¡Hola! Aquí está la continuación de mi fic.
Sin nada en especial que comentar de momento. Soul Eater y sus personajes no me pertenecen. Disfrútenlo.
La bruja y el demonio
Capítulo 4
Carnaval
El día anterior al carnaval, en la noche, Tsubaki llegó con dos paquetes que entregó a Maka en la más absoluta discreción. Aunque su amiga creyó haberla convencido antes, Tsubaki mostraba una gran inseguridad, y miedo por lo que pudiera llegar a pasar. A Maka no se le pasó por alto en ningún momento y no le quedó opción que preguntarle.
-¿Qué es lo que pasa, Tsubaki?
Tsubaki se miraba las manos sin saber cómo decir lo que quería decir. Maka la miraba interrogante y firme.
-Yo…sigo sin creer que esto sea una buena idea, Maka.
Maka soltó un suspiro y dejó el paquete en una silla (estaban en la casa cural) la tomó de los hombros y le habló con determinación.
-Haremos que funcione, créeme. Tomo toda la responsabilidad desde ahora, ¿De acuerdo? Si algo pasa, tú no me conoces. Eso es todo.
-¿Y…que hay de… Soul?
-No dejaré que le hagan daño, así de simple. Entonces- prosiguió- te veo afuera de la catedral en cuanto se ponga el sol.
Tsubaki bajó los ojos y asintió. Ella y Black*Star aun tenían mucho que hacer, así que tenía que volver pronto.
Maka tomó los paquetes y subió al campanario a toda velocidad.
A veces las escaleras le parecían difíciles de subir. A veces eran demasiado oscuras. Otras veces era simple y sencillamente que estaba muy cansada o triste, y cada paso que trataba de dar era todo un suplicio.
Pero en ese momento las escaleras le parecieron ligeras y rápidas de subir, tan grandes eran sus ansias de llegar a su destino. Corrió y al llegar arriba se encerró en su cuarto mientras Soul, que estaba barriendo el piso de madera, levantaba la vista y la observaba hasta que desaparecía por la puerta. Un sudor frío bajó por su cabeza. Algo traía entre manos esa chica, y tenía un presentimiento extraño al respecto.
Maka puso ambos paquetes sobre la cama y los abrió cuidadosamente. Tsubaki lo había hecho bien. Los trajes le parecieron perfectos.
Con la mirada calculó si el traje de Soul le quedaría bien.
Dedujo que así era, pero prefirió asegurarse. Por un lado no quería arruinar la sorpresa de ver a Soul con su disfraz para el carnaval, pero por otro lado necesitaba asegurarse de que le quedara bien. Solo por si acaso.
Sigilosamente dio unos pasos afuera de su habitación. Aunque ya era un poco tarde, unas cuantas velas alumbraban el lugar donde Soul seguía barriendo. Se acercó a él.
-¿Soul?
El muchacho estaba viendo hacia otra parte, pero al escuchar la voz de la chica volteó hacia ella tranquilamente.
-¿Qué ocurre?
-¡Sorpresa!
Maka desplegó delante de él el traje que Tsubaki había conseguido.
-E…esto es…
-Ajá- Maka se acercó triunfante y sobrepuso el traje sobre la ropa de Soul- necesito que te pruebes- sonrió juguetonamente y sosteniéndole la mirada se alejó de él.
-No… no me lo pondré.
Maka se molestó. Hizo un pequeño gesto de enojo, inflando las mejillas.
-Vamos, tienes que hacerlo.
-No tengo qué- aseguró el muchacho- no te preocupes, estoy casi seguro de que me queda bien. Ya verás mañana.
Dicho esto tomó el traje entre sus manos y lo dobló con cuidado, y se lo llevó a su cuarto. Se disponía a dormir ya.
-Buenas noches.
-Buenas noches, Soul.
…
Maka se fue a dormir después de haber visto su propio traje unas diez mil veces. Supuso que lo mejor que podía hacer era esperar. El carnaval comenzaría al día siguiente, en la tarde, y al anochecer ella y Soul serían libres por lo menos un rato. Unas cuantas horas no le hacían daño a nadie, sobretodo si el asunto quedaba únicamente entre ellos y Tsubaki.
