Spirits
Cap. 1: Nuevos aliados
El antiguo y gastado carruaje había detenido su marcha después de varias horas, ahora se encontraba en un poblado de mayor tamaño, con varios establecimientos y plazas, así mismo, la gente que lo habitaba como los viajeros se paseaban por las calles.
-veamos… ¿Dónde podría encontrar guerreros valientes?-Roderich estaba parado justo a la mitad de una plazuela. Necesitaba encontrar cuanto antes, por lo menos, aun aliado más, uno que como Gilbert dijera antes, fuera un héroe.
-la tienes difícil, señorito… por dinero la gente hace lo que sea, pero tú no ofreces nada… más bien todo lo contrario, quien se une a ti tiene todas las de perder hasta la vida- el demonio terminó riendo de la forma particular en que suele hacerlo
-lo creas o no… incluso en estos tiempos complicados, hay personas con valores, fuerza y determinación, caballeros con principios-no hace falta decir que Roderich se consideraba uno de esos hombres idealistas que no se preocupan tanto por ganar dinero, se ocupa más de ahorrar el que tiene y ver por las buenas acciones que puede realizar.
Casi confirmando sus palabras, en ese momento una jovencita gritó, la causa, un corpulento hombre le arrebató una pequeña bolsa que posiblemente contenía todo el dinero de la damisela.
-¡Alto ahí, despreciable ladrón!-entre toda las personas que no parecían tener el valor de enfrentar aquella injusticia una voz se hizo escuchar, el dueño de estas palabras era un joven alto, de vivaces ojos azules, radiante sonrisa y rubia cabellera. El joven portaba una armadura ligera pero resistente, una rasgada y deteriorada capa, y el toque final era una espada de doble filo bien enfundada a la cintura- regrésale su dinero a la joven… o enfrenta las consecuencias de tus malos actos ente mi espada- dicho lo último desenfundó su arma y la apuntó sin titubeo alguno directo al hombre
-¡un pelele como tú no me da órdenes!-el sujeto traía una espada corta que también empuñó ante lo que consideró una provocación
Todas las personas se arremolinaron con rapidez tal como espectadores, entre ellos, Gilbert y Roderich estaban dispuestos a ver si el más joven era a quien buscaban. Sin más palabras los dos contrincantes se arrojaron a la batalla. El ladrón era fuerte, así que no dudó en levantar su espada y poner toda su fuerza en un poderoso sablazo vertical, mas no contaba con que su oponente era ágil, y sumamente habilidoso, en unos cuantos pasos evadió el ataque, lo desarmó y le propinó un potente golpe en el estomago con el mango de la espada de doble filo.
-¿ves lo que pasa cuando no eres una buena persona?- el de ojos azules recogió la bolsa de dinero y se la entregaba a su propietaria mientas hablaba al sujeto tendido en el suelo por el dolor en el abdomen
-muchas gracias…
-¡no hay de qué! Sólo hice lo que cualquier héroe haría
Gilbert estaba boquiabierto, Roderich podía tener tanta suerte, le hacía pensar que si su joven amo deseara tocar en ese momento el piano del cielo le caería uno intacto para que así cumpliera su deseo; era simplemente increíble que hubieran encontrado al dichoso héroe.
-disculpe…mi nombre es Roderich Edelstein, y me interesa habla con usted- el de gafas se había acercado y llamado la atención del espadachín posando su mano sobre su hombro
-oh está bien, me llamo Alfred F Jones, y preferiría que me llamases simplemente Alfred… no me gustan los formalismos y esas cosas aburridas- bueno, no podía ser totalmente perfecto, o eso pensó Roderich ante su falta de modales
-de acuerdo… veras, Alfred-de alguna manera le era incomodo llamarlo por su nombre, sentía que estaba faltando a sus principios-ahora mismo tengo un trabajo, realmente importante, en el que me gustaría incluirte
-¿trabajo?... me temo que no me interesa ganar dinero-Alfred sonreía tan ampliamente que Roderich no pudo evitar curvar un poco sus labios contagiado, por su parte Gilbert miraba la escena pensando en cuan equivocado podía él estar, los humanos no solían ser tan nobles como su amo.
