantó la mirada y se dio cuenta de que habían llegado a su destino. Las rectas escaleras blancas que subían hacia el templo Hikawa se encontraban a su derecha. Ahí terminaba el largo e incómodo trayecto.

- hoy es el día en el que el crucero romántico zarpará –mencionó Threx antes de que comenzaran a pronunciar palabras de despedida-¿ya han decidido si aprovecharán el boleto que les di? Después de todo Usagi parece haber dejado el tono pálido de su piel y Mamoru ha mejorado mucho desde que salió del hospital

Mamoru sintió la mirada de su novia clavándose de inmediato en él, preguntándole tímidamente con la mirada. Cuando el tema del boleto para el crucero romántico surgió por primera vez, Usagi lo observó con grandes ojos brillantes, llenos de ilusión. Usagi deseaba ir y no necesitaba la ayuda forzada de Threx para saberlo. Era él al que aquello le parecía una pésima idea. Sin embargo, le había prometido a Usagi que lo pensaría y en realidad hubiera preferido que el asunto quedara en el olvido pero a quién iba a engañar, Usagi no olvidaría una oportunidad como esa. Su mirada rápida y vivaz posándose sobre él y la expresión expectante de su rostro sonrosado le revelaban que ella llevaba horas, días pensando en ese crucero. Cualquier otro día habría podido contestar con una evasiva pero no hoy. El plazo se había terminado y Threx también parecía tener eso muy en cuenta. Lo pensó un segundo más y al final inhaló aire, esperando no arrepentirse de su decisión.

- usaremos ese boleto –dijo

La mirada de su novia se iluminó de inmediato, entre sorprendida y gustosa.

-¿estas seguro, Mamoru? –soltó ella, cómo preguntando qué le había hecho decidirse por esa opción que parecía improbable que tomara.

-sí. Necesitamos hablar, Usa –le contestó- Esta noche en el crucero continuaremos con la conversación.

-es una buena decisión, Mamoru –espetó Threx con su eterna sonrisa- sé que les caerá bien. Y la han tomado justo a tiempo.

Usagi sonrió sin poder disimular su regocijo. Y así, mucho más rozagante que antes, se despidió de los dos y subió las escaleras lentamente a pesar de que ya se le había hecho tarde.

Al pisar el último escalón se giró para sentir con toda su furia aquel molesto taladreo en la cabeza al mismo tiempo que miraba desde lo alto de las escaleras a los dos hombres que le habían acompañado hasta ahí. Generalmente los dos se alejaban por direcciones opuestas en cuanto ella pisaba el punto de llegada. Pero esta vez se habían quedado en su sitio, hablaban.

¿Por qué? No tenían nada en común, al contrario. Mamoru especialmente parecía molesto sólo con la presencia de Threx.

-no es necesario que me pagues –decía el amigo de Usagi secamente en ese momento- he querido regalarles el boleto

-no quiero deberte nada –replicó Mamoru

-entonces piensa que se lo he regalado a ella y no a ti

El ceño de Mamoru se frunció aún más pero no dijo nada.

-pensé que eras posesivo con ella, pero no tanto –soltó Threx sin despegar la mirada de Usagi que se había detenido en lo alto de la escalera - ¿yo provoco tus celos, no es así?

-¿celos? No creo que sea eso lo que siento –replicó Mamoru en un tono ácido que no podía evitar aún cuando lo intentara.

-entonces eres un celoso que no acepta que lo es –sonrió

-no me das confianza, eso es todo

El otro lo miró directamente a los ojos, sólo un segundo, con ese rayo de arrogancia que irritaba tanto a Mamoru

-es bueno que no confíes en mi, y también sería bueno que reconocieras tus celos. Porque he aparecido para quitártela.

-¿en verdad estás enamorado de ella? –soltó Mamoru, sin que su enfado pareciera incrementarse

-sí. Desde el primer momento en que la vi –dijo sin ninguna incomodidad y sus palabras fueron las más sinceras que hasta entonces Mamoru le hubiera escuchado decir- ¿ eso tiene algo de extraño? –y ya que Mamoru no contestó sino con una aguda mirada, dirigió nuevamente la vista a lo alto de las escaleras y levantó la mano, despidiéndose una vez más de Usagi que les miraba con inquietud - Parece más feliz ahora, Usagi, pero aún no has podido quitarle las preocupaciones que tú mismo le creaste.

-¿Cuándo fue eso? –preguntó a su vez Mamoru, sin permitir que la conversación se desviara hacia otras sendas- ¿cuándo la viste por primera vez?

La pregunta no había surgido de un olvido de su parte. Aún recordaba a la perfección ese primer momento en el que Usagi y él se cruzaron con Threx en el centro de Tokio, un poco más de dos semanas atrás. Pero Mamoru no se refería a ese primer encuentro y eso era algo que Threx también sabía.

Éste mostró una sonrisa misteriosa

-cuándo…

Al contrario de Threx, Mamoru no miraba hacía el templo Hikawa. Sus ojos se habían clavado en aquel chico desde que comenzó a hablar. Tomaba el tema con una absoluta seriedad mientras que Threx parecía hacerlo sólo a medias, más interesado al parecer en divertirse a su costa.

-¿antes de que nos cruzáramos en Tokio? –le apremió Mamoru- ¿En el Milenio de Plata quizá?

-Milenio de Plata –ensanchó su sonrisa Threx, sin verlo- suena como un perfume para dama

- no trates de…

-¿se te ha olvidado algo, Usa? – le interrumpió el otro. Su sonrisa expandida se había hecho más dulce y sus ojos eran ahora los ojos de borrego a medio morir que sólo mostraba cuando… Mamoru volvió su mirada hacia el templo. Usagi bajaba las escaleras velozmente, agitada.

Pero Usagi no tuvo tiempo de responder a la pregunta de Threx ni de llegar hasta ellos porque en ese justo momento...

-¡Usagi Tsukino! –gritó la voz femenina de lo que se adivinaba, era una mujer llena de carácter- ¡¿a dónde crees que vas?

La rubia se detuvo en su sitio, con el zapato derecho a unos milímetros de tocar el siguiente escalón.

-Rei

La aludida frunció el seño aún más. Con los brazos en jarra y los pies bien puestos en lo más alto de la escalera, miraba a Usagi con el enojo común con el que miraba a su amiga cuando hacía algo digno de represalias.

- ya hemos comenzado la reunión, ¿o es que pensabas huir?

-¡no, cómo crees, jeje! –dijo Usagi con su sonrisa nerviosa- yo sólo quería… ¿eh? ¿A dónde fue Threx? –preguntó mirando a todos lados

-se marchó ya –contestó Mamoru; la mirada a lo lejos llena de inquietud.

# #

Tetis caminó hacia el balcón trasero de la abandonada y vieja mansión y de inmediato buscó a su hermana con la mirada. Estaba ahí, recargada en la polvorosa balaustrada. Sabía que la encontraría allí. Febe buscaba siempre lugares solitarios donde pudiera sentir el apaciguado silencio. Sin embargo y de acuerdo a los pocos recuerdos que tenía de su hermana, a veces Akiko también buscaba la soledad.

Sus pasos y el sonido de su muleta golpeando repetidamente el suelo destruyeron el silencio y advirtieron a la rubia de su presencia mucho antes de que se decidiera a hablare. Caminó hacia ella hasta colocarse a su lado, pero su hermana no se movió ni habló, como si no se hubiera percatado de nada. Apoyaba el cuerpo suavemente en la balaustrada y mantenía la mirada fija en el estrecho paisaje, parpadeando brevemente. El sol intenso sacaba destellos a su largo y ligeramente despeinado cabello rubio. No lo había cepillado ni parecía interesada en cuidarlo, sin embargo, en lugar de hacerle lucir desagradable, le daba un nuevo toque de encantadora naturalidad.

Suspiró dentro de sí. Evidentemente debía ser ella quien comenzara la conversación.

-¿cómo estas? –soltó

-bien-contestó Febe de forma cortante y sin mirarla. Aquella respuesta rápida y sin sorpresa demostraba que le había escuchado llegar y posiblemente había seguido cada uno de sus movimientos; aunque su rostro inexpresivo no lo hiciera ver así.

-¿sabes a dónde pudo haber ido Cru?

-no

-se marchó muy temprano, de nuevo. Seguro regresa hasta la noche como siempre –siguió hablando Tetis- Jápeto cree que después de las misiones secretas que le encomienda el Rey Sol se queda entrenando. Hiperión no cree que tenga tales misiones pero sí esta seguro de que está haciendo algo de provecho.

