- Draco… Mmm… no creo… ¡ah!… que es… esto sea buena idea- Harry se retorcía sensualmente en la oscuridad del cuarto de materiales del segundo piso.

- ¿Por qué dices eso? - Preguntó entre beso y beso el rubio, al tiempo que retiraba la blanca, y a su parecer muy sexy, bata de laboratorio al hermoso ojiverde.

- ¿Y si… mmm… surge alguna emergencia? – Aún dando alegatos, sus manos se movían solas por el cuerpo del ex-slytherin enfrente suyo, colgándose en la correa y desabrochándola con lentitud.

- ¿Emergencia? – Se separó con brusquedad de su león, mirándolo de manera acusadora - ¡Ah, claro! Si tu trabajo es meterle mano en partes no muy apropiadas a todo hombre y mujer que pase por tu consulta… ¡Prefieres trabajar a estar conmigo! - Sus ojos grises tomaron un color tormenta al pronunciar estas palabras.

- Draco, amor… ¿estás… estás celoso de mis pacientes? – Harry le observó con creciente asombro y algo de diversión.

- ¡No! No estoy celoso, es sólo que desde que entramos como médicos residentes ¡apenas si nos hemos visto! ¡Aparte que los tarados que hicieron este hospital pusieron ginecología y forense en alas totalmente opuestas!

- Estás celoso… - Dijo con una sonrisa bailándole en los labios.

- ¡NO-ESTOY-CELOSO! – Un espantoso grito se oyó en toda el ala este del hospital Saint Mary, haciendo que muchos de los habitantes voltearan hacia los lados buscando la fuente de tal ruido.

- Sí amor, lo que tú digas – Harry soltó una suave risita al tiempo que besaba la sonrojada nariz de su rubio favorito.

:. FIN

Con amor,

E.