-tu respuesta me complace, era justo lo que esperaba de un compañero-recuperando su seriedad, el de cabellera oscura acomodó sus gafas y prosiguió tras aclararse la garganta-Alfred, el trabajo del que hablo no ofrece más ganancia que la satisfacción de salvar al mundo
Bingo. Había dado justo en el punto débil de aquel joven espadachín-¿de verdad?... ¡Eso suena genial!- el entusiasmo se veía reflejado en sus ojos azules, casi como si viera realizados sus sueños de ser reconocido en todo el mundo como un héroe
-si te interesa podemos continuar esta conversación en privado- Roderich sabía que ya era un hecho llevarse al joven consigo. El rubio asintió enérgicamente y siguió a los otros dos hasta un carruaje, sobre él, una joven de largo cabello castaño parecía perderse en los cielos-Elizabeta… baja por favor.
La castaña sonrió y de un salto perfecto aterrizó justo a la puerta del vehículo-¿qué se le ofrece, joven Edelstein?
-prrrrff-se burló el demonio ante la reverencia de la chica y ésta, inesperadamente y sorprendiendo a Alfred, le propino un codazo tan fuerte que le sacó todo el aire al de ojos rojos que pronto terminó en el piso
-Elizabeta, te presento a Alfred F Jones, de ahora en adelante viajará con nosotros-habló Roderich. Gilbert estaba tirado en el piso… siendo ignorado por todos, incluso por el recién llegado
-gusto en conocerla, pero llámame Alfred por favor- estrechó la mano que amablemente ella le tendió y parecía asombrado de Elizabeta una vez más-wow que fuerte
-oh lo siento, Al… en ocasiones no mido mi fuerza-se disculpó realmente apenada
-Elizabeta no es humana-comenzó a explicar el joven Edelstein mientras Alfred frotaba su mano adolorida por el apretón-ella es una quimera creada por mis antepasados, posee increíble fuerza y resistencia, pero para mí es parte de la familia, así que debes respetarla
-no hay problema, la trataré como a una dama distinguida-aseguró guiñando uno de sus profundos ojos azules, la quimera no pudo menos que ruborizarse ligeramente
Terminadas las presentaciones los tres hombres subieron al carruaje y Elizabeta retomó su puesto y de inmediato puso a los caballos en marcha-ahora sí podemos hablar-Roderich lucía casi sombrío, tanto así, que incluso su demoniaco sirviente tomó una postura seria
-parece un caso de vida o muerte, ¿no?-Alfred, estaba dejando claro que incluso en momentos de tensión afloraba su natural humor
-podría decirse… algunos detalles no me quedan claros, pero te contaré lo que sé. Días atrás, casi un mes, un hombre llamado Sadiq Annan fue a verme a mi mansión, cerca de los límites del Reino sin Rey. Él quería contratarme para realizar una cacería especial, me pedía capturar las almas de seis presas sobre naturales de cada elemento, agua, tierra, viento, fuego, luz y oscuridad. No sé en qué consiste el ritual para el cual requiere esos ingredientes, pero sí sé que brindará la inmortalidad a quien lo complete, y eso… traerá la destrucción del mundo
El espadachín tenía el semblante un niño intrigado al escuchar un cuento de hadas-asombroso… de dónde vengo nadie cree ya en esas cosas tontas, pero supongo que aquí, un lugar tan viejo, eso es tomado por verdad-Alfred ignoró por completo la expresión molesta de su contratante y la risa ahogada del demonio al escuchar sus palabras
-palabras tan irrespetuosas me hacen pensar que provienes del Nuevo Reino-también trataba de pasar por alto la forma de expresarse tan despectiva del espadachín
-así es, he cruzado el océano en busca de aventuras tan asombrosas que en todo el mundo se conozca el nombre de Alfred F Jones-dijo con total convicción al chocar su puño derecho contra el pectoral de su armadura-oye… ¿entonces tú te dedicas a esas cosas mágicas?
