La bruja y el demonio

Capítulo 2

Las Catacumbas

Maka se levantó temprano al día siguiente como había prometido, y a las seis de la mañana, antes de que el sol saliera, buscaba las cosas con las que limpiaría el templo.

El lugar era impresionante. La oscuridad quedaba un poco disipada por la luz de la luna que entraba por los vitrales. Las columnas majestuosas, los pasillos enormes, las imágenes en los ventanales…sencillamente majestuoso. Maka sintió fuertes deseos de correr, de perderse en ese lugar, de quedarse. No era vocación ni que de repente hubiera sentido el llamado de una vida religiosa. Era el simple deseo de desaparecer en ese sitio en el que parecía que el tiempo y la vida eran eternos, donde todo era hermoso y sagrado, donde difícilmente la encontrarían si era capaz de confundirse con el entorno.

Contuvo las ganas de llorar. Deseaba muchas cosas, en realidad. Más que nada, deseaba ser libre.

Decidió trabajar rápido. La misa era a las 10 de la mañana aproximadamente, así que comenzó a quitar el polvo de las bancas. Más tarde barrería los pasillos y luego limpiaría las imágenes de los santos. Y finalmente el altar. En realidad quería dejar eso de último, pues temía hacer algo indebido.

El sacerdote apareció al cuarto para las 8. Ya el sol había salido y Maka había avanzado bastante en su limpieza. El buen hombre se impresionó bastante, pero no dijo nada. Comenzó a limpiar el altar por sí mismo. Cuando Maka tuvo que empezar a limpiar algo cerca de allí, tuvieron tiempo de platicar un poco.

-Muchas gracias, señorita Maka. Más tarde vendrán unas señoras a ayudar con lo que falta.

-Está bien. Yo podría hacerlo por mí misma.

-No es necesario, has hecho bastante. Debiste levantarte muy temprano.

-Un poco.

Maka se sentó cerca de ahí.

-¿Y cómo estuvo la cena anoche? ¿Lograste establecer alguna conversación civilizada con Soul?

Se quedó pensativa unos momentos y luego sonrió delicadamente.

-Creo que sí. Hablamos y hasta reímos un poco.

-Me alegro por él- comentó el padre, sonriendo- creo que lo que necesitaba era que alguien de su edad lo escuchara y hablara con él. No es fácil establecer ese tipo de amistad con un viejo como yo. Aunque- su expresión cambió a una más preocupada- no sé si el hecho de que hayan hablado quiera decir que ha aceptado la situación. Espero que así sea.

-¿Podría ahora contarme un poco más acerca de él?- Maka sabía que no sería difícil lograr que el sacerdote le hablara de Soul. En momentos como ese, él era la única cosa que tenían en común.

-Bien…Soul llegó aquí, a las puertas de Notre Damme, una noche de primavera. En la mañana salí temprano para abrir las puertas y entonces vi un bulto en la entrada del templo. En seguida me di cuenta de que era un bebé. A veces los niños que son abandonados a la puerta de un templo, sobre todo uno como este, son considerados benditos y predispuestos a una vida dedicada a la santidad. La gente se acercó. Estaba dormido pero algo lo despertó. Todos gritaron, y automáticamente lo aparté de mí. Tenía esos ojos, rojos y extraños, y miraba a su alrededor como si estuviera estudiando nuestros rostros. La gente comenzó a decir que era un demonio, que eso no podía ser un niño y que debíamos abandonarlo en el bosque o algo parecido.

Maka estaba horrorizada. ¿Cómo podía la gente llegar a pensar así?

-¿A un pobre bebé? ¿Eran capaces de hacer eso?

-Yo mismo me culpo por no defenderlo como debí hacerlo. Unas religiosas me ayudaron a cuidarlo cuando era un bebé y en cuanto pudo estar sentado y pararse sin caerse lo confiné a los campanarios. Según yo, ya había hecho bastante dejándolo vivir. Apenas seguí haciéndome cargo de su alimentación. Fue después de bastante tiempo que me concienticé de que mis actos eran totalmente injustos y erróneos, y que me había dejado influenciar por la ignorancia y las creencias populares de la gente. Tuvieron que pasar 5 años para que pudiera empezar a remediar mi error.

-¡¿5 años?

En ese momento entraron las señoras que iban a ayudar con la limpieza.

-Puedes irte, Maka- indicó el sacerdote- si quieres, puedes prepararte algo de desayunar. Yo voy a preparar la misa y realmente no tuve tiempo de cocinar nada en la mañana.

Aún había cosas que Maka quería saber, pero prefirió irse de ahí. Realmente estaba cansada.

Entró en la cocina y preparó algo para almorzar. Decidió ir al campanario antes de que la misa comenzara.

