"DESTINOS SELLADOS"
Por Afaya
…
Capítulo XV
Un sueño que se convierte en pesadilla
& Parte 1 &
Algo ideal para una luna de miel, un aniversario o una ocasión especial cualquiera con la persona amada es una velada romántica en un crucero.
¿Lo imaginan? La deslumbrante mole a lo lejos, inmóvil –al menos en apariencia-, airosa y brillante, con su centenar de luces amarillas encendidas; así es, encendidas porque es de noche, una noche apacible en el gran puerto de Japón.
A cierta distancia, los que jamás han visto un crucero de noche, le confundirán con uno más de los edificios que miran al mar; solo al estar próximos a él, o por el ensordecedor sonido de este anunciando su próxima partida, sabrán que se trata del magnífico crucero al que tendrán la fortuna de subir. No obstante, al llegar, se darán cuenta de que no son los primeros. Claro que no. Muchos llegaron antes del atardecer. Pero lo cierto es que la entrada se abrió apenas unos minutos atrás, así que los accesos están aún abarrotados de gente. Las entusiasmadas parejas se arremolinan en la entrada para abordar; los hombres, engalanados con trajes mayoritariamente negros o blancos, y las mujeres con hermosos vestidos de noche que lanzan suaves destellos color plata u oro.
Sin embargo, el alboroto tiene algo de peculiar, de extraño. Las parejas más cercanas a la entrada parecen agitadas… y molestas. Algunas salen en sentido opuesto al barco con sendas caras de disgusto, otras permanecen adelante, uniéndose a la marejada de voces y movimiento. Las parejas de más atrás mientras tanto, llenas de curiosidad, luchan entre corteses codazos y apretujones buscando acercarse y poder ver u oír lo que sucede.
Y así transcurren quince minutos…
veinte…
…media hora sin que el alboroto se distienda
Pero él no ha sentido correr el tiempo. Tampoco ha puesto mucha atención al anormal suceso que tiene a la multitud curiosa y agitada. De hecho, apenas y se percata de la presencia de quienes le rodean y que, junto con él, forman un pequeño círculo humano: los dos amigos y únicos compañeros que posee y las jóvenes que los acompañan; y por supuesto, ella. No, ni siquiera le ha puesto demasiada atención a ella; ella que le ase por el brazo, ella que pasará la velada entera con él en el barco, ella que es tan importante para él. En verdad lo es. Cualquiera lo notaría. En su expresión, que se vuelve cálida al hablarle, en la luz de su rostro al sonreírle, por la caricia de su mirada al posarse en ella. Está enamorado de ella, y ella de él. Y es ese sentimiento el que lo ha llevado a donde está en ese momento: plantado fuera de un crucero de lujo, con el cuerpo rígido, las manos enormemente frías, la inquietud en la mirada y en el alma, la mente lanzada en un desaforado vuelo hacia pensamientos lejanos.
Pero ¿quién es él? ¿Cuál es el motivo de tal ensimismamiento en una noche de ensueño como esa?
Hasta hace muy poco no era más que un joven común con una vida común. Ahora, habiendo descubierto que tuvo una vida pasada hace miles de años, con poderes recién descubiertos también, debe servir a la reencarnación de su antiguo líder para salvar a la Tierra. Algo que sonaría común en la ficción ¿no es así? De hecho todos en aquel pequeño círculo tenían una historia similar. Incluso la hermosa chica rubia a su lado que reía alegremente y de vez en cuando le dirigía miradas vivaces llenas de dulzura, protegía a la Tierra en secreto como una sailor senshi: Sailor Venus, que daría su vida por proteger a su princesa lunar con la misma decisión con la que él daría la suya por su líder Threx.
Esa idea, surgida inesperadamente de la madeja de palabras en su mente, le entristeció. Era extraño decir que sería capaz de dar su vida por Threx cuando días atrás lo había encarado y desobedecido fuera de toda sensatez. Había decidido hablar con él con la esperanza de que el asunto del crucero terminara bien para todos, y tanto ellos tuvieran la posibilidad de salir con las sailors como Threx alcanzara su objetivo pero, sinceramente, no había albergado muchas esperanzas de que eso sucediera. Sin embargo, sucedió; imprevistamente, bruscamente; dejándole un sabor amargo al final de la plática y una molesta y angustiosa sensación que aún hoy, seguía taladrando en su pecho.
Era precisamente esa sensación la que le impedía gozar de la noche como las tres chicas o como sus dos amigos. Era el único que no podía dejar de preguntarse con inquietud, qué planeaba Threx para esa noche…
– ¿Qué estará sucediendo? –comenta Mina en ese momento, solo por comentar algo, pues sabe que ninguno de sus acompañantes tiene la respuesta. Él deja los recuerdos atrás para mirarla, ella se da cuenta y le sonríe, en realidad le pregunta con la mirada si se siente bien, si algo le preocupa. Y viendo ese rostro, sintiendo esa pregunta no dicha más que con los ojos, sus pensamientos vuelven a vagar…
-lo lamento, no debí haberlos involucrado –había añadido días atrás en el apartamento que usaban como cuartel, terminando de contar a sus dos amigos y compañeros en desgracia todo lo que había sucedido en la charla con Threx. Levantó la mirada. Sotaro lo miraba con evidente asombro y un poco de preocupación. Yoshiki, recargado en la pared, veía a través de la ventana; silencioso y extrañamente inexpresivo. Pensó que al finalizar la narración, este último se molestaría y le gritaría cuanto insulto tuviera en mente, pensó que se exaltaría tanto como Threx lo había hecho en aquella plática, pero su reacción era totalmente contraria a la que había esperado, es más, aún ni siquiera mostraba alguna reacción, así que dijo, con el fin de hacer estallar de una vez lo que debía estallar –especialmente a ti, Yoshiki…
El aludido giró la cabeza lentamente y lo miró con ojos perdidos, luego dejó caer la mirada al suelo, con un aire pensativo. No parecía dispuesto a decir algo.
-es desconcertante que Threx haya aceptado que llevemos a las chicas al viaje en crucero, incluso por las palabras que dijo al final y el tono que supongo que usó, puede ser preocupante –espetó Sotaro
Él asintió
-a pesar de que Threx ha dicho que vayamos, ahora más que antes siento que no debemos subir a ese crucero
Los tres se quedaron callados durante un buen rato, hasta que Sotaro lanzó un suspiro y dijo:
-pues para bien o para mal, Threx te ha dicho que hay que ir y las chicas esperan lo mismo. No podemos hacer lo que Unkei, que ha preferido desaparecer… Ellas no tienen porqué pagar por nuestros líos…
-¿entonces irás? –preguntó él
-sí, Seiho. Y si el destino o alguien más –dijo aludiendo a su líder Threx- nos han preparado alguna sorpresa desagradable para esa noche, haré hasta lo imposible por modificar los resultados.
Yoshiki se despegó de la ventana y lo vieron caminar con rigidez hacia la puerta de salida del apartamento. Aparentemente se detuvo antes de abrir la puerta y fue entonces que escucharon su voz decidida, aunque áspera, desde el pasillo:
-Ami y yo también estaremos ahí.
Se escuchó la puerta cerrándose al final de la frase y los dos supieron que Yoshiki se había marchado.
-ese chico no ha podido ocultar por más tiempo que también se ha enamorado –sonrió Sotaro ligera y sombríamente. Y volviéndose hacia él, segundos después-: ¡hey Seiho!, ¿vas a ver hoy a Sailor Venus?
-¿uh?...ah, sí, le prometí a Mina que pasearíamos un rato
-entonces deberías dejar este asunto, porque si vas a verla con la misma cara que tienes ahora, te aseguro que se preocupara mucho.
"Dicen que antes de entrar debemos ponernos un antifaz y una capa con capucha"
Fue hasta ese momento que Seiho salió de sus atormentados pensamientos y despegó sus ojos del rostro de su compañera.
-¡¿Qué? –exclamó Yoshiki, siendo el único que había conseguido articular palabra. Los tres chicos, como coordinados, habían volteado a ver a la persona que había soltando aquellas palabras, ligeramente lívidos y notoriamente sorprendidos.
El hombre desconocido vestía un traje negro de gala e iba acompañado de una joven mujer de labios finamente pintados de rojo.
-así es –dijo este, mirándoles, se había dado cuenta de que había captado la atención del grupo- por eso es el alboroto. La mayoría de parejas se niegan a vestirse así. Aunque en realidad las chicas son las que parecen más furiosas –sonrió nerviosamente el caballero, pero no dijo más porque la joven que le tomaba del brazo le lanzó una mirada molesta
Ninguno de los tres chicos escuchó esta última parte ni puso más atención al caballero. Un pensamiento muy distinto se había adueñado de sus mentes.
Un vestuario con capucha y un antifaz. Los tres amigos conocían muy bien esa indumentaria, era después de todo, la que les había permitido luchar contra el enemigo sin revelar sus identidades secretas. Y que tuvieran que ponérselas en un momento como ese, frente a las tres jóvenes, andar con esas ropas toda la noche mientras convivían con las chicas les parecía un mal presagio.
¿A quién demonios se le había ocurrido tal idea?
Se miraron los unos a los otros. Un nombre había aparecido al mismo tiempo en sus pensamientos. Pero era imposible. Sin duda "él" era poderoso, pero ese poder era distinto al acostumbrado en esa época; diferente al que dan las influencias, los cargos políticos o el dinero. Para todos los demás, su líder Threx era un hombre común y corriente.
-voy a investigar –soltó Yoshiki al mismo tiempo que daba unos pasos hacia adelante
-¿por qué no vamos todos? –sugirió Sotaro, que de los tres chicos era el único que había recompuesto su sonrisa- de cualquier forma en algún momento tendremos que llegar a la puerta de abordaje.
Todas y todos estuvieron de a cuerdo. Y así fue como, con gran dificultad, empujando y siendo empujados, se adentraron entre la masa de gente, avanzando por entre la multitud de curiosos mientras escuchaban frases como "¡no podemos entrar así!" y "¡es una locura!" Por supuesto fueron los tres chicos los que se empeñaron con más energía en llegar hasta el acceso.
-¡¿entonces para qué nos vestimos así? -se escuchó que preguntaba, excitada y disgustada, una voz femenina hasta delante.
-señorita, todo se lo explicarán dentro del lugar –respondió la voz amable aunque nerviosa de un hombre
Habían llegado –al fin- al acceso. Las demás parejas miraban con claro disgusto al hombre parado frente al acceso que vestía un traje de gala color negro. Al parecer era el encargado de corroborar que todas las parejas llevaran los boletos. Todos parecían estar de acuerdo en que eso de ponerse aquel vestuario era una disparatada idea: usar un antifaz estaba bien, les daría un aspecto aún más elegante y un insustituible aire de misterio, pero largas capas con capucha, ¡eso no tenía nada romántico! Al contrario, arruinaba la velada de la peor forma.
