Lo siento por la demora (aunque aun estoy dentro del límite de las dos semanas). Quiero explicarme. Empecé dejando esto para el final y trabajando en otras cosas y termine haciendo esto a las 3 de la mañana un sábado. Disculpen por cualquier cosa que haya salido mal este capítulo (dense la molestia y díganme mis errores!)
UNA COSA IMPORTANTE: les quisiera pedir que me indicaran cualquier falta de ortografía en este Fic de ahora en adelante.
Eso, nada más. Lean
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Selección:
Sentí al tren aminorar su marcha cuando empezamos a llegar al pueblo cercano a Hogwarts. Abrí con cuidado mi baúl y guardé en él, el libro que me había acompañado durante el trayecto a lo que sería mi nueva escuela.
Bajé del tren, cuidando de evitar las acumulaciones de gente y asombrosamente, lográndolo y llegando a un espacio vacío cercano al lago del lugar. Observé que los alumnos mayores entraban en extraños carruajes y por una milésima de segundo no pude evitar tenerles envidia; Ellos iban en cómodos carruajes mientras que nosotros teníamos que viajar en esas pequeñas embarcaciones de aspecto dudoso.
Me acerque al semi-gigante barbudo y, cuidadoso de evitar sus manos que se balanceaban peligrosamente cerca, le seguí hacia los botes. Me senté en uno, cuidando de no manchar mi ropa con el lodo que estaba allí, y esperé a ver qué estúpidos mocosos se atreverían a ignorar mi mirada de muerte y sentarse al lado mío.
Al parecer una niña de pelo café fue la primera en intentarlo. Le dio una mirada a sus amigas y trató de caminar con lo que ella supuso era elegancia, a la vez que ponía en su rostro una sonrisa que me dio nauseas. Intensifiqué la mirada de muerte y ella dio un pequeño paso atrás por pura reacción.
Tomando fuerzas, ella alargó su mano y trató de apoyarse en el barco, fallando y resbalando en el barro.
Todos se rieron y he de admitir que yo también me reí a gusto. Sus amigas me miraron con odio y la recogieron intentando no mancharse ellas mismas de barro.
Las personas empezaron a elegir subir a otros barcos después de ver la derrota de la niña y poco a poco la multitud se fue dispersando. Entre los que quedaban salió un niño de pelo azul y ojos color gris y se acercó totalmente seguro de sus acciones. Nos miramos fijamente a los ojos durante un rato y luego le ofrecí una sonrisa.
No era muy común que yo ofreciera sonrisas, pero el chico en verdad se lo merecía. No muchos podían resistir que se les mirara fijamente sin desviar la mirada. Lo deje sentarse en el asiento al lado mío y el simplemente miró al agua desde su puesto.
Una chica de la casi inexistente multitud, rubia y de ojos cafés, se acercó y sin decir nada se sentó al frente del chico. Me reí para mi interior de sus patéticos intentos mientras la observaba, después de todo, la chica era lo bastante valiente como para sentarse en un lugar sin preguntar.
Antes de que yo pudiera seguir deleitándome con las diversas reacciones que daban los críos de los otros barcos, la madera flotante en la que yo y los otros andábamos empezó a moverse a paso lento y aburrido.
Surcamos las oscuras aguas en un silencio digno de un sepulcro, solo roto de vez en cuando por chillidos de las niñas de otras maderas cuando salpicaba agua del lago.
Entonces rodeamos una gran piedra y entró ante nuestra visión el castillo. Era de piedra lisa y gris, casi como un color desgastado. Pero eso no le quitaba su gran atractivo al castillo. Las paredes del mismo parecían casi atraer de forma mágica a los pequeños, y las tenues luces que adornaban el lago hacían ver el viejo castillo aun más deslumbrante.
La embarcación encalló en una tierra lodosa y casi todos dimos un salto de sorpresa, para luego salir con rapidez de la madera flotante y hundir los pies en la sucia y pegajosa tierra mojada.
El Semi-Gigante tocó la puerta que ante nuestra pequeña estatura se veía colosal y esta se abrió dejando ver a una señora anciana, con el pelo café canoso atado y con un gorro de mago puesto.
Ella miró al barbudo y, con una expresión digna de un gato mojado, dejó entrar a los estudiantes a la escuela.
Con bastante velocidad, ella nos dirigió por entre pasillos hasta llegar a una puerta café claro con adornos dorados en ella (AN: Siempre he imaginado la puerta del gran salón así).
La Profesora Mcgonagall, como se había presentado antes, dio un pequeño discurso sobre lo que pasaría dentro de esa sala y nos dijo que nos alistaramos
Me quede allí parado sin hacer nada. Estaba seguro que mi apariencia se veía exactamente como yo quería y no veía ninguna razón para intentar mejorar algo inmejorable. Miré a los dos mocosos que se habían atrevido a sentarse conmigo y que desde entonces me seguían como perritos perdidos y les señalé a cada uno sus errores de vestimenta. No muy agradablemente, debo añadir.
La profesora llegó antes de que yo pudiera empezar a cuestionarlos acerca de su despreciable comportamiento y señaló a todos que la siguiéramos en silencio.
Entramos a una sala que no se podía describir con una palabra que no fuese grande. Los otros niños hablaban entusiasmados y señalaban o el cielo encantado que ahora mismo reflejaba una tormenta o al sombrero raido encima de una banquillo.
Suspiré por lo bajo y miré a los alumnos de grados mayores. Todos vestían túnicas de uso diario y el sombrero reglamentario del colegio, y nos miraban como si fuéramos experimentos.
El sombrero cantó algo que no me detuve a escuchar mientras seguí examinando a los mayores. Entonces todos aplaudieron y la señora de antes empezó a llamar nombres.
Los dos perritos que me seguían respondieron a los nombres de Alice Greenhor y Mark Fulster y fueron colocados respectivamente en las casas amarilla y azul. (AN: Hufflepuff y Slytherin)
-Alexander Mcallister
Yo no respondí o hice ningún movimiento para mostrar que ese era mi nombre. La señora lo repitió varias veces, y al final, conteniendo un suspiro de resignación me acerqué y le dije con voz fuerte y clara:
-Yo ya no voy por ese apellido señora- Y sonreí ante las caras de interés súbito que se presentó en los estudiantes. –Ahora voy por el apellido Sica.
Ella simplemente me miró por un buen rato, se aclaró la garganta y dijo mi nuevo apellido.
Me senté en el banquillo y puse la vieja prenda en mi cabeza. Casi inmediatamente sentí como mi mente era observada por algo, o alguien y oí un susurro pasar por mi cabeza.
Por fuera, yo me veía seguro y confiado en mí mismo, pero por dentro mi mente se estaba casi desbordando con estúpidas ideas de porque el sombrero se demoraba tanto.
Entonces a lo lejos se escucho una risotada a la vez que el sombrero abría su boca y decía a gritos "Slytherin"
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Eso fue todo por lo menos durante una semana más. Espero que les haya gustado, y lo siento por cualquier error no ortográfico que hayan encontrado. Insisto en que no duden en informar de mis errores y prometo no hacer el capitulo a última hora para la otra.
Ahora sin más me voy a dormitar por unas buenas 15 horas… Buenas Noches y cuídense
Por favor: Me podrían decir si me desvié de el carácter de Alexander este capítulo? . No sé, siento como si me quedo medio mal.
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