Mientras subía las escaleras, las campanas empezaron a sonar. En seguida pensó en Soul.

-Buenos días Soul.

Él la miró desde donde estaba parado. Se acercó lentamente y ella le mostró lo que había preparado.

-Vamos a almorzar.

No tardó en darse cuenta de que Soul se había encerrado en su mutismo de nuevo.

Maka lo miró en silencio mientras comían. Se habían sentado juntos en el mismo lugar de la noche anterior, desde donde se podía ver toda la ciudad. Hacía un domingo templado y hermoso. En el interior de la catedral se celebraba la misa. Ella se preguntó qué pensaría Soul…qué era lo que realmente ocurría dentro de su cabeza cuando guardaba silencio, y cómo era posible que realmente lo hubieran tratado tan mal cuando era apenas un niño.

Quiso hablarle de eso. Quiso tener su versión de la historia, pero pronto comprendió que quizás era algo de lo que él no quería hablar. Probablemente pensaría que ella era demasiado entrometida, y en el peor de los casos le huiría más de lo que ya lo hacía.

Optó por guardar silencio. Se miraron un momento al terminar de comer.

-Gracias- dijo él en voz baja y se perdió entre las vigas de nuevo, en la oscuridad.

Maka respiró profundamente. A veces odiaba ser tan prudente.

Al terminar la misa, y cuando calculó que ya toda la gente se había ido, Maka fue a la casa cural y lavó los platos que había usado para el almuerzo. El sacerdote entró y le sonrió ampliamente.

-Te tengo buenas noticias- venía con una biblia entre sus manos, la cual dejó en la mesa- conseguí que una de las mujeres que ayuda en la catedral vaya por algunas de tus cosas a tu casa. Si vas a quedarte aquí vas a necesitar ropa.

-Tiene razón.

-Además, es una chica joven, como tú. Es de confianza y me comentó que ya te había visto antes, y que sabe dónde está tu casa.

-Bien. Le daré la llave para que pueda entrar.

-Ve entonces. Ella está en las bancas, esperando cerca de la entrada.

Maka pensó las cosas mientras iba a las escaleras. A decir verdad, ella no tenía amigos y no conocía a nadie en París. Y si había visto alguna vez a esa chica, entonces no la recordaba en lo absoluto. Tal vez era dependienta en una tienda o algo así. Además, la casa de Maka era más bien un cuarto pequeño. Era un poco extraño que alguien si quiera se hubiese fijado en ello.

Subió rápidamente y fue a su habitación. Tomó la llave de su bolsa y luego bajó con la misma velocidad buscando a esa chica.

Cuando la vio la reconoció en seguida, estaba sentada esperando pacientemente. La había visto en la mañana ayudando con la limpieza.

Se acercó.

-Buenos días- dijo con toda la amabilidad posible- yo…

-¿E…eres Maka…?

-Sí, soy yo.

-Esto…yo le dije al padre que puedo ir por tus cosas a tu casa- de pronto se puso de pie y se inclinó como disculpándose- perdona mis modales. Mi nombre es Tsubaki, mucho gusto.

Camelia, pensó Maka rápidamente, creo que le queda el nombre.

En seguida sintió cierta simpatía por la chica. No dudó en darle la llave de su casa e intercambiaron algunas palabras. Incluso se permitió pedirle de favor que le llevara también unos libros que quería leer además de los que ya llevaba consigo.

-No te preocupes por nada- Tsubaki tenía una sonrisa muy dulce e inspiraba confianza desde el primer momento- estaré de regreso en un rato.

Cuando Tsubaki le llevó su ropa y sus libros, Maka pudo asearse en el pequeño baño que se encontraba fuera de la casa cural, en el patio. Tsubaki se enteró de cómo ella había terminado viviendo en la catedral y le ofreció su sincera amistad.

-Puedo venir a visitarte en las tardes, para que no estés tan sola- dijo mientras Maka se secaba el pelo con una toalla- podemos platicar…puedo traerte lo que necesites, o si quieres podemos tomar el té, o coser, lo que tú quieras- propuso de forma ansiosa como si fuese cosa de vida o muerte. Maka la miró y sonrió.

-Gracias Tsubaki, pero estoy asilada, no moribunda- comentó ante la amabilidad exagerada de la chica- de verdad espero que seamos muy amigas, pero no es necesario que te tomes tantas molestias por mí. Me gustaría recibir tus visitas, pero no quiero ser un estorbo.

-Por eso no te preocupes- repuso ella con una sonrisa tímida- para mí será un gusto.

Cuando Tsubaki se fue, Maka acomodó sus cosas en la pequeña habitación que le habían asignado y miró alrededor satisfecha. Las cosas no marchaban tan mal, y por lo menos tendría en qué entretenerse mientras estuviera allí.