-entonces es cierto –soltó Seiho, como en un suspiro. Para ingresar tendrían que usar aquel atuendo… pero ¿qué pasaría si ellas, al verlos, al escuchar sus voces bajo aquellos atuendos notaban algo familiar? ¿Qué pasaría si sospechaban que eran los encapuchados? ¿Podían ellos arriesgarse de esa manera? Intercambió una mirada con sus compañeros, indudablemente pensaban lo mismo.
-bueno, ya que nos ha costado tanto llegar hasta este lugar, lo mejor será que esperemos aquí a Usagi y Mamoru –soltó Mina
-¿no están molestas? –preguntó Sotaro- arreglarse tanto para ponernos una capa es algo injusto
- dicen que dentro del lugar nos explicarán todo, tal vez debamos darles la oportunidad –agregó Makoto- además ya estamos aquí.
-¿qué dices tú Ami? –preguntó Yoshiki, esperanzado de que la chica que lo acompañaba estuviera en desacuerdo con su amiga
-yo también creo que debemos esperar –respondió ella, sin ninguna indecisión- ustedes se esforzaron demasiado para conseguir los boletos como para desistir en este momento
-además, disfrazados o no, nadie podrá quitarnos el gusto de pasar unas horas en un trasatlántico – agregó Mina con vivacidad
Los tres chicos se quedaron en silencio, inconformes pero resignados. ¡Vaya, no solo la suerte, sino que también ellas parecían haberse puesto de a cuerdo para estar en su contra! ¡No había remedio!
Otras muchas parejas que también habían decidido no exaltarse antes de tiempo ingresaban lentamente al barco conforme los minutos pasaban. Eran muchas más de las que el grupo había pensado que subirían luego de aquella noticia. Y sorpresivamente, al final hasta los más molestos habían ingresando.
La hora en que el barco partiría se acercaba pero aún así seguían llegando nuevas parejas que se sorprendían y disgustaban como lo habían hecho las anteriores, meditaban la situación y terminaban abordando. La entrada seguía repleta a pesar de todo.
-ya tardaron demasiado –soltó Makoto, mirando su reloj
-Mamoru es muy puntal, así que en este momento debe estar tan harto de esperar a Usagi como nosotros –dijo Mina y todas sonrieron
-tal vez se han perdido entre tantas personas, iré a buscarles –dijo Sotaro de pronto
-yo te acompaño –le siguió Seiho de inmediato
-Ami, vuelvo en seguida –dijo Yoshiki antes de marcharse a prisa tras los otros dos chicos.
Mako había intentado detener a su pareja o quizá decirle que ella también deseaba ir a buscarles, pero él se marchó tan rápido que su intención no se quedó más que en eso.
-¿qué rayos vamos a hacer? -soltó Yoshiki mientras alcanzaba a sus dos amigos que por cierto caminaban a toda velocidad entre la gente
- lo he estado pensado sin que se me ocurriera algo –suspiró Sotaro
-¡maldición! desde un principio sabía que algo malo pasaría. Yo lo sabía –se lamentó Yoshiki
Los tres hubieran deseado que la opción "darse la vuelta y echar a correr" fuera posible. Pensaban en eso cuando…
-disculpen, ¿pueden acompañarme por favor?
Seiho, Yoshiki y Sotaro se dieron la vuelta y contemplaron a la figura masculina vestida de blanco con negro que evidentemente les había dirigido aquellas palabras: un desconocido que vestía como mayordomo, un hombre que jamás habían visto y que no tendría porqué haberles hablado.
-Threx –agregó el hombre al ver que los chicos le miraban con recelo- el señor Shimamura dijo que mencionara ese nombre.
-¡¿has dicho Threx? –exclamó Yoshiki, sorprendido
-¡shhh! ¡Alguien podría escucharnos! –añadió Seiho tapando la boca a Yoshiki
Por su parte, Sotaro parecía calmado y enormemente serio
-indíquenos el lugar –dijo este al fin. Seiho y Yoshiki asintieron, igualmente serios.
El sitio era el vestíbulo de un alto y lujosísimo hotel a un costado del puerto. Los tres chicos ingresaron por las puertas automáticas de cristal y miraron el amplio vestíbulo con admiración. O así lo hicieron hasta que notaron a aquel grupo de personas. Los huéspedes del hotel entraban y salían, pero aquel grupo se había estacionado ahí, al lado de una fuente de escultura moderna. Resaltaban a primera vista. No por sus rostros, que lucían impecablemente limpios y brillantes, ni por la inconfundible suavidad de la piel que en cada uno, denotaba haber sido cuidada con esmero y alimentada siempre con copiosidad; ni por los dientes impecablemente alineados e intensamente blancos que se asomaban al sonreír. Más bien era por el porte y por sus ojos, por aquella peculiar seguridad y suficiencia que solo irradiaban los magnates y millonarios. También por sus ropas de gala, carísimas, particularmente suntuosas en las mujeres; por sus peinados perfectos; por las joyas en los cuellos y orejas de las mujeres y en los dedos y muñecas de los hombres; por sus zapatos boleados hasta sacar un brillo perfecto: por su intensa aura de buena vida y descarado lujo.
Solamente había una excepción. Una joven cuyas mejillas lucían más rojas que las de las demás mujeres del grupo a pesar de no haber sido empolvadas. Llevaba puesto un largo vestido color blanco con largos guates del mismo color y un collar hermoso de brillantes: lucía hermosa. Pero eso no quitaba que pareciera incómoda, como si estuviera adaptándose apenas a la rebosante cortesía y lujo de sus acompañantes. Quizá era eso lo que hacia que no encajara con el grupo.
Aquella joven se aferraba del brazo del hombre a su lado como si este fuera su soporte y a la vez, su pared donde esconderse. Y él mostraba una sonrisa amable y hablaba con naturalidad y gracia, diluyendo las diferencias de clase entre los dos.
Él, ciertamente uno de los más atractivos del grupo con aquel elegante smoking negro, se percató en ese momento de la presencia de los tres –que por cierto se habían detenido en seco-, apartó la vista de los que le rodeaban y les miró abiertamente, con la expresión de quien ha reconocido entre una multitud, a la persona que esperaba.
-buenas noches -saludó este en voz alta y las personas a su alrededor voltearon a verlos también, de inmediato.
Soraro, Yoshiki y Seiho habían sentido su mirada y escuchado su saludo a la perfección. No se encontraban tan lejos como para no hacerlo.
Solo había sido necesario que dieran unos pasos dentro del vestíbulo para percatarse de la presencia de aquel grupo y sobre todo, de la sorpresiva presencia de él entre aquellas personas. Desde entonces habían dado unos cuantos pasos más tras el mayordomo, como disuadidos de que se encontraban ante una ilusión. Pero cuando notaron que no era así, se quedaron de pie, rígidos, pasmados; con la mente en blanco luego de tenerla llena de mil preguntas.
-ellos son mis jóvenes amigos –sonrió Threx (porque era de él de quién se trataba) presentándolos ante el grupo que le acompañaba
- pero joven Shimamura, si parecen ser de su misma edad –rió una mujer de unos cuarenta años, con una nariz tan perfecta que hacía suponer era obra de la cirugía moderna.
-cierto –sonrió Threx a su vez- aunque a veces me siento más maduro que ellos
Los hombres y mujeres adinerados a su alrededor rieron con elegancia, y en ese momento la mirada de Threx se encontró con la de sus tres guardianes, nuevamente llenas de preguntas.
-me gustaría presentarles a Omitsu Nishimura -se adelantó a decirles mientras las risas se apagaban.
La joven tomada de su brazo se inclinó levemente en forma de saludo. Era una linda jovencita de ojos color miel y cabello ondulado largo color azul. Seguía nerviosa e incómoda, pero al mirarlos, pareció relajarse: ahora había tres chicos más, como ella, en el círculo.
-y creo que los demás no necesitan presentación –agregó Threx
-por el contrario –dijo uno de los hombres de la comitiva; de aproximadamente setenta años, el más maduro del grupo. Poseía un cabello delgado, liso y perfectamente peinado hacia atrás. De él emanaba un perceptible pero agradable y fino olor a lavanda- es usted quien no necesita presentaciones. Me alegra mucho que haya aceptado asistir.
Threx solo sonrió con amabilidad. Los tres chicos parpadearon, sin comprender aún lo que sucedía
-así que es un honor que esté aquí –soltó Sotaro y los que rodeaban a Threx lo miraron con extrañeza
-parece que sus amigos no saben quién es usted –sugirió uno de los hombres con cierto toque burlón
-el joven Shimamura es quien ha hecho posible que estemos aquí en este momento –explicó el hombre de mayor edad -después de todo, qué habríamos hecho si él no nos hubiera permitido llevar a cabo este evento en su crucero.
-¡SU CRUCERO! –soltaron los tres con escandalizada sorpresa. Todos en el vestíbulo miraron al grupo y un silencio incómodo surgió entonces.
En un momento Seiho, Yoshiki y Sotaro, admiraron mentalmente, con detenimiento, todos y cada uno de los detalles que componían el trasatlántico que habían visto encallado; los mismos detalles que minutos atrás habían apreciado sin demasiado interés. Las proporciones, la magnificencia. Nunca habían subido a un crucero pero podían imaginarlo también por dentro: impresionante, lujoso, extenso, casi como una pequeña ciudad en alta mar. Y ese barco, esa exorbitante cantidad de yenes flotante, era de Threx. Del Threx que conocían ¿Era eso una broma?
-el padre de Kazuo tenía una gran industria de navegación entre la que se encontraba la existencia de tres cruceros. Al morir le dejó todos sus negocios -explicó amablemente Omitsu comprendiendo que los tres chicos ansiaban respuestas.
-sin embargo, Shimamura se ha encargado de hacer florecer la empresa de su padre de tal manera que el número de navíos que poseía ha crecido considerablemente –dijo otro hombre de rostro galán y expresión pedante- su único error ha sido la reciente adquisición de esa pequeña compañía. En verdad he querido preguntarte ¿cuál ha sido tu propósito al adquirirla…?
Ninguno de los tres recién llegados escuchó la respuesta de Threx. Continuaban asimilando la enorme cantidad de información que les había llegado.
