Hola! nuevo capítulo, cómo siempre LEMMON.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la dueña de la trama y el nombre original se los diré al final.
Advertencia: La historia es Rated M, así que si eres menor de edad, o no te gusta leer sobre sexo entonces te invito a largarte de esta historia! =)
Capítulo 3
Edward se despertó a la mañana siguiente para encontrar el cálido y desnudo cuerpo de Bella cerca del suyo. Una larga pierna estaba envuelta en su muslo y el tacto de su sedosa piel le provocó un grave apuro. Estaba tentado a despertarla con un beso travieso entre las piernas. Pero se contuvo. No podía tener sexo con ella otra vez. No hasta que le dijera la verdad acerca del Diamond.
Un latigazo de dolor apareció al instante en sus sienes. ¡Maldición! No quería hacer esto... No después de lo de anoche.
Él había estado con suficientes mujeres. Pero ninguna de ellas se comparaba con Bella Swan. Bella y su pequeño cuerpo sexi… Su lengua ansiosa, los gemidos entre cortados cuando terminaba. No creía que alguna vez pudiera saciarse de ella y una mirada a su entrepierna lo confirmaba. Su pene estaba incluso más duro de lo que estaba hace un momento, cuando abrió los ojos y la vio desnuda, acostada a su lado.
Estaba bastante seguro que una vez que le dijera lo que había hecho, nunca la volvería a ver desnuda otra vez.
Ahogó un gemido, tentado a deslizarse fuera de la cama y esconderse fuera del vacío apartamento. Sin notas. Sin despedidas. Sólo escabullirse antes de que ella despertara y así evitar el enfrentamiento. Probablemente eso era lo que ella esperaba de él de todos modos. Probablemente ella pensaba que abandonar a una mujer después de tener sexo era lo más apropiado para él.
¡Y eso era, precisamente, por lo que no podía marcharse! No quería que Bella pensara que era un imbécil.
Aun cuando, en este momento, se sentía como uno muy grande.
-¡Mmmm! Su suave murmullo llevó una sonrisa a sus labios. Pasó sus dedos por su despeinado cabello castaño.
- ¡Buenos días! - Saludó con una sonrisa.
Con un diminuto bostezo, se apoyó en su codo y plantó un beso en su cachete.
- ¡Buenos Días! - Contestó soñolienta.
Al parecer los hombres maduros eran capaces de conmoverse, porque eso es exactamente lo que ocurrió. Su mirada recorrió su precioso rostro, luego bajó a su seno desnudo presionado contra su hombro. El verla allí tumbada, cálida y adormilada y tan obviamente saciada provocó un apretón en su pecho.
- Prepararé un poco de café - Dijo, sintiéndose incómodo.
Desenmarañándose de su abrazo, salió de la cama y se puso en pie.
- No hay máquina de café. - Se sentó y sus senos lo provocaron, con sus pezones rosados erectos y demasiado tentadores.
- Todas mis cosas están en un almacén. - Admitió cuando pasó sus dedos por su cabello enredado.
- No vi ningún motivo para traer todo aquí puesto que voy a irme de la ciudad en un par de días.
La culpa ardía en su garganta como un golpe de tequila. Sabía que él era culpable de su situación actual y de pronto deseó no haber sido tan insistente en la compra del bar. Y… presionar a su amigo, el del banco, para que negara a Bella otra ampliación del préstamo había sido un golpe bajo.
Pero dejar la ciudad… esa era una nueva noticia para él. Noticias que causaban que sus intestinos se torcieran en un pretzel de intensa culpa.
- ¿Te irás de la ciudad? - Finalmente logró encontrar su voz. Su expresión se tornó sombría.
- ¡Sí! No puedo costear el quedarme aquí.
- ¿A dónde irás?
- Mi hermana vive en Nueva York y está dispuesta a darme alojamiento por un tiempo. Se lo pediría a Alice o a Rosalie pero están recién casadas y no querría incomodarlas - Se encogió de hombros, luego brincó del colchón y se dirigió hacia la maleta colocada cerca de la puerta.
