Capítulo 4

Aunque le hubiera encantado pasar todo el día y toda la noche en la cama con Edward, Bella tenía planes para una noche de tequila con las chicas y no tenía corazón para cancelarla, especialmente esta noche, puesto que necesitaba, desesperadamente, alguien con quien hablar. Había ido a la secundaria con Alice y Rosalie y, aunque sus vidas habían tomado caminos diferentes, las tres se mantenían en contacto.

Habían formado un extraño trío: – Alice la profesora de pre-escolar, Rosalie la pediatra y Bella la – ex – propietaria de un bar. Rosalie y Alice se habían casado con sus novios de la secundaria mientras que Bella seguía soltera, pero, sin importar cuán diferentes fueran sus vidas y profesiones, estaban tan unidas como lo estuvieron en noveno grado, cuando cotilleaban en la cafetería y hacían sus tareas juntas.

La primera cosa que ella hizo después de que se sentaron y tomaron unos cuantos cortos fue contarles a sus amigas sobre Edward.

La Dra. Rosalie Mcarty fue la que más disfrutó de la noticia. - ¡Oh, Dios! -Exclamó mientras se echaba más tequila a los caballitos. - ¿Recuerdas cuando solía llevarte a los juegos de White Sox para comernos con la mirada a todos los jugadores?

- No, lo que recuerdo es la vez que convenciste al conserje para que te dejara entrar a los vestidores…, en dónde terminaste sorprendiendo al entrenador todo enjabonado - Disparó Bella en respuesta.

Rosalie estalló en risa. - ¡Casi hizo que me arrestaran!

- ¡Debió haberlo hecho!

- Estoy sorprendida de que Emmett siga casado contigo después de esa fase tuya de acoso sexual.

Alice Withlock soltó un gran suspiro. - ¡Estoy celosa, Bella! Suena como si hubieras disfrutado de sexo bastante loco.

- ¿Es que tu esposo no te da más… sexo loco? - Preguntó Rosalie, entregando uno de los caballitos a Alice.

- ¡Ojalá me lo diera más seguido! Jazz está muy ocupado trabajando. - Ella sonrió. - Así que me compre un vibrador para mi cumpleaños.

Las tres levantaron sus vasos. Bella hizo una mueca mientras el líquido abrasador se deslizaba por su garganta. Rápidamente llevó una mitad de limón a su boca y chupó.

- ¿Se lo chupaste así a Edward? - Bromeó Rosalie, y luego se rió de nuevo.

- Tienes una mente sucia - Se quejó Bella.

Alice dejó su limón a un lado y lanzó una mirada interrogativa. - Así que, sé honesta. ¿Cuán grande es su…? ¡Ya sabes!

- ¡Oh! ¿Su trasero? Es de tamaño apropiado. - Dijo ella con poca seguridad.

- Muy graciosa. Sabes exactamente a lo que me refiero.

Ella meneó su dedo. - ¡No beso y cuento!

Mientras el alcohol se deslizaba por su sangre, su cerebro comenzó a zumbar. Su piel se sentía sonrojada, una señal de que los tres cortos que había acabado de tragar, y más en un estómago vacío, comenzaba a hacer su efecto. No más tequila para ella decidió, cuando la sala comenzó a dar vueltas. Edward había prometido aparecer esta noche, reclamando su verdadera necesidad de hablar con ella. Aunque no estaba segura de si esa necesidad era un código para "quiero follarte otra vez" pero, de todas formas, ella no quería estar borracha cuando él llegara.

Por otro lado, tenía el presentimiento de que él tenía algo en mente. Era la misma sensación que tuvo anoche cuando prácticamente lo sedujo, sólo que ahora la ponía cautelosa. En los dos años que ella lo conocía, jamás vio a Edward Cullen actuar como remotamente cercano a lo serio, y ella no estaba segura de querer oír la confesión, fuera esta cual fuera, que él quería hacer. Ella sospechaba que tenía algo que ver con su estatus de vividor pero, realmente, no estaba tan preocupada por eso. Ella sabía con precisión en lo que se estaba metiendo cuando deseaba y esperaba irse a la cama con él, y también cuando escuchaba sobre el desfile de mujeres con las que había estado, antes de que ella rogara por afeitar su cabeza.

Justo ahora, estaba más preocupada con las emociones desconocidas girando en su vientre, lo cual no tenía nada que ver con el tequila y sí todo que ver con Edward. Por dos años había intentado verlo sólo como un amigo pero ahora que habían intimado, parecía poder revertir ese pensamiento anterior. El sexo fue tan increíble. ¿Cómo ella pudo haber pensado en él platónicamente?

