Aclaraciones:
Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Alice Morgan y se titula "Mascarada de amor".
En este capitulo la única que narra es Sakura.
Advertencias:
CATEGORÍA: "M".
UA, LENGUAJE ALGO SUBIDITO DE TONO.
N/A: Lamento la demora pero entre los exámenes y los preparativos para las fiestas no tuve tiempo, lo siento… abajo les aclarare las dudas que tuvieron… sin más que agregar, por ahora, los dejo leer… :)
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Capitulo tres:
Durante tres semanas, Sakura permaneció junto a su padrino para brindarle todos los cuidados necesarios. La entristecía ver que el anciano se tornaba cada vez más apático. Su férrea voluntad y su increíble energía parecían haberlo abandonado con la pérdida de su hijo y de su nieta.
Entusiasta jardinero, había pasado largas varias horas de su vida arreglando los coloridos canteros de flores que rodeaban la casa. Sus parques y árboles habían sido la envidia de todo el vecindario. Sin embargo, su rostro y sus manos bronceadas ya comenzaban a empalidecer, puesto que se rehusaba a salir.
La excelente cocina de Kushina no lograba tentar su empobrecido apetito y perdía peso de una manera alarmante. Temerosa de que el corazón del anciano no pudiera tolerar la carga de su constante aflicción, Sakura llamó al médico local por tercera vez en esa semana.
Se encontraba caminando por la sala, mientras que esperaba que el doctor completara el examen físico de su padrino. El sonido de unas pisadas sobre los lustrosos tablones de roble le anticiparon la aparición del médico.
-¿Cómo lo encuentra, doctor Inoichi? –preguntó Sakura sin más preámbulo.
El doctor había atendido a la familia durante mucho tiempo. Había visto crecer a la joven y había estado presente en su boda y en el funeral de su esposo e hija. Admiraba el aplomo de la muchacha frente a semejante tragedia; sabía que sería tonto engañarla con respecto a la precaria salud de su padrino.
-Está empeorando, mi querida. –Notó que unas lágrimas comenzaban a brotar de los expresivos ojos jades de la joven y la tomó de la mano con actitud compasiva. –Lo siento, Sakura. Es un viejo amigo, pero justamente ése es el problema ahora. Su vejes imposibilitará la recuperación, si él no lucha por salir de ese estado de abatimiento.
Sakura se secó las lágrimas con el dorso de la mano y sacudió la cabeza con pesar.
-Lo he intentado todo, doctor pero no funciona. –Caminó hacia la chimenea y clavó los ojos en el enorme cuadro que había colgado sobre la repisa. Allí estaba el coronel en sus años de juventud, con su uniforme militar, sus imponentes hombros y sus penetrantes ojos negros. Era difícil creer que ese vigoroso hombre se había convertido en el anciano endeble que yacía desganadamente en su cama. -¿Qué me sugiere, doctor? Creí que si venía a vivir con él durante unos meses, se reanimaría… pero no fue así.
-Creo que un cambio le haría bien. Me refiero a un cambio de clima. Quizás, algún lugar más cálido podría beneficiarlo. Últimamente a llovido mucho por aquí.
-Ya se lo sugerí, doctor, pero se rehúsa a abandonar su casa. Sin embargo, veré que puedo hacer. Quizás, si lo encaro de otra forma, resulte.
Una súbita idea asaltó la mente de Sakura. Ya no esperaría los resultados de los análisis. No tenía duda de que estaba embarazada y no podía seguir demorándose: correría a ir a contarle la buena nueva a su padrino.
Tomó a Taro del brazo y sonrió al ver la expresión sorprendida del mayordomo.
-Acompáñame, Taro. Quiero que estés presente cuando le cuente la noticia al coronel. Creo que ambos se pondrán muy felices.
Caminaron hacia la habitación del anciano y entraron, luego de dar un breve golpe a la puerta.
Tal como era su costumbre, Sakura corrió a arrodillarse junto a la cama y besó cariñosamente la mano de su padrino.
-Hola, pequeña –susurró el anciano-. ¿Te dijo el doctor que ya no me quedaba mucho tiempo?
-No. Me dijo que eras un viejo testarudo que necesita tomarse una vacaciones –se burló Sakura, tratando de introducir una nota de humor antes de revelar la noticia.
-Con que un viejo testarudo –repitió el coronel, algo molesto; pero, al advertir la expresión pícara en los ojos de su ahijada, se tranquilizó-. Ahora dime la verdad, Sakura. ¿Qué te dijo?
