Capitulo Dos

Abrí la puerta del departamento con mucha cautela, no quería encontrarme otra vez con alguna sorpresa desagradable, y grande fue mi alegría al ver la sala desierta, por lo menos si estaban teniendo relaciones esta vez habían optado por la habitación, así que con algo más de ánimo me dirigí a mi habitación para ducharme y cambiarme.

Estaba realmente contenta con la vuelta que habían dado las cosas, ni por casualidad me hubiera podido imaginar hoy en la mañana que Albert había vuelto a América y mucho menos que me ofrecería quedarme en su departamento, y aunque todo había sido muy rápido sé que al final es la mejor opción que tengo. Aunque antes no quería compartir departamento con nadie, Albert es otra cosa, sé que es lo suficientemente caballeroso y respetuoso como para desconfiar de él, se que nunca se va propasar en nada conmigo, además es ordenado y sabe cocinar, algo que Annie definitivamente no sabe ni que existe, y aunque yo también era como ella, después de que el departamento llego a ser un verdadero y terrible desastre, tuve que ser yo quien empezara a cambiar un poco y obligarme a ser más ordenada, aunque no soy la mejor en la cocina, algo puedo hacer para no morir de hambre.

Estaba terminando de arreglarme cuando sentí la voz de Annie llamándome desde la sala, lo que significaba que había venido sola, ¡perfecto! Podría hablar con más tranquilidad con ella.

— ¡Estoy aquí Annie!— le avise mientras me peinaba el cabello, hoy lo usaría suelto

— ¿Vas a salir?— me pregunto al verme alistándome, yo asentí— ¿Puedo preguntar con quien?— dijo mirándome picara

— No vas a creerlo—

— ¡¿Volviste con Terry?— pregunto sorprendida, yo hice gesto de disgusto

— Claro que no Annie—

— ¿Entones?—

— ¡Con Albert!—

— ¿Albert? ¿Albert Andry?— yo asentí— ¿Cómo? ¿Ya volvió?— de nuevo asentí

— Me lo encontré hoy en el café de Anthony, llego hace un par de días, pidió su traslado a Chicago así que vino para quedarse—

— ¡Qué bueno! Hace mucho que no sabíamos nada de él, me encantaría saludarlo— yo asentí

— Además hay algo más que te tengo que contar—

— ¿Qué es?— dijo mientras se sentaba en la cama

— Ya encontré donde mudarme— ella levanto una ceja

— ¿Tan pronto? ¿Dónde?—

— Con Albert— Annie abrió la boca parpadeando un par de veces antes de volverla a cerrar

— No entiendo— yo sonreí

— Albert me ofreció quedarme con él— esta vez entrecerró los ojos y yo ya sabía en que estaba pensando— Sabes perfectamente que eso quedo en el pasado—

— ¿Estás segura? Ahora van a estar solos y por más que sea tu amigo y supuestamente no sientas nada mas por él, Albert es hombre y tu una mujer—

— Totalmente, sabes de sobra que ahora solo puedo ver a Albert como a un amigo, ya supere ese enamoramiento hace años, así que no digas tonterías—

— Yo te aconsejaría que tuvieras cuidado Candy, no dudo de las intenciones de él, sé que es una gran persona, pero las mujeres somos más complicadas, no quiero que vayas a sufrir—

— No te preocupes, de verdad que no pasara nada— ella asintió no muy convencida

— ¿Y cuando te vas?... ¡No pienses que te estoy apurando Candy!— corrigió rápidamente, yo sonreí

— Ya lo sé, pero para tu información, pues sé que a pesar de todo te mueres por vivir por fin con Archie, me mudare mañana mismo—

— ¡¿Mañana? ¿Por qué tan pronto?— dijo realmente sorprendida, segundos después me abrazo llorando— Candy, me vas a hacer mucha falta, eres como una hermana para mí, me voy a sentir muy sola sin ti—

— No llores Annie, vas a estar con Archie, el amor de tu vida, además no es como si no nos viéramos nunca más, te prometo que te visitare siempre que pueda y tu puedes hacer lo mismo—

— Ya lo sé, pero es muy difícil separarnos cuando hemos estado tanto tiempo juntas— dijo de verdad sintiéndose afligida

— Yo pienso igual, pero tarde o temprano pasaría, además por fin vas a tener privacidad y aunque ahora parece no importante, igual vas a poder estar con Archie donde te plazca estando segura de no traumar la vida de nadie— ella se sonrojo un poco pero guiñándome un ojo sonrió

— Míralo por este lado amiga, son lecciones particulares y no te estoy cobrando— dijo carcajeándose, yo no pude evitarlo y la seguí aunque estaba loca la quería muchísimo

Hablamos un rato más, luego ella me aviso que saldría esta noche y no volvería hasta mañana pues Archie le tenía preparada una sorpresa y al parecer duraría toda la noche, ella sonrió con picardía mientras me lo contaba y luego salió hablando sola sobre las probabilidades de la sorpresa. Después de un rato la escuche marchar.