Durante la noche despertó varias veces. Unas cuantas por las ansias de llegar a ese carnaval, divertirse y abrir la puerta a Soul hacia un mundo y una libertad que para él eran completamente desconocidas.
Por otro lado, despertó también alarmada por la certeza que de algo podía pasar. No un algo que ella pudiera planear o impedir. Un algo inevitable que podía destruir su vida y la de muchos más.
La última vez que despertó, eran cerca de las 10 de la mañana.
-¡Es tardísimo!
Maka se puso de pie y rápidamente se cambio su ropa de dormir por su ropa de diario, se lavó la cara y salió de su cuarto como alma que lleva el diablo.
Cerca de la escalera encontró a Soul.
-¿Porqué rayos no me despertaste? Sabes lo ocupada que estoy siempre.
Soul sonrió mientras dirigía su mirada hacia la abertura que daba a la explanada.
-Tú sola te inventas todas esas ocupaciones- replicó, divertido- además hoy empieza el carnaval. No tienes que trabajar.
Maka se talló un poco los ojos mientras se acercaba a ver, aunque fuera un poco, el pequeño alboroto que ya poco a poco se formaba en las calles de París.
Todo estaba como iluminado. Los colores que inundaban el lugar eran simplemente magníficos, la gente iba de aquí a allá colocando los adornos, las carpas, los pequeños puestos de comida, las tarimas donde se efectuarían algunos bailes y pequeñas actuaciones, etc.
Por seguridad, Maka había dispuesto que salieran de allí en cuanto oscureciera, pero los festejos estaban programados para comenzar en la tarde.
-¿Te probaste el disfraz?-preguntó ella repentinamente. Soul se quedó en silencio, y cuando Maka volteó hacia él se limitó a asentir. Evidentemente estaba muy pensativo, y Maka no sabía si debía decirle algo para que se calmara o solo dejarlo en paz.
Después de todo, era la primera vez después de más de 12 años que Soul salía de los dominios de Notre Damme.
El resto del día transcurrió sin demasiadas complicaciones. Maka se la pasó leyendo, y, en el fondo, preparándose psicológicamente para cuando llegara el momento. Al principio ella había sentido que no sería nada del otro mundo, pero con los minutos que pasaban, la espera, y el ir y venir de Soul que al igual que ella estaba pensativo y nervioso, todo eso junto, hizo que Maka perdiera un poco de confianza y que necesitara urgentemente que todo transcurriera de una forma un poco más rápida.
Al atardecer decidió ponerse el vestido y esperar a que cayera la noche.
Tsubaki realmente tenía muy buen gusto para elegir.
A ella le había llevado un vestido de dama, de mangas largas y transparentes, con los hombros al descubierto y de un largo bastante apropiado. Tenía un pequeño sombrero con una pluma y un antifaz que cubría casi la mitad de su cara, con detalles brillantes y llamativos. El conjunto era verde esmeralda con algunos detalles en negro.
Sin poder evitarlo, lo primero que pensó fue qué diría Soul cuando la viera vestida así.
Por su parte, Soul se puso el disfraz que le había tocado. Se sorprendió de que la amiga de Maka de hecho hubiera adivinado tan bien sus medidas. El traje le quedaba a la perfección. Era negro, con detalles en rojo de pies a cabeza. Era un traje de juglar: una camisa amplia con unos pantalones a la medida, con una pequeña capa encima. El sombrero era amplio y negro, con la pluma roja, y el antifaz era también bastante grande, igualmente negro con los bordes en rojo.
Soul nunca se había vestido así. Cuando salió de su habitación, se había quitado el sombrero y el antifaz. Al tratar de salir hacia la escalera, casi tropieza con una de las vigas. Dando un par de saltos y bastante inclinado, trató de guardar equilibro para no caer.
Justo entonces llegó a donde estaba Maka. Le daba la espalda, pero al oír el ruido se dio la vuelta. Soul tenía el sombrero y el antifaz en una mano y estaba profundamente inclinado, y no había podido quitarle los ojos de encima desde el momento en que la vio.
A Maka le dio la impresión de que él trataba de reverenciarla, así que se sonrojó un poco, pero sonrió complacida y a su vez se inclinó. Soul comprendió la confusión pero no dijo nada y se enderezó.
