Hola de nuevo ~
Traigo el capitulo 2. Espero que os guste. Pronto acabará esta parte de la historia a la que consideraría un poco como la introducción y cuando eso pase la acción llegará sin mucho retraso ;)
Gracias por los reviews ~ no son muchos pero me animan a seguir :P Me esforzaré para que con el paso del tiempo más gente se anime a comentar ^_^
Como me han pedido yaoi lo introduciré en la historia. No es forzado. Es algo que ya tenia en mente y algo que la historia me iba a pedir por si misma en los próximos capítulos así que ya vereis poco a poco las parejas que van a salir. Solo aviso, habrá muchos lios ~
Este es otro capitulo corto. Siento no hacerlos más largos, no es por vagancia ni nada parecido. Tampoco planeo la longitud. Es sóo que lo que quiero contar en cada capítulo no necesita de más palabras. A cambio de eso, intentaré actualizar con mayor rapidez.
COPYRIGHT: Harry Potter le pertenece a JK Rowling y FullMetal Alchemist a Hiromu Arakawa. Yo sólo usos sus personajes para hacer mi historia. Nada me pertenece.
Sin reviews no hay actualización ~
Capítulo 2: Intercambio equivalente.
"Edward… Edward…"
Las palabras se arrastraban lentamente, como si pronunciarlas doliese. Intentó abrir los ojos pero los párpados le pesaban demasiado.
"Vuelve… a mi…"
Sintió un escalofrió al escuchar esa voz, no estaba seguro de por qué pero parecía sufrir tanto… como si un trozo de si mismo hubiera sido arrancado, como si algo faltase… como si fuera…
Abrió los ojos de golpe bruscamente, ¿Qué había pasado? Miró a su alrededor intentando identificar donde estaba pero no reconoció nada. Respiró hondo intentando calmarse. No estaba seguro de lo que acababa de soñar pero le había dejado una sensación extraña y parecía haberle alterado bastante.
Intentó levantarse de la cama pero soltó un quejido por el dolor del brazo ¿Es que acaso había tenido un rechazó? La idea de que algo así pudiera sucederle ahora no ayudó a que se calmara, aunque con suerte, sería un simple dolor, a fin de cuentas ese brazo era suyo así que no tenía porque sufrir algo así. No tuvo mucho tiempo de pensar en ello porque un ser muy extraño entró en la habitación con una bandeja llena de cosas.
-Malditos sangre sucia que ensucian la casa de mis señores –gruñó antes de dejar las cosas sobre una mesita -. Haga lo que quiera con eso, tómelo o no, pero váyase de la casa de mis amos, estúpido –le dijo a Edward antes de salir-.
La escena había ocurrido demasiado rápido como para darse cuenta de lo que había pasado. ¿Qué clase de cosa era esa? ¿Una quimera? Puso cara de repugnancia al pensar que alguien pudiera haber vuelto a experimentar con quimeras.
Miró lo que le había traído, pero no se sentía con muchas ganas de tomarlo así que se deslizó lentamente fuera de la cama para buscar a su hermano y a Roy e irse de allí cuanto antes.
-¿Entonces sois de los buenos? –Preguntó un chico joven que estaba sentado en el salón con Alphonse y Roy-. ¿Y cómo aparecisteis de la nada? ¡Moló muchísimo! Kreacher salió corriendo del susto –se rió-.
-¡Ronald! ¿Cómo puedes reírte de ese pobre elfo? ¿Es que no tienes sentimientos? -le preguntó la muchacha que estaba sentada a su lado-.
-Claro Hermione, pero no precisamente por Kreacher… -dijo guiñándole un ojo a la muchacha que se sonrojó levemente-.
Harry se rio por la insinuación de su amigo mientras Al y Roy les miraban sin entender nada. El más pequeño abrió la boca para hablar pero Harry le interrumpió.
-No les hagáis caso, siempre están así cuando se trata de elfos domésticos –dijo un joven de gafas redondas-. Pero no estaría mal que contestaseis a las preguntas de Ron –les miró fijamente. No pensaba confiar en unas personas que habían salido de la nada-.
-Pues… -empezó a decir Alphonse. Lo que él en realidad quería saber era que era un elfo doméstico ¿Una especie de gato quizá? A lo mejor podía quedárselo si su hermano no se enteraba-.
-No digas una palabra más, Al –Todos miraron de donde venia la voz y vieron bajar al que faltaba-.
-¡Hermano! Aun deberías estar descansando, estás muy débil y… -empezó a decir nervioso-.
-Sabes que no lo haré, no puedo estar tranquilo hasta que nos hayamos largado de este lugar –miró a los tres amigos desafiantemente intentando que nadie se diera cuenta de las molestias que sufría en el brazo-.