Febe no comentó nada, seguía mirando al frente, los ojos perdidos y el rostro inexpresivo

-¿puedo saber en qué piensas? –soltó Tetis luego de un largo silencio

Febe giró la cabeza para mirarla por primera vez y su mirada punzante se clavó violentamente en ella.

-sé que normalmente tiendes a alejarte de la gente, pero no puedo creer que el encuentro que tuviste la semana pasada no haya hecho cambiar nada en ti –soltó Tetis- te enfrentaste a Sailor Moon y ella te habló de tu anterior tú, Akiko, ¿cierto?

-sí

-y te encontraste también con Tuxedo Kamen…

-sí

- él te llamó también por ese nombre

-sí

-¿no sentiste algo extraño al verlo?

-no

Una enorme vena apareció en la sien de Tetis ¿es que Febe no podía contestar con otra cosa que no fueran monosílabos? Hubiera deseado golpear a su hermana, pero contuvo su furia. Había ido a verla para averiguar qué había pasado dentro de Febe después de ese encuentro y no pensaba marcharse sin tener aunque fuera un indicio.

-¿en verdad? –preguntó, exaltada. Había girado su cuerpo para enfrentar a su hermana, para mirarla directamente y su mano sana empuñada sobre la balaustrada se apretaba cada vez con más fuerza -¿no te pareció conocido, como si le hubieras visto antes? Y por favor contéstame con otra palabra que no sea "no" o "sí"

-¿a qué quieres llegar con esta plática Tetis? –le atajó Febe, despegándose de la baulastrada y dejando caer los brazos a los costados- Tú nunca fuiste así

Tetis se quedó callada. Era cierto, en el pasado no solía preocuparse por lo que pensaran o sintieran sus hermanos, ni a ellos les parecía importar lo que ella pensara o sintiera. Se mantenían siempre juntos, unidos por sólidos lazos de ayuda mutua, pero generalmente nunca hablaban a menos que el tema fuera asaltar una ciudad, desaparecer traidores o crear nuevas técnicas de ataque. Podían coordinarse perfectamente en la guerra, pero en la paz jamás habrían podido sobrevivir, ni como miembros de un grupo ni como individuos autónomos. Porque no conocían más que la guerra. Sin embargo hubo algo que cambió justo al final de su vida anterior. En la que sería su última batalla, presenció la muerte de tres de sus hermanos y ella misma, medio muerta también, cubierta de sangre y lodo sobre un suelo hecho trizas, sin poder hablar ni moverse, vio a sus dos últimos hermanos resurgir del suelo, ponerse de pie y andar lejos de ella; sus miradas decididas, sus puños temblando de furia; marchaban hacia sus enemigos… hacia su muerte. Esa vez un impulso totalmente nuevo la llevó a reunir todas sus fuerzas para levantar el brazo, para detenerles, intentó hacer salir la voz pero ni siquiera pudo hacer eso. No pudo hacer nada. Y sus hermanos se perdieron entre la nube de desastre y el olor a sangre y muerte. Sus manos perdieron todas sus fuerzas y sus ojos se cerraron con un destello de desesperación y tristeza infinita…

-después de todo eres sólo la reencarnación de Tetis –mencionó Febe sin ningún sentimiento en su voz, sólo afirmando un hecho. Su mirada nuevamente se perdía en el paisaje.

-sí, al igual que tu sólo eres la de Febe –agregó Tetis de inmediato

-no –declaró la otra acentuadamente- yo soy Febe misma. Me han contado cuál era mi nombre en esta vida, cuál era mi personalidad, todo lo que sabían de mí. Pero Akiko y Mamoru son nombres que no significan nada para mí, son tan ajenos como lo son los de un relato. Todos los recuerdos que poseo son los que recolecté hasta antes de morir. Son los recuerdos de mi anterior vida.

- pero el encuentro con él te desconcertó –dijo Tetis- y no sólo yo, todos hemos dudado de que sólo seas Febe.

- algo se movió ese día –soltó Febe de mala gana- pero "lo que pasó no volverá a ocurrir" eso se lo dije al Rey Sol y a todos. Sé cómo hacer para que no vuelva a ocurrir.

-¿entonces sí sigues siendo Febe, por qué has dejado atrás tu ferviente anhelo de venganza? Pensé que no descansarías hasta conseguirla.

-porque Su Exelencia me dio sólo una oportunidad y yo la perdí.

Tetis calló de nuevo. Por supuesto, el orgullo de Febe había sido herido profundamente y no iba a permitir que eso sucediera de nuevo. Había aprendido de sus errores y ahora trazaría un plan más inteligente, sí pero… Resopló bajito. ¿es que nada de los recuerdos, de la personalidad de Akiko habían vuelto a aquella mujer fría? Su actitud le decía que no. Aparentemente aquella chica seguía siendo Febe "la impasible" como le llamaban en el pasado. Una ola de desilusión barrió la arena de su corazón. Desilusión. Se quedó pensando en aquella palabra, en aquel sentimiento…

# #

Michiru Kaiou, disfrazada como toda una campesina, continuaba barriendo la polvorienta entrada de la casita de techo bajo que Haruka y ella habían hecho pasar por su vivienda. Era en realidad una casa abandonada tiempo atrás por una pareja de agricultores que encontró mejor suerte en islas más lejanas y prósperas. Les costó medio día hacer pasar aquella rehuida casa por un lugar habitable. Casi tanto como les costó aprender las maneras y hábitos de los habitantes de la zona, pero nada comparado con lo mucho que les estaba costando encontrar lo que habían ido a buscar.

De pronto, Michiru paró de barrer y miró al frente, con las dos manos sujetando la escoba. El sol, en descenso, a punto de ocultarse tras las colinas hacia donde miraba la casita había revelado una sombra larga cuya punta se acercaba reptando por el suelo. La casa se encontraba en una elevación que se encadenaba fastuosamente con otras dos. Desde ahí podía verse la selva extendiéndose hasta el pueblo y también las distintas clases de animales tropicales paseándose entre las copas de los árboles. A su alrededor, sin embargo, no había un solo árbol, talados seguramente tiempo atrás por los constructores de aquella casa. Ahí era raro ver gente, insólito en realidad. Por eso fue también que decidieron quedarse allí. Y sin embargo, ahora había una persona caminando decididamente hacia donde se encontraba, con su sombra avanzando un paso más que ella. Un hombre. Parecía más una aparición que un ser real…quizá una aparición funesta.

Sin moverse esperó a que el hombre llegara hasta ella. Lo observó sin embargo con especial detenimiento, sin pasar inadvertido ni el más mínimo detalle. Desde su andar hasta la forma de su barbilla. Escrutó con más precisión su atuendo largo que llegaba hasta los pies, de anchas y también largas mangas ocultando sus manos, el puntiagudo capuchón que ensombrecía su rostro y lo colocaban en un halo de misterio.

-buenas tardes –saludó con cortesía, ya que el desconocido se había detenido frente a la casa sin dirigirle una sola palabra. Discretamente intentó mirar bajo el capuchón pero éste seguía sin revelarle demasiado: un mentón masculino, unos labios bien formados y una nariz de perfectos contornos- iré por mi esposo

-antes me gustaría hablar con usted, señora –habló el hombre por primera vez. Su voz, joven y gallarda, no tenía el acento de los lugareños. Poseía más bien un acento conocido. "Japonés" pensó ella de inmediato.- En el pueblo dicen que son forasteros.

-¿hay algún problema con eso? –alegó ella, abandonando a medias el papel de esposa campesina que había decidido representar. Suponía cuál era la razón para que aquel hombre estuviera ahí, y si estaba en lo cierto, no tendría ningún caso seguir con la representación.

-mintieron en la entrevista que se les hizo el día de hoy. ¿Por qué? ¿qué es lo que buscan en realidad?

-lo lamento –dijo ella con una sonrisa elegante, dando vuelta hacia la casa- pero eso es algo que no le puedo decir.

Iba a dar un paso hacia dentro cuando percibió el ataque. Movió la cabeza para esquivarlo. Había sido un movimiento enormemente veloz así que apenas y habría logrado evadirlo… si en realidad ese movimiento hubiera estado dirigido para golpearle.

En realidad aquel ataque había tenido por único objetivo el comprobar sus reflejos; y lo había conseguido. Seguramente nadie en esa isla habría esquivado un ataque como ese.