Entonces no solo era uno. Threx tenía más de un crucero; más de un monstruo como ese, y quien sabe cuantos otros barcos más. Jamás, por más retorcidas que fueran sus ideas e imaginaciones, habrían imaginado que Threx fuera millonario. Lo miraron fijamente mientras éste seguía sonriéndoles con la misma sonrisa que le habían visto en su pequeño departamento en Jubangai. ¡Por Dios el hombre debía estar nadando en dinero! ¿Que demonios había hecho caminando en las calles de Jubangai como un hombre cualquiera? ¿Y por qué demonios no se habían dado cuenta antes de aquellos detalles en él que le evidenciaban como un miembro de la clase acomodada de Japón?
Sin embargo, ahora había ciertas cosas que cuadraban. Por ejemplo, el hecho de que Threx hubiera conseguido tan fácilmente dos boletos para el crucero. También el que su plan se llevara a cabo en ese pequeño paseo por mar. Después de todo, el trasatlántico era suyo, así que tendría libertad para moverse a su gusto e incluso quizá para manipular las situaciones.
-así que lo de los disfraces fue planeado por ti -murmuró Sotaro con un sutilísimo aire de enfado que solo sus dos compañeros y Threx pudieron percibir.
-¡y una magnífica idea por cierto! -exclamó el hombre de edad al que Sotaro reconoció entonces como el dueño de la cadena de radio que había organizado el evento. Había leído días atrás que le gustaban las fiestas fastuosas y excéntricas. Prueba de ello era esa misma velada.
-eso no es muy importante –dijo Threx con absoluta cortesía- ¿pueden disculparme un momento?
Threx se alejó de sus conocidos millonarios y se acercó hacia ellos, conduciéndolos hacia uno de los ventanales que daba una excelente vista del puerto. La chica que se había sostenido de Threx, al verse abandonada, encogió los hombros y se dispuso a responder las preguntas curiosas del grupo que inmediatamente habían fijado la mirada en ella.
-¿Por qué han dejado solas a sus parejas? Hace unos días estaban empeñados en estar con ellas esta noche -soltó Threx hablando en voz baja, pues aún se encontraban lo suficientemente cerca del otro grupo como para ser escuchados- ¿es que pensaban huir cuando mi mayordomo los encontró?
-así que nos has estado vigilando –comentó Seiho y Threx le respondió con una semi sonrisa
- las dejamos un momento porque teníamos que pensar lo que haríamos. Para abordar es necesario usar "aquella ropa" y un antifaz -agregó Sotaro sabiendo que Threx comprendería la situación
-¿les pone nerviosos? Pero no pueden arrepentirse ahora por algo tan trivial como el atuendo –dijo- Ustedes estarán siempre al lado ellas para impedir que mis planes cambien. Pero estar con ellas toda la noche era algo que ustedes esperaban, así que no creo que haya algún problema.
-lo sabía -espetó Yoshiki en un tono sombrío, con una mueca parecida a una sonrisa- que tu lo tendrías todo planeado. Nos volverás a usar para alejarlas de la princesa.
-Yoshiki –le tomó por el hombro Sotaro con intención de calmarlo. Su voz se había elevado más de lo normal y los acompañantes de Threx voltearon a verles, curiosos.
-Todo hubiera sido más fácil si ellas no hubieran venido –soltó Threx- pero he querido complacerlos. No tienen razones para quejarse.
-¿por qué mantuviste en secreto que eras millonario? –soltó Seiho- ¿qué otros secretos nos estás ocultando?
Threx sonrió sin dar respuesta, quizá porque no deseaba darla o quizá porque los ojos de todos se habían fijado en ellos y era imposible en ese momento hablarles con la verdad.
-ella no ha llegado aún –soltó Sotaro con un mirada elocuente dirigida a su señor- supongo que eso también hará cambiar tus planes
-te equivocas, ya está aquí –sonrió Threx moviendo apenas los labios- El hombre que está ahora junto a la puerta de cristal es también uno de mis empleados. El solo vendría y se colocaría ahí si la princesa aparecía. Ha llegado tarde, pero a tiempo para abordar.
-con el príncipe, supongo –añadió Yoshiki
La sonrisa de Threx no se desvaneció como lo supuso Yoshiki, sino que cambió radicalmente, ahora tenía un toque extraño, misterioso.
-¿qué planea hacer con él, por cierto? –preguntó Sotaro- Porque seguramente él también se interpondrá en sus planes
-eso es algo que no tiene porqué preocuparles –y añadió separándose de ellos-: mucha suerte.
Cuando los tres amigos salieron del hotel y volvieron a la entrada del crucero, las parejas habían disminuido considerablemente y el barco anunciaba la próxima partida con un estruendoso sonido. Sus respectivas parejas les esperaban con ansiedad, ya cambiadas a aquel traje que ni siquiera dejaba ver la punta de sus vestidos, pero sin subir sus capuchas. Todo indicaba que los trajes eran iguales, ni siquiera se hacía distinción de sexo.
Al lado de ellas había dos personas más, vestidas también con aquel atuendo e igualmente sin cubrir la cabeza con la capucha: Threx había tenido razón. Aquellas dos personas junto a las tres chicas eran las actuales reencarnaciones de la princesa de la Luna y del príncipe de la Tierra.
-¿dónde fueron? –preguntó Mina- el crucero está a punto de partir –pero agregó de inmediato, dirigiéndose a su pareja- Estas muy pálido, Seiho ¿pasó algo?
-no, nada
-creyó haber visto a alguien conocido y le seguimos, pero al parecer era una equivocación –añadió Sotaro
-¿entonces por eso fue la tardanza?
-disculpen –se dirigió a ellos el hombre de traje negro que desde un inicio había estado a la entrada del barco recibiendo los boletos de los que ingresaban- el barco está a punto de partir, así que si desean ingresar les sugiero que no esperen más. Los caballeros pueden ponerse el atuendo dentro del barco.
-muchas gracias –sonrió Mina, quien casi jaló a Seiho hacia el acceso. Ahí se les entregó a los tres chicos un paquete que contenía la indumentaria que debían ponerse.
Seiho avanzó como sonámbulo quién sabe cuantos minutos más, hasta que su pareja se detuvo. Desde donde se encontraban, podía admirarse una gran parte de la ciudad y de sus enormes edificios. Era como estar en el quinto piso de un edificio.
-no podremos avanzar si no nos ponemos esto –le dijo entonces su amigo Sotaro que se había percatado de que Seiho había pasado los últimos minutos desconectado del mundo. Al frente, había un hombre alto de aspecto serio cerrándoles el paso, mientras que a su costado la gente transitaba con alegría, completamente disfraza bajo aquellos ropajes que los convertían a todos en iguales. Tanto Mina como las demás senshis, la princesa y el príncipe habían subido al fin la capucha y se habían colocado el antifaz.
-tal vez es mejor que se adelanten -murmuró Sotaro- nosotros les alcanzaremos en cuanto terminemos de cambiarnos.
-pero si nos separamos corremos el riesgo de no volver a encontrarnos entre tanta gente disfrazada –soltó Makoto
-es muy fácil, déjame ayudarte a hacerlo Seiho –dijo Mina, acercándose a su pareja
-no habrá problema, las reconoceremos –le detuvo este, antes de que Mina tomara el atuendo para ayudarle- la mayoría viene en parejas. Casi podría decirse que ustedes son el único grupo por aquí.
-Todos deben dirigirse a uno de los salones del crucero para escuchar la bienvenida, hay tres en total –les interrumpió el empleado del principal se encuentra precisamente en aquella cubierta –indicó señalando hacia arriba- si les es conveniente pueden verse allí.
-muchas gracias –sonrió Sotaro- ¿lo ven? Podremos encontrarnos con facilidad
-no tardaremos –le dijo Yoshiki a Ami
Al final y por la insistencia de ellos, las tres se marcharon junto con la princesa y el príncipe. Sus siluetas se perdieron entre la multitud de gente que transitaba por la cubierta y de las parejas que recargadas en la baranda, ansiosas, comenzaban a notar un ligero movimiento en el barco. Las personas en tierra también lo notaron porque agitaron sus manos en señal de despedida. Efectivamente el trasatlántico estaba partiendo.
Y ellos se quedaron allí, de pie, inmóviles.
Ahora Seiho no era el único atormentado por la sensación de que algo malo sucedería esa noche…
# #
-¡señorita, ¿a dónde cree que va? –refunfuñó una voz chillona y autoritaria de mujer que se le clavó en la espalda: así fue como supo que se dirigía a ella-. No está aquí para pasear, lleve todo esto a la cocina y luego vuelva de inmediato para que le dé nuevas órdenes.
Ella se giró hacia la jefa de camareros: un lánguido espécimen femenino de rostro y cuerpo afilado que lanzaba ordenes a diestra y siniestra, rodeada de una docena de personas vestidas de traje negro y camisa blanca, y que justo en ese momento le clavaba su severa y penetrante mirada.
-¿se quedará ahí parada la noche entera o acatará mi orden? –refunfuñó de nuevo la mujer- ¡ahora entiendo porqué se ha retrasado todo! ¡Con camareras como esta las cosas definitivamente saldrán mal!
Ella se limitó a caminar hacia la mujer, tomar el carrito frente a ella y sin responder "si" ni "no" echó a andar, alejándose de la mirada incisiva de la jefa de camareros y de su voz mandona que daba nuevas ordenes a los meseros a su alrededor. Pero en lugar de dirigirse al piso de abajo, a donde debía llevar los alimentos empaquetados del carrito, tomó el elevador hacia arriba.
La brisa fresca y suave del mar que le envolvió al salir le devolvió las energías. El cielo azul oscuro, despejado en su totalidad, se había adornado completamente por un sinfín de titilantes y pequeñas estrellas, mientras que con un brillo totalmente distinto, a su lado derecho y resaltando por encima del barandal blanco del crucero, se hallaba la ciudad llena de luces, deslizándose lentamente: el barco estaba partiendo. Se olvidó de la molesta voz chillona de la jefa de camareros, concentrada en los nuevos sonidos del ambiente: el murmullo lleno de exaltación y regocijo de las parejas que recargadas en el barandal, observaban el aparentemente lento avance del navío, mirando hacia el puerto que dejaban atrás con las manos unidas y los ojos brillantes, enamorados; el hondo y sonoro rugido que emitía el barco, anunciando la partida; y solo audible mientras los otros dos sonidos pararan o disminuyera, la música suave del salón más próximo, el principal si su sentido de ubicación no le fallaba.