A las ocho en punto mi celular sonó y al revisarlo vi un mensaje de Albert, ya había llegado y me estaba esperando abajo, así que tomando mi cartera y las llaves salí a su encuentro.

Fuimos a un bar bastante tranquilo, al parecer Albert no había cambiado nada sus gustos, seguía siendo el mismo hombre calmado y serio de siempre, pero cada vez más inteligente y sabio, había aprendido muchas cosas en Inglaterra, había conocido todo tipo de gente y cultura, pero aun así prefería siempre su ciudad y sus propias costumbres.

— ¿Así que Paty también se fue a estudiar lejos?— me pregunto luego de un rato de conversación muy agradable

— Si, ella y Dorothy decidieron especializarse afuera, Paty está en Francia y Dorothy en Alemania, Karen por su parte sigue en Chicago, aun continua estudiando canto y actuación con Annie, y por fin acepto ser la novia de Tom— sonreí al recordar lo mucho que tuvo que hacer el pobre chico para que Karen aceptara

— Recuerdo lo mal que lo trataba, siempre aseguraba que lo odiaba— dijo riendo también— pero cambiando un poco el tema ¿Qué piensas hacer cuando termines tu carrera?—

— La Hermana María me ha dicho que dará recomendaciones mías en la escuela, la verdad es que espero que después de obtener mi título me acepten porque adoro trabajar ahí, sabes lo mucho que me gustan los niños, pero estos chicos de Pony son ultra especiales— sonreí al recordar a mis "alumnos" pues en realidad yo aun no soy su profesora, solo soy la ayudante de la Hermana María

— Y es verdaderamente asombroso que trabajes con niños con discapacidad auditiva y visual, realmente te admiro por eso Candy, espero que consigas el trabajo— yo me sonroje un poco

— Gracias, por cierto, no me has dicho en que te especializaras—

— Cardiología en el hospital en el que trabajaba participe en unas cuantas operaciones y decidí que realmente eso es lo que más me gusta, y gracias a las recomendaciones que tuve de Londres estaré trabajando en el hospital de Chicago en ese campo, así que podre estar haciendo lo que me gusta desde ahora, aunque también es un trabajo de medio tiempo pues aun no tengo mi título, pero es un buen comienzo— comento orgulloso de sus logros, él siempre había estudiado muy duro

— Vaya, no esperaba menos de ti— él sonrió

— Ya es tarde Candy, ¿Te parece si nos marchamos? Mañana temprano pasare por tu departamento y te ayudare a empacar—

— Me parece bien— ambos nos levantamos y salimos en busca de su auto

— Gracias por mi pequeña bienvenida— dijo luego de estacionar frente a mí edificio y dándome un abrazo— había extrañado mucho estas salidas mientras estuve fuera, nadie nunca supo entender mi gusto por un lugar tranquilo y siempre me trataron de anti social— comento riendo

— Soy la única que te comprende Albert, sin mí estás perdido— dije en broma y lo abrace yo también para corresponderle

— Aunque no lo creas es verdad, nadie me entiende como tú— dijo dándome un beso cariñoso en el cuello y sentí que se me ponía la piel de gallina, la única explicación que encontré para ello, es que aunque nosotros siempre habíamos sido cariñosos, tal vez estaba desacostumbrada por haber estado tanto tiempo separados

— Exagerado— dije de nuevo en broma mientras me separaba, aunque los dos sabíamos que él tenía razón, Albert sonrió

— Sera mejor que vayas, ya es tarde y mañana vendré temprano, más vale que no estés dormida cuando llegue— sentencio

— Te estaré esperando con una buena taza de café— dije cuando ya estaba fuera del auto, él hizo un gesto de que no me creía, pero se despidió con la mano, arranco el auto y se fue

Cuando llegue al departamento estaba todo en silencio y a oscuras, la sorpresa de Annie debió haber salido muy bien, pues en verdad no ha venido a dormir. Sintiéndome un poco cansada aunque bastante feliz me fui a acostar, y mientras intentaba dormir pensé en Albert.