-s-sí… básicamente a la caza de entes sobrenaturales-el de cabello oscuro sabía que tenía que acostumbrarse a esa manera de hablar de Alfred, en el fondo le gustaba pensar que no lo hacía por molestar, sólo era un pueblerino ignorante, pero esa no era su culpa.
-¿y sabes mucho de cosas mágicas?
-¿a qué viene tanta maldita pregunta?-fue Gilbert quien habló en un intento de colarse en la platica
-bueno… la verdad hay algo más que me trajo a este reino-increíblemente Alfred dejó su infantil sonrisa y se mostró serió- desde que nací, he tenido esto-de entre sus ropas, colgado al cuello, sacó un dije aparentemente hecho de plata, tenía la forma de una pequeña espada envuelta en alas-nadie sabe por qué, y no importa lo que pase siempre regresa a mi
-permíteme ver…-Alfred se quitó la cadena y le entregó el dije al joven Edelstein, este le observó, no parecía nada especial. Curioso, enredó la cadena al dije y sin más lo arrojó por la ventana. El espadachín no parecía perturbado en lo más mínimo. Gilbert estaba a punto de decir que todo aquello no era más que un fraude, pero casi se ahoga cuando un ligero resplandor azul, acompañado de una luz blanca, apareció al frente de Alfred, acercándose hasta su pecho y al extinguirse dejó ver al dije intacto colgando nuevamente del cuello del joven de ojos azules- interesante…
-quisiera saber por qué lo tengo, qué significa o si tiene alguna función… es por eso que también hice este viaje-Alfred acomodó la pieza de plata bajo sus ropas
-creo que podremos resolverlo cuando la crisis en la que nos encontramos termine- Roderich también quería saber las respuestas a todas esas preguntas, porque al parecer su espadachín tenía más secretos de los que imaginaba, pero de nueva cuenta no le tomo mucha importancia, Alfred demostraría quien era en realidad por sus acciones y hasta el momento estaba fichado como un buen chico- ahora mismo nos dirigimos a mi mansión, es espaciosa así que puedes tomar una habitación como tuya, claro que, la mayoría del tiempo la pasaremos viajando
-claro, no hay problema, y… ¿A dónde iremos primero?-cuestionó poniéndose cómodo en el asiento que ocupaba
-primero iremos a la mansión por algunas cosas, luego nos espera un viaje de tres días hasta un gran pueblo cerca de los grandes campos
Alfred sonrió de lado-ya sé dónde… el lugar es conocido por ser la guarida de un montón de criminales
-así es, y de hecho iremos a ver a uno de ellos-dijo Roderich sin estar contento con la idea
-no llames criminal a mí amigo Francis-reclamó Gilbert
-¿Francis "le pervers" Bonnefoy?-dijo Alfred casi riendo burlón
-ese mismo desagradable sujeto-acepto Roderich aun descontento con la idea de recurrir al pervertido estafador de lacia y rubia cabellera-…Gilbert asegura que él tiene información de dónde encontrar a un mago, y aun que me pase, también sería de ayuda tenerlo como aliado, porque podrá ser un despreciable estafador, pero también es conocido por tener buena información de los bajos mundos
-eso sólo si llegas a su precio-por alguna razón el de ojos rojos parecía casi orgulloso de que así fuera aquel sujeto
-bueno… si no puedes con el enemigo únetele, siempre y cuando me dé la información que necesito le pagaré- el joven de gafas no solía pagarle a nadie, muy contadas sus excepciones, y como dijo, si el tal Francis tenía la información correcta no le quedaría de otra
La conversación no paró ahí, por mucho rato más Alfred les contó a los otros dos cuanto había hecho desde que dos años atrás llegará al Reino sin Rey, y además habló de una pequeña incursión en los límites del Reino de las Arenas. Gilbert se aburría mucho, no le gustaba no ser el centro de atención, y menos cuando se trataba de la atención de su joven amo. El joven Edelstein comenzaba a hacerse una idea de cómo era el espadachín, sin duda sabía cómo pelear, incluso tenía buenos principios, pero pensaba que le hacía falta una verdadera motivación para hacerlo, que no fuera simplemente porque podía o por mera diversión, le hacía falta ese algo que forja a los verdaderos héroes; pero igual aun le faltaba madurar, y quizá otra cosa, como una especie de inspiración, sólo eso, y entonces el propio Roderich le insistiría en que se quedara con él como socios.