Su culpa aumentó cuando, finalmente, miró a su alrededor y echó una buena mirada al cuarto que habían allanado la noche anterior. Estaba vacío, excepto por el colchón y la maleta. Ningún mueble, ninguna decoración, ¡nada!
Bella agarró algunas prendas de la maleta y comenzó a vestirse. Por mucho que a él le hubiese gustado verla desnuda, por un poco más de tiempo, tuvo que girarse. Estaba bastante seguro de que su vergüenza estaba escrita en todo su rostro, y ¿cómo podía no estarlo? Bella había perdido su bar, su apartamento… y ahora se iba a Nueva York, a dormir en el sofá de su hermana por Dios sabe cuánto tiempo. Sabía que ella había estado teniendo problemas de dinero desde hace un tiempo. Pero… ¡Maldita sea! ¿Por qué no había tratado de ayudarla en lugar de pensar sólo en lo que él quería? Le pudo haber dado un préstamo, aunque conociendo a Bella, probablemente no lo habría aceptado. Al menos, debió haber hablado con ella antes de comprar el Diamond.
Y ahora era demasiado tarde para hacer las cosas bien. Ella se marchaba de la ciudad. Y, maldita sea, la idea de no volver a ver a Bella le desgarraba las entrañas.
- No comiences a sentir lástima por mí. –Dijo con voz burlona. Sus brazos rodearon su desnuda espalda. Presionó un beso entre su omoplato y añadió.
- Es culpa mía estar en bancarrota. Obviamente, no manejé demasiado bien el Diamond. ¡No puedo culpar a ese imbécil por querer arrebatármelo de las manos!
Edward tragó, preguntándose si ella estaría con él o no, si supiera que él era el imbécil al que se estaba refiriendo.
- Además, el banco no podía ampliarme el préstamo. ¡No tuve más elección que vender! - Besó su espalda otra vez, luego juguetonamente palmeó su trasero y se acercó a él.
- Vamos a la cafetería del otro lado de la calle. ¡Preparan un café fantástico!
Él tragó de nuevo, tratando de tragarse ese mordaz auto-odio pegado a su garganta. ¡Necesitaba decírselo! ¡Ahora!
- Bella… - Comenzó. Ella se detuvo en la puerta y le dedicó una sonrisa malévola.
- ¿Sabes qué? Vamos a saltarnos el café y tener sexo primero.
Su polla creció.
¡Nada de sexo! ¡Dile la verdad!
- En realidad… una ducha también suena bastante bien. - Agregó mirándolo; obviamente, sin ver la batalla que él tenía entre su mente y su cuerpo.
- Bella, quiero hablarte de algo… Pero ella ya estaba tirando del dobladillo de la camisa que acababa de ponerse. Un momento después, sus senos estaban expuestos otra vez y esta vez no podía apartar sus manos. Se acercó a ella, sujetando sus pechos al mismo tiempo que ella agarró la pretina del bóxer.
- ¡Podemos hablar más tarde! - Murmuró ella. Se apoyó en la punta de sus pies, le rozó los labios con los suyos y le dio un buen apretón en su trasero. Él hizo un último intento de confesión para quedar limpio.
- Bella, necesito decirte…
- ¡Después! - repitió ella.
Y entonces le metió su lengua en la boca y de inmediato se calló.
El baño de azulejos se llenó de vapor, creando una atmósfera caliente y sensual para la segunda ronda. ¿O era la tercera…? ¿Cuarta? ¿Quinta? Bella había perdido la cuenta del número de veces y la variedad de actividades sexuales que ella y Edward habían perpetrado anoche. ¡No necesitaba contar! Los recuerdos traviesos eran suficientes como… ¡para el resto de su vida!
Recorriendo con su mirada, arriba y abajo, el espectacular cuerpo de Edward, luchó contra el calor hirviendo en su vientre y apretó sus muslos antes de saltarle al hombre. Las gotas de agua bailaban por sus abdominales y goteaba en la sobresaliente erección de su ingle.
Ella se humedeció sus labios, sintiéndose de pronto sin sentido y más que un poco excitada.
Sus ojos color chocolate parpadearon con diversión cuando él siguió su mirada.
