Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Alice Morgan y se titula "Mascarada de amor", en lo personal amo esta historia por eso quise adaptarla a mi pareja favorita. Claro que para ello tuve que cambiarle algunos pequeños detalles.
3-La narración esta tanto de parte de Sasuke como de Sakura, al igual que sus pensamientos.
Advertencias:
CATEGORÍA: "M".
UA, LENGUAJE UN POCO VULGAR, TENSIÓN SEXUAL Y LIME.
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Capitulo siete:
El día siguiente amaneció hermoso; el tibio sol de la mañana acarició dulcemente a Sakura cuando se acercó al ventanal para abrir la puerta que daba a la terraza. Se había despertado muy temprano; el recuerdo de su enfrentamiento con Sasuke no había dejado de acosarla un solo instante.
Veintiún días. Tres semanas era todo el tiempo que tenía. Entonces habrían trascurrido menos de tres meses desde el funeral. Un lapso muy corto entre la muerte de Sai y la culminación del plazo de Sasuke. Sus amigos quedarían estupefactos y su padrino, horripilado, ante la idea de verla casada por segunda vez en tan poco tiempo. Ni siquiera un intervalo decente, exclamarían todos con tono crítico. Pero, ¿cuál era el período de luto socialmente aceptable? ¿Seis meses? ¿Un año? ¿Por qué razón un determinado día tendría que ser más correcto que otro?
Las palabras de Sasuke le vinieron a la mente. Había afirmado que le sería imposible ir en busca de otra mujer si ella llegaba a morir.
¡Verdad! ¡Cuánta verdad había en esas palabras! Si (Dios no lo permitiese) Sasuke le era arrebatado, Sakura sabía que le resultaría repugnante la sola idea de que otro hombre pudiera llegar a poseerla. Quizás, el intervalo decente estaba más relacionado con la intensidad del amor que con la costumbre social. El recuerdo de Sasuke demandaría una eternidad.
Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero trató de reprimirlas. La vida debía continuar. Sus días con Sai se habían deslizado hacia el pasado al instante de entrar en el bar la tarde anterior. En ese inolvidable momento, Sakura había admitido el devastador amor que sentía por Sasuke.
Volvió a tener un arrebato de ira mientras se vestía. No había oído ningún sonido en el cuarto contiguo, pero las paredes eran muy sólidas como para percibir los ruidos. ¿Acaso Sasuke decidiría irrumpir en la habitación para exigirle que se sometiera a sus caprichos? Tenía que ser muy tonta para ni imaginar las intenciones de ese hombre. Sin lugar a dudas, la utilizaría a su antojo. Ya había demostrado tener un inmenso poder, aunque toda su fortaleza era innecesaria: con sólo una mirada, una simple caricia, tenía a Sakura en sus manos.
-Santo Dios –gimió ella-, cuánto necesito el amor de ese hombre…
Sintió un temblor en la boca del estómago cuando caminó hacia el baño para aplicarse el maquillaje. Se sonrojó al recordar el íntimo beso de Sasuke en la piscina. Esas masculinas caricias habían despertado en ella un apremiante deseo muy difícil de controlar. Se roció con unas últimas gotas de perfume y sacudió la cabeza, intentando poner punto final a esos confusos pensamientos.
Al diablo con Sasuke. Iría a ver a su padrino para disfrutar de un agradable desayuno y luego, partiría en taxi hacia la ciudad. Se rehusaba a ser intimidada. Si él esperaba a verla acurrucada en un rincón como una tímida e inocente chiquilla, estaba muy equivocado. Sakura podía ser una esclava de sus propios deseos sexuales, pero jamás se sometería a los caprichos de ese hombre.
Caminó hacia la cafetería con paso decidido. La corta falda de su vestido ocre parecía flotar alrededor de sus piernas. Los altos tacones de sus sandalias golpearon con fuerza sobre el piso de cerámica cuando penetró en la claridad del salón.
Se desalentó al ver a Sasuke sentado a una mesa para cuatro frente a Taro y su padrino. Llevaba puesta una camisa de mangas cortas que destacaba el impotente tamaño de sus hombros y el profundo bronceado de sus musculosos brazos.
"Es magnífico", pensó Sakura mientras caminaba hacia la mesa. Un hermosísimo macho en la flor de la vida. Vigoroso, masculino y totalmente consciente de su poder sobre las mujeres.
-Bienvenida, Sakura. Llegas en el momento oportuno. Llamé a tu habitación y, al ver que no contestabas, supuse que ya estabas en camino. Estamos a punto de ordenar. –La tomó del brazo desnudo y, al ponerse de pie para ayudarla a sentarse, le acarició la espalda subrepticiamente.
