Capítulo 6

Tres semanas más tarde, Edward se quedó mirando alrededor del vacío bar y liberó un lento aliento. El equipo de construcción se había ido por la noche y había dejado el lugar hecho un desastre. Las paredes habían sido completamente destruidas, el mostrador y las cabinas no estaban, el piso cubierto con serrín y mugre. Las renovaciones eran tediosas pero sabía que necesitaban ser hechas. Planeó convertir el Diamond en el bar deportivo más frecuentado de la ciudad, y estaba eliminando, incluso, el departamento de arriba, así podía ser usado como sala de billar.

Derribar las paredes en el apartamento había sido difícil, por decirlo más suave. ¡Ni siquiera podía estar ahí dentro sin pensar en Bella! Sin recordar las dos noches que pasaron enredados sobre ese colchón, en el suelo, besándose, tocándose, haciendo el amor.

Estar abajo tampoco era muy agradable. ¡Donde fuera que mirara, él veía a Bella! Su presencia estaba grabada en cada pulgada de la sala, en las paredes, en el suelo, en todas partes. Recordaba la primera vez que él entró por aquí y puso sus ojos en la preciosa castaña. Ella había estado conversando con una de sus camareras, pero echó un vistazo cuando él entró. La apreciación en sus ojos había sido inequívoca.

Recordó haber dejado el bar esa noche con otra mujer. ¡Qué error había sido! Se preguntó si las cosas hubieran resultado diferentes si él tan sólo hubiera admitido su atracción por Bella hace dos años, en vez de ocultarlo; en vez de saltar a la cama con ella en el último segundo posible, mientras le ocultaba la verdad.

Ahora ella se había ido, hace casi un mes, y esto lo apesadumbraba e inquietaba y… ¡cuánto la extrañaba! Por dos años ella había sido la única chica fija en su vida y ahora que no estaba ahí, se dio cuenta de cuán importante había sido su amistad para él.

Demonios, realmente era un idiota ¿no?

-¿Sr. Cullen?

La voz masculina lo sacó de sus pensamientos y puso un alto a su sesión de autocompasión. Miró hacia arriba y vio a James, el capataz del equipo, saliendo del pasillo en la parte de atrás, que llevaba arriba, al apartamento del segundo piso.

-¿Qué sucede? - Preguntó Edward al hombre.

James extendió su mano en el bolsillo trasero de sus jeans salpicados de pintura. - Uno de mis chicos encontró esto en la habitación de arriba, hoy temprano. - El sostuvo en alto un collar de plata familiar.

El dolor cortó dentro de él. Se quedó mirando al colgante de plata "R". Renee. La madre de Bella. Recordó que ella había estado usando el collar la noche antes que se alejara de él y, en su prisa por huir de sus alrededores, debió haberlo olvidado. Su pecho se tensó con el recuerdo de Bella desapareciendo a través de esa puerta. El hecho de que ni siquiera se girara cuando le dijo que la amaba. Pero él no la culpaba. Le había mentido sobre la compra del bar - ¿por qué ella creería su declaración de amor? ¡Demonios, tampoco éllo creía mucho! Había vivido una vida superficial por tanto tiempo que no creyó posible querer sentar la cabeza. Las relaciones nunca le habían interesado… ¿Estar con una mujer por el resto de su vida? La idea solía serle tan atractiva antes como… tener su espalda depilada.

Ahora eso era todo en lo que podía pensar.

- Asumo que conoce a quién pertenece esto - dijo James, entregándole el collar.

Edward curvó sus dedos sobre la delicada cadena. - Sí, conozco a la propietaria.

El regocijo bailaba en los ojos del otro hombre. - ¿Novia?

Él tragó dificultosamente. - ¡Algo parecido!

- Bueno, asegúrese de que la pequeña dama lo reciba. Ya sabe cómo son las mujeres con sus joyas. - James se dirigió a la puerta sonriendo, pasando sobre una pila de dos por dos en el camino. - ¡Lo veo mañana, jefe!