No es que realmente supiera lo que sentía por él. Algo, en el interior de su pecho, se aferraba más apretado cada vez; cómo se sintió al estar en sus brazos o cuan tibios estaban sus labios cuando tocaba los suyos. Deseaba poder entender qué algo era eso, pero no estaba completamente segura de querer saberlo ahora mismo. Lo que sea que sintiera por Edward… bueno, la asustaba. Sólo un poco…

¡Bastante!

- Voy a extrañarte - Soltó Rosalie, extendiendo su mano por la cabina y apretando la mano de Bella. - ¿Quien se unirá a Alice y a mí para la noche de tequila cuando te hayas ido?

Ella dejó a un lado su vaso. - ¿El nuevo propietario quizás?

- ¿Sabes quién es? - Preguntó Alice curiosa.

- Me reuniré mañana con mi asesor financiero para firmar algunos papeles. Entonces descubriré quién es el comprador.

- No puedo creer que pierdas este lugar. –Comentó Alice con un suspiro, gesticulando por el estrecho bar.

Una punzada de arrepentimiento y culpa agarró su intestino mientras barrió con su mirada las mesas desordenadas y las pequeñas cabinas. La barra de cromo, su bar tender Garrett de pie, detrás. La mesa de pool y los dardos en la esquina. El Diamond había sido toda su vida desde que sus padres murieron, y pensar en no tenerlo más le traía una ola de amargura. Había invertido cada centavo que tenía en este bar y ahora todos esos centavos se habían ido. Ella temía tener que declararse en bancarrota alguna vez en el futuro cercano, pero intentaba no pensar en ello. Se mudaría con su hermana Ángela pasado mañana y esperaba, desesperadamente, ser capaz de salir de este agujero financiero.

- ¿Belly?

Ella levantó la cabeza y encontró a sus amigas mirándola con preocupación. Moviendo una mano, dijo: - ¡Por supuesto que lo extrañaré! Pero quizás ahora es el momento de que comenzar un nuevo capítulo en mi vida.

- ¿Qué hay con Edward Cullen? - Bromeó Alice.

- ¿Qué hay con él?".

- ¿Cómo se ajusta en tu nueva vida?

Ella dudó y luego dijo - ¡No lo hace!

Rosalie soltó una carcajada. - Hablaste como una verdadera ramera.

Bella liberó su aliento retenido preguntándose por qué le molestaba tanto pensar en Edward fuera de su vida. - Yo no soy la ramera. ¡Él lo es!

- ¡Ejem!

Las tres mujeres volvieron sus cabezas mientras Edward se acercaba, vestido con unos vaqueros y una camisa roja.

El corazón de Bella se aceleró al verlo, sus pulsaciones se desbocaron. ¡Dios, se veía tan apuesto! Esos ojos verde esmeralda, cabello cobrizo desordenado, cuerpo elegantemente musculoso. Él era la personificación de bombón para la vista.

- ¿Acabas de llamarme ramero? - Preguntó, destellándoles una encantadora sonrisa.

Rosalie le devolvió la sonrisa, pero Alice sólo miró a su entrepierna. Bella supo que lo estaba estudiando rigurosamente e intentando determinar el tamaño de su paquete. Bella, por supuesto, había experimentado todas sus ocho pulgadas, y su clítoris se hinchaba sólo de pensarlo.

- No deberías escuchar a hurtadillas. Contestó. - Puede que no te guste lo que escuches.

- Siempre me gusta lo que escucho. - Le guiñó el ojo. - Especialmente cuando proviene de ti, dulzura.

- No es necesario que me engatuses. ¡Ya dormí contigo!

Él se rió entre dientes y luego frunció el ceño, cuando notó la docena de caballitos sobre la mesa.

- Estas borracha - Indicó.

- Sí señooooooooooor, lo estoy.

- También nosotras. - Dijo Rosalie, apuntando a ella y a Alice con una gran sonrisa.

Edward suspiró. - ¡Mujeres y tequila nunca se mezclan!

- ¿Qué haces exactamente aquí? - Preguntó Bella. Se retiró el cabello del cuello y se abanicó con una mano. ¿Era ella o, en realidad, se puso caluroso aquí? Debe ser el alcohol. O el hombre. ¡Probablemente… el hombre!

- Vine a hablar contigo de algo. - Él se veía incómodo, mayormente porque Alice continuó comiéndole su ingle con los ojos.

- Como puedes ver, estoy ocupada.

- No, no lo está. - Rosalie le golpeó su pie, poniéndose de pie con Alice.

- ¿Qué hay con la noche de chicas? - Preguntó Bella.

- ¡Son las dos de la mañana! Estoy pensando que podemos llamarla una noche exitosa e irnos a la cama. – Al mencionar la palabra cama, Rosalie levantó una ceja a Edward.

- Y quizás mi esposo esta noche quiera tener sexo conmigo - Añadió Alice antes de que Rosalie se la llevara.