Dejó el carrito y se acercó al barandal. Suspiró. Esto no era lo que había planeado; pero en fin. No podía dejar el carrito ahí. Lo llevaría a donde pertenecía y luego se concentraría en lo que había ido a hacer. Condujo nuevamente el carrito hacia el elevador y mientras esperaba que éste llegara tomó con una mano el largo cabello negro y lo amarraba en una coleta para estar más cómoda cuando…
-¿Rei? –preguntó una voz enormemente conocida detrás de ella
Al girarse se encontró con cinco personas enfundadas en sendos vestuarios color crema, los rostros medio cubiertos por antifaces blancos. Había visto muchas personas como aquellas pasar a su lado desde que los invitados comenzaron a ingresar, sin más diferencia que la altura, anchura o forma y color de los zapatos. Sin embargo, la dueña de la voz que había pronunciado aquello había bajado su antifaz y le miraba con ojos asombrados: su amiga, Usagi Tsukino.
- hola, ja ja ja –les sonrió
-¿Qué haces aquí? ¿y porqué estas vestida así? –preguntó Makoto.
Las cinco personas le miraron expectantes, aguardando su respuesta
- Bueno, no quería quedarme sin disfrutar de esto así que conseguí entrar como camarera. Pero ustedes deberían ser más ¿dónde están los demás?
-Yoshiki, Seiho y Sotaro se quedaron en la entrada, terminando de arreglarse –dijo Ami, a un extremo del conjunto
-¿ah, sí? –preguntó Rei con interés- pero no había mucho que arreglar ¿o sí? Solamente debían ponerse un atuendo largo sin mucha forma y un antifaz
-parecían algo nerviosos –aceptó Mina- tal vez nunca se han disfrazado antes
-tal vez –murmuró Rei, pensativamente.
Sus amigas y Mamoru seguían mirándola con asombro. Era claro que su respuesta no había convencido a nadie, pero ni ellas ni él pusieron eso en evidencia.
-ciertamente con esa ropa no puede verse lo que llevan debajo –observó Rei para cambiar el rumbo de la plática- debes estar muy feliz, Usagi. Nadie notará que tu vestido no es nuevo.
-es todo lo contrario –habló por primera vez Mamoru. Se encontraba justo detrás de Usagi; el más alto en aquel grupo.
El rostro de Usagi había cambiado y una oscura sombra de desilusión se posó sobre su cabeza.
Las demás sonrieron con nerviosismo. Sabían la causa de la depresión de Usagi y sabían también que era mejor no hablar de eso.
-ahora nos dirigimos al salón principal -soltó Mina- y tú…
-ah, yo tengo que hacer algunas cosas en las cubiertas inferiores, pero iré con ustedes más tarde. Aunque no sé como les voy a reconocer –dijo mirándolas atentamente, sin encontrar ningún detalle que les distinguiera de las demás personas
-podemos doblar un poco las mangas de las túnicas del lado izquierdo, así podrás ver nuestros intercomunicadores de pulsera –sugirió Ami
-y de esa forma incluso podrá ubicar a cada una por el color de estos –dijo Minako- una fantástica idea, Ami
Todas asintieron, en verdad parecía una buena idea.
-Mamoru, ¿puedo hablar contigo un momento? –soltó Rei de improviso. Habían estado a punto de marcharse.
El aludido, que hasta ahora había intervenido mínimamente en la conversación asintió luego de un segundo de sorpresa. Entonces Mina tuvo el tino de decir que se adelantarían.
-Usagi –llamó Mako a la rubia. Era la única que no había echado a andar.
-eh, sí, ya voy –dijo la aludida y dio dos pasos rápidos para alcanzar a sus amigas
Mako sonrió tenuemente al ver el rostro preocupado de Usagi mientras caminaban.
-¿qué sucede contigo, Usagi? –preguntó Mina- no me digas que te has puesto celosa
Usagi se sobresaltó
-no, yo… -pronunció la aludida, tratando de excusarse
Mako apartó la mirada de sus amigas. Ella también estaba preocupada. El que Rei estuviera ahí como camarera era extraño; extraño en ella comportarse así… haber cambiado tan rápido de opinión...
-no se preocupen por mí y vayan a ese crucero –había dicho Rei esa tarde al despedirse- Yo me quedaré investigando más sobre los encapuchados y sobre el enemigo. ¡Estaré tan ocupada que ni siquiera tendré tiempo de pensar en otra cosa, jajaja!
Echo una mirada atrás, hacia donde se habían quedado Rei y Mamoru.
Rei, ¿en verdad está todo bien?
##
Omitsu dirigió una última mirada hacia atrás y luego la sostuvo en el rostro impenetrable de su pareja.
-esos eran los tres chicos que nos presentaste hace un momento en el hotel ¿cierto? Pasaste a su lado como si no los reconocieras
Su pareja le sonrió
-entre ellos y yo hay una forma particular de comunicación. Seguramente yo los reconocería aún si usaran el mismo atuendo que los otros… justo como ellos me reconocieron a mi cuando pasé a su lado a pesar de haberme disfrazado ya.
- parece que ahora es normal que digas cosas extrañas o misteriosas –soltó Omitsu y luego de dudarlo un segundo-: Eso hace que te sienta lejos…
-¿estas nerviosa? –pronunció su acompañante, sorprendiéndola. Así que él se había dado cuenta. Sí, había estado muy nerviosa hasta ahora; en aquel ambiente completamente nuevo para ella, entre toda aquella gente cubierta de gemas y aromas finos, por primera vez tomada del brazo del chico que amaba…
Al dirigir nuevamente su mirada a él notó una tenue sonrisa en sus labios dedicada a ella. Esa sonrisa abierta y el tono sencillo y familiar con el que le había hecho la pregunta habían aligerado sus nervios.
-un poco –aceptó, sonriendo también- nunca había estado en un crucero ni en un evento como este. Aunque el barco es muy bonito y la gente es realmente amable
-es porque soy el dueño que no has notado más que amabilidad –dijo su pareja con simpleza y sin soltar la sonrisa
-¡Oh, no lo creo! Ahora ninguno de los empleados sabe que eres el dueño y siguen atendiéndonos con amabilidad –y luego de meditarlo un segundo-: de hecho nadie aquí más que yo lo sabe, ahora que nos hemos separado de los demás.
- siento no haberte preguntado, ¿querías continuar con ellos?
Omitsu negó con la cabeza. En sus mejillas se intensificó el rojo.
-prefiero esto –susurró- Yo… quisiera darte las gracias por invitarme –agregó mientras sus manos se movían con nerviosismo. Sí, los nervios habían vuelto-. Después de lo que me dijiste nunca pensé que volvería a pasar algo entre nosotros, pero si me has invitado a esto significa que…
Volteó a verlo esperando que él terminara su frase, o por lo menso que le dirigiera una mirada significativa, pero su impresión cambio al mirarlo. El rostro de su compañero le decía que no había escuchado absolutamente nada de lo que había dicho.
-¡Kazuo, no me estás poniendo atención!
-claro que lo hago, Omitsu –respondió con serenidad. Su vista continuaba concentrada en todo a su alrededor, menos en ella. Retiró su brazo que hasta ese momento había permanecido enlazado al de él, pero su acompañante apenas y pareció percatarse de aquello.
-entonces dime ¿qué te acabo de decir? -repuso parando de caminar- no entiendo tu comportamiento Kazuo, de pronto me dices que solo podemos ser amigos y luego me invitas a un baile romántico, SOLO PARA PAREJAS
Él la tomó de la muñeca y comenzó a caminar
- precisamente te traje porque era necesario venir con alguien más, no podía pasearme solo por ahí- dijo con naturalidad, como si no fuera una ofensa para ella y la mirada nuevamente lejos
-así que es eso, me usaste –dijo y el tono de su voz hizo que volteara y la observara con verdadera intención: los puños apretados, la cabeza gacha y unas cuantas lágrimas escapando por debajo del antifaz. Por un momento creyó que las lágrimas eran de tristeza pero cuando ella elevó la mirada y lo encaró se dio cuenta de que eran de rabia- no eres el Kazuo del que me enamoré. El Kazuo que conozco pensaba en el bien de los demás, él jamás me habría utilizado como tú lo hiciste.
-así es, soy otro Kazuo, uno muy distinto a ese que pensaba en las demás personas. Ya te has dado cuenta por ti misma –dijo él- ¿Ahora entiendes porqué no puedo corresponder tus sentimientos?
Ella se mordió la orilla del labio inferior y luego espetó con enojo
-pudiste haber invitado a cualquier otra chica ¿por qué yo?
-sabes que no he sido alguien que se acerca con facilidad a las mujeres –explicó intentando sonreír- Supongo que al pensar en alguien a quién invitar solo pude pensar en ti. Pensé que te gustaría estar en un crucero –y añadió en un tono que parecía sincero- Lamento si te hice que creer que las cosas habían cambiado. Lamento haberte lastimado.
-así que me invitaste porque era tu única opción –soltó ella- soy una estúpida
Y echó a caminar. Siendo otra la situación Omitsu lo hubiera dejado ahí plantado e iría corriendo a su casa. Sí, seguramente habría hecho eso si no se encontrara en un barco que navegaba hacia la nada. A lo lejos las luces de la ciudad se iban perdiendo poco a poco y no volverían a ella hasta que la velada terminara. No tenía más opción que refugiarse en algún rincón del barco hasta que la velada –la pesadilla- terminara…
Pero eso no importaba ahora, lo importante era alejarse de él.
-no te vayas –dijo él de pronto, deteniéndola
-tú –respondió, casi masticando la palabra- eres un desgraciado que no entiende en lo más mínimo los sentimientos de una mujer.
Iba a echar a andar nuevamente pero él la tomó de la muñeca. Volteó a verlo justo en el instante en que él le sujetó con más fuerza y la jaló hacia adelante.
La estaba conduciendo, sin escuchar sus protestas, con excesiva rapidez, por los pasillos alfombrados y llenos de gente. Se detuvo una o dos veces, de golpe, y luego volvió a emprender la apresurada marcha.
Cuando paró al fin, aflojando la mano que la apresaba pero sin soltarla, se encontraban a las puertas de un salón amplísimo y brillante.
Lo primero que se veía al entrar era la pista de baile, rodeada a los costados por algunas mesas cuadradas cubiertas por manteles blancos. Y al fondo, un escenario de piso ajedrezado con un piano de cola y una docena más de instrumentos, entre clásicos y modernos. A los costados de este escenario, ascendían las escaleras que llevaban a un segundo piso, lleno también de mesas pegadas al barandal blanco desde el cual podía verse con tranquilidad lo que sucedía en el nivel inferior. Del lado opuesto al escenario, un largo y bien conservado reloj antiguo empotrado en la pared marcaba lentamente el transcurrir del tiempo, y a los costados de este, como un espejo, subían dos escaleras del mismo tipo y color que las otras. La puerta por la que habían ingresado se hallaba en la esquina del salón y era solo una de las cuatro entradas disponibles en ese piso.
