Disclaimer: Chrno Crusade y todos sus personajes son propiedad de Daisuke Moriyama, los títulos de cada capítulo así como del fic mismo, son referentes a canciones del grupo Coldplay.
Summary: Porque pase lo que pase en el futuro, ninguno estará perdido porque se tendrán el uno al otro. Hasta el final. • Conjunto de One-Shot's/Drabbles independientes, inspirados en distintas canciones de Coldplay. C/R
Dedicado a Dark-oji: Realmente me subiste el ánimo con tu lindo comentario, muchísimas gracias. Esto va para ti XD. Espero te guste.
Cuando empezó estábamos bien
Pero la noche nos deja en ridículo a la luz del día
Después nos morimos de frustración
Diciendo "Dios, no me guíes hacia la tentación"
Pero no es fácil cuando ella te excita
Pecado, aléjate
Capítulo VI: Yes
− Con esta neblina ya es casi imposible ver el camino y ahora ha comenzado a llover. Fantástico, simplemente fantástico… ¿puedes ver a través de ella?− te pregunta con voz extraña, mientras conduce el coche por el solitario camino que ha elegido para regresar a la Orden después de la misión recién finalizada en la parte norte de Brooklyn.
− No, me temo que la neblina es demasiado densa, por eso ten mucho cui-… −y escuchas un grito de su parte. Volteas enseguida hacia ella y vez como se arquea en su lugar y pierde el control del coche saliéndose del camino.
Tomas rápidamente el volante, evitando que se estrellara contra un árbol, a lo que ella −no sin esfuerzo− aprovecha para frenar y finalmente apagar el motor.
− ¡Rosette! ¿Qué te sucede? − y en ese momento te golpea fuertemente el olor a sangre, su sangre.
− El… el estúpido demonio me atacó… no me moví rápido… me hirió en la espalda…− se abraza a sí misma mientras recarga su frente en el volante y su respiración se vuelve agitada.
− Estás herida por mi culpa, no debí-…
− No te culpes, fui yo… no puedo esperar que estés a cada paso que doy. Debí tener más cuidado…y me temo que estoy sangrando mucho…
− Déjame ver− se acomoda lentamente de lado en el asiento para dejar a la vista su espalda, y te sobresaltas al ver grandes arañazos que sangran copiosamente y su uniforme manchado de rojo.
−Chrno ¿me ayudarías con el vestido? Realmente no soporto el dolor… y la tela sobre las heridas no me es de gran ayuda…
¿¡Con el vestido!?
− ¿Ayudarte? pero no sé cómo…−le contestas de forma atropellada y nerviosa.
− No lo sé… sólo… desgárralo, de todas formas está roto…!aggh!... hazlo por favor− te dice mientras hace su cabello hacia enfrente y se vuelve a abrazar a sí misma tratando de mitigar el dolor.
Respirando profundamente y aún nervioso, haces lo que te ha pedido con manos temblorosas, mientras sujeta la parte delantera de su vestido. Pero estás tan nervioso que no puedes evitar romperlo más de la cuenta.
En el momento justo en el que eso sucede, sueltas abruptamente el aire que habías retenido, al contemplar toda su espalda desnuda…
Irremediablemente tus pensamientos se tornan posesivos y arrogantes al darte cuenta que has sido el único hombre en tenerla a su merced de esa forma.
Tomas un pedazo de tela inservible que has desgarrado y la pasas lo más delicadamente posible sobre sus heridas, deleitándote sin poder evitarlo, de la morbosa pero no menos perfecta combinación que hacen el color cremoso de su piel con el carmín de su sangre. Exquisito.
−¡Demonios!, realmente duele…
− Perdón, al parecer no soy muy bueno para estas cosas. Estoy tratando de no lastimarte.
− Lo sé…no te preocupes… sólo ignórame. Resistiré…
Pero posiblemente el que no resista serás tú, al escuchar los pequeños gemidos de dolor que inconscientemente salen de su boca.
Si tan sólo contaras con tu verdadera apariencia…
Por mucho tiempo, has refrenado tu naturaleza demoníaca, y por ende, a todos los pecados que ésta conlleva: ira, envidia, gula, soberbia, pereza y avaricia; pero sobre todo la lujuria. El peor de los pecados, a tu parecer.
Y más específicamente, hacia tu contratista.
