Capitulo Siete

Al día siguiente un pequeño maullido me despertó, abriendo un poco mis ojos para acostumbrarme a la luz pude ver que era Puppe, la gatita estaba parada sobre mi pecho y me miraba con interés, al parecer su pata estaba un poco mejor pues la expresión en sus ojos me hacían entender que estaba agradecida por los cuidados, sintiéndome feliz de haber decidido quedarnos con la mofeta, que por cierto era muy cariñosa, la tome en mis brazos y sin molestarme en cambiarme mi acostumbrado pijama fui con ella a la cocina para darle algo de comer mientras preparaba el desayuno.

— Buenos días— escuche la voz de Albert a mis espaldas, me puse algo nerviosa pues no había podido dormir tranquila la noche anterior, Albert había ocupado todos mis pensamientos, así que dando un leve suspiro intente calmarme y me gire a verlo, él solo llevaba puesto el pantalón del pijama, por lo demás estaba descalzo, sin camisa y con el cabello revuelto, la imagen ante mis ojos no ayudaba mucho a mi auto control

— Buenos días Albert— salude con el mismo tono de siempre pero no me atrevía a verlo a los ojos— estaba haciendo café ¿Quieres una taza tu también?— él asintió y sentí que me miraba fijamente, entonces me arrepentí de no haberme cambiado antes de salir de mi habitación o de por lo menos no haberme puesto el albornoz sobre el corto short y la ajustada blusa que conformaban mi pijama, y aunque los días anteriores tampoco lo había hecho, hoy me sentía realmente cohibida

— Parece que le agradas mucho a Puppe— dijo viendo como la mofeta estaba acurrucada tranquila a mi lado, yo sonreí

— Eso parece, además hoy se ve bastante mejor, no sé si soy egoísta, pero espero que nadie la venga a buscar, me agrada mucho quedármela—

— No creo que tenga dueño, de ser así ya se habría ido, los gatos no se encariñan fácilmente con cualquier persona— yo asentí feliz, en verdad me gustaba mucho Puppe— voy a revisarle la pata— dijo y se acerco a la mofeta

Cuando paso por mi lado su hombro toco levemente el mío y no pude evitarlo pero brinque un poco ante la sensación que me producía tenerlo cerca, Albert se giro a verme pero antes de que su mirada se cruzara con la mía baje mi rostro y me concentre en el café, él no dijo nada y se dedico a examinar a Puppe, cuando termino se alejo y se recostó en el marco de la puerta de la cocina con los brazos cruzados y en absoluto silencio. Cuando termine el café, lleve las dos tazas a la mesa y unas cuantas tostadas con mantequilla para acompañar.

Desayunamos en un silencio algo incomodo, solo de vez en cuando Albert hacia algún comentario sin importancia interrumpiendo un poco el silencio, pero yo le respondía con monosílabos o simples asentimientos de cabeza, su mirada la tenia puesta en mí, y eso me tenia realmente nerviosa, tal vez debería hablar con él sobre el beso, pero no me sentía capaz de hacerlo, me daba vergüenza solo mirarlo, no podría empezar de la nada una conversación tan importante. Al menos para mí lo era y espero fervientemente que para él también.

Después de terminar el desayuno limpie un poco la mesa y la cocina, estaba consiente todo el tiempo de la presencia de Albert atrás mío clavándome su mirada sin parar y eso no ayudaba a calmar mi nerviosismo, tome un par de respiraciones profundas y me gire tranquilamente para salir de la cocina, cuando estaba por cruzar la puerta Albert se paro frente a mí y me tomo de los hombros.