Se hubiera inclinado de todas formas al verla.
-Te ves muy bonita- sonrió.
-Gracias. Me alegra que te haya quedado bien el disfraz. Solo te falta una guitarra y ponerte a cantar para parecer un juglar de verdad.
Soul sonrió y Maka aprovecho para mirarlo mejor.
¿Acaso era ese mismo, el muchacho semisalvaje que apenas, y con mucho trabajo, podía mantener una conversación decente por unos pocos minutos? ¿El que tocaba las campanas en lo alto de la catedral, y un piano en las profundidades de unas catacumbas? ¿Era acaso él el que todo el tiempo era llamado demonio?
Soul reparó en que Maka lo estaba observando pero no quiso decir nada.
En cuanto cayó la noche, fueron escaleras abajo y salieron de la catedral. Claro que no le dijeron al sacerdote. No era algo que él necesitara saber.
Cerca de allí encontraron a Tsubaki. Ella también iba disfrazada, pero Maka pudo reconocerla al instante. Su acompañante debía ser Black*Star.
Se hicieron las presentaciones pertinentes. Tsubaki no se sorprendió en absoluto. Soul era tal cual Maka lo describía en sus conversaciones, o al menos, lo que se podía ver además del antifaz y el sombrero, lo era.
El sorprendido sin duda era él.
Soul muy pocas veces había estado entre tanta gente. Cuando le presentaron a Tsubaki y a Black*Star, simplemente no supo qué hacer.
-¡Hey, vengan esos cinco!- exclamó Black* Star levantando su mano derecha.
Soul lo miró con desconfianza. No conocía muchas costumbres. Saludar con un apretón de manos, por ejemplo, no era algo habitual para alguien que sólo conocía a dos personas, de ahí el incidente con Maka cuando se conocieron.
Black*Star comprendió la confusión del chico y levantó su mano un poco más.
-Vamos, amigo, levanta tu mano.
Soul lo hizo.
-Ahora extiéndela, los cinco dedos, así.
Y la mano cerrada de Soul se extendió.
-Ahora chócala contra la mía.
Y así lo hizo.
Maka se sintió un poco molesta del trato que Black*Star le había dado a Soul, como si hablara con un idiota, pero no tardó en darse cuenta de que ambos congeniaron maravillosamente. Al cabo de un rato, y caminando en medio de la fiesta, no hacían más que detenerse a comer en cada lugar que encontraban.
Y Maka y Tsubaki se desesperaban un poco, pues las cosas no estaban saliendo como ellas las habían planeado.
Al final decidieron separarse, y verse en la entrada de la catedral a la media noche para ponerse al tanto y decidir si quedarse más tiempo o irse ya.
Ninguno de los chicos preguntó nada. Soul se limitó a seguir a Maka.
-Emh…Soul.
-¿Sí?
-Dame tu mano. Hay mucha gente, si nos separamos sería un gran problema.
Soul estiró su brazo y le tomó la mano, y se quedó tras ella, muy cerca.
Realmente lo estaban disfrutando. La libertad era una sensación muy extraña para Soul. Por esos momentos, dejó de ser un demonio para ser sólo un muchacho más, disfrazado como cualquier otro.
Nunca había caminado por esas calles tan tranquilo y tan feliz.
-¡Soul, mira!
Se acercaron corriendo a una tarima donde un hombre hacia malabares con unas antorchas encendidas, y al finalizar se metía una de ellas a la boca.
Luego fueron a otra, donde un mago partía en dos a una muchacha.
Era divertido, claro, pero Soul no pudo impedir que un solo pensamiento invadiera su mente ante tales actos.
¿Y yo soy el demonio?
En una zona un poco más alejada había otra tarima donde un grupo de mujeres bailaban. Sus vestidos vaporosos y ligeros se movían con facilidad junto con sus cuerpos adornados con piedras preciosas, además había velos y una música alegre.
…
Soul se distrajo unos momentos al ver a dos guardias conversar a pocos metros de él. Se acercó un poco más para escuchar mejor, mientras Maka disfrutaba el espectáculo. Habían dicho algo sobre una bruja.
-Los castigos para las herejes se han hecho más fuertes- dijo uno de ellos con una sonrisa- y lo mejor es que si atrapamos alguno de esos nos irá muy bien.