Era verdad lo que había dicho, muchas personas no lo entendían tan bien como yo, exteriormente Albert parecía un chico frio y distante, pero en verdad era todo lo contrario, al menos conmigo siempre lo era, conmigo se portada de una manera especial, junto a mí era él mismo, sin cohibiciones. Es solo que había tenido una vida muy dura, cuando aún era un niño de seis años había sufrido un accidente automovilístico en el que sus padres habían muerto, él se había salvado de milagro pero no recordaba casi nada de su vida antes del accidente.

Yo lo había conocido cuando aún estaba interno en el hospital, mi madre recién había salido de su trabajo de parto con Jimmy y yo aun no podía entrar a conocer a mi hermanito. Había encontrado a Albert tan solo y triste en el jardín que me dio muchísima pena y quise hacerle compañía, sorprendentemente él me conto lo de sus padres y yo le prometí que sería su amiga para siempre y así él no estaría solo, Albert acepto y yo lo visite un par de días mas mientras mi mamá y Jimmy seguían en el hospital, pero no lo volví a ver luego de que volvimos a casa, pues yo solo tenía cinco años y mis padres no comprendían el motivo por el cual quería seguir yendo.

Un par de años después me tropecé con él un día que salía del jardín de rosas de Anthony, inmediatamente fue Albert quien me reconoció y me recordó quien era, yo no podía creer que después de nueve años nos volviéramos a encontrar y mucho menos que él me recordara y fuera capaz de reconocerme, después de ahí nos hicimos grandes amigos, aunque por un tiempo yo confundí mis sentimientos y creí sentir algo mas por él, después lo supere y comprendí que solo era un gran cariño por un amigo especial. Y hasta ahora nos hemos contado absolutamente todo sobre nosotros, no tenemos ningún secreto y eso es lo que hace que nuestra amistad sea tan especial, el gran vinculo de confianza que tenemos.

Él día que se fue había llorado como nunca, aunque me había prometido que no lloraría al despedirlo no lo había podido evitar y me había lanzado a abrazarlo hecha un mar de lagrimas, él me prometió que volvería y que aunque sería un poco difícil trataría de comunicarse conmigo cuando pudiera, estuve deprimida por mucho tiempo, pero Albert había cumplido y cada vez que sus estudios se lo permitieron me llamo o me envío algún Email contándome de su vida. Sonreí al pensar que en verdad me había cumplido y había vuelto a Chicago, él siempre cumplía lo que prometía. Y pensando en lo feliz que me hacía que Albert hubiera vuelto me dormí.

Capitulo Tres

Un incesante sonido me despertó, adormilada como estaba me senté en la cama y mire el reloj despertador, eran las ocho de la mañana y el insistente sonido era el timbre de la puerta, ¡me había quedado dormida! Era obvio quien estaba tocando, así que rápidamente me levante y corrí a abrir la puerta.

— ¡Lo siento mucho Albert, me quede dormida!— dije en cuanto abrí la puerta, pues en efecto era él

— ¿Candy, abres siempre sin preguntar quién es y en esa facha?— dijo entrando y cruzándose de brazos mientras levantaba una ceja, yo mire mi vestimenta y me sonroje, con las prisas no me había puesto nada sobre mi pijama la cual solo constaba de un muy pequeño short y una blusa de tiras ajustada, además no traía sostén

— Te dije que me quede dormida, con las prisas no tuve tiempo de cambiarme, además sabía que eras tú— comente después de cerrar la puerta, él soltó una carcajada

— Nunca vas a cambiar, imagino que entonces no hay café para mí— comento haciéndose el ofendido

— Perdóname, dame un segundo me cambio y te hago tu café— él suspiro

— Mejor lo hago yo mientras te cambias, así ahorramos tiempo—

— Está bien, no tardo— y mientras el entraba en la cocina, yo me fui a mi habitación

Después de cambiarme desayunamos juntos, y rato después empezamos a empacar mis cosas con calma, pues no eran demasiadas. Cerca del medio día, ya nos faltaban pocas cosas, mis libros de la universidad, un par de prendas más del armario y mis artículos personales del baño, casi todo lo demás estaba listo. Aun estábamos en mi habitación cuando escuchamos la puerta principal cerrarse.

