Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Alice Morgan y se titula "Mascarada de amor", en lo personal amo esta historia por eso quise adaptarla a mi pareja favorita. Claro que para ello tuve que cambiarle algunos pequeños detalles.
3-La narración esta tanto de parte de Sasuke como de Sakura, al igual que sus pensamientos.
Advertencias:
CATEGORÍA: "M".
UA, LENGUAJE ALGO SUBIDITO DE TONO Y LIME.
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Capitulo cuatro:
El penetrante sonido del teléfono junto a la cama despertó súbitamente a Sakura. La voz de su padrino la invitó a reunirse en el bar para tomar una copa entes de la cena.
Ella rechazó la invitación y, en su lugar, le propuso encontrarse directamente en el salón comedor. Se dirigió al tocador para maquillarse con esmero y luego, se cepilló el cabello hasta que sus claras ondas de seda brillaron sobre sus hombros.
Se puso una blusa de color terracota y una falda de pana al tono con aplicaciones doradas. Luego, se colgó unas cuantas cadenas de oro alrededor del cuello y se calzó un elegante par de sandalias de tacón alto. Después de rociarse con un delicado perfume, estuvo lista para bajar.
Su llamativa melena, su delicada figura y su exquisito rostro atrajeron un sinfín de miradas cuando se acercó al comedor. Siguió al jefe de camareros a través del oscuro salón y se maravilló al ver que todos los empleados llevaban pantalones negros, camisas blancas plisadas y unas chaquetitas cortas sobre resplandecientes fajas doradas. Todo muy chic.
El coronel se encontraba solo, sentado a una mesa para tres. Sus ojos brillaron con admiración cuando vio llegar a Sakura. Un largo descanso y su repentino interés por la vida le habían dado renovados bríos.
-Siéntate, Sakura. Luces encantadora, pequeña.
Ella se inclinó para besar a su padrino en la mejilla, y luego le preguntó:
-¿Dónde está Taro?
-Sabes que nunca cena con nosotros.
-Pero la mesa está puesta para tres. Pensé que, por fin, había aceptado acompañarnos.
-Nos acompañara el propietario del hotel. Lo acaban de llamar un momento, pero regresará enseguida. Entretanto, podemos ir eligiendo nuestro pedido. No sabía que las comidas venían incluidas en la invitación.
Sakura tomó el menú para contemplar la interminable lista de manjares. No prestó mucha atención a los comentarios de su padrino, que no hacía más que exaltar las virtudes de su anfitrión. Obviamente el anciano había tenido tiempo de explayarse con el propietario antes de la cena.
-Creo que voy a pedir camarones, padrino.
-Excelente idea, señora… he… Hatake –la interrumpió la profunda voz de un hombre que se había acercado a la mesa-. Nuestros platos de mariscos son deliciosos. La brocheta de camarones con tocino es realmente exquisita.
Sakura se volvió, y empalideció de repente. ¡Era Sasuke! Le temblaron las manos cuando él le quitó el menú se acomodó en su asiento. Ella permaneció en silencio; estaba demasiado asombrada como para emitir un sonido. Esperó con la cabeza inclinada, rehusándose a mirarlo. Con los ojos cerrados, rogó tener las fuerzas suficientes para enfrentarlo.
Jamás había pensado en la remota posibilidad de volver a verlo. La súbita aparición de ese hombre le trajo a la memoria los apasionados momentos que juntos habían compartido. Sintió un dolor punzante en el pecho, mientras se esforzaba por recuperar la calma.
-¿Podría presentarnos, coronel? Su nuera parece ser muy… tímida.
Sakura se estremeció cuando la pierna de Sasuke, al moverse, le rozó el muslo. Podía percibir el poder de esos penetrantes ojos oscuros; sabía que él no dejaba de observarla. Incapaz de soportar ese tormento, levantó lentamente los párpados cuando su padrino los presentó:
-Sakura, el señor es Sasuke Uchiha, propietario de Casa del Oro y ex capitán de la marina. Ha sido tan amable de brindarme personalmente la bienvenida.
Los ojos jades de Sakura se oscurecieron, temerosos de mirar por primera vez a Sasuke. Sabía que una sola palabra indiscreta de ese hombre podría poner en peligro la precaria salud de su padrino y, en silencio, le suplicó que permaneciera callado. La ternura que Sakura recordaba se había convertido en una frialdad de acero. El coronel continuó observando a los jóvenes, sin sospechar la tensión que existía entre ambos.