El lugar estaba repleto y las risas y cuchicheos de las parejas llenaban los resquicios del salón con alegría y vida.
-¡es bellísimo! –exclamó Usagi al observar con ojos asombrados el mismo salón
-más que un barco parece un hotel de lujo –asintió Makoto
Ami y Mina estaban de a cuerdo con la idea
-algunos dicen que el amor entra por los ojos –dijo una voz varonil y seductora que resonó en todo el salón: una voz totalmente conocida por quienes escuchaban la estación de radio romántica que patrocinaba el evento. Un hombre de traje negro se hallaba sobre el escenario sosteniendo un micrófono- esta noche hemos querido que el amor no solo se quede en los ojos y llegue a lo más hondo de sus corazones. Esta noche tendrán que ver a su pareja más allá del maquillaje, las ropas y el peinado: se guiarán por su voz, sus manos, sus gestos y sus palabras. Y así, cuando el reloj al fondo de este salón marque las diez y dejen los disfraces atrás, se reencontrarán con la persona que amaban, o tal vez pueden descubrir que se han enamorado de un ser totalmente nuevo.
El conductor de radio terminó de hablar acompañado por los gritos y efusivos aplausos de algunas sus admiradoras. Esa fue la única explicación que se dio. Y mientras el hombre bajaba del escenario y los aplausos dejaban lentamente de resonar, cuatro músicos, vestidos de gala, tomaron algunos de los instrumentos y comenzaron a tocar una música suave y exquisita. Las luces cambiaron. La pista y el escenario eran bañados por una luz amarilla mientras que las mesas habían sido envueltas en una tenue oscuridad.
-esa es una buena noticia para ti, Usagi –mencionó Mina
-¿eh? –murmuró su amiga, levantando un poco la capucha que claramente le quedaba demasiado grande.
-por lo que él ha dicho hace un momento, parece que a las diez nos quitaremos estos atuendos –explicó Ami
Las demás asintieron y el rostro de Usagi se iluminó de comprensión y alegría
-en ese caso –soltó Usagi, girando como si el vestido que llevaba debajo del escueto atuendo luciera con la vuelta- ¡vamos a disfrutar de esto! Me preguntó que postres traerán, tal vez pasteles de chocolate o fresa…
-¿no crees que es demasiado pronto para pensar en comida? –le preguntó Mina- aunque tampoco es que podamos hacer mucho sin nuestras parejas.
Las demás asintieron. Con una sola mirada alrededor se habían percatado de que todos los grupos eran de dos. Era normal tratándose de una velada romántica. Los que no bailaban –porque desde que la música inició las parejas habían comenzado a agruparse en el centro de la pista- caminaban alrededor tomados de la mano, abrazados, e incluso algunas parejas, aprovechando que nadie les reconocía, compartían besos prolongados en las mesas del fondo.
Mina soltó un leve suspiro. Los chicos aún no llegaban. Los buscaba en cada uno de los hombres que ingresaban pero todos llegaban en pareja.
¿Cuánto tiempo más tardarían?
# #
Tras la partida de las cuatro amigas, Mamoru Chiba miró a Rei y esperó en la misma posición y sitio a que la temperamental amiga de Usagi comenzara a hablar. Pero Rei dudó unos segundos más. Se había recargado en la baranda y miraba hacia el mar. Había olvidado anudar su cabello que ahora era movido suavemente por la brisa.
-el día en que Mina sacó a Usagi del hospital y se creo todo ese alboroto… -comenzó a hablar ella al fin- el encapuchado que evitó que Usagi y tú se lastimaran luego de caer de un edificio era el encapuchado de gris, ¿cierto?
-sí –respondió él
Rei guardó silencio y Mamoru comenzó a sentir curiosidad
-Mamoru, tú ¿alguna vez te encontraste con Unkei?
-¿el chico que trabajaba en el templo?
Rei asintió
-no, ¿por qué lo preguntas?
Rei no dijo nada, luego agregó:
- Usagi nos habló hoy de tus sospechas sobre Threx. Si él es el encapuchado de dorado puede que les haya dado el boleto para asistir a esta velada con un propósito determinado… -habló Rei con rostro absorto y, siguiendo el mismo patrón que había marcado sus palabras hasta ahora, volvió a callar unos segundos. Mamoru se sintió cada vez más interesado en la actitud de la pelinegra-Cuando supe que todas de una u otra forma teníamos la oportunidad de asistir a este crucero creí que era una alegre casualidad. Pero he comenzado a creer que no ha sido una casualidad.
- por eso estás aquí –aventuró Mamoru y Rei asintió con la cabeza. Por primera vez se giró y lo vio a los ojos
-si Threx es el encapuchado de dorado y planeó todo esto, es posible que los chicos que invitaron a Mina, Ami, Mako y también a mí, estén involucrados… Eso es en lo que estuve pensando -entonces volvió a desviar la mirada- Aquel día en el parque de juegos, cuando nos contaste de tus heridas y también de lo que había pasado ese día, cuando dijiste que habías visto el rostro del encapuchado de gris yo no lo relacioné, jamás se me ocurrió –empuñó las manos- pero uno de los trozos de tela que Mako encontró en el campo de batalla era del mismo color que el de la cazadora que Unkei llevaba ese mismo día y entonces recordé la descripción que hiciste de ese hombre encapuchado, el color de ojos, de cabello, sus rasgos, y no puedo dejar de pensar que se parece demasiado a Unkei…
- ¿por qué no se lo dijiste a las demás? Ellas deben estar alerta también
Rei negó con la cabeza
- no tengo ninguna certeza aún. Además si el plan era traernos a todas, él estaría aquí conmigo…
Y, sin embargo, existía también la posibilidad de que no estuviera equivocada. De lo contrario no habría hecho lo posible por subir al barco. Mamoru se daba cuenta de eso.
- si es el encapuchado de gris, puede que haya salido herido en el encuentro con Akiko –murmuró Mamoru, luego de sopesar las consecuencias de sus palabras
Rei entornó los ojos, mostrando una mirada extraña
-también lo pensé. Pero he pensado también en muchas otras posibilidades. No. Se ha abierto un mundo de posibilidades, tantas que posiblemente no esté en lo correcto ni del todo equivocada…
Se quedaron en silencio unos minutos. Rei miraba hacia el mar, nuevamente
-no quiero arruinarles la noche antes de tiempo, a las demás –espetó Rei de repente-. Por eso decidí investigar por mi cuenta. Ya traté de averiguar algunas cosas del personal de servicio pero todo parece marchar normalmente. Si estoy en un error, lo máximo que pasará es que pase la noche como empleada de este barco.
-tal vez la mejor forma de comenzar es interrogando a cualquiera de esos tres chicos…
Rei asintió, nuevamente meditabunda
-tampoco debería haberte dicho todo esto –soltó la chica luego de otro pequeño silencio- hace tiempo que Usagi y tú no pueden hablar a solas y ahora que tienen la oportunidad, sale esto. Pero tú eres el único que no ha confiado en ellos. Eso te convierte en mi mejor aliado.
-es bueno que mi desconfianza hacia Threx y los encapuchados traiga por fin algo bueno –murmuró él con una media sonrisa ligeramente amarga, y a continuación, cambiando el tono de voz agregó-: y tú ¿estás bien?
Los ojos de Rei se abrieron, muy grandes. Sabía a qué se refería Mamoru: Unkei. Ese chico, por el cual se había sentido atraída y con el cual había estado a un paso de establecer un romance, había desaparecido de pronto y ahora caía sobre él la sospecha de ser el encapuchado de gris…y con ella todos los secretos y misterios. Mamoru se refería a cómo le iba lidiando con esas ideas, se refería a esa sensación de desazón en su pecho, como si le hubieran movido el piso, al sentimiento de traición que le hería, a la incertidumbre…
-ah, sí, ¡estoy bien! No sería una digna senshi si me sentara a lamentarme por algo como eso en un momento tan crítico. Hay demasiadas cosas por las que debo preocuparme. Iré a dejar ese carrito e inspeccionaré el área, ¿puedo pedirte que trates de sacar información de esos chicos mientras vuelvo?
Mamoru asintió
- y también le hablaré Usagi de esto –agregó él- si ese sujeto planea algo, seguramente ese algo tiene que ver con ella
-te entiendo, pero deja ser yo la que hable con Usagi
Mamoru la miró, inquisitivo
-ella cree que Threx es un buen chico –soltó Rei sin muchas ganas- Ustedes ya tienen demasiados problemas como para agregar este. Así que si Usagi debe rebatirle a alguien debe ser a mí: no es raro que ella y yo peleemos –dijo casi con una sonrisa
- te tomará bastante tiempo investigar en las distintas áreas del barco –dijo Mamoru con gravedad- y no podemos esperar
-pero…
-los sentimientos de ella hacia ese chico son también algo de lo que planeaba hablar esta noche
-tendrás que esforzarte para convencerla -se decía Rei con inquietud mientras marchaba a toda prisa hacia las cubiertas inferiores- eso es lo que pienso. Sé que tú también lo piensas.
Mamoru, y tú, ¿cómo te sientes?
# #
La joven cuyo vino tinto había sido derramado en su vestuario, no pudo hacer más que poner una pasmada expresión que, seguramente, pronto sería remplazada por una de irritación.
-lo siento –se disculpó Yoshiki, sin detenerse a ayudar a la joven. Volvió la cabeza hacia adelante y lanzó un suspiro-. Creo que este es un pésimo plan –sugirió a sus dos compañeros que iban delante de él, formando una temblorosa fila- esto nos hace ver estúpidos y aún más sospechosos
-no digas eso, Yoshiki –dijo Sotaro que encabezaba la fila- todo saldrá bien, solo actúa con normalidad
- ¿Sotaro estás seguro de que vamos por la dirección correcta? -interrumpió Seiho, en medio de los dos
-por supuesto, tú sigue hacia delante
-el problema es que ni siquiera sabemos donde es adelante –refunfuñó Yoshiki
Súbitamente, Sotaro, que los iba guiando, paró frente a un grupo de cinco personas -lo supo al contar los pies pues era lo único que veía- y sus tres amigos hicieron lo mismo aunque apenas y les dio tiempo de evitar chocar contra su compañero.
-lamentamos haber tardando tanto, querida -dijo Sotaro con una gran sonrisa que no servía de mucho pues ésta permanecía cubierta con la capucha, impidiendo que la persona que estaba delante suyo la viera.