-¡Ya era hora! –refunfuñó el coronel-. Quiero mi plato de cereal. No puedo empezar el día sin mi avena –les informó, aun cuando a los jóvenes no parecía interesarles-. Y aquí la preparan muy bien. Cocinan la avena a la manera antigua, como se supone que debe comerse. No con esas basuras instantáneas que hacen ahora. ¿Verdad?
-Sí, padrino –se rio Sakura-. Ya sabemos que comes avena todas las mañanas y un plato de sopa antes de empezar cada cena.
-A ti también te haría bien pequeña. Estás demasiado flacucha. ¿No es cierto, Sasuke?
El muchacho giró la cabeza para clavar los ojos en los redondeados senos de Sakura.
-Es una joven delgada, coronel, pero no demasiado. –El pecho de Sakura comenzó a jadear con nerviosismo cuando él continuó, como siempre, sin perturbarse por la inquietud de la muchacha. –De hecho, creo que tiene una figura absolutamente perfecta. Hasta donde pude ver, ¡por supuesto! –agregó con tono burlón. Lo cual era todo, le recordó a Sakura con la mirada.
Sakura estudió el menú y decidió que café y un panecillo sería suficiente.
-Y traiga un enorme vaso de jugo de naranja para la joven dama, Yuri–agregó Sasuke.
-No quiero jugo, Sasuke –se negó Sakura, sumamente molesta al ver que él no le permitía cuidar de si misma.
-No me importa si lo quiere o no; tendrá que beberlo de todos modos. Una mujer embarazada necesita vitaminas para dar a luz a un niño saludable.
-Qué coraje… -masculló ella entre dientes.
-Sasuke tiene razón, Sakura. Haz lo que te dice. Todos queremos que nuestro bebé sea robusto, ¿no es cierto? –preguntó el coronel, sin saber que sus palabras eran precisamente las correctas.
-Así es. Todos deseamos que nuestro bebé y su madre gocen de una perfecta salud –asintió Sasuke, deleitándose con la creciente inquietud de Sakura.
¡Maldición!, pensó ella en silencio, bajando los párpados para ocultar la chispa de furia que brillaba en sus ojos. "Este hombre actúa como si ya tuviera todo el derecho de controlar mi vida. Es una bestia arrogante."
-¿Más café, Sakura? –inquirió Sasuke cuando la camarera regresó con la jarra.
-Sí, gracias –se apresuró a contestar ella, irritada ante la seductora sonrisa de la atractiva pelinegra que los servía. La enfurecía la forma en que esa mujer trataba de presionar el cuerpo contra Sasuke cuando se inclinaba sobre la mesa. Sintió deseos de decirle que lo dejara en paz. Ese hombre le pertenecía… era total e irrevocablemente suyo.
"Dios mío, estoy reaccionando como una esposa celosa", pensó. "Este hombre ha perturbado mi calma, me ha amenazado, mi vida es una ruina, y sin embargo, anhelo tanto que me bese, que apenas puedo mantenerme sentada a su lado sin tirármele encima."
Sasuke pasó una mano por debajo de la mesa para acariciarle el muslo primero y luego, frotarle la rodilla con movimientos lentos y seductores. Ese contacto sensual terminó por enloquecerla.
-Eh… ¿qué decías padrino? –le preguntó, tras haber ignorado las palabras del anciano.
-Te pregunté si sabías cuáles son los planes de Sasuke para hoy. ¿Qué pasa contigo, pequeña? Te has estado comportando de una forma muy peculiar desde que llegamos aquí.
-Déjela, coronel. Según tengo entendido, las mujeres embarazadas siempre actúan de una manera muy extraña –se mofó Sasuke-. O quizás, la compañía de tres hombres encantadores durante todo un día haya terminado por abrumarla.
La fuerte carcajada del coronel se entremezcló con la mirada comprensiva de Taro. El mayordomo sabía que era lo que estaba ocurriendo. Al verle esa expresión en los ojos, Sakura supo que el fiel empleado estaba pensando en las confidencias de Sasuke.
-Sakura, te hice una pregunta –la regaño su padrino.
-Eh… ¿cómo? –Entonces recordó súbitamente.- No.
-Te olvidaste, ¿no es cierto? La primera noche te dije que Sasuke había hecho planes para cada día de nuestras vacaciones. Hoy nos llevará a dar un paseo.
-¿En tu Cadillac? –preguntó ella con curiosidad. Sabía que el anciano se rehusaba a viajar en otra cosa; sin embargo, le costaba imaginarse a Sasuke permitiendo que otro hombre le hiciera de chofer.
-¡Claro que no! Sasuke nos llevará en su automóvil. Taro y yo iremos en el asiento trasero. Será un gran cambio para ti, ¿eh, Taro? –preguntó el anciano con una risita.