Entre una cosa y otra, cerca de alguna hora de la madrugada, llegaron a la antigua mansión de la familia Edelstein. El lugar era fácilmente etiquetado como tenebroso, hasta cierto punto elegante y con ese toque sofisticado de tiempos de antaño. Enorme y majestuosa, emblema de la opulencia que caracterizaba a la familia del joven de oscuros cabellos. Por dentro no era menos que esplendida, espaciosa y lujosa. Lo primero que te recibía al entrar por aquel inmenso par de puertas era una fina escalinata doble, donde al centro se encontraba colgado y adornado, el escudo de la familia.
-wow… este lugar es genial, no se parece en nada a los castillos del Nuevo Reino-Alfred se paró a la mitad de la sala, justo a los pies de los escalones-¿es tú escudo familiar?-señalo aquel, que en efecto era un escudo
-no precisamente… ese escudo tiene como insignia el águila negra, que representa a este idiota-dijo el dueño del lugar señalando a su sirviente, el cual parecía ofendido pero lo disimulaba bien- también se conoce a la familia por el águila bicéfala, y hace decenas de años con una sólida torre
Como ya era tarde, y al día siguiente saldrían nuevamente de viaje, todos se retiraron a descansar. Alfred tomó como suya una habitación del segundo piso, una no demasiado grande, con una cama suave y confortable, en la cual le fue fácil conciliar el sueño. El equipaje del espadachín era únicamente su arma y un poco de ropa y dinero en un viejo costal. Tenía una interesante costumbre, que era dormir con su espada cerca, era lo más común en ciertos viajeros, básicamente por protección
En los días que duró la travesía, los hombres continuaron charlando sobre los planes a futuro con el problema que enfrentaban, Roderich explicó su miedo a que Sadiq tuviera recursos ilimitados proporcionados por el Rey Yao y el Rey Gupta. Claro que lo más seguro, en cuanto al monarca del Sagrado Reino de Oriente, era que le tuviera amenazado o le hubiera engañado, porque la principal oferta de aquel hombre de seguro era proporcionarle a sus socios la inmortalidad, pero eso al Rey Yao no podía interesarle
-¿y por qué?-preguntó Alfred
-porque el Rey Yao ya tiene cierta inmortalidad… él es un dragón legendario, que gobierna sobre esa tierra por supuesto mandato divino, venerado como un dios por su pueblo, simplemente no le puede interesar la inmortalidad
-vaya… un dragón-y en la imaginación de Alfred pudo vislumbrar una gran criatura semejante a un dinosaurio-es difícil pensar en un dragón gobernando un reino…
-no creas que tiene la apariencia de una criatura o monstruo… cuando te dedicas, como yo, a combatir este tipo de cosas, aprendes que los entes mágicos no siempre se ven así, de hecho la mayoría tienen aspecto humano, y sólo cuando usan al máximo sus poderes toman su verdadera forma, y hay algunos que ni así… realmente te sorprendería- decía Roderich mirando de soslayo al demonio, sabiendo que ese no era su verdadero aspecto
-bueno, basta de palabrería… ya estamos llegando-informó el de ojos rojos, quien como siempre, miraba por la ventana tratando de no pensar en el hecho de ser ignorado por los otros dos
Pronto el carruaje paró, justo antes del pueblo-bajaremos aquí… el lugar que buscamos está fuera de este nido de ladrones- luego de eso, los tres caballeros caminaron por entre la maleza, donde aún podía ser visible lo que fuera un camino, que ahora se encontraba tan descuidado que ya no era posible que ningún transporte con ruedas pasara por ahí.