-lo sabía –dijo el desconocido antes de lanzar un nuevo golpe hacia ella.

# #

-celos –sentenció con determinación la voz de Rei entre el silencio de sus amigas

-sin duda parece haber algo de eso –le apoyó Mako

Usagi asintió con la cabeza

-le dije lo mismo a Mamoru por teléfono, pero él lo negó –explicó ésta, que desde que comenzó aquella conversación dejó de comer panecillos y se volvió seria- y yo también he dudado por momentos de que se trate de eso. De todo el tiempo que llevamos saliendo apenas y puedo decir que lo he visto celoso en un par de ocasiones. Pero su comportamiento era totalmente distinto a este. En esas ocasiones no perdió la calma en ningún momento y siguió comportándose tan natural y cortés como siempre. Debo decir que a penas y se le notan – y al continuar una media sonrisa expandió sus labios ante lo que parecía un nuevo recuerdo de aquel tiempo- Antes eso me disgustaba un poco, me parecía que el hecho de que tu novio se enfureciera porque otro chico te mirara era halagador. Pero llegué a entender que él no era así –dijo con evidente cariño y luego volvió a mostrar la misma preocupación con la que habían comenzado la plática- Pero con Threx parece más que molesto, a veces siento que incluso le es difícil controlarse.

-por esa parte, Usagi tiene razón –dijo Ami- definitivamente Mamoru no es el tipo de chico que se deje perder por los celos. Y tampoco de los que se ponen celosos de los amigos de su novia.

- yo creo que los celos de Mamoru extremos o no, no serían completamente extraños –dio su opinión Mina- estos días tu amigo no ha parado de arruinar tus citas con Mamoru y para colmo habla siempre de los días que pasaron solos tú y él. Cualquiera se sentiría irritado si le recuerdan a cada momento que tu pareja salió con otra persona sin que tú te enteraras.

- pero Mamoru sabe que sólo salimos como amigos –alegó Usagi- además todo sucedió cuando él y yo nos distanciamos, ni siquiera podíamos hablar de nosotros ¿cómo iba a mencionarle que tenía un nuevo amigo?

-pero en una ocasión frente a Mamoru, Threx estuvo tan cerca de ti como para besarte –agregó Rei

-¡pero eso fue un error! –replicó Usagi de inmediato- Hubo una terrible confusión y Threx pensó que podría ayudarme de esa forma, él aún no sabía que Mamoru era mi novio. Pero eso ya lo hemos aclarado. Mamoru me escuchó atentamente cuando se lo expliqué y…

-¿y te creyó? -interrumpió Rei mirando con agudeza a Usagi.

La rubia de chinguitos esponjados bajó la mirada

-no del todo –aceptó- Mamoru desconfía demasiado de Threx como para creer esa versión. He hecho lo posible por convencerlo pero por más que he tratado…

-¡increíble! Mamoru excesivamente celoso y además necio, creo que se le comienza a pegar algo de Usagi- soltó Luna con toda naturalidad

-¡Luna!

-si dices que los dos se llevan tan mal es más probable que Threx haga todo eso para molestar a Mamoru -dedujo Makoto

-eso no puede ser –dijo Usagi con seguridad- Threx está buscando la amistad de Mamoru

-o eso es lo que él te ha dicho –afirmó Rei- si Threx te ve como algo más que su amiga puede que la desconfianza de Mamoru tenga bases y Threx está haciendo lo posible por separarlos.

-entonces el que Threx no se separé de Usagi podría encajar –concluyó Mina

-no sé mucho de esto –intervino Ami- pero si ese chico está enamorado de Usagi y busca separarla de Mamoru ¿no creen que jamás le habría dado un boleto para que fuera al crucero romántico con Mamoru?

Todas quedaron en silencio. Todo indicaba que el asunto era más complejo de lo que parecía.

La mirada de Usagi vagó encontrándose con los dos trozos de tela sobre la mesa, los mismos que Makoto recogió en la última pelea contra Akiko y que aparentemente pertenecían a uno de los encapuchados. Luna y Artemis los habían analizado ya pero no había nada en ellos que les permitiera saber algo de su dueño, sin embargo, los conservaban con la esperanza de aún poder hallar algo.

-Mamoru cree que Threx está con nosotros porque se divierte arruinando nuestras citas, y… también cree que Threx y el encapuchado de dorado son la misma persona –soltó Usagi de pronto, sacando a todas de sus propias meditaciones- ha sospechado de él desde hace tiempo pero no pudo decírmelo sino hasta que salió del hospital, por teléfono.

-¿ese chico uno de los encapuchados? –repitió Artemis

-¿por qué no lo dijiste antes, Usagi? –preguntó Luna

-porque ni siquiera Mamoru supo explicarme cómo había llegado a pensar eso. Sólo me dijo que los dos le despiertan el mismo sentimiento de aversión y que tienen la misma mirada…

"Sé que no son las más convincentes razones que te puedo dar, Usa –le había dicho Mamoru- pero tienes que creerme"

-Si lo pensamos bien el que los encapuchados hayan dejado de seguir a Usagi coincide con la obstinación de Threx por acompañarla a todas partes –mencionó Artemis

- si Threx fuera en realidad uno de los encapuchados tal vez no esté actuando para separar a Usagi y a Mamoru sino para protegerla –agregó Luna

Mako colocó su mano sobre el hombro de Usagi, llamando la atención de ésta

-¿Usagi, qué tanto confías en ese chico?

La rubia esquivó la mirada de su amiga y volvió a concentrar su atención en los dos pedazos de tela sobre la mesa. Aunque aceptaba que era molesto tener a Threx en todas sus citas, él seguía siendo su amigo. Y, sin embargo, aunque conocía lo suficiente a Threx para catalogarlo como buen chico, Usagi también dudaba de él. Pero sus razones eran muy distintas a las de Mamoru…

Recordó su sueño sobre el Milenio de Plata. El rostro de Threx en él, tan inesperado que aún no dejaba de sorprenderle. Se recordó siendo la princesa Serenity y hablando a ese chico con infinito amor. Pero todavía no podía afirmar que ese sueño y lo que vio en él fuera cierto. Aunque el averiguarlo era una tarea que también tenía pendiente…

-¿crees en las reencarnaciones? –retumbó en su mente su propia voz, regresando desde su recuerdo de esa tarde en la que caminaba hacia el hospital donde se hallaba Mamoru, acompañada por Threx.

El chico que con gran facilidad se adaptaba a su paso tranquilo ni siquiera se detuvo a pensarlo. Contesto con la misma sonrisa de siempre:

- estoy seguro de que es posible que se vuelva a nacer. Aunque creo que si se reencarna es porque se dejó algo pendiente en la vida anterior.

-¿algo?

- un dictado del destino, una misión por cumplir –dijo con gran seguridad en su voz, pero también con un toque extraño. Contempló el rostro grave de él, enmarcado por el cabello castaño corto que caía con absoluta naturalidad, sus ojos verdes que miraban más allá de la calle y de los edificios, más allá del cielo y quizá aún más allá, hacia otros lugares lejanos en el espacio y en el tiempo. Y observándolo así se dio cuenta de que Threx era un chico realmente atractivo. Pero de inmediato corrigió ese pensamiento, porque ella no debía de sentir ni siquiera una pizca de atracción hacia Threx. Ella amaba a Mamoru. Threx volteó a verla en ese momento y volvió a mostrar una sonrisa dulce aunque tenue- ¿y tú Usa, crees en eso?

-¿yo? – dijo, atrapada mientras sus pensamientos bogaban por otros rumbos- sí, yo también

- y ¿te gustaría saber si tuviste otra vida antes…? quién fuiste, cual fue la razón de tu muerte o… cuál es la razón por la que estás aquí de nuevo…

Usagi se quedó callada sin saber cómo contestar. Es más ¿cómo es que él había terminado convirtiéndose en el interrogador cuando ella era la que buscaba respuestas?

-no lo sé. Quizá ni siquiera podamos elegir si recordar o no –dijo pensando en el momento en que se transformó en la princesa Serenity. Nadie le había dado la opción de recordar o no, el pasado había vuelto sin aviso alguno y ni siquiera pudo rechazarlo una vez recuperado.