-Como la chiquilla que se metió a Notre Damme el otro día…vaya que nos metió en problemas- completó el otro.
-Sí, pero ella no estará segura allí mucho tiempo- replicó el primero, riendo- Mañana todo un contingente irá a buscarla. Será como una advertencia para todas esas personas.
-¿Qué hay del asilo?
-No le servirá de nada. De todas formas la sacarán de ahí.
Soul se hizo para atrás, temeroso de escuchar cualquier otra cosa. Sin embargo decidió no alarmarse sin motivo. Estaban disfrazados, no reconocerían a Maka. Mientras se mantuvieran alejados de los guardias todo estaría bien.
Volvió junto a Maka justo en el momento en que el baile terminaba, y Maka se volvió hacia él y le tendió la mano. Comenzaron a caminar otra vez.
-Cenemos algo, vamos.
Llegaron a un lugar donde vendían comida y disfrutaron de una buena cena, pero Soul seguía bastante inquieto, cosa que Maka no notó, pues el silencio era habitual en él.
Saliendo de allí siguieron caminando.
Aún tomados firmemente de la mano.
Ahora más que nunca, Soul se negaba a soltarla.
Así pasaron a muchas otras tarimas donde se efectuaban diferentes actos. Había una pequeña puesta en escena, músicos, y la gente aún iba y venía.
Los colores eran como una explosión, y estaba todo muy iluminado, y en la noche, esto creaba un increíble efecto de viveza.
Pasó un largo desfile con gente bailando, bufones, malabaristas y algunos animales.
En medio del alboroto, Maka fue sujeta por un grupo de personas que iban a toda velocidad tomados de la mano y bailando. Como nunca se soltaron, Soul también terminó allí.
Maka volteaba a verlo de cuando en cuando, con una gran sonrisa. Y Soul le devolvía la sonrisa también.
Al final la fila de gente los guió a un área especialmente para bailar, sobretodo en parejas. La música era muy alegre, así que Maka se acercó a Soul de manera decidida.
Soul no tardó en comprender el ritmo de la melodía y al poco tiempo ya la bailaba muy bien. Ambos reían y se divertían.
Maka no podía dejar de sonreír al ver a Soul tan feliz.
De pronto la música se volvió más tranquila, y las personas comenzaban a bailar de una forma un poco más romántica.
Soul no sabía qué hacer, pero Maka extendió sus brazos hacia él.
Se hizo para atrás, un poco incómodo, pero finalmente él también extendió sus brazos hacia ella.
-Bien, sujeta mi cintura con esa mano- Maka le dio indicaciones- y con la otra mano sostén la mía.
Soul hizo lo que Maka le dijo.
Maka le fue indicando cómo moverse, qué pasos dar y, sorprendentemente, resultó ser tan buen bailarín como con la canción anterior, que era mucho más alegre y contagiosa.
-Lo haces muy bien- comentó ella, sintiéndose repentinamente cohibida.
La sensación de estar tan cerca de él era simplemente demoledora. No quería separarse de él.
La imagen era linda, y así lo pensó Tsubaki cuando los vio a lo lejos. Maka deslizó sus brazos hasta depositarlos alrededor del cuello de Soul y apoyó la frente contra su hombro. Él no sabía qué hacer, así que la abrazó.
-Soul- dijo ella de pronto, levantando la cabeza y mirándolo- Tengo que darte las gracias.
-¿Porqué?
-Porque quisiste venir conmigo a pesar de todo. Es maravilloso, nunca antes te había visto reír tanto.
Soul sonrió, pero enseguida su rostro cambió. Cerca de allí estaban los guardias que Soul había visto hablar antes.
-Maka…creo que deberíamos ir a otro lado.
-De acuerdo- Maka asintió de buena manera.
Se alejaron de ahí y se dirigieron a seguir disfrutando de los distintos espectáculos, pero Soul ya no se sentía tranquilo. Observaron la actuación de unos contorsionistas, a los cuales siguieron un grupo de mimos.
Uno de ellos se dirigió hacia Soul y Maka, tratando de hacer que Maka fuera con ellos y participara del show. Soul se negó a soltarla y miró al mimo retadoramente, hasta que finalmente los demás fueron por él y lo jalaron hacia el escenario.