— ¡Basta Candy!— dijo molesto— ¿Quieres dejar de ignorarme por favor?—

— ¿De qué hablas?— maldije que mi voz se escuchara tan nerviosa

— ¡Precisamente de esto!— dijo tomando mi barbilla y levantando mi cabeza suavemente para mirarme directamente— no me has querido ver a la cara en toda la mañana— Aunque se escuchaba molesto su expresión no lo era, más bien estaba preocupado— ¿Dime qué pasa?— yo dude en responder— ¿Es por lo de anoche cierto? Todo esto es porque te bese— yo me ruborice— ¡Lo sabia!... si tanto te molesto ¿Por qué no me lo dijiste Candy?—

— ¡No es eso!— conteste al fin encontrando mi voz

— ¿Entonces qué pasa?—

— Eso es lo que me tendrías que explicar tu Albert— dije sin poder aguantar más— fuiste tú el que me beso, y me he pasado la mitad de la noche pensando en el motivo, tú nunca haces nada sin pensarlo, así no es como actúas, ¿Por qué lo hiciste entonces?— él me miro serio

— Ya te lo dije, porque quería— yo fruncí el ceño enojada

— Deja de mentir, sabes que a mí no me puedes engañar tan fácil Albert, hay otro motivo, ¿Cuál es?— él suspiro y me miro unos segundos permaneciendo en silencio

— ¿Si te digo la verdad prometes no enfadarte?— yo lo mire sorprendida— si te digo el verdadero motivo, ¿Prométeme que sin importar lo que pienses no me dejaras solo, no te alejaras de mi?— en sus ojos había claro miedo, miedo a lo que yo pensara de él, a que lo abandonara, ¿Tan malo era?

— Cuando tenias seis años yo te prometí que nunca te dejaría solo Albert, siendo aun una niña que no entendía completamente el significado de esas palabras te prometí ser tu amiga siempre, ahora a tus veintitrés te prometo que no importa lo que digas, eso no cambiara nunca, hoy con pleno conocimiento de mis palabras te prometo que yo siempre estaré contigo, siempre— él me sonrió aunque dudoso— por eso dime qué pasa, nosotros prometimos que nos contaríamos todo, que no nos guardaríamos secretos, ¿Por qué quieres empezar ahora?— esta vez soltó un gran suspiro

— Cuando te dije que lo había hecho porque había querido te dije la verdad— comenzó mirándome serio— si te soy sincero quería hacerlo desde hace rato— yo abrí los ojos asombrada

— ¿Qué dices?—

— Tú me pediste la verdad Candy, y la verdad es esa— comento acusadoramente— como te dije antes, eres una mujer hermosa, cualquier hombre estaría feliz de estar a tu lado, yo adoro pasar mi tiempo contigo, hablar con otra persona nunca se me dio tan natural como lo es contigo, pero desde que me contaste lo de Terry— dudo en continuar, yo lo mire dándole ánimos, él volvió a suspirar— cuando me dijiste que nunca habías disfrutado teniendo relaciones no lo podía creer, sinceramente se me hace imposible de pensar, es injusto que en todas las veces que estuvieron juntos tu nunca hayas podido disfrutar, y me dan muchas ganas de buscar a Terry y golpearlo por haber sido tan estúpido—

— Ya te dije que él intento lo que pudo, aunque tal vez no haya hecho lo suficiente por lo menos lo intento— comente para tranquilizarlo

— Y ahí está el maldito problema Candy— dijo empujándome hasta una pared y acorralándome con sus brazos, su mirada estaba fija en mí— que yo me muero por intentarlo— me quede sin aire, no podía ser cierto lo que estaba escuchando

— ¿Tu…?— no pude decir nada, no sabía que

— Si, me muero por intentarlo y es demasiado frustrante para mí porque no entiendo por qué demonios siento esta necesidad contigo, pero desde esa noche no he dejado de pensar en otra cosa que no sea en hacerte el amor, ¡Demonios Candy, me muero por ser yo el que te haga sentir placer!— dijo tomando mi rostro con una mano, y un escalofrió me recorrió todo el cuerpo— quiero besarte y acariciarte de todas las maneras posibles, quiero hacerte sentir lo que tanto deseas, quiero ser yo el que te muestre las estrellas— mi cabeza estaba trabajando a mil por minuto— y aunque me moría de miedo ante la reacción que tomarías si te enterabas, anoche no me pude contener y no pensé mucho cuando lo hice, solo vi la oportunidad y te bese, pero después me arrepentí porque no quería que cambiaras conmigo por eso, porque no quiero que esto que estoy sintiendo te aleje de mi Candy, me da terror pensar que me dejaras solo, tu eres lo único constante en mi vida, la única persona que me ha entendido plenamente, y si por una tontería te pierdo no sé que voy a hacer— y agacho la cabeza mientras me soltaba