-A usted también le ofrezco mi hospitalidad, señora Hatake –dijo Sasuke con una mueca-. ¿Le molesta si la llamo por su nombre de pila? Espero sepa disculparme, coronel, pero el "señora Hatake", por alguna razón, me suena mal.
Extendió un brazo para tocar la mano de Sakura, presionando deliberadamente la sortija de bodas que la joven llevaba en el dedo anular. Ella retiró la mano y sacudió la cabeza, como respuesta a la pregunta que él acababa de formularle.
-Haga de cuenta que todo… todo lo que tengo es suyo, Sakura. Ya verá que mi hotel es muy completo. Aquí podrá deleitarse con toda clase de placeres. Tanto al aire libre como en el interior.
El coronel estaba encantado con Sasuke y deseaba atraer toda su atención. Se inclinó hacia adelante y, al hablar, quebró la tensión que reinaba en ese momento.
-Le estaba diciendo a Sakura qué amable habías sido, Sasuke, al ofrecernos estas vacaciones gratuitas. Justamente estábamos planeando un viaje a Fénix, cuando llegó tu invitación. Esto me agrada mucho más, ya que no me gusta alejarme demasiado de casa. Tu hotel es magnífico. Debes de estar orgulloso.
Obviamente, el anciano había simpatizado con Sasuke. Era muy raro que el coronel tratara a alguien con tanta confianza. Sakura jamás lo había visto tutear a un extraño apenas después de haberlo conocido. La juventud y la energía de Sasuke parecían haber disipado los últimos rastros de depresión en la figura de su padrino. Los ojos del anciano habían vuelto a brillar.
Sakura permaneció en silencio, mientras esperaba la respuesta de Sasuke. Había entrelazado nerviosamente las manos sobre la falda, rogando que él no mencionara lo de su viaje a Nevada.
-Gracias, coronel. Los cuartos de Casa del Oro han sido varias veces comparados con los de… Las Vegas. Nuestras camas son enormes. Sin suda , eso se debe a mi tamaño.
La mano izquierda de Sasuke se extendió subrepticiamente por debajo de la mesa para tomar los dedos temblorosos de la joven. Al sentir la tibieza de ese contacto, Sakura recordó la intimidad que, alguna vez, había habido entre ambos.
-Claro que usted, Sakura, es tan pequeña, que podría llegar a perderse en nuestras camas.
-¡Difícil! –replicó ella, deseando terminar cuanto antes con esa conversación.
-Bueno, debe reconocer que es lo suficientemente pequeña como para entrar en el bolsillo de un hombre –continuó Sasuke, sin inmutarse por el repentino malhumor de la muchacha-. ¿Le agradaría beber algo antes de ordenar? –le preguntó, perforándola con la mirada-. Nuestro cantinero prepara unos destornilladores excelentes… a menos que lo considere demasiado fuerte para una dama.
Los ojos de Sakura lanzaron chispas de odio para advertir a ese hombre que no se dejaría vencer tan fácilmente. Sintió un momentáneo placer cuando lo vio dar un respingo: el agudo puntapié que había lanzado a la canilla de Sasuke había logrado su cometido. Estaba decidida a enfrentarlo en privado. Tenía que convencerlo de no revelar el secreto a su padrino.
-¿Y bien, Sakura? –la voz del coronel interrumpió sus pensamientos. -¿Deseas beber algo, o no? Si no quieres, ordenemos. Ha pasado mucho tiempo desde el almuerzo.
Los ojos de la joven abandonaron el apuesto rostro de Sasuke para dirigirse a su padrino. Al hablar, suavizó el tono de voz y le sonrió con afecto.
-No quiero nada –volvió a lanzar una breve mirada al joven-, excepto una cena tranquila.
Sasuke llamó al camarero y le ordenó los pedidos. Para ocultar la ansiedad que le provocaban las constantes caricias de unos descarados dedos masculinos sobre su rodilla, Sakura se apresuró a hablar.
-Sus… camareros están vestidos de una manera sumamente chic. Me agradan sus trajes, señor…
-Uchiha. Un nombre bastante fácil de recordar, según tengo entendido. Pero insisto en que me llame Sasuke. Siento como si ya fuéramos íntimos amigos. Lo mismo me ocurre con el coronel, por supuesto –agregó con una sonrisa en los labios.
Sakura continuó, tratando de ignorar la sutileza de ese comentario.