-sí, lo más probable es que no podamos elegir…

No se dijo nada más del tema pues habían llegado al hospital, así que Usagi se quedó sin poder averiguar si Threx era en verdad el hombre que había aparecido en sus sueños, o de serlo, si recordaba algo. Tampoco le habló de eso a Mamoru. Ya había demasiados pendientes a aclarar en su relación como para meter aún más dudas. Además la desconfianza de Mamoru hacia Threx ya era bastante. Si le hubiera dicho de su sueño los días al lado de los dos pasarían de ser tortuosos a insoportables. Sin embargo, a veces se preguntaba si ese día en que abrió el álbum dorado y preguntó quién era la hermosa chica de despampanantes cabellos rubios, finos rasgos y bellos ojos verdes que estaba a su lado Mamoru había sentido ese mismo curioso borboteo en su corazón que ella había nacido en el suyo después de ver el rostro de Threx en su sueño. Esa sensación incómoda de haberle traicionado.

La segunda razón era tan vaga e irracional como lo eran las de Mamoru. No era antipatía hacia Threx, se trataba más bien de temor. No sabía por qué pero cuando los dejaba solos como había pasado unas horas atrás, no importaba que sólo hablaran, no importaba que Threx le dijera que deseaba convertirse en amigo de Mamoru ni cuan amistoso pareciera, su cuerpo ya lleno de tensión luego de permanecer tanto tiempo juntos, se llenaba de un urgente, irresistible deseo de separarlos. Aunque tal vez eso era porque no parecían permanecer unos segundos sin que parecieran estar a punto de discutir.

-hay mucho de Threx que no sé –habló Usagi al fin- Pero él es un chico amable… -hizo una ligera pausa, pensando en el hecho de que Threx pudiera estarle ocultando que él era el encapuchado de dorado. Cuando Mamoru dijo que se trataban del mismo chico, ella inevitablemente recordó su sueño y pensó que esa posibilidad podía ser cierta. Pero aún así… - y aún cuando fuera el encapuchado de dorado, no tendríamos razones para desconfiar de él. Ellos nos han ayudado siempre, incluso me salvaron la vida

-es cierto que no parecen ser nuestros enemigos, pero aún no sabemos mucho sobre ellos, no podemos confiar ciegamente, Usagi –recomendó Artemis

-pienso que Mamoru tiene razones para sentirse celoso –comentó Luna para sorpresa de las chicas y de Artemis, pues luna no solía salir de esos temas para volver al del amor y los celos- Usagi ¿te das cuenta de que crees más en las palabras de ese chico que asegura buscar sólo tu amistad que en las de Mamoru que te pide desconfíes de él?

Usagi se quedó callada. Aquellas palabras la habían impresionado tanto que luego de unos segundos de mutismo las chicas comenzaron a preocuparse por ella.

-vamos Usagi –comentó Mako- eso es porque Mamoru y tú acaban de salir de una crisis, y apenas y han podido hablar hasta ahora

-además ustedes se quieren –mencionó Mina- hay tanto amor y tanta pasión que incluso tememos por ustedes. Si Mamoru no fuera un chico tan sensato, quién sabe a donde podrían haber ido a parar ese día que les encontramos en el parque de juegos.

Aquella alusión desvaneció el estupor de Usagi e hizo explotar el rojo en sus mejillas. De inmediato había recordado la vergüenza que sintió cuando las chicas los pillaron besándose.

-fue justo como una escena de película, quizá más incluso –continuó Minako- Era tan intenso, parecía que estuvieras a punto de devorarlo Usagi. Fue bueno que él detuviera a tiempo tus manos porque si no…

-devorarlo… –repitió Usagi, sin comprender a qué se refería su amiga.

-vamos, Usagi no pongas esa cara de quien no sabe nada –le palmeó la espalda Mina con camaradería- todas te vimos ¿cierto, chicas?

-Mina no creo que eso nos incumba –mencionó Ami con la cara roja

Usagi parpadeó. Aún no entendía. Todas parecían enormemente incómodas y Mina hablaba de devorar, de pasión y deseo, como si aquello hubiera ido más allá de un beso. Pero ella no recordaba que hubiera ido más allá. Ni siquiera estaba segura de que ese hubiera sido un beso verdadero. No en esas circunstancias. Lo primero que le venía a la mente al recordar aquello era su propia desesperación, su temor de sentirlo ahí pero de que él estuviera muy lejos en realidad. Pero luego se recordó a sí misma besándolo con desesperación, con violencia, apretando su cabello negro entre sus dedos, tocando el frío de las mejillas de él, acariciando la solidez de su cuello; el tacto de su clavícula derecha bajo la piel tersa, su propia mano recorriéndole el pecho con ansias. Recordó la mano de él deteniendo la suya y apartándola con dulzura cuando ésta descendía por el torso cubierto de vendas. En ese momento lo único que había deseado era sentirlo suyo y esa idea había bloqueado todo lo demás. - por Dios yo…¡yo le hice todo eso a Mamoru…!

Las chicas casi se fueron de espaldas

-lo dices cómo si un espíritu te hubiera poseído en ese momento –dijo Rei

Quizá eso había pasado, pensó Usagi, porque jamás habría hecho aquello con tanta premura y determinación ¡y mucho menos en un parque de niños, en vía pública! Pero esa no era una buena excusa para darle a Mamoru ¿qué habría pensado él cuando se comportó así? Tampoco sus amigas le creerían…Sus amigas. Miró fijamente a todas un segundo y el rojo encendió su rostro con una furia inimaginable. Casi pudo verse a través de los ojos de ellas, mirando aquello… "Devorando" esa palabra había dicho Mina. Y ahora incluso parecía pequeña.

-ejem, hablando de eso, hemos terminado el plan –dijo Ami, que apenada, no deseaba entrar en más detalles de la intimidad de su amiga

-¡cierto! para mañana a esta hora Mamoru y tú se sentirán a gusto de haber tenido un día solo para los dos –agregó Mina con un guiño- ya tenemos planeado lo que cada una hará…

Fue hasta entonces que Usagi volvió por completo del viaje de sus pensamientos

-muchas gracias chicas –les interrumpió- pero el plan ya no va a ser necesario

-¿cómo?

Un rojo muy distinto a los anteriores pintó las mejillas de la rubia. Parecía enormemente emocionada.

-Mamoru y yo hablaremos esta noche…en el crucero romántico.

# #

Michiru retrocedió con rapidez, sin un sólo rasguño; sosteniendo la escoba entre las manos, empuñándola como si fuera un arma defensiva.

Este segundo ataque había tenido más que fuerza física. La casa, que recibió el golpe directamente, tembló estremecida hasta el fondo y los soportes principales se vencieron con un hondo crujido. La mitad del techo cayó en un santiamén, inclinada en una nube de polvo y desastre.

- quién eres y qué quieres –espetó el hombre, aprovechando el breve respiro pero dispuesto ya a seguir con la ofensiva

-yo también necesito saber algunas cosas –dijo ella, esperando con ojos sagaces el momento en el que decidiera atacarle

-ninguno de los dos dirá nada por las buenas ¿cierto?

-así parece –confirmó Michiru y de inmediato tuvo que usar la escoba como arma defensiva pues el extraño había dejado su posición para lanzarse sobre ella. Una luz negruzca en forma esférica surgió de la mano del él y se estrelló en el palo de madera que sostenía por ambos extremos. Usando toda su fuerza logró lanzar a su oponente hacia atrás justo antes de que el palo de madera quedara hecho trizas por el ataque. Y así, sabiendo que su defensa estaba aniquilada decidió lanzarse a la ofensiva con una veloz barrida. El extraño no la pudo esquivar y cayó al suelo con un sordo sonido que levantó el polvo del suelo.

Cuando él volteó hacia arriba, aún sin siquiera haber movido un sólo músculo, notó uno de los pedazos de escoba terminado en punta señalando a su cuello, sostenido por la firme y a la vez delicada mano de aquella joven de cabellos aguamarina que le miraba de pie, recortada contra el cielo teñido de rojo.

-eres buena –murmuró él, levantando los brazos lentamente. Entonces la joven apretó el pedazo de madera contra su cuello, ligeramente. Él se detuvo, con los brazos arriba, en una posición parecida a la que se hace cuando se quiere dar a entender que se busca la paz.