No se encontraban muy lejos del camino principal cuando estaban frente a una construcción, posiblemente tan antigua y grande como la mansión Edelstein, pero con la abrupta diferencia de estar totalmente descuidada, dejada a su suerte ante las inclemencias de la naturaleza, rodeada por enredaderas y espesa vegetación, sin embargo, en aquel escenario descuidado, donde el jardín se apreciaba espantoso, resaltaban unos cuantos arbustos de rosas rojas, en perfecto estado, ahí, justo al frente de la entrada pasando la deteriorada fuente.
-¡Francis!-gritó Gilbert posándose frente a las rosas, pero sin pisar uno solo de los escalones que daban a la entrada-¡MALDICIÓN, FRANCIS!
En el interior del lugar se comenzó a escuchar un ruido fácilmente interpretado como el de al menos seis cerraduras, candados y cadenas. Sólo después de que el ruido cesara, la puerta se abrió dejando ver a un hombre joven, de lacios cabellos que rozaban sus hombros, su apariencia no iba para nada con aquel lugar, porque él lucía bastante bien, a la moda y elegante, aseado y listo, como si estuviera esperando invitados o posiblemente estuviera a punto de salir. Ahora que, Gilbert, y cualquiera que le conociera bien, sabrían que Francis siembre procuraba verse bien.
-bonjour~ pero que sorpresa… mi buen amigo Gilbo y su dueño, ah, pero no están solos, traen a ese apuesto joven con ustedes…-dijo Francis mientras movía una serie de cuerdas junto a la puerta y después bajo a saludar amistosamente al demonio
-venimos por negocios-Roderich no perdería su tiempo en alharaca innecesaria por parte del rubio más lacio
-no seas tan frio conmigo… sabes que nos conocemos desde hace mucho, además, te creía con mejores modales, o ¿no piensas presentarme a tu amigo?-Francis había saltado de una forma extraña hasta poner nervioso al joven espadachín, sólo por el hecho de tenerlo demasiado cerda, muy cerca para el gusto del joven del otro continente
-s-soy Alfred F Jones… y tú debes ser Francis-Alfred le empujó un poco, y como advertencia, posó su diestra sobre el mango de su espada
-…de acuerdo, no soy tu tipo… y la verdad ni tú el mío, así que lo mejor será que entre nosotros no existan besos y abrazos…claro, sólo si no quieres-la mirada furtiva de Francis era suficiente para que Alfred no le quisiera cerca-en fin… pasen, y con gusto atenderé sus peticiones
Los viejos amigos caminaron prácticamente abrazados al frente, mientras Roderich y Alfred les seguían y hablaban por lo bajo.
-siempre se comporta así… no te lo tomes tan apecho-le dijo el de gafas a su espadachín
-lo sé, pero hay algo en él que no me gusta, además el aspecto de este lugar, las múltiples cerraduras… y la trampa de la escalera-Alfred permanecía alerta, revisando cada rincón del lugar con la mirada
-te diste cuenta de la trampa en las escaleras, eso me agrada… él pone todo eso para que no le roben las pocas cosas que no ha malbaratado o perdido en apuestas, se dedica a eso, apostar, engañar, e incluso me atrevo a decir violar… pero eso gracias al cielo no me consta- el joven realmente estaba contento de que por el rudo trato que siempre le había tenido no había sufrido de los acosos de ese tipejo
-¿y… de que se trata, amigo Rod?-Francis tomaba asiento, igual que todos, en la hermosa sala de despintadas paredes
-no soy tu amigo-aseguró Roderich antes que nada-necesito saber dónde encontrar a un mago, y si de casualidad sabes donde puedan estar los gemelos Vargas, también se agradece
-vas por algo grande, ¿no?... te diré qué haremos… te cobraré una buena cantidad por llevarte en persona con el mago, es un poco testarudo y no hará caso a menos que yo esté con ustedes, y entonces te diré qué ha pasado con los Vargas… por mitad de precio-mientras hablaba, había servido copas de vino a sus invitados, claro que sólo Gilbert la aceptó