-Le estaba diciendo, señor Uchiha, que…
-¡Sasuke!
-Muy bien Sasuke. Estaba elogiando el atuendo de sus empleados. Están muy de acuerdo con la decoración de estilo español.
-Gracias. Como habrá notado, la mayor parte del personal es de sexo masculino. Aquí vienen muchas mujeres solas. Solteras, divorciadas, incluso algunas… casadas… o viudas. A todas ellas, sin excepción, les agrada ser servidas por hombres apuestos. –Luego, levantó el tono de voz e hizo hincapié en cada una de sus palabras. –Dígame, si alguna vez decidiera viajar sola, ¿no le gustaría recibir la atención de uno… o más… hombres?
-¡No!
El coronel levantó los ojos de su plato de sopa, para comentar con tono áspero:
-Sasuke, no te olvides de que Sakura aún está de luto por la muerte de mi hijo. Hace apenas siete semanas que enviudó. –Extendió un brazo para tomar la mano de su ahijada, creyendo que la palidez de su rostro se debía al recuerdo de Sai. –Jamás miró a otro hombre que no fuera Sai. Hoy en día, es muy difícil encontrar una mujer tan fiel, ¿no crees?
-De hecho, no creo haber conocido una sola mujer en quien pudiera confiar… plenamente. Hasta las más virtuosas suelen poner en prácticas sucias tretas para ganar la compañía de un hombre.
El coronel soltó una risita furtiva.
-Hablas como un cínico, hijo. No te importa que te llame así, ¿verdad? Eres tal como hubiera deseado que fuese Sai. Muchacho terco. Se rehusó a entrar en la milicia.
-Me halaga que me llame de esa forma, coronel, pero, ¿no cree que su hijo pudo haberse sentido intimidado por las formidables hazañas de su padre con los marines? Debe de haber sido muy duro para él.
-Nunca se me ocurrió pensarlo de esa forma. –Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando miró a Sasuke. –Ahora ya es demasiado tarde para rectificarse. Si hay algo en el mundo que de veras anhelas, no dudes en buscarlo. Nunca dejes de expresar lo que tu corazón siente. Suele ser demasiado tarde cuando nos decidimos a revelar a nuestros seres queridos lo mucho que los amamos.
Sakura se rehusó a mirar a Sasuke, pero escuchó atentamente cada una de sus palabras.
-No sólo tengo intenciones de buscar lo que anhelo, coronel, sino que estoy dispuesto a conseguirlo. Siempre tuve por costumbre manifestar lo que pienso, y jamás dejaré de expresar mis deseos.
-Así es como habla un marino, Sasuke –dijo el anciano con una sonrisa, y se inclinó para probar otro bocado de su jugoso bistec.
-Aún no ha probado sus camarones, Sakura. ¿Acaso no son de su agrado? –preguntó Sasuke con tono suave, clavando los ojos en el rostro de la muchacha.
Absorta en la conversación de los hombres, ella había dejado el plato sin tocar. Los camarones tenían un aspecto exquisito, pero sabía que los encontraría insulsos. Con ánimos de desafiar a Sasuke, lo probó. Le resultó delicioso, y se sorprendió. "Obviamente, estoy destinada a gozar con todo lo que me ofrezca este hombre", pensó. "Su sensualidad, su hotel, y ahora, su comida."
-En realidad, no están nada mal, señor Uchiha. –Estaba a punto de probar el arroz, cuando sintió un agudo pellizco en la cintura.
-¡Sasuke! –rezongó él-. Use mi nombre de pila, Sakura.
-Llámalo Sasuke, pequeña. Viviremos aquí durante tres semanas; no es necesario ser tan formal. Sasuke me contó que tiene planeado mostrarnos la zona. De hecho, parece que tiene magníficos planes para cada día.
-¿Qué? –espetó Sakura, y se atragantó con la comida.
-Permítame ayudarla. –Sasuke extendió un brazo y comenzó a frotar la espalda de la joven. –Una vez, conocí una mujer que tosió de la misma manera cuando intentó fumar. ¿Usted sabe, coronel, que su nuera, en muchos aspectos, se parece a esa mujer?
-¿En serio? –preguntó el anciano con curiosidad. Su ahijada era algo especial para él, y no podía creer que existiera una mujer en el mundo que pudiera comparársele.
-Sí. En la inocencia, por ejemplo. Sakura tiene un aspecto virginal. Es difícil creer que haya estado casada.
