Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia no es mía, pero su autora y su nombre original serán publicados al final de la adaptación.
Advertencia: Está adaptación, como la mayoría de las que haré, son Rated M, así que si eres menor de edad o no te gusta leer sobre sexo tan abiertamente ¿qué haces aquí?
Capítulo 5
Edward apenas pegó ojo, y no sólo porque estaba completamente vestido y odiaba quedarse dormido con los pantalones. Él no durmió por la mujer que tenía en sus brazos, la mujer atrevida y hermosa que se veía tan malditamente tranquila, antes de quedarse dormida con su cabeza sobre su pecho. Él jamás había pasado la noche con una mujer. Sus encuentros sexuales a menudo duraban hasta altas horas de la mañana, pero siempre se marchaba inmediatamente después y si llevaba a la chica a su casa – lo que era extraño – usualmente le pedíaque se marchase, alegando que dormía mejor solo.
Pero, por segunda noche consecutiva, durmió en la cama de Bella. Lo que le preocupaba, incluso más que el hecho de que había pasado toda una noche con una mujer, era que no le inquietaba. No se sentía extraño ni equivocado, ni le provocaba ese destello de pánico que podría tener acercándose más.
La verdad era que siempre se sintió cercano a Bella. Había estado viniendo al Diamond por dos años, y si era honesto con él mismo, admitiría que tenía más que ver con la propietaria del bar que por el establecimiento en sí. ¡Seguro! Las alas de pollo eran para comerse los dedos, pero Bella era la razón por la cual él seguía regresando. Nunca antes había sido amigo de una mujer. Cuando jugaba para los White Sox, todos sus amigos habían sido los jugadores del equipo. Se mantenía en contacto con un montón de los chicos pero, desde su retiro, ellos se alejaron. Bella había sido la única amiga que tuvo los últimos dos años, y siempre pasaban un buen rato juntos. Jugando pool, bromeando, flirteando.
Pero ahora que se había ido a la cama con ella, se dio cuenta de que estaba pasando más que un buen rato. Él se sentía… ¡en paz! Y, de pronto, se puso a pensar. Se planteó la razón por la cual jamás había estado interesado en relaciones y llegó a la conclusión de que, quizás, no era porque no quisiera comprometerse, como siempre creyó, sino porque no había encontrado, jamás, a una mujer que le importara lo suficiente como para comprometerse. Jamás había sido amigo de una mujer con la que se acostaba y quizás eso era lo que siempre había faltado en su vida amorosa.
¡Dios! Él debió haber hablado con Bella antes de comprar el bar. Había comprado el Diamond esperando conseguir una realización en su vida pero, ahora mismo, sosteniendo a Bella en sus brazos, no podía recordar haberse sentido más realizado. Y, ahora…, intentando lograr su propia realización destruyó la de Bella. En lugar de ayudarla a encontrar una forma de mantener el bar, él se lo había quitado. La realización causó que la culpa lo golpeara como un chorro de agua congelada en el rostro.
- ¡Ohhh!
El sonido de su voz torturada lo hizo mirar hacia abajo. Él sonrió ligeramente cuando vio la obvia incomodidad en sus hermosos ojos chocolate.
- ¡Te dije que tendrías resaca! - Murmuró, plantando un beso en su frente.
Ella se sentó llevando aun las ropas de anoche, entonces se encogió y extendió sus brazos para masajear sus sienes.
- Siento como si hubiese sido arrollada por un camión - Refunfuñó.
- ¡Vete a la ducha! - Le aconsejó. - Iré por café al restaurante del otro lado de la calle.
Era difícil disfrutar su ducha mañanera cuando su cabeza continuaba latiendo implacablemente. Bella rápidamente se enjabonó y enjuagó, luego entró en el dormitorio y se vistió rápidamente. Cogió un bote de aspirinas de su bolso y sacó dos píldoras, esperando que el dolor de cabeza se pasara antes de ir al banco. Cuando entraba a la vacía sala de estar, Edward estaba entrando por la puerta con dos vasos de poliestireno en sus manos.
Ella aceptó el vaso que él le entregó y bebió el café. Una mirada a su reloj le dijo que eran casi las nueve en punto. Debía estar en el banco a las nueve y media.
- ¿Estás bien? Te ves un poco verde… - Comentó Edward abriendo la tapa de su vaso y llevándolo hasta su boca sensual.