-Hagane, estoy de acuerdo con tu hermano. Deberías descansar o te encogerás más –se burló el pelinegro-.
-¡A QUIEN ESTAS LLAMANDO TAN ENANO QUE NO PUEDES VERLO NI CON MIL LUPAS! –Gritó tirándose encima del mayor-.
-Calmate Ed, era una broma ¡una broma! –dijo mientras intentaba librarse de él-. Alphonse, yo diría que ya está bastante… -no acabo de decirlo porque Edward paró de repente quejándose del brazo-. Hagane, ¿estás bien?
-Sí… no es nada… –dijo mientras sujetaba su hombro con la otra mano intentando calmar el dolor. Al y Roy le miraron preocupados, estaba claro que el rubio no estaba en su mejor condición-.
Los tres muchachos que estaban con ellos y habían presenciado la escena cada vez estaban más curiosos sobre esas personas. Para nada se comportaban como el resto y el más bajo de todos ellos parecía que tenía problemas con su altura.
-¿Tomaste las pociones que te subieron? Las hizo mi madre –habló Ron-. Deberían ayudarte a mejorar rápidamente.
Edward negó con la cabeza. ¿Pociones? No se bebería algo con un nombre tan… tan "mágico". Se negaba a creer en la magia. No tenía ninguna base científica así que era imposible que existiese. Era sólo que esas personas estaban locas.
-Volviendo a lo que estábamos hablando antes… -interrumpió Harry sin mucho interés en el dolor del rubio- ¿por qué no ibais a decirnos sobre vosotros? ¿Tenéis algo que ocultar? –Preguntó suspicaz-.
-Comprenderás que no tengo por qué decirle nada sobre mí a alguien que me ha retenido contra mi voluntad… -le miró Edward serio-. Intercambio equivalente, nosotros ya hemos respondido vuestras preguntas antes, ahora es turno de que las hagamos nosotros.
A los ojos de Harry ese chico parecía más inteligente de lo que podría verse a primera vista. Chasqueó la lengua molesto y suspiró sin poder rebatir sus palabras.
-Está bien, ¿Qué queréis saber? –dijo-.
-Para empezar, ¿Dónde narices estamos y como hemos llegado aquí?
Los tres amigos les miraron, ¿acaso realmente no tenían ni idea de donde estaban? Era muy raro que alguien hubiese conseguido llegar hasta allí por simple casualidad.
-Estamos en Grimmauld Place, en la sede, por llamarlo de alguna manera, de la Orden del Fénix –dijo eso último como si supusiera que los otros quedarían sorprendidos, pero sólo aumentó su confusión-.
-Por favor, explícate mejor porque no tenemos ni idea de que estás hablando –dijo Alphonse con calma antes de que su hermano perdiera la poca paciencia que tenía cuando no entendía nada de lo que sucedía a su alrededor-.
-¿Dónde habéis estado los últimos años de vuestra vida? ¿Es que no sabéis nada? Es ridículo –saltó Ron-. Todo el mundo sabe lo que la Orden hizo por todos en el pasado y como lucharon contra el-que-no-debe-ser-nombrado.
De nuevo, las miradas de confusión no se hicieron esperar. Seguían sin tener ni idea de que hablaban, aunque Edward empezaba a atar hilos.
-Entonces… ese tal sin-nombre es Lord Voldemort ¿no? –Se aventuró a adivinar ya que antes habían nombrado a esa persona-.
Los tres amigos se quedaron callados y sumamente sorprendidos de que ese muchacho se atreviese a pronunciar su nombre, en especial Harry, que en cierto sentido, se sentía importante por no tener miedo de decir su nombre.
El tiempo siguió pasando mientras los tres magos les explicaban que habían aparecido de la nada en la cocina de la casa, inconscientes y que todos habían pensado que eran Mortífagos que estaban intentando pasar las barreras de protección mágicas.
-Un momento, ¿has dicho "mágicas"? Eso no es posible… -dijo Edward interrumpiéndolos-.
-¿De qué hablas? Aquí todos somos magos, y de los buenos –respondió extrañado Harry-.
Siguieron con el relato diciéndoles que habían estado inconscientes dos días, excepto Edward que paso cinco días sin despertar. Y ahora que sabían que no eran peligrosos, solamente un poco "raros" podrían irse en cuanto les quitasen de la memoria los recuerdos de lo que había pasado en esos días.
Edward frunció el ceño molesto ante ese último dato. Parecía que la locura de esas personas era desmesurada. Pociones, barreras mágicas, y ahora ¿borrarle la memoria?… Estaba empezando a preocuparse realmente, pero no pretendía quedarse mucho más tiempo hay, sobre todo con gente tan rara a su alrededor.
-Oh no. No pienso dejar que nadie me toque los recuerdos –dijo Roy-. No quiero que por error me quiten de la mente a las hermosas señoritas que me esperan en casa –se rió como un bobo-.