- ¡Mira lo que hiciste! Y antes de que tomara mi café matutino, nada menos.
Ella se rió.
El sonido llegó más fuerte y melódico gracias a la acústica de la ducha. Se acercó una pulgada más y, lentamente, agarró su polla con una mano. Lo acarició suavemente, se apoyó en la punta de sus pies descalzos y lo besó directo en la boca.
Él le devolvió los besos al instante. Empujando su lengua entre sus labios y moviéndola rápido dentro de su boca. El agua cálida se deslizaba sobre su espalda y la provocaba en su piel sonrosada. Se quedaron allí por un momento. Lenguas enredadas, manos explorando,… hasta que ella no pudo resistir la presión entre sus piernas por más tiempo.
Ella, inmediatamente, se dejó caer de rodillas; necesitaba probarlo de nuevo, antes de tenerlo dentro y de que la dejara caer en un acantilado orgásmico, respirando en una nube de vapor. Le rodeó su punta con la lengua.
Edward dejó salir un gemido; apoyándose en la pared de azulejo. Ella tomó su erección en la boca, rozando suavemente sus dientes sobre su longitud.
Él gimió otra vez, murmurando. - Eres demasiado buena en esto.
Le puso una mano en su cabello y le guió a lo largo de su pene, impulsándolo dentro y fuera de su boca mientras su respiración pesada e irregular llenó el cubículo de la ducha. Usando una mano para acariciar sus bolas, bombeando a través de su longitud con la otra y chupando fuerte en su punta. Ella quería devorar a ese hombre… Quería llevarlo al límite tan salvajemente como él la llevó, volverlo loco como él la había dejado anoche cuando la llevó al límite una y otra vez. Pero Edward no lo permitió. Con un respiro ahogado, se retiró de su boca impaciente y la puso de pie.
Ella gimió en protesta pero, de pronto, la estaba besando otra vez y el tacto de sus manos frotando y acariciando cada pulgada de su cuerpo estaba demasiado bien como para ignorarlo.
- Tienes el físico de revista. - Murmuró él cuando le pellizcó uno de sus pezones. - Deberías haber trabajado de modelo.
- No me gusta que me saquen fotografías.
- Y… ¿si fuera yo el que tomara las fotografías?
- Si fuera así… ¡podría consentirlo! - Contuvo una sonrisa. - ¿Los jugadores de beisbol saben incluso cómo funciona una cámara?
- ¡Muy graciosa!
- Y ¿aún querrías fotografiarme? No preferirías perseguirme alrededor de las bases… ¿o algo así?
- ¡Eres una pésima comediante! - dijo él, aunque se estaba riendo.
Él le agarró su trasero mojado, colocándola contra la pared de azulejos y jugó con su vagina desde atrás.
Ella presionó sus manos en la pared y cerró los ojos, gimiendo, cuando le introdujo dos dedos. Una ráfaga de placer quemó sus terminaciones nerviosas, haciéndola moverse contra su toque. Él la provocó por unos pocos minutos…, acarició sus labios, dando vueltas alrededor de su clítoris con su pulgar, empujando sus dedos dentro y fuera de ella. Y, justo cuando estaba llegando, justo cuando el orgasmo bailaba por su columna y amenazaba con romper la superficie, él sacó su mano y sustituyó sus dedos por la punta de su polla.
La empujó dentro de ella, torturándola pulgada a pulgada. Mordisqueándole el lóbulo, subió una mano a su seno, acariciando cada montículo parado, pellizcando cada pezón sensible, todo eso mientras mantenía un paso lento. Y luego, toda su longitud estaba dentro de ella y una emoción sacudió su columna. Ella no podía recordar cuando se había sentido tan malditamente completa.
Sus músculos interiores sujetaban su polla. No quería dejarlo ir, pero a él no parecía importarle.
- Dios Bella, estás tan estrecha.- Murmuró en su cuello.
Al principio él comenzó moverse lentamente, luego más y más rápido, llevándola en un ritmo muy intenso e irregular que la hacía jadear por aire. Ella se sintió llegar… tan cerca… cerró los ojos, gimió… y luego él se salió.