-¡ ¿A quién llamas querida, imbécil?- el hombre que calzaba zapatos negros al lado de la joven respondió con una voz enormemente enojada y antes de que pudiera disculparse por el evidente error sintió un fuerte golpe que, de no haber tenido el rostro cubierto y por lo tanto no ver más que el suelo, hubiera parado fácilmente.
El hombre estaba a punto de golpearlo de nuevo pero sus dos amigos intervinieron
-lo sentimos, nos equivocamos de persona -dijo Seiho con nerviosismo. Se había quitado la capucha, dándose cuenta de que el número era correcto, pero de ninguna forma aquellas personas conformaban el grupo que buscaban, al parecer ni siquiera eran un grupo. Además el único hombre ahí, de rostro hosco y agresivo, era mucho más fornido que el príncipe, incluso sus fuertes músculos podían adivinarse a través de la capa y para desgracia de Sotaro la mujer a la que le había dirigido la palabra parecía ser la novia de este.
Yoshiki, que también había echado la capucha atrás, rescató a Sotaro con la mayor presteza
-¿no te sucedió nada?
Sotaro apenas y pudo soltar un "no"
-¡¿se puede saber que hacen? -replicó una voz (esta vez femenina y bien conocida) detrás de ellos y sin darse vuelta comenzaron a sudar frío. Sentían las miradas fijas en ellos
-tuvimos un pequeño contratiempo –intentó sonreír Yoshiki, dando la vuelta. Y al ver el rostro de las chicas se dio cuenta de que no le creían nada- pero ya estamos aquí
-disculpen caballeros pero no pueden estar aquí sin cubrirse con la capucha –les interrumpió uno de los tantos empleados del barco que se encargaban de vigilar que nadie se quitara aquellas ropas. Aparente había sido atraído por el alboroto que habían causado.
Yoshiki y Seiho se apresuraron a cubrirse hasta que solo quedaron a la vista las barbillas.
-¿esta bien así? –preguntó Seiho, hacia donde había visto al hombre
-ya se ha ido –dijo Mina y Seiho se sonrojó, avergonzado
¡puff! ¡La noche sería más pesada de lo que ellos imaginaron!
-¿por qué no suben un poco su capucha? así podrán ver mejor -sugirió Ami tímidamente, tratando de salvarlos de aquel enredo
-por mi parte es más cómodo estar así –dijo Yoshiki con un mal disimulado nerviosismo que no pasó desapercibido por ninguna de las chicas. Seiho y Sotaro declararon estar de acuerdo con él e incluso Sotaro habló de las ventajas de cubrirse completamente el rostro.
- y ya que estamos tan cerca de la pista ¿te gustaría bailar? –propuso Sotaro alargando la mano.
Un silencio incómodo y su mano vacía le indicaron que nuevamente había hecho algo mal.
"¿ahora qué?" pensó
-eh…yo… -dijo una voz avergonzada
Entonces una mano movió la suya suavemente, señalando hacia otra parte
-es a ella a quien querías proponérselo ¿no? –dijo otra voz.
Él se sintió salvado. Observó con cuidado los zapatos de la amiga de Mako. Más tarde, averiguaría quien era y le daría un sin fin de gracias.
Finalmente, una mano se posó sobre la suya.
-Mako, lo siento –dijo él, mirando con atención los zapatos de la castaña para no cometer más equivocaciones
-a quien le deberías pedir disculpas es a Ami –replicó la joven, guiándolo hacia la pista porque claramente él no podría hacerlo por sí mismo- que es a quien le extendiste la mano
-Mina, ¿a ti también te gustaría…? -inquirió Seiho, lanzando la pregunta al aire para que la indicada la atrapara y no cometer así el mismo error de su amigo
-no me siento con muchas ganas de bailar -dijo esta mirando con una gotita en la cabeza a la pareja compuesta por Makoto y Sotaro. Aún no llegaban a la pista y este ya había chocado contra una mesa.
-mm…entonces -continuó Seiho sin desanimarse por el primer rechazo de ella- ¿te gustaría ir a un sitio? Hay un lugar en el barco que me pareció te gustaría mucho, Mina
Minako Aino dudo. Y esos segundos de silencio fueron casi eternos para él. Pero luego la joven rubia asintió con la cabeza. Al momento se dio cuenta de que él no podía haber visto aquel movimiento, así que soltó un sí y le tomó por el brazo, prometiendo a sus amigas que volvería antes de que dieran las diez.
-¿qué les parece si nos sentamos ahí? –sugirió Usagi, señalando una de las mesas que daba al escenario, la única de la primera fila que seguía desocupada.
Ami estuvo de a cuerdo al igual que Yoshiki, que solo siguió la opinión de las dos. Así caminaron en sentido contrario a donde caminaban Mina y Seiho. Yoshiki quedó hasta atrás, siguiéndoles sin perder de vista las discretas zapatillas color blanco de Ami.
El único inconveniente que encontraron al llegar a ella, fue que solo había dos sillas. En realidad todas las mesas, sin excepción, contaban con dos sillas. Pidieron algunas más a un mesero que pasó por ahí con una charola llena de bebidas, pero este dijo que había órdenes de mantener aquel número por mesa.
-incluso el número de sillas y el tamaño de las mesas, todo está planeado para parejas –reflexionó Ami.
-pueden sentarse las dos, yo no estoy cansado –espetó Yoshiki y Ami agradeció el gesto del chico con una dulce sonrisa que él no notó, pero Usagi sí.
-¡no, yo esperaré a Mamoru, seguramente no tardará mucho! –exclamó Usagi
-cuando Mamoru vuelva tomaremos otra mesa –dijo Ami sentándose- no podría dejar a una amiga sola en un a mesa
Usagi se sentó entonces, agradecida con su amiga y con Yoshiki.
Las dos chicas dirigieron la mirada hacia la pista de baile. La luz blanca había sido remplazada por una multicolor que se cruzaba, descruzaba y movía al ritmo de una música activa y pegajosa. Y con una gotita en la cabeza presenciaron la pésima forma de bailar de Sotaro, que aún cuando se movía lo menos posible, seguía chocando con los que le rodeaban o con los que atravesaban la pista. Mako había intentado guiarlo, pero parecía casi imposible.
El silencio de las dos puso a Yoshiki nervioso. Para él era como si hubieran desaparecido
¡Cuanta falta le hacía la vista, en verdad!
-Me pregunto de qué estarán hablando Rei y Mamoru en este momento –soltó Usagi de pronto
-Rei se comportó muy extraña –meditó Ami y Yoshiki puso gran atención en la plática. Ahora comprendía porqué el príncipe no estaba ahí, ocupando un lugar junto a la princesa, y con asombro se enteraba de que Rei, Sailor Mars, estaba también en el barco- aunque no creo que la razón sea Mamoru. Más bien parecía que algo le estaba preocupando…
Usagi se quedó pensando en las palabras de Ami. No podía entenderlo, ¿qué podría estarle preocupando a Rei que tuviera que ver con Mamoru?
Recordó el rostro de Rei y trató de analizarlo. Le había parecido que Rei necesitaba hablar con él urgentemente. Y ella, en verdad había lucido muy seria cuando los dejaron…
-Usagi, ¿es posible que esa persona que camina decididamente hacia acá sea Mamoru? –dijo Ami de pronto, sacándola de sus pensamientos.
-¡¿dónde? -exclamó Usagi y Seiho escuchó su silla moviéndose. Trató de percibir algo más a través del oído pero como no consiguió nada, subió su capucha, solo lo suficiente como para ver lo que estaba sucediendo. Las parejas continuaban bailando en la pista. No había más luz que aquellos rayos largos de luces multicolores que vagaban por el escenario, la pista de baile y por las mesas. Pero todo eso lo percibió a medias, porque al descubrirse lo que se encontró primero fue aquella mirada fija en él.
-¡Mamoru! –exclamó en ese momento la princesa tomando de la mano al dueño de aquellos ojos; el chico que se había detenido justo frente a ellos.
Sin duda se trataba del príncipe. Pero, ¿por qué no despegaba la mirada de él? ¿por qué de pronto se sentía como si estuviera desnudo, como si aquellos ojos hubieran visto a través de su disfraz, de sus pensamientos y de sus secretos? Estaba paralizado, lo suficiente como para no volver a bajar su capucha hasta la barbilla a pesar de que deseaba intensamente hacerlo. Por primera vez, el joven frente a él emanaba una aura particular dotada de poder y autoridad; el aura del príncipe de la Tierra.
-¡vamos al restaurante por algo de comida, seguro que estará deliciosa! –dijo a continuación Usagi, subiendo ligeramente la capucha que se le bajaba. Fue hasta entonces que el príncipe volteó a verla. Su rostro se relajó entonces.
-por ahora sería mejor que nos quedáramos, Usa –respondió él- hay algo de lo que debemos hablar
-ejem –carraspeó Yoshiki poniéndose de pie- ahora que Usagi ya tiene compañía, ¿quieres venir conmigo, Ami? Aún puede verse Venus en el cielo…
Ami, sorprendida por la proposición, dudó un segundo, preguntándose cómo Yoshiki podría ver las estrellas a su lado si la capucha que llevaba le cubría los ojos. Pero un momento después Yoshiki sintió su mano tomando la suya. Ella estaba a su lado, de pie.
- vayamos
Yoshiki se levantó e intentó ubicarse para caminar hacia la salida pero, amablemente, Ami le sacó del apuro cogiéndolo del brazo. Ella dio el primer paso y el, agradecido, le siguió.
# #
-¿Estás seguro de que tu plan era traerme aquí?- inquirió una muy desconcertada Mina
-¡claro!-dijo él con la mayor seguridad que podía aparentar: en realidad no tenía ni la más mínima idea de en dónde se encontraban.
Threx tenía planeado algo para la princesa y ellos debían evitar que las senshis se interpusieran. Esa era la orden, estuvieran o no de a cuerdo con ella. En eso habían coincido los tres chicos. También en la idea de que si permitían que las senshis intervinieran en el plan de Threx las cosas podrían salir mal, para todos. Así acordaron, antes de ponerse los antifaces y los vestuarios con capucha que seguirían con ellas e incluso si era posible, las alejarían de la princesa.
Intentando cumplir con esa misión, él había inventado lo de encontrar un lugar hermoso en el barco y la había conducido -literalmente a ciegas- por los distintos pasillos y cubiertas hasta que pararon ahí.
Si su sentido de la orientación no le fallaba, se hallaban lo suficientemente lejos del salón principal como para interferir en los planes de Threx. Ese problema por lo menos, estaba resuelto por ahora. Si Threx actuaba antes de las diez –hora en que Mina había prometido a sus amigas volver- no habría más de lo qué preocuparse.