— Albert— dije tomando su cara entre mis manos y levantando su rostro para que me viera a los ojos— no es ninguna tontería, hazlo Albert… muéstrame las estrellas— y sin más explicaciones lo bese

Albert se sorprendió un poco pero segundos después me correspondió el beso mientras me abrazaba y me pegaba a su pecho desnudo, su piel era caliente y suave, y por primera vez quería acariciar a un hombre, por primera vez sentía deseo.

— Espera Candy— dijo separándome un poco y dándome una mirada de inquietud— ¿No estás molesta?— yo tome aire

— No Albert, desde esa conversación no he dejado de pensar en lo mismo que tu— él abrió los ojos sorprendido— desde esa noche tus palabras se quedaron en mi cabeza, y te juro por Dios que yo también me muero porque lo intentes, y no me importa lo que pueda pasar después, quiero sentir por una vez en la vida, quiero que seas tú quien lo haga, por favor Albert hagamos el amor— a modo de respuesta me beso

Me beso larga y suavemente, tomo mi cintura con sus manos y me apretó contra él, yo lo abrace por el cuello y enrede mis manos en su cabello, era suave y sedoso.

— Vamos a mi habitación— dijo sobre mis labios sin separarnos en ningún momento, yo solo asentí, él nos guio a ambos hasta su cuarto y lentamente caímos sobre la cama él sobre mi

Albert dejo de besar mis labios y empezó a hacer un camino de besos por mi barbilla, mi cuello y mis hombros, sus labios sobre mi piel se sentían de maravilla, nunca había sentido esto, nunca antes había disfrutado que me besaran de esta forma. Subiendo un poco por mi cuello me mordió levemente el lóbulo de mi oreja y sin poder evitarlo solté un suspiro, él de nuevo me beso el cuello.

— ¿Te gusta?— me pregunto— ¿Te gusta cómo te beso?— sus palabras me daban una sensación de electricidad en la piel

— Si, se siente muy bien— susurre

— Si algo no te gusta, dímelo— y me beso la barbilla de nuevo

— Ujum— solo eso salió de mis labios

Empezó a acompañar sus besos con caricias, paso suavemente pero con mucha firmeza sus manos por mis piernas, luego por mis brazos y los hombros, pero cuando sus manos entraron bajo mi blusa a mi abdomen me arquee contra él para sentirlo más. Lentamente me quito la blusa y el short, dejándome solo con la ropa interior.

— Ayer cuando gritaste por Puppe que entre en tu habitación, casi me da un infarto cuando te vi de esta misma forma— dijo mirándome atentamente, yo me sonroje— estuve a punto de mandar al carajo la supuesta rata y tirarte en la cama para acariciarte como quería—

— ¿Y qué esperas para hacerlo ahora que puedes?— dije sintiéndome demasiado necesitada de su atención. Albert sonrió

Me beso y acaricio en casi todas partes, se estaba tomando su tiempo en cada beso y caricia, y aunque yo sentía que necesitaba algo más no podía hacer nada que no fuera suspirar y poco a poco empecé a gemir. Albert me desnudo por completo y por un momento me sentí avergonzada, él había estado con dos mujeres despampanantes y voluptuosas, y aunque antes nunca había estada inconforme con mi cuerpo, hoy sentía la necesidad de tener un poco más.