- Estoy bien - Ella terminó el café y tiró el vaso en la bolsa de plástico que estaba en el suelo, la cual usaba como basurero. - Tengo que estar en el banco en media hora. - Le dio una sonrisa pequeña. - ¿Crees que vomitaré si nos damos el gusto en un polvo rápido?
Él hizo una mueca. - El que me lo hayas preguntado siquiera me indica que no hay manera de que tenga un polvo rápido contigo.
Ella hizo un puchero. - Oye, prometo no vomitar sobre ti.
- Me rehúso a arriesgarme.
- Bien. - Ella fingió fruncir el ceño y luego rió.
Un corto silencio se extendió entre ellos hasta que Edward finalmente aclaró su garganta y dijo: - ¿Cuándo necesitas coger el tren a Nueva York?
- Sale a las cinco.
Su humor pícaro murió con rapidez ante el recordatorio. Ella miró el apuesto rostro de Edward, recorrió con su mirada esa boca sexy, la barba de varios días cubriendo su quijada definida, la pequeña cicatriz sobre su ceja izquierda. Una ola de tristeza la inundó. ¡No quería despedirse de él! ¡No ahora! Habían sido amigos por dos años y amantes por solo dos días pero, cuando lo miró, no podía recordar ni un sólo momento en que nole haya hecho el amor, o besado, o quedado dormida en sus brazos.
- ¡Puedo…. tomar el tren de más tarde! - Se encontró diciendo, estupefacta por las palabras.
Sus ojos se nublaron y una punzada de dolor se deslizó en su interior, como un cuchillo. ¡Dios, ella era una idiota! Por supuesto que él no querría que se quedara. Probablemente él sólo se había ido a la cama con ella porque pensó que ella no estaría después a su alrededor, presionándolo con una relación. Probablemente no podía esperar a que se fuera de la ciudad, así él podría continuar con su vida de aventuras casuales y encuentros sin sentido.
Ella tragó y bajó su mirada a sus pies. - O puedo marcharme a las cinco…¡No hay diferencia!
Él se acercó y, un segundo después, sus manos cubrieron su barbilla, forzándola a mirarlo. - ¡Enorme diferencia! - Corrigió. - ¡ Bella …!
Su voz se cortó y ella casi ríe. Jamás había visto a Edward Cullen verse así… incómodo.
- Lo que más deseo es que tomes el tren más tarde - Continuó con una voz áspera. Se detuvo nuevamente. - De hecho… ¡tacha eso! Lo que más quiero es que notomes ese tren y te quedes aquí conmigo.
Su corazón dio un par de saltos. Lo miró, preguntándose si lo había escuchado mal, si sus propias y encontradas emociones, de alguna forma, habían urdido las palabras. ¿Él quería que se quedara? ¿Quedarse con él? ¡No! Obviamente… ¡estaba imaginándolo!
- Quiero decir lo que he dicho - Dijo él seguro, como si leyera su mente.-¡Quiero que te quedes!
- ¿Eso quieres?
- Sí - Y luego el dolor arrugó sus duros rasgos - Pero no puedo dejar que tomes esa decisión hasta que sepas la verdad.
Ese sentimiento cálido y confuso, corriendo por sus venas lentamente, se disolvió. Sus ojos esmeralda estaban serios, brillando con lo que se veía como culpa.
- ¿La verdad? - Repitió, tragando dificultosamente para mantener su cautela a raya.
Él retrocedió. Pasó sus dedos por su cabello rebelde. No habló por largo rato, y ella pudo ver una batalla arrasadora en sus ojos. Su cautela se profundizó, convirtiéndose en sospecha, confusión, alarma. La expresión en su rostro le recordó a la que ella siempre ponía cuando mentía a sus padres, siendo una niña como si él hubiese hecho algo malo.
- Edward, ¿qué ocurre? - Preguntó finalmente, dirigiendo su mirada a él.
- Yo soy el que compró el Diamond.
La confusión se grabó en el hermoso rostro de Bella e hizo que a Edward le doliera el pecho. Él la observaba mientras ella pestañeaba un par de veces, intentando de comprender lo que le acababa de decir.
- ¿A qué te refieres con que compraste el Diamond? - preguntó ella finalmente.
- ¡Exactamente a lo que suena! - Apartó su mirada. - Yo soy el que convenció al banco de que no te diera el préstamo. ¡Quería el Diamond para mí!
La confusión en sus ojos se atenuó, reemplazada por un destello de sospecha.