-Que necesitas un cambio. Cree que un corto viaje nos vendría bien a todos.
El anciano sacudió la cabeza para expresar su desacuerdo y luego, echó una mirada a Taro, que se había quedado en silencio junto a la puerta.
-Acércate, Taro. Supongo que tú también eres cómplice en el plan que estos dos bandidos traman para sacarme de mi casa, ¿no es así?
-No, señor, pero creo que sería una buena idea, aunque más no sea, por el Cadillac. Si no le damos uso a ese automóvil, vamos a tener que cambiar la batería.
Una repentina sombra de pena cruzó el rostro del coronel.
-Ya no me importa, Taro –dijo con tono abatido-. No es más que un coche viejo que, al igual que yo, ya ha cumplido su ciclo.
-No, padrino. Eso no es verdad – interrumpió Sakura con vehemencia. Apretó con fuerza la mano de su padrino y se levantó para sentarse en el borde de la cama.
-Ven aquí, Taro, por favor –dijo con vos serena-. Quiero que ambos oigan lo que tengo que decir.
Una expresión de cansancio inundó el rostro del coronel, que lanzó una mirada apática a su ahijada.
- ¿De qué se trata, Sakura? –le preguntó con desgano.
-Bueno, padrino, ¿qué me dirías si te contara que…?
El coronel cerró los ojos e hizo un gesto brusco con la mano, indicando a ambos que se marcharan.
-No quiero oír nada más por hoy.
- ¿Ni siquiera la noticia de que voy a tener un hijo? –preguntó Sakura con tono afectuoso, observando atentamente la reacción de su padrino.
Él abrió los ojos y su ajado rostro se transformó. Unas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas cuando le ofreció los brazos a su ahijada.
- ¡Mi pequeña, mi querida Sakura! ¿Estás segura?
-Si, padrino, estoy embarazada.
- ¿Cuándo te lo confirmaron?
Sakura bajó los ojos y un leve rubor le coloreo las mejillas al sentir un súbito remordimiento por su hipocresía.
-No necesito la confirmación del médico. Una mujer que ha sido madre… sabe cuándo esta embarazada… por segunda vez.
El anciano se incorporó y tomó la mano de la joven.
-Es por eso que perdiste tanto peso, ¿no es cierto? Has estado teniendo náuseas y ni siquiera me lo mencionaste. –Sus manos estaban deformadas por la artritis, pero la noticia de que volvería a ser abuelo parecía haberlas fortalecido.
A Sakura se le llenaron los ojos de lágrimas al ver la felicidad que se reflejaba en el rostro del coronel. La traumática experiencia había válido la pena. "Perdóname, Sasuke", suplicó en silencio. "Te usé de una manera asquerosa, pero era necesario." Estaba segura de que él ya la había olvidado; a lo sumo, la recordaría como una aventura pasajera. Una joven inmoral, empecinada en tener sus primeras relaciones amorosas. La voz de su padrino interrumpió sus pensamientos.
-Taro… ve a la cocina y dile a Kushina que prepare una suculenta comida para esta niña. Y encárgate de que se coma todo hasta el final.
-Pero, padrino… voy a engordar como un cerdo.
-Fuera de aquí. Los dos. Necesito descansar si voy a tener que lidiar con pañales y biberones.
-Aún faltan unos cuantos meses –le recordó Sakura-. Estoy segura de que me embaracé justo antes… de la muerte de Sai.
El coronel observó el rostro de su ahijada. Lo único que le preocupaba en ese momento es el bienestar de la joven.
-Taro, has todos los arreglos necesarios para viajar a Fénix. Esta niña necesita asolearse y descansar.
-Gracias, padrino. –Sakura sonrió y abrazó al anciano, para luego caminar hasta los pies de la cama. –Eso me agrada. Me vendría bien broncearme un poco, antes de que la panza me impida lucir el bikini.
Salió del cuarto detrás de Taro y caminó hasta la cocina. Se sorprendió al percatarse de que se sentía famélica. Se llevó una mano al estómago, tratando de concebir la imagen del hijo de Sasuke.
Si bien la salud del coronel aún seguía preocupando a Sakura, el anciano parecía relegar su propia debilidad para ocuparse del bienestar de su ahijada. Ambos pasaban horas cada día, leyendo folletos de viajes, a fin de decidir dónde alojarse. El jueves siguiente, aún no habían escogido el lugar, cuando Taro trajo la correspondencia.