-Sí, señor coronel. –Taro sonrió, feliz de que lo incluyeran en los entretenimientos del día.
-Sasuke me mostró su nuevo Lincoln Continental –comentó su padrino con orgullo-. Puede que me compre uno cuando regresemos a casa. Tú sabes, el hombre tiene que avanzar junto con el progreso.
"Santo Dios"… No puedo creerlo", pensó Sakura. "El viejo diablo es un verdadero tránsfuga." Pero lo amó aún más por su inconstancia.
-Bueno, no sé qué piensan hacer ustedes tres, pero yo voy a ir en taxi hasta la ciudad y pasaré el día haciendo compras –anunció ella con arrogancia.
-No, no. Hoy no lo hará –le informó Sasuke con calma-. Anoche se sintió enferma y creo que lo mejor sería que hoy descansara. Un agradable paseo te sentará incluso mejor que el de anoche.
-¡Padrino! –Sakura se volvió hacia el anciano, suplicándole que ubicara a Sasuke en su lugar.
-Obedece a Sasuke, pequeña. Estoy seguro de que él quiere lo mejor para ti. ¿Verdad, Sasuke?
-Verdad, coronel –respondió él, y su brevísimo comentario advirtió a la joven que debía tener cuidado.
Sakura decidió que ya había tenido bastante y se levantó. Si llegaba a oír otro "¿verdad, Sasuke?" en boca de su padrino, podría estallar.
-Discúlpenme, por favor. Voy a retocarme el maquillaje. –Sin mirar atrás, se retiró del salón. La furia que tenía amenazaba con anular su sentido común. Como necesitaba descargarse, decidió subir por las escaleras y, a medida que ascendía, insultaba a Sasuke de todas las formas posibles.
Al entrar en la suite sufrió un impacto terrible, ya que lo encontró sentado al borde de la cama, con las piernas cruzadas y los ojos fijos en el reloj de pulsera.
-Un minuto y cincuenta y ocho segundos. Bastante bien, pero el ascensor es más rápido.
-¡Maldito seas, Sasuke! ¿Qué estás haciendo en mi habitación? –preguntó ella, temblando de ira ante la osadía de ese hombre.
-Estoy reposando en mi cama y en mi habitación. Tú estás viviendo en mi suite –le recordó él con tono burlón.
-Ya lo sé. ¿Qué pretendes de mí?
-¿Y te atreves a preguntar eso sabiendo que estoy lleno de frustración debido a tu intermitente juego de amor?
-¿Intermitente? Hablas como si estuvieras leyendo un pronóstico meteorológico –replicó Sakura en forma insolente, y lo esquivó para dirigirse hacia el cuarto de baño, dispuesta a encerrarse en el interior. No le importaba quedarse allí por el resto del día, siempre y cuando pudiera liberarse de las burlas y sarcasmos de ese hombre.
Sasuke adivinó las intenciones de la joven y se levantó súbitamente para interceptarle el paso. Sakura retrocedió, y entonces él extendió un brazo para tomarla de de la cintura con violencia.
-¿Qué te parece esto para un informe meteorológico? Días frescos y noches cálidas durante las siguientes tres semanas, con turbulencia erótica y posibilidades de fuertes huracanes sexuales.
-Eres un… un maníaco.
-Cierra la boca. El coronel y Taro nos están esperando. Sólo vine para quitarte ese repentino arranque de malhumor; y empezaré ahora mismo.
Con un rápido movimiento, se apoderó de la boca de Sakura. se enfureció al ver que ella mantenía los labios cerrados y le tomó el rostro con rudeza para forzarla a rendirse.
La muchacha luchó con desesperación para demostrarle a ese hombre que no lograría usarla a su antojo. Forcejeó con tanta violencia, que consiguió soltarse para por un breve momento.
-¡Bestia arrogante! -exclamó con expresión desafiante. El gigantesco tamaño de Sasuke era de veras amedrentador. ¡Al diablo con él! Los magníficos ojos jades de Sakura reflejaron sus rebeldes pensamientos.
Sasuke esbozó una leve sonrisa y su actitud irritó aún más a la muchacha.
-¿Por qué no me aplicaste ese horrible castigo esta mañana cuando te despertaste? –le preguntó, ofuscada.
-Porque, mi querida cascarrabias, dormí en mi casa. Como estaba tan enfurecido por tu engaño, sabía que, si me quedaba aquí, iba a pasar la noche impartiéndote varias cuotas de ese "horrible castigo", que tú deseas tanto como yo. Contigo, prefiero hacer el amor antes que tener una mera relación sexual.
-¿Existe alguna diferencia? –preguntó Sakura con sarcasmo.
El la tomó de los hombros y le dio un fuerte sacudón.
