Pauli gracias por leer, es demasiado linda la historia!

Capitulo Cinco

La semana transcurrió sin muchos contratiempos, Annie había pasado a saludarme en una ocasión y me había contado que Archie ya estaba viviendo con ella, y que estaban llevando muy bien su vida de pareja, yo no lo dude ni por un segundo, pues antes prácticamente vivían juntos, Archie estaba más en el departamento de Annie que en el suyo propio, pero me alegraba profundamente que todo funcionara, a pesar de todo ella se lo merecía.

Mi madre había llamado también en una ocasión y se había alegrado mucho de saber que estaba con Albert, ella lo quería mucho, lo había considerado siempre como un hijo, y todo había aumentado cuando a mis quince años por error se entero que me gustaba Albert, se había puesto como loca de felicidad diciendo que él era el indicado para mí y que no podía haber elegido mejor chico que Albert, aunque se puso triste cuando tiempo después le dije que el enamoramiento se me había pasado, pero ella igual insistía en que él era el mejor para mi, y que solo el tiempo le daría la razón. Así que cuando se entero que estaba viviendo con Albert pensó que lo hacíamos como una pareja y estaba llamando para invitarnos a una cena familiar, pero de nuevo se llevo una decepción cuando se dio cuenta de lo contrario, aunque igual acaparo a Albert por media hora en el teléfono y no lo soltó hasta que él le prometió que iría un día de estos conmigo a verla.

Hoy era viernes, y como mañana ninguno de los dos tenía que ir a la universidad o al trabajo, Albert me había invitado a comer fuera y después a tomar algo en algún bar, después de la universidad solo tenía una reunión de profesores en la escuela Pony así que saldría más temprano que de costumbre, Albert me había dicho que intentaría también salir un poco antes del hospital, así que aprovechando que aun no llegaba me quede en el baño relajándome completamente mientras sentía el agua caliente tocando mi piel. Estaba enrollando mi cabello en una toalla cuando lo escuche llegar.

— ¿Candy?— me llamo

— ¡Estoy en el baño, dame un segundo!— tome mi bata de baño rosa y salí a saludarlo

— Disculpa que tardara tanto, pero se presento un inconveniente de último minuto en el hospital—

— ¿Paso algo malo?— pregunte preocupada

— No, solo un pequeño arreglo de último momento sobre unos expedientes, por suerte no fue nada grave— dijo con alivio pero se notaba cansado

— Que bueno, ¿Por qué no te das un baño y te relajas un poco? Yo acabo de salir y me siento como nueva, además aun tenemos mucho tiempo— él sonrió

— Me parece bien, pero de todas formas no tardare mucho—

— Está bien, me iré a cambiar— él asintió y entro al baño

La ropa que iba a usar esta noche ya la tenía elegida sobre la cama así que no tardaría mucho cambiándome, me senté frente al espejo y empecé a cepillar tranquilamente mi cabello para después atármelo en una cola alta, cuando finalice me quite la bata de baño y estaba por empezarme a vestir cuando algo paso rápido rosando mis pies para luego meterse en el armario. Asustada grite con todo lo que pude.

— ¡Albert!— volví a gritar, segundos después entro él con solo los pantalones puestos y el pelo mojado por su baño

— ¡¿Qué pasa Candy?— pregunto asustado

— Algo peludo me roso los pies y se metió al armario— dije temerosa— paso muy rápido y no vi lo que era—

— ¿Sera una rata?— yo brinque asustada, odiaba las ratas— ¿Entro al armario?— yo asentí— Espérame aquí, voy por una escoba o algo para atraparla— dijo a punto de salir

— ¡Ni loca me quedo aquí adentro yo sola! Quédate tu, yo traigo la escoba— no le di tiempo de objetar pues tan rápido como salí, volví con la escoba— toma— se la entregue, Albert no dijo nada, me miro unos segundos y luego la tomo mientras caminaba hacia el armario, nerviosa me pegue a su espalda para protegerme