Sakura quedó sin resuello y palideció de repente.
-Perdone mi rudeza, Sakura –agregó él con voz áspera-. No fue mi intención causarle una pena.
Sin levantar la cara, Sakura aceptó la disculpa, rogando que esa comida finalizara cuanto antes.
-Bien, Sasuke. Esta es la criatura más dulce del mundo. Creo que haría cualquier cosa con tal de verme feliz.
-Cállate, padrino –lo regaño Sakura para impedir que siguiera hablando sobre el tema.
Pero Sasuke se había propuesto continuar con su cuestionario. Estaba sorprendido por todo lo que había logrado averiguar hasta el momento, y no descansaría hasta desentrañar la historia completa de la vida de Sakura. La muchacha lo había cautivado desde aquel breve encuentro en Las Vegas. Le parecía increíble que hubiera estado casada. No parecía posible que un hombre con el derecho legal de hacerlo, no hubiera intentado poseerla al minuto de desposarse.
-Es muy afortunado, coronel, al tener una nuera tan leal. Me pareció oír que también lo llama padrino, ¿puede ser?
-Sí, Sasuke. He sido doblemente afortunado. Críe a Sakura desde que murieron sus padres. La pequeña apenas tenía siete años en ese entonces. Uno de los momentos más felices de mi vida fue cuando se casó con mi hijo.
-Me imagino –acotó Sasuke con voz áspera, y volvió a clavar los ojos en el encantador rostro de la muchacha, que acababa de finalizar su vaso de té helado-. ¿Cuánto tiempo ha estado casada, Sakura?
-Cinco… cinco años –respondió ella suavemente. Dejó el vaso sobre la mesa y se reclinó sobre el respaldo para lanzar una mirada furibunda a Sasuke.
El no pareció perturbarse por la advertencia de esos ojos jades, y continuó con el interrogatorio.
-¡Cinco años! Parece imposible. Debe de haberse casado muy joven. Calculo que, para esa época, tendría unos veintiún años, aproximadamente.
-Correcto –afirmo el coronel-. Aunque mucha gente le calcula menos de veintiséis. Eres muy perceptivo, Sasuke. Debe se ser por tu entrenamiento militar.
-Eh… si es posible –murmuró él, sin apartar los ojos de Sakura. Al advertir el leve rubor que coloreaba las mejillas de la joven, decidió utilizar un tonito burlón-. ¡Qué lástima que no hayan tenido hijos!
-¡Claro que los tuvieron! –exclamó el coronel con orgullo.
-¿En serio? –inquirió Sasuke, sin poder ocultar su asombro.
-Sí. Era la niñita más hermosa de la tierra. Igualita a mi hijo. – La voz del anciano se quebró cuando recordó que jamás la volvería a ver.
-Padrino, por favor… - le suplicó Sakura con los ojos llenos de lágrimas-. No hablemos de eso ahora.
Sasuke había quedado totalmente consternado ante la asombrosa revelación del coronel. Se volvió hacía Sakura, para observar la suplicante expresión en los ojos de la joven. Unos ojos del color de las esmerarlas lo observaban, temerosos, implorando silencio.
"¿Qué diablos está ocurriendo aquí?", se preguntó, confundido. "¿Cómo pudo el sagaz anciano creer que su ahijada había dado a luz a un niño de su hijo?
Sakura captó la confusa expresión de Sasuke y bajó los ojos de inmediato, para ocultar sus propios pensamientos. "¡Dios mío! ¡Cuánto me debe de estar odiando ahora!"
Sasuke permaneció callado, a pesar de su furia. Lo había conmovido la reacción de Sakura al oír el comentario sobre la muerte de su pequeña hija. El diminuto cuerpo de la joven se había estremecido, y él le había tomado la mano hasta detener el temblor. La pena de la muchacha era evidente; sin embargo, lo había desafiado, devolviéndole el compasivo gesto con una breve mirada de orgullo.
"¿Al diablo con la inolvidable molestia! Su mirada ingenua no concuerda en absoluto con su apasionado comportamiento en Las Vegas. Mi Dios, ¿qué otras sorpresas me deparará el destino?", se preguntó con rabia. "Casada durante cinco años, madre de una pequeña niña, y aún así, viene a mí… ¡para suplicarme que la seduzca!"
Sasuke sabía que el matrimonio de Sakura había sido platónico y que la niña no podía ser de su carne. Más tarde, le exigiría la explicación de su misterioso comportamiento. Si ella se rehusaba a cooperar, no dudaría en desentrañar el enigma, interrogando discretamente al coronel, o a su empleado.
