Hola! Des nuevamente trayéndoles historias calientes, que lee en sus ratos de ocio y que merecen la pena ser adaptadas, está historia avanza bastante rápido, así que no pierdan capitulo. LEEEEMOOON!
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a SM, la dueña de la trama será revelada al final! =)
- ¿Vienes? - le preguntó Bella, lanzándole una mirada por encima del hombro.
- ¡Oh, eso pretendo! - contestó él en voz baja.
Una emoción brotó por todo su cuerpo cuando arrastró su mirada a lo lejos y caminó en línea recta. Esperaba una pequeña resistencia pero, proponérselo a Edward Cullen, había resultado ser mucho más duro de lo previsto. Su renuencia estaba escrita en todo su bello rostro y, al mismo tiempo, había visto la forma en que sus ojos habían brillado con pasión cuando le había pedido ir a la cama. Él la deseaba y saber que correspondía su atracción la hizo estallar con escalofríos. Esto también la hizo preguntarse por qué él había luchado contra esto por tanto tiempo.
Y por qué él se veía casi culpable cuando fue ella quien se le había insinuado. ¡Ah, bien! Ahora no había tiempo para pensar en nada de eso.
Finalmente, tenía a Edward exactamente donde lo quería, y no iba a estropear lo que, estaba segura, sería la mejor noche de su vida. Hizo que el grupo de ideas dieran vueltas en su cabeza y las analizó a muerte, hasta que sacó las verdaderamente divertidas.
¡Esta noche sería diferente!
Esta noche no tendría que pensar.
Ella lo condujo al pasillo oscuro de la parte trasera del bar, hacia las escaleras, llevándolo al apartamento del segundo piso. Subieron las escaleras sin decir ni una sola palabra. Cuando hizo una pausa para abrir la puerta, ella sintió el cálido aliento de Edward en su cuello. Un segundo después sus manos ahuecaron su culo.
- Tienes un culo encantador - Murmuró desde atrás.
- Espera a ver el resto de mí.
Click. La cerradura se abrió y ella empujó la puerta. Entonces entraron y no encendió las luces. No quiso arruinar el momento arrojando luz, en el estéril y pequeño departamento. No quería mirar las cajas llenas con sus posesiones ni acordarse del hecho de que estaba durmiendo en un colchón, en un dormitorio vacío. Echaba de menos su antigua casa. ¡No! Echaba de menos su antigua vida, la que había llevado antes de que el bar le hubiese sido arrebatado de sus manos y hubiese sido echada de la casa de color café rojizo, donde había vivido durante años. Todo porque a duras penas había vuelto a sacar provecho a su pequeño bar de la esquina que, simplemente, no había sido capaz de competir con todos los nuevos y modernos establecimientos que seguían inaugurando en la parte alta de la manzana. Había invertido cada centavo que tenía en el Diamond hasta que estuvo total y completamente arruinada, sin un céntimo, incapaz de pagar la factura del teléfono, y mucho menos la renta. Pero empujó con fuerza todos los pensamientos desagradables fuera de su cabeza. En este momento, no quería que ninguno de sus problemas manchara lo que estaba por suceder.
Así que dejó la luz apagada, sonrío al gran hombre sexy frente a ella y aplastó cualquier deseo de… galantería pre-sexo para llegar al dobladillo de su top sin mangas.
Ella sacó la tela sobre su cabeza desnudando sus pechos.
- ¿Son auténticos? - Preguntó Edward con voz áspera y gruesa por el deseo.
- Ven aquí y averígualo.
Dio dos pasos hacia adelante y ahuecó cada pecho, moviendo rápidamente sus pulgares sobre los pezones y, entonces, arrastró sus manos a lo largo de la superficie inferior de cada pecho.
- ¡Auténticos! - Comentó. - Raro en estos días.
Casi ronroneó cuando él le acarició sus pechos, sus manos grandes rozando por encima su piel sensible. ¡Maldición! Ella había deseado esto por mucho tiempo. Se lo imaginaba. Fantaseaba sobre esto al final de cada noche, mientras se toqueteaba ella misma. Había estado con otros hombres, por supuesto, pero ninguno de ellos se podía comparar a éste, fuerte y guapísimo; incluso más, era el único que prácticamente le provocaba un orgasmo con sólo una mirada pecaminosa. Edward era todo un hombre, con bordes toscos y todo.
- ¿Por qué esperamos dos años para hacer esto? - Él masculló mientras acariciaba sus pechos. - ¿Pensaste, en realidad, que te iba a rechazar?