-¡Qué inocente eres, chiquita! Lo que compartimos en Las Vegas fue amor. Cada caricia estaba destinaba a brindar placer, no a recibirlo. Ambos compartimos el clímax final con igual intensidad. Si sólo deseara tener sexo contigo, mi único interés sería recibir y nunca dar.
-Como ahora. ¡Para mí, es todo lo mismo! –replicó ella.
Sasuke le estrujó los hombros en castigo y se le acercó a la boca para remarcar cada una de sus ofuscadas palabras.
-Si quieres conocer la diferencia, deja de increparme aquí o delante del coronel y de Taro, y no vuelvas a bambolear tu seductor trasero como lo hiciste al levantarle de la mesa en un arrebato de ira. Si te empecinas, ¡averiguarás qué distintas son mis necesidades cuando busco sexo como amor!
-Eres un monstruo espantoso. –Sin pensar en las posibles consecuencias, Sakura giró con rapidez la cabeza para tratar de morder una mano de Sasuke.
El esquivó el mordisco con facilidad y alzó a la muchacha entre sus brazos.
-Muy bien, molestia, tu primera lección está a punto de comenzar. –Sujetó la boca con fuerza sobre los labios de Sakura y la forzó a contener la respiración mientras caían juntos sobre la cama.
Aprisionada bajo ese inmenso cuerpo masculino, ella supo que sus forcejeos serían inútiles. La furia de Sasuke le despertó un primitivo deseo de satisfacer sus necesidades con igual salvajismo.
El continuó invadiendo la tibieza de su delicada boca, pero el ataque feroz se convirtió en caricias lentas y provocadoras.
Sakura ser apartó para recuperar el aliento y enarcó el cuerpo para recibir la tensa masculinidad de Sasuke. El recorrió con los labios la vulnerable zona de su cuello, mientras que, con las manos se ocupaba de desprenderle los tirantes del vestido.
-Mmm… ¡qué hombros tan deliciosos! –murmuró Sasuke.
Sus ojos se clavaron en el pecho de la joven y, con dedos temblorosos, deslizó el sostén por debajo de los redondeados senos. Los erectos pezones parecían estar esperando las masculinas caricias de sus labios. Con un erótico gemido, su boca se apoderó de uno y luego, del otro, Sakura se aferró a sus imponentes hombros, soltando débiles susurros sensuales por entre sus labios temblorosos.
Sasuke se incorporó, y sus ojos se oscurecieron de placer al contemplar la belleza de ese rostro femenino enrojecido por la pasión. Volvió a observar los redondeados pechos, antes de regresar el sostén a su lugar.
-Llevas puesto otra vez uno de esos provocativos sostenes, diseñados, sin duda, por un hombre para enloquecer a otro hombre. ¿Te pusiste también las bragas del conjunto?
Sakura se ruborizó ante esas crudas palabras. Mientras forcejeaba para liberarse del enorme peso que la sujetaba contra el colchón, pensó en los otros hombres que había conocido. Ninguno de ellos se hubiera atrevido a hablarle tan abiertamente como Sasuke. Desde aquel primer encuentro en Las Vegas, él le había expuesto con exactitud qué deseaba y pretendía de ella.
-Te aseguro que no lo lograrás averiguarlo.
Una ronca carcajada retumbó en la habitación cuando Sasuke se incorporó par ponerse de pie junto a la alborotada cama, y la observó con una sonrisa indulgente.
-De repente te has convertido en una doncella recatada, ¿eh? –le dijo con tono sarcástico-. Seré un buen chico y dejaré volar mi imaginación por el resto del día. Mis pensamientos ya han absorbido tu delicioso sabor. Eso dará un toque de excitación sexual a la jornada.
Sakura se volvió a prender los tirantes del vestido. Se arrastró hasta el lado opuesto de la cama, con el propósito de dirigirse al baño para arreglarse el maquillaje.
Sasuke la observó divertido, deleitándose al verla cepillarse las sedosas ondas de su cabello rosa. Ya más relajado, se dejó caer sobre un confortable sillón junto a la cama, pensando con ansiedad en las siguientes tres semanas.
En escasos minutos, Sakura regresó con el cabello alisado, el vestido arreglado y el maquillaje impecablemente retocado. El leve rubor que coloreaba sus mejillas, los labios temblorosos y las pupilas dilatadas eran la revelación de que se había excitado tanto como Sasuke.
El esbozó una sonrisa vanidosa y habló con tono suave y solemne.
-Ve a traer tu cadena de oro más larga.
-¿Para qué?
-Tráela y veras.
Sakura se encogió de hombros y caminó hasta el armario para sacar un delgado collar de oro de su alhajero. Al regresar, miró a Sasuke con expresión inquisidora.
