No voy a repetir el Disclaimer.

Espero que hayan perdonado las faltas de ortografía del capitulo anterior. Despues le quitare las faltas. (las de este cap también…)

Eso…

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Cap. 2: Gringotts

Entré en la extraña taberna que según la carta conectaba al mundo mágico con el mundo muggle… quizás debería averiguar qué significaba eso… muggle, sonaba como "mugre", aunque supongo que la mayoría de las respuestas las obtendré pronto. Un extraño señor está limpiando un gran mesón que supongo será la cantina, me acerco con timidez y dejo escapar con voz entrecortada algunas palabras.

-Hm…¿Señor?, vera… usted… que… hum…- maldita mi timidez momentánea, lo que sea, estoy haciendo el ridículo, ¡eso es imperdonable! Exhale todo el aire que contenían mis pequeños pulmones y trague aire convertido en valentía. -¿Señor?, Usted verá, es mi primera vez aquí y no sé como entrar al callejón ¿me podría decir cómo?- le solté de una.

-Ha, ¿Primer Año? – me preguntó. – Ven pequeño, sígueme, yo abriré la entrada. Pero si deseas una muy buena recomendación de mi parte, primero que nada ve a Gringotts, no te entretengas, después de todo tienes que retirar el dinero para comprar tus útiles – Me di cuenta de que él esperaba una respuesta y con un tono apesumbrado le conteste.

-Pero yo no tengo dinero señor.

El me miró como evaluándome y me dijo con una sonrisa picara –pero si Hogwarts da un préstamo para los útiles a las personas sin fondos, y no me llames señor, es muy formal, mejor llámame Tom- Dijo Tom, al tiempo que sonreía al ver mi sonrisa iluminada.

-Gracias por la información señ…Tom, una consulta… ¿Cómo podre reconocer Gringotts?

-Oh!, No te preocupes, lo reconocerás a la primera,, es el único edificio tan blanco como la nieve, no hay por donde perderse.

Le di un pequeño agradecimiento y el hombre golpeó el muro con un palo, abriendo la puerta al callejón.

-¡Bienvenido Al Callejón Diagon!- Dijo Tom, y luego me empujó a través de la recién formada puerta.

Sentí el pasadizo cerrándose a mis espaldas y moví mis ojos de un lado a otro, deseando tener diez pares más de ellos. ¡El callejón era impresionante! Las calles estaban llenas de gente, había un chico de pelo verde con ojos azules comprando un caldero, muy feliz. Había tiendas diversas repletas de gente y ahí, apoyado en una tienda y mirándome burlonamente estaba un chico de ojos negros y pelo café oscuro. Lo miré feo de vuelta y me avergoncé de mi boca abierta, la cual cerré inmediatamente.

Joder, que odio a ese niñato, ¡a mí nadie me avergüenza!, aparte no me debería de avergonzar, es un maldito desconocido… aunque no lo puedo negar, sus ojos son atractivos…

Ya!, es lindo pero no lo suficiente como para olvidar que se burló, por lo que volví a mirar, el chico se había ido. Oh que idiota soy, me debo haber visto como un total idiota con la mirada perdida y babeando… ¿baba?, oh dios. Me limpié disimuladamente y seguí mi camino.

Un gran edificio blanco como la nieve surgió al frente mío, ese es Gringotts. Entré en él y oí por sobre el bullicio un bello cantico:

"Entra, desconocido, pero ten cuidado

Con lo que le espera al pecado de la codicia,

Porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,

Deberán pagar en cambio mucho más,

Así que si buscas por debajo de nuestro suelo

Un tesoro que nunca fue tuyo,

Ladrón, te hemos advertido, ten cuidado

De encontrar aquí algo más que un tesoro."

Miré a mí alrededor, el mostrador estaba a mi derecha, pulido de una forma indescriptiblemente hermosa en madera de ciprés. A mi izquierda había unos cuantos duendes guiando magos por diversas puertas. A lo lejos se oían martillos cavando en piedra y en el aire se sentía la antigua magia recorriendo y bañándolo todo.

Me acerqué a un duende, era un ser bastante… estrambótico. Estaba lleno de arrugas y por las comisuras de su boca se veían unos muy bien afilados dientes. Vestía formalmente, de negro. Supuse que mediría un metro y diez.