Ya solo le quedaba saber en donde rayos se encontraban Mina y él.
Estaba tan nervioso que no pensó en escuchar -u oler- para deducir el sitio exacto; solo sabía que había mucho ruido, de metales, voces y pasos, y se basó en eso para continuar
-sé que éste lugar te parece poco romántico pero…
-¡dos rebanadas de pastel para la mesa 6 y dos copas de vino para la 17! -exclamó un hombre que pasó cerca de él y entonces comprendió, poniéndose más nervioso aún, en qué lugar se habían metido.
-¡enseguida! -respondió otro hombre
Si Mina hubiera visto su rostro se habría dado cuenta de que estaba más rojo que nada
-¡vaya que me parece poco romántico! -dijo la joven con una enorme gota sobre la cabeza mientras veía como los chefs y meseros iban de un lado para otro con ingredientes los unos y con platillos listos en charolas los otros.
El silencio se asentó entre los jóvenes
Seiho no sabía qué decir o hacer, ¡realmente estaba arruinando el momento!
-ustedes no pueden estar aquí, si desean ir al restaurante vayan por allá -indicó un regordete hombre, que a Mina le pareció ayudante del chef
-lo sentimos -sonrió nerviosamente Mina mientras jalaba a Seiho hacia la puerta indicada y soltó enseguida-. No tenías ni la más mínima idea de donde nos encontrábamos ¿cierto?
-Mina yo…
-No entiendo porqué se obstinan en cubrirse el rostro con la capucha ¿se han puesto de acuerdo para jugarnos una broma?
- no es esa nuestra intención –respondió este de inmediato, dejándose guiar y luego de un silencio-: ¿estás molesta?
-no –respondió Mina con rapidez- pero estoy un poco preocupada por ti, Seiho
Se hallaban junto a las dos hojas de la puerta que separaban la cocina del restaurante. Uno de los meseros pasó junto a ellos, les rebasó y abrió las dos hojas con violencia. Entonces Mina vio de reojo el restaurante. Se volteó completamente hacia él y asombrada, caminó lentamente.
El restaurante se situaba en la parte frontal del barco, uno de los lugares con más ventanas para admirar el exterior. Por lo menos la mitad del semi redondo espacio poseía cristales en lugar de paredes y el brillo de las estrellas podía apreciarse gracias a que las luces dentro eran más que tenues. El lugar era considerablemente más pequeño que el salón principal pero eso lo hacía también más íntimo y cálido. Un lugar perfecto si lo que se desea es hablar tranquilamente con la pareja mientras se escucha música bella.
-a Usagi le caería muy bien esto –comentó Mina- además hay comida
Las mesas, distribuidas con corrección, eran iluminadas por las luces amarillas y temblorosas de las velas, una en cada mesa. A parte de estas, la única luz era la pálida y albina que caía sobre un pequeño espacio casi completamente ocupado por un piano. Al parecer aún no llegaban los músicos, pero pronto lo harían. El lugar estaba casi lleno.
-¡vamos a sentarnos por allá! –dijo Mina jalando a su compañero con rapidez
Seiho se sentó frente a ella sintiéndose aliviado. A Mina parecía haberle encantado el lugar y a él también. Podrían quedarse ahí, sentados, solo comiendo y hablando, sin hacer nada que requiriera de sus ojos. Eso era suficiente para convertirse en un lugar agradable para él.
Finalmente todo comenzaba a salir bien
Ambos pidieron una cena ligera, y estaban a la mitad cuando escucharon el sonido melodioso y fluido de las teclas del piano. Mina levantó la vista. Al lado del piano se había encendido otra luz y en él, brilló la cabellera aguamarina de una joven -que bien hubiera podido pasar por sirena- sosteniendo un violín.
-¡Haruka, Michiru! –dijo Mina ahogando una exclamación.
Seiho parpadeo con confusión
-¿has visto a alguien conocido? –preguntó, intentando saber lo que pasaba
-sí, pero ¡shhh!, han comenzado a tocar
Seiho no preguntó más y escuchó la melodía en silencio, al igual que Mina. Al finalizar, los aplausos remplazaron a la música y él también aplaudió, aunque sin mucho interés.
Los aplausos comenzaron a disminuir pronto y el sonido del violín volvió a dispersarse por el restaurante, esta vez sin ningún acompañamiento. Parecía tratarse de una balada. Pero él no le puso demasiada atención y continuó su cena en silencio.
De pronto sintió la mano de Mina apretándole ligeramente. Iba a preguntarle si le sucedía algo pero una voz habló antes que él.
-hola, preciosa
Se trataba de una voz áspera, grave, pero también increíblemente seductora. Al escucharla tuvo el violento impulso de levantar la cabeza, pero no pudo ver nada porque la capucha le cubría los ojos.
-¡hola, Haruka! –dijo Mina con una sonrisa exaltada- ¿cómo te diste cuenta de que…?
-fue por la pulsera –respondió Haruka- es demasiado especial
Había tanta emoción en las palabras de Mina que Seiho levantó un poco su capucha para ver lo que pasaba. Entonces sintió una terrible punzada en el pecho. Aquel hombre, engalanado con un esmoquin negro que le hacía lucir como un príncipe, el cabello color arena cayendo con gracia y elegancia, y esa sonrisa roba novias pintada en su rostro perfecto estaba parado frente a él, junto a Mina, sonriendo a la joven galantemente, atrayendo no solo la mirada de ella sino la de varias mujeres más.
-Michiru y tú siguen tocando una música hermosa –continuó Mina
-yo solo la acompaño con el piano –dijo el joven con seriedad y un aire distante que le hacía más atractivo. No había duda alguna: aquel chico era todo un casanova- ella es la que ama el sonido del violín más que otra cosa
Entonces la mirada de aquel hombre se posó en él, desconfiada, casi violenta.
-Veo que tienes novio –espetó este de pronto
-¡ah, sí! –exclamó Mina, volteando a ver a Seiho
"¿ah, sí?" pensó Seiho con cierto enfado, ¿qué rayos significaba eso?, ¿que se acababa de acordar de su existencia?
- Te presento a Seiho Takenouchi
- mi nombre es Haruka Tenou
- es un placer –respondió Seiho
- es verdaderamente una sorpresa que estén aquí –continuó Mina- pero supongo que era de esperarse. Un evento perfecto como este también necesita de música perfecta.
Haruka solo mostró una tenue y deslumbrante sonrisa.
Algunas parejas, movidas por la música habían dejado sus lugares y abrazadas, con pasos insignificantes, bailaban lento, con la música, en el pequeño espacio al centro del restaurante.
- ¿más tarde, bailarás alguna pieza conmigo? –preguntó Haruka de pronto, dirigiéndose a Mina, que se sonrojó inmediatamente. Seiho sintió que la punzada en su pecho se clavaba más. Haruka pareció notarlo porque agregó- ¿no te importa verdad? Después de todo será solo un baile entre mujeres
Seiho abrió los ojos enormemente, sin comprender del todo
-mu…mujeres -tartamudeó y una tenue sonrisa burlona apareció en el rostro de la pianista
-sí, Haruka es una mujer -respondió Mina- Admito que yo y mis amigas también nos equivocamos la primera vez que la conocimos –le sonrió Mina, para aligerarle la vergüenza. Entonces se giró hacia Haruka- Usagi, Mako, Rei y Ami también han venido. Cuando les diga que están aquí se pondrán muy felices
-preferiría que no lo hicieras –dijo Haruka con misterio
En ese momento sonaron los aplausos. La violinista había terminado de tocar aquella relajante pieza. Aceptó los aplausos con una modesta sonrisa y anunció la siguiente melodía del programa. Entonces las parejas que habían salido a bailar volvieron inmediatamente a sus lugares.
La violinista comenzó a sacar nuevos sonidos a su instrumento: una pieza rápida, de sonidos chirriantes y particularmente compleja daba inicio…
# #
Mamoru Chiba recorrió el lugar con la mirada, como buscando
-¿dónde están las demás? –preguntó entonces
Usagi había estado atenta a lo que haría o diría él, así que respondió de inmediato
-Mako está bailando, y Mina y su pareja se fueron hace rato –dijo mirándolo dulcemente- Tendremos que esperar hasta las diez pare verles de nuevo. Después de todo, esta noche es para estar en pareja ¿no es así?
-¿a las diez? –preguntó Mamoru, ignorando las ultimas palabras de ella y el tono en el que las había pronunciado
-cuando llegamos al salón anunciaron que a las diez podríamos quitarnos esta ropa y el antifaz… -le explicó Usagi y a continuación dijo con una pequeña sonrisa- había olvidado que no pudiste escuchar eso porque estabas con Rei
Los dos se quedaron en silencio. Mamoru estaba a punto de hablar, precisamente sobre Rei y lo que ella le había dicho, pero Usagi le ganó la palabra.
- ¿Sabes? Hoy después de la reunión con las chicas logré terminar el libro que me recomendó Umino, Otelo –Usagi no lo miraba, parecía concentrada en un punto no especifico, rememorando lo que había leído- Cuando comencé a leer pensé que se trataba de una historia de amor; realmente creí que lo que sentían Otelo y Desdémona era irrompible y entonces… -se quedó callada un segundo, empuñando las manos- Definitivamente no quiero que nuestra historia termine como la de ellos. Por eso…
Volteó a verlo, con una mirada brillante; un rostro serio y decidido
- si mis celos crecen al extremo de los de Otelo, entonces… ¡huye de mí lo más lejos que puedas!
Sin duda Usagi había hablado seriamente, lo demostraba la determinación plasmada en su rostro y en sus palabras. Sin embargo, algo en su profunda preocupación, en su nueva expresión y en los ríos de lágrimas que habían salido de sus ojos apretados al hablar, resultaba verdaderamente cómico. Mamoru, sorprendido por aquella imprevista charla y por el gesto chusco de ella, lanzó una risita
-no es para tomárselo a juego –le recriminó ella
-lo siento, pero nunca había visto a alguien decir esas palabras mientras su rostro refleja totalmente lo contrario –dijo él al fin, con calma, parando de reír.
Usagi hizo un puchero de enojo, luego este se desvaneció lentamente. Dirigió la mirada hacia el suelo, con gesto pensativo. La capucha, que le quedaba grande, se deslizó hasta que le cubrió los ojos, como lo había echo en repetidas ocasiones.