Maka lo soltó y rió mientras los mimos seguían con su acto. Soul se quedó parado en medio de la escena mientras los mimos caminaban alrededor de él, haciendo como si lo encerraran en una caja.
-Me largo- Soul dio un paso hacia delante cuando uno de los mimos puso su mano delante de él, deteniéndolo como si caminara contra una pared, y con la otra mano le hacia una seña para que no hablara. En los actos de los mimos había de todo, menos sonido.
Si alguien hubiese podido ver a Soul en ese momento sin el antifaz, habrían visto las mejillas más rojas de la historia de Paris.
-¡Soul, no lo arruines!- gritó Maka desde el publico en cuanto vio que Soul estaba nervioso.
En cuanto el acto terminó y Soul pudo bajar, no logró ver a Maka por ningún lado.
Al salirse un poco de entre la multitud, vio su sombrero en el piso.
Al ponérselo, éste cubría un poco más su rostro de lo que el antifaz lograba. Sin él sería fácilmente reconocible.
Y al parecer había pasado. A lo lejos, dos guardias la arrastraban, mientras ella forcejeaba por soltarse. Uno de ellos le había quitado el antifaz y lo llevaba en la mano. La gente los miraba pasar y el rumor corrió rápido. Aquella era la chica que, acusada de bruja, había pedido asilo en Notre Damme hacía tiempo.
Soul se quedó de pie.
Pero no por mucho. Sujetó el sombrero de Maka con fuerza y corrió por otra calle, que se encontraba a la derecha, esquivando a la gente. En la esquina dio la vuelta a la izquierda para salirles al paso y enfrentarlos.
Llegó justo antes de que pasaran por la intersección y se plantó frente a ellos.
-¡Suéltenla!- exigió con determinación. Los guardias se detuvieron y lo miraron con incredulidad. Maka, que iba medio agachada, levantó la vista.
-S..soul…
Los guardias comenzaron a burlarse de él.
-¿Quién te crees, chiquillo? ¿Por qué piensas que hemos de obedecerte?
Soul lanzó un bufido de fastidio. Realmente no quería hacer lo que iba a hacer.
Llevó ambas manos a su cabeza. Con una se quitó el sombrero y con la otra, el antifaz.
Atenuados por la sombra del sombrero y la oscuridad del antifaz, sus ojos lucían oscuros, marrones, normales. Su cabello no era demasiado visible y hubiera pasado por rubio fácilmente.
Pero al quitarse ambas prendas todo cambió. Sus ojos relucieron, rojos y penetrantes, como dos flamas. Su cabello desordenado y blanco se removía con la brisa.
Las luces, los colores que lo rodeaban, lo hicieron parecer sobrenatural.
-¡El demonio!- gritó una mujer, recordando la historia del demonio dejado a las puertas de Notre Damme.
Las personas se hicieron hacia atrás, impresionadas, quizá no tanto por la apariencia del chico sino por la fiereza que despedía. Los guardias se sintieron asustados también.
Soul aprovechó la confusión para sujetar a Maka y quitarle al guardia el antifaz.
-Rápido, póntelos- ordenó, extendiéndole también el sombrero. Maka obedeció mientras corrían, y Soul también se los puso de vuelta. Se tomaron de la mano de nuevo y se perdieron entre la gente, mientras los guardias los seguían.
-¡Maka, Soul!-pasaron junto a Tsubaki y Black*Star, que comenzaron a seguirlos- ¿Qué ocurrió?
-¡Quieren…atraparnos!- gritó Maka, con la voz entrecortada por la agitación, pero en ningún momento se detuvieron, pues los guardias los habían visto y los seguían de cerca.
-Tsubaki, vamos por aquí, tengo una idea- dijo Black*Star tomándola de la mano y yendo hacia un lugar distinto.
Mientras Maka y Soul no dejaban de correr. Soul iba al frente, esquivando personas, y jalando a Maka con fuerza. Ella lo seguía sin saber qué hacer, pues había perdido por completo el control de la situación. A su paso, trataba de tirar cosas tras ella para confundir y retrasar a los guardias que sin embargo aún corrían tras ellos.
-Necesitamos volver a Notre Damme- le dijo Maka.