-tengo un trato mejor…-se acomodó las gafas y suspiró, no pensó en tener que hacer algo así alguna vez- te daré la mitad de mi fortuna-Alfred no sabía con exactitud cuánto era eso, pero sin duda debería ser una cantidad asombrosa ya que Gilbert escupió el vino que bebía y al pervertido casi se le salen los ojos
-oh mon dieu… ¿qué pretendes pedirme por una cantidad así?-Francis fingió tener algo de pudor ante eso
-tú no vales eso, claro… pero quiero todo cuanto sepas, y para ello necesito que me acompañes, no sólo a buscar al mago o a los Vargas, si no de ahora en adelante hasta resolver "cierto asunto"-el espadachín entendía que Francis no era de la confianza del joven de gafas, porque evitaba constantemente el decirle cualquier información sobre el problema
-de eso se trataba, quieres que arriesgue mi preciada vida… -Francis meditaba, porque sí deseaba todo ese dinero, además no le vendría mal un rato de diversión fuera de ese lugar-digamos que acepto… he de suponer que me pagaras al terminar con esto, pero quisiera una cosa más… quiero el derecho a quedarme con aquello que considere valioso
-cualquier tesoro que encontremos es tuyo siempre y cuando no interfiera con el trabajo
-en ese caso tenemos un trato, Roderich-ambos hombres estrecharon manos, sellando el pacto
-más te vale que por esa cantidad de dinero no te atrevas a mentirme, o haré que él te corte la cabeza-amenazó Roderich señalando con sus ojos al espadachín
-no tienes de que preocuparte, cuando hay riqueza de por medió puedo ser el hombre más fiel que te puedas imaginar… así que, siguiendo con el tema ¿de qué se trata todo esto?
Por varios minutos se explicó nuevamente el asunto de Sadiq y la supuesta cacería que había comenzado. Francis, serio, escuchó cada detalle, casi sin interrumpir.
-…loco tonto… ni yo soy tan imprudente para buscar una cosa así-los ojos azules del rubio mayor se encontraban perdidos en alguna parte del piso, buscaba asimilar toda la información que le acababa de ser revelada-definitivamente necesitamos a Arthur en esto, además de los Vargas… pero con eso tenemos un problema
-¿de qué hablas?-Roderich había fruncido el ceño
-ahora que estoy en esto me siento tan hundido como tú… por eso me preocupa no tener idea de donde está Feliciano
-¿Quiénes son los Vargas de quien tanto hablan?-interrumpió Alfred con genuina curiosidad
Roderich procuró no molestarse por la intromisión y le contestó-espero que conozcas la organización religiosa conocida como "El Vaticano"-el espadachín asintió silencioso-bien… los Vargas, desde pequeños fueron tomados como propiedad de esta organización, ellos tienen una habilidad especial muy particular… pueden percibir y atraer energía, es difícil de explicar, pero puedes imaginarlos como imanes, uno atrae energía positiva y el otro negativa, y es fácil para ellos localizar cualquier fuerza que se les pida… por eso, se procuraba tenerlos separados, aun cuando entre ellos se atraen
-como imanes… que increíble-dijo Alfred, asombrado una vez más por ese misterioso mundo en que se estaba metiendo
-el caso es…-continuó Francis- que nada se sabe de Feliciano, por Lovino no te preocupes, está con Antonio, no muy lejos de aquí
-tendrás que contarme todo lo que sepas de Feliciano en el camino, ahora mismo tenemos prisa, lo sabes bien-ante eso, Francis se paró y al poco rato regreso con una maleta, listo para irse
Caminaron devuelta al carruaje. Al llegar, Elizabeta amenazó con golpearlo al primer intento de éste de querer hacerle algo pervertido, así fuera echar un simple vistazo cuando ella se cambiara de ropa.
Cuatro días después…
-una cantina… debía imaginarlo de un conocido tuyo-En el cielo de aquella gran ciudad portuaria se podían apreciar los últimos rayos de sol.