— Candy, deja de pegarme tus pechos en la espalda, no sé si te habrás dado cuenta pero estás casi desnuda— dijo divertido mientras se giraba a verme, instintivamente me separe y mire mi cuerpo, me había olvidado por completo que estaba en ropa interior… ¡Y de encaje! Prácticamente se me transparentaba todo

— Perdona, pero es que estaba por vestirme cuando sentí que algo me roso los pies— explique avergonzada buscando con la mirada mi bata de baño, cuando la encontré me la puse casi al instante

— Yo no tengo problema, eres muy agradable a la vista— volvió a hablar jocoso

— ¡Albert! Deja de hacerme avergonzar— me queje pues sabía que lo estaba haciendo a propósito

— Lo siento, pero no puedo evitarlo— dijo girándose de nuevo y empezando a caminar hacia el armario, y de nuevo no pude evitar pegarme a su espalda, aunque esta vez estaba mejor vestida— no es una rata Candy— lo escuche hablar después de unos minutos— es una mofeta—

— ¿Una mofeta?— pregunte, Albert entro completamente en el armario y salió con una mofeta negra con una franja blanca entre sus manos

— Esta inconsciente y al parecer esta herida— dijo mirando una de sus patitas traseras, al instante me acerque a verla

— Pobrecita y yo confundiéndola con una rata, debió haber estado escapando y entro por la ventana mientras me cambiaba— Albert asintió

— La revisare a ver si puedo hacer algo— dijo él sacando su instinto de medico— termina de cambiarte tranquila, según puedo ver solo está dormida, debe estar cansada, pero quiero revisarle la pata— yo negué

— Iré contigo, puedo ayudarte en algo— él asintió y salimos de mi habitación

Albert y yo le hicimos una pequeña curación en la pata a Puppe, que fue el nombre que se nos ocurrió ponerle porque tenía la carita finita como una muñeca de porcelana y el pelo tan negro y suave, al parecer se había torcido un poco la patita pero con inmovilizarla un poco estaría curada en unos pocos días. Además habíamos decidido quedárnosla si no aparecía alguien proclamando ser su dueño. Estábamos haciéndole una cama improvisada a Puppe en la cocina cuando el timbre sonó, como Albert estaba acomodándola un poco fui yo a abrir y me sorprendí inmensamente al ver a una despampanante pelirroja parada frente a mí y mirándome con irritación y algo de sorpresa.

— ¿Este es el departamento de Albert?— pregunto sin saludar

— Si, esté es— respondí algo dudosa y no tuve tiempo de preguntar nada porque ella paso por mi lado dándome un fuerte empujón

— ¡Oiga! ¿Quién demonios es usted?— pregunte enojada por su actitud

— ¡¿Dónde está Albert?— Rugió la mujer— ¿Y qué haces tú en su departamento? ¿Quién mierda eres?— pregunto mirándome con odio, yo sentí la sangre hervir

— ¡Primero que todo, yo vivo aquí y no recuerdo haberle dado permiso de entrar! Y segundo, es usted quien tiene que aprender un poco de modales y presentarse antes de entrar así en una casa— casi grite molesta

— ¡Mira niña…!—

— ¿Eliza?— escuche la voz de Albert atrás mío

¿Eliza? Mierda, era su ex novia, y encima de que yo le había dicho que vivía aquí, ni Albert ni yo estábamos muy presentables, él seguía con solo un pantalón y yo con mi bata de baño, la imagen se prestaba para sacar conclusiones erróneas. Y aunque ella ya no era su novia, según Albert era muy celosa y lo más seguro es que se armaría un gran problema.