- No estaba segura de ser lo bastante putita para ti – replicó ella fríamente.- He visto las chicas con las que sales de mi bar
- Tienes razón. No eres ni remotamente parecida, para nada, a las mujeres que normalmente llevo a casa.
- ¿Porque mis tetas son auténticas?
- ¡Porque me haces reír! - Se encogió de hombros palmeando sus pechos. -Porque muchas de las conversaciones con auténtico significado, que he tenido en toda mi vida, han sido contigo. No quería que el sexo arruinara nuestra amistad. Si fuera un tipo de persona responsable te habría pedido una cita.
- No quiero una cita. ¡Quiero follarte!
Ella escuchó su respiración brusca y sonrió.
Dio un paso atrás y sus pechos se sintieron fríos sin las manos de Edward acariciándolos. Alcanzó el botón de sus Jeans y arqueó sus cejas
- Así que… ¿qué haces con una chica que no citas? Entras en su apartamento, estás caliente y cachondo y miras fijamente su cuerpo medio desnudo, y… ¿qué haces?
- ¿Realmente quieres saberlo?
-¡Uh-huh!
- Bueno, le digo que baje mi cremallera y me chupe la polla.
Un dolor pulsó entre sus piernas. ¡Oh sí! Ella sabría que sería así. Sucio, exigente y descarado.
- Pero ya que eres tú… -Dijo con aspereza. - En lugar de eso te lo preguntaré. ¿Bella, quieres chuparme la polla?
Sin molestarse a responder esa obviedad, desabrochó sus pantalones y se deslizó la tela de mezclilla por sus piernas. Los ojos de él se ensancharon de nuevo. Ella no estaba usando ropa interior y la expresión de su cara le decía que ir de comando había sido una buena idea.
Con sus jeans en el suelo de parqué, a sus pies, ahora estaba desnuda, ardiente y mojada, más de lo que alguna vez había estado en sus 26 años. Fue tranquilamente hacia él, tomó la parte de abajo de su camiseta en sus manos y se la quitó. Su pecho era duro como piedra.
Presionó su boca en su pecho desnudo y lo besó. Olía a jabón y especias. Su lengua se movía lamiendo su pezón. Él sabía cien por cien a hombre.
¡Dios!¡Esto era divertido! Había fantaseado con esto por tanto tiempo que casi era irreal experimentarlo. Se frotó contra él lamiéndole el pecho, besándolo, chupándole los pezones. Después le fue rozando con su lengua, bajando por su cuerpo, y se puso de rodillas. Con hábiles dedos, abrió la cremallera de sus pantalones y los bajó por sus piernas tonificadas, entonces tiró de sus boxers negros. Él pateó los pantalones y los boxers a un lado. Su pene grueso y erecto sobresalió y rozaba contra sus mejillas.
Con una tenue sonrisa ella inclinó su cabeza y sus miradas se encontraron. Los párpados de él estaban pesados y los músculos de su cara se tensaron. ¡Oh, cuánto amaba esa cara! Los ángulos duros, la mandíbula definida, su barba de días salpicando su barbilla. Masculino, sexy.
- Eres provocadora. -Murmuró, sus ojos destellando con incontrolada lujuria.
- Sí, ¿y?
Ella agarró su polla con una mano, apretando su estrecho culo con la otra, y bajó su boca.
Lo besó.
Él se estremeció.
Una gota de humedad se formaba en su punta y ella lo chupó, saboreando su salado sabor varonil. Se lo metió profundo en la boca, pasando su lengua a lo largo de su pene mientras lo bombeaba al mismo tiempo.
- Mierda - Edward se ahogó.
Ella se retiró. - ¿Pasa algo?
- ¡Diablos, no! ¡Sigue haciendo eso!
Ella le dio el gusto. Los respiros irregulares y los suaves gemidos de Edward la alentaron a ser más atrevida. Acariciando su pene con sus manos, embromó sus bolas con su lengua. Luego lamió desde la empuñadura hasta la punta, una, dos veces, con largos y sensuales movimientos que lo hacían gemir de placer. Ella sintió su polla pulsando contra su lengua y se hizo increíblemente más duro, más caliente, mientras más lo provocaba. Después de unos cuantos lamidos tortuosos más, ella metió la punta en su boca y lo chupó, enroscó su lengua encima de su piel aterciopelada, luego chupó de nuevo. ¡Fuerte!
Él gimió y una sacudida de placer subió por su cuerpo y agarró su clítoris. Ella pudo haber estado ahí toda la noche, de rodillas, masturbándolo, mamándosela, pero el dolor entre sus piernas rechazaba disiparse. Sólo se volvía más fuerte, palpitando encarecidamente, volviéndola tan húmeda y excitada que apenas podía respirar.