Lo miré a los ojos, y la sorpresa se rebeló en ellos… creo que no mucha gente debe hacerlo.

-¡Hola!, Vengo a por el monto de dinero que me facilitara Hogwarts para comprar mis útiles de estudio. – le dije sin mostrar mi nerviosismo.

El extraño ser, me miró y sonrió. – Claro Sr., aunque es mi deber avisarle de antemano que se tendrá que someter a un pequeño e indoloro pinchazo para una muestra de sangre.

Lo mire desconcertado, ¿por qué se reía?, pero decidí ignorarlo y continuar como si nada. – Ok.

Con una seña, el Goblin me indicó que lo siguiera por el pasillo de la izquierda, donde entramos a una habitación de piedra con una mesa al centro. El duende sacó algo de un cajón de la mesa y se acercó a mí con una sonrisa radiante y una aguja en la mano.

Sentí un pinchazo extremadamente doloroso en mi brazo y podría jurar que voy a tener un moretón más tarde, pero no tuve nada que decir, pues el maldito duende me miró e hizo un gesto de silencio con su mano libre.

Miré absorto el cómo él colocaba mi sangre en un recipiente de Madera aparecido de la nada y como la magia llenaba el ambiente al tiempo que él recitaba unas extrañas oraciones, de las que solo entendí: Crúor (sangre), Hêrês (heredero), Doseô (enseña), Absconditus (oculto).

El ser se inclino sobre el recipiente y el simple silencio inundó la habitación. Pasaron dos minutos, y luego el duende levanto la cabeza, frunció el seño y me miró con un renovado respeto, no hay que decir que eso me desconcertó totalmente.

-Esta es una gran sorpresa Sr, Alexander. Tal parece que Ud. es el Heredero perdido de los "Sica "(Nota de La Autora: Sica en Latín = Puñal y todas sus implicaciones, las cuales las buscan o esperan a que me despierte y las ponga el prox cap.), del cual nadie sabía hace eones. – y casi en un susurro él incluyó – Estaba seguro que me recordaba a alguien.

Reaccione rápido y dije lo primero que se me vino a la mente - ¿Entonces ya no necesito el dinero que me prestaría Hogwarts?

El Goblin se echó a reír. Literalmente se echó a reír en MI cara, duende de mierda, detesto que se rían de mí. – ¿Usted?, ¿Dinero Prestado?, Por favor, usted podría comprar Hogwarts tres veces y su cuenta no disminuiría mucho más de un veinticincoavo. Y eso si hablamos solo de su cuenta más pequeña.

Lo mire asombrado, ¡ahora podría comprar todo lo que me interesó del callejón!, tragué saliva, no me había dado cuenta cuando se me secó la boca. – Entonces… ¿Podrías llevarme a mi bóveda?- le dije en un tono dubitativo, para después agregar -¿Por favor?

El duende parecía dichoso. –Claro Sr. sígame por este corredor.- y dicho eso, salió.

Lo seguí por varias puertas hasta llegar a un pasillo con rieles en el suelo. El duende silbó y llegó un carrito, como los del parque de diversiones, un poco más oscuro. Me senté atrás de él y el carrito empezó a avanzar sin que él hiciera nada, como si supiera el camino.

Mientras el pasillo pasaba cada vez más veloz no pude evitar pensar en soy una persona que se marea rápido…

Luego de los cinco minutos más largos de mi vida, paramos frente a una antigua puerta de piedra con inscripciones en latín e incrustaciones de piedras preciosas.

-Solo un verdadero Sica puede entrar a una bóveda; es una familia de las más paranoicas.- Dijo y me miró.

Me acerqué lentamente a la puerta y toqué sus relieves y detalles, admirando el bello trabajo que estaba hecha. La puerta se abrió, reconociéndome como su amo y señor y yo no pude evitar el asombro en mi cara al ver el contenido de la cámara. Era una habitación grande y bien iluminada, con brillo por todas partes y llena hasta el techo de monedas. Nunca había visto una cantidad tan grande de dinero, ¡y a mi disposición! , sentí mi boca babear al tiempo que imagine todo lo que podría comprar.

Cuando me repuse de mi asombro, el duende me pasó una bolsa de cuero para sacar el dinero.

Saqué aproximadamente 300 monedas y las guardé en mi mochila. Este día sería muy divertido.