Por el rabillo del ojo, vio que el camarero se acercaba con el postre. Soltó la mano de Sakura y sonrió al coronel. Ese anciano lo intrigaba. A pesar de sus rudos modales, había simpatizado con él en forma inmediata. Era evidente el cariño que Sakura sentía por su padrino. Cada vez que lo miraba, su encantador rostro expresaba ternura y su voz se tornaba suave y afectuosa.
"¡Maldito sea! ¡Espero que sea consiente de lo afortunado que es!, pensó Sasuke con unos celos terribles.
El camarero se acercó con su carrito repleto de pasteles, masas y tortas cubiertas de crema. Sakura, que normalmente tenía una especial atracción por lo dulce, miró los manjares con total desinterés. Ya no podía tolerar el hecho de conversar con Sasuke como si fuera un perfecto extraño. Tenía que levantarse de la mesa, o terminaría por desplomarse allí mismo.
-¿Desean algún postre? –les preguntó Sasuke con cortesía.
-No –respondió ella, mirando al coronel, que acababa de señalar un pastel de chocolate-. Padrino… ¿podrías disculparme, por favor? Estoy muy cansada y tengo un terrible dolor de cabeza.
Ansioso por saborear su pastel, el coronel le indicó con un gesto que partiera.
-Yo me quedaré aquí, conversando con Sasuke. De todos modos, nosotros, los militares, hablamos de cosas que una mujer no entendería. ¿No es cierto, hijo?
Sasuke posó los ojos sobre el rostro de Sakura, alarmado por la súbita palidez de la muchacha. Se puso de pie para ayudarla a levantarse y, al mismo tiempo, respondió al coronel de manera espontánea.
-No creo que las mujeres de nuestra milicia aprobaran su machismo, señor. –Cuando Sakura pasó a su lado, la tomó del brazo y le habló con sincera preocupación. -¿Se encuentra bien, Sakura?
-Sí… sí, estoy bien. –El repentino interés de Sasuke en su bienestar terminó de destruirla. Le lanzó una mirada punzante y susurró: -Gracias por la excelente comida, Sasuke. –Se volvió hacía el coronel y se inclinó para besarlo en la frente. –Buenas noches, padrino. Se supone que no debes comer dulces, ¿sabes?
-Ve a dormir, pequeña. Ya bastante pocos placeres tiene un hombre de ochenta y dos años, como para que encima lo priven de la comida.
Sakura se volvió abruptamente y salió del comedor, deseando llegar lo antes posible a la intimidad de su cuarto. Después de un breve paseo en ascensor, abrió la puerta con un suspiro de alivio.
En ese momento, agradeció estar lejos de su padrino. El impacto de ver a Sasuke le había destrozado los nervios, y necesitaba estar sola para recuperar su aplomo habitual.
En unos pocos minutos, se desvistió y se acostó en la inmensa cama. La imagen de Sasuke la atormentó durante horas hasta que el dolor de cabeza se tornó insoportable. Como no lograba conciliar el sueño, decidió aprovechar los poderes terapéuticos del hidromasaje.
Se quitó el camisón y se acercó a la bañera para sumergirse en la reconfortante tibieza del agua. Cerró los ojos y dejó que el masaje aliviara las tensiones de su cuerpo.
De pronto, oyó el sonido de una puerta que se abría. Recordó haber pasado el cerrojo de la entrada principal; por lo tanto, debía tratarse de la pequeña puerta que había junto a su cama. Ya una vez había intentado averiguar adónde conducía, pero la había encontrado trabada. Extendió una mano para alcanzar la toalla cuando, de repente, apareció Sasuke.
El se detuvo en la entrada para observarla. Sólo llevaba puesta una bata corta, que dejaba ver sus esculturales piernas y su perfecto pecho. Al percatarse de que esa prenda era lo único que lo cubría, Sakura salió de su ensueño.
-Retírate, Sasuke.
-No esperarás que me vaya, después de todo lo que me costó encontrarte, ¿verdad? Mi intención era volver a tenerte, ¡y de ninguna manera dejarte! –Se acercó a la bañera y, luego de quitarse la bata, se sumergió en el agua.
Sakura gritó e hizo un movimiento para salir de la tina, pero Sasuke la tomó del tobillo y la atrajo hacia sí.
-Ven acá, Sakura.