— Deja de pensar tonterías— dijo leyendo claramente mi expresión y mirándome directamente— eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida Candy— y su mirada me decía que no mentía, tomo mi mano derecha y la llevo a su pecho junto a su corazón— ¿Lo sientes?—

— Si— respondí al sentir el corazón de Albert latiendo sin parar, estaba muy acelerado

— Es por ti, solo por ti Candy—

— Bésame Albert— pedí y así lo hizo

De nuevo empezó a bajar con sus labios por mi cuello y hombros, pero esta vez no se detuvo y siguió su camino hasta mis pechos, un fuerte gemido escapo de mis labios al sentir su lengua caliente en mis pezones, él dedico largo tiempo en ellos para luego seguir bajando por mi abdomen y mi ombligo, pero cuando sentí que seguía bajando me sorprendí.

— Espera ¿Que vas…? ¡Ah!— gemí de nuevo al sentir sus labios entre mis piernas sobre mi intimidad, agarre fuertemente la sabana al sentir un placer increíble, era la primera vez que experimentaba esta sensación y era maravilloso

Azorada como estaba ante las caricias tan intimas que él me estaba bridando sentí como cada vez el placer aumentaba mucho más, cuando llegue a un punto en el que no aguante más, cerrando fuertemente los ojos estalle en miles de sensaciones. Era mi primer orgasmo, y había sido maravilloso, Albert subió de nuevo con sus besos hasta mi cuello y luego puso su rostro frente al mío mirándome atentamente, yo aun estaba algo sorprendida por las sensaciones.

— ¿Qué sientes?— me pregunto serio

— Que estoy volando— dije riendo un poco ante la verdad

— Pues entonces prepárate Candy, porque recién estoy comenzando— dijo en tomo engreído, yo volví a reír

— Albert— dije sonrojándome totalmente, él solo me miro expectante— Quiero verte— él sonrió al comprender, me dio un fugaz beso en los labios y empezó a quitarse el pantalón del pijama para a continuación seguir con el bóxer, yo lo mire sorprendida, Albert desnudo era increíblemente hermoso y demasiado sexy

— Creo que nunca había estado nervioso por la opinión de una mujer— dijo un poco en broma, pero en verdad se notaba nervioso, yo sonreí

— No te preocupes Albert, no tienes nada que envidiarle a nadie, para que infles tu ego te voy a decir que eres endemoniadamente sexy— no sé de donde saque el valor pero lo dije, él soltó una carcajada, yo lo mire seria— ¿Puedo tocarte?—

— Me muero de ganas porque lo hagas—

Sintiéndome animada, me senté y lo empuje contra la cama para que se acostara, y tal cual como él había hecho, lo bese en los labios, en el cuello y en el pecho, sobre todo el pecho, le acaricie sus firmes pectorales por mucho tiempo y luego baje mis manos por su abdomen y su ombligo, no dude ni un segundo en continuar bajando con mis caricias, tome su miembro entre mis manos y lo escuche gemir fuertemente ante mis caricias, embelesada seguí tocándolo todo lo que pude mientras me deleitaba con los roncos sonidos que salían de los labios de Albert. Levantándose rápidamente me sorprendió cuando me tomo en sus brazos y cambiando posiciones me dejo de nuevo bajo su cuerpo.

— No aguanto más Candy, quiero hacerte el amor ahora mismo— me dijo mientras besaba mi cuello con más pasión que las veces anteriores

— Hazme tuya Albert— le rogué mirándolo a los ojos

Y sin más demora empezó a entrar lentamente en mí, gemí como nunca cuando estuvimos unidos por completo, él me beso con pasión mientras empezaba a moverse suavemente, yo le cruce los brazos al cuello y enredando mis manos en su cabello me pegue mas a él.