— Debe ser Annie— dije guardando un par de blusas en una de las maletas— Ven, vamos a saludarla, luego continuamos con esto, ayer cuando le conté que volviste tenía muchas ganas de verte— él asintió y me siguió, estábamos cruzando el pasillo hasta la sala cuando escuche un fuerte quejido, inmediatamente deje de caminar

— ¡Archie!— se escucho la voz de Annie seguida de un gemido

— ¡Hay no!— me queje

— ¿No me digas que es lo que estoy pensando?— pregunto Albert divertido

— Creo que si— dije suspirando y se volvió a escuchar otro gemido— ¿Ahora vez lo que te decía?— Albert asintió mientras aguantaba sus ganas de soltar una carcajada— ¿Qué se te hace tan gracioso?—

— La verdad es que aunque no dudaba de tu palabra, nunca imagine que presenciaría la escena por mi mismo—

— Esto es el colmo, le advertí a Annie que hoy vendrías a ayudarme, así que ni crea que le daré privacidad— dije realmente molesta y reanude mi camino a la sala, Albert me siguió

Cuando llegamos a la sala la escena no podría ser más vergonzosa, Annie estaba medio acostada en el sofá, tenía los ojos cerrados y no dejaba de gemir como una loca, mientras que el que debía ser Archie, pues tenía la cabeza bajo su vestido y entre sus piernas, dejando ver solo su largo cabello castaño, le acariciaba las piernas y trataba de quitarle los zapatos.

— ¡Annie!— Exclame avergonzada

Ella abrió los ojos algo sorprendida y bastante sonrojada, me miro con su típica expresión de lo siento amiga pero no me pude aguantar, estaba a punto de decirme algo pero luego de ver que yo no estaba sola su expresión cambio a una de terror, Archie rápidamente salió debajo de su vestido y nos miro con igual expresión.

— Candy… Albert… nosotros solo… yo…— trato de hablar Annie sin poder articular nada coherente

— ¡Mejor no digas nada!— dije realmente enojada, pero luego suspire y me calme, era tiempo perdido enojarme, ellos nunca iban a cambiar— porque mejor no se van a tu cuarto y terminan ahí lo que sea que estaban haciendo— Annie sonrió al verme más tranquila, tomo a Archie de la mano y guiñándonos un ojo lo arrastro hasta su habitación

— Ahora veo porque estabas tan desesperada— volvió a decir divertido

— Perdona que hayas tenido que presenciar esto, Annie en verdad es el colmo—

— No tienes por qué preocuparte, la verdad es que se me hizo bastante graciosa la escena, aunque imagino que después de un par de ocasiones deja de serlo— comento Albert abrazándome para tranquilizarme— Mejor deja de pensar en eso y vamos a terminar de empacar, ya nos falta muy poco— yo asentí y nos dirigimos a mi habitación

No tardamos ni dos segundos en poner un pie dentro cuando empezamos a escuchar de nuevo los gritos y gemidos de Annie, esta vez ninguno dijo nada y automáticamente continuamos empacando, aunque ahora no lo hacíamos con calma, ambos teníamos ganas de salir corriendo del lugar, pues mi amiga en esta ocasión estaba siendo bastante más escandalosa de lo normal y no paraba de dar gritos desesperada y Archie no se quedaba atrás. Di gracias a Dios cuando por fin estábamos en el auto rumbo al departamento de Albert.

— ¿Cómo soportaste eso por tanto tiempo?— me pregunto Albert ahora nada divertido, mientras entrabamos las pocas maletas y cajas con mis pertenencias

— Al comienzo no eran así, es desde hace poco que empezaron a comportarse como animales, y sinceramente no quiero saber el motivo, por lo menos tengo suficiente con saber que ya no volveré a encontrarme con esas escenas— dije soltando un suspiro de alivio mientras cerraba la puerta pues ya estaba todo dentro, Albert me hizo una seña para que me sentara en el sofá y fue a la cocina por un par de gaseosas— Además, antes no me la pasaba tanto tiempo en casa, cuando aún estaba con Terry y él no era tan famoso, salíamos siempre que podíamos, así que imagino que Annie tenía más privacidad, pero después no he tenido mucho más que hacer y los fines de semana me la paso en casa, que es cuando se ponen así de insoportables, por lo general en semana se controlan un poco— continúe cuando él se sentó a mi lado y me entrego la bebida

— Creo que de ahora en adelante no podre volver a ver a Annie nunca más como antes, siempre la voy a imaginar en esa escena— dijo medio en broma, pero en el fondo era verdad

— La verdad que yo no puedo entender como hacen para estar todo el tiempo teniendo sexo, ambos parecen insaciables, además me hacen verlo de una manera tan ordinaria, no entiendo cómo pueden disfrutar tanto— comente sintiéndome verdaderamente curiosa ante el tema

— ¿Qué acaso tu nunca tuviste un fin de semana así con Terry?— me pregunto levantando una ceja, yo me sonroje fuertemente

— ¡Albert!—

— ¡Vamos Candy! ¿No me digas que te da vergüenza de mí?— bromeo

— ¡Pues si! Aunque nos contemos todos, nunca hemos sido tan detallados en este tema en especial—