El día avanzó rápido tranquilo. Aprovechó el resto del día para leer. Había perdido por lo menos un día de lectura y lo tenía que reponer. No cenó nada y tampoco había vuelto a ver a Soul. El día se le fue pensando y analizando, y haciendo anotaciones. En la noche estaba realmente exhausta y dispuesta a dormir, sin embargo salió a asomarse a la puerta por si él se encontraba por allí.

Sólo quería ser amable. Sólo quería darle las buenas noches.

No se encontraba a la vista. supuso que ya estaría dormido.

Ella fue a dormir finalmente.

Al día siguiente se sentía especialmente cansada. Sin embargo se decidió y se puso de pie. Soul seguía sin encontrarse en ningún lado.

Se atrevió a bajar a la catedral. Había algunas personas ya rezando, y el padre confesaba a algunos devotos.

Maka se dirigió de nuevo a la casa cural. Se acercó con la intención de buscar con qué comenzar a limpiar, cuando escuchó un ruido. El patio estaba desierto, pero comenzó a escuchar…era música.

Buscó por todas partes y finalmente, en el piso, suficientemente oculta de cualquier cosa, encontró una puerta, que abrió con una argolla de metal. Miró a su alrededor. Se aseguró de que nadie la vería y, no sin temor, se adentró por aquella puerta. Cayó en un suelo firme y respiró profundamente. Estaba oscuro, pero ella distinguió que era un pasillo, puesto que al final había una luz.

Respiró profundamente mientras las notas inundaban sus oídos y se daba valor para caminar. El pasillo de tierra era húmedo. Realmente no creía que hubiera un lugar que le provocara más claustrofobia que aquellas escaleras, pero pronto se dio cuenta de que ese pasillo era peor. Se iba sosteniendo de la pared. Mientras su mano se ensuciaba y se iba acercando cada vez más a aquella luz, su corazón latía con fuerza. ¿Quién podría estar allí, tocando esa música? ¿Qué tal si le hacían daño?, ¿Qué demonios hacia ella ahí?

Cuando llegó al final del pasillo, se quedó petrificada con lo que vio. Se encontraba dentro de una cueva, iluminada con antorchas. Y en el centro, un viejo piano suspiraba una nota tras otra mientras los ágiles dedos del pianista tocaban. Y el pianista, como pudo darse cuenta rápidamente, era nada menos que Soul.

Se quedó en completo silencio mientras él seguía tocando. La canción que emitía el piano era melancólica y trágica. Los ojos del campanero no se alejaban de las teclas. Estaba inclinado sobre el piano, sus sienes chorreaban de sudor y su mirada era flameante y ausente. Sus venas se saltaban, y por momentos su cuerpo se tensaba, y luego se relajaba por completo de manera intermitente.

En conjunto la imagen era tétrica, oscura, inquietante y al mismo tiempo absorbente y cautivadora. Maka no pudo apartar la vista. Fueron los tres minutos más largos de su vida. Su corazón palpitaba con fuerza, y tenía fuertes deseos de salir corriendo, y al mismo tiempo, de quedarse parada ahí, donde estaba.

Cuando la canción terminó, Soul volteó hacia ella.

-Suficiente- dijo sin emoción, mirándola fijamente- ¿Cómo llegaste aquí?

-E…escuché la música.

Soul respiró profundamente.

Cerró la tapa del piano y se quedó sentado sin decir más.

-¿Cómo aprendiste a tocar el piano?

-Con un libro. Supongo que es algo que se me da.

-¿Y cómo llegó hasta aquí?

Soul miró a su alrededor.

-Esto es una serie de catacumbas conectadas unas con otras. Los ladrones y los que huyen de las autoridades las usan a veces de refugio. Una vez robaron esto y lo dejaron aquí. Nunca volvieron por él.

-O sea que esto está conectado con el exterior- Maka vio los diferentes pasillos alrededor que conectaban con las otras catacumbas- ¿Porqué no me lo dijiste antes, que había forma de salir de aquí?

Soul volteó rápidamente hacia ella y la miró con furia.

-Existe una buena razón por la que ya nadie usa las catacumbas, y esa es porque las entradas están vigiladas. Cualquier persona que salga de aquí será considerada sospechosa solo por el hecho de haberse atrevido a atravesar estos pasillos.

Una vez la mirada de Soul arrebató a Maka.

-Además- continuó, un poco más relajado- si lo que quieres es huir, tienes que atravesar el río. Y el bosque. Y ambas cosas son muy peligrosas.

Esto desalentó a Maka. Luego recordó porqué estaba allí.