-pierdes tu tiempo conmigo, no diré nada –espetó él

Michiru sonrió hermosamente

-ya lo veremos –dijo y con un movimiento rápido intentó descubrir el rostro del encapuchado pero éste también se movió con rapidez y en esta ocasión Michiru por poco y no esquivaba la energía esférica que pasó rozándole por la mejilla, llevándose con ella algunos hilos de cabello aguamarina. Él era demasiado rápido, tendría que ser muy ser cuidadosa. Esquivó una energía más y usando ambas manos detuvo con éxito un puñetazo que habría podido llegar a su estómago. Entonces, para su sorpresa las manos de él se abrieron y sujetaron las suyas. También era bastante fuerte. No podía liberarse de su agarre. Dirigió una mirada veloz a su rostro que parecía más que satisfecho, como seguro de su victoria y bajó la mirada justo a tiempo para percatarse de la energía creándose en el puño del hombre, formándose en segundos. No escapó del todo. La fuerza de la energía explotando contra sus manos la lanzó hacía atrás y quemó estas superficialmente.

A Michiru le sorprendió que aquel hombre pudiera crear energías tan destructivas en tan poco tiempo. En ese momento había ya dos nuevas esferas en sus manos que seguramente se habían creado mientras ella era lanzada hacia atrás por el ataque. Las esquivó con un movimiento casi acrobático. Definitivamente no podía distraerse. Ni siquiera tendría el tiempo suficiente para transformarse. Y eso ya era una desventaja.

Una energía luminosa surgió entonces entre ellos, desgarrando el suelo, rebanándolo en dos bruscos pedazos de rocas salientes.

En el sentido en el que había aparecido ésta, distinguieron una silueta femenina, acercándose lentamente entre los árboles. Cabello corto, botines con ligero tacón, falda oscura, guantes blancos. Su presencia era como una música armoniosa y elegante, pero dinámica y enérgica a la vez. Pétalos de rosa roja, salidos de quien sabe dónde, flotaron frente a ella, llevados por una brisa suave.

Michiru disimuló una sonrisa.

-Soy parte de una nueva generación. Mi nombre es Sailor Uranus y entraré en acción –se escuchó resonar la voz ligeramente grave pero claramente femenina de la recién llegada.

El hombre abandonó sus intenciones de atacar y se quedó en su sitio sin decir palabra, como si se hubiera quedado boquiabierto.

-una sailor senshi –murmuró para sí mismo

- yo seré tu oponente ahora –agregó Uranus, colocada ya frente al extraño

-no lucharé con una senshi –replicó el hombre, abandonando completamente su postura de pelea, afirmando también con el movimiento calmado y destensado de su cuerpo que la batalla no seguiría. A pesar de lo dicho, Michiru y Sailor Uranus continuaron mirándolo con desconfianza y cautela. El extraño se dirigió entonces a Michiru- ¿también eres una senshi?

La aludida sonrió ligeramente, irguiéndose

-sí

-Michiru

-no hay problema, Uranus. Él sólo quiere confirmar si soy del bando de las senshis o no –dijo acomodándose el cabello con un sencillo aunque refinado movimiento de la mano- En todo caso, si dijera que no para proteger mi identidad, el interrogatorio comenzaría de inmediato e incluso tendríamos que volver a luchar: porque él se ha dado cuenta de que no soy una persona común –entonces clavando la mirada en el extraño- ya sabes quienes somos dinos ahora quien eres tú.

-sé que las outer senshi son más poderosas e independientes que las inner senshi –dijo el hombre que no porque hubiera decidido dejar de pelear se mostraba más amistoso- Sus misiones son incluso distintas. Actúan para cumplir estas y no necesitan el permiso de su princesa para moverse. Pero nosotros somos diferentes. No puedo revelar mi identidad ni nuestra misión a menos que él me permita hacerlo.

-¿él?

-mi señor, la persona a la que debo obediencia y protección –dijo, únicamente, y dirigiéndose a Michiru-: por eso te dije que perdías tu tiempo conmigo

Las palabras del extraño sonaron determinantes y Michiru y Uranus supieron que no mentía.

-entiendo –soltó Uranus luego de un corto silencio en la que enfrentaron miradas, midiendo valor y lealtad- sin embargo, hay algo que puedes decirnos y que es necesario que sepamos si no quieres que el enfrentamiento continúe. Esa persona de la que hablas, ¿de qué lado está?

El desconocido asintió

-del lado de la Tierra

-venimos por el rumor de una zona extraña en medio del mar –comenzó a decir Michiru

-Algunos marineros dicen que se trata de una isla mágica, que desaparece y aparece a su gusto –indicó Uranus- otros dicen que es una tierra extraña, una dimensión diferente. Lo único cierto es que por siglos los que han navegado por esos mares no regresan nunca. Creemos que se trata de la isla del inicio

-Sin embargo, se dice que el barco que encalló aquí hace poco pasa por esa zona sin ningún contratiempo –le secundó Michiru- incluso se rumora que se detiene en el centro mismo de esa zona.

-por eso pensaban introducirse en el barco –dedujó el desconocido y sabiendo que ellas no responderían, continuó- si investigan la isla del inicio es porque están al tanto del despertar de Samas, y porque también conocen la profecía. Pero ¿qué es lo que pueden buscar en esa tierra sagrada?

-eso es confidencial –le atajó Uranus

- sin embargo, no esperábamos que alguien más se nos adelantara y encontrara la isla primero –mencionó Michiru- ¿puede saberse qué está planeando tu señor al llevar tanta gente a esa isla?

-ya les he dicho, no puedo revelarles nada. Sin embargo, no creo que mi señor tenga algún inconveniente en hablar con ustedes –entonces dio la vuelta en actitud de marcharse- las esperaré esta noche en el puente de mando del barco. Habrá guardias desde la cubierta principal hasta los camarotes pero supongo que no será difícil eludirlos tratándose de ustedes.

# #

Luna soltó un profundo suspiro y dejó caer la cabeza sobre el cojín en el que su estirado cuerpecito lleno de vendas descansaba.

- no cabe duda de que ahora que la vida de Mamoru está a salvo Usagi ha abandonado por completo los libros para volver a ser la de siempre –-soltó Artemis mirando a las chicas que hablaban con gran entusiasmo, armando un gran alboroto alrededor de la mesa llena de tazas de té y platos con panecillos. De entre ellas resaltaba una Usagi recargada de energía, tan alegre como hacía tiempo no se le veía- además el que Mamoru haya aceptado ir al crucero es suficiente motivo para que se ponga tan feliz.

Luna levantó la cabeza y lanzó una mirada incisiva hacia Artemis

-¿cómo? No me digas que le apoyas Artemis –reprochó- nos reunimos aquí para hablar sobre el nuevo enemigo, no sobre el crucero

- no es que las apoye Luna, pero un descanso no les iría mal. Han trabajo duro, sobretodo Usagi –se defendió Artemis- además tú misma abandonaste el tema principal el día de hoy

Luna lanzó un segundo suspiro, cerró los ojos y volvió a clavar el mentón en el cojín, con resignación, pero sus orejas temblaron ligeramente y se levantaron de inmediato cuando Usagi afirmó con seguridad:

-y ya tengo el vestido perfecto, ji ji ji. Incluso Rei se sorprenderá de la bonita que me veré

-no creo que eso llegue a suceder –aclaró Rei, bebiendo un poco de su té

-¿es que ya te habías preparado por sí Mamoru aceptaba, Usagi? –preguntó Mako

-no –dijo con misterio y el mismo aire alegre- ya lo verán esta noche

- sólo espero que ese vestido no tenga nada que ver con la pluma de transformación -dijo Luna sin abrir los ojos. Esas palabras fueron suficientes para transformar el iluminado rostro de Usagi. Y agregó Luna al verlo-: lo suponía

Una gotita apareció sobre la cabeza de las cuatro amigas humanas de Usagi

-sabes que no puedes usar la pluma para cosas como esa Usagi -la reprehendió Luna

- pe…pero Luna -dijo ésta

-no, y no insistas. ¡Justo cuando pensaba que habías madurado un poco! Parece que hay cosas que nunca cambiarán -suspiró

Pero Usagi ya no la escuchaba. Estaba desilusionada. Los vestidos que tenía en casa no eran suficientemente hermosos para una ocasión tan especial y de comprar uno nuevo ni hablar, tendría suerte si encontraba telarañas en su alcancía.

-es bueno que Usagi pueda tener el tiempo que necesita para hablar con Mamoru -mencionó Mina- Aunque creo que el plan que creamos tampoco hubiera resultado tan mal. Tal vez podamos aplicarlo en otra situación. Posiblemente tú Ami lo necesites

-¿y…yo?