— ¿Y te parece mal que ahora lo hagamos?— pregunto sonriendo divertido ante mi reacción, yo dude que responderle y me puse algo nerviosa— no seas boba Candy sabes que no te voy a presionar con nada, si no te animas a hablarlo no importa— me dio un abrazo— no es ningún tema vital, solo te estoy molestando porque pusiste una cara de inocencia tan increíble, que si yo no lo supiera pensaría que nunca has tenido relaciones— comento y después de soltarme se tomo su bebida, yo jugué un poco con la mía antes de hablar, aunque Albert había sido el primero en enterarse de mi primera vez, yo nunca di detallas… a nadie

— El tema es que nunca me he animado a hablar de eso con nadie— dije luego de un rato en silencio, él me miro sorprendido

— ¿Por qué?—

— Porque… porque me da vergüenza admitir que… que— me calle, no sabía si debía o no decírselo

— ¿Te da vergüenza admitir que?— pregunto ahora curioso, yo suspire

— Que nunca he disfrutado teniendo relaciones— dije al fin, Albert abrió mucho los ojos

— ¿Estás hablando en serio?— yo baje la mirada y asentí levemente

— La verdad es que como tú sabes con él único hombre con el que estuve fue con Terry, y siempre que estábamos juntos era un dilema para mí, aunque él intentaba hacerme disfrutar nunca pudo… bueno… nunca pudo que yo…— dude sintiéndome más roja que nunca

— ¿Nunca pudo hacer que tuvieras un orgasmo?— ahora si sentía que mi cara brillaba de la vergüenza

— No— dije casi como un susurro— y la verdad es que siempre terminaba sintiéndome culpable, pues Terry se esforzaba mucho pero yo nunca pude disfrutar, así que después de un tiempo dejo de intentarlo, casi nunca teníamos relaciones y para mí era un gran alivio, porque cuando accedía a hacerlo era más para que él disfrutara que para yo intentar sentir algo—

— No lo puedo creer— dijo Albert sorprendido— pero no seas tonta Candy— continuó segundos después con el ceño fruncido— ¿Cómo pudiste sentirte culpable? Si él no te podía hacer sentir nada no es culpa tuya, además si dejo de intentarlo es porque tampoco le intereso mucho que tu también disfrutaras—

— ¿Crees que por eso soy una frígida?— pregunte mi gran temor, Albert me miro unos segundos y me abrazo

— Deja de pensar tonterías Candy, claro que no lo eres, es solo que Terry no encontró la forma adecuada, además no puedo creer que haya dejado de intentarlo y se haya decidido a su propio disfrute, eso no es amor, si te hubiera querido tanto como dijo, hubiera hecho hasta lo imposible para lograrlo, yo creo que no hay nada mejor que saber que la persona con la que estás disfruta tanto como tú mismo, él actuó muy egoístamente… pero dime ¿Nunca pensaron en acudir a un terapeuta sexual?—

— Se lo propuse un par de veces, pero me decía que para él era muy vergonzoso tener que admitirle a otra persona que no podía satisfacer a su novia, además si se llegaba a hacer público, el tema mancharía su carrera de por vida, así que se negó rotundamente y después de un tiempo deje de insistir, yo pensé hacerlo por mi cuenta pero no me atrevía a ir sola—

— Solo sintió cobardía, tuvo miedo de descubrir que tal vez él era el del problema, no le importo en lo más mínimo lo que tu sentías— dijo de nuevo disgustado

— O lo que no sentía— comente sonriendo un poco aliviada por sus palabras, él sonrió un poco, pero aun se notaba disgustado— ¿Albert?— pregunte después de un rato

— Dime—

— ¿Tan bien se siente tener sexo?— él me miro un segundo a los ojos y luego suspiro

— Si, se siente bien— dijo de nuevo mirándome a los ojos, no sé porque pero esta vez no pude aguantar mucho rato su mirada, así que me levante lentamente

— Ya veo… pero será mejor que dejemos este tema y empecemos a desempacar— dije rogando internamente para que Albert no continuara hablando mas sobre el tema

— Esta bien— al parecer él me entendió y levantándose tomo una de las maletas— Creo que como conoces este departamento mejor que el de Annie no hace falta que te explique donde esta cada cosa, así que mejor empecemos llevando esto a tu nueva habitación— yo sonreí, Albert era el mejor, siempre me entendía mejor que cualquier otro

Llegada la noche ya habíamos terminado de acomodar todo, pedimos algo para comer y después de ver un poco la televisión nos despedimos y nos fuimos a nuestras habitaciones, el departamento de Albert era bastante tranquilo, siempre me había gustado mucho este lugar pues me daba mucha paz, así que sintiéndome bastante cómoda con mi nuevo hogar me dormí profundamente.