-No. No, Sasuke… ¡no! –Desesperada ante la tentación que comenzaba a invadir su cuerpo, luchó y se retorció, tratando de apartarse.
-¡Ya deja de forcejear! –le ordenó él con mirada severa.
Como sabía que llevaba las de perder, Sakura trató de engañar a su opresor. Fingió no oponer resistencia, esperando que Sasuke la soltara, para huir. Estaba a punto de salir del agua, cuando fue detenida abruptamente. Con infinita ternura, él la tomo de los hombros y dejó escapar un profundo gemido al observarle el cuerpo desnudo.
Sasuke la estrechó entre sus brazos, y ella lanzó una exclamación, entregándose al placer erótico de este contacto. Su boca respondió instantáneamente al devastador beso de los labios masculinos. Esa salvaje caricia era lo que necesitaba. El tiempo parecía detenerse en los poderosos brazos de ese hombre.
Sus manos instintivamente rodearon el cuello de Sasuke, para atraerlo hacia sí e intensificar el beso. Se sentía abrumada por la sensualidad, la dulzura y el erotismo de los labios masculinos.
Los roncos gemidos de la joven detuvieron a Sasuke, que se apartó de inmediato por temor a lastimarla.
-Molestia –gruñó, deslizando los labios sobre el cuello de Sakura-. Dulce, sensual y deliciosa molestia. Te has apoderado de mis noches durante todas estas semanas.
Sakura dejó escapar un gemido, estupefacta ante el desenfrenado fervor de Sasuke.
-¿Cómo lo… lograste encontrarme? –le preguntó con mirada sensual.
-Cállate, Sakura. Eso no es importante. Sólo esto importa. –Volvió a apoderarse de de los labios. –Sólo esto, molestia. –Alzó a la muchacha fuera del agua y deslizó la boca hasta la curva de sus senos. –Dios mío, eres increíblemente hermosa.
Sakura gritó de placer al recibir el contacto de esos masculinos labios sobre su piel. Su pequeño cuerpo no cesaba de estremecerse ante cada nueva caricia, y el corazón comenzó a latirle con fuerza.
-Detente… detente, Sasuke… por favor. ¡Ya no puedo resistirlo! –exclamó con violencia-. Ya basta, por favor.
-¿Ah, sí? –gruñó él, mientras le besaba la delicada piel del abdomen-. ¿Y tienes coraje de ordenarme que no siga?
-Sí… no… ay, no te detengas.
Sasuke la volvió a bajar para estrecharla contra su pecho.
-Así está mejor.
Casi sin aliento, Sakura se acurrucó bajo el musculoso cuello masculino.
-Temí que… que fueras a hacerme el amor en el agua.
-No. Con esta temperatura, no. La verdad es que no soy ningún adonis sexual, y con el agua caliente, me resulta algo difícil. Ahora bien, si quieres apagar el termostato o probar con la ducha, ¡ya la cosa cambia!
-No te burles, Sasuke. No deberíamos estar aquí… desnudos.
El soltó una ronca carcajada.
-Deja de hacerte la pudorosa. Yo soy el hombre al que le entregaste tu virginidad, ¿recuerdas?
Apagó la unidad de hidromasaje y arrastró a Sakura fuera de la bañera. Caminó sobre el piso de alfombra con toda naturalidad; su desnudez parecía no perturbarlo, como si hubieran estado viviendo juntos durante años.
Sakura se sentía indefensa junto a ese hombre. Sus instintos libraban una dura batalla contra sus principios morales, mientras observaba la masculina belleza de ese cuerpo y pensaba: "Te deseo, Sasuke. Una vez más, por favor."
Avergonzada ante sus propios pensamientos, inclinó la cabeza y se volvió para tomar una toalla con qué cubrirse.
Sasuke la alzó entre sus brazos con increíble dulzura.
-No te hará falta eso, Sakura –susurró, mientras caminaba hacia la cama-. Sólo necesitarás mis brazos, querida.
-Pero… ¿cómo fue qué?
-No admito preguntas esta noche. No importa cómo o por qué –la interrumpió él a modo de advertencia. Luego, la depositó sobre las sábanas, hizo a un lado la toalla y comenzó a explorar los femeninos contornos de su cuerpo.
La voz de Sasuke retumbó por la habitación al expresar una y otra vez su deseo de poseer a Sakura. Ella no opuso resistencia cuando se vio forzada a separar las piernas. La necesidad de entregarse era aún más intensa que en Las Vegas. Las semanas de separación habían excitado sus sentidos hasta un punto intolerable.