- tengo mucho miedo de que me pase lo que a Otelo –murmuró Usagi repentinamente. Su gesto tenía un toque de inusual angustia
-eso no va a pasar, Usa –dijo la voz de él, ya sin pizca de humor
-¿cómo puedes estar tan seguro? –replicó, levantando la cabeza, pero tuvo que recoger un poco la capucha para poder verlo- ¡Otelo no era celoso al principio del libro mientras que yo me pongo celosa de todas las chicas que se te acercan! Si algo como eso le pasó a él no tengo ni idea de lo que una persona como yo podría hacer
Usagi mantuvo la mirada en él. Asombrosamente, Mamoru seguía sonriéndole. Había tanta seguridad en su expresión, en sus ojos fijos en ella, en todo él, que de alguna forma Usagi comenzaba a sentir un pequeño y cálido sentimiento envolviendo su angustia y su recelo, un bálsamo extraño pero reconfortante.
-lo sé porque, de alguna forma inexplicable, tú siempre sigues el camino de la luz, Usa –dijo Mamoru al mismo tiempo que elevaba sus manos y acomodaba la capucha de Usagi, evidentemente mejor de lo que lo hizo ella porque no volvió a bajársele. Lo hizo con esa mirada que también parecía sonreírle.
Usagi se sorprendió al inicio, luego bajó la mirada
-el camino de la luz… -repitió en tono meditabundo y agregó después con una semi sonrisa-: me sobrestimas….
Sus dedos tocaron ligeramente la orilla de la mesa, sintieron la suavidad de la tela blanca del mantel cuidadosamente planchado. Su expresión se había vuelto aún más meditabunda y ligeramente triste
- Yo no creo haber caminado hacia la luz en ninguno de los días pasados, al contrario… -continuó, mirando el mantel- Desde que Akiko apareció he sentido tristeza, dolor y también mucho enojo; hacia ella, y hacia ti…. –confesó, avergonzada- Incluso ahora cuando los celos aparecen, esos sentimientos resurgen y nuevamente me parece tan difícil controlarlos…
Sus dedos sobre la mesa se encogieron con un movimiento rápido, como un estremecimiento, sin embargo, no llegaron a formar un puño.
-aquel día en que Akiko y yo fuimos atacados por sus hermanos, tú decidiste dejarme ir –dijo él de pronto- "que seas muy feliz"… ¿por qué dijiste eso?
Usagi dejó atrás los sentimientos que con solo recordarlos, habían dejado aflicción en su rostro y, concentrándose en la pregunta de él, arrugó las cejas, reflexionando
-yo, no lo sé –confesó- Tú parecías tan confuso, tratando de decidir entre quedarte con ella o salir de ahí conmigo y yo no quería que el hecho ser tu novia te comprometiera a seguirme. Aunque, en realidad… –recordó de pronto- eso era lo que había pensado decirte desde antes. A veces me preguntaba si estando a su lado tú volverías a ser el chico alegre que vi en las fotos del álbum dorado –y con una sonrisa afligida dirigida a él, continuó-: Yo quería que fuera así, aunque sabía que eso no haría más que destrozarme…
Mamoru se recargó de espaldas en la mesa
-incluso si Akiko estuviera a mi lado, aquello no volverá –dijo él con voz firme, los ojos cerrados- Las cosas cambiaron en todos esos años, yo cambié. Es imposible regresar al que era antes.
-¿entonces no fue la ausencia de Akiko la que te hizo cambiar?
Mamoru abrió los ojos y miró sutilmente hacia el suelo
-lo fue, en parte –dijo, haciendo que Usagi solo se confundiera más- ese hecho cambió el rumbo de mi vida, la llenó de amargura… Es difícil soportar que la persona que te ha dejado pueda seguir su camino mientras que tú te consumes en el dolor, sabiendo que no podrás avanzar sin ella. La humillación, el coraje, la infelicidad es tanta que incluso comienzas a desear que ella sufra igual que tú, no, que sufra aún más, el doble de lo que tú estas sufriendo. Comienzas a sentir odio. Dejar que esos sentimientos continúen es peligroso: puedes terminar destruyendo al ser que amabas, y también terminar destruyéndote a ti mismo…
-como Otelo –murmuró ella y Mamoru asintió, mirando los ojos azules, reflexivos, de Usagi. Luego de dudarlo un segundo, Usagi continuó- ¿es lo que sentiste cuando Akiko se fue?
-sí –respondió él con nostalgia y cierta tristeza- Cuando me convencí a mi mismo de que ella no me amaba más, la odie verdaderamente, dolorosamente… Los sentimientos fueron tan intensos que incluso cuando pasaron los años, incluso cuando creí que esa herida había sanado, volvieron a palpitar el día que reapareció…
Usagi recordó la expresión de Mamoru cuando se detuvo de pronto mientras caminaban en el parque, esa tarde en que Akiko se presentó frente a ellos. Recordó sus palabras llenas de dolor que le hicieron suponer que algo importante había existido entre los dos.
-sin embargo –continuó Mamoru, sacándola de los recuerdos- otros sentimientos nacieron en esos años de ausencia –Usagi volteó a verlo y se encontró con sus ojos que ya la esperaban, brillando misteriosa y hermosamente- Esos sentimientos hicieron que recobrara la sensatez. Me salvaron hace tiempo y me salvaron de nuevo hace unos días… -y ampliando la sonrisa, dirigió la plática hacia el rumbo inicial-: A diferencia mía, Usa, tú elegiste la vida desde un inicio. Y aún sigues haciéndolo –y agregó de inmediato ante la pregunta clara en los ojos de Usagi- si no fuera así, hace un momento no me habrías pedido que me alejara de ti en el momento en que los celos te dominaran –explicó Mamoru- Si estar a tu lado me llevara al sufrimiento o al desastre tú aún estas dispuesta a desearme felicidad y dejarme marchar… -continuó y Usagi comprendió por fin lo que él intentaba decirle.
Así que las cosas eran así. Hasta ahora ella se había sentido enormemente confundida por todos esos sentimientos que pugnaban en su pecho sin saber que, aún cuando se sentía aturdida, ya había elegido unos por encima de los otros desde hace tiempo. Miró al suelo, miró en su interior y se dio cuenta de que aquello era totalmente cierto. Y, sin embargo…
- pero –agregó Mamoru- debo confesar que ese hecho provoca en mí una sensación desagradable… -dijo sin mucho ánimo- Los seres humanos somos realmente complicados, después de todo…
Usagi examinó un segundo la sonrisa confusa, avergonzada de él, para luego bajar la vista y sumirse en sus propios pensamientos
"Que seas muy feliz" A él le desagradó que dijera eso
-ayer me sorprendiste al desearme felicidad y hoy me sorprendes de nuevo al pedirme que te deje y vaya a buscarla –le había dicho Mamoru antes, en la misma charla en que él le reveló lo de sus heridas-¿En verdad deseas que me aleje de ti?
-yo tampoco me sentí feliz cuando me dirigiste esas mismas palabras –dijo ella de pronto- Creo que se parece a lo que sentía en ocasiones cuando otros chicos me miraban mientras estábamos juntos. Me molestaba que no te pusieras celoso en esos momentos… No es que deseara que golpearas a esos chicos ni nada por el estilo, solo quería que te pusieras un poquito celoso, un ligero gesto de enojo hubiera bastado… aquello para mí, de alguna forma, era una muestra de que soy importante para ti… Cuando tú también me deseaste felicidad sentí lo mismo, aunque fue mucho más doloroso… en verdad pensé que ahí terminaba todo…
Mamoru pasó sus dedos por la mejilla de ella y Usagi levantó la mirada. Era límpida pero ligeramente triste
-así que nos herimos uno al otro ese día –dijo él con una ligera sonrisa de comprensión
-así parece –respondió ella, acariciando a su vez la mano de él y dirigiéndole una sonrisa idéntica
- Tal vez nuestra historia se parezca a la de Otelo más de lo que aparenta… -hizo una ligera pausa para mirar el rostro atento de ella- Estas semanas nosotros también nos hemos dejado llevar por los malentendidos… Apenas y hemos podido platicar un poco, y gran parte de lo que hemos dicho no ha hecho más que confundir y empeorar la situación –Usagi recordó de pronto aquel día en el hospital donde le preguntó a Mamoru si había besado a Akiko. Su ser se cimbró con el simple recuerdo- Y también está lo que ella te contó…
-¿qué hay con eso? –saltó Usagi
- estoy seguro de que no ayudó en nada –explicó con una disimulada sonrisa y notó en el rostro silencioso de Usagi que tenía razón.
-¿acaso Akiko dijo alguna mentira o exageró algo? –preguntó Usagi
-no creo que ella hiciera eso –aseguró Mamoru- pero hay cosas que Akiko jamás habría podido saber, eso hace que lo que te contó sea una historia incompleta -Ella se mantuvo pensativa- En esas circunstancias es en parte justificable que aún tengas dudas, Usa.
Ella apretó la mano de él sobre su mejilla
-sin embargo, aún cuando aclaremos todas las dudas –pronunció sin mirarlo- es posible que los celos continúen allí ¿cierto?... Sentimientos como estos no desaparecen así, de pronto, lo sé… Aún así ¿sigues creyendo que caminaré hacia la luz?
Mamoru le sonrió
-así es –dijo- además, no pienso dejar que luches sola
Usagi levantó la mirada y no pudo evitar sonreír
Al aparecer no solo había similitudes en su historia y la de Otelo. También había diferencias. Otelo nunca habló de sus dudas con Desdémona, guardó sus sospechas, y estas se fueron acumulando lenta y mortalmente hasta que lo desbordaron, convertidos en resentimiento y furia. Pero ellos hablarían y ella escucharía todo lo que él tenía que decirle con mucha atención: ellos estaban juntos en esto, Mamoru y ella.
Esa simple idea la reconfortaba.
-hay un punto que me gustaría tocar primero –soltó Mamoru- algo que no puede esperar más.
Usagi parpadeó, extrañada. Él no solo parecía serio, sino también inquieto
-¿tan importante es?
Mamoru asintió
-tiene que ver con tu amigo Threx…
¡Hola! Me da gusto saludarles después de tanto tiempo de estar desaparecida ^^ Lamento la enorme tardanza, pero agregado a los problemas de siempre estuvo la extensión de este capitulo. Originalmente eran cuarenta páginas en Word, pero no quería subir tal cantidad de páginas de un jalón así que me devané los sesos pensando qué hacer. Intenté cortar, reducir y todo lo habido y por haber pero al final, como siempre, terminé dividiéndolo en dos capítulos ¬¬
Quiero darles un tiempo para leer esta primera parte, así que la siguiente la subiré la próxima semana ;D
Espero les guste este capítulo, aunque no sea más que el inicio de lo que sucederá en el crucero... por favor dejen reviews! Solo así sabré que siguen aquí, aunque esta autora tarde tanto en actualizar =_=