-Es necesario, no os podréis ir si os quitamos los recuerdos. No nos podemos arriesgar a que seáis capturados y descubráis nuestro escondite- habló Hermione seriamente-.
-Me da lo mismo, nosotros no tenemos nada que ver en esto y parece que aquí todos estáis locos. Yo estoy con Roy, nadie nos quitará nada –dijo Edward levantándose de la silla-. Vamos Al, nos largamos.
Los tres se levantaron dispuestos a irse pero algo les empujó de nuevo a sus asientos.
-No podéis iros, lo siento mucho – dijo Sirius que apareció de entre las sombras con el palo de antes en la mano-. Vosotros tres, fuera –les indicó al joven trío de magos-. Tengo que hablar con ellos a solas.
Los tres se levantaron sin decir nada. Quizá en otra ocasión hubieran protestado pero esta vez Sirius se veía bastante serio como para molestarle.
Después de comprobar que se habían ido, se sentó donde anteriormente habían estado los tres chicos y miró a sus acompañantes.
-Es obvio que vosotros no sois normales –dijo-.
-Mira quién habló –bufó Edward-. ¿Cómo has conseguido pararnos con ese palo?
-¿Palo? –Le miró confuso- ¿Te refieres a mi varita?
-¿A qué otra cosa podríamos referirnos? –Habló ahora Roy-.
-¿Acaso no sois magos? –se extrañó Sirius. No era posible que un mago no supiera sobre varitas y menos que un muggle entrase en esa casa.
-¿Magos? –Se rió Edward- ¿por quién nos tomas? ¿Pretendes que creamos que la magia existe? –Siguió riendo aunque algo molesto por tanta insistencia en el tema de la magia-.
Sirius se apoyó en el respaldo de su asiento confundido y pensativo.
-Kreacher –llamó y el mismo "bicho raro" de antes apareció de la nada asustando a los alquimistas -, dile a Arthur, a Remus y a Severus que vengan ahora mismo –el elfo desapareció entre murmullos maliciosos-.
-¿Qué era eso?- dijo Al con ojos sorprendidos-.
Sirius se encogió de hombros. Si no sabían lo que era una varita no podía esperar que supieran lo que era un elfo doméstico.
-Un elfo doméstico. Viven para servirnos –explicó con tranquilidad-. Y antes de que preguntes, ellos son felices haciéndolo, no son esclavos.
Edward puso cara de pocos amigos. A sus ojos eso no dejaba de parecer una quimera y el sólo pensamiento de que esas personas hayan experimentado con humanos le daba repugnancia. Miró a su hermano y a Roy, que parecían haber llegado a la misma conclusión.
-Nina… -susurró Alphonse invadido por los recuerdos. Roy le acarició el pelo dándole apoyo. Le gustaría mandar ahora mismo a la cárcel a esas personas pero no era el momento. No aun. Cuando salieran de esa casa y consiguiera contactar con la milicia se encargaría personalmente de detenerlos a todos.
Un silencio incómodo se cernió en el ambiente. Nadie sabía que decir ya que a los alquimistas el tema de las quimeras les había puesto tensos. Sirius les miró escrutadoramente. Parecían simples personas aunque su comportamiento fuera algo distinto del normal.
Fijó su mirada en el rubio. No quería admitirlo, pero le había fascinado desde el mismo momento en que lo vio. Por eso mismo había empujado a Lupin para interrogarlo por sí mismo. Había sido un comportamiento estúpido pero quería escuchar el sonido de su voz dirigido a él y no a su amigo. Se rió mentalmente. ¿Qué clase de pensamiento era ese? No es que ese chico fuera alguien especial… ni siquiera lo conocía de nada. Simplemente destacaba. Tenía un pelo rubio brillante y largo que muchas mujeres morirían por conseguir y sus ojos… esos ojos… ¿cómo describirlos? A simple vista eran unos ojos de color miel dorado. Ya de por si eso era extraño pero no era eso lo que le había llamado la atención. Era la profundidad que tenían, parecía que si te detenías a mirarlos acabarías arrastrado a un pozo lleno de sentimientos. Nunca había visto a nadie de su edad con tanta fuerza y determinación en sus ojos, ni siquiera Harry, quien había pasado por tanto, había tenido esa chispa. Eso le hizo pensar… ¿Qué era lo que empujaba a ese muchacho a tener esa mirada? Se acomodó en su asiento dejando a un lado esos pensamientos. No tenía tiempo que perder con esos extraños.
Miró a su izquierda y vio que al fin llegaban Lupin, Severus y Arthur.
-¿Qué quieres Sirius? –Dijo Remus poniéndose a su lado-.