Un gemido de desilusión salió de su garganta.
Riendo, Edward la giró y le agarró del trasero. - Envuelve tus piernas alrededor mío. - Le ordenó en voz baja.
Ella obedeció, cerrando sus tobillos sobre su firme trasero mientras entrelazaba sus brazos alrededor de su cuello.
- ¡Lo estás haciendo a propósito! ¿No? - Refunfuñó. - Cambias de ritmo cada 5 segundos, así no puedo acabar.
- ¿De verdad te estás quejando? - Bombeó en ella un par de veces, con una sonrisa.
Ella suspiró cuando una ola de placer creció en su vientre. - ¡Creo que no!- Cedió.
- ¡Bueno! - Dijo él, luego capturó su boca y la besó tan profundamente que la hizo perder toda capacidad de hablar.
Enredando sus dedos sobre su cintura, se hundía adentro y afuera mientras que el agua tibia se deslizaba por sus cuerpos, acariciando sus pechos de la manera más deliciosa. ¡Dios! ¡Amaba sentir a ese hombre dentro de ella! Sus fuertes manos acariciando su piel mojada. Sus tibios labios frotando contra los suyos. Era demasiado y, sin embargo, no era suficiente. Ella envolvió sus brazos más fuerte a su alrededor, enterró su cabeza en la curva de su cuello cuando la penetró en su canal caliente; cada longitud golpeaba duramente, intensificando el placer construido en su interior.
Finalmente se volvió insoportable, sus músculos tan apretados que no podía aguantar, su coño dolía con la necesidad de liberarse.
Se dejó ir, y el orgasmo golpeó su cuerpo como un maremoto restalla y choca en la orilla. Gritó, su visión se empañó, sólo una bruma roja y fragmentos de luz al rojo vivo, se rindió a cada gota de placer que consumía su cuerpo, gimiendo cuando él apretó sus caderas y aceleró sus empujes.
- ¡Oh, Dios! - él se atragantó.
Con su aliento caliente sobre su cuello, las palabras se perdieron en el vapor que los envolvía como una manta tibia. Sintió su polla vibrar dentro de ella y su gemido se volvió un gruñido de frustración cuando él se retiró, murmurando - No hay condón - , y se liberó con un movimiento brusco. Su semen se deslizó en su vientre mientras gemía y le mordía el cuello.
¡Perfección!
Era la única palabra que se le podía ocurrir para describir lo que acababa de suceder entre ellos, la única palabra que hacía justicia a la forma en que se sentía cuando estaba con él. Habían sido amigos por dos años pero… estar con él, estar realmente con él, era un millón de veces mejor que intercambiar algunas bromas y hablar entre cervezas. Ahora que sabía lo que se había perdido no quiso pensar, ni por un solo momento, que alguna vez regresarían a la relación anterior, a cómo era antes.
Te vas de Forks - le recordó una pequeña voz. Mordiendo su labio inferior, se movió bajo el rocío, dejando que el agua pusiera en remojo su cabello y rostro. ¡Maldición! Había estado tan distraída, por el atractivo sexual de Edward, que había olvidado sus planes. Pasado mañana estaría en un tren hacia Nueva York, donde planeaba olvidar los años de su vida que había dedicado al Diamond, donde planeaba comenzar de cero.
Pero… ¿podía realmente olvidar esto? ¿Olvidarlo a él?
- ¿Estás bien? - Su voz ronca rompió el sonido del agua cayendo.
Ella se estremeció cuando él envolvió sus brazos alrededor y se acercó a su cuello.
¿Estaba bien? ¡En absoluto! Pero no podía decir aun lo que pasaba por su mente, no cuando no estaba absolutamente segura de lo que significaban sus pensamientos. ¿Estaba reconsiderando mudarse? ¿Edward querría que se quedara? No quería pensar en nada de eso ahora, no quería respuestas a preguntas que no estaba lista para preguntarse o, peor aún, para preguntarle a él.
Así que en lugar de decir eso mintió y respondió - ¡Estoy genial!
Espero les guste, déjenme saber su opinión!
Des.