-sí, para tener un momento a solas con Yoshiki, lejos de todos los libros de medicina que les distraen, o tú Mako…

-yo creo que el vestido rosa que tienes se te vería muy bien -murmuró Luna en ese momento al ver acercarse a Usagi hacia donde estaba ella. Usagi se sentó con las piernas extendidas y la espalda recargada en la puerta corrediza. Lo que había dicho no había hecho mudar la aflicción del rostro de Usagi y sintiéndose un poco culpable agregó-: deberías levantar el ánimo, seguramente será una noche muy agradable para ti aún sin un vestido espectacular

-es que yo quería lucir muy hermosa esta noche –dijo la rubia con un especie de puchero

-lo harás, y sin necesidad de un suntuoso vestido

-Hoy logré hablar un poco con Mamoru acerca de mis sentimientos –soltó Usagi- En realidad fui yo la que estuvo hablando todo el tiempo…. –se quedó en silencio un segundo y su rostro pasó entonces de un ligero sentimiento de aflicción a uno verdadero- él no puede evitar sentirse preocupado por Akiko y yo no puedo evitar sentirme celosa por eso. Es como si hubiéramos entrado a un callejón sin salida –volteó a ver a su amiga y le mostró una triste sonrisa- No sé en qué vayan a terminar las cosas después de que hablemos en el crucero, pero aunque sólo sea por esta noche he decidido que me olvidaré de todo y disfrutaré al máximo las horas que pase junto a Mamoru.

-ay Usagi, entiendo eso, pero la felicidad jamás podrá depender de un vestido –aseveró Luna- cuando dos personas se aman lo que menos importa son esas cosas. Puedes lucir un vestido hermoso, incluso ser la mujer más bella de la tierra, pero si no estás con la persona que amas no sentirás más que desdicha en tu corazón.

Usagi asintió, algo resignada y Artemis que había escuchado la conversación compartió una mirada preocupada con Luna.

-no, para nada –negó Mako en ese momento. Usagi, al igual que Luna y Artemis, dirigió la mirada hacia el resto de sus amigas cuya plática se había desenvuelto hacia otros rumbos -Sotaro y yo nos conocimientos en un elevador. No creo que eso sea romántico.

-depende desde qué punto lo veas –afirmaba Mina- dices que los dos, al mismo tiempo, impidieron que las puertas del elevador se cerraran, como si instintivamente supieran que estaban a punto de dejar ir a su otra mitad. Eso es romántico. Además el te flechó desde que lo viste ¿no?

Makoto se sonrojó

-sí bueno, la verdad es que cuando vi su frente, sus ojos, la forma en la que su cabello caía y sus hombros anchos lo primero que pensé fue que…

-era igual a tu senpai –le respondieron sus amigas a coro

-¿qué? ¿cómo lo supieron? –dijo Makoto, francamente sorprendida

-Mako pensamos que ya habías superado eso –dijo Mina con el mismo tono de una madre desilusionada que nota que su hijo sigue mojando la cama luego de noches de no hacerlo.

-por supuesto que lo he superado, pero ¡es que él de verdad se parecía a mi senpai!

-¡ay, Mako! –expresó alguien más mientras todos los rostros parecían expresar lo mismo: "Mako aún es una chica enamoradiza".

-bueno, ya sé quien necesita el plan que creamos –determinó Mina- Rei, tú tienes dos chicos enormemente enamorados de ti, después de Usagi eres la segunda con más problemas amorosos…

-no lo creo –dijo la aludida con firmeza- entre Yuuichirou y yo nunca se ha dado nada y Unkei dejó el vestuario del templo y se llevó todas sus cosas así que probablemente se marchó –agregó con actitud indiferente y voz fría, como si el hecho de que aquella persona se hubiese marchado no le importara en lo más mínimo.

-hace tiempo que no lo veíamos pero nunca pensé que se había marchado –comentó Mina

-¿pero se fue sin decirte nada? –preguntó Mako, preocupada por su amiga

-dijo que regresaría y nunca lo hizo –continuó Rei- fue realmente irresponsable, hemos tenido que reorganizarnos para cubrir el trabajo que le tocaba a él y aún así no hemos podido darnos abasto con los quehaceres del templo.

-pero Rei, tú…

-yo estoy bien, Ami –dijo la pelinegra intentando mostrar seguridad- no tengo tiempo para pensar en él. Unkei se ha ido pero tengo el trabajo del templo y mis responsabilidades como sailor senshi, el fuego sagrado apenas y me muestra algo sobre el nuevo enemigo y sobre los encapuchados, así que tengo que esforzarme más.

Nadie quiso decir palabras alentadoras que sabían que no servirían de nada, así que se quedaron calladas. Después de todo no irían las cinco al crucero.

-Usagi da todo de ti esta noche ¿de acuerdo? –le alentó Rei cuando llegó la hora de marcharse y todas comenzaron a despedirse de Rei, Luna y Artemis.

-Rei –murmuró Usagi, sin saber cómo decirle que comprendía lo que estaba sintiendo y que admiraba su fuerza. Al final no hizo más que asentir y regalarle una fresca sonrisa, esperando que ésta pudiera a su vez levantar el ánimo de su amiga.

# #

Unkei, enfundado en su larga capa color gris, se colocó el antifaz con cuidado y dejó caer la capucha sobre la cabeza. Después se giró hacia la puerta y recargado en una estrecha mesa pegada a la pared esperó pacientemente. Era cerca de la media noche cuando se escucharon pasos del otro lado, acercándose rápidamente. El sonido sordo de tacones aumentó pero la velocidad de los pasos aminoró. Ahora parecía que únicamente caminaban. Y de pronto, abruptamente, no hubo más que silencio. Entonces supo que pronto se abriría la puerta.

- sabía que lo lograrían –dijo mientras el piso frente a él se iluminaba por la luz del pasillo que llegaba desde la puerta abierta. La sombra de las dos mujeres paradas en el umbral entró sin pedir permiso y se extendió hasta alcanzar los pies de él.

La figura de él se distinguía a la perfección, iluminada por la luz de la luna que entraba a través de la decena de cristales del puente de mando.

-tu líder no está aquí, ¿es que buscabas tendernos una trampa? –preguntó con dureza la sailor de voz más grave y cuyo nombre no había olvidado: Sailor Uranus. Ninguna había dado un paso dentro. Ellas seguían desconfiando de él, evidentemente.

-él tiene otras cosas que hacer en Tokio. Aún así, ha aceptado hablar con ustedes –entonces dejó de recargarse en la mesa y reveló el aparato telefónico tras él –ya que han llegado puedo llamarle.

Las sendas miradas de las senshis se mantuvieron fijas en él mientras les daba la espalda y marcaba el número, también mientras sonaron los "bips" acostumbrados y mientras saludó y anunció a su señor que ellas estaban ahí.

-pon el altavoz –le ordenó la voz de su líder del otro lado de línea

-como deseé –dijo y de inmediato apretó el botón correspondiente. Volvió a darle la espalda al teléfono y sin despegar la mirada de las sailors, inmóvil en su sitio, escuchó la voz de su señor extendiéndose fuerte y clara.

-buenas noches, sailors sanshis –se oyó una voz masculina hablando con lentitud y cortesía

-supongo que tu guardián ya te ha puesto al tanto de lo que pasó hoy –dijo Uranus sin contestar a su saludo

-así es –respondió el otro- Y pueden comenzar con las preguntas si eso es lo que desean

-¿quién eres? –inquirió de inmediato la otra sailor que esta vez había dejado su indumentaria de campesina y usaba aquel traje de marinero de curiosa falda corta y plegada que caracterizaba a las senshis.

- es algo complicado de contestar –dijo y el tono de voz sonó como si del otro lado sonriera- mi nombre es Threx. Y estoy aquí para completar la misión a la que fui destinado.

-¿Threx? No es un nombre japonés -espetó Uranus- quizá tampoco sea de ningún país actual

- tampoco en el Milenio de Plata llegué a oír ese nombre –agregó la sailor de cabellos aguamarina

-las outer senshis se comunicaban poco con los habitantes de los planetas interiores y cuando llegaban a hacerlo era únicamente con la Luna, así que lo más probable es que no hayan escuchado el nombre de un terrestre como yo ni siquiera por error. Ahora me gustaría hacerles una pregunta: Una de ustedes es la guardiana del planeta Urano, Sailor Uranus. Me gustaría saber cuál de los restantes nombres pertenece a nuestra segunda visitante, ¿Plut, Neptune o Saturne?