Después que el capataz se marchó, Edward miró fijamente el collar. Asegúresequelapequeñadamaloreciba. Sí, debería devolvérselo a Bella. Era de su madre y, definitivamente, lo querría de regreso.

Por un momento, se vio llamando a Rosalie o Alice y entregándole el collar a una de ellas… O podía conseguir la dirección de la hermana de Bella y enviarlo por correo a Nueva York. O…

O podía hacer lo que debió haber hecho hace tres semanas…coger el primer vuelo a Nueva York y arreglar las cosas con Bella.

Él miró nuevamente la cadena y luego miró el desordenado bar medio-renovado.

Y, tal cual, en ese momento, supo exactamente lo que tenía que hacer.


Después de tres semanas durmiendo en el sofá de su hermana y machacando el pavimento del suelo buscando trabajo, Bella decidió que la vida, probablemente, sería un infierno más fácil y llevadero si pudiera quitarse a Edward Cullen de su cabeza pero, hasta el momento, no había descubierto cómo exorcizarlo de su corazón.

Desde que se marchó, no supo nada más de él. Rosalie le había dicho que el Diamond estaba sufriendo una renovación total, de arriba abajo, y que había visto a Edward en el lugar un par de veces. Y, aparentemente, le había preguntado por ella. Él nunca la había llamado.

Bueno… ¡eso es lo que sucede cuando follas con putos!

De pie, junto a la ventana de la sala de estar, en el apartamento de su hermana, Bella bebía su café y miraba las luces en la distancia. Eran casi las nueve en punto del miércoles, pero la ciudad parecía completamente viva para ella. El sonido de las bocinas de los coches llenaban el aire y la calle de abajo estaba llena de gente que caminaba con prisa. Suspirando, se metió en la pequeña cocina de su hermana y enjuagó su tazón bajo el grifo. Al oír el teléfono sonando, rápidamente se secó las manos en un trapo y agarró el teléfono inalámbrico que estaba en la encimera cercana.

- Aló.

- Hola, soy yo.

Sus ojos se ensancharon. - ¿Edward?

- Aún reconoces mi voz. ¡Es una buena señal! - Hubo una pausa. - Así que… ¿vas a dejarme subir o qué?

- ¿Huh? ¿Dónde estás?

- Asómate a la ventana.

Intrigada, mantuvo el teléfono en su oreja y se dirigió a la sala de estar. Sacó su cabeza por la ventana abierta y vio a Edward en la acera de en frente de su edificio, apoyado en el farol, con un teléfono móvil en su oreja. Su corazón de derritió; no por el aire pesado de la noche, sino por ver su rostro sexy. Ella sabía que debía estar enfadada con él pero, en el segundo en que sus miradas se cruzaron, toda la furia del último mes pareció disolverse.

- ¿Viniste hasta Nueva York a verme? - Preguntó ella, todo su cuerpo volviéndose cálido.

- Sí. Y… tengo que darte algo.

Ella levantó sus cejas. - ¿Un regalo?

- ¡Baja y descúbrelo!

Incluso estando cuatro pisos más abajo, ella podía ver el regocijo bailando en sus ojos esmeralda.

Ella estaba tentada a cortar el teléfono y correr, no, volar abajo, pero no quería rendirse tan fácilmente… El hecho aún era que él le había mentido. Se acostó con ella todo el tiempo escondiéndole el hecho de que había comprado el Diamond.

- Dime qué es y decidiré si quiero bajar o no.

- Me imaginé que serías difícil.

Mientras ella observaba, él metió su mano en el bolsillo interior de su chaqueta. Un segundo después, estaba sosteniendo el collar que ella había olvidado en Forks. Ella se dio cuenta de su olvido en el momento que tomó el avión a Nueva York, pero pensar en regresar y ver, nuevamente, a Edward había sido demasiado doloroso. Había planeado pedirle a Alice que fuera por el collar, pero aparentemente Edward tenía otras ideas.