Sasuke se inclinó hacia adelante para satisfacer por fin el ardiente deseo de ambos.
-¿Estás contenta, molestia? –le preguntó, presionando las caderas de Sakura contra su propio cuerpo-. ¿Ya te sientes satisfecha, después de haber logrado hechizar mis sentidos para siempre?
-Mmmm… -gimió ella-. ¿Tú qué crees?
Sasuke se estremeció.
-Creo que hablas demasiado.
Sakura arqueo la columna, ansiosa por recibir el cuerpo tenso de ese hombre, que postergaba el encuentro del enlace con su estricto control.
El soltó un ronco gemido y bajó las caderas para sentir el incontrolable temblor de los muslos femeninos, cuando el punzante sonido del teléfono les perforó los tímpanos. Automáticamente, Sasuke extendió un brazo hacia el auricular, pero ella lo detuvo.
-No contestes, Sasuke. Se supone que estoy sola. –El aparato sonó por segunda vez mientras él se lo alcanzaba a Sakura, quien, al levantar el fono, oyó la agitada voz de Taro.
-¿Podría venir, señorita Sakura? Se trata del coronel.
Todo rastro de pasión abandonó súbitamente el cuerpo de la joven.
-¿Qué ocurre, Taro? –exclamó-. El padrino está bien, ¿verdad? No ha sufrido ningún ataque, ¿no es cierto?
-No, no es nada serio. Sólo está algo indispuesto por el pastel que comió. Sabía que no debía probarlo, pero ya sabe lo porfiado que es. Ahora, no puede dormir y quiere que usted baje a mimarlo.
Ya más aliviada, Sakura le aseguró a Taro que bajaría apenas terminara de vestirse.
Colgó el auricular y miró a Sasuke, que estaba de pie, junto a la cama, con la bata puesta. La sola presencia de ese hombre era reconfortante. Su mirada no expresaba reproche por la súbita interrupción, sino un genuino interés en el bienestar de su padrino.
-Vístete, Sakura. yo también me pondré algo, e iré a hacerme cargo del coronel.
Caminó hacia su suite, y cerró la puerta que comunicaba ambos dormitorios. Sakura se apresuró a cambiarse, se cepilló el cabello y salió al vestíbulo.
Pocos segundos después, entraba en la habitación de su padrino. Se conmovió al ver al anciano tendido en la cama con una expresión culpable en el rostro.
-¡Qué vergüenza, padrino! Apuesto a que ahora desearías no haber comido pastel –lo regaño a modo de broma, al tiempo que se sentaba en el borde de la cama y le daba unas palmaditas en la mano.
-No fue el pastel de Sasuke. Fue la porquería que comimos al mediodía. Sabía que la comida de ese pestilente lugar no era buena.
Sakura río ante las excusa de su padrino para defender a Sasuke. Levantó los ojos y lo vio, vestido informalmente con unos vaqueros y una camisa. No bien él entró, toda su fortaleza pareció invadir la habitación. Sakura sintió que, por primera vez, podía delegar en alguien más el cuidado de su padrino. Al igual que el anciano, ella sabía que Sasuke se haría cargo de todo.
-¿Cómo se siente, coronel? –preguntó él con sincera preocupación.
-No tan bien como para comandar un batallón de combate, hijo.
-Bueno, mi médico ya está en camino –le aseguró Sasuke-. Llegará aquí en pocos minutos.
-¿Cómo supiste que estaba enfermo, Sasuke? –preguntó el coronel con el rostro pálido de dolor.
-Me lo dijo Sakura. Pero no hable ahora. Nos quedaremos con usted hasta que pueda dormirse.
-¿Pero qué pasará con tu descanso? –inquirió el anciano.
-Yo no soy de dormir mucho, y me agrada tener a alguien con quien conversar en la noche. –Al mirar a Sakura, advirtió las marcas de profundo cansancio que comenzaban a reflejarse en la muchacha. –Tan pronto como Sakura se asegure de que usted se encuentra bien, la enviaremos a su habitación. Parece extenuada. ¿De acuerdo, señor?
-Correcto. Puede que a ti te haga caso. Ignora todo cuando le digo.
-¡Eso no es verdad, padrino! –replicó Sakura.
-¿Ves cómo me trata, Sasuke? Me parece que te voy a encargar el cuidado de esta niña. Necesita una mano firme de vez en cuando.