— ¿A sí que esta estúpida es el motivo por el que terminaste conmigo y volviste de Inglaterra?— le pregunto furiosa mientras me señalaba

— Primero que todo Eliza, no voy a permitir que la insultes frente a mí— Dijo parándose a mi lado con voz calma y expresión fría— y segundo ¿Quieres explicarme que haces en América, sobre todo en mi departamento y haciendo este escándalo?— Albert se notaba bastante irritado, y aunque conmigo él era muy diferente pues siempre era cariñoso y carismático, con los demás por lo general era algo serio y distante, pero en este momento me sorprendía verlo porque estaba siendo realmente frio con ella, hacia mucho que no lo veía tan serio y molesto, de verdad estaba disgustado

— ¡Así que no niegas que esta imbécil es tu amante!— volvió a gritar colérica e ignorando la expresión de Albert, y ahora es entiendo bien porque él la dejo— ¡Admite de una vez que por eso terminaste conmigo! ¡Ya lo sospechaba, por eso quise venir a comprobarlo!—

— Yo no…— estaba a punto de explicarle que estaba equivocada, pero Albert me tomo de la muñeca y me interrumpió

— Mira Eliza, lo que te dije en Londres fue verdad, eres una mujer demasiado celosa y obsesiva y tus escenas de celos infundadas me tenían harto, nada mas mira, viniste hasta América solo para comprobarme que eres una loca frenética, además no tienes derecho a reclamarme nada, porque tú y yo ya no somos nada— dijo él sin inmutarse, seguía tan frio como antes, y yo la verdad que no desearía ser esa chica, tratar con esa parte de Albert no debe ser nada grato

— ¿Celos infundados?— dijo levantando una ceja— solo basta mirar el atuendo de los dos para saber que son amantes, además esta estúpida me dijo claramente que vivía aquí ¿Y tú dices que son celos infundados? ¡Pensé que eras más inteligente Albert!—

— En ningún momento negué que Candy es mi novia— yo abrí los ojos sorprendida, él me dio un pequeño apretón en la muñeca y entendí que quería que le siguiera el juego— yo solamente te estoy diciendo que no termine contigo por ella, termine contigo porque no te soportaba, Candy es un caso aparte—

— ¡Eres un maldito!— grito histérica

— ¡Ya basta!— subió Albert su tono de voz, se notaba cada vez mas irritado— ¡Lárgate de mi casa Eliza! No te quiero volver a ver nunca más y mucho menos quiero que me hagas otro escándalo, entiéndelo, ¡no te soporto más!—

— ¡Eres un bastardo Albert! Pero sé que te vas a arrepentir de cambiar a una mujer como yo por una niña como esta— dijo de manera despectiva y tan rápido como entro se fue dando un portazo

— Perdona que hayas tenido que presenciar eso Candy— se disculpo Albert, su expresión aun era molesta, yo lo abrace para tranquilizarlo

— No te preocupes, pero ahora entiendo perfectamente porque la dejaste, está realmente loca— él sonrió— será mejor que nos cambiemos, no dejes que te arruine la noche—

— Tienes razón, además ya había hecho reservación— yo sonreí

Media hora después estábamos cenando en el restaurante que Albert había reservado, por suerte él ya se había animado y en su rostro no quedaba nada de la expresión seria y fría que tenía antes, ahora sonreía y se veía tranquilo, este era el Albert que yo había conocido, él que había sido mi amigo tantos años. Este era mi Albert.

Después de la cena fuimos a un bar que aunque era un poco movido no era demasiado ruidoso, así que Albert no tuvo problema en entrar, pues él siempre prefirió los lugares calmados. Bailamos casi toda la noche y tomamos muy poco pues a ninguno de los dos nos gustaba mucho el alcohol. En estos momentos estábamos en mitad de la pista bailando un tema lento cuando sentí una mirada clavada en mi, discretamente me gire hacia el lugar donde sentía la mirada y vi a Eliza con una copa de alguna bebida en la mano y mirándonos con odio.