- ¡¿Viajaste hasta aquí para devolverme mi collar? - Gritó, incapaz de detener la felicidad creciendo dentro de ella.

- ¡Es importante para ti! - Dijo él.

Las lágrimas picaban tras sus párpados. Apartándolas, aclaró su garganta repentinamente seca y dijo - ¡De acuerdo, puedes subir ahora!

- Espera, hay más - Dijo él, buscando nuevamente. Esta vez sacó lo que parecía una carpeta. La levantó para que ella la viera.

- ¿Qué estoy viendo exactamente? - Preguntó con cautela.

- Es la escritura del Diamond. ¡A tu nombre!

Una ola de conmoción recorrió su cuerpo. - ¿Qué?

- Te estoy devolviendo el bar, cariño. ¡Libre de todo!

Sus dedos se estremecieron en el teléfono. Por un momento se preguntó si era otro juego…, otra maniobra poco limpia que no entendía por completo.

- ¿Por qué? - Preguntó ella finalmente.

- Porque no lo quiero.

- ¿Desde cuándo? - La sospecha revistió su voz mientras añadía - Lo último que escuché fue que poseer el Diamond era tan importante para ti que estuviste dispuesto a joder a alguien que, supuestamente, te importaba.

- ¡Supuestamente no! – Replicó él suavemente. – Y, definitivamente, no me importaba.

El insulto perforó su piel. - ¿Disculpa?

- No me preocupo por ti, Bella. ¡Te amo! Era lo que sentía de verdad, cuando te lo dije el día en que te fuiste, y lo siento ahora.

¡Las palabras robaron la respiración de sus pulmones! Todavía no podía confiar completamente en él. No le creyó la primera vez que se lo dijo. Las palabras parecían demasiado desesperadas, demasiado convenientes, como si lo hubiese dicho para que lo perdonara. Pero ahora, mirándolo, se preguntaba si de verdadlo sentía.

- ¿De verdad me amas? - Preguntó ella.

Él inclinó su cabeza y le dio una sonrisa. - ¡Desde el momento en que te conocí! - Titubeó. - Sé que he actuado como un idiota. No te conté lo de mis planes para el Diamond y… lo lamento. Pero tienes que saber que prefiero tenerte a ti en mi vida que a un tonto bar. ¡El Diamond no tiene sentido sin ti dentro!

Ella tragó. Dificultosamente. En silencio, repasó una y otra vez sus palabras en su cabeza, estudiando la expresión seria en esos ojos esmeralda. Ella estaba ligeramente sorprendida por todo. La arrogancia y el ego se habían marchado siendo reemplazados por un tierno y amoroso Edward que ella siempre supo que había bajo la superficie.

Ella tragó de nuevo y luego soltó un lento respiro - No regresaré al Diamond.

- ¿No lo harás?

- ¡No! No, a no ser que tu nombre esté al lado del mío en ese papel. No, a no ser que estés a mi lado administrándolo.

Ella escuchó su brusca respiración al otro lado de la línea. - ¿De verdad quieres eso?

- ¡Sí!

- Tú… ¿me perdonas?

- ¡Sí!

- ¿Y me amas?

Ella sonrió. - ¡Por supuesto!

Ella lo vio sonreír. Luego él colgó el teléfono, puso sus manos sobre su boca y gritó:- ¡Entonces, baja tu encantador trasero aquí ahora mismo!

Con una sonrisa, ella salió del apartamento, bajó las escaleras y fue directa a los brazos de Edward.

Fin


Hola chicas! pues es el Fin =( espero que les haya gustado, a mi me encantó la historia y sus personajes, así que léanla se llama Going for it de Elle Kennedy.

Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer.

Link de descarga (sin espacios):

http: / dc247 . 4shared . com / download / Vr9A _ EUR /GFI - Elle . rar?tsid = 20111120 - 211542 - fbbf2826

Besos y Abrazos, espero que sigan leyendo The Killer, la otra adaptación =)

DES.