Sakura comenzó a clasificar las cartas, bajo la mirada atenta de su padrino. Le llamó la atención un sobre beige con letras oscuras, que estaba dirigido al coronel. Provenía del hotel Casa de Oro en Palm Springs.
-¿Pediste información de Palm Springs, además de Fénix? –preguntó la joven con curiosidad.
-No. Mejor ábrelo y veamos qué es. Es probable que sólo se trate de una propaganda –respondió el anciano bruscamente.
Sakura abrió el sobre con cuidado y leyó la carta en voz alta.
-No entiendo. Has ganado una estadía gratis de tres semanas para ti y tus invitados. –Apoyó la carta sobre la falda y echó una mirada al coronel. -¿Sabes algo de esto?
-No. Probablemente sea un truco para vender. ¿Por qué no los llamas y les dices que no estamos interesados? –sugirió él con rudeza.
-Lo averiguaré, pero no parece ser un aviso. Este hotel tiene fama de ser uno de los más destacados de la ciudad. Podría ser una solución a nuestros planes. Pero no entiendo por qué te invitaron. Hace años que no vas a Palm Springs.
-No te sigas demorando. Corre al teléfono. No importa cómo ni por qué. Si esto es auténtico, partiremos mañana mismo.
Sakura llamó desde el teléfono del estudio y, en pocos minutos, le habían confirmado que, efectivamente, su padrino tenía una reservación de tres semanas gratis de estadía en el hotel. No se sabía de donde provenía la oferta, y el gerente pareció contrariado ante la sugerencia de que sólo podría tratarse de un truco publicitario. Casa del Oro no acostumbraba a distribuir cupones para ganar clientela.
Sakura se apresuró para hacer las reservaciones para la tarde siguiente. Llamó a Taro y le indicó que se empacara las cosas del coronel, ya que todos partirían a las diez de la mañana del día siguiente.
Corrió a contar la buena nueva a su padrino y se dirigió a su habitación. Pasó el resto de la tarde frente a su guardarropa, decidiendo que deseaba llevar.
A la mañana siguiente, se sentó junto a su padrino en el asiento trasero del Cadillac. Taro colocó las maletas en el baúl y luego, se ubicó orgullosamente frente al volante, con su gorra y su elegante uniforme oscuro.
Ya se estaban acercando a Redlans cuando, súbitamente, el coronel ordenó a Taro que se detuviera frente al primer restaurante que encontrara.
-Detente cuanto antes, Taro. Quiero mi plato de sopa y Sakura necesita comer. No te olvides de que ahora tenemos que alimentar a dos personitas. No quiero que mi nieto sea un flacucho desnutrido. –Los ojos de anciano se llenaron de lágrimas al pensar en Sai. –Nunca llegué a comprender a mi hijo, Sakura –confesó, con la voz trémula por la tristeza. Luego, miró a su ahijada y le tomó la mano con fuerza. –Tengo el presentimiento de que vas a darme un robusto nieto, que será el orgullo de la marina.
Sakura apoyo la mano sobre la rodilla de su padrino y le sonrió con ternura.
-Puede que tengas razón, padrino. Si llego a tener un niño esta vez, no me sorprendería que compitiera con las hazañas de su abuelo. –Giró la cabeza súbitamente, para ocultar las lágrimas que comenzaban a brotarle.
Visualizó la imagen de Sasuke, tomado de la mano de un pequeño niño. Un chico precioso, con hombros fuertes, cabello y ojos cautivantes de un intenso color negro.
"Dios mío, ¿qué he hecho?". Gimió Sakura en silencio. Su terrible engaño la llenaba de remordimientos. "¿Cómo pude planear deliberadamente un embarazo, para luego negarle al padre el derecho de conocer a su hijo?"
En el momento en el que Taro detenía el automóvil, Sakura sintió que una mano le tocaba el hombro.
-No te atormentes pensando en lo que ya no puede remplazarse –le dijo su padrino, suponiendo que el silencio de la joven se debía a penosos recuerdos de Sai y Sora.
Un consejo bueno, aunque difícil de seguir, pensó Sakura antes de esbozar una sonrisa radiante.
Más tarde, Sakura observaba a su padrino terminar la última cucharada de sopa. Durante toda la comida, había escuchado las protestas del anciano, que afirmaba que el cocinero no sabía como hacer una sopa digerible.
-Quizás provenga de una lata, ¿no crees, Taro?