-Sailor Neptune –respondió secamente la segunda sailor

Threx se quedó callado un segundo, quizá reflexionando sobre el hecho de tener en ese barco a Sailor Uranus y Neptune o quizá sólo pensando en cuál sería la mejor pregunta que hacer a continuación.

-¿Plut y Saturn se unirán pronto a la batalla? –soltó de pronto

-Plut no puede actuar con toda la libertad que quisiera, sin embargo, aparecerá cuando realmente sea necesario –explicó Neptune- y Saturn es apenas un bebé.

-es una lástima porque en esta batalla necesitaremos de todos los guerreros posibles -dijo Threx con cierto toque de preocupación en su voz

-tu guardián dijo que estaban de lado del la Tierra y tu mencionaste que tienes una misión –comenzó a decir Neptune- ¿eres el dueño de "ese cristal"?

-sí, lo soy –respondió Threx con más rapidez y certeza de la que las sailors esperaban.

Uranus empuño entonces las manos y las apretó con fuerza. Su ceño se había fruncido de una forma más cercana a la molestia que a la desconfianza que hasta entonces había mostrado su rostro duro.

-él apareció cerca de mí el mismo día en que Samas despertó –dijo- Desde entonces no lo he abandonado una sola hora.

-¿por qué te ocultas de nosotras entonces? ¿a qué le temes? –exclamó Uranus

Esta vez se escuchó claramente la risa suave de Threx

-no les temo, ni tengo porque ocultarles nada –respondió con increíble calma- si no me encontré con ustedes personalmente es porque mi deber principal en este momento es proteger a la princesa Serenity, a Sailor Moon – el seño de Uranus se frunció aún más- el poder de las inners senshis no es suficiente para protegerla de los guerreros de Samas y tampoco el de mis subordinados. Por eso he tenido que hacerme cargo en persona.

-entonces lo sabes todo, incluso lo que deberás hacer –mencionó Sailor Uranus

-ustedes parecen tener algunas dudas aún. Pero eso tiene solución. Unkei les entregará un sobre que contiene hojas antiquísimas. Fueron guardadas escrupulosamente en la isla del inicio y en ellas se narra lo sucedido aquel día. Es el único documento donde está escrita la profecía completa. Pueden examinarlas todo lo que deseen –Unkei abrió un cajón apenas visible en la parte izquierda de la mesa y sacó un sobre tamaño oficio que extendió a las sailor. Éstas no parecían convencidas de entrar, sin embargo, Uranus dio unos pasos al interior y tomó con rapidez el sobre- Unkei ¿estás usando tu antifaz y tu traje gris, cierto?

-sí

-quítatelos –dijo sin posibilidad de réplica- posiblemente nuestras invitadas necesiten contactarnos más tarde. Tú serás su contacto.

-como ordene, Threx –contestó con humildad y aunque no estaba muy convencido se despojó de su antifaz y lentamente se descubrió la cabeza. Los ojos plateados y el cabello dorado resplandecieron a la luz de la Luna. A pesar de estar revelándoles su identidad no se mostró indefenso, al contrario, sostuvo la mirada de las dos y se irguió en señal de fortaleza.

-leeremos esto y regresaremos –dijo Uranus dando la vuelta- aún hay mucho que necesitamos preguntar

-las esperaremos –finalizó la voz de Threx

La puerta se cerró tras las dos sailors y el puente volvió a la sutil oscuridad de antes. Threx seguía en el teléfono pero no hablaba, se había quedado mudo, como él. Apoyó las dos manos en la orilla de la mesa y dejó caer el mentón sobre el pecho.

-¿Te preocupa, Unkei, que ellas sepan más de nosotros de lo que nosotros sabemos de ellas? –soltó Threx

-¿por qué busca la amistad de las outer senshis? usted nos dijo desde un principio que tarde o temprano nos enfrentaríamos en una batalla con las inners senshis ¿por qué es diferente con ellas?

-las outer senshi se guían por su deber, al igual que nosotros. Eso hace que haya una mayor posibilidad de que podamos entendernos.

-¿y si no es así? ¿si ellas revelan quién es usted, todo, a las inner senshi?

-lo dudo

Threx, del otro lado del teléfono echó una mirada a un apesadumbrado Seiho derrumbado en la sala desde antes que iniciara la conversación. Sonrió sutilmente.

-tengo que colgar ahora –agregó- Seiho está aquí y parece que tiene algo importante que decirme

-¿Seiho? –murmuró Unkei, pensando en voz alta

-mantenme al tanto de lo que pasa allá

-así lo haré –dijo Unkei antes de que Threx colgara el auricular.

Al escuchar su nombre Seiho había salido bruscamente de su sombría meditación, levantando la mirada y haciendo destellar sus ojos dorados. Pero luego volvió a dejar caer la cabeza, justo con la misma debilidad con la que sus brazos caían sobre sus piernas, las manos temblando sutilmente en el aire.

-¿qué es lo que tienes que decirme? –preguntó Threx, desplomándose en el sillón frontal a aquel donde se hallaba Seiho, separados únicamente por una sencilla pero elegante mesa de centro.

Seiho calló un buen rato. Al fin, trago saliva y dijo con voz baja pero firme:

-las sailors senshis asistirán a la velada romántica en crucero –luego dudó, pero agregó-: Nosotros las invitamos

El rostro calmado de Threx había perdido su sonrisa.

-¿qué dijiste? –inquirió con una extraña calma

-lo hicimos sin saber que tenía planeado llevar a la princesa. Y ahora es demasiado tarde. Ellas están demasiado ilusionadas con ese crucero.

-aún pueden inventar una excusa y cancelar –agregó Threx con simpleza

-lo sé señor y lo hemos pensado –dijo con humildad- pero no vamos a hacerlo

-Ya veo –soltó Threx que se había puesto de pie y ahora caminaba de un lado a otro de la habitación- Han desobedecido mis órdenes y han puesto en riesgo el plan… Se han revelado contra mí

-¡no señor! –replicó Seiho con premura, poniéndose de pie- ¡buscaremos la forma de que ellas no intervengan. Nosotros nos encargaremos de todo!

-jamás debí permitir que su amor por ellas se profundizara. Debí cortarlo de raíz hace días…

Seiho no levantó la mirada, avergonzado. Aunque no se arrepentía de lo que había hecho, a pesar de saber que las consecuencias serían altas. Sin embargo, ni él, ni sus demás compañeros sabrían cuán catastróficas serían hasta la noche en que el crucero romántico zarpó.

Después de un tenso y largo silencio Threx caminó hacia a la puerta de entrada y lo miró por encima del hombro, sus ojos y sus palabras llenos de frialdad.

-muy bien –soltó- dile a Yoshiki y a Sotaro que nos veremos entonces en ese crucero

A pesar de que sabía que era una temeridad, Seiho se atrevió a lanzar una última pregunta

-¿y Unkei, señor?

-¿el también invitó a Sailor Mars? –se sorprendió Threx- No me ha mencionado nada así que probablemente él sí ha cancelado. Dejó que Tuxedo Kamen descubriera su identidad y le fue imposible pagarme el error ideando una forma más sencilla de proteger yo mismo a la princesa que entrando como tercero en discordia. No puede fallarme más.

Seiho asintió, sin levantar la cabeza.

# #

Rei torció una ceja mirando los dos trozos de tela frente al fuego sagrado que chisporroteaba con calma, coloreando la habitación de tonos naranjas y sombras titilantes. Esos dos pedazos de tela le decían tanto como el suelo que habían pisado los encapuchados. Absolutamente nada.

Lanzó un suspiro. Estaba agotada. Tal vez Usagi tenía razón y era mejor dejar a esos chicos en paz; concentrarse totalmente en investigar más sobre el enemigo. Sin embargo, ellos sabían más de lo que aparentaban. Si lograban descubrir quienes eran, dónde estaban, tal vez algunas de sus más grandes preguntas podrían ser respondidas.

- nunca confié en Saionji Unkei –pronunció alguien a su espalda- pero usted sí, señorita Rei.

Se giró levemente, sin abandonar la posición en la que estaba sentada. Había estado tan concentrada que no se percató de la presencia del chico. Yuuichirou se hallaba de pie tras ella, en medio de las dos puertas corredizas; llevaba la vestimenta masculina del templo, como generalmente hacía cuando se encontraba dentro del área, y una escoba en la mano que parecía haber olvidado dejar en su lugar luego de barrer.