-Dámelo. –El se incorporó y extrajo un pequeño objeto del bolsillo del pantalón.
Sumamente consternada, Sakura lo observó abrir la cadena para deslizar una sortija de oro con gran habilidad. Sasuke volvió a prender el broche con sumo cuidado y levantó los ojos para mirar a la muchacha, mientras se le acercaba lentamente. Ella se quedó sin habla y le temblaron las piernas cuando él le colocó el collar.
Muy respetuosamente, Sasuke le apoyó el anillo en la profunda cavidad del pecho. Le acomodó el cabello detrás de la nuca y, tras mirarla por un instante, la estrechó entre sus brazos. Apenas le rozó los labios con un dulce beso y luego, la abrazó con fuerza contra su inmenso pecho. ¡Santo Dios, cuánto amaba a esa mujer!
Un murmullo ronco se escapó por entre sus masculinos labios al expresar su necesidad de entregarle un símbolo de amor.
-Úsalo durante los próximos veinte días.
Sakura se apartó, azorada por la repentina ternura que había embargado a ese hombre.
-No puedo usarlo. No estamos casados.
-Lo nuestro es mucho más parecido a un matrimonio que tu condenada relación con Sai. ¡Dios!, pero si hasta odio ese nombre. –Sasuke comenzó a caminar por la habitación, frotándose la nuca en un gesto pensativo. –Todos esos años sin hacerte el amor. ¿Acaso estaba loco? Ya bastante difícil es resistirse estando contigo durante cinco minutos… ¡más aún durante cinco años!
Los ojos de Sakura se llenaron de lágrimas. Sacudió la cabeza para rebatir la afirmación de Sasuke, pero él prosiguió amargamente.
-No, supongo que no estaba loco. El coronel no hace más que contarme que su hijo era un abogado brillante, un estudiante sobresaliente; aunque, muy a su pesar, no llegó a ser un buen militar. –Se detuvo para perforar a Sakura con una mirada feroz. –Cuéntame todo acerca de Sai, Sakura. ¡Cuéntamelo ahora!
Ella sacudió la cabeza, rehusándose a obedecer.
-No, Sasuke –le dijo con tono firme y convincente-. No te diré nada acerca de mi matrimonio.
Sasuke se quedó observándola durante unos segundos. Le disgustaba de sobremanera que Sakura se negara a revelarle los entretelones de su platónico matrimonio; pero, al rehusarse a revelar el más mínimo detalle.
Echó una mirada al reloj y lanzó un ronco gruñido, para luego tomar a Sakura del hombro y guiarla hasta la puerta.
-Hace cuarenta y cinco minutos que estamos aquí. El coronel y Taro se preguntarán qué diablos está ocurriendo.
Caminaron hacia el ascensor y, en pocos segundos, se encontraron en el vestíbulo, donde el coronel los aguardaba con impaciencia. Taro estaba de pie junto al anciano y, al llegar los jóvenes, observó el rostro de Sakura sin hacer ningún comentario.
-Menos mal que tus sillones con cómodos, Sasuke. Ya me estaba cansando de esperar. Le pedí a Taro que fuera a buscarte, pero se rehusó a hacrlo. Supongo que no quiso dejarme solo.
El coronel se incorporó y los cuatro se dirigieron hacia el automóvil de Sasuke que los esperaba afuera.
-De cualquier modo, ¿cuál era el problema? –preguntó el anciano mientras se acomodaba en el asiento trasero del confortable Lincoln Continental.
-Sakura, siéntese adelante –ordenó Sasuke, sujetando del hombro a la muchacha, que intentaba seguir a su padrino en el asiento de atrás.
Una vez que todos se hallaban ubicados, Sasuke puso en marcha el motor y avanzó por el sendero de acceso, para luego responder a la pregunta del coronel.
-Fui a buscar a Sakura, y la encontré pálida y alterada. Insistí en que se recostara en la cama para tomar un breve descanso.
-Bueno, ahora la encuentro muy reposada; aunque le veo algo sonrojadas las mejillas. –El coronel se inclinó para apoyar cariñosamente la mano sobre el hombro de su ahijada. -¿Te encuentras bien, pequeña? No hay ningún problema con nuestro bebé, ¿o sí?
Sasuke miró a la joven de soslayo cuando ella se volvió para responder.
-No, padrino. Am… ambos estamos bien.
-Podría ser una buena idea que comenzaras tus ejercicios de preparto aquí, en Palm Springs. ¿Verdad, Sasuke?
-¿Sasuke? ¿Qué tiene que ver Sasuke con mi embarazo? –exclamó sin pensar, y enseguida bajo los ojos para disimular su descuido.