Sakura dejó una propina sobre la mesa para la irritada camarera y soltó una breve carcajada.
-Con todos los trozos de galleta que echas en la sopa, padrino, me sorprende que puedas adivinar qué es lo que estás bebiendo –dijo a modo de broma, mientras se levantaban para partir.
El Cadillac avanzó hacia el este por los zigzagueantes caminos que atravesaban las ciudades de Beaumont y Banning, para, finalmente, desembocar en la ruta que los conduciría a uno de los centros más distinguidos de Norteamérica.
Taro doblo por un camino que conducía hacia el sureste y aminoró la marcha. Un pintoresco cerco de adobe limitaba un extenso parque de brillante color verde. Casa del Oro apareció como un verdadero oasis en el medio del desierto. Exóticas palmeras bordeaban el sendero que llevaba al lujoso edificio de piedra blanca. Cada cuarto tenía su propio balcón con barandilla de hierro forjado. Los inmensos techos estaban cubiertos de tejas oscuras. Todo el lugar parecía un gigantesco cuadro que brillaba bajo el tibio sol de la tarde.
Sakura estaba ansiosa por disfrutar sus semanas de vacaciones. Deseaba explorar la zona y deleitarse con la tibieza del clima. Las tres horas de viaje hasta Palm Springs la habían extenuado. La imagen de Sasuke no había cesado de atormentarla. Sus nervios estaban tensos y necesitaba estar sola para relajarse y volver a recuperar su aplomo habitual.
Sakura echó una atenta mirada a su alrededor. Casa del Oro la sorprendió por si exquisita belleza. Los lustrosos pisos de cerámica importada, los muebles de estilo español y la profusión de maceteros repletos de gigantescas plantas le resultaron particularmente atractivos.
Luego de ubicar a su padrino en un cómodo sofá, se dirigió hacia el mostrador de recepción. Apenas mencionó su nombre, le sorprendió la efusiva bienvenida del gerente, cuyos ojos parecían estudiarla con especial atención. Un ayudante se acercó para guiarlos hasta la suite. Al entrar en la espaciosa sala, Sakura echó una rápida mirada al decorado: un pequeño bar en una esquina, amplios y confortables sillones, un inmenso televisor a color y una mesa de escritorio con una enorme canasta llena de frutas de estación.
Se volvió cuando oyó entrar a Taro, seguido por un uniformado botones que acarreaba el equipaje. El muchacho apoyó algunas maletas en el suelo y se dirigió a Sakura.
-Si se molesta en seguirme, señora Hatake, la conduciré hasta su habitación. Esta suite solo tiene dos cuartos. Uno para el coronel Hatake y otro para su empleado.
El botones escolto a Sakura por el ascensor hasta el último piso y luego, la guió hacía otra lujosa suite. No bien atravesó la imponente puerta de madera tallada, quedó absorta ante la belleza del lugar.
Sus pies se hundieron en la espesísima alfombra de color castaño. La cama estaba cubierta con una colcha de telar, que combinaba con los soberbios cortinados de los ventanales. A lo lejos, se vislumbraban los escabrosos picos de las montañas. La tentadora cesta de frutas ocupaba el centro de una pequeña mesa de hierro forjado. Varios floreros con perfumados pimpollos de rosas rojas adornaban diferentes rincones de la habitación. Al abrir unos postigos sobre la derecha, se encontró con una inmensa bañera sumergida en el piso.
-¡Santo Dios! –exclamó Sakura, azorada-. Esto no puede ser para mí. Debe de haber un error.
El muchacho observó con desparpajo el encantador rostro de la joven, y sacudió la cabeza.
-No hay error. Nuestro supervisor de reservas dio órdenes precisas para asegurarse de que esta suite quedara a su disposición por tiempo indeterminado.
-Bueno, no pienso quedarme tanto –bromeó ella, mientras se disponía a explorar el cuarto de vestir y el baño. Al regresar, volvió a lanzar otra mirada curiosa a la gigantesca bañera.
-Esa es una piscina de hidromasaje. Es una excelente terapia para relajarse después de una tarde de tenis o equitación.
-¿También eso ofrecen en Casa del Oro? –preguntó Sakura, al tiempo que retornaba a la antecámara.
-Si, además del golf, juego de tejo, torneo e bridge, bádminton, bicicleta y gimnasia.
-Supongo que no habrá tiempo de aburrirse, entonces –comentó ella antes de dirigirse al balcón, que daba sobre el inmenso parque central. Era como vivir en un mundo aparte, pensó, mirando con placer la brillante agua azul de la piscina olímpica, repleta de hombres y mujeres adoradores del sol.