- ¿Tú… fuiste a mis espaldas y hablaste con Jenks? Su voz salió adolorida mientras decía
- Jenks y yo nos conocemos desde hace años. Le dije que estaba interesado en el Diamond y…
- ¿Decidiste joderme? - Completó, su tono cortante.
- ¡Sí!
Un corto silencio se interpuso entre ellos. Él podía ver las diferentes emociones en sus ojos: furia, traición, desilusión… Señor, la desilusión era, de lejos, lo peor. Se deslizaba por su garganta y hacía que su interior se revolcara en la culpa. Él había visto antes esa mirada de desilusión en los rostros de otras mujeres, generalmente cuando les decía que no estaba interesado en una relación seria pero, verla en Bella, era demasiado duro para soportarlo.
Él no quería que ella lo mirara así. Quería volver a ver de nuevo la chispa en sus sensuales ojos, la malicia cuando ella devoraba su cuerpo, la risa y la diversión.
- ¿Por qué? - Le preguntó con los dientes apretados.
Él frotó su frente, moviéndose incómodamente. - Quería el Diamond. Quería…hacer algo con mi vida. Desde que me retiré, he estado inquieto. - Tomó un respiro. - Quiero convertir el Diamond en un bar deportivo. ¡Extraño el juego, Bella! Pensé que dirigir este lugar ayudaría a mantener mi mente ocupada, fuera… Olvidarme de que soy la primera estrella de béisbol con una rodilla rota, alguien quien no está haciendo ni una maldita cosa con su vida.
- ¿Así que estás usando mi bar como un tipo de distracción?
- ¡Nunca te obligué a vender, Bella! Y nunca pensé que dejarías la ciudad una vez que lo vendieras"
Sus manos se cerraron en apretados puños a su lado. - ¿Por qué, simplemente, no viniste a mí y me hiciste una oferta…, en vez de hacerlo a mi espalda? - Preguntó fríamente.
Él tragó. - No pude pensar una manera de decirlo sin molestarte. Sé cuánto adoras el bar, y yo…supe que no te separarías fácilmente de él o por voluntad propia. Y supe que acabarías guardándome rencor si trataba de quitártelo.
- Pero… ¡me lo quistaste!
- ¡Lo sé! - Él dejó salir un gruñido de frustración. - Soy un bastardo egoísta ¿ok?
Necesitaba…algo… en mi vida y pensé que el bar podría ser ese algo ¿sabes?
Otro silencio descendió, éste con una afilada amargura. - Te acostaste conmigo sabiendo que me habías quitado el Diamond – contestó finalmente con su tono acusatorio.
- ¡Lo sé! ¡Lo siento! - su voz era tranquila, arrepentida, pero pudo ver que el arrepentimiento no hizo nada para aliviar la creciente furia de Bella.
- Todas esas veces que me quejé contigo sobre mi desastre de vida… - Ella agitó su cabeza con ira. - Te conté cuanto me dañó perder todo por lo que he trabajado tanto, el Diamond, mi casa, y fingiste que te importaba.
- No estaba fingiendo. – Protestó él.
- Entonces… ¿no tomaste ventaja de mis problemas para hacer lo que querías? –
- Bella …
- Pensé que éramos amigos.
- Lo éramos. ¡Lo somos! - dijo desesperadamente.
E incluso mientras decía las palabras, él sabía que estaba mintiendo. Ellos no eran sólo amigos. En estos dos últimos años, ellos habían construido una asociación, una fuerte amistad, pero desde el momento en que durmieron juntos, se había convertido en mucho más. ¡Se pertenecían! Ninguna otra mujer lo había excitado, ni una vez, de la manera en que Bella lo hizo. Ella le hacía reír, lo excitaba, lo desafiaba.
Y él la amaba… ¡Maldición! ¡La amaba!
Y en vez de mostrarle cuánto le importaba… ¿Qué hizo? Rehuyó de una relación con ella tomando ventaja de su situación financiera, y más o menos la obligó a dejar la ciudad.
Él sabía que ella había estado luchando por mantener el Diamond a flote mucho antes de este lío, pero si el banco le hubiese dado más tiempo para pagar el préstamo, ella podía haber sido capaz de rescatar el bar. Él debería haberle dado la oportunidad de intentar cambiar las cosas. O, por lo menos, hablarle sobre sus intenciones antes de comprar el lugar.
- Sabes, todos dicen cuan arrogante y egoísta eres… - Le soltó ella. - Pero siempre vi otro lado de ti. Siempre pensé que, en el fondo, eras un tipo decente.