-Estos tres –les señaló concentrándose de nuevo en el tema que les afectaba-, no tienen ni idea de que es la magia o eso dicen…
Los tres que acababan de llegar abrieron los ojos sorprendidos por la noticia y les miraron intrigados. Los alquimistas pronto se empezaron a sentir incómodos y estudiados.
-¿Nos podrían decir que les pasa? –Habló amablemente Alphonse-.
-Vosotros… si no sois magos… es imposible que pasarais nuestras defensas –hablaba más para sí mismo que para el resto Severus-, entonces… ¿cómo es posible?
-¿Podría ser que si sean magos pero que nadie les haya adiestrado nunca? –Propuso Arthur-. Quizás se les fuera de las manos y por accidente hayan acabado aquí…
-Es posible pero sería muy raro… -continuó Remus-. La magia sin control puede ser muy peligrosa…
-Y puede que por eso mismo hayan podido pasar la defensa pero al mismo tiempo acabar inconscientes- acabó Sirius sonriente ya que esa teoría tenía bastante sentido para ellos, que nunca podrían imaginar lo que eran sus huéspedes en realidad-.
Los tres espectadores estaban mirándolos hablar sin enterarse de nada. Sólo especulaban sobre lo que eran ellos pero no los tenían en cuenta. Eso molestó un poco a Edward, que se había dado cuenta de que lo estaban tomando por un mago, ¡un mago! Por dios, eso sí que era un insulto.
Su hermano lo miró porque sabía que montaría una escena si pudiera pero le dijo con los ojos que no, quizás, después de todo, era mejor que creyesen eso. Algo no le daba buena espina, y aunque no sabía que era, estaba convencido de que discutir con ellos no era la mejor solución.
Roy tosió para llamar la atención de los magos.
-Disculpen señores. Si no he entendido mal dicen que somos… magos –arrastró la palabra de lo ridícula que le pareció-, y también que ustedes lo son. Por tanto –señalo el palo de Sirius-, supongo que eso es una varita y que la Orden en la que estáis es de magos ¿me equivoco? –Dijo con tono analizador-.
-Es como has dicho, y por eso no podemos permitir que recordéis nada. Podría ser peligroso –dijo Remus-.
Edward frunció el ceño. Él no quería que le tocasen sus recuerdos. No podía arriesgarse a olvidar sus pecados.
-¿No hay otra forma? –preguntó-.
Los magos dudaron. Claro que había otra forma, pero les acababan de conocer y ni siquiera sabían lo que era la magia hace cinco minutos, aun así, la mirada de ese joven no les permitió ocultarles la otra opción. La determinación que antes había visto Sirius ahora estaba mezclada con preocupación y quizás… algo de súplica.
-Hay otra manera… -dijo Sirius no muy convencido-. Podríais empezar a asistir a las clases en Hogwarts y servir en la Orden…
-¿Qué es Hogwarts? –Preguntó Alphonse-.
-Ni siquiera saben eso, no creo que sea buena idea –dijo Remus-.
-No seas injusto, tenemos que darles esa opción también. Puede que todo esto no haya sido una casualidad y tenga que pasar así… -replicó Sirius de forma algo incierta. No sabía porque estaba confiando en esos extraños, sólo sentía que era lo que tenía que hacer-.
Remus suspiró.
-Hogwarts es una institución, un colegio para magos. Podríais asistir para aprender magia y ayudarnos a combatir contra el Señor Oscuro –explicó-.
Los alquimistas seguían pensando que estaban todos locos pero no dejaron de seguirles la corriente y aceptaron esa opción.
-Está bien, iremos a ese lugar –dijo Edward. No sabía hasta donde podría llevar ese juego de magos pero parecía que esa sería su oportunidad para salir de la casa sin mayores riesgos -.
-¿Pero no creéis que yo soy un poco mayor para ir allí? –Replicó Roy-. No es que me esté llamando viejo ni nada por el estilo pero digo yo que alguien de mi edad resaltaría un poco entre estudiantes de 15 años –explicó. No sabía si ese lugar llamado Hogwarts existía o no pero la idea de ir a un lugar con jovencitas en minifalda le resultaba muy interesante-. El uniforme de las chicas tendrá falda ¿no?
Edward le dio un codazo y le dedicó una mirada asesina. Odiaba que incluso en una situación como esa él sólo se preocupase de los uniformes femeninos.
-Tú iras como ayudante del profesor Snape y así aprenderás –dijo Remus y Snape dejo escapar un gruñido de desagrado-. Y sí, el uniforme consta de una falda, pero más te vale no hacer algo fuera de lugar –amenazó-.
-Genial… esto será divertido –rió Roy-.
Os adelanto que en el próximo capítulo llegarán a Hogwarts por fin o esa es mi intención :P
Así que esperad por mi actualización ~
Bye 33