Porque desde hace mucho tiempo has notado que el pasar del tiempo ha tenido sus efectos en ella: ha dejado de ser una pequeña niña para comenzar a ser una mujer.
Jamás le habías dado importancia, dado que sientes por ella algo mucho más fuerte que simple y vulgar lujuria. Y primero serías capaz de cortarte un brazo antes de lastimarla de alguna forma.
Jamás, hasta ese momento.
Porque después de todo, eres un demonio adulto.
Volteas hacia enfrente y miras su reflejo en el vidrio de la ventanilla: ella se encuentra con los ojos cerrados, sonrojada y mordiendo su labio inferior para mitigar los sollozos que se niega a dejar salir dolorosamente.
Y maldices a tus estúpidas legiones ahora alborotadas por hacerte pensar que esa es la imagen más sensual que tus ojos han visto en toda tu muy, muy larga vida.
Recuerda quien es ella, se trata de Rosette… además es sólo una niña…
Eres una escoria por atreverte a sentirte así, por atreverte a excitarte a costa de ella a expensas de su dolor. Mereces algo peor que la muerte. Psicópata.
Agradeces mil veces tu aspecto actual, de lo contrario dudarías mucho de tus capacidades de autocontrol.
Dejando a un lado la tela, y con un atrevimiento impropio de ti, estiras una de tus manos hacia su espalda y acaricias muy suavemente la piel que no está herida. Su pálida piel de porcelana es tan tersa, tan suave. ¿Cómo es posible que una mujer sea tan perfecta?, te preguntas. Y una vez más te sorprendes por lo dolorosamente hermosa que es Rosette.
Tan dolorosamente hermosa y prohibida.
Asombrándote, sientes como ha aumentado su temperatura, su ritmo cardiaco y como la recorre un estremecimiento, de manera casi imperceptible.
− ¿Chrno?− dice con voz temblorosa, volteando su rostro por sobre su hombro casi desnudo− ¿luce tan mal acaso? Es que… me estoy congelando.− esto último lo dice ya completamente de frente hacia ti
Al ver sus ojos es cuando la realidad cae sobre ti y te reprendes por tu comportamiento, por atreverte a cruzar la línea. Recuerdas que ella es una niña, que es tu amiga y tu dueña. Y tú nunca debes olvidar cuál es tu lugar. Jamás.
− Si, lo lamento. Ya terminé de limpiar tus heridas… al parecer ya han dejado de sangrar− le contestas de forma algo fría y cortante.
Sabes que la has descolocado por completo por tu cambio tan brusco de ánimo, por el brillo perdido en sus ojos.
− Gracias…− dice ella en un susurro neutro mientras se acomoda en el asiento, recargando su frente en el vidrio de la ventana, observando la lluvia mientras te da la espalda.
¿Por qué le has contestado de esa forma? El estar enojado contigo mismo no es razón válida para descarga tus enojos y frustraciones en ella. Ella no es culpable de nada.
Te quitas la chaqueta roja y delicadamente la cubres con ella para protegerla del frío. Y en cuanto lo haces voltea inmediatamente hacia ti, quedando sus rostros cerca.
− Lo lamento− le dices de forma lastimera.
− No tienes porque… ambos estamos muy cansados… ha sido un día muy largo− termina con un suspiro y una sonrisa por igual.
Estas a punto de pedirle disculpas nuevamente, cuando ella te interrumpe tapando tu boca con la punta de sus dedos.
− Te juro Chrno, que si vuelves a pedirme disculpas por esto, te vaciaré todo el frasco de agua bendita que está escondido debajo del asiento… es enserio− pero lo que fue un intento de parecer mortalmente seria, terminó por ser una risa alegre. Aunque la advertencia sigue ahí. Es Rosette después de todo.
Si bien no llegará a arrojarte agua bendita, tienes por seguro que si te golpeará. E ignorando el hecho de que estas muy cerca, retiras su mano que te impide hablar y la tomas entre una de las tuyas, dándole un suave apretón.
Porque si bien ella siempre te ha prohibido decirle algo que suene a una disculpa, siempre tendrás pequeños detalles con ella para manifestarle tu arrepentimiento, una vez o las veces que ella te lo pida o sean necesarias.
Y ella no tiene por qué saberlo.
Editado: 29/Diciembre/2012
CDPV :)