Agradeció gentilmente al botones y se le acercó para entregarle una propina. El muchacho se rehusó a aceptarla, y luego le explicó que la cena comenzaba a servirse a partir de las siete.
-Puede escoger entre una magnifica variedad de suculentas comidas que ofrecemos en nuestro salón comedor, o alguna rápida minuta de nuestra cafetería, que permanece abierta las veinticuatro horas del día. El bar abre al mediodía, y una de las mejores orquestas de la ciudad toca allí cinco noches a la semana.
-¡Esto suena cada vez más paradisíaco! –exclamó Sakura con asombro antes de cerrar la puerta.
Desempacó la maleta, tomó un reconfortante baño y se puso una bata de seda para recostarse en la cama.
La imagen de Sasuke comenzó a atormentarla no bien apoyo la cabeza sobre la almohada. La cama tenía el mismo tamaña de aquélla que había presenciado el estallido de su pasión. El recuerdo de su aventura amorosa se rehusaba a desvanecerse con el tiempo. Ya había pasado cuatro semanas y, sin embargo, podía cerrar los ojos y sentir las masculinas caricias de Sasuke como si estuviera en la habitación.
Se llevó una mano al estómago. Estaba segura de que, en ocho meses, daría luz al hijo de Sasuke. Ocho largos meses, antes de poder abrazar a su niño. Se le llenaron los ojos de lágrimas cuando pensó en su querida Sora. Hundió el rostro en la almohada y, por primera vez desde su regreso de Las Vegas, lloró con desesperación. Pocos minutos después, cayó en un agitado sueño.
…¿CONTINUARA?...
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"ESCENAS DEL PRÓXIMO CÁPITULO":
-Siéntate, Sakura. Luces encantadora pequeña.
Sakura tomo el menú para contemplar la lista de manjares (…) -creo que voy a pedir camarones, padrino.
-Excelente idea, señora… eh… Hatake –la interrumpió la profunda voz de un hombre que se había acercado a la mesa…
¡Era Sasuke!... le temblaron las manos cuando él le quito el menú y se acomodó en su asiento…
-¿Podría presentarnos, coronel? (…) –Sakura, el señor Sasuke Uchiha, propietario de la Casa de Oro y ex capitán de la marina…
-Haga de cuenta que todo… todo lo que tengo es suyo, Sakura (…) tanto al aire libre como el interior…
La mano izquierda de Sasuke se extendió por debajo de la mesa para tomar los dedos temblorosos de la joven…
-Dígame, si alguna vez decidiera viajar sola, ¿no le gustaría recibir la atención de uno… o más… hombres?
-¡No! –El coronel levantó los ojos de su plato de sopa –jamás miró a otro hombre que no fuera Sai. Hoy en día es muy difícil encontrar una mujer tan fiel. ¿No crees?
-(…) no creo haber conocido una sola mujer en quien pudiera confiar (…)
Su boca respondió instantáneamente al devastador beso de los labios masculinos (…) Sus manos instintivamente rodearon el cuello de Sasuke (…) Molesta… dulce, sensual y deliciosa molesta…
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Notas: Les quería aclarar a aquellos que no entendieron, que Sakura si era virgen cuando estuvo con Sasuke, pero también tenía una hija con Sai, sólo les puedo decir que hay muchas maneras de tener un hijo, no les puedo adelantar mucho ya que el como es posible que tuvo una hija es, también, parte del misterio… por cierto perdonen si al principio se les hace aburridos, pero debo subir estos capis para que después se entienda la historia, de todas formas en el próximo ya aparece Sasuke y las cosas se van a poner mas picantes… :)
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Agradecimientos: Les agradezco a todos aquellos que dejaron sus comentarios y también a los que solo leyeron… muchas gracias… :)
*yiyu-saiyan*
*Saikaama a todos*
*narel*
*Diana*
*Mestichan*
Muchas gracias…
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Tomen unos minutitos más de su tiempo para dejar sus comentarios, recomendaciones, etc. Esa es mi manera d saber si debo o no continuar con esta historia, onegai… Además no es necesario tener una cuenta para dejar un "REVIEW".
Me despido hasta la próxima, que será dentro del quince y el veinte de enero… ¡Feliz día de reyes para todos!... y les deseo lo mejor para este año que comenzó…
"…Saku-14…"