Nunca en mi vida me había sentido tan bien, era maravilloso hacer el amor, por fin podía entender el placer que se siente cuando se está unido de esta manera con un hombre, ahora comprendo porque Annie disfrutaba tanto, era la cosa más espectacular del mundo. Pero lo más importante era Albert, era por él que estaba sintiendo de esta manera, él me hacía sentir así, solo con él podía sentirme así, y estoy segura que nunca podría hacerlo con otro, después de hoy nunca voy a poder intentar pensar en hacer el amor con alguien más, Albert había roto las barreras, y estoy segura de que no importa cuánto lo intente, nunca voy a olvidar este día.

Sus manos tomaron mis caderas y me apretaron contra él, y aumentando el ritmo de sus embestidas siendo cada vez más profundas y fuertes empecé a sentir que de nuevo llegaría al clímax, me agarre de su espalda y clavándole las uñas me deje llevar, arquee mi espalda y cerré los ojos ante las convulsiones del placer más exquisito que hubiera sentido en la vida, estaba viendo las estrellas con los ojos cerrados, tocando el cielo con las manos, no tenía la más mínima duda de ello, estaba sintiendo todo lo que había soñado, lo que decían los libros era verdad y es por Albert que lo estoy viviendo. Instantes después sentí que Albert soltó un ronco gemido y también se dejo ir. Sin darle tiempo a descansar tome su cara entre mis manos y lo bese con fuerza, él no lo dudo y me correspondió, después de un rato cuando necesitamos aire nos separamos, Albert se acostó y me arrastro hasta su pecho mientras me abrazaba todavía algo agitado.

Mientras escuchaba su corazón acelerado que increíblemente se sincronizaba con el latir del mío, una inmensa revelación llego hasta mí, no podía creer lo estúpida que había sido todos estos años, lo ingenua que fui, era Albert, él era la persona que había buscado todos estos años, cuando había tenido catorce años había estado más en lo cierto que nunca, amaba a Albert y aun lo hago, solo con él podría sentir lo que siento ahora, había disfrazado ese sentimiento por amistad todo este tiempo, pero ahora puedo ver que siempre había sido amor, por eso nunca pude sentir nada con Terry, porque era Albert la persona que yo esperaba. Me senté de golpe en la cama y lo mire fijamente.

— ¿Qué pasa Candy?— me pregunto preocupado— ¿Te hice mal?— dijo sentándose también y tomándome de los hombros con miedo, yo negué fuertemente— ¿Entonces porque saltaste así? ¿Qué pasa?—

— No me hiciste mal Albert— dije para tranquilizarlo— por el contrario me hiciste sentir muy bien— me ruborice— Yo… Albert, escúchame— sin importarme mi desnudez me senté sobre él y lo mire fijamente

— Candy no des más vueltas por favor, me estas poniendo nervioso—

— ¿Tu como te sentiste?— pregunte primero sintiendo temor por un momento, él sonrió

— Como nunca en mi vida lo había hecho Candy, fue la experiencia más increíble de mi vida— mi corazón se acelero— ¿Y tú? ¿Te sentiste bien con mis caricias?— pregunto demasiado serio— ¿O también fue un intento fallido?—

— No seas tonto Albert, ¿Acaso no te diste cuenta que prácticamente me hiciste gritar de placer?— me anime a decirlo, él rió

— Quería oírte decirlo porque me daba miedo pensar que estaba soñando— me abrazo fuertemente— que había sido una alucinación haber sentido que vibrabas de placer junto a mí—

— Para mí también fue increíble, me has hecho sentir por primera vez, nunca voy a olvidar este día Albert— él me volvió a besar con pasión— espera— dije separándonos— escúchame Albert, quiero decirte algo importante, quiero decirte que lo lograste— él me miro fijamente— me hiciste ver las estrellas con los ojos cerrados, fui al cielo y volví y todo fue por ti— él volvió a besarme

— Pues entonces vamos a ir de nuevo, porque yo también fui y volví Candy, pero quiero regresar y de ser posible quedarme ahí— mi corazón de nuevo se acelero y aunque aún faltaba decirle la parte más importante no tuve tiempo de hacerlo, pues correspondiéndole el beso me deje llevar, y por segunda vez el cumplió sus palabras