-estoy concentrada en algo importante, no me interrumpas ahora… -exclamó, volviendo la mirada al fuego sagrado

-pensaba que ese tipo era un patán, por eso no quería permitir que tuvieras algo con él –insistió Yuuchirou sin ninguna intención de hacer lo que ella le pedía - y también por eso lo seguí cada vez que salió del templo. Deseaba mostrarte quién era en verdad. Pero siempre le perdía la pista. Entonces desistí. Aunque jamás lo hubiera hecho si no me hubiera dado cuente de que él la quiere de verdad, señorita -Las manos de Rei sobre las piernas, temblaron como recorridas por una súbita y fugaz energía eléctrica- Y usted lo quiere también. Se enamoró de él desde que apareció por primera vez con esa pose de galán y esa sonrisa que la deslumbró; se enamoró de él aún cuando yo también estaba ahí –dijo y en sus palabras se traslució el dolor.

Ninguno agregó más palabras durante algunos segundos. Rei había dejado de pensar en los hermanos de Akiko, el nuevo enemigo y los dos trozos de tala frente a ella y ahora su mente volaba hacia otros temas.

-¿Qué harías si el regresara y me pidiera nuevamente ser su novia? –soltó de pronto

Él no tardó mucho en responder, a pesar de que la pregunta le había tomado por sorpresa

-yo sabía que aquel día la invitaría a ese crucero romántico del que todas las chicas hablan. Sabía que posiblemente en ese crucero él le haría nuevamente esa pregunta. Y sin embargo, no dije nada, ni evité que eso sucediera. Él la quiere y usted comparte ese sentimiento. ¿Qué podría hacer yo, señorita?

De golpe, Rei se puso de pie con los puños apretados

-¡Yuuichirou eres un tonto! –soltó y caminando decididamente pasó a su lado y se alejó de él

Yuuchirou parpadeó un segundo, sin comprender lo que había pasado. Volteó y miró el cuerpo de la joven andando por el patio.

-Eh? ¿señorita Rei qué…?

-¡deja de mirarme con ese rostro de bobo y ponte a trabajar Yuuchirou! ¡Aún hay demasiadas cosas que hacer!

Para Yuuchirou no cabía duda: Rei se había enfadado. Aunque aún no tenía ni idea de por qué.

- lo que quería decirle es que él ha desaparecido pero seguramente volverá –espetó haciendo que Rei parara en seco- después de todo le ha dejado ese pedazo de su cazadora ¿no?

Rei permaneció inmóvil un segundo, luego volteó a ver a Yuuchirou. No había comprendido al instante aquellas palabras o tal vez sí lo había hecho pero estuvo tan pasmada que no pudo sino lanzar una pregunta que le permitiera salir del asombro.

-¿cómo?

-de esos dos trozos de tela por los que ha estado preguntando al fuego sagrado y que mira con tanta preocupación señorita Rei, el de color rojo es de la cazadora de ese tipo. Lo sé porque la tela y el color son las mismas que las de esa cazadora que usaba el día en que se marchó.

-no puede ser –murmuró Rei para sí misma, sin impedir que la preocupación se extendiera en su rostro. Yuuichirou dijo algo más, una disculpa por haberse entrometido en sus asuntos, al parecer, y una frase titubeante sobre levantarle el ánimo pero ella sólo lo escuchó a medias. Había vuelto la mirada al frente y, sin embargo, no veía más que dentro de sí misma.

Intentaba recordar el día mencionado por Yuuchirou; el día que Unkei se había marchado para no volver…

-¿acabas de regresar? –se recordó a sí misma pronunciando esas palabras y entonces cayó en la cuenta de todo.

Dio la vuelta y caminó con paso decidido hacia el sitio donde dejó los dos pedazos de tela. Los tomó en sus manos, mirándolos fijamente y se dejó caer en el suelo de madera.

Ese día, había anochecido y ella iba a cerrar una de las puertas corredizas del templo cuando notó su presencia. Se hallaba de espaldas, sentado en la orilla del piso de madera; la cabeza baja y la espalda encorvada. Había caminado hacia él, mirando su espalda ancha tenuemente iluminada por la luz amarilla que escapaba desde dentro del templo.

"¿acabas de regresar?" Sí, había soltado esa pregunta porque de haber estado en el templo toda la tarde Unkei habría llevado la vestimenta de éste. Pero no era así. Recordaba ahora con claridad su pantalón beige, su camisa negra que había notado cuando se sentó junto a él, cuando contemplo aquel rostro, meditabundo, misterioso, casi triste. Recordó su primera imagen de él: una espalda cubierta por una cazadora roja, un rojo que se veía intenso ante la luz y marchito ante las sombras que se disputaban territorio en su espalda. El color era el mismo que el de ese trozo de tela, aún cuando éste estuviera sucio. La textura también parecía ser la misma que la que recordaba. ¿Cómo no lo había asociado antes?

-aún así este pedazo puede ser de otra cazadora, de otra persona –pensó en voz alta nuevamente- Debe haber cientos de cazadoras rojas.

- pensé que él se la había dejado pero tal vez usted tenga razón –contestó Yuuchirou- Después de todo yo sólo lo vi marcharse desde lejos. Y su cazadora no parecía tener ninguna rasgadura.

-no tenía nada, eh –murmuró Rei.

Por supuesto que no tenía nada porque la batalla aún no se llevaba a cabo. No. Ese pensamiento no debió haber surgido, aún no podía asegurar nada.

"¿alguna vez has tenido un secreto?" le había preguntado Unkei mientras ella se sentaba a su lado ese mismo día "uno que te ahogue"

"si hay algo de lo que quieras hablar, yo siempre estaré ahí para escucharte, Unkei… puedes confiar en mí, siempre."

"gracias" Esa había sido una de sus últimas palabras, pensó apretando el trozo de tela. Él había prometido volver al otro día pero no lo hizo. No volvió más.

Unkei había dicho cosas extrañas ese día; y llevaba esa cazadora roja minutos antes de que fuera avisada de la aparición de Akiko y el secuestro de sus amigas, antes de que tuvieran aquella batalla y Mako hallara en el suelo los dos trozos de tela. Podía ser una simple coincidencia… o podía no serlo.

Mantuvo la vista fija en las llamas del fuego sagrado que se reflejaban en sus pupilas negras de una forma viva y singular. No supo cuanto tiempo estuvo así, pero al final, cuando se puso de pie había tomado una decisión.

# #

Usagi suspiró profundamente luego de dejar su último vestido en la cama

Ninguno de ellos le convencía

La hora en que Mamoru le había prometido pasar por ella estaba cerca. De hecho ya se le había hecho tarde para arreglarse.

Ella misma se dejó caer sobre la cama y con las manos extendidas miró un momento el techo.

"Él no puede evitar preocuparse por Akiko y yo no puedo evitar sentirme celosa por eso. Es como si hubiéramos entrado a un callejón sin salida"

- después de todo lo que le dije me pregunto qué me dirá ahora –pensó Usagi- Mamoru…

Sin embargo, esa preocupación había dejado de afligirla con la misma fuerza. Rei había perdido al chico que le gustaba y sin embargo, había aguantado ese peso sola e incluso le había echado ánimos a ella. Estaba siendo demasiado egoísta y débil.

-¡Usagi, te has quedado dormida o qué! –le gritó la voz de su hermano pequeño desde el otro lado. Hasta entonces oyó los golpes que daba en la puerta.

-estoy tratando de concentrarme –contestó de mala gana mientras se encaminaba a la puerta para encarar a su hermano- qué es lo que…

Había girado la manija y al abrir la puerta con lo primero que se topó su vista fue con aquella caja rosa rectangular de estorbosas proporciones que Shingo sostenía en sus brazos.

-esto estaba fuera de la casa. Tiene tu nombre.

-¿para mí? –murmuró sin poder creerlo

Tomó la caja y la depositó en su cama. Un listón ancho la decoraba y permitía que se mantuviera cerrada hasta que las manos indicadas desataran el hermoso moño en la parte superior.

Cuando Usagi destapó la caja con curiosidad y sus manos se elevaron sosteniendo con la punta de los dedos el contenido, sus ojos brillaron intensamente, fascinados, deslumbrados con lo que veía.

Era simplemente maravilloso.

Próximo capítulo: ¡Una velada llena de sorpresas! Un sueño que se convierte en pesadilla. Parte 1