Sus dedos nerviosos se aferraron al bolso que tenía en el regazo. "¡Dios mío! ¿Qué tiene que ver Sasuke? Nada más que todo. Sin él, no hubiera habido embarazo."
Sasuke se puso tenso, tratando de contener sus deseos de explicarle al coronel que él era el padre del bebé y no Sai. Con su naturaleza posesiva y su actitud protectora hacia Sakura y su bebé, el hecho de permanecer callado lo estaba volviendo loco. Pero en sólo veinte días, el mundo se enteraría de la verdad. En menos tres semanas, Sakura sería suya ante la ley. Ya hacía un mes que le pertenecía físicamente. El había afirmado sus derechos en Nevada, y esa realidad era irrevocable.
-Tranquilízate, Sakura –la regañó el coronel con rudeza, interrumpiendo así los profundos pensamientos de los jóvenes-. Sasuke seguramente conoce algún ginecólogo competente.
La muchacha soltó una estruendosa carcajada.
-Esto es el colmo de lo absurdo, padrino. No creo que justamente Sasuke necesite los servicios de un ginecólogo. –Sus ojos jades brillaron divertidos, al recordad la masculina figura del hombre.
Molesto por la risa de su ahijada, el coronel se inclinó hacia adelante para palmearla en el hombro, al tiempo que la reprendía.
-Cuida tu lengua muchachita. Ese es un asunto muy serio. Necesitas una buena revisión y unas cuantas vitaminas.
-¿Qué le dijo el médico de Pasadena, Sakura? –preguntó Sasuke con descaro, ignorando el hecho de que, en condiciones normales, no debería interesarse por el embarazo de una extraña.
-Aún no ha hablado con ningún médico –se entrometió el coronel-. Algo bastante tonto también, sabiendo lo importante que es este bebé para nosotros.
-¿Quiere decir que el embarazo de Sakura todavía no ha sido confirmado? –preguntó Sasuke con brusquedad, volviendo los ojos hacia la muchacha.
-No. Según ella, después de haber tenido un hijo, una madre sabe tanto como el mejor doctor. –El coronel se río a carcajadas, mirando a su alrededor para ver si sus acompañantes también disfrutaban de su chanza. –Un bebé y ya la señorita piensa que tiene más conocimientos que alguien que ha estudiado en la facultad de medicina.
-Padrino, ¡cállate, por favor! –lo increpó Sakura, cada vez más molesta por la forma en que los hombres continuaban con la conversación como si ella no estuviera presente.
Aturdido por la noticia de que Sakura había dado por sentado su embarazo sin esperar la confirmación pertinente, Sasuke clavó los ojos en la joven, advirtiéndole con la mirada que permanecería en silencio. "Si sigo recibiendo más sorpresas sobre esta mujer, voy a conseguir una úlcera", pensó. Necesitaba saber todo acerca de ella; sin embargo, estaba forzado a esperar. Tendría que resignarse a recibir la información poco a poco, pieza por pieza.
-Mañana mismo pediré hora con el médico, coronel.
Sakura había que el día resultara muy difícil; pero, para su asombro, Sasuke no podría haber sido más cortés. No hacía más que preocuparse por que el coronel no se fatigara demasiado y era igualmente gentil con Taro.
Al regresar a Casa de Oro tras un excelente almuerzo en un distinguido restaurante del lugar, Sasuke acompañó a los dos ancianos a sus habitaciones para que durmieran una siesta.
Un leve movimiento de cabeza había sido todo el saludo dispensado a Sakura al despedirse en el vestíbulo. Contrariada por la indiferencia de ese hombre, caminó airosamente hasta su habitación. Era tal su furia, que no pudo sino admitir que se sentía celosa por la desmesurada atención que él les había dispensado a Taro y al coronel durante todo el día.
Trató de abrir la puerta de la suite contigua, con el propósito de curiosear mientras Sasuke se hallaba afuera. Pero estaba echado el cerrojo. Frustrada por su intento fallido de husmear, se dirigió al cuarto de baño para tomar una ducha larga y fresca, que no hizo nada por apaciguar su malhumor.
Unos minutos después, ya se había aplicado el maquillaje y había terminado de vestirse con un traje azul y blanco y un elegante par de sandalias. Recogió el bolso y bajó a llamar al taxi que la conduciría a la ciudad.
A medida que pasaba de un negocio a otro, el número de sus paquetes aumentaba de una manera alarmante. Se probó un audaz bikini de un llamativo color verde, que destacaba las curvas de su delicada figura; y se lo compró, con la esperanza de que Sasuke se impresionara cuando se lo viera puesto por primera vez. Al traje de baño le siguieron algunos vestidos, sandalias y bolsos de exóticos colores. Ya se sentía mucho mejor cuando, una vez finalizadas las compras, regresó al hotel.