-Arthur no bebe muy a menudo, deberías verlo como se pone con algunas copas encima, en realidad él me dijo que, si necesitaba algo, podía localizarlo aquí-Francis, y los otros tres entraron a la cantina. Era un sitio pintoresco, con un ambiente agradable y una clientela compuesta de viejos marineros y uno que otro joven corpulento buscando algo de acción
-disculpe-llamó al tabernero que, dándole la espalda, acomodaba unas botellas en la estantería-buscó a Arthur Kirkland
El tabernero, de aspecto terrible, le miró de arriba abajo y luego a sus compañeros-pregúntale a ella…-dijo señalando a una mesera que recogía tarros vacíos de una mesa al otro lado del bar
-señorita, aun cuando creo que este no es un lugar adecuado para una bella dama como usted, espero que pueda ayudarme-Francis había puesto una cara seductora apenas vio a la chica de largo cabello rubio, buen cuerpo y brillantes ojos verdes.
-¿qué diablos quieres, barbudo?-la chica había dejado su charola sobre la mesa y le encaraba, acostumbrada al acoso de los clientes
-buscamos a Arthur Kirkland, soy un viejo amigo… Francis Bonnefoy- Alfred se aguantaba la risa por la cara del otro rubio al ser cruelmente rechazado
-¿para qué lo buscan?-preguntó la chica, con la mirada clavada en Roderich y compañía
-yo soy quien le busca… pero sólo hablare de mis razones con él-fue rudo, pero cortes
La mujer le hizo algunas señas al tabernero, llevó la charola repleta de tarros a la barra, y donde mismo, dejó su mandil-acompáñenme por favor-antes de salir, ella tomó una capa para abrigarse. Caminaron hasta lo más profundo del callejón al lado de la taberna-perdona por desconfiar… pero si vienen con este tipo no puede ser nada bueno, así que… o me dicen de que se trata o nadie hablará con Arthur
-tampoco confió en él-dijo Roderich-así que… sólo puedo decirte que mis intenciones son buenas, altruistas y de ninguna manera busco perjudicar a nadie… bueno, a nadie que no lo merezca
-entiendo…-la chica meditó muy bien aquello, dio unos cuantos pasos dubitativos, y frotó su rostro. Y al siguiente instante, dio vuelta a su capa, cambiando de forma por completo, dejando ver, a un joven de revueltos cabellos rubios, de ojos igualmente verdes y un cuerpo delgado-yo soy Arthur Kirkland, conocido como el último de los grandes magos, discípulo de Merlín y famoso por hacer ilusiones
N/A: hola… realmente siento actualizar hasta ahora, la única razón que tengo es que me cuesta mucho trabajo escribir esta historia, pero igual la amo y quiero verla terminada cuanto antes, es algo que me emociona mucho, porque el sólo imaginar la trama completa es genial y además sería mi primera historia de verdad larga, por eso me demoro mucho, porque la quiero hacer bien
Bueno… ¿qué les pareció el primer capítulo después de la introducción? A mí me gustó, me da un poco de miedo pensar que ya se vienen ciertas escenas de acción, y esas nunca se me han dado bien, pero daré mi mejor esfuerzo.
Me gusta imaginar a Alfred como un chico curioso y hasta cierto punto escéptico, y a Gilbert como el clásico chico enamorado que no dice una palabra aun cuando se muere de celos XD
Arthur acaba de aparecer, eso me llena de ansias, ya quisiera llegar a ciertas partes donde comienza el romance con Alfred, pero tengo que ser paciente igual que ustedes, porque aún faltan muchos capítulos para eso, o quien sabe, quizá no tanto
Francis es todo un pervertido, ya saben, nada fuera de lo usual en él, ya luego se sabrá más de su pasado, de por qué su casa está así y por qué las rosas frente a la fuente
Sé que lo de Feliciano y Lovino quizá no se entienda bien, espero poder explicarlo mejor en el siguiente capítulo donde ya aparece Lovino
Próximo Capítulo: El ritual que nadie debía conocer
Roderich, desconfiando por ser un conocido de Francis, le pide a Arthur una prueba de que es un mago autentico. Una vez satisfecho con la demostración del mago, pregunta más sobre el extraño ritual, Arthur parece muy preocupado ¿tan malo es lo que busca Sadiq? ¿en qué consiste el ritual?
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