Gimiendo sobre su punta, le dio una última mamada luego se puso de pie y presionó su cuerpo desnudo sobre él. - ¡Ven a la cama!
- ¡Si puedo caminar…! - Respondió con una sonrisa temblorosa.
- ¡Creo que lo lograrás!
Ella se movió hacia el pasillo oscuro sin volverse a mirar si él la seguía. Sabía que lo haría. Había venido hasta aquí después de todo. Ni siquiera Edward sería tan cruel para marcharse ahora.
Sonrió cuando oyó sus pasos y sintió su pesada respiración detrás. Un segundo después ella se detuvo en seco, sorprendida al sentir la parte inferior de su cuerpo empujando contra su trasero. Él abrazó su cintura con sus manos y ella lo estrelló contra la pared, poniendo la punta de su erección rozando entre sus muslos.
- Te quiero follar ahora mismo, justo contra esta pared. - Murmuró Edward entre dientes, plantando besos con la boca abierta entre los omóplatos.
Ella suspiró. - ¡Hazlo!
-¡No!
Él frotó su polla contra su pliegue curvando hacia abajo, justo lo suficiente para que la punta de la cabeza bailara al otro lado de su húmeda abertura.
- Primero quiero hacer que llegues. - Agregó, luego tiró de un mechón de pelo castaño suelto para poder besarle la nuca.
Ella se estremeció. - ¡Confía en mí! Llegaré en el segundo en que me lo metas.
- Después - Dijo ausente. - Primero quiero llevarte a la locura… ¡Con mi lengua!
Le dio a su trasero un pequeño empujoncito y la apresuró en dirección al dormitorio.
¡Oh, Dios! Nunca había estado tan excitada. ¡Sabía que sería así! A Edward Cullen lo tuvo bajo su piel desde el segundo en que puso los ojos en él. Sus sonrisas torcidas y muecas graciosas nunca fallaban en ponerla ardiente. Su voz la ponía más ardiente. ¡La visión de su cuerpo desnudo le envió la verdadera furia del infierno dentro de ella!
Tampoco había luz en la habitación. Le gustaba eso. Tumbándose en el colchón sobre el suelo, Edward no era más que una sombra avecinándose. La oscuridad hace todo más seductor. Más sexy. Más sucio.
Él no comentó la falta de mobiliario, sólo posó su mirada sobre su cuerpo desnudo y murmuró - Extiende tus piernas.
- Hazlo tú por mí - Susurró con voz seductora.
Edward parecía disfrutar escuchándola tanto como ella disfrutaba usándola.
- Obligándome a hacer todo el trabajo, ¿huh?"
-¡Sí!
- ¡Me gusta eso!
Se acercó a ella, se arrodilló en el duro suelo de madera y, con un movimiento brusco, separó sus piernas.
- ¿Dijiste que habías esperado esto por 2 años? – Preguntó Edward
-¡Mmm-hmmm!
- ¿Qué es lo que querías exactamente, Bella?
- ¡A ti! - Acertó a decir.
- ¡Sé más específica!
Ella estaba tendida de espaldas, sus piernas abiertas, mojada y lista para él y… ¿él quería que fuera más específica?
- ¡Tú dentro de mí! - dijo.
- De nuevo estás siendo imprecisa - Inclinó su cabeza, mirándola pensativo y calmado, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
- ¿Qué parte de mí quieres dentro de ti?
- ¡Tu polla!
- Buen comienzo. ¿Qué más?
- ¡Tus dedos!
- ¿Algo más?
- ¡Tu lengua!
Él deslizó sus manos por sus piernas, acarició el interior de sus muslos; luego, frotó una palma de su mano contra su sexo palpitante. Ella contuvo la respiración y gimió por su toque. Con una delicada risita, se inclinó hacia delante y hundió la cabeza entre sus piernas. ¡Primero la provocó! Lamió su clítoris lentamente, con roces suaves con su lengua. ¡Luego la provocó un poco más! Subió y bajó un dedo por su raja mojada, jugueteando con su abertura sin entrar.
¡Ella no pudo soportarlo más!
Enrolló los dedos en su cabello cobrizo empujándole la cabeza hacia más abajo, levantando sus caderas y frotando su dolorido clítoris contra sus labios.
– Chúpalo - Le rogó.
Casi se avergonzó ante la desesperación de su voz pero a Edward parecía no importarle. Se rió otra vez pero, obviamente, poseía algún tipo de caballerosidad, porque cedió a sus deseos. Mamó su clítoris, moviendo rápidamente su lengua contra él, pero aun negándole la presión que ansiaba. Su lengua se lanzó fuera, tomó una breve muestra, luego se deslizó para saborear sus muslos. Ella gimió y agarró la solitaria sábana colocada sobre el colchón, su sufrimiento era obvio pero él no se desvió del paso perezoso, tortuoso, que había establecido. Justo cuando ella abrió la boca rogando por más, le clavó la lengua en el clítoris y mamó encarecidamente.