La desilusionó que Sasuke no estuviera allí para presenciar, su entrada triunfal, seguida por el abatido chofer del taxi con los brazos llenos de bolsos y paquetes. Al llegar a su suite, guardó las compras y se preparó para reunirse con el coronel en el salón comedor. La velada fue larga y frustrante, ya que su padrino resultó ser su único compañero. Sasuke no apareció en toda la noche, y las sutiles insinuaciones de Sakura para averiguar su paradero fueron infructuosas.
Muchos días transcurrieron de esa forma: Sasuke se reunía con ellos cada mañana y, mientras tomaban el desayuno, les contaba los planes del día.
Así Sasuke los llevó a un parque nacional en Palm Desert.
-Qué lástima que no hayan venido el mes pasado. Tenemos nuestro rodeo anual en febrero, toda la ciudad participa de la fiesta. Ese día todos nos disfrazamos de vaqueros, con los sombreros típicos, las botas y las camisas escocesas.
Antes de que Sakura pudiera abrir la boca, el coronel se interpuso.
-Nos hubiera encantado verlo. ¿Verdad, Taro? Nunca nos perdemos las películas de vaqueros en la televisión, si es que podemos evitarlo.
-¿Y a usted, Sakura? ¿Le gustan también los vaqueros? –inquirió Sasuke, eliminando deliberadamente el término "películas" de su pregunta.
Sakura sonrió, complacida por la repentina atención que le dispensaba, y sus ojos se llenaron de humor.
-No lo sé, ya que nunca he visto ninguno personalmente. Tanto en Marina del Rey como en Pasadena hay escasez de verdaderos vaqueros.
-Bueno, tendré que presentarle algunos cuando viajemos a Flagstaff, Arizona, este verano. El coronel y Taro ya han aceptado mi invitación para pasar unas semanas de vacaciones allí. Tango otro pequeño hotel en ese lugar. Algo más rústico, con menos atractivos, pero la diversión está adentro –comentó a modo de broma.
Sakura miró por encima del hombro la expresión orgullosa de su padrino. Sasuke había decidido organizarles la vida y, por lo visto, no había nada que ellos pudieran hacer para impedirlo.
-Espera a ver el folleto del lugar. Puede que Taro jamás regresemos a casa. ¿Verdad, Taro? ¿Verdad, Sasuke? –dijo su padrino, entusiasmado.
Sasuke se echó a reír a carcajadas, al tiempo que detenía el automóvil en el estacionamiento de Casa de Oro. A Sakura el corazón le dio un vuelco con sólo observar el masculino pecho que subía y bajaba al compás de la risa.
-Los baños diarios de aguas termales les han hecho muy bien, tanto a usted como a Taro. Sería una pena permitir que sus profundos bronceados se desvanecieran –agregó Sasuke con franqueza. Acompañó a los dos ancianos hasta sus habitaciones y, antes de partir, regaló a Sakura una divertida sonrisa, como si captara a la perfección el malhumor de la joven.
-Mañana iremos a Indio, Sakura. Esté lista a las nueve.
-Puede que sí –siseó ella en voz baja, de forma tal, que sólo Sasuke pudiera oírla-. O puede que no. –Sabía muy bien que no se perdería el paseo.
-A las nueve en punto, molestia, o subiré buscarte –le advirtió él con rudeza.
A las nueve en punto de la mañana siguiente, Sakura estaba lista para disfrutar del paseo a la ciudad de Indio.
En las noches, Sasuke la llevaba a cenar a los restaurantes más refinados de la ciudad, aunque Casa del Oro los superaba a todos. Después de la cena. Acompañaba a los ancianos a su cuarto y luego se marchaba. Los celos comenzaban a devorar la mente de Sakura, que se lo imaginaba besando a otra mujer antes de llevarla a la cama. "Debe de tener una docena de amantes en la ciudad", pensaba.
Durante la comida, Sasuke se aseguraba de que su pierna no rozaba la de la joven, ni pasaba la mano por debajo de la mesa para acariciarle el muslo o la rodilla. Sakura era tratada de manera impersonal, y su irritación se acrecentaba día a día, a una velocidad alarmante.
Una noche, al cumplirse las dos semanas, entró con violencia a su habitación, tras haberse levantado bruscamente de la mesa sin siquiera ofrecer una disculpa. Luego de cerrar la puerta con un golpe, refunfuñó en voz alta, y sus gruñidos retumbaron por las paredes de la espaciosa suite.
-¡Maldito seas, Sasuke Uchiha! Eres una bestia arrogante. Primero, me amenazas con ese ultimátum sensual y luego, ni siquiera haces el mínimo intento de someterme a… ¡nada!