— No quiero amargar tu noche Albert, pero tienes a tu ex tormento a nuestra derecha mirándonos con ganas de matarnos— Albert soltó un suspiro

— No lo puedo creer, o nos siguió hasta aquí o yo tengo demasiada mala suerte, con lo grande que es Chicago ¿Justo tiene que estar en este bar?— dijo molesto

— ¿Quieres que nos vayamos?— le ofrecí

— De ninguna manera Candy, además de que yo te invite a salir esta noche, no voy a permitir que ella nos la arruine, si se quiere quedar toda la noche mirándonos, pues que lo haga, en algún momento se cansara— dijo decidido pero igual se notaba molesto

— Ahora que lo pienso ¿Por qué le dijiste que era tu novia?— pregunte curiosa

— Porque si ella quiere creer que la cambie por ti, pues que lo haga, y si esa es la única manera de hacer que se canse y deje de molestarme entonces discúlpame si te ofendí pero lo vi como mi única salida— dijo en tono de disculpa

— No te preocupes, no me ofendí en ningún momento, solo sentía curiosidad— lo tranquilice— ¿Pero en verdad crees que si ella piensa que somos novios te deje en paz?—

— Si, es una persona enferma de celos, si solo vino hasta América para según ella confirmar que yo la había engañado, solo se irá hasta comprobar que ella tenía razón y así tener un motivo para odiarme y echarme la culpa por traicionarla y terminar la relación—

— Bueno, ¿Qué te parece si le damos motivos más reales para que se vaya?— le propuse sintiéndome de repente malvada, Eliza había llegado insultándome sin detenerse a pensar un poco, así que esta vez era mi turno de vengarme un poco por los insultos

— ¿Qué propones?— pregunto Albert sonriendo divertido, a modo de respuesta le cruce un poco más los brazos atrás de la cabeza, me pegue mucho a él y enterré mi rostro en su cuello, Albert olía de maravilla. De reojo vi a Eliza fruncir el ceño disgustada

— Parece que funciona— le dije y me sorprendió verlo de repente con una expresión tan seria— ¿Qué pasa?—

— Si quieres darle a Eliza motivos más reales, vamos a tener que hacer un poco más— sus ojos me miraban fijamente, de repente me sentí algo nerviosa

— ¿Cómo qué?— no pude contenerme de preguntar

— Como esto— me tomo de la cintura y acortando la distancia entre los dos, me beso

Una corriente eléctrica me recorrió todo el cuerpo cuando sus labios tocaron los míos, nunca había sentido algo así con un beso, sin poderlo evitar cerré los ojos y le correspondí, Albert me estaba besando de manera lenta y suave, era tan tranquilo pero se sentía de maravilla, y yo no podía pensar en nada mas que no fuera en el hecho de que era justo Albert quien me estaba haciendo sentir tan bien, y en que eso no me estaba importando tanto en este momento pues le estaba correspondiendo fervientemente a su beso. Un beso que me estaba haciendo temblar tanto las piernas que ya no tenía fuerza para estar en pie y si no fuera porque él me tenía fuertemente agarrada, estoy segura de que me caería.

Cuando nos falto el aire nos separamos, instintivamente mire a mi derecha y ya no vi a Eliza por ningún lado, pero ahora no sabía que decir ni que hacer frente a Albert, no sabía porque había decidido besarme, y aunque él había dicho que era una manera de espantar a Eliza, no dejo de pensar en que hay algo mas, sentí algo mas con ese beso, y sé que Albert no toma decisiones aceleradas sin antes pensar bien en las consecuencias o en los motivos para hacerlo, aunque tal vez estoy dándole vueltas a un asunto sin importancia, tal vez solo estoy un poco sorprendida y nada más. Pero no me iba a quedar con la curiosidad.

— ¿Por qué lo hiciste?— pregunte seria mirándolo a los ojos

— Porque quería— respondió simplemente

— Esa no es una escusa valida y lo sabes— fruncí el ceño

— Para mí lo es— volvió a decir sin darle importancia pero yo sabía que era mentira

— No te creo, te conozco lo suficiente para saber que no harías algo como esto sin haberlo pensado bien antes, no me mientas Albert, dime la verdad ¿Por qué lo hiciste?— él me miro fijamente por unos minutos

— Este no es el lugar adecuado para hablar, ¿Quieres que vayamos a casa y hablemos ahí?— me propuso ahora con semblante serio

— Me parece bien— fuimos a nuestra mesa, tome mi cartera, él pago la cuenta y cinco minutos después estábamos saliendo en silencio del lugar