¡Eso dolió! Miserablemente, su corazón se contrajo y se marchitó en su pecho.
- ¡Lo admito, puedo ser un idiota! - Dijo tranquilamente. - Puedo ser fanfarrón y exigente y, definitivamente, he tenido mis momentos egoístas. Pero no compré la parte del Diamond por molestar o porque quería joderte. Sólo quería tener un propósito de nuevo en la vida, algo en que poner mi energía.
- ¡Entiendo eso! De verdad que lo hago. - Su voz estaba más suavizada. - Lo que no puedo entender es… cómo pudiste ir a la cama conmigo sin decirme la verdad.
Su manzana de Adán se balanceó cuando tragó. - ¡Mi deseo por ti puede haber nublado mi juicio!
- Así que…¿te figuraste que follar era más importante que ser honesto con una amiga? - Frunció el ceño con repugnancia. - Estos últimos dos días pensé que tal vez eras capaz de interesarte por alguien más que por ti mismo. Obviamente… ¡estaba equivocada!
- ¡Eso no es justo! - Él se acercó y le tocó la mejilla.
Ella intentó alejar su mano pero él la mantuvo ahí, recorriendo los bordes de sus labios con su pulgar. - Soy capaz de preocuparme por alguien que no sea yo. ¡Me preocupo por ti!
- Seguramente tienes una manera de demostrarlo.
- ¡He sido un imbécil! Debería haber hablado contigo sobre mis planes, ¿ok? - Él se giró agotado. - ¡Tienes razón! Estaba sólo pensando en mi mismo en ese momento. Pero me di cuenta de que era un error. Estos últimos dos días me han hecho darme cuenta de cuánto significas para mí, Bella.
Ella, de nuevo, intentó empujar lejos su mano, pero él simplemente la reemplazó con su boca. Ella dio un grito ahogado, intentando alejarse, pero él la mantuvo prisionera con su beso. Un sentimiento de pura veracidad deslizándose a través de su cuerpo. Él sabía que ella lo sentía también, cuan perfectamente sus labios se moldeaban, cuan caliente quemaba el fuego entre ellos. Con un gemido estrangulado, ella empujó su pecho y rompió el beso.
- No debería haberte pedido que te acostaras conmigo. - Murmuró, dando un tembloroso paso atrás.
El pánico se deslizó por su columna. Sus palabras sonaban demasiado definitivas, demasiado decididas. - ¡No digas eso!
- ¿Por qué no? Es cierto. Acostarme contigo fue un error.
- Ambos sabemos que, realmente, no quieres decir eso.
Él extendió su mano pero ella eludió tomarla.
- ¡Eso es lo que quiero decir! - exhaló un respiro. - Tuvimos un sexo increíble, pero ahora se acabó. Espero que disfrutes administrando el Diamond tanto como yo lo hice.
Pasó junto a él y entró a la habitación. Él quiso seguirla pero, en vez de eso, se quedó clavado en el lugar, intentando encontrar las palabras para arreglar todo esto. ¡Tenía que decirle que la amaba! Tenía que hacer otro intento más, hacerle ver que nunca se había arrepentido más de nada de lo que le había hecho.
Ella volvió a la sala de estar, su bolso en la mano, y se dirigió a la puerta principal. Su espalda estaba vuelta hacia él.
Cuando ella no se dio vuelta él aclaró su garganta, sabiendo que no podía dejarla ir antes de decirle la verdad – ¡algo que debería haberle dicho hace mucho! ¡Te amo, Bella! - Le dijo suavemente.
Ella vaciló. Sólo por un momento. Él vio sus hombros caer un poco, escuchó su honda inspiración. La esperanza floreció dentro de su pecho. ¡Porfavor,porfavor,noladejesir! Esperó, rezó para que se diera vuelta, le devolviera las palabras, se lanzara a sus brazos.
Pero… ¡no lo hizo!
Sus hombros se tensaron, su espalda se enderezó. Sin contestarle, ella tiró de la correa de su bolso, sobre su hombro, y dio un paso hacia la puerta.
- No hay necesidad de cerrar después de que te vayas. Ahora eres dueño de este lugar ¿recuerdas?
¿Qué le pareció? Ya no queda más que un Capítulo! =D
Les dije que sería una historia corta, al final les diré el nombre original, el autor, y les dejaré un link para descargar (las que quieran) por que es bastante difícil encontrar el librito!
RR please!
Des.