Iba y venía por la habitación, sumamente irritada, cuando exclamó con una risa amarga:
-¿Someterme? ¡Sato Dios! Estoy tan desesperada por atraer tu atención, ¡que siento que yo misma te estoy proponiendo que hagamos el amor! –exclamó, sin dejar de caminar nerviosamente por el cuarto.
Se desvistió y arrojó descuidadamente la ropa al pie de la cama, para luego dirigirse al baño. Un largo rato de inmersión en sus sales más costosas no logró tranquilizarla. Se secó con rapidez y se llenó el cuerpo de talco, sin importarle la capa de polvo blanco que había dejado en el suelo.
Se puso su pijama de seda favorito y encendió el televisor. Se sentó con las piernas cruzadas en el medio de la gigantesca cama, y comenzó a cepillarse el cabello con violencia, como si tratara de descargar toda su furia con cada movimiento.
-Si no tuviera tu sortija entre mis pechos, Sasuke Uchiha, ¡creería que ni siquiera notase que me estoy alojando en este hotel!
Dejó el cepillo por un instante y se dirigió hacia el teléfono para llamar a cafetería.
-Habla la señora Hatake. Dígame, ¿por casualidad tienen palomitas de maíz? Sí, dije palomitas de maíz. Me gustarían las que vienen azucaradas, si es posible. Bien, envíeme una caja, por favor.
Sakura se dispuso a esperar, feliz de saber que su repentino antojo de comer algo dulce sería satisfecho. Pocos minutos después, arribó el camarero, sonriendo curiosamente ante el inusual pedido nocturno. Una vez que el muchacho se hubo retirado, ella escogió una inmensa manzana deliciosa de su tentadora cesta de frutas.
Se sentó contra la cabecera de la cama a mirar televisión… entre uno y otro mordisco de su jugosa manzana y algún que otro puñado de sus exquisitas palomitas de maíz. Sin poder conciliar el sueño, se dedicó a mirar una película tras otra, para terminar con un pavoroso filme de terror del famoso Alfred Hitchcock.
…¿CONTINUARA?...
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"ESCENAS DEL PRÓXIMO CÁPITULO":
Apenas la rozó, Sakura se despertó sobresaltada. Estuvo a punto de chillar, pero los masculinos labios ahogaron su grito con un apasionado beso (…)
-Ah, sí, doctor Watson, ahora visualizo la imagen con mayor claridad. Esta misma jovenzuela descuidada se va a la cama para entregarse a los placeres de una verdadera orgía.
-Ámame, Sasuke. Ámame aquí, en el desierto. Permíteme que vuelva a ser parte de tu ser (…) Las súplicas de Sakura enfriaron a Sasuke instantáneamente (…)
-No me mires así, cariño. Hoy no… no puedo satisfacer nuestros deseos (…) Sakura permaneció en silencio, aturdida por sus palabras (…)
-No sé que hiciste con mi traje de baño (…) –Olvida esa basura. De todos modos, es probable que tenga que arrebatártelo (…)
Sasuke dejó escapar un ronco gemido y se apoderó de los delicados labios de la muchacha con un devastador beso (…) Sakura sonrió y se inclinó para besarle el bronceado cuello húmedo. Sasuke le deslizó las manos por la columna para luego presionar las delicadas caderas de la joven contra su poderoso cuerpo. Entonces, ella se percató de que él no llevaba traje de baño (…)
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N/A: Hola, como siempre lamento mucho la demora y también como siempre mi pretexto son los exámenes, aún me quedan dos por dar =(
La semana que viene tengo ambos exámenes así que no podre actualizar hasta la otra semana… en cuanto a mi otra adaptación trataré de subirla en estos días ya que casi tengo el siguiente capi terminado.
En cuanto a este capitulo, espero que les haya gustado y que me digan lo que les pareció =) Como ya leyeron las cosas cada vez se complican más en ves de mejorarse, Sakura no le cuenta nada sobre su pasado a Sasuke y él se esta desesperando, además de que ahora no quiere hacer el amor con ella, y la pobre se está volviendo loca, jaja… pero como no les puedo adelantar nada, los dejo por ahora…
Hasta la próxima, SAYO!... xD
P.D: Lamento las faltas de ortografía… :D Y por último (pero no menos importante) me alegra de que les guste esta historia ya que la adapto por y para ustedes, así que gracias por sus comentarios que son los que me animan a seguir adelante.
*Yuri: Lirio
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Muchísimas gracias a aquellos que dejaron sus comentarios y consideraron que esta historia se merecía estar entre sus favoritas y alertas =) "GRACIAS"
*Hatoko Nara*
*ellie*
*antu2309* (2)
*McDip*
*ayadabest*
*Elaine Haruno de Uchiha*
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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.
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"…SaKu-14…"