Los ojos de Sasuke se toparon con los de la joven.
-Me parece muy bien –respondió con voz áspera-. Creo que podré encontrar alguna forma de educarla sin que nos cause ninguna "molestia".
Sakura apartó la mirada, y un leve tono rosado coloreó sus mejillas. El sutil comentario de Sasuke acarreaba una seria advertencia. Sus instintos le decían qué tipo de castigo podía infligir ese hombre.
Se retiró del cuarto cuando llegó el médico de Sasuke. Luego de unos cuantos minutos, el doctor regresó a la antecámara y le aseguró que su padrino se pondría bien. Le había dado un sedante y algunos remedios para el corazón. Con sólo cuidarse en las comidas, el anciano no tendría más problemas, le dijo el doctor antes de partir.
Sasuke abrió la puerta del dormitorio y le indicó que pasara. El coronel ya se encontraba descansando y, con los ojos semicerrados, musitó:
-Ve a dormir, pequeña. Sasuke prometió quedarse conmigo por esta noche, y ya no te necesito. Nosotros, los marines, sabemos cómo cuidarnos mutuamente.
Sakura se arrodilló junto a la cama y abrazó al anciano.
-Me alegra que estés bien, padrino. ¡Cre… creo que no podría tolerar perderte a ti también!
-Cállate, pequeña, y vete a la cama. Necesitas descansar.
Sasuke asintió, y le indicó a Sakura que se marchara. Su mirada oscura le aseguró que cuidaría del anciano durante toda la noche. Ella sonrío con infinita ternura, y se retiró a su propia habitación.
Se sintió algo mareada mientras se preparaba para acostarse. La fuerte personalidad de Sasuke la había abrumado durante toda la velada. Se sentía inmensamente feliz, pero estaba demasiado cansada como para analizar las razones, y apoyó la cabeza sobre la almohada.
En pocos minutos, cayó en un profundo sueño; el más profundo y curativo sueño desde la muerte de Sai y Sora. Inconscientemente, había depositado toda la responsabilidad del cuidado de su padrino sobre los hombros de Sasuke. Y él había aceptado la pesada carga sin siquiera titubear.
…¿CONTINUARA?...
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GLOSARIO:
Fono: Tiene muchos significados, en este caso sirve para definir al auricular del teléfono.
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"ESCENAS DEL PRÓXIMO CÁPITULO":
Sakura se sentía satisfecha, la idea de compartir con Sasuke las próximas tres semanas la llenaba de felicidad.
-Tiene mucha suerte de ser la amante del señor Uchiha (…) -¡Yo no soy su amante! (…) –Es inútil que lo niegue, esta durmiendo en la suite del señor (…)
Se despertó sobresaltada al sentir el suave contacto de unos labios masculinos sobre su boca (…) -¡No hagas eso, grandísimo tonto! (…) Maldición, Sasuke… no tienes derecho a tratarme con tanta intimidad (…) -¿Qué no tengo derecho? Debes de estar bromeando, yo soy el único hombre del mundo que tiene todo el derecho.
Sakura permaneció inmóvil, bajo las caricias masculinas. Ese contacto erótico le producía una sensación extática, difícil de tolerar (…) –Te deseo. Deseo acariciar cada centímetro de tu cuerpo (…) tus pechos, y sentir los pezones endurecidos bajo mis dedos (…)
¡Maldición, Sasuke! Taro puede estar observándonos en este preciso instante… -¿Y qué? Ya le dije que te amaba y que estaba resuelto a casarme contigo (…)
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Espero que le haya gustado, se que dije que traería más tarde este capi, pero tengo dos razones importantes por lo que lo traje antes… la primera me emocione con sus comentarios y pues entre a escribir y no pare hasta terminar… y lo segundo es que en febrero tengo más exámenes que dar, así que aunque me tome mi tiempo para escribir quería asegurarme de subirles este por las dudas de que me tarde un poquito más de la cuenta…
Bueno eso era todo, ahora sin más les agradezco a todos aquellos que dejaron sus comentarios y pusieron en sus favoritos y alertas a esta historia.
*antu2309* (2)
*yiyu-saiyan*
*Queen-Of-The Shadow*
*Hatoko Nara*
*Miisaki-chan*
*Queen Scarlett*
*.dina*
*okami-onna*
"MUCHAS GRACIAS"
Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta la próxima.
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"…SaKu-14…"