-Tocas muy bien. Considerando que aprendiste por ti mismo, es algo bastante sorprendente.

-No era algo que quisiera compartir.

Maka sintió una gran incomodidad. Sin embargo decidió no darse por vencida. Había decidido que Soul y ella serían amigos y su avance del primer día no se iba a ir a la basura tan fácilmente.

-Soul, quiero decirte una cosa y espero que te quede claro. Yo no estoy aquí por que quiera estarlo, pero de todas formas, realmente quiero que confíes en mí. Podemos ser amigos. ¿Alguna vez has estado cerca de alguien?

Soul bajó la mirada.

-Siempre he tratado de no acercarme a la gente. De todas formas, nunca he tenido a nadie con quien compartir absolutamente nada.

Maka sonrió y se acercó más. Estiró su mano hacia él.

-Seamos amigos. Por favor. Sé mi compañero.

Ni ella misma comprendió a qué se refería con esa última frase, sin embargo, Soul estiró su brazo y tocó su mano. En ese momento comprendió cuán profunda había sido su soledad hasta ese momento.

Contuvo el aire mientras ella se sentaba a lado suyo.

-Cuéntame…

-Ahora no- susurró él, interrumpiéndola- será mejor que vuelvas. Me quedaré aquí un rato más. Vamos, te acompañaré hasta la entrada.

Soul siguió tras ella en completo silencio. Maka no se opuso. En su interior estaba realmente animada. Aún no conseguía que Soul le hablara más de él, pero sí había conseguido su amistad.

Cuando la puerta se cerró, Soul se apoyó contra la pared de tierra, preguntándose si estaba haciendo bien. Sólo se había permitido hacerse ilusiones una vez de tener una amistad de verdad, mucho tiempo antes, cuando era un niño, y nada había salido bien.

Realmente no quería salir herido de nuevo, y tampoco quería herir a Maka. Se acercó al piano y levantó la tapa. Comenzó a tocar una canción diferente, tratando de olvidar todo por lo menos un rato.

Maka se puso a limpiar la casa cural mientras el padre seguía en la catedral. Estaba esperando a que Soul saliera de las catacumbas, pero pasó un largo rato y esto nunca ocurrió.

Decidió alejarse de allí. Se adentró en la catedral y comenzó a limpiar las bancas, con el secreto deseo de que el sacerdote se acercara a contarle un poco más acerca de la vida de Soul.

Pero eso tampoco ocurrió. Sin embargo, la amable figura de Tsubaki apareció en el umbral. Se acercó y comenzó a ayudarle, mientras platicaban.

Maka no tardó en darse cuenta de que Tsubaki no tenía idea de la existencia de Soul. Entonces volvió a pensar al respecto. Lo más probable era que nadie en ese lugar supiera nada de Soul, y quienes supieran de él, seguro guardaban el secreto de ser descubierto por las generaciones jóvenes. Después de todo, ningún lugar se orgullecería de tener a su propio demonio.

Maka no tardó en darse cuenta de que en el tiempo en que la había visitado Tsubaki Soul pudo haber subido de nuevo al campanario.

Subió las escaleras con lentitud. Cuando llegó arriba, decidió volver a sus estudios, cuando la voz de Soul la llamó.

-Oye…Maka-era la primera vez que le oia decir su nombre. Le gustó- Ven.

Maka se dirigió hacia él. Con su ayuda pasaron por entre las vigas y finalmente se internaron en las campanas. Maka comprendió. Estaba aceptando su amistad. Le estaba mostrando su hogar.

Las campanas se mantenían en su lugar, pesadas y enormes. Caminó entre ellas, tocándolas suavemente. Soul se acercó a ella. Maka siguió viendo a su alrededor. Había enormes columnas que daban hacia afuera. Desde allí la vista seguía siendo hermosa, pero la presencia de las campanas le daba algo especial al lugar. Maka se dio la vuelta y miró a Soul con una sonrisa.

-Muchas gracias, Soul.

Soul miró hacia el suelo como si pensara en algo. Luego levantó la mirada hacia ella y a miró con seriedad.

-Maka…no suelo…tener amigos, ni compartir con nadie. Pero creo que sabes ya demasiado de mí como para ignorarlo, ¿Sabes? No sé lo que es una amistad y tampoco tenía intenciones de tener una. Sólo voy a pedirte algo.

-¿…Sí?- a Maka todo le pareció muy extraño, pero quiso dejar que Soul terminara de hablarle.

-Si alguna vez te llego a lastimar, sólo olvídame y trata de no volver a acercarte a mi nunca más…

Continuará…

Gracias por leer y por la buena recepción que tuvo la historia. Dudas, preguntas y sugerencias, no duden en dejar Rr n.n

Besos!

Atte. Yereri Ashra