Alguien le llamó y sus pasos se detuvieron enseguida, como si hubieran lanzado un hechizo paralizante sobre él. Sus ojos grises se estrecharon al tiempo que su cabeza giraba con lentitud, casi vergüenza hacia atrás, captando enseguida una mata de revuelto cabello negro que se acercaba.
Sin meditarlo mucho, Lucius y Narcissa siguieron avanzando, sin notar en apariencia, que su hijo ya no los acompañaba. Con porte elegante y aristocrático se perdieron entre los largos pasillos del castillo rumbo a la salida.
Harry se detuvo ante el rubio, doblándose sobre si mismo tratando de recuperar el aire perdido durante la carrera, cuando al fin su reparación volvió a la normalidad, alzo su rostro con una mueca pintada en el.
- Potter… - Su ceño se frunció al pronunciar el nombre.
- Malfoy… - Respondió con un retintín ya familiar, antes de continuar – Solo vine para dar…
Pero su frase se quedó inconclusa al oír un leve murmullo de parte de Draco, que había fijado su vista en el acerado piso, detallando cada forma descrita en el.
- ¿Qué dijiste? – Un deje de curiosidad se extendía por su tono de voz, mientras se curvaba un poco para observar el rostro de su rival. Que a pesar de los años le seguía sacando una cabeza de diferencia.
- No me hagas repetirlo – Unos ojos grises se posaron con fiereza sobre un hermoso verde esmeralda, retándolo.
- ¿Entonces para que lo dijiste en un principio? Sigues siendo el mismo idiota de siempre, Malfoy – Harry frunció el entrecejo, no estaba ahí para discutir con un niñato malcriado.
EL Slytherin suspiró.
- Gracias… - dijo esta vez de manera audible, ganándose una expresión de sorpresa de parte del salvador del mundo mágico. – Tengo una deuda de mago contigo.
- ¿Una deuda de qué? Yo no hice nada por ti -
- Me salvaste la vida dos veces, Potter. Creo que eso se puede considerar algo más que nada – Arrastrando las palabras como acostumbraba hacer.
- Bueno si, pero… - El gryffindor no encontraba algún razonamiento o excusa lógica. - ¡Que importa! No me debes nada, ¿entiendes?
- Gryffindor – casi sonó a insulto, por le tono en que fue dicho.
- No tengo mucho tiempo que perder contigo – Introdujo su mano en el bolsillo interior de su túnica, extrayendo una lustrosa varita del interior – Toma, solo venía a devolvértela.
- Gracias, de nuevo… supongo – Tomo la varita y un silencio avasallador se extendió sobre ambos, hasta que un gritó proveniente de un pasillo lateral – La Weasley te llama, Potter.
- ¡Oh si! Hasta luego, Malfoy – Y le extendió la mano, aun estando molesto por la mueca de desagrado que se dibujo en el rostro del joven ante él, al escuchar la voz de Ginny.
Draco estrechó escuetamente la mano y justo antes de soltarla un susurro que asemejaba más a un siseo salió de sus labios.
- Nunca te faltará nada, Potter – Y sin más se volvió, aun con la cara desfigurada, dispuesto a alcanzar a sus padres. Caminó rápidamente, hasta que una voz suave y pausada lo detuvo.
- Sé feliz, porque la persona que amas es feliz aunque sea con otro.-
Captó la mirada comprensiva de su madre, acompañada por el contacto tibio de la mano de su padre sobre su hombro.
Y sonrió.
:. FIN
Con amor,
E.