Ella gritó, balanceándose sobre el borde, tratando de prolongar el placer, pero renunció en el segundo que sus dedos entraron en el juego. Uno se deslizó profundamente en su interior, luego un segundo se unió a la acción, más tarde un tercero. Su insistente boca caliente y sus dedos expertos enviaron un torbellino de sensaciones por su cuerpo. El placer la asaltó, la embargó, la penetró. ¡El fuego la consumió! ¡Las olas de placer la estrellaron!
Llegó más fuerte y rápido de lo que alguna vez podía recordar que viniera. Cuando el orgasmo finalmente amainó jadeó en busca de aire, tratando de traer el muy necesario oxígeno a sus pulmones.
- Eres demasiado bueno para esto - Respiró.
- Así me lo han dicho.
Edward se deslizó de modo que se encontraran a la altura de los ojos, a la altura de los pechos. A la altura de la pelvis. El hambre cruda destelló en sus ojos esmeraldas.
- ¿Por qué no nos hemos besado aún? - Preguntó con curiosidad levantando sus cejas.
- Estábamos ocupados haciendo otras cosas.
- ¡Esa no es excusa!
Bella agitó y cerró sus párpados cuando cubrió sus labios con los suyos. Su beso no era tierno sino brusco. Como sabía que serían. Curioseó sus labios abiertos con la lengua y se probó a sí misma en él. Mientras él reclamaba su boca del mismo modo que reclamaba su vagina, ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello y encajó una uña en su poderosa espalda. Cada centímetro de este chico era puro músculo. ¡Le encantaba!
Metió su lengua fuera y dentro de su boca. Su barba raspaba como el infierno su barbilla. Con un gemido, él extendió su mano entre ellos y comenzó a toquetearla de nuevo.
- ¡Maldición, Bella! ¡Quiero follarte de nuevo!
Podía sentir otro orgasmo creciendo en su interior.
Lo quería en su interior ahora. Pero se forzó a sí misma a levantarse. Su bolso estaba en el suelo, junto a la puerta, y fue directo a él buscando torpemente la caja de condones que había escondido antes allí. La encontró pero abrirla era otra historia. Sus dedos estaban temblando tan violentamente que apenas pudo rasgar la tapa.
Con una sonrisa, Edward vino a ofrecer su ayuda. Abrió la caja sacó un condón y se lo puso antes de que tuviera tiempo de parpadear. Y cuando había parpadeado se encontró en el colchón otra vez, boca arriba. Mientras, Edward se inclinaba y bajaba su cuerpo musculoso sobre ella.
Sin darle tiempo para reaccionar entró en ella.
Llegó al clímax en el mismo segundo en que la llenó. Sus músculos internos apretándose, su cuerpo convulsionando mientras gritaba de puro placer.
Edward empujó sus manos debajo de su trasero y la tomó, la levantó del colchón mientras deslizaba su pene dentro de ella. La cogió fuerte. Rápido. Brusco. Podían haber pasado horas o minutos. No tenía ni idea y no le importaba. Mientras la última ola de orgasmo se apoderaba de su cuerpo, caliente y tembloroso, miró fijamente al hombre que estaba sobre ella, vio sus ojos entornados por el placer, ardiendo con fuego. Su cara estaba tensa, su pecho musculoso se tensaba y flexionaba cuando bombeaba en ella.
Con un gemido aceleró el paso. Empujones irregulares y bruscos. Luego murmuró.
- Voy a terminar. - Y perdió el control mientras ella clavaba los dedos en su trasero.
Después rodó sobre su espalda y se quedaron quietos mientras cada uno se recuperaba del tornado erótico que había pasado por su cuarto.
La mirada de Bella vagó por los músculos duros y planos del cuerpo de Edward. Estaba caliente otra vez tan sólo con mirarlo. Con una minúscula sonrisa, deslizó su mano y comenzó a acariciar su pene medio erecto.
Edward gimió. - ¡Eres una animal! - Rezongó.
- Como he dicho… esperé durante dos años por esto.
Un fingido suspiro salió de su garganta cuando le deslizó su mano entre las piernas. Ella gimió y él le respondió con una media sonrisa. - ¡No puedo dejar esperando a una dama! - Murmuró.
Me encanta este Edward, ¿a ustedes no? es tan caliente!
déjenme su opinión =)