-Pero…-Soul sabía que no se iban a detener porque ellos estuvieran asilados- intentémoslo, pero no deben vernos.
Entonces lograron perderlos un poco.
Un poco más adelante, Tsubaki y Black*Star sostenían una pequeña y ligera carpa.
-Ocúltense aquí- dijo el chico de pelo azul mientras la abría un poco.
Soul jaló a Maka hacia adentro con decisión.
-Llévenos a la catedral, con cuidado- Tsubaki asintió y ella y su amigo movieron la carpa con cuidado, asegurándose de ir al paso de Maka y Soul, que de hecho no podían ver nada desde adentro.
Si alguien los veía raro, ellos se detenían y se abanicaban con las manos como si estuvieran cansados.
Finalmente llegaron a la entrada de la catedral.
Soul y Maka salieron de la carpa, pero en ese momento, fueron vistos por los guardias que habían terminado cerca de allí.
-¡Oigan, ustedes!
Soul sujetó a Maka de nuevo y ambos corrieron dentro de la catedral, donde el sacerdote, que se había dado cuenta de que habían salido, los esperaba.
Al ver que corrían algo le dijo que debía cerrar la catedral y así lo hizo. Los guardias se quedaron afuera y no les permitió entrar.
Lo que más llamó su atención fue que, mientras corrían, Soul y Maka comenzaron a reír.
Atravesaron el pasillo y llegaron a las escaleras. Sus risas tintineantes resonaban con el eco. El sonido era extraño. Era fuerte y alegre, pero con un fondo amargo.
Era libertad.
Al llegar al campanario Soul tropezó con el último escalón y cayó al suelo, llevándose a Maka consigo. Hizo una mueca debido al golpe, pero enseguida continuaron las risas.
Maka, tendida sobre él, lo abrazaba, completamente dominada por las carcajadas que no podía contener. Escondió la cara en el pecho de él, agitada por las risas.
Soul permaneció recostado sobre el piso, sujetándola de la cintura.
-¿Viste las caras de esos tipos, Soul? Fue genial- dijo ella para volver a estallar en risas. Había algo que los había hecho reír.
Quizá fue que, a pesar de la angustia, ellos se miraron y rieron en muchas ocasiones. Quizá fue que estuvieron a punto de tropezar varias veces mientras estaban dentro de la carpa. Quizás había sido la cara de Soul al subir al escenario con los mimos.
O quizás simplemente, fue el hecho de que se habían librado de los guardias.
En unos pocos minutos ambos se calmaron un poco. Soul respiró profundamente y lanzó un suspiro, mirando hacia arriba, el techo del campanario.
Entre sus brazos, Maka pasó de la tensión de la risa a la calma, y luego, a un extraño estremecimiento.
Porque, justo en esos momentos, su realidad le había caído encima.
Ahora ella era como Soul. Desde el momento en que la acusaron de bruja, ella había dejado de ser una persona libre.
Y hasta entonces lo había comprendido.
-Ellos querían llevarme, Soul- gimió, levantando la vista hacia él, mirándolo a través del antifaz con los ojos brillando por las lágrimas- querían llevarme…
Y se soltó llorando, aún aferrada al pecho del campanero, que no la soltó.
No supo qué decirle, y finalmente decidió no decir nada.
Y mientras abajo el carnaval continuaba y explotaba en todo su apogeo de felicidad, libertad y éxtasis, una bruja lloraba, en brazos de un demonio, en el campanario de Notre Damme.
Soul necesitaba hacer algo. Al día siguiente vendrían por ella, como los había escuchado decir. Había creído que se confundirían si no los perdían mientras corrían, pero los guardias los habían visto entrar en la catedral.
Al día siguiente, necesitarían encontrar un lugar seguro.
Mientras tanto solo se ocupó de sujetar a Maka, esperando que sintiera algo de consuelo, mientras ella se negaba a alejarse de él, dominada por la tristeza.
Había sido el precio que había tenido que pagar debido a su deseo de hacer feliz a Soul.
Continuará…
Un saludo a todos, queridos lectores. Se agradecen los comentarios que he recibido hasta ahora (y los que me gustaría recibir luego) y que les haya gustado tanto este fic.
Besos!
Atte. Yereri Ashra