Riéndose, sus amigas abandonaron el bar. Después de que la puerta se cerró tras ellas, una de las camareras cerró y dio vuelta al letrero de abierto, así que se leía cerrado. El Diamond cerraba a las dos a.m. los domingos y mientras Edward la ayudaba a salir de la cabina, el personal de meseros y bartender comenzó recoger por la noche.

- Estás moviéndote torpemente. - Comentó Edward con un suspiro, sosteniendo su brazo para equilibrarla.

- ¡No me estoy moviendo torpemente!

¡Sí, lo estás! También hablas arrastrado. - Le dio una sonrisa atractiva.- Debo decirlo… ¡estás pésimamente borracha!

- ¡No lo estoy! - Levantó su cabeza para mirarlo. Sus duras facciones de pronto de veían borrosas para sus ojos. Quizás no debió haberse parado aún. - ¿Viniste aquí a hablar o a tener sexo?

- ¡A hablar, Srta. Que Sólo Piensa en Eso! Pero… creo que tendrá que esperar. Obviamente no estás en condiciones de prestar atención. - Le dio un pequeño apretón a su trasero. - Así que será sexo.

Él la llevó hacia un pasillo trasero, pero ella tiró de su brazo y lo detuvo.

- ¡Uh-uh! ¡Quiero quedarme aquí!

Él bajó su voz. - ¿Y follarme en frente de todo tu personal?

Moviendo una mano desdeñosa lo empujó a un lado y lo sentó en la cabina. - ¡Se irán pronto!

Todo su cuerpo estaba arrasado por la impaciencia, y alerta mientras ella esperaba que sus empleados terminaran de limpiar cada mesa y se preocuparan de sus deberes nocturnos. Edward no se sentó, sólo se quedó vigilándola, viéndose intrigado. Ella estaba borracha, sí, pero no lo suficientemente borracha para que no pudiera ver la oportunidad de oro en frente. O más específicamente, al otro lado de la sala. Ella había imaginado este momento tantas veces que ahora no podía dejarlo escapar.

- La caja fuerte está cerrada. – informó Garret, acercándose a la cabina. - El depósito está ahí, listo para ser depositado en el banco mañana por la mañana.

- ¡Grrraciasss, Garrret!

El bartender sonrió. - Estás arrastrando las palabras.

- ¡Te lo dije! - apuntó Edward.

Uno por uno, los empleados del Diamond dejaron el bar. Después de que se marchara la última camarera, Bella se tropezó con sus pies y cerró, luego se giró hacia Edward y dijo: - ¡Mesa de pool!

Él arqueó las cejas. - ¿Qué hay con eso?

- Vamos a tener sexo encima de la mesa.

Una ceja cobriza se elevó hasta su frente. - ¿Estás hablando en serio?

- ¡Oh sí! - Se tambaleó hacia la mesa y saltó, entonces quedó sentada al borde del fieltro verde. Edward cruzó la sala con zancadas de determinación.

- ¿Te das cuenta de que cualquiera que pase en frente de la ventana nos verá?

- ¿Y?

Él separó sus rodillas con las manos y presionó su paquete contra su cuerpo. - ¿Es esta una fantasía tuya o algo por el estilo?

- ¡Mmmmm-hmmm! - Ella envolvió sus brazos alrededor de su cintura y apretó su trasero.

- La primera vez que te vi, estabas jugando en esta mesa. Te deseo desde entonces y… aquí. Su pulgar trazó la línea de su quijada.

- Debiste haberme tomado.

- Tiendo a dejar las cosas para más tarde. - Contestó con un suspiro.

Sus dedos saltaron bajo su barbilla y jugaron con el colgante de plata, colgando de su cuello. Jugó con la letra "R" en la cadena, viéndose curioso.

- ¿Qué significa la R?

- Renee… el nombre de mi madre. Este collar perteneció a ella. - Sonrió. - Creo que le habrías agradado, ¿sabes?

Él hizo un compungido movimiento de cabeza. - Estoy a punto de… dormirme contigo en la mesa de pool. ¡Ella me habría odiado!

Bella se rió. - ¡Nah! A mamá le gustaban los chicos malos tanto como a mí.

- Así que piensas que soy un chico malo, ¿huh?

Antes de poder contestar, él deslizó su mano bajo su falda de diseño floral y tiró de sus bragas. La seda se deslizó por sus piernas y segundos después, sus dedos estaban dentro de ella. Ella gimió.

- Bien, tú estás bien, yo lo estoy. - Murmuró entre dientes. Movió sus dedos, sonriendo cuando ella gimoteaba. - ¿Te gusta eso? –

¡Siii!

Ella apenas podía mantener su cabeza derecha mientras Edward movía sus dedos adentro y afuera de ella. Esa embriagadora y aturdidora sensación zumbaba a través de ella y se mezclaba con la emoción de ser toqueteada sobre la mesa de pool, a diez pies de la ventana, donde cualquier transeúnte podía verlos.

Con una mano, Edward bajó el escote de su top y expuso su brassier. Ella, rápidamente, desabrochó el broche delantero para que tuviera un mejor acceso, mordiendo él su piel sensible hasta que dejó salir un grito de placer que estaba al borde del dolor.

- ¡Dios, te deseo! - Susurró entre dientes contra su seno y, a continuación, empezó a provocar la vagina con su dedo.

Ella abrió la boca para dar una réplica entrecortada pero, de pronto, un orgasmo la desgarró, agarrándola por sorpresa. - ¡Edward! - Se quejó mientras se oponía a sus minuciosos dedos.

Luchó por mantener la respiración pero él le quitó el oxígeno de sus pulmones nuevamente, cuando se bajó los pantalones y metió su polla dura como una roca. El roce con la mesa de pool rasguñaba su trasero pero le importó un bledo.

¡Esto era lo que se suponía que tenía que ser el sexo! Fuera de control. Salvaje. Sólo dos personas tomando todo el placer que podían obtener del otro, gimiendo, jadeando, llevando al otro al límite del orgasmo.

Ella lo sintió retirarse y agarró firmemente su trasero desnudo, manteniéndolo entre sus piernas.

- ¡Termina dentro de mí! -Dijo ella entre dientes.- Tomo la píldora. - Enterró sus dedos en sus nalgas duras. -Necesito sentirte adentro de mí.

- ¡Sí, señora!

Él empujó una vez, dos veces y luego explotó dentro de ella, apretando sus tetas mientras terminaba.

Estremeciéndose, presionó su rostro en la curva de su cuello. Su barba de dos días rozaba su piel pero a ella le gustaba. Con un ronroneo saciado, ella lo besó en la boca y decía: - Realmente debimos haberlo hecho hace dos años.

Su respiración caliente abanicaba sobre su cuello mientras gentilmente ubicaba un beso contra su piel. Cuando retrocedió, ella vio la indiscutible angustia en sus ojos. - Bella, de verdad,… ¡necesitamos hablar ahora!

Ella enroscó sus brazos alrededor de su cuello y puso su rostro contra su hombro ancho. - No. ¡Conversar no!

- ¡Es importante!

- Nada puede ser más importante que disfrutar mi última noche en la ciudad. - Ella estaba sobresaltada al sentir sus ojos llenos de lágrimas. ¡Dios! ¡Ella nunca lloraba! Obviamente el alcohol la ponía sentimental. O quizás era… pensar en decirle adiós a Edward mañana.

Él debió haber sentido la humedad filtrándose por su camisa, porque inclinó su barbilla con una mano y acarició sus ojos húmedos con el otro.

- ¡Oye, no llores! - Murmuró. - No manejo bien las lágrimas, la verdad.

- Siempre sobre ti, ¿huh? - Intentó sonar cómica pero falló.

Lentamente, él retiró su pene y subió el cierre de sus vaqueros, arreglando su camisa al mismo tiempo. Con más gentileza de la que ella jamás hubiera pensado que fuese capaz, la tomó en brazos y la llevó al pasillo de atrás. La llevó todo el camino en brazos hasta el segundo piso del apartamento desierto, entró a su dormitorio y la dejó en el colchón. Él se unió segundos después, acostándose de espalda y acercándola hacia él, así su rostro descansaba en su hombro.

- Debes dormir - Dijo él tranquilamente. - Mañana tendrás un infierno de resaca.

- No estoy cansada.

Él comenzó a acariciar su pequeña espalda, el calor de sus dedos la abrasaba a través de la tela de algodón de su top e incendiaba su piel.

- ¡Esto es bueno! - Murmuró en su cuello.

- Sí

Su voz sonaba temblorosa. ¿Por qué? ¿Por qué parecía tan angustiado? ¿Acaso se arrepentía de ir a la cama con ella? No lo creía…porque al atraerla hacia él, para abrazarla más fuerte, supo que ella lo excitaba. Pero… tenía la sensación de que Edward estaba molesto con ella. Normalmente le habría preguntado directamente qué le sucedía. Eran una especie de amigos que se gritaban todo. Pero no podía hacerlo ahora… Acostada ahí, en sus brazos, se sentía tan bien. ¡Tan perfecto! Y no quería arruinar este momento perfecto.

Así que no lo hizo. Mantuvo su boca cerrada, se forzó a no sacar a flote el asunto que no estaba segura de querer escuchar, y se acurrucó contra él. Al cabo de un momento, se había dormido rápidamente.


Espero les haya gustado =) déjenme sus reviews, muchas han agregado la historia a sus favoritos pero no me dicen que les parece! =(

Des.